Las hermanas Van dalen / Stephanie Guedez

#comedia, #drama, #romance

SINOPSIS:

Anastasia y Abigail Van Dalen, hermanas opuestas pero inseparables, enfrentan un giro inesperado tras la muerte de su padre. Según su testamento, solo la primera en casarse podrá heredar su fortuna. Esta cláusula desata tensiones y pone a prueba el vínculo que siempre las ha unido, obligándolas a decidir cuánto están dispuestas a sacrificar por amor y familia.

Alex Van dalen esperaba a su hermano menor con un puro en sus dedos y un vaso de whisky, doble, escoces, la misma marca que ha bebido toda su vida, le dio una calada a su puro cubano, a pesar de ser un delito, siempre había una forma de tenerlos, soltó el aire y miró el humo pensativo, meditabundo, había recibido una noticia hacía un par de días, poniendo en perspectiva su vida entera, Alex siempre había sido un temerario, tomaba riesgos todo el tiempo, corrió con los toros en Pamplona, estuvo un par de veces en el Rally Dakar, saltó en parecidas por muchos lugares del mundo, hizo tres veces la vuelta al mundo en la Vendeé Globe. Le gustaban las emociones fuertes, y aunque puso su vida en peligro de muchas formas, esta vez era distinto. Alexander Van dalen siempre fue atlético y bronceado, tenía una sonrisa encantadora y una mirada del mismo color del mediterráneo, era el orgullo de sus padres, y muy afortunado con las mujeres. Jamás tuvo nada serio, aunque una vez metió la pata y fue suficiente para casarse.

El toquido en la puerta lo sacó de su retrospectiva, aclaró la garganta y pestañeó un par de veces antes de dar permiso a que entraran, la puerta del estudio se abrió y su hermano Oskar, cuatro años menor que él asomó la cabeza. Alex sonrió al verlo. No eran precisamente los mejores hermanos, toda la vida Oskar supo que era el segundo, físicamente bastante similares, ambos de ojos azules, de cabello castaño rizado, el tono de piel de Oskar era más claro que el de su hermano, sin embargo, ambos comenzaban a presentar en las patillas rastros de canas, a diferencia que su hermano mayor, Oskar llevaba el cabello un poco largo, unido a una barba espesa, lucia trajes a la medida y un arete en el lóbulo izquierdo, que ha tenido desde hace más de treinta años y a pesar del tiempo seguía disgustando a su madre. 

Oskar palmeó su hombro y se sentó frente a él en el mueble de una plaza. 

¿para que querías que verme? —dijo Oskar cruzando su pierna sobre su rodilla, sus manos descansaban en su regazo con los dedos entrecruzados, un haz de luz atrapó el anillo de oro que solía llevar en su meñique con sus iniciales. 

Alex notó en ese momento lo cansado que se sentía al ver su hermano menor, la vida aventurera, de fiestas y excesos le estaba pasando factura y solo tenía sesenta años, contrario a él, Oskar, más centrado y un poco más independiente que su hermano, creció siendo el segundo en todo, lo que facilitó la decisión de formar su propia compañía de inversiones, nada ver con el negocio familiar.

¿tan raro es el querer ver a mi hermano? dijo sirviéndole un whisky.

Oskar se echó a reír aceptando el whiskyla última vez que nos vimos fue hace cuatro meses, en el cumpleaños de mamá.

admito que no hemos sido los hermanos más fraternos del mundo…

nunca lo fuimos dijo Oskar interrumpiéndolove directo al punto, Alex dijo tomando un sorbo.

recibí una noticia, recientemente, no muy buena. dijo pasándose una mano por la ceja 

¿a la constructora le va mal? preguntó Oskar prestándole atención a su hermano. 

no, no es la constructora, Anastasia, tiene un talento nato para eso. dijo hinchando el pecho de orgullo.

Anie dijo corrigiéndolo es cierto, tiene un talento nato, es una lástima que solo lo hace para agradarte.  

yo no obligué a mi hija a estudiar arquitectura.  dijo molesto, pues su hermano menor le recordó al corregirlo que la mayor de sus hijas odiaba su nombrepudo haber hecho lo que quiso como Abigail. 

Su hermano sonrió con sarcasmo la constructora Van dalen ha sido pasada de generación en generación, era más que obvio que una de tus hijas heredaría eso, un Van dalen ha sido la cabeza de la mesa directiva siempre. Y no veo a Abbie detrás de un escritorio usando un traje, es más espíritu libre. 

Anastasia y Abigail, las hermanas Van dalen, hijas de Alex Van dalen, a pesar de tener un par de semanas de diferencia eran hijas del mismo padre, pero no de la misma madre, se criaron juntas en el internado en Países Bajos donde la familia era originaria. Eran las mejores amigas, totalmente opuestas la una de la otra y aun así no podían vivir la una sin la otra. 

Alex se echó a reír siempre has sabido conectar con ellas. Nunca te lo he dicho, pero lo envidio.

La relación entre Alex y sus hijas, nunca ha sido la mejor, se casó con la madre de Anastasia, pero le fue infiel con la madre de Abigail, tenía un imán para las mujeres, pero para sus hijas, Alex siempre fue nulo. A pesar de eso, él haría lo que sea por ellas.

eso es porque no esperan nada de mí. dijo Oskar encogiéndose de hombros¿Qué es lo que querías decirme que no podía esperar hasta la siguiente reunión familiar?  dijo mirando sus uñas.

porque es posible que no llegue hasta navidad. se aclaró la gargantaestoy muriendo, Oskar. soltó. 

Su hermano se le quedo mirando sin expresión alguna ¿Cuándo lo supiste? 

hace unos días. dijo sorbiendo su bebidasolo me quedan unos meses. 

¿y pretendes arreglar nuestra relación? preguntó dubitativo.

Hace unos veintiocho años Alex le robó la única novia que Oskar había llevado a casa en una navidad. Desde entonces, Oskar ha sido mucho más precavido con sus relaciones, nunca más volvió a llevar a casa una mujer y por eso sus sobrinas creen que es gay. 

nunca fui bueno para las relaciones, no estoy hecho para ellas. dijo Alex encogiéndose de hombros.

¿para qué me lo dices, entonces? preguntó su hermano encogiéndose de hombrosarregla tus asuntos. Llama a tus hijas, reconcíliate con ellas 

por eso te llamé se inclinó hacia un lado con el vaso entre sus manos mis hijas son las únicas personas a quienes amo realmente, no se los demostré como debía se encogió de hombros, pero sí lo hice a mi manera y quiero que me prometas que vas a cuidar de ellas. 

eso no tienes que pedírmelo, adoro a mis sobrinas. 

quiero que Ana aprenda a ser más relajada y no tan controladora y fría y en cuanto a Abbie, desearía que fuese un poco más centrada en la vida, odio que tenga que andar de hippie, sin tomarse nada en serio, y meterse en problemas, amo lo apasionada que es, pero no nos tendrá siempre para sacarla de sus líos o que pase una noche en casa de Ana o tuya, o incluso mía. 

Con una sonrisa burlona Oskar dijo ambas son muy parecidas a ti, siempre fuiste muy frío y calculador en los negocios y en la vida personal fuiste un alma libre, pero no te preocupes por mis sobrinas, siempre me tendrán a mí.

no siempre, hermano, no siempre, voy a morirme y te digo la verdad, lo único bueno que he hecho en mi vida fue a esas dos y me hubiese gustado prestarles más atención. No vamos a estar para ellas siempre. 

Reflexionando en sus palabras, Oskar entendió el remordimiento que tenía Alex por no haber sido un mejor padre para sus hijas, eso debía ser muy triste.  

¿Qué quieres hacer? 

en mi testamento, pondré algunas cláusulas para que me hereden. 

¿Cómo qué? preguntó con curiosidad. 

ya lo sabrás dijo con una sonrisa. Se reclinó en su lugar y terminó de beber su whisky. 

no me agrada para nada lo que estas tramando. dijo mirando a su hermano con los ojos entrecerrados. vas a irte y vas a dejarme con todo el drama, con Clarisse y Debby acosándome. 

Alex se echó a reír estridentemente al escuchar el nombre de las madres de sus dos hijas

esas dos arpías, no te preocupes por ellas dijo palmeando el muslo de su hermano preocúpate por mis niñas. dijo sirviéndose más whisky.

no tienes que pedírmelo, lo hare mientras viva. acordó tomándose lo que quedaba de su bebida solo quiero hacerte una pregunta: ¿Anie y Abbie son las únicas hijas que has tenido? Alex se quedó con el vaso a medio camino de sus labios y miró a su hermano por encima del borde del este para nadie es un secreto de la vida que tuviste, Pito Alegre. –dijo con burla recordando el apodo que sus propias hijas le habían puesto. 

no lo sé, —dijo encogiéndose de hombros puede ser, una vez que esté muerto empezaran a aparecer supuesto hijos ilegítimos. 

¿y no te preocupa? 

para nada, las cláusulas que puse en mi testamento son infalibles. 

Oskar se levantó de su asiento y se sirvió otro vaso de whisky por ti, hermano, querido. Que tu alma descanse en paz y no este rondando la casa de madre. dijo brindando con Alex. 

1

Su chofer le abrió la puerta del Roll Royce, para que bajara de él, esa mañana era la junta trimestral de la constructora Van dalen, constructora que había sido pasada de generación en generación, número uno en Chicago, Anastasia Van dalen, tomó el lugar de CEO cuando su padre se retiró hacía un par de años, con un título en arquitectura por la prestigiosa universidad de Cambridge, no solo administraba el lugar, sino que también hacía su parte. A muy temprana edad a Ana, como le gustaba que la llamaran, supo que el dibujo era lo suyo, sin embargo, no pudo dedicarse por completo a eso, pues no le era permitido volverse una hippie muerta de hambre, citando a su sacro santa madre. El talento por la arquitectura era nato, y aunque no le gustó al principio, con el tiempo fue un gusto adquirido, trabajó en la constructora empezando desde abajo, trabajando muy duro, Ana no quiso absolutamente nada regalado, debía demostrar que merecía el apellido Van dalen. Así lo ha hecho siempre, convirtiéndose en una jefa responsable y muy estricta. 

Es por eso que, al ver esa mañana en la entrada del edificio a Edward, su asistente, le extrañó monumentalmente. 

—buen día, Ana. —la saludó. 

—buen día, Eddie. Es demasiado temprano para que vengas con malas noticias. —dijo caminando con su asistente a su lado de camino al ascensor. 

A él se le escapó una carcajada nerviosa. —no es una mala noticia, pero sí tenemos que hablar. —dijo entrando al ascensor. 

—¡por Dios, Eddie! —dijo quitándose los lentes de sol dejando al descubierto sus ojos azules eléctricos —son las ocho y catorce de la mañana, es día de junta, por fin se anuncia el retiro del viejo misógino de McFayden, tendré que darle trabajo a su querida hijita, lo cual no quiero hacer, pero igual haré —dijo poniendo los ojos en blanco—, será un día largo y el hecho de que me esperes en la puerta ¿no augura nada malo? —dijo con sarcasmo. 

El timbre del ascensor sonó y las puertas se abrieron ambos salieron y caminaron por el pasillo hacia la oficina de Ana. Justo antes de pasar a la sala de espera Edward la detuvo. 

—¡tienes que escucharme por el amor de Dios! –le suplicó.

Ana se detuvo en seco —¿se trata de mi hermana? 

—no, últimamente Abbie ha estado bajo perfil. 

Cosa que era de extrañar, pues su hermana menor Abbie, era bastante irresponsables, llevaba una vida muy activa, le gustaba las fiestas y sobretodo, le encantaba buscar el verano alrededor del mundo, tenía media carrera en leyes, pronto noto que una carrera tan estructurada y rígida no era lo de ella, pero no por tener una vida de hippie su carácter era tranquilo, como toda buena Van dalen, vivía metida en problemas ya sea por defender una causa o golpear a alguien en una fiesta, y la mayoría de las veces acababa en la cárcel, y cuando eso pasaba, llamaba a su hermana dos semanas mayor, Ana o a su querido tío Oskar, pero jamás a su padre. 

—¿entonces qué es? —preguntó elevando un poco la voz. Empezaba a perder la paciencia con Eddie. 

Él empezó a jugar con sus manos intentando expresar lo que Ana se podría encontrar, pero eso solo hacía que ella se molestara más y más, y con un fuerte suspiro entró a la sala de espera. Una mujer pelirroja que vestía bastante casual pero muy elegante se levantó al verlos entrar. 

—señorita Van dalen, la estaba esperando. —dijo la pelirroja dando unos pasos en su dirección. 

Ana se le quedó mirando con una ceja alzada y miró a Eddie, este se encogió de hombros ¿significado?  ninguno de los dos sabía quién era. La pelirroja le tendió la mano a Ana y esta antes de darle la suya para el apretón, sus ojos se deslizaron hacia arriba de la cabeza de la mujer extraña, un punto en la pared que estaba vacío, olvidándose por completo de la mano extendida de la mujer pelirroja quien tenía una sonrisa nerviosa, la mano de Ana señaló el punto vacío en la pared. 

—Edward ¿Qué paso aquí? 

—justamente de eso quería hablarte. —dijo nerviosamente. 

Ana miró a la pelirroja por un par de segundo —disculpe un momento —dijo y miró a su asistente. —¿Dónde está mi Cruyff? —preguntó molesta. 

—Anie, cálmate ¿sí? todo tiene una explicación. —dijo Eddie intentando calmar a su jefa. 

—no me digas Anie —dijo negando con el dedo índice en el aire— y tampoco me voy a calmar —dijo con dientes apretados— ¿Dónde diablos esta mi Johan Cruyff? —dijo enojada. 

A todas estas, la pelirroja se volvió y efectivamente vio el espacio vacío, dedujo que por el nombre debía ser una pintura de cuyo autor no había escuchado jamás, pero parecía valiosa para su dueña. 

—en el turno nocturno mientras aseaban, el clavo se dobló y el plano del estadio se cayó —explicó nervioso. 

Ana empezó a hiperventilar, los planos, sus queridos y amados planos. Hace años, ella misma decidió hacer los planos del Johan Cruyff Arena, mítico estadio donde sus adorados Ajax de Ámsterdam jugaban en la primera categoría de la liga de Países Bajos, y como su padre era todo un fanático del futbol europeo hizo que Sjoerd Soeters y Rob Schuurman arquitectos que diseñaron el estadio lo firmaran, era lo que Ana más valoraba en el mundo, y el que no estuviera en su pared le hacía sentir querer vomitar. 

—¿se siente bien? —preguntó la pelirroja acercándose a ella tomándola del brazo.

—por favor, no me toque –dijo sintiéndose mal. Enfocó su atención en su asistente —¿Dime donde mierda están los planos del estadio, Edward? —le gritó. 

—de acuerdo —dijo levantando las manos, a estas alturas, Edward quería poner el escritorio de por medio —anoche me llamaron y vine a ver qué había pasado, la llevé esta mañana a que la enmarcaran de nuevo, fui muy cuidadoso al manipularlos y di instrucciones precisas que fuesen muy cuidadosos. —le explicó lentamente —ahora respira conmigo. 

Eddie estaba frente a ella y ambos respiraban al mismo tiempo, en cuestiones de segundos Ana se sintió mejor. 

—Edward, la próxima vez que pase algo relacionado con mi Johan Cruyff dímelo de inmediato, no des tantas vueltas, casi haces que me dé un infarto —dijo apretándose la sien con los dedos. 

—jefa, te juro que no volverá a pasar. Te avisaré en cuanto lleguen los planos. 

Ana se giró y miró a la pelirroja de nuevo, esta vez con vergüenza, pues casi nadie sabía de sus ataques neuróticos, ella le echa la culpa a la vida en el internado, fueron años muy duros, le tomo mucho tiempo adaptarse y el que su hermana hiciera todo lo contrario a lo que le pedían no ayudaba.

—lamento mucho que haya presenciado ese drama. —se disculpó verdaderamente apenada. 

—descuide, entiendo que aprecia mucho esos planos. 

—con mi vida. —se permitió sonreír por primera vez esa mañana— Usted dijo que me estaba esperando ¿me puede decir quién es?

La pelirroja sonrió y le tendió la mano una vez más: —soy Kate McFayden, soy la hija de Horace McFayden. 

Hizo lo imposible para no poner los ojos en blanco, odiaba al viejo Horace, había sido el lambiscón más grande que había conocido, se había mantenido en la constructora Van dalen porque sabía cómo lamerle el culo al viejo Pito Alegre, es decir su padre. No solo era un viejo lambiscón, sino que también era un misógino y un grosero a quien se le había olvidado que su madre era una mujer, que se había casado con una y que para su mala suerte solo habían podido tener una hija. 

—mucho gusto. —dijo con educación estrechando su mano —si me disculpa tengo cosas que hacer. —dijo pasándole por un lado a Kate McFayden. 

No quería para nada tener que hablar con la hija de ese tipo, sí, tendría que hacerlo, pero ahora solo le preocupaba la reunión que tendría en una media hora y el hecho de que sus planos se hubiesen caído de su pared, le hacían sentir un agujero en su estómago, su abuelo diría que eso era un mal augurio. Y lo descubriría unas horas después. 

Justo en la reunión de inversionistas, había sido anunciado el retiro oficial de Horace McFayden y se presentó a su hija como una arquitecta más. Este tipo de reuniones eran en ocasiones aburridas, aunque jamás se relajaba en ellas, pues siempre la miraban poco preparada o muy incapaz ¿pero que se le iba hacer? Un Van dalen siempre estaba sentado en la cabeza de la mesa, algunos daban gracias de que ese lugar no terminó en las manos de su hermana Abbie, pues creían que con ella absolutamente todo se iría al drenaje y muy en el fondo Anie también lo sabía. 

—es una lástima que tu padre no pudo estar aquí. —dijo Horace. 

Hacía tan solo un par de días había hablado con su padre, y no fue una conversación muy agradable, terminaron peleándose por la hija de Horace McFayden y el nepotismo que tanto odiaba, pues ella demostraba diariamente que merecía estar ahí.

—de seguro está de viaje con una buena compañía —dijo y se echó a reír grotescamente. 

Su hija le dio un discreto codazo en las costillas, pero éste no se inmutó. 

Edward entró y caminó rápidamente hasta Ana, le deslizó un papel donde se leía que su tío Oskar había llamado y era urgente que lo llamara de vuelta. Tomó eso como una señal, se disculpó y salió rápidamente de la sala de juntas. Entró en su oficina y marcó el número de memoria de su tío Oskar. 

Al segundo repique contestó. 

—¡hola, tío Oskar! recibí tu mensaje. ¿Está todo bien?

Lo escuchó suspirar. 

cariño, ojalá pudiera decirte esto de una manera sencilla pero no la hay —dijo e hizo una pausa—, tu padre falleció hace un momento.

Las palabras sonaban en eco en su cabeza, de repente no podía respirar y un pitido incesante en sus oídos se instaló, se tomó un momento para respirar profundamente y se enfocó de nuevo en la voz de su tío llamándola, Anie puso la mano para apoyarse en el vidrio de la ventana de su oficina

—¿Cómo que murió? Hablamos hace unos días. —dijo Anie como si no entendiera lo que Oskar le había dicho.

cariño, lo sé, pero tu padre murió, y lo lamento mucho, en serio. Te veré en casa, intentaré comunicarme con Abbie. Te quiero. –dijo y colgó. 

Anie bajó el celular de su oido y lo apretó contra su pecho, le costaba respirar, cerró los ojos e intentó concentrarse en volver a la normalidad, tomar el control de nuevo de sus emociones. Su padre había muerto, y eso era lo más normal de todo el mundo, lo único seguro en la vida era la muerte, pero casi nunca pensamos en ello hasta que nos toca.

Sintió un toque gentil en su hombro y abrió los ojos, se encontró con una mirada color avellana preocupada. La hija de McFayden la miraba con la cabeza ladeada y el entrecejo fruncido.

—¿te encuentras bien? —le preguntó.

—no.


El constante sonido de algo vibrando fue lo que la sacó por fin del sueño profundo, levantó su cabeza de la almohada y miró a todos lados, no reconoció absolutamente nada del lugar que la rodeaba, sin embargo, el vibrar de algo no dejaba de oírse y el olor a tocino y huevos llegó a su nariz, alguien silbaba una tonada muy alegre que venía de afuera del cuarto. Poco a poco los recuerdo llegaron a su cabeza. Hacía unos días había vuelto al país y la invitaron a una fiesta a las afueras de Chicago, la reunión terminó mal y ella fue a la cárcel, estuvo ahí hasta que llamo a su tío y este envió a Richmond Rick Kane, abogado confiable de la familia, para que la sacara de la cárcel. Casi siempre, cuando terminaba tras las rejas, su hermana o su tío la sacaban, jamás le habia pedio ayuda a su padre o a su madre. Esta vez su tío debía estar muy ocupado para no ir en persona pues era bien sabido que Oskar Van dalen dejaba todo a un lado si se trataba de sus sobrinas, él las adoraba y era reciproco. Abbie y Anie lo celaban mucho y aunque bromeaban con la idea de que su tío Oskar era gay, pues jamás les ha presentado a ninguna mujer, era un alivio para las hermanas saber que su tío era soltero y enteramente de ellas.

Recordó que peleó con Rick por su comportamiento, pues donde hubiese problemas, ella estaba en medio, y nunca salía bien librada de ellos, Abigail Van dalen era una hippie, un espíritu libre, abría la boca cuando no debía y siempre se metía en problemas por ser tan imprudente. Para su madre ella era la cabra loca de las Van dalen, su padre, Alex, le gustaba que sus ideales estuviesen tan definidos y al mismo tiempo odiaba que ellos fueran en contra de lo que es, en otras palabras, Abbie era una heredera de una dinastía que se remontaba a la época de la colonia, con más de trecientos años de historia, cuando los colonos holandeses habitaron las tierras que ahora se conocen como Nueva York, nueva Jersey, Delaware y Connecticut. Era por sus antepasados y por su apellido que a veces mucha gente no la tomaba tan en serio, uno de ellos era Rick. 

Por suerte para ella un oficial de departamento de policía, muy guapo, además, intervino, él estaba saliendo de su turno, y le preguntó si podía llevarla a algún sitio, gustosa acepto. Fueron a un bar, tomaron unos tragos y luego subieron hasta su pequeño departamento donde tuvieron sexo hasta el cansancio. 

Y de nuevo ese vibrar la sacó de su cabeza, entonces recordó su celular. 

Con las sabanas contra el pecho se levantó y buscó por el desastre de ropas en el suelo su bolso y atender al fin esa llamada, lo encontró debajo de los pantalones del policía y al sacarlo vio más de veinte llamadas perdidas, de su madre, su hermana y su tío, se dispuso a devolver la llamada cuando el celular murió, se había quedado sin carga. 

La puerta se abrió de repente y un rubio rapado, musculoso, traía una bandeja en las manos con lo que parecía ser desayuno, una sonrisa adornaba su rostro, su torso estaba desnudo y solo llevaba puesto una toalla atada a su cintura.

—despertaste antes, buenos días. —dijo acercándose a Abbie y dejarle un beso en los labios. Algo sorprendida dio un paso atrás— ¿desayunamos? —sugirió.

—disculpa ¿tu nombre era? —dijo como total respuesta.

Confundido, el rubio se llevó la mano a pecho —Steve.

—¡claro! ¡Steve! —dijo golpeándose su frente— ¿me prestas tu teléfono?

—por supuesto, está en la cocina. —señaló fuera del cuarto.

Salió del cuarto y descolgó el auricular, marcó de memoria el número de Oskar y este respondió de inmediato.

Van dalen. —respondió. 

—¡tio Oskar, soy yo! Abbie.

ay Dios Santísimos, al fin! ¿Dónde rayos estabas? Te he estado llamando por más de una hora. ¿Por qué diablos no viniste con Rick? ¿y por qué me llamas desde otro número?

Demasiadas preguntas y Abbie no tenía ganas de contestar ninguna, pero si su tío, su hermana y su madre la estaban llamando quería decir que algo grande estaba pasando. 

—estoy en… —dijo, pero se estrujó el cerebro para recordar el nombre del lugar –sigo en Forest vew. No volví con Rick porque discutimos y mi celular murió. 

Lo escuchó maldecir en neerlandés entre dientes y mientras él decía esas retahílas, se mordía la uña del pulgar nerviosa. 

—Abigail, necesito que me digas donde estas exactamente, iré por ti en el helicóptero. No harás berrinches por subirte a él, lo harás e iremos directamente a casa de tu padre. 

—tío, eso algo exagerado, me pondré en camino en un momento ¿qué es tan importante? —preguntó al no entender el afán de su tío.

Suspiró cansado y lo soltó:

—Abbie, tu padre murió. Te necesito en casa ya. Envíame la dirección cuanto antes y buscare un área despejada para que el helicóptero aterrice, media hora, Abbie. —dijo y colgó.

Las palabras de su tío tardaron en reproducirse en su cabeza. 

—¿todo bien? —dijo Steve viéndola desde el marco de la puerta. 

—mi tío mandará en helicóptero por mí —dijo rápidamente pasado por su lado para entrar al cuarto y recoger su ropa. —necesito una ubicación despejada donde pueda aterrizar el helicóptero ¿conoces alguna?

Steve se quedó parado viéndola vestirse a toda marcha y solo se preguntaba una cosa ¿Quién rayos era ella para tener un helicóptero? Y solo pensó en una cosa, narcotráfico. Pues no parecía que Abbie fuese una persona con mucho dinero, no como para tener un helicóptero. 

—¿y? ¿tienes alguno en mente? —le preguntó poniéndose los zapatos sentada en la cama.

Él se sacudió mentalmente y pensó rápidamente en una ubicación —tengo una, te la escribiré.

Fue por lápiz y papel y unos segundos después se los entregó. 

Abbie hizo otra llamada y le dictó las coordenadas lentamente a su receptor tres veces, al colgar le preguntó si podía llevarla hasta allá. 

—claro que sí, voy a vestirme. 

Lo hizo en tiempo record. En el auto del policía ella encendió un cigarrillo. 

—no te importa ¿o sí? —dijo soltando el humo por la nariz. 

—no, está bien.

En la radio sonaba una música tranquila que fue interrumpida por las noticias. 

interrumpimos esta transmisión para informar que el magnate multimillonario, filántropo y arquitecto Alexander Van dalen, falleció esta mañana a los sesenta años, víctima del cáncer, nuestras condolencias están con sus hijas y su hermano Oskar Van dalen.

Escucharlo en las noticias hizo que todo se hiciera real, le pidió a Steve que se detuviera y ella se bajó del auto, fue inevitable llorar. El policía también se bajó del auto y lo rodeó solo para ver que le pasaba. 

—¿estás bien? —le preguntó cuándo estuvo a su lado.

Ella negó con la cabeza, pues el llanto le imposibilitaba hablar. 

—mi padre murió. —dijo a medias.

Permitió que Steve la consolara en un abrazo, hasta que se sintió mejor volvieron al camino. En unos cuantos minutos estuvieron en la ubicación y el helicóptero estaba aterrizando en ese momento, de él se bajó un hombre con una chaqueta de aviador como la de Tom Cruise en Top Gun, Abbie se bajó del auto y salió corriendo al encuentro de este tipo, se abrazó a él y este hizo lo mismo, besó su frente un par de veces y le dijo algo al oído, ella asintió y volvió con Steve. 

—gracias por lo que hiciste por mí. —dijo tendiéndole la mano. 

—fue un placer —dijo con una sonrisa —lamento lo de tu padre. 

Ella suspiró y se encogió de hombros —la muerte es lo único seguro en esta vida —dijo resignada—Gracias de nuevo. 

La vio alejarse y tomar la mano del hombre de la chaqueta y lentes oscuros, solo entonces vio el lado del helicóptero, las letras doradas se leían Van dalen. Los engranajes empezaron a rodar en su cabeza. Ella se había puesto a llorar después de la noticia sobre la muerte de un tal Van dalen. Para Steve el nombre era bastante nulo, pero tenía una sospecha, y era que tal vez Abbie era hija del difunto. Solo tenía que hacer una llamada a uno de sus compañeros, pues la había conocido en la entrada del departamento de policía. Unos catorce o dieciséis minutos después, Steve se había enterado que había pasado la noche con una rica heredera, perteneciente una de las familias más antiguas del país. Abigail Van dalen. 

2

Cuarenta y ocho horas después de la noticia de la muerte de su padre, las hermanas aguantaron cada pésame de las personas que solo estaban ahí porque creían que podían beneficiarse con ese acto, era repulsivo y algo hipócrita ir a un velorio y que decir del entierro. Ana tuvo que apartar a su madre del ataúd donde lloraba como si ellos no se hubiesen divorciado hace años, como si ella no le echara la culpa de sus miserias, como si el tipo controlara la vida de su ex esposa. 

 —¿te quieres comportar? Estas haciendo el ridículo. —le dijo con los dientes apretados. 

La señora Clarisse Van dalen fue la primera y única mujer legal que tuvo Alex Van dalen, una señora de unos sesenta y tantos, bastante conservada.  De la unión entre ellos, nació Anastasia, llamada así para poder congraciarse con la madre de Alex, quien, para ella, ni Ana, ni Abbie eran hijas de su hijo. Sin embargo, la felicidad no duro mucho pues, Alex la engañó no solo con Debbie, la madre de Abbie, sino con muchas otras más. Que se divorciaran fue un alivio para la vieja momia de Anastasia Van dalen y también para Alex, pues se había casado solo porque había dejado a Clarisse embarazada, el mismo acto no se repitió con Debbie porque ahí no había absolutamente nada, solo atracción física y al final pasaba lo de siempre, se aburría y pasaba de página o de mujer. Así que decidió ser el padre de sus hijas, sin estar casado con ninguna de sus madres. 

—¡yo, fui la esposa de Alexander Van dalen! —le respondió inflando el pecho— eso no se debe olvidar. 

Ana puso los ojos en blanco —¿importa eso ahora? El hombre está muerto. Deja el espectáculo y la hipocresía, además ustedes dos se separaron hace más de veintiocho años, ya supéralo. 

—lo que me hizo ese maldito lo va a pagar en el infierno. —dijo contrayendo los labios mostrando los dientes— pero esa —dijo señalando con el mentón tras de Ana —no se va a quedar con lo que es mío. 

Poniendo los ojos entrecerrados miro a su madre —¿hablas del testamento de mi padre? 

—por supuesto que hablo del testamento. De seguro ese hijo de perra le dejó algo al Debbie, solo mírala ahí, tan tranquila. 

La madre Abbie, Debbie era mucho más joven que Clarisse y eso la mataba. Eso y que sus cirugías estéticas le quedaban mejor. 

—quizás Oskar sepa algo sobre la lectura del testamento —dijo mirando a todos lados. 

Respirando profundamente, Ana se pellizco el puente de la nariz, comenzaba a sentir un fuerte dolor de cabeza —voy a salir a tomar aire y por nada del mundo te atrevas a acercarte a mi tío Oskar para preguntarle por esa estupidez. 

