Los relojes del bosque
SINOPSIS:
En un bosque encantado donde todos los relojes se han detenido, un grupo de niños descubre que un espíritu dormido bajo un árbol antiguo ha congelado el tiempo. Para despertarlo, le cuentan historias poderosas que le recuerdan la belleza del mundo, logrando así que el tiempo vuelva a fluir y salvando el bosque.
En lo profundo del Bosque Esmeralda, donde los árboles susurraban secretos y las luciérnagas pintaban la noche, algo extraño había sucedido. Todos los relojes, desde el diminuto reloj de bolsillo del Sr. Búho hasta el grandioso reloj de péndulo en la cabaña de la Abuela Coneja, ¡se habían detenido! Sus manecillas, antes danzantes y alegres, permanecían inmóviles, como si el tiempo mismo se hubiera tomado unas vacaciones.
Un grupo de niños, Lila la soñadora, Tomás el aventurero, Sofía la curiosa y Mateo el silencioso, notaron la peculiaridad. Lila, con su vestido de flores y su cabello trenzado, fue la primera en darse cuenta. “¡Miren!”, exclamó, señalando el reloj de sol del claro, “¡No se mueve! ¡Nunca se detiene!”.
Tomás, con su mochila llena de mapas y brújulas, asintió. “He revisado todos los relojes del bosque. ¡Ninguno funciona! Es como si… el tiempo se hubiera congelado.”
Sofía, siempre con su lupa en mano, examinó el reloj de sol con atención. “Debe haber una explicación lógica”, murmuró, pero incluso ella se sentía un poco nerviosa.
Mateo, el más callado del grupo, señaló hacia un árbol anciano, un roble gigante con raíces gruesas y retorcidas que se extendían por todo el suelo. “Siento… algo”, dijo suavemente. “Algo duerme allí abajo.”
Siguiendo el instinto de Mateo, los niños se acercaron al roble. La atmósfera era diferente allí. El aire era denso y pesado, y un silencio absoluto reinaba en el lugar. Lila, con su sensibilidad especial, sintió una tristeza profunda emanando del árbol.
De repente, una voz suave, como el susurro de las hojas, resonó en sus mentes. “Estoy cansado… muy cansado… y he olvidado la melodía del tiempo.”
Era el espíritu del bosque, dormido bajo las raíces del roble. Él era quien mantenía el tiempo fluyendo en el Bosque Esmeralda, y su sueño profundo había congelado el tiempo para todos.
“¿Cómo podemos despertarlo?”, preguntó Tomás, preocupado.
Sofía, siempre práctica, sugirió: “Tal vez necesite algo para recordarle el tiempo… un despertador gigante, quizás?”
Pero Lila negó con la cabeza. “No, él dijo que olvidó la melodía del tiempo. Necesita una historia… una historia lo suficientemente poderosa como para despertar su espíritu y recordarle la belleza del mundo.”
Así que los niños se reunieron alrededor del roble y decidieron contarle una historia coral, una historia hecha de sus propias experiencias y sueños.
Tomás comenzó, contando una aventura emocionante sobre cómo había escalado la montaña más alta del bosque y había descubierto un nido de águilas con huevos brillantes como estrellas.
Luego, Sofía compartió una historia sobre cómo había ayudado a una oruga a construir su capullo, observando con paciencia la transformación mágica en mariposa.
Mateo, con su voz suave, contó una historia sobre la amistad entre un caracol solitario y una luciérnaga brillante, quienes encontraron consuelo el uno en el otro en la oscuridad del bosque.
Finalmente, Lila tejió una historia sobre un jardín secreto lleno de flores que cantaban canciones alegres, un lugar donde los sueños se hacían realidad y la imaginación no tenía límites.
Mientras los niños contaban sus historias, el aire alrededor del roble comenzó a vibrar. Una luz tenue emanaba de las raíces, y el susurro de las hojas se hizo más fuerte, convirtiéndose en una melodía suave y reconfortante.
El espíritu del bosque se estaba despertando.
De repente, un rayo de luz dorada brotó del corazón del roble, iluminando todo el bosque. Los relojes, uno por uno, comenzaron a tic-tac de nuevo. El reloj de sol del claro proyectó una sombra que se movía lentamente, y el grandioso reloj de péndulo en la cabaña de la Abuela Coneja resonó con un sonido alegre.
El tiempo había vuelto a fluir.
Los niños sintieron una ola de gratitud y alivio. Habían salvado el Bosque Esmeralda.
Del roble, una voz suave les agradeció. “Sus historias… eran hermosas. Me recordaron la alegría de la vida, la importancia de la amistad y la magia de la naturaleza. Gracias por despertar mi espíritu.”
Los niños sonrieron. Habían aprendido que las historias tienen un poder increíble, el poder de despertar corazones, de sanar heridas y de hacer que el tiempo vuelva a latir. Y así, en el Bosque Esmeralda, donde los relojes ahora marcaban el paso del tiempo con alegría, los niños recordaron siempre el valor de las historias y la importancia de compartir sus propios sueños con el mundo.
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