El Tren de los mundos perdidos

#aventura

SINOPSIS:

Mateo descubre una estación de tren secreta y un tren que viaja a mundos creados por sueños olvidados. Él ayuda a restaurar la esperanza en estos mundos, pero debe elegir uno para quedarse permanentemente. Al final, decide quedarse en el mundo donde los sueños aún pueden ser salvados, listo para continuar su misión.

Detrás de la escuela de Mateo, escondida tras una pared de hiedra centenaria, se hallaba una estación de tren secreta. No era una estación como las demás, con carteles y horarios. Era una plataforma de piedra desgastada por el tiempo, iluminada por faroles de gas que chispeaban con una luz anaranjada y misteriosa. Cada tarde, al sonar la campana de salida, Mateo corría hasta allí, esperando. Y cada tarde, el mismo tren, una locomotora negra y brillante con detalles de latón, pasaba a toda velocidad, sin detenerse jamás.

Los vagones eran un mosaico de ventanas empañadas, y a través de ellas, Mateo vislumbraba fugazmente escenas extrañas: ciudades flotantes, bosques de cristal, océanos de caramelo. El tren era como un susurro de posibilidades, un eco de sueños olvidados.

Un día, el tren frenó. Un chirrido metálico resonó en el aire, y la locomotora se detuvo frente a Mateo, exhalando vapor como un dragón cansado. Una puerta se abrió con un crujido, revelando un interior iluminado tenuemente por lámparas de aceite.

Un hombre de barba blanca y gafas de aviador, vestido con un abrigo largo de cuero, asomó la cabeza. "¿Subes, muchacho?", preguntó con una voz suave como el terciopelo. "Este tren va a lugares que ya nadie recuerda."

Mateo, con el corazón latiendo con fuerza, no dudó. Subió al tren. El interior era cálido y acogedor, con asientos de cuero desgastado y estanterías llenas de libros antiguos. El hombre de barba blanca, que se presentó como el Conductor, le explicó que el tren viajaba a mundos creados por los sueños de las personas. Mundos que, al ser olvidados, comenzaban a desvanecerse.

El primer mundo al que llegaron era Chromatica, una ciudad donde todo era monocromático. Los edificios, la ropa, incluso las flores, eran grises. Los habitantes caminaban con la mirada perdida, sin alegría. El Conductor le explicó que Chromatica había sido creada por un pintor que, tras una crítica despiadada, había perdido la fe en su arte y dejado de soñar con el color.

Mateo, conmovido, buscó entre sus bolsillos y encontró una caja de ceras que siempre llevaba consigo. Se acercó a un niño que jugaba solo con una piedra gris y le ofreció una cera roja. El niño, al principio, se mostró confuso, pero luego, con timidez, coloreó la piedra. Un pequeño punto rojo en un mar de gris. Lentamente, el color comenzó a extenderse, como una ola, devolviendo la vida a Chromatica.

El siguiente destino fue Melodía Perdida, un bosque donde la música había desaparecido. Los pájaros no cantaban, el viento no silbaba, y las hojas no crujían. El silencio era abrumador. Melodía Perdida había sido creada por un compositor que, tras una enfermedad, había perdido la audición y con ella, su inspiración.

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Mateo, que siempre llevaba una pequeña armónica, comenzó a tocar una melodía sencilla y alegre. Al principio, el sonido era débil y tembloroso, pero poco a poco se hizo más fuerte y seguro. Los árboles comenzaron a mecerse suavemente al ritmo de la música, y los pájaros, tímidamente, empezaron a unirse a la sinfonía. La música regresó a Melodía Perdida.

Así, Mateo viajó por muchos mundos, restaurando la esperanza y la alegría donde se habían perdido. Reavivó el fuego en un reino de hielo, devolvió la imaginación a una ciudad de robots, y rescató una biblioteca de las garras del olvido.

Pero el Conductor le advirtió: "Cada vez que salvas un mundo, una parte de ti se queda allí. Para seguir viajando, debes elegir un mundo en el que quedarte para siempre. Un mundo al que pertenecer."

Mateo se sintió abrumado. Amaba viajar y ayudar, pero la idea de quedarse para siempre en un solo lugar lo asustaba. Miró por la ventana y vio Chromatica, ahora vibrante de color. Vio Melodía Perdida, llena de música y vida. Cada mundo lo necesitaba, pero ¿a cuál pertenecía él?

Finalmente, Mateo tomó una decisión. Sabía que no podía elegir un mundo por su belleza o su necesidad. Debía elegir un mundo que lo necesitara *a él*, un mundo donde su presencia hiciera la diferencia.

"Me quedo", dijo Mateo al Conductor, con la voz temblorosa pero firme. "Me quedo en el mundo donde los sueños aún pueden ser salvados."

El tren se detuvo en la estación secreta detrás de la escuela de Mateo. El Conductor le sonrió, le dio un pequeño silbato de latón y le dijo: "Úsalo cuando necesites recordar que incluso el sueño más pequeño puede cambiar el mundo."

Mateo bajó del tren. La puerta se cerró y la locomotora, con un silbido melancólico, desapareció en la noche. Mateo se quedó solo, frente a la pared de hiedra, sabiendo que su aventura apenas comenzaba.


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