Pisando fuerte salió del salón de la mansión de sus abuelos ubicada en Forest Glen en Winnetka una de las zonas más ricas de todo el estado de Illinois. Conocía el lugar como la palma de su mano pues había pasado muchos veranos en esa casa junto con su hermana. Ana caminó hasta el jardín y respiró lo más hondo que pudo, quería gritar, quería escapar, quería dormir por los próximos dos días y dar un salto en el tiempo. Se sentó en unos de los bancos que rodeaba la fuente. No solo se sentó, sino que se acostó llevándose una mano en la cabeza. 

—¿estás bien? —preguntó una voz femenina cerca de ella. 

Con la ayuda de sus codos se incorporó y miró con el ceño fruncido al acosador que la estaba siguiendo. 

—¿te conozco? —preguntó Anie viendo a la pelirroja de arriba a abajo entrecerrando los ojos y luego chasqueó los dedos al recordar el nombre de la mujer— Kathy ¿no? —ella la señaló con diversión.

 —casi. Soy Kate.

—claro, Kate McFayden. –dijo su nombre lentamente. Anie carraspeó y se sentó en el banco, cruzó las piernas y también los brazos— ¿se te ofrece algo? —le preguntó mirando la fuente. 

Ana era conocida por tener una mirada bastante aburrida y gélida, si sonreía era por educación o sarcasmo, las únicas veces que sonreía genuinamente era cuando estaba con su tío Oskar o su hermana Abbie.

—solo quería saber si estabas bien, sé que es una pregunta un tanto estúpida, pero quería…

A Ana se le escapó una carcajada burlona.

—tienes razón, es una pregunta estúpida. ¿Qué haces aquí? Y me refiero a aquí en el jardín —dijo señalando el suelo— sé que tu padre tenía motivos de sobra para estar en el funeral. Pero ¿Qué hay de ti? —preguntó ladeando la cabeza— Mi padre no te conocía y tú mucho menos a él. —dijo mirándola por primera vez. 

Notó que el cabello lo llevaba lacio y que unos lentes de sol lo sostenían, su vestido negro era holgado y tenía bolsillos, algo bastante inusual, a Ana le gustó mucho el diseño, aun así, no le dijo nada. Notó que sus pecas le cubrían los hombros y los brazos, Ana se preguntó que tanto cubrían sus pecas. 

Fue el turno de Kate de reírse y lo hizo nasalmente y metió las manos en el bolsillo del vestido con una sonrisa socarrona, la cual molestó a Anie, hablo:

—eres muy segura de ti misma ¿no? —se sentó a su lado y también dobló la pierna —conocí a tu padre hace años. Mi padre creyó conveniente que su hija fuera al mismo internado al que asistían las hijas de Alexander Van dalen. —reveló— tu padre y el mío pasaban mucho tiempo juntos y a veces él me llevaba con ellos, creía que éramos amigas, pues estábamos en la misma clase. Gracias a él soy arquitecta, de hecho, dio el discurso en mi graduación. 

Todo lo que le dijo la molesto, saber que su propio padre había asistido a su graduación era indignante, pues las únicas personas que ella quiso en la suya eran su tío y a su hermana, sin embargo, Ana tenía que admitir que muy en el fondo quería ver a su padre entre el público. Jamás lo admitiría en voz alta, pero había odiado que su padre no asistiera a su graduación universitaria. 

Pero en lugar de reprocharle eso, o hacer un chiste sarcástico sobre Alex siendo mejor padre para Kate que para ella, dijo algo totalmente diferente. 

—¿estudiamos juntas en el internado? —preguntó con el entrecejo fruncido. 

Kate asintió con una sonrisa —quizás no te acuerdes de mí, yo era muy diferente de lo que soy ahora. 

Anie se le quedó mirando un rato, tanto que incomodo a Kate. 

—perdón, no logro recordarte —dijo negando con la cabeza. 

—ahí estas —dijo Abigail caminando en su dirección— el tío Oskar está encerrado en el segundo piso —dijo señalando el edificio de la casa detrás de ella— quiere hablar con nosotras.  

Ana se levantó con un suspiro— subamos por las escaleras de servicio, así evitamos a la gente —dijo empezando a caminar.

—oye, yo te conozco ¿cierto? —dijo de repente Abbie. 

Ana se volvió y vio a su hermana mirando con expresión divertida a Kate. 

—soy Kate…

—¡Kate McFayden! ¡claro! —dijo interrumpiéndola al recordarla— fuimos juntas al internado ¿recuerdas, Anie? —dijo mirando a su hermana con una sonrisa —es la hija del asquerosito de Horace.

—¿Abbie, te quieres callar? —dijo Ana rascándose la cabeza con incomodidad. 

Kate solo sonrió algo incomoda —al menos Abigail sí se acuerda de mí.

—¿no la recuerdas del internado? —le preguntó Abbie a su hermana bastante extrañada—quizás sea porque en ese entonces era bastante gordita.

—creo que deberíamos ir con Oskar. —la cortó Ana— nos disculpas —dijo mirado a Kate y tomando a su hermana del brazo para arrastrarla dentro de la casa. 

—fue un gusto volver a verte, te ves muy bien —dijo mientras era arrastrada por su hermana —¡sigue así!

—me encantaría que, por una puta vez, tu cerebro no esté conectado a tu culo —dijo Ana subiendo las escaleras de servicio que estaban en la cocina— ¿Por qué le dijiste lo de su padre?  

—¡ay por favor! —dijo Abigail poniendo los ojos en blanco —como si tu jamás lo hubieses hecho —dijo mientras caminaban por el pasillo que las llevaba al cuarto de Oskar.

—sí, pero no se lo digo en su cara —dijo Ana tocando la puerta del cuarto. 

Su tío abrió y las miró con el ceño fruncido —¿de quién están hablando? 

—le dijo a Kate McFayden que su padre es un asqueroso. —acuso Ana a su hermana delante de su tío. 

—¡pero sí lo es! —dijo Abbie sentándose en unos de los muebles de la habitación. 

—¡niñas! —las llamó Oskar— basta las dos —dijo señalándolas con los dedos índices de cada mano —Abigail ¿Cuántas veces hemos hablado de eso? Debes pensar lo que dices antes de hablar. Y en cuanto a ti, jovencita —dijo girándose hacia Ana —dijimos que empezarías a tratar a las personas mejor. 

—¿Qué? —dijo indignada— ¿de qué hablas, tío? 

—desde aquí pude ver como tratabas a la pobre muchacha. —dijo señalando el ventanal de la habitación— su padre puede ser todo lo que quieras, pero ella es diferente. —dijo sentándose en un sillón y cruzo las piernas de esa manera elegante que siempre tenía. 

—ah ¿sí?  —dijo Ana burlona —¿es que son muy buenos amigos? 

—conozco a esa niña desde muy pequeña, créeme, Kate no es igual a su padre. Quiero que la trates bien ¿de acuerdo? —le advirtió con el dedo índice —si me entero de lo contrario, tendremos problemas. 

—¡tío, por favor! —se quejó como una niña pequeña— me voy a portar bien— prometió hundiéndose en su sillón. 

—creo que debemos relajarnos ¿no creen? —dijo Abbie y se sacó un cigarrillo de marihuana— ¿quieren un poco? 

—sí ¿Por qué no? —dijo Ana y su tío estuvo de acuerdo. 

Abigail lo encendió y le dio una calada profunda y luego se la pasó a su tío. Él dio una honda calada al pitillo y cerró los ojos. 

—¿Dónde la conseguiste? —preguntó curioso. 

—lo traje conmigo desde Ámsterdam. —respondió Abbie. 

Oskar miró el pitillo entre su pulgar e índice y luego miró a su sobrina, se preguntó cómo había hecho para traficar eso desde Países Bajos. 

—dime, por el amor de Dios que no te trajiste esto en el culo. 

—¿Qué otra forma si no? —dijo ella encogiéndose de hombros 

Oskar cerró los ojos con pesar y se lo devolvió con asco —no puedo creerlo.

—oye estaba metido en un empaque —dijo Abbie. 

Ana se reía a carcajadas, sin embargo, se recompuso un poco y se aclaró la garganta— ¿de qué querías hablar con nosotras, tío? 

—de la herencia de su padre —dijo Oskar levantándose para buscar un whisky— Rick me entregó una carta que dejo Alex antes de morir —dijo y tomó el licor de un solo trago— dice que no les dejó nada a Clarisse, ni a Debbie y que la lectura será en tres días.

—uy que mal —dijo Abbie soltando el humo— mi madre pondrá el grito en el cielo. 

—si es que grita —dijo Ana— con tanto botox apenas si la vi mover un musculo. —dijo en tono burlesco. 

Los tres se echaron a reír. 

—mi madre tiene tantas cirugías en la cara que dudo que sus lagrimales aun funcionen —dijo Abbie antes de soltar la carcajada. 

3

Tres días después del entierro, las hermanas se encontraban en el ascensor del edificio donde el bufete de abogados de Rick, Abigail se había quedado en casa de su hermana donde pasaron los últimos tres días viendo documentales de crímenes, comiendo lo que sea que se les antojara. En ningún momento hablaron de la muerte de su padre, fue algo tácito entre ellas, no es como si no tuvieran la confianza de hablar entre ellas, todo lo contrario, se contaban todo, aunque Abbie no estuviera en la ciudad por mucho tiempo, siempre estaban comunicadas, sin embargo, ninguna se sentía preparada para hablar de eso. 

Las puertas del ascensor se abrieron en el piso quince, él estaba esperando por los Van dalen, Oskar había llegado unos minutos antes y mientras las hermanas llegaban a la recepción, su tío y el abogado estaban hablando con ánimo, cuando las chicas fueron anunciadas ambos se levantaron de las sillas, Oskar fue el primero en saludar a sus sobrinas, luego Rick. 

Una vez sentados Rick procedió a leer el testamento.

—en pleno usos de mis facultades mentales, yo, Alexander Willem Johans Van dalen les pido a mis hijas Anastasia Beatrix Constances Van dalen y Abigail Wilhemina Patrice Van dalen una condición para heredar mi fortuna, vienes y bonos —las hermanas se miraron entre si mientras Rick hacia una pausa— Cualquiera de mis dos hijas que quiera heredarme tendrá que casarse. 

—¿Qué? —gritaron ambas al mismo tiempo. 

—les pido que se calmen —dijo Oskar— aún no ha terminado de leer el testamento, por favor, Rick, continua. 

El abogado asintió y continuo— cualquiera de mis dos hijas que quiera heredarme tendrá que casarse a partir de esta fecha, teniendo un plazo de seis meses, si para ese entonces ninguna de las dos se ha casado hay otra clausula en otro sobre —Rick sacó el sobre manila adjunto al testamento—, sobre que se abrirá un año después de la lectura de este testamento. 

Las últimas líneas solo decían que las amaba y que esperaba que hicieran lo correcto, Rick cerró la carpeta y negó con la cabeza al ver a las hermanas y a Oskar. 

—¿tenías idea de esto? —le preguntó a Oskar.

Él negó con la cabeza— ese hijo de puta no me dijo nada. 

—los dejaré a solas un momento —dijo Rick levantándose de la cabecera de la mesa, le dio la mano a Oskar y salió. 

Las hermanas estaban en un estado de shock total. 

—no puedo creer lo mierda que fue hasta el final —dijo Abbie cruzándose de brazos— ¡qué hijo de puta!

—¿y ahora que vamos hacer? —preguntó Ana mirando a Oskar. 

Su tío las miraba muy concentrado, tratando de adivinar las verdaderas intenciones de su hermano mayor. 

—niñas, depende de ustedes dos. 

—¿sugieres que nos casemos? —preguntó desconcertada Ana. 

—no hablemos de esto aquí, vamos a otro lugar. 

Los tres salieron del bufete, se subieron al Linconl de su tío y este le pidió a su chofer que los llevara al muelle, al llegar ahí, ya la tripulación del yate de lujos los estaba esperando. Subieron a él y en la cubierta del segundo piso un brunch los estaba esperando. 

—¿ahora si podemos hablar? —preguntó Ana con la ceja alzada. 

—todo lo que quieras —dijo su tío quitándose la chaqueta del traje a la medida. 

—esta broma de papá no es divertida. Es posible que el tipo estuviese drogado por sus medicamentos, quizás podamos impugnar el testamento. —dijo Abbie.

—no se puede hacer —dijo Oskar empezando a comer —pueden intentarlo, pero pasaran años antes de que puedan cobrar algo. 

—¿entones qué? ¿esperamos un año?  ¿Qué pasaría si la otra clausula dijera cosas como que dejó todo a la iglesia? —dijo Ana cruzándose de brazos y hundiéndose en su silla. 

—en primer lugar, no entiendo por qué estás tan ansiosa por cobrar la herencia de tu padre —dijo su tío mirándola con una ceja alzada —tú ganas tu propio dinero.

—sí, pero me lo gané, tío Oskar —dijo señalándose el pecho con el dedo incide. 

—de eso no hay ninguna duda —dijo sonriéndole orgulloso— honestamente quien debería estar desesperada por el dinero de Alex debería ser Abbie —dijo y se giró para mirar a su otra sobrina.

La aludida dio un respingón y se quitos los lentes de sol —lo estoy, no se nota, pero lo estoy, no quiero tener que casarme. —su celular vibro en la mesa y al ver el nombre de su madre en la pantalla lo apagó de inmediato —mi mamá me ha estado llamando desde esta mañana, ¡si se entera de la cláusula de matrimonio va a querer casarme! —dijo alzando las manos— ¿Qué mosca le pico a mi papá? No estamos en el siglo VIII.

Oskar tomó un sorbo de su mimosa y miró a ambas sobrinas —voy a dejar esto muy claro con ustedes, no tuve una buena relación con mi hermano. 

—yo tampoco la tendría si se follara a mi novia, tío —dijo Ana negando con la cabeza tomando de su mimosa. 

—quisiera tener a esa perra enfrente —dijo Abbie tronándose los dedos como quien se prepara para dar una golpiza. 

Las hermanas eran demasiado celosas de su tío y al saber esa historia hace años, odiaron más a su padre y a esa fulana. La historia de la novia robada entre los hermanos era una anécdota que a Oskar no le gustaba contar y mucho menos delante de sus sobrinas, sobretodo porque esa fulana estaba muy cerca de ellas. 

—el punto es —dijo alargando el sonido al tiempo que miraba a una y a otra— lo único bueno que hizo mi hermano fue a ustedes dos, crecieron juntas, se criaron juntas y lo más importante es que se aman y se protegen mutuamente, no dejen que un puto testamento las separe —las hermanas se miraron y sonrieron la una a la otra significativamente— tampoco permitan que sus madres se metan entre ustedes —dijo señalando a Ana con el índice de la mano izquierda y a Abbie con el índice de su mano derecha— ambas son unas arpías. 

—tienes razón, tío Oskar —suspiró Ana— Abbie y yo podemos esperar un año ¿cierto? —dijo mirando a su hermana. 

—absolutamente. Además, no creo que Pito Alegre les haya dejado algo a la iglesia. —dijo Abbie haciendo que los tres se rieran. 

—me encanta verlas así —dijo Oskar de bueno— pero me gustaría más que comieras, Anie –dijo al notar que su sobrina no había tocada nada de su plato aun— pedí que te hiciera la omelett como te gusta —dijo y empujo el plato hacia ella—vamos, cómetela. —Ana no tuvo más remedio que suspirar y cortar la omelett sin ganas hasta que la probó, sus ojos se cerraron y gimió de placer— te lo dije —dijo Oskar con una sonrisa y luego miró a su otra sobrina –tú también acábate el desayuno. 

Pasaron el resto del brunch hablando animosamente y bromeando, para las dos de la tarde los tres estaban bastante ebrios y era algo normal, para los Van dalen estar en total ebriedad era algo común, era la única manera de aguantar las largas reuniones familiares. El celular de Oskar vibró en la mesa y las hermanas no pudieron notar ver el nombre de una tal Vanessa en la pantalla, su tío se aclaró la garganta y tomó su celular. 

—debo atender esto —dijo levantándose de la silla.

—puedes hacerlo aquí, no hay problema, tío —dijo Ana con una sonrisa etílica. 

Él solo le sonrió de vuelta— buen intento —dijo antes de contestar he irse.

Las hermanas no pudieron esperar hasta que su tío se fuera para comentar lo obvio. 

—viste como reaccionó cuando lo llamo esa tal ¨Vanessa¨ —dijo Abigail en un susurro inclinándose hacia adelante. 

—sí —dijo Ana mirando la dirección en la fue su tío— me gustaría saber quién es. ¿crees que este saliendo con alguien? —dijo mirando a su hermana. 

—es tan raro admitir que el tío Oskar pueda tener vida propia. 

Las hermanas se callaron cuando su tío volvió y tomó la chaqueta del espaldar de la silla. 

—se presentó algo, debo irme —dijo y se acercó a Abigail para darle un beso en la frente— quédense aquí si quieren —dijo besando la frente de su otra sobrina— las quiero, cuídense. 

—adiós, tío Oskar. —dijo Ana

—también te queremos.

Las hermanas pasaron el resto del día en el yate y ya empezaba hacer frío, tomaron unas mantas y se acostaron en el sofá de la parte de atrás del yate. 

—supongo que seremos tu y yo para siempre —dijo Abigail— seremos como Paty y Selma. —dijo comparándose con las tías solteronas de los Simpsons

Ana se echó a reír ruidosamente —sí, con una enorme diferencia, seré yo manteniéndote a ti. 

—eso antes no te molestaba. 

—nunca me molestó —dijo Ana sorbiéndose la nariz. — supongo que la mensualidad que papá solía darnos ya no estará disponible. 

—no me hables de eso —dijo Abbie erizándose— significaría que tendría que quedarme contigo y no es que me moleste, pero después de una semana te vuelves una perra.

Era bien conocido que Ana era muy protectora de su espacio personal. 

—puedes vivir con tu madre, a fin de cuentas, esa es tu casa. 

—prefiero vivir debajo de un puente. 

—hermana, enfrentémoslo, podrás ser muy espíritu libre pero jamás dormirías debajo de un puente. Ni siquiera resistes entrar a un baño público. —dijo en tono de burla Ana.

Abigail cerró los ojos y puso cara de asco, tener que compartir un espacio con más de dos personas era algo insufrible. Todo gracias al internado católico al que fueron. 

—tienes razón, no soportaría la idea de dormir en un lugar que es baño público del mundo entero —dijo acurrucándose en su manta— aun no puedo creer lo que nos hizo Pito Alegre. 

Ambas se sentían traicionadas de alguna forma, era duro saber que su padre las jodio hasta el último día. 

—yo tampoco lo puedo creer —dijo Ana con voz ausente. —supongo que es una forma de mantenernos unidas ¿o mandarlo todo a la mierda y matarnos entre ambas? 

—siempre tendremos la herencia de la abuela, si es que algún día muere. —dijo Abbie apoyando la cabeza en el hombro de su hermana. 

Ana se echó a reír nasalmente —conociendo a esa anciana es capaz de enterrarnos a todos y si eso no llega a pasar, ella sí le dejara todo a la iglesia.

Abbie se echó a reír —tienes razón, creo que estamos jodidas —dijo y su hermana coincidió con ella— pero te prometo que cuidaré tu trasero y tú el mío, seremos como Meryl Streep y Goldie Hawn en la muerte les sienta bien

—tienes razón —dijo y sacó el puño para chocarlo con el de su hermana— mientras cuides mi trasero, yo cubriré el tuyo. 

4

Dos semanas después de la lectura del testamento, Ana evitaba a su madre a toda costa, sabía que, si hablaba con ella por cinco minutos, le metería ideas en la cabeza, podría hasta presentarle candidatos para casarse, la simple idea la hacía enfermar. Sabía que tarde o temprano tendría esa charla con Clarisse, pero prefería evitarla tanto como pudiese.

El resto de la tarde del viernes, ha estado procrastinando en su trabajo, viendo videos estúpidos en YouTube mientras comía gomitas mogul acidas con las piernas sobre el escritorio. Metió la mano en la bolsa de las gomitas y con gran malestar descubrió que no quedaban más, bajó las piernas del escritorio, pausó el video y se limpió las manos del azúcar que tenía pegada en los dedos, buscó sus tacones, que estaban olvidados a un lado de la silla, se calzó y estirando su espalda caminó hasta la puerta de su oficina, sin embargo, ante de salir quería ver que estaba haciendo su asistente, eran más de las tres de la tarde, faltaba muy poco para terminar por esa semana, y sabía que Eddie podría estar flojeando pues ella estaba haciendo lo mismo, así que abrió la puerta con cuidado y se asomó por el pequeño espacio, donde encontró a Eddie con unos audífonos mirando algo en su Tablet, satisfecha cerró la puerta de nuevo, respiró profundamente y de un golpe abrió la puerta haciendo que Eddie casi se callera de su silla. 

—¿trabajando duro o durando en el trabajo, Eddie?  —El tipo se puso completamente nervioso, tanto que no podía pronunciar palabra, Ana sonreía con malicia— mejor olvídalo. Iré por golosinas ¿quieres algo? 

—unas papas estarían bien —dijo mientras recogía sus audífonos que fueron a aparar al suelo junto con sus lentes de pasta gruesa por el susto.

—vuelvo en un momento. 

Con buen humor, Ana llamó al ascensor, sabía que Eddie no tendría nada que hacer si ella no estaba haciendo nada, sabia lo bueno que era en su trabajo y lo apreciaba. Edward era un tipo corpulento algo bajito, siempre se bestia bien, siempre estaba muy bien presentable, cabello negro peinado perfectamente, de ojos grises y nariz perfilada, aun usaba ortodoncia en los dientes inferiores, no tenía idea de lo que hacía en su tiempo libre y honestamente no le importaba, solo le importaba que hiciera muy bien su trabajo. 

No era secreto que trabajar para Ana era bastante difícil, era muy dura y estricta, ningún arquitecto o ingeniero se ha atrevido a llevarle la contraria, y vaya que esos dos gremios no podían coexistir, sin embargo, Ana sabía cómo manejarlos. 

Entró al ascensor y pulsó el botón que la llevaba hasta el comedor de empleados, donde estaban las máquinas expendedoras, el ascensor se detuvo en el piso, salió de él y caminó por el pasillo, saludando a uno que otro de sus empleados. La fama de Ana no era exactamente de tirana, sin embargo, le gustaban las cosas bien hechas, después de todo era una Van dalen, tenía que demostrar que podía con el reto y en tres años lo ha estado haciendo bien, aunque a la junta directiva no le agrade, contrario a lo que muchos de ellos creían a ella no le regalaron nada, todo se lo ganó con trabajo duro, Ana no quería que la tacharan por otra heredera hueca, era rubia, pero natural. 

Llegó a las máquinas expendedoras y miró lo que había en ellas y al encontrar las gomitas sonrió, metió cuidadosamente el billete en la ranura, jamás llevaba cambio en monedas, pues según la Reina Clarisse de Genovia la realeza no tintinea al caminar, apretó el botón de las gomitas y las papas de Eddie, esperó por sus golosinas para recogerlas y una vez en la mano volvió por el mismo camino que recorrió antes, la diferencia es que cuando llegó al ascensor este se abrió como por arte de magia y un Eddie muy alterado con su bolso, maletín y su celular en mano apareció. 

—¡tu mamá está aquí! —anunció en cuanto la vio. 

—¿Qué? —dijo alterada.

Se metió en el ascensor de un saltó y pulsó el botón del sótano. 

—recibí una llamada de la recepción, te llamé, pero no me contestabas, me di cuenta que tu celular estaba en la oficina, tomé tus cosas y salí a buscarte.

—gracias. –dijo tomando sus cosas, metió sus gomitas en el bolso. 

—le dije a Malcom que fuera por el auto. 

—gracias, Edward. Cuando llegues, dile a mi madre que me fui el fin de semana con mi hermana a Dubái. 

—¿tan lejos? —preguntó extrañado. 

—¡solo dile eso! —gritó Ana alterada. 

Cuando llegaron al sótano, Malcom aún no había llegado y se llevó una gran sorpresa cuando vio a su madre a unos metros lejos del ascensor, ambas se vieron y Ana no hizo más que abrir los ojos. 

—¡mierda! —gruñó. 

—¡Anastasia Van dalen, quédate justo ahí! —escuchó los gritos de su madre. 

Todo había sido una emboscada, una jugada preparada de su madre para poder encontrarla de frente. 

Ana vio un auto que se acercaba, no era el de ella, pero no le importó atravesarse en el camino para que el auto se detuviera. Con un frenazo el auto se detuvo a uno centímetros cerca de sus piernas. 

Ana con prisas haló la manija y la puerta se abrió, entró en el auto y se encontró con una piloto molesta y asustada. 

—¿Qué mierda pasa contigo? —se quejó esta. 

—¡solo arranca! ¡arranca! —ordenó— ¡te pago cuanto quieras, pero arranca de una maldita vez! —dijo al ver lo cerca que estaba su madre. 

La pilotó arrancó el motor y salieron del estacionamiento a toda marcha. 

—¡mierda, mierda, mierda! —Ana decía sin cesar mirando hacia atrás, vigilando por si su madre las alcanzaba. 

—¿me quieres explicar que está pasando? —preguntó su acompañante— esa era tu madre ¿no?

 —sí, esa era mi… —se interrumpió cuando se dio cuenta de lo que dijo su pilotó— ¿Cómo sab…? –se interrumpió de nuevo cuando vio el perfil de su piloto, la reconoció, pero su nombre no le llegó. 

—Kate —se presentó la piloto. 

Ana chasqueó los dedos y la apuntó con el dedo índice— Kate McFayden —dijo reconociéndola, se sentó mejor y se puso el cinturón— lo siento, no sé por qué tu nombre se me olvida —dijo mirando por la ventana.

—bueno, según tu tío Oskar, siempre olvidas a la gente que no es relevante para ti —dijo Kate suspirando. 

Ana soltó un bufido— por desgracia es cierto. Espera un momento, aún falta para tu hora de salida —dijo girando su cuerpo en el asiento —¿Por qué no estás en tu puesto de trabajo? 

Fue el turno de Kate para echarse a reír —¿en serio? —preguntó mirándola— he estado yendo todos los días a mi lugar de trabajo, pero cuando pregunto si hay algún proyecto para mí siempre me dicen que no. Entendí que si al final de mes voy a recibir mi paga ¿Qué importa que me vaya temprano? A fin de cuentas, no estoy haciendo nada —dijo encogiéndose de hombros. 

Ana la miró molesta con el ceño fruncido, pero tenía que admitir que su piloto tenía razón. No le ha dado ningún proyecto a Kate por el simple hecho de que no quería, y lo peor de todo es que había visto el trabajo de Kate y era bastante bueno y muy impecable, y eso le dolía más, no quería ceder ninguna pizca de terreno ante los McFayden. 

—sabes perfectamente que soy tan buena como el resto. —dijo Kate de repente deteniéndose frente a un restaurante.

—ah, tan buena como el resto, o sea que eres cualquiera —dijo Ana dándole una mirada retadora. 

—eres bastante malagradecida con la persona que te salvo el culo hace un rato. —le reclamó Kate. 

Ana soltó un suspiró y cerró los ojos —lo lamento, tienes razón, soy una malagradecida. 

—olvídalo —dijo Kate mirando hacia el frente—¿Dónde te dejo? 

La actitud de Ana cambió de nuevo al ver el apuro de Kate por deshacerse de ella, por alguna razón ella sintió curiosidad.

—¿tienes una cita urgente? —quiso saber. 

—Ana, que seas mi jefa no te da derecho a inmiscuirte en mi vida personal. 

—¿Quién está siendo la ruda ahora? —preguntó cruzándose de brazos.

Kate sonrió y se masajeó el cuello dándose cuenta como se habían puesto las cosas —lo siento. Tengo… una cita —dijo algo incomoda en su asiento.

Algo le decía que no debía meterse, que la chismosa era su madre, que debía bajarse del auto y meterse en un hotel por el fin de semana, pero no pudo evitar preguntar.

—¿romántica? –—preguntó con una ceja alzada.

Kate movió el cuello y este tronó, se podía notar lo incomoda que estaba —al… algo así ¿Dónde quieres que te deje? —le preguntó de nuevo cambiando de tema. 

—me quedaré aquí, debo llamar a mi guarda espaldas, me esconderé en un hotel por el fin de semana. —dijo al tiempo que abría la puerta— de nuevo, gracias. 

—¿Ana? —la tomó del brazo antes de que bajara— ¿vas a estar bien? —le preguntó. La rubia notó la preocupación en sus ojos y luego miró hacia su agarre. 

—sí, no te preocupes, soy niña grande. —dijo sonriendo fugazmente— hasta el luego, Kate, y suerte en tu cita. —dijo antes de cerrar la puerta del auto. 

—igualmente y gracias. 


Con un rugido de impaciencia y los ojos en blanco Abigail enfrentó a su madre. 

—¡mamá, ya déjame en paz! —dijo alzando los brazos, enfatizando su orden— ¡no voy a casarme, olvídalo de una vez!

A diferencia de su hermana, Abigail le gustaba hacer las cosas de frente y enfrentar a su madre de una vez por todas, sin embargo, había hecho su movida sabiamente, porque justo el día que se iba de nuevo del país, fue el día que enfrentó a Debbie, de esa manera podía dejarla sin mirar atrás, algo cobarde por su parte, pero si le funcionaba de esa forma ella no cambiaría sus planes, así que mientras visitaba a su madre en su departamento, Abbie le soltó su decisión. Su madre replicó de inmediato.

—¡no puedes hacerme esto! ¡tengo todas mis esperanzas en ti! —dijo su madre como si su hija fuese una apuesta segura— hay deudas que necesito pagar. 

—tú lo dijiste —dijo Abbie apuntando a su madre— tú tienes deudas, no yo. Y ahora que la gallina de los huevos de oros se murió, dependerás de ti misma. ¿Por qué no te buscas un novio que te mantenga? 

—oye, mocosa, malagradecida, no me faltes al respeto —dijo roja de la ira, sus fosas nasales se abrieron en consecuencia. 

Debbie no tenía ningún talento, no había terminado sus estudios, y pensó que siendo la amante de Alexander Van dalen le traería una vida acomodada, muy tarde se dio cuenta que Alex jamás le daría una vida de amante con un apartamento propio y una mensualidad, ni siquiera al saber que estaba embarazada, Alex se dio cuenta de la clase de arpía que Debbie era desde el momento exacto en que se le insinuó. Le había dado un departamento en una de las torres de los Van dalen, pero lo puso a nombre de Abigail. Por suerte para Debbie su hija no estaba mucho tiempo en el país y en su departamento mucho menos, prefería quedarse con su hermana Anastasia o con Oskar. 

Al saber lo del testamento, Debbie supo que su hija no le pondría las cosas fáciles, no podía jugar la carta de la lastima, sabía que jamás se ganó la confianza de Abbie, pero debía convencerla como fuera, quería ese dinero y lo quería por completo. 

—entonces has algo de provecho con tu vida, mamá, y deja en paz la mía. ¿sí?

—¿yo soy la que tiene que hacer algo de provecho? ¡Abigail, despierta! Tú no sabes hacer nada, ni siquiera terminaste tus estudios en leyes. ¿Qué harás con tu vida si no tienes la herencia de tu padre?  

—pues algo se me va a ocurrir —se defendió— no le tengo miedo al trabajo. 

—¡ay por favor! Abigail, no tienes ni puta idea de cómo funciona el mundo real, hay responsabilidades y no serás bonita y joven siempre ¿pretendes pasar el resto de tu vida en un trabajo mal pagado de ocho horas? Conociéndote no lo aguantarías ni una semana.

Abigail puso los ojos en blanco y se mordió el labio para gruñir pues sabia, para su mala suerte, que su madre tenía razón. Odiaba estar encerrada, odiaba la rutina y sobretodo, odiaba recibir órdenes, después de todo era una Van dalen, eran ellos los que daban las ordenes, cuando estaba en el internado con su hermana, no se salvaba de los castigos de sus maestras y todo gracias a su temperamento, al contrario que Ana, ella sí pudo domar ese carácter explosivo, no sabía cómo, pero lo había hecho. 

—mi hermana y mi tío siempre cuidaran de mí. —rebatió. 

Su madre sonrió con malicia —¿y en serio crees que Clarisse no se meterá en la cabeza de su hija? No conoces a esa víbora como yo, hará que Anastasia se case y nosotras quedaremos en la calle.

—¿sabes? Mi tío Oskar me advirtió esto —dijo cruzándose de brazos— pero a diferencia tuya, yo sí conozco a mi hermana y me dio su palabra de esperar un año para saber qué pasará con la herencia de mi padre. Y no voy a seguir hablando de este tema contigo —dijo caminando hasta la puerta —y te recuerdo que fuiste tú quien se metió con un hombre casado, no pretendas hacerte la victima con Clarisse. —dijo y azotó la puerta.

No espero el ascensor, así que bajó por las escaleras de emergencia, no quería seguir escuchando a su madre. Al tiempo que bajaba, sacó su celular y le envió un audio a su hermana resumiendo lo que había sido su conversación con su madre.

al menos tienes más ovarios que yo, aun no le digo a la mía. —respondió su hermana. 

—¿de qué hablas? Ya pasó casi un mes desde la lectura del testamento.

después de su asedio de hace dos semanas, le prohibí la entrada a mi edificio y al de la constructora. 

Su hermana se echó a reír —¡por Dios! Eres una perra. Por cierto, me voy en un par de horas. Te veré para el cuatro de julio, si no pasa nada antes.

ya me conoces cuando se trata de mi madre. De acuerdo, hermanita, no te metas en problemas, cuídate. 

—¿en serio? Problemas es mi segundo nombre. Nos vemos, hermanita ¡te amo!

igual yo.

Al salir del edificio, le dio una última mirada sobre su hombro al piso donde vivía su madre y suspiró, no dejaría que su madre se metiera en su cabeza, confiaba en su hermana más que nadie en el mundo, de hecho, solo confiaba en ella y su tío Oskar, y mientras estuvieran en su vida todo estaba más que bien. 

Divisó el Lincoln gris de su tío que la esperaba en la acera fue hasta ahí, Sasha, un ruso acuerpado y de lindos ojos azules, le abrió la puerta, él era uno de los guardaespaldas que trabajaba para su familia, su tío le dio la orden de llevar a su sobrina a casa de su madre y luego llevarla al aeropuerto sana y salva. Abbie había tenido su propio guardaespaldas, pero convenció a su padre de que no necesitaba uno, o si no, sería una pesadilla para el pobre idiota que la siguiera a todas partes, y ya que Alex hacia todo lo que sus hijas le pedían cedió. 

Abbie llegó al aeropuerto y subió al jet privado de la familia con destino a Nueva Zelanda, por fin podría ver las locaciones donde fue rodada el Señor de los Anillos, dejó sus problemas una vez que el jet despegó.

5

Cansada de absolutamente todo, Anie se levantó de su escritorio y estiró la espalda, habían sido un par de semanas bastante fuertes y necesitaba relajarse, vio la hora en el reloj seiko que su padre le dio en su graduación, eran las doce y cuarenta y tres de la tarde, había trabajado sin parar toda la mañana y para sorpresa no se dio cuenta, tenía un recuerdo lejano de Edward diciendo que saldría a comer, ella solo asintió en respuesta. Decidida a dejar su trabajo para después, buscó sus cosas y salió de la oficina, esperó el ascensor, al entrar en él no presionó el botón del sótano, sino dos pisos más abajo del suyo, justo donde estaban las oficinas de los arquitectos, al abrirse las puertas del ascensor, salió y caminó por el pasillo, la mayoría de las oficinas estaban vacías a esa hora, pero tenía la esperanza de encontrar a quien estaba buscando. Y así fue. Le pareció curioso encontrar la puerta abierta y a Kate frente a la ventana donde estaba su mesa de trabajo, la pelirroja estaba concentrada en lo que hacía en su tabla gráfica, tenía unos audífonos inalámbricos puesto y a medida que Ana se acercaba a ella pudo escuchar lo que cantaba muy bajito.

But if I let you go; I will never know. What my life would be holding you close to me. —escuchó Ana. 

La letra le sonaba de algún lado, pero no podía encontrarla en su memoria, aunque su cerebro sentía una comezón al buscar la canción con desespero. 

Terminó por acercarse a Kate y tocarle el hombro, ella dio un brinco en su banco y la miró asustada, Anie notó dos cosas; la primera: Kate era zurda. La segunda: la pelirroja usaba lentes y se veía bastante sexy. Ana también usaba lentes, pero de contacto pues era completamente ciega sin ellos. 

—lamento asustarte. —se disculpó Ana.

—no te preocupes —dijo Kate encogiéndose de hombros quitándose los audífonos y pausando la música de su computadora, dejó los lentes sobre la mesa y miró a su jefa —¿Qué puedo hacer por ti? 

—interesante, te gusta Westlife —dijo con una sonrisa de satisfacción cuando su cerebro reconoció la canción o por lo menos la banda. 

Algo contrariada Kate asintió— es mi banda favorita, me gusta escucharlos mientras trabajo. 

—interesante —repitió. Se aclaró la garganta y cambiando su expresión a la mirada aburrida habló— quería saber cómo estas de trabajo. 

Fue el turno de Kate de sonríe— curiosamente, después de que te salvé de tu madre hace dos semanas, empecé a tener trabajo en mi mesa. 

En cierto modo se lo debía, le había salvado el culo, y debía admitir que Kate McFayden era muy buena en su trabajo, al principio le molestó muchísimo, pero con el pasar de los días no le dio importancia. 

—bueno —suspiró Ana mirando a su alrededor— te lo ganaste. 

—gracias. 

—también vine a preguntarte si estas al día con tus trabajos. 

Kate miró su mesa de trabajo donde estaba su tabla grafica —sí, de hecho, voy bastante bien, estoy haciendo unas correc…

—eso no importa —la interrumpió Ana pasándose una mano por el lacio y largo cabello rubio –acompáñame a London House, necito ir al spa. —dijo como en tono aburrido. 

Algo confundida, Kate la miró pestañeando ¿había escuchado bien? Anastasia Van dalen la estaba invitando a un lujoso spa, justo a ella, de quien siempre olvida su nombre porque es irrelevante su existencia. 

—espera ¿Qué? —dijo confundida. 

—necesito ir al spa y no quiero ir sola. —dijo simplemente. 

—¿no tienes amigas? —preguntó cruzándose de brazos.

Ana soltó un bufido— tengo amigas, pero todas son unas perras y no me agrada ninguna. —dijo sinceramente. 

Atónita por la sinceridad de su jefa, a Kate se le salió una risita nerviosa— no entiendo muy bien ¿soy una especie de amiga?

Ana puso los ojos en blanco y se metió una mano en el pantalón holgado negro plisado que cargaba.  

—si lo quieres ver así, sí. —dijo encogiéndose de hombros, sin esperar respuesta se dio media vuelta cual modelo de pasarela y dijo por encima de su hombro —vamos, Kitty Kat, tenemos reservación en media hora. —dijo saliendo de la oficina. 

Kate no entendía absolutamente nada, pero se movió de su banco, buscó sus cosas y cerró la puerta de su oficina, y trotando alcanzo a Ana en el ascensor. 

Las llevaron al hotel donde ya las estaban esperando, por una hora las estuvieron consintiendo, masajes, faciales. Hacía mucho que Kate no pisaba un spa y para un masaje mucho menos, después de salir de hotel, la pelirroja creyó que irían devuelta a la constructora, pero no fue así, iban camino al muelle. 

Ana notó la confusión en la arquitecta, sonrió con malicia y dijo: —¿crees que voy a matarte y arrojar tu cuerpo al muelle?  

—no sé, tal vez no quieres que cuente que fuiste amable conmigo. 

Ana se echó a reír nasalmente— vamos al yate, quieras o no estas atrapada conmigo, McFayden.

Al llegar, Malcom, el moreno calvo que podía partir a la mitad a Kate con una sola mano les abrió la puerta, las siguió muy de cerca cuando iban a subir al yate, solo entonces notó el audífono en la oreja derecha. 

—¿Malcom es tu guardaespaldas? —preguntó cuando caminaban por la cubierta. 

—así es ¿algún problema con eso? —preguntó con una ceja alzada. 

—no —respondió la pelirroja negando con la cabeza— de hecho, tiene sentido. Me recuerda a Cobra Boubbles.

Comieron y charlaron de esto y de aquello, honestamente Kate creyó que toda ésta salida sería muy incómoda pero no fue así, Ana era una mujer demasiado educada y manejaba muy bien los temas. 

La botella de vino se había acabado y la dueña del yate pidió otra, se la destaparon y fue servida en la copa de esta. Kate notó que esa era su tercera copa, si fuese ella estaría con la lengua enredada, pero Ana se veía muy compuesta. 

—¿no crees que deberías ir más despacio? 

Su jefa sonrió etílicamente —que tierna eres Kitty Kat, pero necesito esto, solo quiero relajarme el resto del día. 

—Ana, apenas son las tres y diez de la tarde —dijo llamándole la atención.

—son más de las cinco en china y eso es más que suficiente para mí —dijo tomando un sorbo de su copa— ¡Kate, vamos, relájate un poco, es viernes a fin de cuentas! —dijo sirviéndole –además, estas con tu jefa, yo no voy a decirte nada.  

Pasaron parte de la tarde en la cubierta del yate acostadas en unas tumbonas, Kate bebía de apoco quería estar lucida y no meter la pata o hacer el ridículo y mucho menos delante de Ana. 

—oye, como estuvo tu cita del otro día. —pregunto Ana de repente.

—bueno —suspiró Kate mirando a todos lados— estuvo bien, creo.

—¿crees? —Ana se irguió en su tumbona— eso solo lo dices cuando tu cita romántica salió regular.

—No fue una cita romántica, fue más bien —movió la cabeza intentando definirlo— una cita para cortar.

Ana la miró con los ojos muy abiertos, el vino le estaba afectando, eso seguro, pues se había vuelto mucho más expresiva que nunca. El azul en sus ojos se había puesto mucho más intenso y su cara comenzaba a ponerse roja.

—¿fuiste a una cita para cortar con tu novio?

—sí —asintió incomoda.

Eso hizo que Anie se echará a reír y el asombro fue total al escuchar que se reía como una desquiciada, incluso a veces sonaba como un cerdito. Confundida, Kate se le quedó mirando aguantando con todas sus fuerzas no reírse de ella.

—perdón. No sé por qué es tan divertido. —dijo Ana tapándose la boca.

—creo que es el vino.

—sí, puede ser. Muy bien, McFeyden cuéntame todos los detalles.

—no hay mucho que contar —se encogió de hombros—, cortamos hace unos tres meses, pero seguía insistiendo, así que nos vimos y corté todo de raíz.

—vaya, vaya, vaya, Kitty Kat, vuele locos a los hombres —dijo con voz cantarina y alcoholizada.

Kate notó que ese apodo se había vuelto bastante regular, jamás la habían llamado así y no tenía idea de por qué su jefa se lo decía, sin embargo, no se quejó por el apodo, le empezaba a agradar. 

—yo no diría eso —dijo tomando un sorbo de su copa de vino.

—¿sabes? No he tenido relaciones desde hace casi un año. —soltó de repente Ana haciendo que Kate escupiera el vino.

Ana se echó a reír sin parar.

—oye, Anie —dijo limpiándose la boca y el mentón—, no somos tan amigas como para que me cuentes eso.

Su jefa sonrió ausente un momento, echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos, por un momento Kate creyó que su jefa se había quedado dormida al fin, fue entonces que se tomó un momento para mirar el perfil de Ana, sus pómulos eran altos, de nariz recta y perfilada, labios carnosos, la Ana que tenía en la memoria había desaparecido, cuando se conocieron solo eran unas niñas de doce años, sin embargo, el carácter dominante y la actitud estoica prevalecía. 

—lo cierto es, Kate —suspiró con los ojos cerrados—, necesito un amigo que esté dispuesto a ser abierto y totalmente honesto conmigo, no quiero que me digan lo que necesito escuchar.

—un amigo real. —resumió Kate.

—exacto —dijo y abrió los ojos para mirar a Kate. — ¿quieres el trabajo? 

—¿Por qué yo? —quiso saber— odias a mi padre y me odias a mí. 

Ana se echó a reír nasalmente y por un momento Kate se quedó sin aliento, sacudió su cabeza y miró hacia otro lado.

—tengo mis razones para odiar a tu padre, lo conozco muy bien, pero ¿a ti? ¿Qué te hace pensar que eres tan importante como para odiarte? —dijo con ese tono tan característico de ella. — además, no te conozco. Puede que al final seas igual o peor que mis amigas.

Kate soltó un bufido de burla, no sabía cómo sentirse, ¿era un alago el saber que Ana no la odiaba? Y luego estaba el comentario ponzoñoso al final.

—eres increíble, en serio —dijo en tono sarcástico. 

Ana se encogió de hombros —¿Qué te puede decir? O me amas, o me odias. Conmigo es todo o nada.

—ya veo. 

—la verdad es que, desde que mi padre murió, todo en mi vida se ha vuelto de cabeza. No tenía idea de lo importante que era mi padre para mi desde que ya no está. —dijo mordiéndose el labio inferior evitando a toda costa que su mentón temblara— y ahora ese puto testamento —cerró los ojos con furia— no entiendo que hice para que mi padre hiciera eso.

—¿de qué hablas? —dijo Kate sentándose en el borde de la silla prestándole toda su atención, parecía que la templanza de Ana se rompería en cualquier momento.

—para poder heredar la fortuna de mi padre tengo que casarme en menos de cinco meses. 

—¿Qué? —la noticia la asombro por completo— espera un momento ¿es por esa razón que estabas huyendo de tu madre hace dos semanas? 

—sip —dijo sorbiendo por la nariz— no puedo soportar la discusión ahora mismo con ella, diciéndome que tengo que casarme o perderé la herencia de mi padre —dijo con la voz quebrada, recogió sus piernas y las pegó a su pecho rodeándola con sus brazos— ¿sabías que ni siquiera lloré cuando mi padre murió? Sé que todo el mundo pensaba que era una insensible el día del entierro —dijo empezando a llorar— todo el mundo cree que soy una perra fría y sin sentimientos, pero no había asimilado nada aún —se pasó una mano por el cabello— mi mente estaba totalmente dormida— Kate se atrevió a poner una mano en su brazo— pero ahora… —dijo sintiéndose que se ahogaba con el sollozo— sí, amaba a mi padre, a mi manera, pero lo hacía. 

—oye, apuesto a que él lo sabía —dijo Kate dándole un apretón en el brazo.

—¿de qué me sirve si nunca se lo dije? —dijo sentándose en el borde la silla— tengo un remordimiento enorme por la última vez que hablamos, fue tres días antes de morir y tuvimos, lo que ahora sé, fue una ridícula discusión.

—Anie, no tenías idea de lo que le pasaría a tu padre —dijo Kate acercándose a ella poniendo ambas manos en cada hombro. 

—discutimos por ti —dijo mirándola con lágrimas en los ojos. 

Kate tragó grueso, ni en sus sueños más locos pensó en ver esa imagen que tenía ante ella, sin embargo, el sentimiento de conmoción fue reemplazado por la vergüenza, al saber que ella fue el último tema del que Alex y Ana hablaron antes de que él falleciera.

—mierda, Anie, lo siento mucho. 

—no es tu culpa. Pero sí discutimos muy fuerte, él quería que le diera trabajo a la hija de Horace ahora que él se iba a retirar, la pelea se fue de proporción… —tragó fuerte— si hubiese sabido en ese momento lo que iba a pasar tres días después…

No pudo terminar porque comenzó a llorar, lloró todo lo que no había podido hacer hace un mes atrás. Sintiéndose impotente ante la imagen, Kate se permitió abrazar a Ana, darle consuelo, su jefa la abrazó fuerte por la cintura, hundiendo su cara en su hombro derecho.

Perdieron la noción del tiempo, a Kate no le importaba sostener a Ana, todo lo contrario, de hecho, si no tenía cuidado podía hasta perderse en la ilusión. Así que armándose de valor la llamó cuando escuchó que ya no lloraba. 

—¿Ana? —la movió un poco, pero su jefa no pareció reaccionar. Kate alzó el cuello para poder ver a Ana mejor, descubrió que se había quedado dormida. — mierda —murmuró. 

Se levantó con cuidado para acostarla en la tumbona, supuso que el vino, y la conversación la agotaron. Kate fue en busca de ayuda, había que llevarla su casa, así que buscó con la mirada a Malcom, quien se acercó a ellas con pasos rápido. 

—yo la llevaré al camarote. —dijo cargándola como si fuese una hoja de papel— usted puede quedarse en el otro camarote si quiere. 

De los brazos del hombre musculoso se escuchó una voz alcoholizada. 

—quédate conmigo, Kitty Kat.

Contra todo lo que le gritaba su lógica, Kate suspiró y negando con la cabeza siguió a Malcom hacia dentro del yate donde estaban los camarotes, pues pasaría la noche junto a su alcoholizada jefa. 


Dos semanas sensacionales en Nueva Zelanda, al fin su viaje a la Tierra Media se hizo realidad, se podría decir que Abigail Van dalen tenía todo el tiempo del mundo para hacer o ir a donde ella quisiera, pero la realidad no era así. Abbie era un alma libre y se movía cuando quería y a veces cuando la mensualidad de su fidecomiso se hacía efectivo, tanto ella como su hermana habían heredado una pequeña fortuna al cumplir los veintiún años, paradójicamente no podía tener el control de todo el dinero, a diferencia de su hermana. Su padre sabía que debía cuidar el dinero de la arpía que era su madre. 

Disfrutando de su tan esperado viaje, viendo con sus propios ojos los lugares donde se grabó el señor de los anillos. En su día quince, se encontraba en Isla Norte para ver el lugar donde habitaban los Hobbits, La Comarca. Era tan adorable con sus casitas y toda esa naturaleza rodeándolo, sabía que su hermana amaría esa arquitectura y seria aún más difícil sacarla de una de esas casitas, así que tomó su celular y le envió un par de fotos, no esperaba respuesta de su hermana, pues habían diecisiete horas menos, sin embargo, habían mensajes de su madre que ignoró deliberadamente, pero le llamó la atención otros mensajes de algunas amigas con las que solía salir cuando estaba en Chicago, al abrir el mensaje se encontró el enlace de un sitio en Instagram de noticias, que más que noticias eran chismes, entró emocionada por el próximo chisme, porque sí, el chisme le sumaba vida a su alma. 

Se quedó de piedra al ver que la noticia se trataba de su hermana y su boca cayó al suelo al leer el contenido: su hermana se había comprometido. 

—¿pero qué mierda? —gritó confusa llamando la atención de los demás turistas. 

Decidió llamar a su hermana, pero esta no contestó, eran más de las diez de la noche en Chicago, así que por su cabeza pasaron dos cosas, o Ana la estaba evitando, o realmente no podía contestarle. Cabía la posibilidad de que la noticia se tratase de algo falso así que trató de calmarse. Su hermana, jamás la traicionaría.  

—Ana jamás me haría algo así. —dijo para convencerse a sí misma. 

 Sin embargo, después de eso Abbie no pudo disfrutar de su viaje, de hecho, resolvió volver a su hotel mucho antes de su itinerario, tenía que tomar un vuelo a casa lo antes posible.

6

Había tomado una decisión enorme y muy difícil, finalmente, después de darle largas Ana habló con su madre, sabía de antemano lo que ella podría decirle y no se equivocaba, sobre todo al saber las deudas en las que la madre de Abigail, Debbie, estaba, también sabía que su hermana gastaba cantidades exageradas de dinero, si bien ambas recibían una mensualidad del fideicomiso, Ana tenía mucha más libertad que su hermana y su padre sabia lo mano suelta que podía resulta Abigail. Últimamente la mensualidad del fideicomiso a Abbie no le alcanzaba así que llamaba a su hermana y ella jamás le decía que no, no podía soportar la idea de que su hermana pasara penurias, siendo una Van dalen. Sin embargo, Ana era todo lo contrario, pues aparte de la mensualidad del fideicomiso, tenía el sueldo de la constructora, no pagaba renta pues el edificio donde vivía era de su familia, aunque sí habían facturas de los servicios básicos, de vez en cuando hacia inversiones por medio de la compañía de su tío Oskar, se podría decir que, comparado con la vida de su hermana, Ana tenía una vida más sencilla. 

Eso fue lo que su madre le recordó, lo diferente que vivían las hermanas, Clarisse le hizo ver a su hija que, con el estilo de vida de Abigail, la fortuna de su padre desaparecería en unos pocos años, ella debía casarse y pronto para evitarlo. 

Debía proteger el legado de su padre, se dijo a si misma esa mañana cuando salió de la reunión con su futuro esposo. Se sentía enferma, con unas ganas tremendas de vomitar, estaba traicionando a su hermana y cuando se entere probablemente la perdería para siempre, solo podía escuchar la voz de su tío Oskar diciéndole que estaba cometiendo un grave error.

En sus cavilaciones la puerta de su oficina se abrió, pero Ana seguía tan ensimismada que no se dio cuenta de nada hasta que escuchó la voz de Kate, fue solo entonces que subió la vista del escritorio, la miró con el entrecejo fruncido. 

—toque un par de veces antes de entrar —explicó Kate al ver la mirada acusatoria que le estaba dando Ana.

Su jefa cabeceó, pero su atención no estaba ahí. 

—¿Qué necesitas? —le preguntó con la cabeza a kilómetros de esa oficina. 

—quería preguntarte sobre unos planos —dijo lentamente, Kate notó que a la rubia le pasaba algo— ¿estás bien? —preguntó. 

—no —contestó. 

Si había algo que le gustaba de Ana era su sinceridad, no ocultaba sus emociones o las negaba. 

—¿Anie, puedo ayudarte en algo? —se ofreció.

Notó como la comisura de los labios de Ana se levantaron lentamente— no hay nada que puedas hacer —su rostro serio y aburrido volvió rápidamente— voy a casarme —dijo encogiéndose de hombros.

—espera ¿Qué? —preguntó confundida dando un paso al escritorio— ¿Qué dijiste? 

—voy a casarme, Kate, solo eso —dijo y puso su atención en su monitor el cual estaba completamente vacío.

—perdón, pero no entiendo lo que estás diciendo —dijo y se sentó en una de las sillas frente al escritorio— ¿te vas a casar? 

—sí —dijo y la miró con el entrecejo fruncido— deberías revisarte los oídos —dijo con burla.

—es que no puedo creer lo que estás diciendo ¿todo esto es por la herencia? ¿Qué hay de tu hermana? 

Ana dejó de teclear en el documento improvisado y miró a Kate.

—¿mi hermana? Que te importa mi hermana —dijo a la defensiva. 

Kate dio un respingón en la silla— perdón, es que pensé… —suspiró— olvídalo 

—no, no, adelante —dijo Ana acomodándose en la silla— dime que pensabas —dijo monótona. 

Kate la miró sin pestañear desafiando a los ojos azules— bueno, en el yate me pediste que fuera una amiga sincera, que no querías a alguien que te dijera lo que querías oír, y creo que estas cometiendo un error al casarte por la herencia de tu padre.

—lo que te pedí en yate no cuenta porque estaba ebria, no somas amigas. —dijo levantándose de su silla —No te metas en mi vida, Kate, hago lo que yo quiero con ella —dijo alzando la voz.

Esa noche en el yate, Ana había dicho y hecho cosas de las que se arrepentía, estaba ebria, se sentía tan avergonzada de haber llorado en el hombro de Kate que a la mañana siguiente salió como un ladrón de su propio yate, dejó instrucciones de llevar a Kate a donde quisiera y la estuvo evitando durante dos semanas.

Kate soltó un bufido y asintió, se mordió el labio inferior— ok, está bien —dijo alzando las manos y levantándose de la silla— lo debí suponer, no sé por qué creí lo que me dijiste en el yate. 

—pues sí —dijo Ana cruzándose de brazos y alzando una ceja— en tu puta vida vuelvas a cuestionarme.

—¿sabes una cosa? Vete a la mierda, Anastasia Van dalen, y quédate con tus amigas perras que te aplauden absolutamente todo. —dijo caminando hacia la puerta.

—¡tú también vete a la mierda! —dijo justo cuando la puerta se cerró.

Furiosa por eso dio zancadas largas hasta la puerta, agarró el pomo, pero no podía abrirla, no en ese estado, se detuvo porque no quería hacer más el ridículo, así que gruñó y pataleó, no era la primera vez que le decían perra o que la mandaban a la mierda, pero por alguna razón esta vez le dolió como nunca.

Tocaron la puerta, pero ella no se despegó de ahí, sabía que era Eddie. 

—¿Ana? 

—¿Qué? —gritó furiosa. 

—tu… tu… tu…—Eddie tartamudeo nervioso.

—tu... tu... tu... ¿que? —dijo imitándolo y abriendo la puerta de repente enojada, debía tener la cara roja porque los ojos de su asistente se agrandaron al verla— ¿qué? Eddie ¿Qué?

—tu tío llamó —dijo nervioso y tragando fuerte— dijo que lo llames urgente. 

Si su tío Oskar la había llamado era porque seguramente ya se había enterado de lo que haría. 

—¡mierda! ¡mierda! ¡mierda! —dijo cerrando los ojos— está bien. Eddie— lo señaló con el dedo— ni una palabra de lo que oíste antes.

—soy una tumba, jefa —dijo muy atento a ella. 

—más te vale. 

Ana cerró la puerta y llamó a su tío, al contestar preguntó de una vez qué estaba pasando. 

—no entiendo muy bien, tío. —dijo Ana haciéndose la desentendida.

—sobre tu compromiso con Casper Mollins —dijo y lo escuchó molesto— no hablemos por aquí, te espero en mi casa —ordenó y colgó.

¿Cómo mierda se había enterado? 

Después de hablar con su madre sobre su matrimonio un nombre salió a relucir; Casper Mollins. Habían salido más de una vez en el pasado, pero solo para divertirse, su madre lo aprobaba porque provenía de una familia con una tradición tan antigua como la de los Van dalen, la realidad era completamente diferente, Casper era el menor de cuatro hermanos, así que no recibió la atención que quería, por eso, viva como quería, para Ana, Casper era una vía de escape. A Abigail no le agradaba para nada, decía que la usaba para darse publicidad, pues en su propia familia era un cero a la izquierda.

Ana concertó una cita con Casper Mollins esa misma semana, ella le explicó lo que necesitaba de él, Casper escuchó con mucha atención e interés y al final aceptó.

El resto de la tarde buscó a Casper, pero no podía encontrarlo, y comenzaba sentir un ataque de pánico, su hermana no debía enterarse por otra persona que no fuera ella.

En ese momento, Ana recibió un mensaje de Malcom diciendo que sabían dónde estaba Mollins, así que tomó sus cosas, se despidió de su asistente y salió de la oficina, al salir se encontró con su guardaespaldas y este la llevó con su prometido. 

 —¿Por qué mierda no respondes a mis llamadas? —fue lo que dijo Ana al tenerlo frente a ella. 

Casper Mollins era un hombre muy guapo, bastante bronceado, sonrisa carismática y encantadora, barbilla cuadrada y varonil, de cabello rubio arenoso, siempre cortado a la moda, y unos lindos ojos verdes. 

Cuando la miró en el bar, esos mismos ojos verdes se impresionaron al verla y cuando escuchó su reclamo se echó a reír. 

—no nos hemos casado todavía ¡y ya quiere controlarme! —dijo entre carcajadas haciendo reír a su inseparable mejor amigo Asher. 

Poniendo los ojos en blanco, Ana lo tomó del polo negro que vestía y lo acercó a su cara de un tirón fuerte asustando a Casper. 

—no seas idiota —dijo molesta— te he estado buscando porque se filtró nuestro compromiso —le dijo a centímetros de su cara con los dientes apretados. 

Casper estaba más pendiente del puño que arrugaba su polo que las palabras de Ana. 

—me estas arrugando la camisa —dijo mirando el puño cerrado de su prometida. 

——¿si quiera escuchaste lo que te dije? —preguntó impaciente. 

—sí, sí, pero suéltame —dijo intentando quitar el puño de Ana— si se filtró la noticia o no, no es culpa mía —dijo alisando su camisa. 

—firmaste un contrato donde se estipulaba que nadie sabría hasta que yo quisiera. 

—yo no controlo al mundo entero, Anie —dijo a la defensiva. 

—no me llames así. —dijo sintiéndose raramente incomoda. 

—pues lo hecho, hecho esta —dijo encogiéndose de hombros— relájate, siéntate y tomate algo —dijo indicándole con el mentón el banco que sobraba. 

La noche apenas empezaba y Ana enseguida notó que esos dos tenían bastante rato en el bar. Internamente Ana suspiró, se dijo que Casper tenía razón, no podía hacer nada por ahora solo esperara a que su hermana no haya visto nada. 

—de acuerdo —dijo sentándose en el banco, llamó al mesero y pidió una copa de vino.

Durante un rato Ana se relajó de veras, escuchando las conversaciones a su alrededor, básicamente hizo ese el sonido de fondo, despejando su mente, hasta que Asher le dio un codazo. 

—trabajas con Katherine McFayden ¿no? —dijo con una sonrisa pícara.

Ana alzó la vista de inmediato y frunció el ceño con curiosidad. 

—no trabaja conmigo, trabaja para mí —dijo antes de tomar un sorbo de vino. 

—¿me la presentas? —preguntó alzando las cejas. 

Asher también era un hombre bastante atractivo, con una barba cuidadosamente recortada, de ojos grises y mirada picara, su sonrisa perfecta y llamativa, le había costado dolor insufrible de la ortodoncia y mucho blanqueamiento, le gustaba ir al gimnasio y presumir de sus músculos, y le encantaban las mujeres. 

 —no te presentaría a nadie, ni, aunque estuviera loca. —dijo mordaz Ana cruzándose de brazos.

Casper se echó a reír muy fuerte y palmeó el hombro de su amigo. 

—de igual manera no creo que te hiciera caso —dijo Casper con burla. —ella es lesbiana. 

—¿Qué? —gritó asombrado Asher.

Ana se atragantó con un el sorbo que estaba tomando, tosió un par de veces.

—¿Cómo sabes eso? —preguntó Ana a Casper una vez recuperada.

Él se encogió de hombros— ¿recuerdas a mi prima Rose?

—¿Rose? —preguntó algo confundida, el nombre le sonaba— ¿Rose Gallagher? —él asintió— espera un momento, tu prima Rose, estaba comprometida hace un año.

Casper sonrió con ironía— pues a un par de semanas antes de su matrimonio canceló todo para huir con… adivina, aja, McFayden. 

Tanto Ana como Asher estaban atónitos. ¿Por qué ella nunca escucho ese chisme? Su madre se lo hubiese dicho ¿quizás su padre sabía? Ahora entendía muchas cosas de la actitud de Kate cuando Ana le preguntó por su cita.

—¡no puede ser! —se lamentó Asher— ella es tan sexy, la he visto jugar padel en el club con unas falditas —dijo poniendo los ojos en blanco— sus piernas son perfectas y tiene unos labios… mmm —gimió— ¿sabes lo que podría hacer con ellos? —dijo mirando su amigo y él le sonrió sabiendo exactamente lo que pensaba. 

Ana se sentía asqueada por escucharlo hablar así.

—¿Por qué eres tan asqueroso? —le preguntó.

—no es mi culpa, Kate McFayden es sexy y me la quiero comer.

—¿el que sea lesbiana no te va a detener? —preguntó Casper con burla.

Su amigo se encogió de hombros— sabes que si se llega a resbalar no voy a perder la oportunidad. 

Anie era una persona muy calmada todo el tiempo, sin embargo, cuando escuchaba cosas injustas o ridículas daba una réplica mordaz e inteligente, pero esta vez algo debió hacer cortocircuito en su cabeza porque tomó la botella de whisky que los chicos estaba bebiendo, se levantó del banco y caminó hasta ponerse atrás de Asher y vaciar la botella en su cabeza. 

—¿Qué mierda te pasa? —dijo Asher levantándose de un salto. 

—en tu puta vida vuelvas a hablar de Kate así, imbécil. 

Casper estaba disfrutando el espectáculo que Ana había montado riéndose a todo pulmón. 

—¡esta me la pagas, Van dalen! —dijo furioso al verse empapado de whisky. 

—mándame la factura, cretino. —dijo tomándose el ultimo sorbo de vino que le quedaba, caminó hasta la barra y dio instrucciones específicas de que Casper pagaría su cuenta.  

Cuando salió sintió el agarré de alguien en el brazo, al voltearse vio a su prometido.

—¿por qué te molesta tanto? Ya conoces a Asher —dijo Casper intentando justificar el comportamiento de su amigo. — solo estaba bromeando ¿Qué te sucede? Antes solías divertirte igual.

—yo maduré, ustedes no. Hablaremos otro día cuando no estés rodeado de idiotas. 

—señor, sí, señor —dijo haciendo un saludo militar. 

—y cuando te llame procura contestarme, no me hagas buscarte de nuevo —dijo en tono amenazante. 

—¡ay, por favor, Ana! Estas insoportable, ni tu misma te soportas —dijo y se acercó a ella de manera lasciva— quizás quiera relajarte un rato.

—aléjate o le diré a Malcom que te rompa las manos. 

Como si ella fuese una estufa hirviendo retiró sus manos y las puso en alto. 

Ana le dio una mirada aburrida y entró a su auto, dejando a un Casper asustado. 

En el camino a casa pensó sobre lo que sabía de Kate, por alguna razón intentaba recordarla de sus días en el internado, pero por más que lo hacía, nada venía a su cabeza y odiaba pensar que Kate era tan irrelevante para ella que quizás pudieron haber trabajado juntas y ella nunca la notó, incluso pudo haber estado en algún equipo deportivo, pues Ana estuvo en muchos, fue hasta capitana del equipo de polo. Buscó en internet la página del internado y buscó la foto grupal que tomaban cada año a los alumnos egresados. Al encontrarla amplió la imagen con sus dedos y entonces la encontró a una jovencísima Kate, pelirroja y pecosa, usaba lentes grandes, ortodoncia y era notable su sobrepeso, su mente por fin llenó los espacios. Era bastante retraída y no tenía muchas amigas, en cambio las hermanas Van dalen eran las reinas del internado o por lo menos eso era lo que decía todo el mundo, todas querían ser parte de ese pequeño círculo de amistad que las hermanas tenían.

Al llegar a casa no podía dejar de pensar en la orientación sexual de Kate, para Ana, su arquitecta no parecía lesbiana, pues ella tenía mucho estilo al vestir, era delicada y por lo poco que había observado, de gustos finos, sin mencionar que era muy femenina y hermosa. 

—vamos, Anie, estas empezando a pensar como tu madre, que asco. —dijo metiéndose un pedazo de queso brie en la boca. 

Por su puesto que todas esas características de Kate, no tenían nada que ver con su orientación sexual, se dio un golpe en la frente mental y se fue a dormir. Por la mañana escuchó la voz de su tío muy cerca, la puerta del cuarto se abrió y su tío se materializo en ella. 

—buenos días, dormilona. —dijo y haló las sabanas hasta los pies despertando del todo a su sobrina —levántate, te invito a desayunar en el club.  

 Ana no tardó mucho en alistarse, y salir con su tío al club de campo.

Cuando se sentaron en la mesa, Oskar no dejó pasar un solo segundo. 

—¿Por qué no fuiste a verme anoche? —dijo Oskar mirándola intensamente.

Su tío tenia lentes de sol, pero aun así sentía la mirada pesada sobre ella. 

—tenía intenciones de ir, pero quería saber quién infiltró la noticia. —dijo con cuidado.

Las cejas de su tío sobrepasaron los lentes reflejando sorpresa— ¿eso quiere decir que sí te vas a casar con Mollins? —ella asintió como respuesta. 

Su tío se quitó la gorra de red bull ricing naranja de Verstappen y la puso en la mesa, junto con sus lentes, se pasó ambas manos por la cabeza, suspiró y la miró. 

—cariño, quiero que seas completamente honesta conmigo. Esto no lo estás haciendo por la herencia de tu padre ¿verdad?

Jamás le había mentido a su tío y le dolía tener que hacerlo. 

—no tiene nada que ver con eso, tío, en serio. 

En ese momento el mesero llegó con el desayuno de ellos. 

—cuéntame lo que paso. —le pidió.

Mientras desayunaban, Ana se inventó como habían pasado las cosas, le dijo que ella y Casper se habían visto recientemente por la muerte de su padre, salieron a comer algunas veces y de una cierta forma conectaron, así que hacía un par de días él le pidió que se casaran y ella aceptó. 

—si llego a saber que algo de lo que me dijiste es mentira, me voy a sentir muy decepcionado.

—no te estoy mintiendo, tío, en serio —dijo tomando de su jugo para distraerse. 

Al dejar el vaso en la mesa su visión periférica captó un punto rojo que se acercaba lentamente, fue tomando forma y claridad, antes siquiera de tenerla de frente Ana sabía que se trataba de Kate. La pelirroja llegó a la mesa donde estaban con una sonrisa, pero no dirigida a ella, sino a su tío Oskar, quien, siendo un caballero, se levantó para recibirla, le dio un fuerte abrazo y un besó en la mejilla. 

—buen día, Kate —la saludo. — jovencita, luces muy bien. —dijo mirándola con gesto paternal.

—buen día, Oskar, muchas gracias —respondió avergonzada.

—¿Cómo te va en la constructora? —se interesó. 

Ana se contrajo ante esa pregunta, no era tonta, sabía que su tío lo sabía absolutamente todo lo que las hermanas hacían, de su parte tenía a Malcom que le decía todo, pero con Abbie ¿Cómo lo hacía?  Ella no tenía guardaespaldas, a menos que tuviera a alguien siguiéndola a todas partes.

—bastante bien, de hecho —dijo Kate mirando hacia a Ana por primera vez y la saludó con una cabeceada que ella no devolvió. — ya me voy, tengo reservada una cancha. 

Ana se fijó que estaba vestida para jugar tenis.

—suerte. —le deseó Oskar. Al sentarse de vuelta miró a su sobrina— ustedes dos, no se llevan bien ¿cierto? 

—¿te diste cuenta? — dijo Ana en tono sarcástico 

Su tío chasqueó la lengua y negó con la cabeza— sarcasmo conmigo, no, Anie. 

—perdón —se disculpó —el hecho es que no nos llevamos, eso es todo. 

El azul en los ojos de su tío era curioso, para estas alturas ella suponía que Oskar ya sabía sobre lo que pasó en el yate hace dos semanas atrás. 

—¿sabes? Ella no ha tenido una vida fácil —dijo Oskar pensativo— creo que tú y ella podrían ser amigas, tienen muchas cosas en común, a ambas les gusta el tenis, les gusta la arquitectura y sus padres son una calamidad. 

—tío, deja que las cosas pasen ¿está bien? ¿Sabes algo de mi hermana? —cambió de tema.

—tomó un vuelo anoche —anunció y Ana se irguió en su silla— lo que me hace pensar que ya lo sabe.

Un vuelo desde Nueva Zelanda a Chicago duraba alrededor de veintiuna horas, lo que significaba que debía trabajar en su mentira, pues si había alguien a quien en realidad no podía mentirle era Abigail.

—lo cual me parece bien —dijo Oskar llamando su atención— si realmente vas a casarte, hay unas pautas a seguir que tu padre dejó. 

—¿Qué? 

—ya te enteraras el lunes —dijo y se levantó— ahora, complace a tu tío y juega golf con él. 

Anie sonrió y se levantó de la silla, abrazó a su tío por la cintura, él rodeó su hombro con el brazo y emprendieron el camino al campo de golf. 

Dieciocho hoyos jugados y Ana fue la ganadora, derrotó a su tío y lo disfrutó, cuando fue a los vestuarios se chocó de frente con Kate, quien murmuró un lo siento y pasó por su lado. Ana tenía su orgullo y que la ignoraran así le dolía, se mordió el labio inferior y se giró para seguir a la pelirroja. 

—entonces es así como será, ¿no? —dijo cuándo la alcanzo— ¿vas a ignorarme? No olvides quien paga tu salario. 

Kate asintió y respiró profundo— Ana ¿Qué te hace pensar que eres relevante en mi vida? —dijo devolviéndole sus palabras dejando a su jefa con la boca abierta. 

—¿pero qué mierda? 

7

Ese lunes en la mañana ya estaba siendo un caos para Abbie, después de veintiuna horas de viaje, estaba agotada, llegó directamente a un hotel, estaba tan casada que no tenía la fuerza suficiente para enfrentar a su hermana. El domingo en la tarde recibió una llamada de su tío Oskar, ordenándole ir al bufete de Rick el lunes por la mañana, su tío no dijo más, no preguntó como estaba, si había llegado bien, si se había divertido, simplemente le deseó buenas noches y colgó.

Por culpa de su sueño pesado no escuchó la alarma de su celular, pero conociéndose muy bien pidió que la llamaran desde el lobby para que se despertara, se dio una ducha, se vistió y con tan solo un café salió a las calles de Chicago, poniéndose el dedo índice y el pulgar debajo de la lengua silbó para detener un taxi, un viejo truco que Pito Alegre les había enseñado a ella y a su hermana de pequeñas cuando en el verano las lleva a ver partidos del Ajax de Amsterdam. De camino al bufete consiguió tráfico por una reparación en la calle, al ver la hora maldijo para sus adentros, estaba llegando tarde, perdiendo un poco la paciencia, recibió una llamada de su tío que decidió ignorar, suspiró exasperada, ya iba tarde y no podía hacer nada, si llegaba caminando, llegaría muchísimo más tarde, así que decidió quedarse en el taxi, llegando media hora después de lo acordado. 

Entró al edificio y subió por el ascensor, cuando la asistente la hizo pasar a la gran sala de juntas con paredes de vidrios, vio a su hermana con el señor Kane, riéndose de alguna historia graciosa, su tío no estaba por ningún lado. 

—al fin, llegas —dijo Rick al verla entrar— buen día, Abbie. 

—buen día, Rick —sonrió con educación luego miró a su hermana y le lanzó una mirada de odio—cobra —la saludó sentándose justo frente a su hermana.

Ana puso los ojos en blanco— ¡ay por favor! —murmuró— no seas ridícula, Abbie. 

—¿yo soy la ridícula? —preguntó en tono sarcástico— de repente me entero que te vas a casar y con Casper Mollins.

—sí, ¿y? —dijo encogiéndose de hombros.

—¡a ti ni siquiera te cae bien ese idiota! —dijo levantándose de su silla furiosa. 

—Abbie, por favor, no es momento para esta charla —intervino Ritchmon. 

—Rick, con todo respeto, no te metas —le pidió Abbie sin a apartar la mirada de su hermana— de todas las personas en el mundo justo tú me apuñalas por la espalda, yo jamás te hubiese hecho algo así.

—Abigail, despierta —dijo en voz alta— por supuesto que me voy a casar para heredar y proteger el legado de mi padre. 

La voz de su hermana le pareció tan lejana, como si no fuera ella. 

—¿y protegerlo de que, exactamente? —dijo apoyándose en la mesa— ¿crees que soy una irresponsable? 

—¡ay por favor, Abbie! —dijo en tono sarcástico— ¿en serio lo preguntas? Solo piénsalo, jamás terminas nada de lo que empiezas, gastas más dinero del que puedes manejar, jamás te has comprometido con algo y no tienes una vida estable. 

—¡empiezas hablar como mi madre! —dijo Abbie cruzándose de brazos. 

—ese es otro asunto. Las deudas que tiene tu madre ¿crees que no lo sé? 

—¿y qué? —dijo encogiéndose de hombros para quitarle importancia— no me ves casándome por dinero, porque, adivina, ya lo hiciste tú. Teníamos un trato, Ana, y yo lo respeté, pero en esta familia apuñalarse por la espalda es lo que mejor sabemos hacer. 

—no tienes ni puta idea de nada —dijo con dientes apretados, pues lo último que dijo su hermana le dolió. 

—señoritas, les pido que ya no digan más —intervino de nuevo el abogado, pero como la primera vez fue totalmente ignorado. 

—¿no tengo idea de nada? —dijo entrecerrando los ojos— ¿en serio? Narizona.

Ana abrió la boca de la sorpresa y se tapó la nariz— no te quieras meter conmigo, Abigail, o prefieres que te llame Plana —dijo cruzándose de brazos. 

Indignada se cruzó de brazos por encima de sus pechos para cubrirlos— ¡cállate! ¡Se suponía que nadie debía saberlo! 

—sí, claro, como si nadie hubiese notado el cambio. 

Hacía muchos años, las hermanas habían pasado por el quirófano, Ana quería deshacerse de la nariz horrenda que había heredado de su madre y Abbie quería aumentarse el busto, ambas pactaron no negar o confirmar nada sobre sus operaciones, hasta ahora.

—¡eres una…! 

—¡ya es suficiente! —las calló de una vez Oskar. — se sientan y se callan —les ordenó y ambas obedecieron en el acto— esto se está saliendo de control —dijo poniendo una carpeta en la mesa—Rick, puedes dejarnos solos ¿por favor? —el abogado asintió y salió de la sala— ustedes dos van a escucharme muy bien —dijo señalando a una y luego a otra— ¿Ana, piensas seguir con esto? —dijo mirando directamente a la mayor de sus sobrinas.

Sintiéndose cohibida, retiró la vista y asintió. —sí, claro que sí. 

Oskar se rascó la barba y asintió— estoy tan decepcionado de ti, Anastasia. —dijo y ésta alzó la cabeza impresionada, su tío la llamó por su nombre completo— ¿crees que no lo sé todo, jovencita? —dijo inclinándose del lado izquierdo para ver a su sobrina— me mentiste en la cara, te pedí que fueras sincera conmigo respecto al matrimonio con Mollins ¡y me mentiste, Ana!

Por primera vez en su vida, ella estaba asustada, su tío estaba visiblemente furioso, jamás lo había visto así, por eso decidió sincerarse. 

—está bien, puede que no te haya dicho todo. —dijo con voz aguda. 

Oskar señaló la carpeta que había puesto en la mesa— acordaste que te casarías con Mollins para heredar la fortuna de tu padre, pero él no lo haría gratis ¿o sí? —dijo entrecerrándolo los ojos, su sobrina trago fuerte— por supuesto que no lo haría gratis, mucho menos sabiendo que tiene deudas de juego, que tú le ayudaras a pagar. 

¿Cómo diablos su tío se había enterado del trato con Casper? ¿era brujo o algo así? Sabía que Malcom le contaba a su tío lo que hacía, pero él no tenía idea del trato que tenía con su prometido. 

—Si quieres seguir con esto, adelante, pero no cuentes conmigo para nada.

— pero, ¿quién me va a llevar al altar?  —preguntó de repente irguiéndose en su silla

—pues debiste pensar en eso antes —dijo imitándola.

Abbie bufó llamando la atención de su tío y hermana —y después yo soy la irresponsable. 

Oskar la miró con una ceja alzada— no creas que el regaño es solo para ella —señaló a Ana con la cabeza—también recibirás uno —dijo inclinándose de su lado derecho.

— ¡yo no hice nada! 

— ¡exacto! Ya es hora de que hagas algo de provecho, jovencita —dijo señalándola de modo acusatorio— tienes veintiocho años, Abigail, y no has logrado absolutamente nada, y no me hables de tus estúpidas fiestas —la interrumpió cuando la vio abrir la boca—, se hace más frecuente sacarte de la cárcel, ya me reconocen la cara en la estación. 

— ¿ahora te avergüenzo? —dijo ofendida. 

—siempre te metes en problemas y si te absuelven, es porque cada vez tengo que dar más y más dinero para que retiren las denuncias, sin contar con lo que haces con tu fideicomiso, me pides dinero a mí y a tu hermana, no tienes sentido de responsabilidad por nada y en parte es culpa de todos. ¿sabes? una Kardashian hace más que tú y eso es decir bastante, al menos ellas tienen un programa en televisión —Abbie abrió la boca, pero de nuevo su tío la calló— y ni se te ocurra hacer algo similar en internet, te prohíbo que pongas el nombre de la familia en vergüenza —dijo y de repente se tocó el pecho. 

En ese momento una mujer vestida de traje pantalón de marca con mechas de color platino en el cabello, ojos grises, entró a la sala de juntas, llevaba un par de sobres en la mano.  

—Lamento interrumpir —dijo con una sonrisa que las hermanas juraron ver un destello— Oskar, tengo lo que me pediste. —su sonrisa se borró al verlo con una expresión de dolor en la cara y tomándose el pecho— ¿está bien? 

— ¿tío, Oskar? —dijeron las hermanas preocupadas al verlo 

—estoy bien —dijo respirando profundamente— gracias, Vanessa —sonrió a penas—, espérame un segundo. —su socia asintió y dio un par de pasos atrás— estas son las condiciones que puso su padre para el matrimonio —dijo empujando los sobres a cada sobrina— a partir de ahora, seguirán solas, no pienso meterme en esto. 

Dio media vuelta y se acercó a Vanessa quien tenía la puerta abierta para que salieran. 

Sin darse cuenta, las hermanas se levantaron al mismo tiempo y vieron como de manera muy íntima, Vanessa le rodeaba el brazo a su tío Oskar, estaban una al lado de la otra para poder ver mejor. 

— ¿viste eso? —dijo Ana agarrando a su hermana del brazo 

— ¡sí! ¿tú crees que ellos dos…? Ya sabes…—dijo Abbie dándole un codazo a su hermana olvidando por completo el enojo que tenía.  

—pues ella lo llamó el otro día ¿recuerdas? —dijo Ana. 

Ambas se miraron y recordaron lo que estaba pasando, al mismo tiempo dieron un salto hacia un lado alejándose la una de la otra como si tuviesen una enfermedad contagiosa y mortal. 

Abbie tomó su sobre y salió de la sala de juntas, entro a uno de los ascensores y en su cabeza pensó igual que Garffeild, odiaba los lunes. 

Sin embargo, al estar afuera del edificio con el sobre en la mano, se dio cuenta de lo sola que estaba, jamás había contado con sus padres, uno la ignoraba y llenaba su vacío con dinero, mientras que su madre la usaba para obtener el dinero que su padre le daba, a Abigail no le importaba porque sabía que podía contar con su hermana, lo supo desde que rompió un jarrón valiosísimo a sus cuatro años en casa de su abuela, Ana la cubrió, echándole la culpa al viejo gran danés que tenía su abuela. Y por supuesto, estaba su querido tío Oskar, quien siempre las consentía y mimaba, solía decir que no tenía una sobrina favorita, pero Abbie creía que era ella.

Con un gran dolor en el pecho soltó un sollozo y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos sin poder detenerlas, por primera vez en la vida se sentía completamente sola, y eso la asustaba, comenzaba a creer que todos tenían razón con respecto a ella, daba tumbos por la acera cuando sintió vértigo después de un empujón, unos manos la sujetaron de los brazos.

— ¿estás bien? —dijo la voz masculina ronca. 

Abbie percibió un olor a cigarrillo y levantó la cabeza, el hombre era alto, quizás media uno noventa, ojos marrones muy oscuros, su cabello era negro y lo tenía descolorado en las puntas, cortado en estilo de cresta, una camiseta negra y jeans desgastados, tenía cadenas que colgaban de la pretina de los jeans, tatuajes en sus brazos, arete en su oreja derecha y una perforación en la ceja izquierda, tenía toda la pinta de uno de esos chicos punk.

Abbie se aclaró la garganta –sí, estoy bien –dijo limpiándose con vergüenza las lágrimas de la cara.

— ¿segura? —la miró con preocupación — ¿necesitas ayuda para llegar a algún sitio?  

—de hecho, sí, necesito ir a otro lugar —dijo antes de romper a llorar una vez más. 

—oye, está bien —dijo el punk metiendo su cabello detrás de su oreja— te llevo a donde quieras —sonrió— soy Slade, por cierto —dijo y le tendió la mano.

Ella la miró por unos segundos y luego se la aceptó— soy Abbie. 

—dime, Abbie, ¿tienes algún lugar en mente?

Slade la guió hasta su Mustang clásico negro, le abrió la puerta y ella se subió, luego corrió hasta su lado, encendió el motor y salieron del centro de la ciudad, durante un rato Abbie no dijo nada y solo pensaba en los acontecimientos recientes.

—Cómo te subes al auto de un tipo que ni siquiera conoces ¿eh? —dijo Slade con una sonrisa pícara— puedo ser un ladrón, un secuestrador o un violador. 

—puedes hacer lo que quieras, quizás mi familia te lo agradezca. —dijo sin darle importancia. 

—oye, solo estoy bromeando, no tenía intención de ponerte más triste. 

Ella sonrió sin ganas— es complicado —suspiró.

Abbie notó que estaban yendo a una parte de la ciudad peligrosa, y por primera vez temió por su vida, y fue consciente de lo que hizo, se había subido al auto de un completo desconocido, y que ahora la llevaba a una parte de la ciudad que ella no conocía o que jamás hubiese pisado antes. En el pasado, solo tenía que llamar a su tío y él resolvería todo, pero ahora que le dio la espalda, todo era diferente. 

— ¿Abbie, tienes hambre? —preguntó y su estómago respondió por ella haciendo que Slade se echara a reír— conozco un lugar, es bastante decente y la comida es buena. 

Era uno de esos lugares donde podías comer cuanto quisieras por una miseria, ella jamás había ido uno de esos lugares y le sorprendió el hecho de que estuviera limpio y que su comida fuese realmente deliciosa.

—entonces ¿Cómo es que una linda chica como tú, estaba llorando en la calle? 

—es difícil de decir, no sé ni por dónde empezar. —dijo mientras comía. 

Estaba, sorprendentemente más cómoda, a pesar de que muchos se le quedaban viendo, supuso que no todos los días venían personas elegantemente vestidas a sitios como estos.

—veras, mi padre murió hace más de un mes y pues para poder heredarlo mi hermana y yo tendremos que casarnos, la que se case primero en menos de cinco meses lo heredara todo. 

—vaya… los ricos sí que tienen problemas raros. —opinó Slade mientras comía. 

—el hecho es que mi hermana se casará y ella lo heredará todo. 

— ¿y por qué no te casas tu primero? —dijo encogiéndose de hombros. 

La realidad es que jamás lo pensó, no se le había ocurrido, si se casaba primero, ella heredaría todo dejando a Ana sin nada. 

—podría ser —dijo con una sonrisa maliciosa— pero no —dijo volviendo a comer— no creo que podría casarme con alguien por quien no siento el más mínimo respeto solo para poder heredar.

Después de comer Slade la invitó a otro lugar, y ella aceptó. 

Era un bar, estaba cerrado, pero Slade tenía las llaves del lugar. 

— ¿es tuyo? —preguntó. 

—trabajo aquí —dijo al encender las luces— está cerrado los lunes, pero supuse que querrías un trago. 

—whisky doble sin hielo —dijo sentándose en la barra. 

Slade, muy solicito le sirvió la bebida, se la entregó y preparó uno para él. 

El resto de la tarde estuvieron bebiendo y hablando de la vida del otro, Abbie le contó como ella y su hermana fueron criadas por su padre, que decidió criarlas juntas y así poder hacer crecer un lazo fraterno entre ellas que se rompió el día de hoy. Slade le dio consuelo y un oído amigo, Abbie se sintió contenida y en cierto modo cómoda en el bar de Slade, sabía que debía detenerse o terminaría haciendo una de las suyas. 

Resultó que Slade era muy diferente a como se veía, la escuchó, la contuvo, la abrazó, era demasiado tierno para ser verdad, y con unos tragos más y un par de canciones que puso en la rockola Abbie fue historia.   

Al día siguiente despertó con un dolor de cabeza insoportable, no estaba en la habitación de su hotel, era un lugar que no conocía, escuchaba ruidos de agua de algún sitio.

—mierda —susurró cerrando los ojos. 

los hechos de la noche anterior se agolparon en su cabeza como flashes. 

—¡mierda! —dijo levantándose de un saltó. 

En ese mismo instante, Slade salió del baño con una toalla en las caderas completamente mojado y una toalla sobre su cabeza. 

—buenos días, Abbie ¿Cómo te sientes? ¿dormiste bien? —dijo y abrió el armario que estaba en la habitación, se quitó la toalla dejando al descubierto su trasero. 

Abbie sintió su cara y cuello calientes, los tatuajes eran estilo japonés y le cubrían la pierna derecha completa y parte de la nalga, avergonzada por la desnudes de Slade miró hacia otro lado. 

—sí, dormí bien —dijo rápido. 

¿Qué le pasaba? Después de una noche de sexo, ella no era cohibida, todo lo contrario, era la primera en irse, eso sino le ofrecían un buen desayuno. 

—oye, me gustan las cosas de frente. —dijo él mirándola desde el armario completamente desnudo— si quieres, me voy para que te vistas, te vas y no nos volvemos a ver, o… —dijo alargando el silencio —o puedes desayunar conmigo. 

Abbie sonrió lentamente— acepto tu desayuno —dijo arrodillándose en la cama —creo que te pedí matrimonio anoche ¿cierto? —dijo al tiempo que se acercaba a la orilla de la cama. 

Él se echó a reír y asintió encontrándose con ella en la orilla de la cama. 

—pero mencionaste algo de unas condiciones que dejo tu padre.

—¡mierda! El sobre. —dijo recordándolo de repente. 

Ella quiso salirse de la cama, pero Slade no se lo permitió rodeándola con sus brazos, sintiendo el contraste del cuerpo de él húmedo y completamente desnudo.

—está en tu bolso. —susurro en su oído. 

El cuello de Abbie se erizo, seguido de un beso lento que dejo ahí Slade. 

—creo que los planes del desayuno se van a retrasar un poco. —anunció antes de besarla. 

8

Después de una semana intensa y larga, Ana decidió verse con su prometido en el club de campo, desayunaba mientras lo esperaba, desde donde estaba podía ver a Kate desayunando también, ella estaba sentada de espaldas hacia Ana, y por alguna razón que no entendía se sentía tan jodidamente mal, podía levantarse de su mesa he ir hasta donde estaba y sentarse con ella, pero Ana no rogaba, Kate la ha estado ignorando deliberadamente y eso la tenía molesta. 

Sintió un par de labios fríos en su mejilla que la asustaron. 

—¿Qué haces? —preguntó molesta quitándose el beso de la mejilla. 

—buenos días, Anie. —dijo Casper sentándose frente a ella— solo quería darle un beso a mi prometida. 

—en primer lugar, no me llames Anie. En segundo lugar, besa a tu abuela. 

—verdaderamente no te entiendo —dijo Casper llamando al mesero— nos vamos a casar en menos de cinco meses ¿no crees que deberíamos empezar a mostrarnos como una pareja enamorada? —preguntó cuándo llegó el mesero y pidió su desayuno. 

—mira, si te elegí a ti, es porque nos llevamos bien sin ser melosos, ni nada por el estilo.

—está bien —dijo encogiéndose de hombros— como quieras.

—si te pedí que nos viéramos aquí es porque mi padre dejó una serie de condiciones para el matrimonio. 

—te escucho.

—debemos casarnos por la iglesia, nuestro matrimonio deberá tener un mínimo de dos años para poder heredar y por supuesto, deberás firmar un contrato prenupcial —dijo antes de tomar de su jugo. 

—firmo lo que quieras, pero recuerda que debes pagar mis deudas. 

—ese es otro punto, mientras estemos juntos no vas a apostar.

Casper la miró un momento y asintió— ¿y qué hay del sexo? ¿No tendré sexo con mi esposa? —preguntó suspicaz. 

—no me interesa con quien te acuestes en tanto nadie se entere. —dijo cruzándose de brazos y miró en dirección a Kate, se dio cuenta que Asher estaba sentado a su lado— Casper, te pedí que vinieras solo ¿Por qué mierda trajiste a Asher? ¿Lo tienes pegado a la cadera? 

Casper miró por encima de su hombro y sonrió de medio lado — ¿Qué te digo? Le gusta de verdad McFayden, no importa que ella sea lesbiana.

—eso veo —dijo sin apartar la mirada de la pareja.

Con un impulso se levantó de la silla y caminó hasta su mesa sentándose sin ser invitada.

—buenos días —dijo mirando al par atónitos — ¿van a jugar en un rato? 

—buenos días, Ana —saludó Kate— sí, supongo que sí. 

— ¡sí, claro! —dijo Asher disimulando su decepción al verse interrumpido. 

— ¿Qué tal si jugamos los cuatro? —dijo Ana señalando con su cabeza hacia Casper. 

Kate se volteó para mirar en esa dirección y vio al prometido de su jefa sonriéndole con burla. Odiaba a Casper Mollins y lo más sensato era decir que no, pero miró a Ana y sonrió sin gracia. 

—claro —dijo Kate levantándose de la silla— nos vemos en media hora en la cancha. 

Ana volvió a su mesa y apresuró a Casper para que terminara de comer, éste le hizo caso, pero se quejó camino a las canchas. 

—desayuné de demasiado, si vómito, será tu culpa. —dijo tomándose el estómago. 

—sí, sí, como sea. 

Originalmente, Ana pensó que una vez que terminara de hablar con Casper se iría a las canchas de tenis a jugar un rato para poder liberar tensión, así que estaba debidamente vestida para jugar. Encontrase con Kate cambió sus planes, las cosas no habían estado bien entre las dos la última semana, la ignoraba deliberadamente y si había alguna corrección que entregar se la hacía llegar por medio de Eddie, en los pasillos la evitaba. En la vida, Ana se había sentido así de ignorada, nadie le había hecho algo similar, al contrario, era ella quien siempre hacia la ley del hielo, pero esta vez le dolía y por alguna razón le costaba admitir el por qué.

— ¿alguna vez han jugado padel? —preguntó Kate. 

— ¡yo sí! —levantó la mano de inmediato Asher. 

Ana puso los ojos en blanco y por poco se le salió un bufido, pero se contuvo. Para ella, Asher eran tan patético. 

—es bastante similar al tenis en algunas cosas. —dijo Kate empezando a explicar las diferencias entre uno y otro deporte— ¿quedó claro? 

—cristalino —dijo Ana yendo a su lado de la cancha— has el saque. —dijo poniéndose en posición. 

—de acuerdo. —se encogió de hombros Kate. 

Entendió que su arquitecta era realmente buena en padel, sus saques eran veloces y pronto Kate y Asher ganaron el primer punto. 

Fue el turno de Asher de sacar y por orgullo, Ana quería llevarse el punto, aprendía muy rápido, hacía lo que podía con el compañero lento y falto de reacción que tenía, y lo mismo le pasaba a Kate, Asher no le llegaba ni a los talones. 

En uno de los reveces de Kate, la pelota impacto en el estómago de Casper, doblándose de inmediato, cayendo de rodillas.

— ¡ay por Dios! Lo siento tanto. —dijo apenada Kate llegando al trote. 

— ¡uy, hermano! Eso te va a doler mañana —dijo Asher entre carcajadas.

—Casper, no seas marica y levántate —dijo Ana molesta, como si un golpe en el estómago se tratará de nada.

—no puedo respirar. —dijo Casper a medias.

—podemos suspender el juego. —dijo Kate arrodillándose junto a Casper. 

—no vamos a suspender nada —dijo Ana con una mano en la cadera— ¿puedes seguir o no? —preguntó con una ceja alzada. 

Kate la miró con el entrecejo fruncido, no entendía el comportamiento de su jefa. 

— ¿no crees que estas siendo un poco ruda? —le dijo.

—Estoy bien —dijo Casper levantándose lentamente— juguemos. 

— ¿lo ves? Él está bien. —dijo Ana con un leve tono burlón. 

Volvieron a sus posiciones y de nuevo fue un vaivén muy cerrado y continuo, hasta que Casper devolvió la pelota muy fuerte, rebotando en el suelo y luego en la pared, cuando Kate quiso pegarle la pelota golpeo en su muñeca. Ella soltó la paleta y se apretó la muñeca izquierda.

— ¿estás bien? –se acercó Asher a ella poniendo su mano en el hombro.

—sí, estoy bien. —dijo agitando la mano.

Ana le mandó una mirada acecina a Casper, él simplemente se encogió de hombros.

— ¿Qué? Fue un accidente. —dijo como excusa. 

Desde un principio Ana había notado que su arquitecta tenia algunos dedos vendados de la mano izquierda para evitar ampollas al jugar, eso solo lo hace un jugador de alto rendimiento y que jugaba asiduamente.

Kate volvió a su posición y era el turno de Ana de sacar, para entonces se dio cuenta que después de casi media hora de juego aún no habían completado el set e iban cuarenta, treinta y este podía ser el match point, si había algo que un Van dalen odiaba era perder, y esta no sería la excepción, mando la pelota y comenzó de nuevo el vaivén donde ella y Kate eran las protagonistas, Casper o Asher no hacían jugadas buenas, casi siempre salía una de las dos a salvar el juego, hasta que el compañero de su arquitecta devolvió la pelota con tanta fuerza que se estrelló en el tobillo derecho de Ana, iba con tanta fuerza que su pie se levantó del suelo haciéndola caer hacia adelante.

Kate dio un salto sobre la red para llegar junto ella. 

— ¿estás bien? —le preguntó arrodillándose junto a ella preocupada.

— ¡mierda, mi tobillo! —se quejó agarrándose el tobillo. 

—vamos, Ana, solo es una bola perdida —dijo Casper en tono burlón. 

—te caíste muy gracioso. —dijo Asher. 

Kate les dio una mirada de indignación a ambos, ninguno se acercó para ayudarla, todo lo contrario, se burlaban de su jefa. 

—tranquila —dijo tomando su brazo derecho para que rodeara su cuello— apóyate en mi —la tomó de la cintura y la alzó— trata de no apoyar el pie. —dijo mientras la sacaba de la cancha.

— ¡ay por favor, Ana! —dijo Casper poniendo los ojos en blanco —eres una dramática. 

— ¡vete a la mierda, Casper! —le gritó antes de salir.

Cerca de las canchas había unas gradas para el público en la cancha central, ahí fue donde la sentó y no tardó en aparecer Malcom. 

— ¿se encuentra bien? —preguntó con su voz profunda el guardaespaldas.

—eso lo veremos ¿puedes traer mi bolso, por favor? Y quizás hielo. 

El moreno que se parecía a Bobles asintió y buscó lo que la pelirroja le pidió. 

—muy bien, veremos que hay aquí –—dijo Kate poniendo la pierna derecha sobre sus rodillas, le quitó el zapato con cuidado pues su jefa se quejó, luego quitó su calcetín para ver la magulladura. Malcom volvió con su bolso y ella se lo agradeció, tomó el agua que llevaba y echó una gran cantidad. 

— ¡esta fría! —se quejó Ana retirando por puro reflejo la pierna. 

Con una sonrisa Kate la sujetó de la rodilla— estarás bien, eres una niña grande. —con dedos cálidos y gentiles tocó la parte magullada— ¿duele? —preguntó al apretarlo.

— ¡si! —dijo Ana con los dientes apretados. 

—perdón. ¿puedes mover tu pie? —Ana lo movió, pero le molestaba enormemente— la buena noticia, es que no está roto —Malcom llegó con el hielo en una bolsa ziplock— gracias —dijo tomando el hielo— la mala noticia es que el golpe te molestara por un par de semanas, no uses tacones altos. 

Ana veía como la pelirroja ponía la bolsa con hielo contra su tobillo, sacó un rollo nuevo de vendaje adhesivo, rompió el paquete y procedió a vendarle el pie con el hielo. 

— ¿esto te pasa a menudo? —dijo Ana viendo el trabajo que Kate hacía, parecía una experta vendando su pie con el hielo. 

Ella sonrió sin levantar la mirada— digamos que sé lo que hago. 

—eres realmente buena en padel, mi tío me dijo que jugabas tenis antes ¿Qué paso? 

—cuando tenía como catorce me di un estirón de altura, lo que aproveché para hacer deporte y ponerme en forma y bajar de peso. Resultó que era muy buena en tenis, excelente —dijo con melancolía —estaba a un paso de ser profesional, pero tuve una rotura de ligamentos cruzado anterior en mi rodilla izquierda a los diecinueve.

—suena doloroso. —dijo Ana. 

Sabía que una rotura de ligamentos era lo peor que le podía pasar a un deportista de alto rendimiento, casi un año de recuperación.

—lo es —suspiró Kate terminando de vendar el tobillo— fue una recuperación muy lenta y una rehabilitación muy dura, usé muletas por casi un año. 

—¿Qué paso con el tenis? 

Ella se encogió de hombros— cuando pude volver a jugar ya no era lo mismo, me enfoqué en mi carrera universitaria y jugaba de vez en cuando, aunque me gusta el padel. Bueno —tomó el pie vendado de Ana para levantarse—, toma un par de analgésicos en la noche para poder dormir. 

Su jefa la tomó de la muñeca y la detuvo para que volviera a sentarse— gracias por esto, en serio. —dijo mirando a los ojos avellanas intensamente. 

—no hay de qué.

—creo que te debo una disculpa —dijo rascándose la nuca avergonzada— lamento lo que te dije hace dos semanas, fui muy grosera contigo, lo admito. 

—Anie, olvidemos eso. —dijo con expresión seria.

Sintiéndose valiente se inclinó hacia adelante para hablar más cerca. 

—Kate, yo me sentía avergonzada por lo que paso en el yate, no lloro abiertamente y mucho menos cuando me emborracho, pero me sentí tan vulnerable contigo que cuando nos vimos en la oficina yo te traté así y honestamente no…

—Anie —la detuvo Kate— te perdono. 

— ¿de verdad? — preguntó con una sonrisa, la arquitecta asintió con media sonrisa— gracias, muchas gracias. Y hay algo mas —dijo mordiendo la uña del pulgar. 

— ¿Qué pasa? 

—realmente me gustaría que fuésemos amigas. 

Kate la miró con una ceja alzada y suspiró —¿y te vas a molestar cuando te diga las cosas en la cara? 

—claro, pero seré muy comprensiva. 

La pelirroja se pasó la mano por los parpados pensando que responder   

—por favor, Kitty Kat —dijo poniendo sus manos en plegarias y haciendo pucheros.

¿Qué estaba pasando con ella? No lo sabía. En su vida tuvo que rogarle a alguien, pero con Kate era diferente, sabía que la había herido y quería reparar los daños, increíblemente lo hacía porque realmente quería hacerlo, nacía de ella el hacerlo, anteriormente, su padre o su tío la obligaban a disculparse. 

Vio una sonrisa genuina en Kate y descubrió que achinaba los ojos cuando sonreía de esa manera.

—de acuerdo —dijo y Ana celebró, pero su arquitecta la detuvo— pero si vuelves a tratarme de esa manera, se acabó ¿entiendes?

—perfectamente —asintió enérgicamente— y para que veas que esto en un nuevo capítulo entre las dos te invito al yate a almorzar. 

—de acuerdo, Van dalen, solo porque tu invitas. 

Ana le pidió a su guardaespaldas que la llevara hasta el auto de Kate, la arquitecta se sorprendió, no creyó que su jefa se fuera en el suyo, pensó que se iría en su Rolls Royce, sobretodo porque la pelirroja no se ofreció a llevarla. 

—espero que no te haya importado subirme a tu auto —dijo Ana poniéndose el cinturón de seguridad.

—me sorprendió un poco —admitió poniéndose su cinturón, se quitó la coleta que llevaba y se hizo un moño flojo y desarreglado— ¿lista? —preguntó antes de encender el motor.

—vámonos —sonrió Ana sintiéndose cómoda dentro del auto de Kate, sobre todo por ese perfume peculiar que la rodeaba, que se había pegado a su ropa esa tarde en el yate, le gustaba y por más que su cabeza pensara no lo registraba— ¿Qué perfume usas? —dijo en voz alta y se avergonzó por dejarlo salir. 

baccarat ¿Por qué? —dijo saliendo del estacionamiento. 

—el interior huele bastante —dijo mirando por la ventana.

— ¿te desagrada? —Se interesó Kate.

—para nada —respondió rápido Ana, apretó los dientes— digo, huele bastante bien. —dijo con indiferencia.

Honestamente olía muchísimo mejor que bien, le encantaba ese aroma y ahora que sabía que lo usaba Kate, no iba a dejar de relacionarla con el olor.

El resto del viaje hablaron de cosas banales, de cosas de la constructora y de los deportes que les gustaba, sabía que a su jefa le gustaba el futbol europeo, y por supuesto la fórmula 1, más ahora que un piloto neerlandes era campeón mundial. Kate le dijo que le gustaba ver los torneos de grand slam cuando tenía tiempo. 

Al llegar al muelle se dieron cuenta de que el yate estaba ocupado por mucha gente, parecía una fiesta, había música y personas bailando en la cubierta. 

Ana entrecerró los ojos para poder reconocer a alguien, pero tenía el presentimiento de que solo una persona muy irresponsable podría hacer una fiesta en el yate sin zarpar. 

—Abbie —suspiró. 

Para su mala suerte, su tobillo dolía como el infierno y no podía correr hasta allá, por suerte Malcom la ayudó en todo el camino al muelle y al estar arriba del yate fue directamente a quitar la música respaldada por su guardaespalda. 

— ¡todo el mundo afuera, ahora! —gritó cuando la música se apagó, inmediatamente la gente salió del yate. 

—vaya, pero si metiste la pata otra vez, que sorpresa. —se burló su hermana al verla.

No quedaba casi nadie en la cubierta salvo por su guardaespaldas, Kate, su hermana y un tipo con tatuajes en el cuerpo, su camisa colgaba a un lado de sus pantanales desgastados, era tan típico en Abbie relacionarse con tipos así.

—¿Qué se supone que haces? —dijo mirando a su hermana —dando una fiesta en el yate sin zarpar ¿Qué te pasa, Abbie? 

—este es mi yate y puedo hacer lo que quiera. —respondió dando un paso al frente.

—error, es nuestro yate —le recordó, pues su padre se los había dado cuando cumplieron diecisiete— ¿entiendes que pudiste meterte en problemas si llamaban a la policía? 

— ¿quieres dejar de ser tan dramática? —dijo Abbie como si no fuese la gran cosa.

Jamás lo admitiría, pero sí le llegó a asustar hacer esa fiesta improvisada en el yate sin haber zarpado, pero su filosofía era pedir perdón antes que pedir permiso.

—eres increíble, Abigail —dijo Ana cruzándose de brazos y negando con la cabeza— ¿y tú por qué no te has ido? —dijo mirando al punk.

—porque está conmigo. —dijo Abbie. 

Ana se apretó los dedos en el puente de la nariz— lo que te faltaba. ¿Quién es él?

Abbie lo miró de pies a cabeza y soltó: —mi prometido.

— ¿Qué? —dijo asombrada.

— ¿crees que eres la única que se puede casar? 

—oye, Abbie, creo que sí hay que irnos —dijo el hombre de cabello decolorado en las puntas. 

—creo que tu deberías calmarte un poco. —dijo Kate acercándose a Ana. 

Y tenía razón, su cabeza comenzaba a latir al igual que su tobillo.

—está bien, nos iremos —dijo tomando la mano del punk, pero se detuvo frente a Kate con una sonrisa autentica— fue un gusto verte, Kate. Lamento que hayas presenciado esto, nos vemos. 

Kate se despidió de ella agitando la mano desconcertada. Luego centró su atención en su jefa y la tomó del brazo. 

—Anie, creo que hay que ir a casa, necesitas descansar el pie.

—está bien, vamos a mi casa. 

—espera ¿Qué? —preguntó confusa.

—vamos a mi casa, pedimos algo, no es lo que tenía planeado, pero puede funcionar.

Cuando sugirió irse a casa, Kate se refirió a que cada uno se fuera a su respectiva casa, no esperaba una invitación a la casa de su jefa. 

Un poco desconcertada Kate asintió— de acuerdo, está bien.


—Abbie, ¿en serio nos vamos a casar? —dijo Slade conduciendo. 

Ella se echó a reír— claro que no, lo dije para molestar a mi hermana, nada más. 

Él se encogió de hombros— yo puedo sacrificarme para casarme contigo, si quieres.

Abbie se le quedó mirando con la cabeza ladeada— ¿en serio quieres pasar dos años conmigo para que yo pueda heredar? Una vez que nos separemos no podrás tener absolutamente nada.

—lo sé, pero realmente me gustas. Nos hemos divertido mucho esta semana.

—y tú a mí y sé que lo nuestro terminará en cualquier momento, Slade.

—bueno, la oferta está en la mesa si la quieres. —dijo con una sonrisa pícara. 

9

Abigail entró a la constructora Van dalen con la frente en alto, muy pocas veces mientras crecía entró a ese lugar, le parecía aburrido y monótono, cuando estaba su padre tenía que esperarlo durante horas, lo bueno era que tenía a su hermana para entretenerse, eran los buenos viejos tiempos, sonrió con nostalgia para luego sacudirse la cabeza de tal pensamiento, en recepción le dieron una cálida bienvenida y le entregaron un pase, esperó el ascensor y subió al piso de los arquitectos, quería ver de primera mano lo que se hacía ahí, sabía que su familia estaba involucrada en bienes raíces, no solo en la ciudad y en el país, sino a nivel mundial, los Van dalen eran competitivos y muy rudos en ese campo. Cuando las puertas del ascensor se abrieron, sonrió al caminar por el pasillo y detenerse justo en la puerta que decía McFayden, tocó la puerta y sin esperar respuesta, la abrió. 

— ¿se puede? 

La pelirroja atenta al monitor desvió la vista a la hermana menor de las Van dalen.

— ¿Abigail? Hola —dijo en tono dubitativo— adelante. 

La rubia puso los ojos en blanco y entró a la oficina— por favor, llámame Abbie. Pasaba por aquí —dijo paseando por la oficina –y quería saber qué hacías.

Con el ceño fruncido se le quedó mirando, no entendía por qué de repente era del interés de las hermanas Van dalen, mientras estudiaron en el internado jamás repararon en ella, pero ni, aunque lo intentara la pelirroja. 

—pues estaba viendo algunas actualizaciones, no puedo hacer nada con mi mano así —dijo alzando su mano izquierda. 

— ¡Oh por Dios! ¿estás bien? ¿Qué paso? —preguntó Abbie acercándose a ella para ver la muñequera férula en su mano izquierda. 

—solo una bola perdida de padel que me golpeo en la muñeca —dijo sintiéndose apenada— Abbie ¿tu hermana sabe que estas aquí? —preguntó. 

—mmm… no lo sabe —dijo dándole la espalda— linda vista. —dijo al ver hacia la ventana.

—lo sé, por eso la escogí. —sintiéndose incomoda se rascó la cabeza y preguntó— ¿Qué haces en mi oficina, Abbie? No es que yo sea de tu agrado. 

—sí me agradas, tienes una buena vibra —dijo mirándola con exaltación— solo quería encontrar una cara amigable que me explicara que se hace aquí, bueno —puso los ojos en blanco— sé lo que se hace aquí, pero quiero saber más y…

—de acuerdo, ya entendí —dijo Kate interrumpiéndola— pero ahora no estoy trabajando en nada, aunque —se quedó pensando unos segundos —tengo que ir ahora a una remodelación que me encargaron en Gold Coast ¿quieres venir? 

Abigail silbó asombrada al escuchar el vecindario pues era donde vivía la gente multimillonaria en Chicago.

— ¿Gold Coast? —asintió— de acuerdo —sonrió— ¡vamos!

000

Eddie tocó la puerta de la oficina de su jefa y metió la cabeza. 

—Ana, acabo llegar de mi almuerzo ¿pediste algo para ti? 

Su jefa levantó la cabeza de su tabla gráfica y miró la hora en su reloj seiko, era más de medio día y no había comido todavía, estaba tan enfocada en su trabajo que la mañana se le fue volando. 

—no he comido aun, pero ¿sabes qué? Saldré a comer ahora. —dijo levantándose de la silla. 

Estiró su espalda y tomó su celular para salir de su oficina.

Pensó en pasar por la oficina de Kate e invitarla a almorzar, con suerte ella tampoco habría comido y sería perfecto. Mientras esperaba el ascensor recordó el fin de semana que habína pasado junto a la pelirroja, hacía mucho tiempo que no se relajaba tanto, incluso fue divertido, pues el domingo hicieron algo que ella siempre quiso hacer, pasear por Chicago como Keanu Reeves y Sandra Bullock lo hicieron en La Casa del lago , pero con un tobillo aun hinchado por el golpe de la pelota perdida, no pudieron pasear tanto como la rubia quiso, sin embargo la pasaron bien, el clima del final de primavera era perfecto, encontraron un lugar donde vendían costillitas a la barbacoa, Ana descubrió que esa era la comida favorita de Kate. Le encantó saber que le gustaban los croissants de chocolate de una panadería que estaba a un par de cuadras de donde vivía la rubia.

De muy bien humor, bajó del ascensor en el piso de los arquitectos, al alcanzar la puerta de la oficina de la pelirroja, la abrió y la encontró vacía, sacó su celular del bolsillo de sus pantalones para llamar a su arquitecta, cerró la puerta y se volvió por el pasillo para llamar al ascensor, se puso el celular en la oreja y las puertas del ascensor se abrieron, su hermana y su arquitecta estaban ahí, muy felices y contentas, riéndose de algo, los dientes de Ana se apretaron al ver esa imagen. 

— ¡Anie! —se sorprendió al ver a su jefa frente a ella como si la hubiese pescado haciendo algo malo —hola. 

—estaba buscándote para invitarte a comer.

—lamento arruinar tus planes —dijo su hermana saliendo del ascensor— pero ya lo hicimos. —dijo alzando el vaso de refresco con el logo de una cadena de comida rápida. 

Pero eso no fue lo único que notó, su hermana llevaba el maletín Louis Vuitton de Kate en el hombro. 

—ya veo. —dijo tomando una respiración profunda, sintiendo como los celos la inundaban— ¿Qué crees que estás haciendo? —dijo mirándola con los ojos entrecerrados.

Mucha gente le temía a esa mirada, pero Abigail, no, eso no funcionaba con ella.

—creo que no es bueno que discutan aquí afuera —dijo Kate interviniendo y tomando a cada hermana del brazo, las arrastró hasta su oficina— aquí pueden hablar —dijo cerrando las persianas de las paredes de vidrio para que no las vieran discutir.

Cuando estaba a punto de salir escuchó a Ana decir: — ¿Qué hay de tu maletín? 

— ¿Cómo? —dijo al no comprender 

— ¡Ah! ¡tú maletín! —dijo Abbie dándose un golpe en la frente— lo siento —dijo devolviéndoselo.

—gracias por llevarlo por mí —le agradeció con una sonrisa de esas que le achinaba los ojos. 

—no hay de qué. Cuídate el hombro —dijo antes de que la puerta se cerrara. 

Ana observó ese intercambio con la cabeza ladeada y las manos en las caderas. Le molestaba, le molestaba y mucho, sobre todo enterarse de esa manera que Kate tuviera una molestia en el hombro. 

— ¿Qué crees que es estás haciendo? —le preguntó— ¿cargándole el maletín? Tiene otro hombro ¿sabes? 

— ¿a ti qué diablos te sucede? —le preguntó moleta— ¡solo la estaba ayudando!

— ¿Qué hacías saliendo con ella? Kate es MI amiga —dijo reclamándole. 

Negando la cabeza asombrada, no entendía por qué su hermana le hacia este reclamo. 

— ¿Ana, estás loca o que te pasa? Kate puede juntarse con quien ella quiera, no eres su dueña.

— ¿y que rayos hacías aquí, en su oficina? ¿Qué es exactamente lo que haces aquí? 

—solo quería saber lo que se hacía aquí, vine con Kate porque sabía que ella no me trataría como una entrometida.

—así que viniste a distraerla ¿y a ti desde cuando te importa lo que se hace aquí? 

— ¡no vine a distraerla! Ella es genial, fue muy linda en invitarme a una remodelación que está haciendo. ¿y por qué diablos tengo que explicarte esto? —dijo furiosa— me interesa lo que pasa aquí, después de todo esta compañía también es mía.

Fue inevitable echarse a reír— en primer lugar, este no es tu compañía, ninguna de las dos es accionista aun, yo trabajo aquí, pero nada más.

—espera ¿Cómo que no soy accionista de la constructora? —preguntó confundida.

Un poco cansada, Ana suspiró— los sabrías si hubieses escuchado a papá una sola vez. Ninguna de las dos lo será porque las acciones de papá están en la herencia. 

Sabía que cuando su hermana se enterara, su repentino interés por la constructora se esfumaría.

—supongo que el plan de tu nuevo noviecito se echó a perder —dijo sonriendo con malicia y cruzándose de brazos. 

Abbie levantó una ceja— necesitas una vida, hermanita. Me interese en el negocio familiar porque esto al final será mío. Siempre dices que jamás me tomo nada en serio, pues esto sí lo es.

— ¡ay por favor! —dijo poniendo los ojos en blanco— tu y yo sabemos que tu interés se irá en unos días, Abbie.

—cuando me case eso cambiará. 

—¿en serio vas a casarte con ese tipo?  

 —ese no es problema tuyo si me caso o no con Slade. 

— ¿Slade? ¿Cómo puedes salir con un tipo que se llama Slade? —se burló Ana.

— ¡ay, Ana, vete a la mierda! —dijo saliendo de la oficina dando un portazo. 

Al estar sola Ana cerró los puños y gruñó con todas sus fuerzas por la frustración.

—eso no salió bien ¿cierto? —dijo Kate al entrar.

Ana movió su cuello por la tensión del momento. 

—para nada —dijo Ana viendo la mano de su arquitecta con la muñequera en la mano izquierda—¿Qué te pasó? —preguntó preocupada— ayer no me dijiste nada. 

—en la madrugada me dolía, no es nada —dijo moviendo sus dedos— creo que el pelotazo de Mollins —dijo con algo de resentimiento— fue más fuerte de lo que pensé    

—¿Qué tiene tu hombro? —dijo acercándose a ella.

—nada de cuidado —dijo y miró la alfombra al tener a Ana demasiado cerca de ella, se aclaró la garganta y fue hasta su silla— dime ¿aun tienes hambre? —puso el maletín sobre su mesa— porque me faltó comer un postre. —dijo con media sonrisa.

Después de ese episodio con su hermana, el hambre se le fue, pero ahora que todo estaba calmado y que Kate, de alguna forma la incitaba a comer, su apetito volvió, sonrió y asintió.

—vamos. 

Ambas salieron de la oficina y caminaron hasta los ascensores, al entrar la pelirroja le dijo que su auto estaba estacionado afuera.

—le escribiré a Malcom para que nos siga. —dijo tomando su celular. 

Al salir, Kate acompañó a su jefa a la puerta del copiloto para abrírsela cuando escucharon el ruido muy fuerte que venía de una moto cerca de ellas, y luego un vidrio se rompió, era el vidrio trasero del auto de Kate, al girar el rostro, la pelirroja vio a dos tipos en la moto apuntando con una pistola en su dirección, sintiendo la adrenalina tomó a Ana de la cintura y se arrojó al suelo, no escuchaba los disparos pero si como impactaban en su auto, un par de segundos después sintió el peso del cuerpo de Malcom sobre ellas. 

Cuando ya no escucharon ruidos, se vieron levantadas del suelo y arrojadas dentro del Rolls Royce de Ana. 

— ¿estás bien? —le preguntó Ana con el corazón latiendo fuerte en su pecho.

Kate estaba roja, el dolor en su hombro y manos latía sincronizado con los latidos de su corazón, pero logro asentir.

— ¿y tú? 

—estoy bien —su tobillo la estaba matando, pero se haría la fuerte — ¿Qué mierda acaba de pasar? —le preguntó a Malcom quien iba sentado al lado de Kate. 

—ya estamos investigando, no te preocupes.

—¿Qué no me preocupe? —dijo molesta— ¡dos idiotas en moto intentaron matarme!

—por suerte no tenían puntería. —dijo Kate con su mano tomada.

Ana la miró y sonrió de medio lado— una experiencia con la muerte te pone chistosa. 

—estoy reconsiderando mi amistad contigo. —dijo devolviéndole la sonrisa. 

—necesito un trago —dijo poniendo su codo en la puerta. — gracias, por cierto.

—lo haría mil veces. —susurró. 

—¿qué? —le preguntó confundida 

—que lo hice sin pensar. 

Malcom carraspeó a su lado y se dio cuenta que él sí la había escuchado la primera vez, avergonzada, Kate no levantó la vista y maldijo para sus adentro. 


Durante todo el camino de vuelta, estaba pensativa, fue a la empresa familiar porque realmente quería informarse de lo que hacían y quizás pedir un trabajo de lo que sea, ella no sabía nada referente a la construcción, ni siquiera sabía cambiar un bombillo, pero no era tonta, la mensualidad del fideicomiso duraba menos, llevaba una semana viviendo en el hotel, no podía ir a su propia casa porque su madre estaba ahí y aunque le encantaría enviarla lejos, no tenía corazón para eso, no podía irse con su tío porque dejó muy clara las cosas entre ellos y por último, no podía quedarse con su hermana por obvias razones, podía irse a la mansión de los Van dalen donde el servicio cuidaría de ella, pero había dos objeciones, una de ellas era la momia de su abuela, no importaba que tan grande sea la propiedad, ella no aguantaría a la anciana. Y segundo, le daría la razón a todos lo que dicen que ella jamás ha hecho algo. De las dos hermanas ella era mimada por todos y nunca se quejó, hasta ahora que veía las consecuencias de eso. Por eso fue a la constructora, quería comenzar a callar bocas, el que fuese o no accionista era irrelevante, realmente quería hacer algo útil en su vida.

Al llegar al hotel, su celular comenzó a sonar, lo buscó en su bolso, se extrañó al ver el nombre de Slade en la pantalla. 

—¿alo? 

¡mierda, Abbie! ¿en dónde mierda estas? —lo escuchó alterado y preocupado. 

—en el hotel ¿Qué sucede? ¿Por qué me hablas así? —dijo entrando en el ascensor.

hubo un tiroteo frente a la constructora de tu familia. 

— ¿Qué? —un pitido ensordecedor le explotó en los oídos — ¿Cómo sabes eso? 

está en todas partes ¿tu estas bien? 

—sí —dijo nerviosa, las puertas del ascensor se abrieron y corrió por el pasillo hasta su puerta como pudo la abrió y busco el control del televisor. 

En el canal de noticias que transmitía en vivo había unas tomas de la calle y policías en la entrada del edificio. Solo podía pensar en su hermana y en lo que pudo pasar realmente. 

¡Abbie! ¡Abbie! ¿me escuchas? —gritó Slade por el celular. 

—lo siento, sí, estoy aquí —escuchó el pitido de una llamada entrante, vio el nombre de su tío— Slade, debo colgar, mi tío está llamando, te llamo luego. —no esperó respuesta y colgó — ¿tío Oskar? 

— ¿Dónde estás? —fue lo que preguntó.

—estoy en el Hilton.

—enviaré a Mihajlo por ti, espéralo en la habitación y recoge todo, iras a la mansión. 

El guardaespaldas serbio llegó al hotel en poco menos de diez minutos, para ese momento Abiagil estaba lista, Mihajlo sacó las maletas y la acompañó hasta el auto que pertenecía su tío, durante el viaje estaba tranquila, sabía que absolutamente todos los carros de la familia tenían vidrios a prueba de balas, al igual que las puertas. Al llegar a la mansión, su tío le dio un abrazo apretado y reconfortante, podrá estar enojado con ellas, pero las amaba con su vida. 

—¿Qué pasó? 

—intentaron matar a tu hermana. —dijo lentamente 

— ¿ella está bien? —dijo sintiendo su corazón latir fuerte. 

—ni un rasguño —dijo y rodeando sus hombros de forma protectora la llevó hasta la gran sala de estar, donde estaba Ana acostada en el sofá grande con una bolsa de hielo en el tobillo derecho, Abbie suspiró aliviada. —sé que este no es el momento adecuado para estar ustedes dos juntas, pero las cosas cambiaron. 

—tío, estoy bien, ya te lo dije. —dijo poniendo los ojos en blanco.

—la cuestión es, Anastasia —dijo alzando la voz—, intentaron matarte y hasta que ese asunto no se resuelva los tres nos quedaremos aquí. —dijo señalando el suelo. 

Abbie vio que su tío había envejecido en cuestiones de segundos, llevaba solo el chaleco del traje y las mangas dobladas hasta los antebrazos, se podía ver la fatiga en sus ojos. 

—la mansión es enorme así que pueden escoger un ala cada una para que no se vean las caras. —dijo Oskar.

—¿te quedaras tú también? —dijo Abbie divertida— ¿Cómo los viejos tiempos?

—claro, cariño, jugaremos uno, scrabble, excepto twister, mi espalda no lo soportaría. —dijo y eso hizo reír a las hermanas.

Cuando eran niñas su padre tenía la custodia completa de ellas, nunca supieron de la existencia de la otra hasta los cuatro años, vivieron juntas en esa casa que parecía más un museo, por suerte para ellas, Oskar pasaba las tardes con ellas, hacia lo que su padre muy pocas veces hizo, durante mucho tiempo Abbie deseó que Oskar fuese su padre y sabía que su hermana también lo deseó. 

El celular de su tío comenzó a sonar y él con un suspiró cansado lo sacó de su bolsillo, sus cejas se alzaron cuando leyó el nombre cambiando su semblante, sonriendo rápidamente. 

—vuelvo en un momento. —dijo y salió por la puerta del patio. 

Fue entonces que Abbie vio a todos los guardaespaldas en esa zona de la propiedad. 

—por su cara debe ser alguien que le gusta. —comentó Ana. 

—creo que es Vanessa —dijo cruzándose de brazos— es bueno saber que estas bien. 

Ana asintió pensativa— sí, bueno, Kate fue quien se llevó la peor parte. 

—¿Qué? ¿Kate estaba contigo? ¿la hirieron? —dijo de carrerilla y asustada, se sentó en la mesa de marlo de centro que estaba frente al mueble. 

—no, no, las dos estamos bien —se incorporó con los codos— ella se lastimó de nuevo la mano cuando me tiró al suelo, estaba junto a mí. Me siento mal porque su auto quedo inservible.

Ambas hermanas se quedaron calladas un momento, un silencio incómodo para ambas. 

Ana abrió la boca para hablar— oye… yo 

— ¿Dónde está? ¿Dónde está mi bebé? —gritó Clarisse. 

—no puede ser. —se lamentó Ana al escuchar la voz de su madre. 

10

 —¡mi bebé! ¡Mi podre, pobre, bebé! —dijo abrazando a Ana. 

—¡mamá, ya! Por favor —dijo abrumada por este ataque de preocupación que tenía su madre —el papel de madre preocupada no te queda. 

Indignada, Clarisse dio un paso atrás— sí, estuve preocupada, Anastasia. 

—por favor, a ti no te creería ni lo que rezas —dijo Oskar entrando de nuevo a la casa. —no molestes a la niña, tuvo un día bastante difícil.  

—¿Dónde está? ¿Dónde está Ana? —dijo una voz masculina y preocupada. 

Ana se levantó de un salto— ¿trajiste a Casper? —preguntó sorprendida. 

—cariño, es tú prometido, claro que debía saber cómo estabas.

Ana suspiro y echó la cabeza para atrás.

— ¡ahí estas! —dijo Casper y en un par de zancadas abrazó a Ana— estaba tan preocupado por ti —dijo y acto seguido la besó.

Ana se removió para quitárselo de encima y lo empujó con todas sus fuerzas — ¿Qué mierda te pasa? —dijo limpiándose los labios. 

—¿es así como tratas tu prometido? —le preguntó su madre. 

—mamá, no te metas, por favor. 

—Clarisse —la llamó Oskar tomándola del brazo— ven conmigo. 

Ambos esperaron a que ellos se fueran y para su sorpresa, Ana notó que su hermana tampoco estaba presente. 

—¿Qué crees que estás haciendo aquí? 

—mi novia sufre un atentado de muerte ¿y yo no la consuelo?

—consuela a tu madre. 

— ¿sabes? Un día de estos voy a cansarme de tus tratos —dijo dando un paso hacia ella— somos aliados y estaremos juntos en esto por dos años, recuérdalo. Nos casaremos en menos de cuatros meses, debemos empezar a llevarnos bien.

—quiero que entiendas algo Casper, me gusta mi espacio, y sí, estaremos juntos por dos años, pero eso no significa nada. 

Él sonrió suspicaz— ¿eso quiere decir que no vamos a consumar nuestro matrimonio? Solíamos divertirnos mucho anteriormente. 

—tienes razón —asintió recordando el pasado entre los dos —pero maduré y no estaría contigo ni borracha. 

—ya lo estuviste una vez —dijo provocándola— ¿lo olvidaste? 

—por suerte —ella sonrió— sí, no recuerdo nada de esa vez. —dijo y se encogió de hombros— lo siento. 

Y con eso lastimó su orgullo de hombre, su expresión facial cambió drásticamente y sus manos se apretaron en puños. 

—eres una… 

—señorita Ana —los interrumpió el mayordomo. 

— ¿sí, Will? ¿Qué pasa? 

—tiene otra visita. 

¿otra más? Ni en su cumpleaños la solicitaban tanto.

—¿de quién se trata? —preguntó rascándose la frente. 

—de mí. —dijo una voz profunda y rasposa. 

De tras del mayordomo se encontraba la figura rechoncha vestido con traje de tres piezas a la medida, el padre de Kate. 

—Horace McFayden. 

—por favor, solo llámame Horace. 

Horaces era un tipo rechoncho, vestía con trajes a la medida, los dientes de abajo eran pequeños y manchados por el tabaco, los dientes de arriba eran cubiertos por un bigote espeso perfectamente recortado que en algún momento fue castaño. El hombre inclinó su cabeza y mostrando esas entradas enormes y el poco cabello que tenía era gris. Ana solo pudo reconocer los ojos de Kate en ese hombre, supuso entonces la esposa de Horace era pelirroja.

—señor Mcfayden ¿Qué hace aquí? —preguntó confundida cruzándose de brazos. 

El hombre se encogió de hombros— escuché la noticia de su atentado, quería cerciorarme por mi mismo, que estabas bien. 

—yo estoy muy bien ¿sabe cómo está su hija? —preguntó con tono helado.

Horace se vio confundido, miró al prometido de Ana, pero este se encogió de hombros igual de confundido. 

—no entiendo que tiene que ver Katherine en todo esto. —dijo Horace. 

—ella me salvo, estuvo conmigo a la hora del tiroteo. 

Las cejas del padre de Kate se alzaron en asombro y asintió conforme— al fin hace algo bien. 

Las palabras de McFayden sonaron tan chocantes para Ana, cerró los ojos indignada y negó con la cabeza, había algo más en lo que ella y Kate tenía en común y eso era un padre idiota. 

— ¿Kate estuvo contigo? —le preguntó asombrado Casper tomándola del brazo. 

Ana se soltó de su agarré y miró a Horace. 

—señor McFayden, no tengo el ánimo para fingir que me agrada en este momento, así que me retiró y por favor, delante de mí al menos finja que su hija le importa. 

Con su tobillo aun doliéndole salió con la cabeza en alto, como toda una Van dalen, le dolía el tobillo como nunca, pero jamás se quejó, no quería mostrarse débil, hasta que llegó a la escalera donde saltó en un pie hasta llegar al segundo piso. 

—es brava ¿no? —dijo Horace a Casper con una sonrisa lasciva.

Casper se echó a reír — ¿tiene algún consejo para domarla? —preguntó con la misma sonrisa. 

El señor McFayden abrió la boca para responder, pero un carraspeo lo detuvo. 

—McFayden ¿Qué haces aquí? —dijo Oskar entrando a la sala por la puerta del estudio.

La mirada azul de Oskar estaba clavada en el mejor amigo de su hermano, le dio a entender que había escuchado todo, pero eso no incomodó a Horace, todo lo contrario, soltó una ricita entre dientes. 

—Van dalen, solo vine a ver como estaba Anastasia. 

—ya la viste, ya te puedes ir. —dijo mirándolo intensamente— también tú, Casper, ya te puedes ir. —dijo Oskar y alzó una mano. 

El guardaespaldas apareció detrás del señor McFayden y con una voz potente les pidió a ambos que lo siguieran, hasta que ellos no cruzaron la puerta Oskar no se relajó. 


Le tomó más tiempo de lo necesario subir, sentía su pantorrilla arder, bien pudo haber usado la silla salva escaleras de su abuela, pero eso hubiese cortado su salida dramática a una patética. Cuando llegó a su cama se desplomó ahí y dejó salir un suspiró pesado, se incorporó y sacó su celular del bolsillo, sin pensarlo demasiado, hizo una video llamada con Kate, inconscientemente se pasó la mano por los mechones rubios poniéndolos detrás de sus orejas, se tocó el aró que tenía en el cartílago de su oreja derecha, cosa que hacia cuando estaba nerviosa. Cuando Kate contestó sonrió. 

— ¡hey! ¿Qué haces? —preguntó. 

—dame un momento —se escuchó la voz de Kate, unos sonidos raros y luego la cara de la pelirroja apareció —perdón, estaba algo ocupada. 

La imagen mostraba una imagen de una Kate con un sostén deportivo negro y su cabello recogido en un moño desordenado, las pecas en su cara resaltaban ahora que no tenía una sola gota de maquillaje. 

—no te preocupes —dijo y se fijó en unas marcas redondas rojas en su hombro izquierdo— ¿Qué es eso que tienes en el hombro?   

Kate miró su hombro y sonrió— solo son las marcas del copping no te preocupes, no es nada —dijo encogiéndose de hombros. 

Ana sabía de lo que se trataba ese tratamiento y eso solo significaba que el dolor en su hombro era otro nivel, por el color de la marca era bastante reciente.

—oye, Kate, hay algo que no entiendo, si te dolía tanto el hombro y la muñeca ¿por qué fuiste a trabajar hoy? 

—no me molestaba tanto hasta que… —hizo un gesto de halar— te halé y caíste en mi brazo. —dijo sonrojándose de repente. 

—me siento tan culpable, primero tu auto y luego tu brazo —dijo Ana apenada. 

—no es tu culpa, Anie, —dijo y su jefa sonrió— son cosas de las que no se tiene control. Dime ¿Cómo estás? 

Ana suspiró y puso los ojos en blanco— hasta mi madre vino a verme, puedo con una madre histérica ¿pero con una preocupada? Es como de la dimensión desconocida. 

Kate se echó a reír — ¿fue tan incómodo? 

—bastante —dijo mordiendo sus labios— por cierto ¿ya le dijiste a tus padres lo que pasó? 

—no ¿Por qué? —dijo Kate evitando mirarla. 

—tu padre estuvo aquí —anunció.

— ¿Qué? ¿Por qué? —preguntó asombrada y preocupada. 

—quería verme en persona, saber si estaba bien y me dio a entender que no sabía que estuviste a mi lado ¿Kate? —dijo mirándola inquisitivamente— ¿qué ocurre entre tus padres y tú? 

—ay, Anie, es complicado. —dijo visiblemente incomoda 

A pesar de haberse llevado de maravillas el fin de semana, Ana aun no le decía que sabía lo de su sexualidad, y obviamente Kate no ha dicho nada, y quizás debido a ese tema, la arquitecta no tenía una buena relación con sus padres.

—¿no confías en mí? —le preguntó ladeando la cabeza. 

Kate estaba visiblemente incomoda, se rascó la cabeza y miró hacia otra parte.

—no creo que se trate de confianza, es mucho más complicado que eso. 

Ana puso un mohín con los labios y arrugó el entrecejo— está bien, McFayden, admito que lastimaste mi orgullo —dijo levantando una ceja y sonriendo— y vamos a resolverlo cuando mi tío levante mi encarcelamiento domiciliario.

Kate se echó a reír nasalmente— ¿Cómo va eso? 

—pues ¿Qué te digo? —suspiró— bastante aburrido. Le preguntaré a mi carcelero si puedo recibir visitas, para que vengas y me entretengas. 

—no seas tan dura con tu tío, él te ama demasiado. Y en cuanto a irte a visitar, no lo sé, justo a hora no creo que sea muy rentable ser tu amiga. 

Al escuchar sus propias palabras en boca de su arquitecta, Ana solo se echó a reír.

—¡ni se te ocurra olvidarme aquí! —le amenazó en broma.

—créeme, no podría.


Mientras revisaba sus compactos con mucha nostalgia, pues, aunque tenía toda la música que quería en su playlist de Spotify, no los escuchaba mucho, encontró el compacto de Avril Lavigne y se sorprendió, pues se lo había regalado su hermana para su cumpleaños, su vieja laptop aún estaba ahí, así que la abrió y con suerte funcionó, metió el disco en el lector y después de que hiciera unos sonidos raros, el reproductor apareció en la pantalla, las cosas habían cambiado demasiado a través de los años. Mientras escuchaba a Avril Lavingne de fondo, recibió un mensaje de Slade, diciendo que estaba afuera de la mansión. Slade se había quedado preocupado por ella, le había escrito que estaba bien y que estaría bajo arresto domiciliario hasta que todo se resolviera, pero le sorprendió al saber que estaba en la mansión, nunca le dio su dirección, pero sabía que era muy fácil buscar en internet la residencia de los Van dalen. 

Bajó decidida a despedirlo rápido, sabía que, si su tío llegaba a verlo, la miraría de forma interrogativa, Slade no tenía una imagen confiable que se diga, pero Abbie aprendió hacía mucho tiempo que las apariencias engañan, en el entorno en el que creció sabía que las personas que se acercaban a ella y su hermana no siempre tenían buenas intenciones. 

Cuando estuvo en el jardín Sasha la reconoció, el ruso trajeado y musculoso con lentes oscuros se le acercó. 

—¿hay algo que pueda hacer por usted? Señorita Van dalen. 

—un amigo está afuera, me gustaría verlo cinco minutos. —dijo rogándole con las manos.

—me meterá en problemas, señorita Abigail. Después de lo de hace un rato con las visitas que recibió su hermana, el señor Van dalen dijo que no podía entrar nadie antes de ser anunciado a él. 

Suspirando y poniendo los ojos en blanco, se rascó el cuello y asintió— avísale a mi tío, por favor.

Oskar estaba en el segundo piso y salió al balcón cuando le avisaron de la visita de Abbie, curioso le dio permiso, desde ahí como una gárgola escupiendo humo por el cigarrillo que tenía entre los labios observó a la pareja, desde esa altura vio al tipo vestido con una chaqueta de cuera muy gastada y cadena en sus pantalones, su cabello era bastante llamativo, la conversación duro menos de tres minutos y se despidieron con un beso en los labios, cuando su sobrina dio media vuelta para volver a la casa, Oskar la llamó.

—¡ven a verme, por favor! 

No podía evitar a su tío, al menos no mientras estuvieran en el mismo techo, con un semblante sumiso fue hasta el estudio del segundo piso, justo donde estaba su tío esperándola.

—¿Quién era ese? —preguntó al ella entrar.

—solo es alguien con quien estoy saliendo. —dijo mirando a todas partes menos a su tío.

—¿Cómo se llama? 

—Slade… —susurró, pero Oskar no la escuchó.

—¿qué? —preguntó acercándose a su sobrina. 

—se llama Slade. 

—¿Slade? ¿sales con un tipo que se llama Slade? —Oskar suspiró y se pasó una mano por la cara— Abbie, eres más lista que esto. ¿Por qué sales con un tipo así? 

Sintiéndose ofendida se cruzó de brazos— ¿tío Oskar, acaso no crees que tengo criterio para leer a las personas? 

—no es nada en tu contra, cariño, pero lo que acaba de pasar con tu hermana encendió todas las alarmas ¿y si te hubiese pasado a ti? –dijo y puso ambas manos sobre sus hombros –yo las adoro con mi vida, y su padre ya no está aquí para cuidarlas.

Abbie se mordió el labio y abrazó a su tío –por favor, no me hagas esto, estoy muy sensible. 

Oskar se echó a reír y la abrazó con mucha fuerza y luego le dio un beso en la cabeza— solo ten cuidado con lo que dices y lo que haces delante de… Slade. ¿está bien? 

—está bien. —asintió contra su pecho.

11

Durante cuatros días, Los Van dalen quedaron aislados, durante cuatro días las hermanas estuvieron en tregua, aunque jugaban juegos de mesa y con la consola, el no poder salir los estaba ahogando, Oskar y Anie trabajaban desde casa ¿pero Abbie? No podía matar el tiempo y Slade trabajaba en las tardes y en las noches, no tenía como pasar el tiempo, por suerte para el cuarto día los motorizados fueron apresado, admitieron que solo querían robar el auto de Kate, no quedó muchas dudas pues ya tenían historial de robo de autos, sin embargo, Oskar Van dalen indagaría un poco más, nadie se metía con sus niñas.

Para celebrar su libertad, Ana fue a la constructora, le tenía una sorpresa a Kate, después del tiroteo el auto de su amiga había sido incautado como evidencia y aún no había sido liberado, durante esos cuatro días Kate tuvo que ir a la oficina en uber, debido a eso, Anie decidió darle un regalo a su arquitecta, después de todo, por su culpa Kate no tenía auto. 

Cuando llegó a la constructora, subió directo a las oficinas de los arquitectos, y tocó la puerta de la pelirroja, ella levantó la vista de su tabla gráfica y sonrió al verla. 

— ¿al fin te liberaron? —preguntó quitándose los audífonos. 

—atraparon a los motorizados —dijo encogiéndose de hombros— vine por ti. — dijo acercándose a ella. 

La pelirroja se asombró al escucharla— ¿para qué?  

—te tengo una sorpresa —dijo sonriendo.

Sintiendo esas cosquillas en el estómago evitó la mirada de Anie. 

—oye, Anie ¿tiene que ser ahora? Tengo mucho trabajo que hacer —se excusó. 

—yo soy la jefa y te doy permiso, son las ventajas de ser amiga de la jefa —dijo dándole una media sonrisa, haciendo que el corazón de Kate saltara— además, quiero celebrar que soy libre al fin. 

—lo dices como si hubiese sido una tortura ¿Qué hiciste durante la pandemia? —preguntó curiosa. 

—Abbie y yo la pasamos la mayor parte del tiempo en Países Bajos drogadas o ebrias, no lo sé –dijo encogiéndose de hombros— es un recuerdo muy borroso. —Kate se echó a reír y negó con la cabeza— vamos Kitty Kat —le rogó tomándola del brazo. 

La pelirroja se rascó la cabeza incomoda, sabía que no podía decirle que no, al final ella iría con su jefa a donde se lo pidiera, interiormente eso le daba pesar. 

—está bien, vamos —dijo levantándose de la silla. 

Ana dio un saltito en su lugar al saberse ganadora. Kate recogió sus cosas y salieron de su oficina y bajaron hasta el estacionamiento, su jefa la condujo hasta un Aston Martin vanquish completamente nuevo, de color plateado con un moño rojo en el capo.

—¡taran! —dijo Ana poniéndose frente al auto con los brazos en alto. 

—¿Qué significa esto? —dijo Kate señalando el auto de tras de su jefa. 

—es tuyo. Ten —dijo lanzándole la llave.

La arquitecta la atajó sorprendida, no entendía lo que pasaba. 

— ¿Cómo que mío? —dijo dando un par de pasos hacia el auto— ¿tú me compraste un auto? ¿Por qué? 

—el tuyo esta incautado como evidencia del caso y para cuando lo liberen pasaran semanas, así que me adelanté y te compré un auto —dijo acariciando el capo— ¿te gusta? —dijo con una sonrisa, pero al ver la cara de su arquitecta supo que algo iba mal— ¿Qué sucede? ¿no te gusta? 

—Ana, esto es demasiado, te excediste con esto ¿un Aston Martin? ¿en serio? —dijo Kate visiblemente molesta— ¿Por qué diablos me compraste un auto? 

Debió costar una fortuna ese Aston Martin, Kate jamás había visto uno tan de cerca, era hermoso, pero era demasiado. 

Confundida, Ana dio un par de pasos hacia atrás— pues tu auto terminó como colador por mi culpa, quise compensártelo con uno nuevo, no pensé que te molestarías.

De hecho, en su imaginación, Kate se lo agradecía muy efusivamente, jamás había tenido un detalle similar con nadie, era la primera vez que lo hacía y al parecer había ofendido a su amiga. 

—ese es el punto, no pensantes —dijo mirando a Ana— ¿crees que no me puedo comprar mi propio auto? 

—sé que sí puedes, solo creí que después de lo que hiciste esto sería un lindo detalle. 

—no hice lo que hice para que me recompensaras, la gente va a creer… olvídalo —dijo pellizcándose el puente de la nariz.

—no, por favor, dime ¿Qué creerá la gente? —dijo con una mirada desafiante. 

Kate suspiró— creerán que soy tu amiga porque tienes más dinero que yo y por eso me diste un auto. 

—de acuerdo, tenemos un pequeño problema —dijo dando un par de pasos hacia ella— jamás me ha importado lo que la gente diga de mí. No me importa lo que diga la gente –dijo encogiéndose de hombros— yo sé que tú no eres mi amiga por esas razones —dijo apretándole el brazo –escucha, lamento si te molestó que lo hiciera y debí consultarte, pero quería darte una sorpresa. 

—supongo que exageré un poco —dijo mirando el auto, era hermoso, ella jamás podría permitirse un modelo tan costoso —¿Por qué los vidrios están tan oscuros? 

Ana levantó un dedo y le pidió la llave, desactivo la alarma y abrió la puerta— los vidrios son antibalas, al igual que las puertas— dijo mostrándole el grosor del vidrio. 

Kate metió la cabeza dentro del auto y el olor a nuevo inundó sus pulmones, los asientos tenían el plástico, eso le dio la pauta a Ana para convencer a la pelirroja que se quedará con el auto. 

—¿Por qué no lo pruebas? y si no te gusta, pues lo devuelves —le sugirió— ¿Qué dices? —dijo con una ceja alzada y le tendió la llave con una sonrisa. 

Kate se mordía el labio, veía duda y leyó que estaba a punto de ceder, puso los ojos en blanco y le quitó la llave a si jefa. 

—bien —dijo caminando hasta la puerta del piloto— pero si no me gusta lo devolveré —dijo apuntándola con el dedo pues Ana estaba sonriendo de oreja a oreja— hablo en serio, Anie. — amenazó.

—por supuesto —dijo su jefa encogiéndose de hombros. Quitó el moño del capo y entró en el auto nuevo —antes de celebrar necesito que me ayudes con algo. 

—mmm… ahora entiendo, me diste un auto nuevo para ser tu chofer y además protegido con vidrios antibalas. 

—oye, si vas a estar conmigo quiero que estés segura —dijo poniéndose el cinturón de segura. — conduce, sabrás lo que haremos cuando lleguemos. 

Solo les tomó unos diez minutos llegar a la casa de modas y al ver la vitrina, Kate vio que era una tienda de vestidos de novia. 

—eres una… —dijo para sus adentros. 

—¡perdón! Pero si te decía que veníamos aquí no me hubiese acompañado —dijo Ana rápidamente excusándose. 

Kate se pasó una mano por el cabello— sabes que no estoy de acuerdo con tu matrimonio ¿Por qué me haces esto? 

—porque no quiero que mi madre venga conmigo y porque confió en ti.

—¿Ana, te volviste loca? 

—por favor, no tengo a nadie más con quien hacer esto —dijo haciendo puchero— Kitty Kat, por favor —dijo poniendo sus manos juntas suplicando— y solo para que lo sepas, en mi vida he tenido que suplicar.

Kate apretó los dientes y golpeó el volante— no puedo creer que haga esto —dijo apagando el motor.

—¡te prometo que te llevaré al mejor restaurante de barbacoa!

Tenía que admitirlo, era demasiado débil ante Ana y debía hacer algo o sino, su amistad estaría en peligro.

Cuando entraron a la tienda ya las estaban esperando, las llevaron hasta una gran variedad de vestidos de novias y les sirvieron champaña mientras veían los vestidos, Anie eligió cuatro la primera vez, el primero que se probó era un vestido princesa con escote de pico y espalda baja y tejidos de tul, la espalda estaba bordada con una especie de enredaderas. Ana se subió a la tarima con los tres espejos mirándose. 

— ¿Qué dices? —le preguntó a la pelirroja mientras ella se veía en los espejos. 

—t…te ves muy bien. 

—mmm… no lo sé, el tul es demasiado pesado. —dijo agarrando la fala del vestido para bajar— me voy a cansar con esta cosa llevándola de un lado a otro. 

Se cambió por uno de silueta pegado a su cuerpo, con mangas y escote envolventes, pasó lo mismo que con el primero, le preguntó a Kate y ella intentaba no decir lo primero que pensaba y el problema es que a su jefa ¡todo le quedaba bien! sin embargo, logró atinar la molestia de Ana hacia las mangas. 

—creo que uno sin mangas ¿no crees? 

—sí, no me lucen las mangas.

Se cambió por un tercero que fue el que más le gustó a Anie, era un vestido princesa sin cola, con escote corazón, el tul de la falda estaba en capas y no lo sentía pesado, el escote de la espalda era redondeado y a media espalda.  Ana se veía hermosa en ese vestido y de un tragó, Kate se tomó el licor de su copa que había sido un error garrafal aceptar.

—te ves muy hermosa. —dijo en suspiro.

—lo sé, me encanta —dijo con una sonrisa— imagina mi cabello rizado y una tiara.

Lo peor es que Kate se la imaginó y por un momento vio lo afortunado que era Casper Mollins.

—este es el elegido —dijo con una sonrisa y se giró para ver a su amiga— me quedaré con este.  — dijo y se bajó de la tarima para entrar al vestidor y cambiarse— mierda —dijo cuándo el cierre se atascó — ¡mierda! Kate, necesito tu ayuda. 

—¿Qué sucede? —preguntó ante la puerta del probador.

—se atascó el cierre —dijo abriendo la puerta— ayúdame. 

Kate tomó aire, se rascó la frente y con dedos temblorosos se acercó al cierre, podía sentir el calor de la piel que emanaba de Ana, la pelirroja podía sentir el sudor frío en su frente, subió el cierre y quitó la tela que se había atorado y luego lo bajó, dejando al descubierto la espalda desnuda de su jefa.

—listo. —dijo con un hilo de voz 

—gracias —dijo Ana saliendo del vestido, solo entonces se dio cuenta de que su jefa no tenía nada debajo del vestido solo unas tangas negras— ¿tienes hambre? Iremos a un restaurante de barbacoa ¿Qué dices? —dijo vistiéndose como si nada.

—te espero afuera. —dijo rápidamente y salió con un suspiro de ahí — ¿Qué estás haciendo, Kate? —dijo recostada de la puerta. 

Cuando Ana salió vestida y lista para irse Kate se excusó con ella diciendo que debía volver a la oficina cuanto antes.

—te dije que yo te cubro, tranquila. —dijo Ana encogiéndose de hombros. 

—no quiero favoritismos, de verdad tengo que volver. 

—está bien, si no hay de otra, volvamos. Pediremos algo cuando lleguemos a la oficina.

—no tienes que volver conmigo, sé que Malcom te sigue a todas partes.

—no, está bien, podemos volver juntas. —dijo Ana andando hacia la salida  


Cuando llegó el fin de semana y Ana fue a buscar a Kate a su oficina y ésta no estaba, sentía que, desde la prueba del vestido de novia, la arquitecta la estaba evitando, cada vez que la buscaba para comer juntas o salir, la pelirroja se excusaba con el trabajo o que ya tenía planes, Ana le escribió invitándola a salir, pero su amiga se excusó una vez más, ya tenía planes y sería mejor que hablaran al día siguiente. 

Tragándose su orgullo fue hasta el yate donde se encontró con su hermana, Abbie se sorprendió mucho al verla ahí. 

— ¿Qué haces aquí? —le preguntó con los brazos cruzados.

Sabía que desde que salieron de la mansión su tío convenció a su hermana de que viviera en el yate, pues ahí podían vigilarla en todo momento.

—vine a verte. —dijo en tono aburrido. 

— ¿a mí? —preguntó con sarcasmo Abbie— ¿Qué puedo hacer por ti? 

—necesito tu ayuda. 

—sea lo que sea, no puedo, voy de salida a mi trabajo. 

Mirándola sorprendida, su hermana abrió los ojos— ¿A dónde? 

—al trabajo —dijo Abbie con una sonrisa de orgullo— así es, tengo trabajo.

— ¿tú trabajas? ¿haciendo qué? —preguntó sorprendida. 

—trabajo en el bar con Slade, resulta que tengo talento para servir tragos. 

Lo que al principio fue una especie de ayuda, se convirtió en un trabajo, no ganaba lo suficiente como para volver a su vida de hoteles, pero era algo, se estaba ganando el pan y podía cerrarle la boca de una vez por todas a su familia. 

—vaya, eso es… es bueno. 

—sí, como sea. —dijo Abbie molesta por la actitud de su hermana. 

—oye —la detuvo de brazo— en serio, no lo digo por burla o sarcasmo, es bueno para ti, solo que sería mejor si no fuese en un bar de tercera. 

—o me dices para que quieres mi ayuda, o te largas, hermanita. 

—bien —dijo alzando las manos— necesito —dijo y carraspeó pues le avergonzaba pedir ese favor— localizar un auto. 

Abbie puso las manos en jarra y miró a su hermana con el entrecejo fruncido. — ¿Qué? 

—no me hagas repetirlo por favor. —dijo su hermana roja de la vergüenza.

—¿Por qué quieres que haga eso? 

—está bien, pero prométeme que no me miraras como una loca. 

Abbie le dio exactamente esa mirada— ya es tarde, solo habla. 

—de acuerdo, Kate me está evitando, la invité a salir esta noche y me dijo que ya tiene planes, pero no ha pasado solo hoy sino toda la semana –dijo yendo de aquí para allá en la cubierta del yate –y quiero saber si realmente va a salir esta noche o si me está evitando, o quizás esta molesta porque le regalé un auto.

—espera, espera, espera, Ana ¿Qué? —la detuvo por los hombros Abbie— ¿le regalaste un auto? Jamás has hecho un regalo así, ni siquiera a mí. 

— ¡ay por favor! —dijo poniendo los ojos en blanco— tu no lo necesitas y su auto quedó como colador después del tiroteo.

—no te has preguntado que simplemente Kate tiene una vida propia. 

—si es así ¿Por qué no me lo dice y ya? 

—suenas como una loca, Anie, Kate no tiene que darte explicaciones de su vida.

—¿vas a ayudarme o no? —dijo empezando a perder la paciencia.

Abbie suspiró y miró su hermana— que diablos, hay que hacerlo. 

12

 Las hermanas estaban en el camarote principal, en la laptop de Abbie, comiendo pringles y coca colas mientras Kate seguía en su casa, cerca de las nueve de la noche, la arquitecta salió de su casa y la siguieron toda la ruta.

—¡se está moviendo! —anunció Abbie— después de todo si tenía planes ¿no te hace sentir mal? — le preguntó a su hermana con sarcasmo. 

—la verdad no. —dijo con la mirada clavada en la pantalla. 

— ¡ay por favor! –dijo Abbie burlándose— puedes engañar a cualquiera, pero no a mí.

¿Qué si se sentía mal? Por supuesto que sí, se había vuelto loca y ahora seguía a su única amiga ¿Qué diablos tenía en el cerebro? Kate tenía una vida y no precisamente tenía que ver con ella, sin embargo, la molestaba y no entendía por qué.   

— ¡Kate se detuvo! —anunció Abbie, buscó la dirección por internet y se asombró al ver de qué se trataba el lugar —es un bar gay.  

— ¿fue a un bar gay? —dijo Anie curiosa. 

Podía ser que su amiga tenía una cita o buscaba algo de acción, si era ese el motivo ¿Por qué no se lo dijo? 

—espera un momento ¿Kate es gay? —preguntó curiosa Abbie mirando a su hermana. 

—sí —dijo simplemente Anie. 

— ¿Cómo es que me enteré hasta ahora? –dijo indignada — ¿Cómo es que tú lo sabes? 

—me enteré hace poco, la gente en el club habla. —dijo poniendo los ojos en blanco.

Abbie asintió como si esa información estuviese bien— es bastante sexy ¿qué? –dijo mirando a su hermana que la miraba con reproche. —  que piense que es sexy no quiere decir nada. 

—¡ya sé que Kate es sexy! —dijo a la defensiva –créeme lo sé. 

— ¿entonces por qué te molesta tanto?

—¡no estoy molesta! —Anie tomó un respiro y tomó su celular de la cama –¿puedes enviarme esa dirección? 

—espera ¿vas a ir ahí? —preguntó su hermana. 

—sí. 

—ah no —dijo parándose de la cama de un salto— yo voy contigo, esto no me lo pierdo. —dijo buscando que ponerse en el closet. 

— ¿no tienes que trabajar? —le preguntó su hermana antes de salir de camarote. 

—le escribí a Slade que me sentía mal. Además, no me pienso perder esto ¡es un bar gay! jamás he estado en uno. —dijo emocionada.

Después de unos minutos las hermanas salieron en el Rolls Royces de Ana, con Malcom al volante, no tardaron en llegar y lo primero que vieron fue una larga fila en la entrada. 

— ¡ay mierda! —dijo para sus adentros Anie. 

— ¿no pensaste en eso? —dijo con sarcasmo cruzándose de brazos. 

La ventaja de que su hermana hubiese ido con ella era porque en la vida nocturna, Abbie se la sabia todas y pasar una fila era una de ellas. 

— ¿vas a ayudarme o no? —dijo elevando una ceja. 

—por supuesto que sí, pero necesitaré un viejo verde —dijo alzando su mano. 

Ana revisó su cartera y sacó un billete de cien dólares y se lo dio a su hermana. 

—gracias. —dijo con una sonrisa coqueta. 

Ambas hermanas salieron del auto y en seguida llamaron la atención, un auto de ese calibre y con guardaespaldas solo podía significar alguien importante. 

—actúa como si fueses la dueña, es el secreto. —dijo Abbie.

Con todo su encanto natural, Abbie sonrió al guardia de la puerta le puso el billete contra el pecho y guiñó su ojo, el hombre tomó el billete y asintió dejándolas pasar, y como siempre pasaba cuando estaban en un lugar atestado de personas, la multitud se abría en dos como si fuesen Moisés abriendo las aguas del mar rojo.

Caminaron hasta la barra y una mujer alta con uniforme de mesera se les acercó.

—¿Qué les pongo? 

Las hermanas se miraron y dijeron al mismo tiempo— Heineken, con limón. 

—y dos tragos de vodka, por favor. —dijo Abbie. 

No pretendían emborracharse estaban en una misión espía, pero beber un trago de vodka antes de iniciar la fiesta era tradición de las hermanas. 

—¿por los viejos tiempos? —preguntó Abbie. 

—por los buenos viejos tiempos. —brindó Anie.

Apuraron sus tragos y arrugaron las caras después de tomar. 

—¿y ahora qué? ¿Buscamos a Kate? ¿nos separamos o nos quedamos aquí? 

—¿estás loca? nos quedaremos aquí. —dijo Ana tomando un sorbo de su cerveza.

—¿entonces por qué diablos vinimos? —preguntó mirando a su hermana. 

—no lo sé —dijo a la defensiva— ¿era eso lo que querías escuchar? 

—es la primera vez que vienen aquí ¿no? —le preguntó la bartender— sus rostros no son familiares.

Las hermanas se miraron y luego asintieron. 

—Abbie —dijo esta y luego señaló a su hermana— Anie. Es la primera vez que venimos, estamos buscando a alguien, quizás puedas ayudarnos. 

— ¡Abbie! —la reprendió su hermana dándole un codazo.

—¿quieres ayuda o no? —le preguntó con una ceja alzada. 

La batalla de miradas que la bartender estaba siendo testigo, le daba curiosidad, no sabía de donde habían salido ese par, pero eran muy entretenidas. 

—estamos buscando a una pelirroja —dijo Anie mirando a la bartender aburrida. 

Ella sonrió y se inclinó en la barra— necesitas ser un poco más específica, cariño.

—no me digas cariño. Pelirroja pecosa, ojos avellana con motas amarillas, como de esta altura –dijo alzando su mano en el aire poniéndola al nivel de su cabeza— sonrisa cálida y de bonitos dientes, tiene una pulsera roja con un ojo turco en su mano derecha. 

—¡Ana, qué miedo! —dijo su hermana asombrada— por Dios, estas asustándome.

—¡ella me pidió que fuese especifica! —dijo señalando a la barteder—  su nombre es Kate McFayden. —dijo levantando una ceja. 

La bantender tenía una carcajada en la garganta, había conocido locas así en el pasado, pero esto era diferente, ellas dos eran diferentes. Sin embargo, las ayudó. 

—Kate McFayden, le gusta un Martini seco con dos aceitunas, un buen trasero –dijo para sí misma —hacía más de seis meses que no venía, creo que está en el segundo piso —dijo y señaló hacia las escaleras. 

—gracias —forzó una sonrisa, el comentario del trasero de Kate la molestó— ¿Cuánto te debemos? —dijo Anie. 

—¿ya nos vamos? —se quejó Abbie. 

—es obvio que Kate tiene una cita, Abbie, no puedo hacer esto. —dijo tomándose la cerveza de un trago y dejándola con un golpe en la barra. 

—fue exactamente lo que te dije en un principio y más te vale que pienses en algo. 

—¿de qué hablas? 

—ahí viene. 

—¿Qué? —dijo y todo su cuerpo se congeló— ¡tenemos que salir de aquí! —dijo y sacó un billete de cien y lo dejo en la barra— quédate con el cambio.

Tomó la muñeca de su hermana y la arrastró fuera de ahí, sin embargo, se chocó de frente con la pelirroja que estaba buscando. 

—¿Ana? ¿Qué haces aquí? —le preguntó mirándola con curiosidad.

—te estábamos siguiendo. —soltó Abbie. 

— ¡Abbie! —la reprendió su hermana. 

Kate miraba a una y luego a otra ¿Cómo que siguiéndola? 

— ¿tú me estabas siguiendo? —preguntó la arquitecta poniendo los brazos cruzados.

—dile la verdad, se supone que son amigas ¿no? —le aconsejó su hermana. 

—después de que me lanzaste de cabeza, claro —dijo con sarcasmo.

— ¿Anie? Estoy esperando —dijo Kate muy seria.

Ana sintió sudor frío recorrer su cuerpo, jamás había hecho algo así de irracional.

—está bien, sí, te estaba siguiendo. —admitió poniéndose roja de vergüenza, por suerte la poca iluminación la ayudaba.

— ¿Por qué? —preguntó curiosa. 

—porque sentía que me estabas evitando toda la semana y cuando me dijiste que hoy saldrías, pensé que lo habías inventado para que te dejara en paz. —dijo de carrerilla. 

Sabía que Ana era inteligente y que se daría cuenta tarde o temprano de lo que estaba sucediendo, pero jamás se imaginó ser seguida por ella. 

—hablemos en la terraza —le pidió— ¿estarás bien, Abbie?  

—adelante, chicas, aquí las espero. 

La arquitecta se llevó a su jefa a la segunda planta y dejaron a la menor de las hermanas Van dalen en la barra. 

— ¿Cómo cuanto ganas por hora? —le preguntó a la bartender. 


—de acuerdo, quieres explicarme que carajos te paso por la cabeza —dijo Kate al estar en la terraza. 

El lugar era ideal para la intimidad, no había música muy alta y las parejas estaban por doquier.

Incomoda con la mirada expectante por parte de la pelirroja, Ana miraba el suelo. 

—no sé por qué lo hice, solo quería saber si realmente no me estabas mintiendo. 

—¿me seguiste desde mi casa? 

—no, de hecho, te… seguí por el gps de tu auto nuevo. —dijo con vergüenza. 

— ¿Qué? —dijo asombrada —¿te das cuenta que eso sonó muy mal? 

— ¡ya sé que hice mal! —dijo levantado la voz y la cara por primera vez— y en mi defensa es la primera vez que lo hago, te lo juro. 

El arrepentimiento estaba en su cara y eso le ganó al enojo, una vez más era débil ante Anastasia Van dalen. 

—sí, te estaba evitando —dijo en un suspiro.

— ¿Por qué? —preguntó con los ojos abiertos. 

Kate sonrió con pesar— es complicado, Anie.

—¿se trata de este lugar? —quiso saber. 

La arquitecta asintió— quería salir sola, vine a este lugar porque… porque tenía necesidades que debían ser saciadas. —dijo mirando hacia otro lado. 

Ana se sorprendió por la revelación, Kate era un ser humano y tenía necesidades como cualquier otra persona.

—¿sabes, Kitty Kat? No me importa si eres gay —dijo y la pelirroja la miró— ¿Por qué no me lo dijiste? 

Kate se pasó un mano por el cabello y caminó hasta el barandal—  es mi vida privada, Anie, sé que somos amigas, pero desde hace un par de semanas, no puedo decirte todo sobre mi.  

—me siento muy mal en este momento por haberte seguido— dijo poniéndose a su lado— así que viniste aquí a buscar acción de una noche ¿eh? —sonrió— No pensé que fueses ese tipo de persona —dijo dándole un codazo amistoso.

Kate sonrió mirando la ciudad iluminada— pues no soy de ese tipo de persona que buscan placer por una noche, lo hice un par de veces y no me sentía bien al día siguiente. 

Ana había tenido amoríos de una noche desde siempre, no le gustaba atarse a nadie, pues para ella nadie llenaba las expectativas y no creía en el amor que venden las películas románticas, no después de cómo fue criada, sus relaciones podían durar máximo un par de semanas.

—¿Cómo te fue entonces? —se interesó Ana sintiendo frío en el estómago. 

Kate se encogió de hombros— pues iba bien, pero me pareció ver a mi jefa en la barra con su hermana, —dijo mirándola con una sonrisa— creí que estaba alucinando, me disculpé y bajé hasta la barra y resultó que sí era mi jefa con su hermana.

Ana escondió su rostro en sus manos— lo lamento en serio. 

Kate se echó a reír nasalmente y apretó la baranda entre sus manos con fuerza. 

—oye, para compensar todo esto voy a decirte un secreto que nadie sabe— dijo Ana y cerró los ojos—  no sé andar en bici. 

— ¿qué? —preguntó con cierta burla— ¿es en serio? 

—no, jamás pude aprender a andar en bici, le tengo miedo a las cucarachas, las voladoras sobretodo y después de que recibí la noticia de la muerte de mi padre, me encerré en mi baño y lloré por quince minutos. 

Ana había confesado cosas que nadie sabía, para estar de cierta forma a mano con la noticia de los gustos de Kate y eso la conmovió, metió las manos en sus bolsillos pues no quería cometer una imprudencia.

—aprecio mucho que me contaras tus secretos más íntimos. —dijo con una sonrisa. 

—si vamos hacer completamente honestas a partir de ahora tengo que decirte que yo ya sabía lo de tu orientación sexual. —dijo jugando con sus dedos. 

Kate le dio una mira suspicaz— ¿de qué hablas? 

Incomoda y avergonzada, Anie miró hacia otro lado— hace como un mes, más o menos —dijo recordando la conversación con Casper y Asher— supe por Casper que eres gay. 

—¿disculpa? 

—me contó lo de su prima Rose Gallagher.

—ya veo —suspiró mirando de nuevo a la ciudad— ¿Qué fue exactamente lo que te dijo Mollins de Rose? 

—son solo chismes —dijo para no darle importancia, pues se dio cuenta que le afectó. 

—vamos, Anie, dime que te dijo tu prometido. 

Había algo en la manera que pronunciaba su nombre en diminutivo que le agradaba, en primer lugar, odiaba que cualquiera le dijera Anie, pero le gustaba como lo decía Kate. Sin embargo, escuchó el odio al referirse a Casper.

—él dijo que —carraspeó —dijo que Rose canceló su matrimonio y huyó contigo. 

Kate bufó con burla— Rose Gallagher canceló su matrimonio porque sus padres descubrieron que su prometido no era más que un estafador, no se quien inventó esos rumores, pero a sus padres se les hizo más sencillo echarme la culpa supongo —dijo encogiéndose de hombros— Rose y yo nos conocimos en la universidad, fuimos a un taller de arquitectura medieval, ella estudiaba historia del arte y comenzamos a salir, luego ella se comprometió y pasó todo eso, nos volvimos a encontrar, salimos por un tiempo hasta que terminamos del todo hace como dos meses. 

Por la mente de Anie pasó el día que huyó de su madre en la empresa, Kate iba a una cita con alguien y su curiosidad le ganó, pero veía a su arquitecta tan triste por los recuerdos que se abstuvo de preguntar, en su lugar apretó su brazo, ella no era del tipo cariñoso, solo con su hermana y su tío, el resto del mundo podía irse a la mierda. 

—lamento que te sientas así. —dijo dándole unas palmadas en la espalda. 

—supongo que esas cosas me hacen más fuerte. 

—qué tal si para alegrarte te invito un trago. —dijo dándole un codazo para animarla.

—sí, creo que me debes uno. —dijo sonriendo achinando los ojos, justo la sonrisa que Ana quería ver. 

—además, creo que hay que bajar, lo más probables es que mi hermana haya montado una fiesta ya. 

Kate la miró ladeando el rostro con curiosidad— que tu hermana este contigo, quiere decir que está todo arreglado entre ustedes ¿no? –dijo caminando hasta las escaleras. 

—para nada, solo estamos en tregua, ella fue la que me ayudó a seguirte. —dijo rascándose la cabeza incomoda. 

Y como Ana predijo Abbie había formado su propia fiesta en la barra. 

Se echó a reír y negó con la cabeza— vamos. —dijo tomando el brazo de la pelirroja. 

13 

Las semanas siguieron su curso al igual que la vida de las hermanas, con cada día se alejaban más y más, mientras los preparativos de la boda de Ana iban avanzando, el menú estaba aprobado, los arreglos florales, hasta el licor y una botella de vino espumoso Ferrari para el brindis de los novios, la fecha estaba establecida y las invitaciones empezarían a enviarse en uno pocos días. Por otro lado, Abigail siguió trabajando en el bar con Slade, cuando le dieron su primer sueldo se sintió gratificante, claro que era una mínima parte de lo que le daban mensualmente de su fideicomiso aun así se sintió feliz, pues se lo había ganado con sudor y mucho esfuerzo, ya nadie podía decir que ella era una niña rica mimada, ahora tenía trabajo, se estaba tomando las cosas en serio por primera vez en mucho tiempo, pero se conocía demasiado, un día se hartaría de todo y se iría sin mirar atrás, por eso no creaba lazos más fuertes con Slade, salían y se divertían, pero nada más, no vea un compromiso entre ellos, a menos no de largo plazo. 

Esa tarde cuando estaba llegando a la puerta trasera del bar, escuchó unas voces alteradas hablando, una de ellas era Slade, la otra era masculina y no la conocía, al acercase se hizo visible y la conversación cesó y el ambiente se puso tenso, podía notar la incomodidad en Slade cuando se acercó a él para saludarlo con un beso. 

—hola, cariño —dijo cuándo la tuvo cerca. 

—¿sucede algo? —preguntó mirando a ambos. 

—Abbie, él es mi amigo Larry —dijo Slade rodeándole los hombros. 

Abbie le tendió la mano y Larry la estrechó, al igual que Slade, él tenía tatuajes en los brazos, pero no parecían artísticos, eran la clase de tatuajes que veías en un pandillero en la cárcel, sobre todo por la tela araña que tenía tatuada en el cuello, iba completamente rapado, una camisa negra sin mangas y una energía que hizo que Abbie se sintiera incomoda, no podía juzgar a la gente por su apariencia pues Slade era punk pero tenía buenos sentimientos, Abbie era bastante receptiva en eso. 

—tu eres la novia millonaria de mi amigo ¿no? —dijo Larry con una sonrisa lasciva. 

Abbie miró a Slade con una ceja alzada y ojos acusadores —si fuese millonaria no estaría trabajando aquí. —dijo respondió Abbie 

—Larry quería convencerme de invertir mis ahorros en un negocio que según él no tiene perdidas, le dije que no estoy interesado. —dijo Slade dándole un apretón en el hombro a Abbie.

—está bien —dijo Larry alzando las manos— la propuesta está en la mesa por si acaso. Avísame si cambias de opinión. Un gusto conocerte, Abbie.  

Cuando Larry se fue, Slade procedió a abrir la puerta trasera del bar, ambos entraron y Abigail fue directamente al panel de luces, en un par de horas se abriría, pero antes debían organizar todo.

 —¿Cómo es que tu amigo Larry supo quién era yo? —le preguntó Abbie recogiéndose el cabello rubio en un moño desarreglado.

—yo no le dije nada a Larry —dijo Slade revisando el inventario de las cavas— quizás lo escuchó ¿sabes? La gente tiene internet aquí, pudieron haberte reconocido ¿no crees? 

Podía molestarse con él, pero tenía razón, después del tiroteo donde estuvo su hermana, Abbie se volvió más precavida en lo que decía y como actuaba, a diferencia que el resto de su familia, ella no tenía un guardaespaldas, nunca le gustó tener uno y ahora empezaba a cambiar de opinión. 

— ¿Qué negocio te ofreció hacer? —le preguntó sentándose en uno de los taburetes de la barra frente a él. 

—dijo que era una oportunidad de inversión o algo así, pero le dije que no me interesa, no tengo el dinero que pide. —dijo apoyando las manos en la barra. 

—yo puedo ayudarte si quieres —se ofreció. 

Él negó con la cabeza muy serio— olvídalo, Abbie, me gustas demasiado como para pedirte dinero, eso no va a pasar, además, tengo dignidad. —dijo encogiéndose de hombros. 

—oye ¿Cuántas veces en tu vida tendrás una novia como yo? Puedo prestarte el dinero que te hace falta. 

— ¿y que pasara cuando terminemos? Entiende, no puedo aceptar.

—Slade, toma lo que te ofrezco, quizás sea una única oportunidad y no te preocupes por si llegamos a terminar, se dónde vives —sonrió en broma— puedo mandar a alguien a cobrarte el dinero —él se echó a reír y se rascó la cabeza— no lo pienses más, Slade —dijo Abbie tomándole la mano. 

Por unos largos segundo él lo pensó y terminó asintiendo con la cabeza— pero quiero que tomes en cuenta los riesgos de esto, es muy probable que pueda perderlo todo.

—estoy consciente de los riesgos —dijo encogiéndose de hombros. 

Su tío Oskar tenía una compañía de inversiones muy sólida y fructífera, y por un tiempo quiso saber lo que su tío hacía para vivir también, entendió sobre el trabajo en bolsa de valores, así que sabía que todo negocio tenía sus riesgos, fue la primera lección que su tío le enseñó.

—creo que tuve suerte de tropezarme contigo ese día —dijo Slade sonriendo— seria genial si todos mis problemas económicos acabaran si nos casáramos. —Abbie se echó a reír— cariño, solo piénsalo, vamos a las Vegas y listo. 

—sabes que no heredaré nada si me caso en la Vegas, tendríamos que estar casados mínimo dos años y al divorciarnos, no tendrías derecho a nada. 

—bueno, durante el tiempo que dure nuestro matrimonio, sé que no seremos aburridos —dijo apoyando los codos en la barra para acercar su cara a la de Abbie— sabes que eso no me interesa ¿verdad? —Ella asintió— ¿has hablado con tu hermana? —preguntó y ella negó— ¿no te importa que tenga a otra dama de honor? 

Los preparativos de la boda de su hermana eran de dominio popular, pues Clarisse, la madre de su hermana, se encargaba de que así fuera, sabía que una de las primas de Mollins sería su dama de honor, ¿Qué si le dolía? Por supuesto, pero ella jamás lo admitiría, el orgullo era algo que abundaba entre los Van dalen.

—honestamente no me interesa lo que haga Ana, es más, no estaré aquí ese día. 

— ¿ya hay una fecha? —preguntó Slade. 

—tiene que casarse antes de que se cumplan los seis meses de la muerte de mi papá, la boda no puede tardar. —dijo indiferente, sin embargo, se dio cuenta que el tiempo había pasado rápido y que su padre llevaba muerto cinco meses —supongo que se casara en un mes.

—sé que te haces la dura y dices que no te importa nada, pero cuando veo tus ojos sé que estas sufriendo por eso. —dijo poniendo su cara muy cerca del de ella. 

Abbie dio un paso hacia atrás y lo golpeó en la cabeza juguetonamente— ¡claro que me molesta todo! Pensé que conocía a mi hermana y resultó que no es así, aun no lo puedo creer. —dijo sintiendo el dolor y la traición de nuevo en su pecho, sacudió la cabeza y miró a Slade —aún nos queda tiempo antes de llenar las cavas. —dijo con una sonrisa pícara. 

Slade se subió a la barra y saltó al otro lado con la misma sonrisa, tomó a Abbie en volandas haciendo que gritara por la acción inesperada. 

—vayamos al almacén —dijo con una sonrisa maliciosa. 


Cerca de medio día, Casper Mollins interrumpió en la oficina de Ana, con la intención de invitarla a comer, como todo un galán que creía que todas las mujeres aceptarían sin pensarlo, se detuvo frente a su escritorio y esperó por la atención de su prometida como si fuese una portada de revista. 

— ¿Qué haces aquí, Casper? —dijo Ana sin mirarlo, pues su atención estaba en el monitor.

—te dije que venía para que comiéramos juntos —dijo acercándose al escritorio de Ana donde apoyó sus dos manos y se inclinó sobre ella —¿no estas escuchándome? 

Ana lo miró con una ceja alzada y movió la silla para estar alejada de él— ¿Por qué no llamas como la gente normal? Ya tengo planes. —dijo volviendo al trabajo. 

Casper conocía a Ana desde hacía muchos años, estuvieron saliendo por un tiempo, pero más que amor se puede decir que eran simples jóvenes con mucha energía que gastaban en el sexo, no eran exclusivos y los términos eren implícitos, sabía que Ana era una perra muy fría que solo sentía amor hacia su hermana y tío, podía jurar que cuando murió su padre ella no lloró por él, Ana no gastaba sentimientos en algo o alguien que no valiera la pena. No le molestaba si lo desplazaba, pero ahora todo era diferente, ahora se casarían y ella le debía respeto, o por lo menos es lo que Casper creía. 

Sintiendo algo de ira por el desplante de Ana, estiró la mano hacia el monitor y buscó los botones de la parte de abajo y lo apagó. 

— ¿Qué mierda crees que estás haciendo? —gritó Ana levantándose de un salto. 

—vas a poner atención te guste o no. 

Ella puso los ojos en blanco— no seas infantil, Casper, eres un idiota. Si quieres que salga contigo llama antes. —dijo encendido el monitor de nuevo.

— ¿y puedo saber con quién tienes planes?

—no. —dijo simplemente con esa mirada de hielo que tenía para todo el mundo.

—Ana, nos vamos a casar en menos de un mes ¿no crees que deberías empezar a decirme lo que haces y a dónde vas o con quien vas? 

Ana lo miró extrañada—  Casper, creo que has olvidado que solo será un matrimonio en papel, te voy a respetar si tú también lo haces, pero no esperes que me reporte ante ti y te diga todo lo que hago, no eres mi padre. 

—¿crees en serio que me voy a quedar pintado en la pared, mientras veo como se levantan rumores sobre mí? —dijo molestándose con Ana. 

—¿de qué estás hablando? —preguntó viéndolo como si se hubiese vuelto loco.

—¿crees que no sé qué sales casi todos días con esa lesbiana de mierda de McFayden? Cuando nos cacemos no dejaré que te acerques a ella. 

Ana tomó una respiración profunda y se levantó de la silla, rodeó el escritorio y se puso frente a Casper, de inmediato se arrepintió pues estaba descalza y era notable la diferencia de altura, sin embargo, levantó la nariz muy orgullosa.

—en tu maldita vida, Casper —dijo con los dientes apretados en tono amenazante— vuelvas a hablar de esa manera tan despectiva de Kate ¿entendiste? Lo que pase en mi vida es mi asunto, lárgate de mi oficina y no vuelvas a menos que llames con anterioridad. —dijo y se dio media vuelta. 

—no voy hacer tu perro faldero, Ana. –—dijo Casper tomándola de la muñeca. 

En ese mismo instante la puerta se abrió y Kate apareció en la entrada, vio el agarre de Casper en Ana y la mirada matadora y fulminante que su jefa le estaba dando a su prometido. 

—puedo venir en otro momento. —dijo mirando a su jefa. 

Ana se zafó del agarre de su prometido y le dio un empujón— claro que no, pasa. 

—¿no deberías tocar antes de entrar? Estaba teniendo una charla con mi futura esposa.

—de hecho, sí toqué, entre porque supuse que no me escuchaba. 

—olvídalo, Kate —dijo Ana haciendo un gesto con la mano para que le restara importancia— ¿Qué ocurre? 

—iré a ver unas obras por la tarde ¿quieres ir a comer ahora o… los planes cambiaron? —dijo mirando a Casper. 

—claro que no, Casper ya se iba ¿verdad? —dijo mirándolo con una ceja alzada. 

En su vida lo habían humillado tanto y se las haría pagar tarde o temprano pero antes…

—claro —sonrió educadamente— yo ya me iba, nos vemos, cariño.

Pero antes de irse tomó a Ana de la cabeza y la besó, cuando se alejó de ella y sonrió al ver lo sería que estaba su prometida, paso a un lado de Kate y su sonrisa no se borró.

—es un imbécil —dijo Ana limpiándose los labios con asco— me pondré mis zapatos y nos iremos.

Fueron hasta un restaurante cerca de la construcción a la que debía ir Kate, sin embargo, el ánimo entre ellas dos no era el usual, la pelirroja estaba retraída.

— ¿Kitty Kat, que te pasa? —preguntó Ana mirándola con la cabeza ladeada. 

—es cosa mía, Anie, no es nada. —dijo masajeándose el hombro izquierdo. 

—Kate, somos amigas, puedes contarme lo que sea —dijo y se reclinó en su silla— ¿o estas así por Casper? —su amiga bufó, en otras palabras, dio en el clavo— vamos, dime lo que piensas.

—no quieres oírlo. —dijo con una sonrisa de pesar. 

—eso no lo sabes. Adelante, te doy permiso de que me digas lo que quieras. 

Con una sonrisa nerviosa negó con la cabeza— es que no puedo creer que te vayas a casar con ese idiota que ni siquiera te respeta. No entiendo cómo vas a soportar dos años con ese tipo.

—lo creas o no, Casper y yo nos entendemos a otros niveles o eso pensaba. Hace tiempo nos divertíamos mucho y lo conozco desde que éramos niños, pero creo que yo maduré y él no. 

—tu eres la que se va a casar, tú sabrás. — dijo mirando a otro lado y encogiéndose de hombros.

Anie se echó a reír nasalmente— sí, supongo que sí. 

No le gustaba que Kate estuviera molesta con ella, su boda seria en menos de un mes y las invitaciones ya fueron enviadas, todo estaba casi listo, su vestido solo necesitaba los últimos arreglos que serían agregados una semana antes de la boda, pero quedaba un detalle, nadie importante para ella estaría ahí, no le gustaba la idea de que la pelirroja no fuera, sería lindo ver una cara amigable entre los invitados. 

—oye ¿iras a mi boda? —le preguntó.

Ella se encogió de hombros— aun no lo he decidido.

—pues más te vale que lo hagas —dijo en tono amenazante— hay algo que quiero decirte, creo que es importante que lo sepas. —dijo rascándose el cuello. 

— ¿sobre qué? —preguntó notando lo incomoda que estaba su amiga. 

—mi dama de honor, será Rose Gallagher. —dijo y se mordió la uña del pulgar.

—interesante elección. —dijo Kate sin mostrar ni un solo malestar en su cara. 

— ¿no dirás nada más? —le preguntó asombrada. 

Kate se echó a reír— Anie, es tu boda, tu dama de honor puede ser quien tú quieras. 

—a mí me hubiese gustado que fueses tú. 

—a ti te hubiese gustado que fuese tu hermana. 

No lo negaría, pero tampoco lo afirmaría, la situación entre ella y su hermana estaba más que irreconciliable y después del matrimonio y que ella herede todo, ella no tendría una hermana nunca más, la extrañaba más que nunca y creía que se debía al hecho de que ella estaba en la ciudad, estaba cerca, a quince minutos de distancia, las cosas serían muchísimo más fáciles si Abbie no estuviese cerca, si estuviese lejos, no le dolería tanto. 

—tú eres mi mejor amiga, deberías ser mi dama de honor. —dijo simplemente.

—soy tu única amiga, Anie, además, en el fondo sé que te hubiese gustado que fuese tu hermana. ¿has hablado con ella? —quiso saber Kate. 

Su jefa negó con la cabeza— no hemos vuelto a hablar desde que me ayudó a seguirte. —dijo y su cara se tornó roja de la vergüenza al recordarlo.

—sé que iras hasta el final, pero… ¿aun éstas segura de esto? —dijo refiriéndose a su boda al tiempo que se masajeaba de nuevo el hombro. 

Ana tomó su celular y evitó responder tanto como pudo, de un tiempo para acá, algo había cambiado en ella, pero no sabía a ciencia cierta que era, sin embargo, había noches en las que no podía dormir, se preguntaba si llegaría hasta el final y se casaría con Casper. 

—claro que lo estoy —dijo mientras revisaba algo en su celular, pidió la cuenta y salieron del restaurante con Malcom cerca de ellas— iremos a una farmacia primero— le dijo a su guardaespaldas— te pasé la dirección.

— ¿Por qué vamos a una farmacia? —preguntó Kate una vez que entró a su auto.

Se habían ido en auto de la pelirroja y Malcom las seguía en el suyo, la idea al principio era ir juntas al restaurante y una vez terminada la comida, la pelirroja se iría a su construcción y su jefa volvería a la oficina.

—necesitas dencorub para tu hombro —dijo al tiempo que se abrochaba el cinturón— estuviste masajeándote el hombro durante toda la comida, te dije que no debías jugar tanto durante el fin de semana.

Kate sonrió antes de encender el motor— está bien, mamá, vamos.

Llegaron a la farmacia y Ana se bajó, le tomó un par de minutos comprar la crema y dársela en sus manos a su amiga. 

—úsala y si llego a ver que me ocultas tu dolor de hombro —dijo posando su mano en el hombro izquierdo y lo apretó, la arquitecta gimió de dolor— te llevaré a rastras al médico ¿quedo claro? 

Kate con los ojos llenos de lágrimas asintió. 

—bien —dijo Ana sonriendo, se dio media vuelta y caminó hacia su auto. 

—eres una mafiosa ¿lo sabias? —le dijo Kate antes de que su jefa entrara a su auto. 

La rubia sonrió y se encogió de hombros— ámame u ódiame.

Cuando Ana entró al Rolls Royces se quedó pensativa, ella tenía su famoso carácter Van dalen frío y calculador.

—temo por esa mirada, señorita Van dalen. —dijo Malcom de repente. 

Anie sonrió con malicia— tienes razón. Encuentra a Casper Mollins y llévalo al pent house del centro. 

—¿si no va por las buenas? 

Ana tomó una respiración profunda— sino coopera tráelo a la fuerza, entonces. Mollins me debe una, tiene que aprender que conmigo no se juega. 

No le tomó mucho tiempo a Malcom llevar al prometido de su jefa al pent house de uno de los edificios propiedad de los Van dalen, ahí los esperaba Ana. 

—¡no tienes idea de con quien está metiendo! dijo Casper a gritos cuando lo llevaron al pent house —te vas a arrepentir de esto. —dijo cuando entro al lugar. 

—¿te quieres callar? —dijo Ana monótona— no van hacerte nada. 

—¿Qué significa esto? Te volviste loca ¿o qué? —dijo caminado hacia ella, pero una mano pesada en su hombro lo detuvo. 

—siéntate. —dijo Ana señalándole el sillón frente a ella.

De un tirón se zafó del agarre del guardaespaldas y con una expresión de furia se sentó frente a su prometida. 

—si no tuvieras a tu guardaespaldas, no harías esto, eres una niña mimada. 

—tienes razón en algo, sin el dinero y sin mis guardaespaldas, no podría ponerte en tu sitio, pienso que, si no los tuviese, hace mucho tiempo te habrías aprovechado de mí. 

Por primera vez Casper vio a su prometida de otra manera, ella había cambiado, había madurado, ya no era la chica que lo buscaba para divertirse y pasar el rato. 

—¿Qué quieres? ¿no nos vamos a casar? —quiso saber.

—ya pagué tus putas deudas de juego, Casper, y tenemos un trato, yo cumplo mis promesas, pero si vuelves hacer lo que hiciste esta tarde de nuevo, no me va a temblar el pulso.

Él sonrió nervioso— ¿te harás viuda antes de tiempo?

Ella se encogió de hombros— puedo hacerlo ver un accidente, y como eres el hijo inútil de tu familia, creo que ni a tus padres les importaría un comino lo que te pase. 

Un sudor frío corrió por la espalda de Casper.

— ¿ahora eres una especie de mafiosa? —preguntó con burla para esconder el miedo que sentía 

—ese no es asunto tuyo, Casper —dijo en tono frío y mirada aburrida — ¿vas a comportarte a partir de ahora? 

Él tragó con fuerza y asintió— sí, no tendrás ninguna queja por mi parte.

—bien —dijo y se levantó del sillón— nos veremos el sábado en el brunch que quieren dar tus padres por nuestra boda y más te vale que mantengas tu promesa. 

Entró al ascensor y dejó a Casper solo en la sala de ese enorme y solo lugar, en ese momento sintió su rabia volver, no podía dejarse mangonear por una mujer y mucho menos por Anastasia Van dalen, no importa cuánto le deba, esto se lo haría pagar. 

14

—¿Por qué estoy haciendo esto? —se preguntó Kate dentro de su auto antes de salir apoyando la cabeza en el respaldo. 

Recordó como hace unos días su jefa apareció con paquete de oreos de chocolate y las puso en su escritorio. 

— ¿esto qué es? —preguntó con una sonrisa.

—mis… —dijo alargando la consonante y poniendo los ojos en blanco— suegros darán un brunch el sábado en el club. 

—¿Qué es exactamente lo que quieres? —dijo mirando el paquete de galletas sospechosamente.

— ¿podrías ir? —preguntó en tono de súplica.

—olvídalo. —dijo rápidamente.

—Kate, por favor —dijo poniendo sus manos en suplica— solo quiero una cara conocida ahí, por fa. —dijo haciendo morritos.

—¿no crees que está pidiéndome demasiado? Aún no he decidido si voy a tu boda, Anie.

—oye —dijo poniéndose seria de repente— tengo puesto unos pantalones de vestir que cuestan trescientos cincuenta dólares y estoy dispuesta a arrodillarme. —dijo cruzándose de brazos 

El simple hecho de mencionar el precio de los pantalones que vestía le decía a Kate que su jefa iba en serio con eso de suplicar de rodillas. La pelirroja sonrió y alzo una ceja. 

—no te atreverías. —la retó. 

— ¿eso crees? —respondió con esa actitud de superioridad que la definía— bien —asintió, tomó la silla para las visitas en el escritorio de Kate y le dio la vuelta dejando el espaldar frente a Kate y en el asiento se arrodillo —¿ves? 

Kate se echó a reír— ¡eso es trampa! 

—¿tu creíste que me arrodillaría el en suelo? —preguntó como si Kate estuviese loca — ¿estás demente? Es un pantalón de trecientos cincuenta dólares. Además, jamás te dije que me arrodillaría en el suelo. —sonrió.

Kate asintió de buen humor y aceptó su derrota, le asombraba el ingenio de Ana, y después de hacerla reír podría decirle que sí sin dudarlo, de hecho, si su jefa se lo pidiera ella le diría que sí a cualquier cosa.

—Anie —suspiró odiándose a sí misma— iré. 

Su jefa saltó de alegría y la abrazó— ¡sí! Sabía que no me ibas a fallar. 

—pero solo iré por un rato luego me iré. —le aseguró rompiendo el abrazo y volviendo a su silla.

—está bien, no te preocupes, intentaré zafarme temprano y nos iremos a algún restaurante de barbacoa que tanto te gustan. —le prometió con una sonrisa.

Con un sacudón de cabeza, Kate volvió al presente, suspiró y sacó de su cartera el frasco de baccarat de viaje, se puso algo de perfume, se miró en el retrovisor una vez más, guardo el frasco y bajó del auto, le dio las llaves al valet. Se sentía nerviosa y molesta consigo misma, no tenía la fuerza suficiente para decirle a Ana que se fuera a la mierda con sus fiestas y su boda, pero los sentimientos que guardaba en lo más profundo de su corazón la hacían flaquear.

Con paso seguro entro al salón de eventos del club de campo, hermosamente adornado, la gente iba de un lugar a otro con comida y bebidas en las manos, las mesas y sillas vestidas de manera elegante, la terraza estaba cerrada, sin embargo, habían invitados afuera disfrutando de un cigarrillo.

—pero vaya, vaya —se escuchó cerca de ella alguien silbó y un hombre se puso frente a ella con una sonría, su cara le era familiar pero no lo reconoció— Katherine McFayden —dijo mirándola de arriba abajo con una sonrisa— estas hermosa. 

Sintiéndose avergonzada sonrió por educación— gracias. Disculpa, pero no…

—¿no me recuerdas? —la interrumpió— soy Asher, el mejor amigo de Casper. —dijo con una sonrisa galante. 

De pronto la imagen del hombre frente a ella llegó de aquella vez que ella le mandó el pelotazo en el estómago a Casper.

—ya te recuerdo. —dijo con una sonrisa educada 

Asher le ofreció una mimosa y ella la aceptó.

—hace mucho que no te veía por el club. —dijo Asher acercándose a ella incomodándola. 

—he tenido mucho trabajo últimamente. —dijo tomando un sorbo de su copa.

La verdadera razón era que su hombro la ha estado molestando más de la cuenta y Ana le había, de alguna manera, prohibido volver a jugar padel hasta que su hombro estuviese totalmente curado.

—¡no me digas! Hablaré con Ana para que no te haga trabajar tanto. —dijo con una sonrisa coqueta. 

—¡Asher! —lo llamó Casper. 

El rubio se les acercó y palmeó a su amigo en el hombro le susurró algo al oído y se disculpó con Kate. 

—lo siento, querida —dijo tomándole la mano— el deber llama —dijo besando sus nudillos— te buscaré después. —dijo y le guiño el ojo. 

Sintiéndose muy incómoda Kate llevó su mano al pantalón y se limpió los nudillos.

—Kate McFayden —dijo Casper mirándola de arriba abajo con una ceja alzada— es una lástima — dijo para sí mismo, la pelirroja pudo notar el deseo en sus ojos— ¿Qué haces aquí? 

—hola, Casper —dijo tomando otro sorbo— Ana me invitó. 

—ustedes últimamente han salido muy a menudo. 

—somos amigas. —dijo encogiéndose de hombros. 

Él sonrió con ironía— no me digas —dijo y dio un paso amenazadoramente hacia ella— no quiero que te acerques a mi futura esposa, no dejaré que la desvíes con tu estilo de vida, así que lárgate de mí fiesta. 

—¿no crees que estas exagerando un poco, Casper? —dijo haciéndose la valiente. 

Casper era un idiota, pero mucho más fuerte que ella y a diferencia de Ana ella no tenía un guardaespaldas atentó a lo que le puede pasar, así que fingió no estar intimidada por él. 

—también creo que estas exagerando, Casper. —dijo Ana poniéndose al lado de él. 

Casper saltó y se sujetó el muslo— ¿Qué crees que estás haciendo? —dijo con el rostro fruncido. 

—ella es mi invitada, Casper, así que vas a tratarla con el mismo respeto que a los demás.

Enojado, se dio media vuelta y las dejo a solas. 

—¿Qué le hiciste? —le preguntó a su jefa. 

Ella alzó las manos y mostro sus uñas— uñas largas —dijo con una sonrisa traviesa y un encogimiento de hombros— le clavé las uñas —dijo guiñándole el ojo, su amiga la miró de arriba abajo y sonrió — te ves hermosa.

Kate no pudo evitar sonrojarse, pero se dio cuenta de algo en el aliento de Ana— ¿estas ebrias? 

—sí, no podría resistir esta fiesta sin una sola gota de alcohol —dijo y la tomó de la mano— vamos por algo de comer antes de que te dé tiempo de mírame mal. —dijo arrastrándola al bufe.

Ana tomó un plató y le preguntó a su amiga lo que quería que le pusieran, su jefa le dio algunas sugerencias que la arquitecta aceptó de buena gana y una vez con el plato lleno, Ana llevó a Kate a la terraza, había muy poca gente así que era perfecta. 

Kate tenía muchas cosas en la mente y quería decírselas a su jefa, pero no quería empezar una pelea. 

—sé lo que estás pensando. —dijo comiendo del plato de Kate. 

— ¿ah sí? —dijo Kate tomando algo del plato. 

—piensas en que estoy ebria en mi propia fiesta de compromiso, y lo cierto es, Kitty Kat, que no puedo soportar esta fiesta y la hipocresía de la gente, sobre todo a mi madre. Es por eso que no quieres ir a mi boda ¿cierto? 

—creo que es un error —dijo suspirando— pero no soy yo quien se va a casa así que prefiero no ir y no enojarme contigo. 

Ana sonrió y asintió— eres linda, Kate —dijo y su amiga se quedó paralizada— no vas mi boda para no enojarte conmigo, eso es… es tierno de tu parte.  

Kate desvió la mirada y se contuvo para no suspirar, cambió de tema y por un rato hablaron de los invitados, haciendo chistes de quien pasara cerca o chismeando, terminaron de comer y Ana le quitó dos mimosas a un mesero que pasaba con la bandeja llena, chocaron sus copas antes de beber el primer sorbo, todo era más que placentero cuando Clarisse, la madre de Ana se llevó a su hija arrastras para que saludara a algún invitado, su amiga se fue poniendo los ojos en blanco pero le aseguró que volvería pronto.

La arquitecta decidió quedarse afuera, disfrutando de la brisa y del buen ambiente, el cambio de estación estaba muy cerca y se podía sentir el viento frío del lago Michigan. Por el rabillo del ojo pudo percibir que alguien se le acercaba, suspiró para prepararse internamente para ser cortes con quien sea, hasta que la persona habló y un escalofrió le recorrió la piel.

 —de todas las personas en el mundo —dijo Rose Gallagher— no pensé que te vería aquí.

Rose estaba tan hermosa como la última vez que la vio hace más o menos seis meses en aquel restaurante, el color verde en sus ojos era felino, su tez blanca resaltaba todavía más con el vestido negro coctel que llevaba y su cabello marrón caoba lo llevaba atado en una trenza de pez.

— ¿Cómo estas, Rose?

—no también como lo estas tú —dijo mirándola de arriba abajo— estas hermosa. 

—gracias, igual tú. Vine porque me invitó Ana, somos amigas. —dijo encogiéndose de hombros. 

— ¡cierto! —dijo golpeándose en la frente— trabajas para Van dalen. ¿Cómo te va trabajando para ella? —se interesó apoyando los brazos en la barandilla de la azotea. 

—bastante bien. —dijo y la atmosfera se puso incomoda. La pelirroja buscó alguna salida así que se le ocurrió preguntar por su vida.

—he estado trabajando en el MET, ya sabes, lo mismo de siempre, todo ha sido aburrido desde que me dejaste. 

Kate la vio con una ceja alzada— ¿te dejé? Fue un acuerdo mutuo —le recordó y Rose sonrió traviesa —nuestra relación no iba a ninguna parte. —dijo mirando hacia el salón. 

—tienes razón —dijo empujándola con el hombro juguetona— creía eso hasta ahora —dijo y Kate la miró con el ceño fruncido— no me veas así —dijo sonriendo— cuando te vi con Van dalen lo supe. 

— ¿de qué estás hablando? — preguntó cruzándose de brazos y apoyándose en el barandal. 

—en dos años de relación jamás me miraste de la forma en la que ves a Anastasia Van dalen —dijo tristemente mirando el horizonte.

—creo que has bebido demasiado —dijo Kate soltando un bufido nervioso— Ana y yo solo somos amigas. 

—hace un par de meses que soy su dama de honor y he tratado de acercarme de muchas maneras a ella, siempre es tan fría y altiva, cuando la vi contigo era otra persona —dijo y giró el rostro y vio el perfil de la pelirroja— sientes algo por ella, eso es obvio, pero Ana esta por casarse, no quisiera verte lastimada, Kate. 

—dices eso porque no tienes idea de cómo empezó nuestra amistad, ella odia a mi padre y por consiguiente a mí, creyó que solo estaba en su constructora por nepotismo, con el pasar de las semanas se dio cuenta de mi talento, solo eso. —dijo mirando a Rose a los ojos. 

—puede ser que haya sido así, y puedes mentirle a todo el mundo sobre tus sentimientos, pero no a mí. Te conozco mejor que cualquiera.

—solías hacerlo, ya no, Rose. 

Ella se echó a reír y negó con la cabeza.

—como siempre una obstinada —dijo y una sonrisa divertida apareció— ¿sabes? Cuando te sientas sola, llámame, quizás nos divirtamos un rato.

Un escalofrió le recorrió el cuerpo, mentalmente se sacudió, hacia unas semanas cuando fue al bar de ambiente, por un segundo pensó en la posibilidad de llamar a su ex pero los planes cambiaron cuando su amiga y jefa la siguió hasta el bar.

—gracias, pero no soy esa clase de persona. 

—cuando estábamos juntas era una ventaja, ahora lo veo como un problema. La oferta está en la mensa por si cambias de opinión. 

Kate se echó a reír nasalmente, le iba a contestar que no era necesario cuando vio a Ana tambaleante salir de la parte de atrás del salón, con el ceño fruncido dejó a Rose en la terraza y caminó rápidamente hasta su amiga.

— ¿Anie? —la llamó justo antes llegar a ella. Casper salió unos minutos y se veía molesto, Kate se dio cuenta de que estaba cojeando. — ¿estás bien? —le preguntó cuándo la tuvo cerca. 

Ana era un desastre, estaba ebria, más de lo que la había visto alguna vez, tomó a su amiga del brazo y la sostuvo, fue entonces cuando vio las marcas en el cuello de la rubia.

— ¿Qué te paso? —le preguntó la respuesta de su jefa fue mirar a su prometido con odio.

—creo que llegué a mi limite —dijo pasándole un brazo por los hombros a Kate, buscó algo en el bolsillo de su vestido, era un control pequeño y lo presionó, en unos escasos segundos apareció Malcom— es todo por hoy, Malcom, llévanos a casa.

El moreno acuerpado asintió y le pido a Kate que lo siguiera por la parte de atrás del salón donde nadie podía vernos.

—te ayudo con ella —dijo Rose apareciendo al lado de Ana, tomó su brazo y se lo pasó por sus hombros. 

Entre ellas dos la sacaron hasta el estacionamiento, Malcom cuidándolas como un halcón.

—Malcom, voy por mi auto le dijo Kate— sostenla —le pidió a Rose.

Rose sostenía a Ana con seguridad, mantener a una mujer ebria de pie y en tacones no era tarea fácil, sin embargo, la rubia se irguió y se le quedó mirando, por un momento, Rose juró jamás haber visto un azul tan intenso en una mirada, el entrecejo de Ana se frunció.

— ¿Qué heces aquí? —dijo ebria. 

—soy tu dama de honor, se supone que debo cuidarte. —respondió encogiéndose de hombros. 

—vuelve al salón, no necesito tu ayuda, para eso tengo a Malcom —dijo buscándolo con la mirada — ¡Malcom! —gritó al no poder encontrarlo. 

—estoy justo aquí, Ana. —dijo con voz neutra y tomó a su protegida del agarre de Roses. 

El Aston Martin de Kate se detuvo con un frenazo justo frente a ellos y de un movimiento audaz, Malcom la metió en la parte trasera del auto, Rose se sentó en el asiento del copiloto.

  —gracias por ayudarnos. —dijo Kate a Rose. 

—no hay de qué. Aun te echas perfume dentro del auto. —dijo respirando el olor del baccarat— ¿es nuevo? —dijo haciendo un circulo con el dedo en el aire refiriéndose al auto. 

Una Ana muy ebria se metió entre los asientos, le dio la espalda a Kate y miró a Rose como si fuese una intrusa.

—¿tienes algún problema con eso? —le preguntó ruda. — este es su auto y puede hacer lo que ella quiera y sí, es nuevo yo se lo regalé.

Kate la empujó como pudo con el brazo hacia atrás. 

—usualmente no es ruda cuando esta ebria. —dijo Kate a modo de disculpa. 

—¿y qué hago aquí atrás? ¿Por qué ella esta adelante? —se quejó Ana.

—Rose nos está ayudando y podrías…—suspiró Kate—  no se ni porque estoy hablando contigo. — dijo negando con la cabeza. 

Era imposible razonar con un borracho por eso la pelirroja lo dejo estar.

Con buen humor Rose sonrió— solo déjala, dicen que los niños y los borrachos dicen la verdad.

Nos les tomó mucho llegar al edificio donde vivía Ana, Kate entró al estacionamiento, Malcom las estuvo siguiendo muy de cerca con el Rolls Royces y la razón por la cual dejó ir a Ana en el auto de la arquitecta fue que era tan seguro como el Rolls Royces.

El guardaespaldas la sacó cargada pero su jefa llamaba a Kate desde los brazos de Malcom.

—¡Kitty Kat! ¡No me dejes sola! —gritaba Ana. 

—estoy justo detrás de ti. —le respondió Kate aguantando la risa. 

Anastasia Van dalen era como James McAvoy en fragmentado, podía ser frágil y vulnerable, agresiva y ruda o totalmente infantil. 

Subieron al piso de Ana, Kate abrió la puerta, Malcom la llevó a su habitación y la dejó acostada en la cama, la dejó sola pero no paraba de gritar por Kate. 

— ¿Por qué tiene que ser así? —se lamentó la pelirroja. 

—llámame loca, pero creo que ella siente algo por ti. —dijo Rose.

Solo hasta entonces la pelirroja notó que su ex estaba en casa de su amiga, la miró sorprendida pues pensó que se había quedado en el estacionamiento.

—solo somos amigas, Rose, nada más. —dijo encogiéndose de hombros— vamos, te dejaré donde quieras. 

—yo lo haré, Señorita McFayden —dijo Malcom— usted quédese con la señorita Van dalen. —dijo el hombre señalándole con la cabeza la dirección de la habitación con un amago de sonrisa.

—claro, yo la cuido —asintió confundida— nos vemos, Rose.

—fue un placer volverte a ver y lo que te dije antes, mi propuesta —le recordó la conversación que tuvieron en el club— está en la mesa, llámame cuando quieras. —dijo y guiñó un ojo antes de salir del apartamento. 

Sacudiéndose mentalmente caminó rápido al cuarto de Ana y su amiga se estaba quitando el vestido, o más bien intentando quitárselo.

—déjame ayudarte. —dijo Kate y se acercó a ella. 

—¿Por qué estabas hablando con Rose Gallagher en mi fiesta? —le preguntó molesta.

—¿de qué estás hablando? ¡quédate quieta un momento! —dijo dándole un tiró en el vestido. 

Kate logró desabrochar el vestido y Ana de una patada lo lanzó en algún lugar del cuarto, solo entonces, la pellirroja se dio cuenta de que su jefa solo llevaba una tanga, miró al techo en cuanto Ana se volvió para enfrentarla. 

—¡no puedes hablar con ella, eras mi invitada! ¡eres MI amiga! —dijo apuntándose el pecho con el dedo— ¿Por qué estabas hablando con ella? Es más —dijo acostándose en la cama boca abajo— no tienes permitido hablar con ella. — dijo al tiempo que agarraba una de sus almohadas. 

Kate aguantó la risa y negó con al tiempo que negaba con la cabeza— no pienso pelear con una borracha. 

La pelirroja buscó una manta para tapar a su amiga y al hacerlo, Anie suspiró. 

— ¿te quedas conmigo? —le pidió entreabriendo los ojos. 

—me quedaré hasta que te duermas. —dijo sentándose a un lado de la cama. 

—quédate conmigo todo el día. —le pidió contra la almohada. 

—¿y esperar a que revivas? Olvídalo, tengo cosas que hacer. —dijo bromeando, en el interior sabía que se podría quedar junta a la rubia hasta que ella se lo pidiera.

—eres la peor de las amigas. —dijo Ana moviendo su cabello a un lado. 

Fue cuando Kate vio las marcas en el cuello de su jefa. 

—¿Ana, que te pasó en el cuello? —dijo tocando asustada las marcas. 

La rubia se echó a reír— tuve una discusión con Casper. —dijo y se encogió de hombros.

Kate recordó haber visto a Casper Mollins cojeando.

—hubieses visto cuando lo pateé en la rodilla. —dijo burlona.  

¿Qué clase de discusión llegaba hasta tal extremo? ¿Cómo es que una discusión dejaba marcas en el cuello de Ana y una rodilla hinchada a Casper? 

Kate confirmo en ese mismo momento que el matrimonio de Ana era un completo error. Su amiga no podía estar tan ciega como para no verlo. Pero sabía que eso no movía a Anastasia Van dalen, era el orgullo, jamás admitiría que estaba cometiendo un error y mucho menos admitiría que escogió al sujeto equivocado. La arquitecta negó con la cabeza pues había tomado una decisión, no podía estar cerca de Ana, ella saldría lastimada y no importaba cuantas veces cacheteara a su jefa, ella jamás daría su brazo a torcer, Kate debía dar un paso al costado.


—está bien. —suspiró Oskar contra el celular— gracias por la información. —cortó la llamada.

Cerró los ojos y suspiró una vez más, las cosas se estaban saliendo de control y sentía que tenía la culpa de todo, al haber tomado la decisión de no intervenir. 

—¿malas noticias? —preguntó una voz femenina. 

Al abrir los ojos, Oskar le sonrió a Vanessa, quien antes de sentarse le dio beso en la frente. 

Ambos habían empezado a salir hacia dos años, no le querían decir a nadie pues Oskar tenía malas experiencias, así que prefería dejar las cosas ocultas por un tiempo, aunque no tenía mucho sentido esconder su relación, su hermano estaba muerto, nadie podría quitarle a Vanessa.

—mis niñas están fuera de control; creo que Abbie está a punto de meterse en problemas y Anie va a cometer el error más grande su vida al casarse con un imbécil que ni siquiera la respeta. No debí quedarme al margen de sus vidas. —dijo moviendo el anillo de su meñique con su pulgar.

—cariño —dijo Vanessa hablando con dulzura —, tienen casi veintinueve años, ya no son unas niñas, tienes que dejarlas crecer de una vez, te guste o no. 

—pueden crecer y aun así seguirán siendo mis niñas, yo siempre voy a cuidarlas.

—y me parece muy dulce que siempre has estado para ellas, pero creo que ya debes dejarlas ir. 

Oskar sabía que tenía razón, pero en su cabeza la idea de que sus niñas ya no lo necesitaran era inconcebible y desde que murió su hermano se sentía culpable pues Alex jamás llegó a tener esa relación con sus hijas, después de unirlas cuando solo tenían cuatro años, decidió enviarlas al mejor colegio privado del estado y para cuando cumplieron doce fueron enviadas a Países Bajos donde fueron educadas en el internado, su hermano las llenó de cosas materiales porque así fue criado él, pero Oskar era el tío divertido y pronto se ganó el afecto de las hermanas, siendo la figura paterna que les daba el amor y el cariño que su padre no tuvo la capacidad de darles, y para él sus niñas eran su vida. 

— ¿sabes? Cuando Alex vivía jamás me sentí culpable por haberlo eclipsado con las niñas, pero ahora… 

— ¿te sientes culpable? — le preguntó Vanessa tomándole la mano que tenía en la mesa.

—sí —dijo apretando el agarre— y ahora que lo pienso creo que quizás lo hice para vengarme.

—¿de qué hablas? 

—¿alguna vez te conté que mi hermano me quitó a una novia y se la tiró en mis narices?  

El rostro de Vanessa se alargó por la sorpresa. 

—¡nunca me contaste nada de eso! Sabía que Alex Van dalen era un Casanova, pero jamás lo creí capaz de hacer algo así, o por lo menos no a ti. 

—yo también lo creía —dijo tristemente— todo comenzó en acción de gracias…

15

Todo el mundo la subestimaba, lo hacia su padre, su madre, su tío le tenía algo más de fe que el resto de la gente y por supuesto, su hermana la subestimaba, Anie la conocía demasiado bien como para nunca tomarla en serio y es que, en la vida, Abbie jamás terminaba nada de lo que empezaba. Justo ahora que apenas tenía algo apoyo entendía lo que era trabajar hasta el cansancio. El trabajo era algo que jamás se tomó en serio, ni siquiera cuando fue a la constructora, un par de horas ahí y ya quería salir corriendo, en cambio el bar era diferente, conocía gente todas las noches y le gustaba escucharlos hablar, aunque le salieron ampollas en los dedos los primeros días por no saber usar el destapador, disfrutaba del trabajo, llegaba agotada al amanecer, pero valía la pena, Abbie sentía que hacía algo de provecho en su vida.

Esa tarde no era diferente a las demás, fue hasta el bar y caminó hasta la parte de atrás donde sabía que encontraría a Slade revisando el inventario para hoy, sin embargo, se detuvo al escuchar más de una voz.

—es bueno que no te hayas arrepentido de invertir, te lo dije recibiste el doble y en efectivo. —dijo una voz ronca que Abbie no supo identificar.

—parte de este dinero se lo debo a Abigail. —dijo Slade.

Se escuchó una risa de burla por parte del otro— ¿te refieres a esa niña rica que conseguiste? Nada mal, Slade.

—oye —dijo Slade molesto— no te atrevas ni siquiera a pensar en ella ¿entendiste?
Abbie no podía ver bien, pero su curiosidad le picaba así que con mucho cuidado se acercó un poco más para escuchar ocultándose entre los contenedores de basura y reciclaje.

—tranquilo, hermano —respondió el otro con tono bromista—, solo digo que te sacaste la lotería.

—Abbie es más que un cheque en blanco. —la defendió Slade.

—lo que tú digas, lo que tú digas —dijo el otro hombre—entonces ¿me harás el favor este fin de semana?

—claro, pero si llegas a meterme en problemas...

—ya te dije que todo es legal, ya aprendí de mis errores.

Abbie sentía que la conversación terminaría en cualquier momento así que decidió salir de su escondite, retrocedió un par de metros y llamó a Slade a gritos, como si hubiese recién llegando. Él le respondió que estaba en la parte de atrás, la rubia caminó hasta allá y con una sonrisa saludó a los dos hombres ahí.

—Larry ¿cierto? —él asintió— ¿qué tal? —lo saludó con una sonrisa después de darle un beso a Slade.

—todo bien, yo ya me iba —dijo este— te llamaré —le dijo a Slade, él asintió en respuesta muy serio.

—¿eso que fue? —le preguntó Abbie curiosa.

—bueno, resulta que me entregó el dinero de mi inversión —dijo sacándose del bolsillo trasero el sobre con el dinero.

—¿en efectivo? —preguntó viendo el paquete que tenía Slade en la mano.

Actualmente, los únicos que tenía efectivo en esa cantidad, eran los dealer y los striper— ¿no crees que es demasiado dinero en efectivo?

Slade miró el paquete con indiferencia y se encogió de hombros— no lo sé, supongo que sí.

Él se le quedó mirando y alzó una ceja— ¿no confías en mí?

Ella sonrío y negó con la cabeza— no es eso, es que tanto dinero en efectivo en esta época —dijo encogiendo de hombros.

—¡claro! La señorita solo usa tarjetas de crédito. —dijo con una sonrisa pícara.

—usaba —aclaró alzando su dedo índice —ya no más, solo las puedo usar de emergencia.

Y así era o al menos es lo que se decía a sí misma cuando compraba cualquier estupidez en Amazon.

—olvidémonos de eso por un momento —dijo Slade atrayéndola— en un par de semanas es la boda de tu hermana y estoy planeando algo para que no nos quedamos aquí.

—¿qué pasará con el bar? —le preguntó alzando su rostro para verlo.

—no te preocupes, tengo todo cubierto. —le sonrío.

Abbie se preguntó si esa salida tenía algo que ver con el favor que le haría a Larry.

—Slade, si estas en problemas ¿me lo dirías?

Él se le quedó viendo con el entrecejo fruncido.

—sí, claro que sí, pero ¿por qué me lo dices?

—porque quiero que tengas la confianza de decirme tus problemas.

Slade le sonrío tiernamente y la besó en los labios.

—agradezco que lo digas. Si lo dices por Larry, no hay ningún problema —dijo Salde abriendo el almacén— bueno, no ha tenido una vida fácil, pero creo que las personas merecen una segunda oportunidad. 

—¿con eso te refieres a que Larry es una persona problemática? —quiso saber.

Slade movió la cabeza buscando una respuesta para eso— ha tomado malas decisiones, eso es todo. 

—ya veo —suspiró Abbie— también he tomado malas decisiones y he terminado en la cárcel, he hecho servicio comunitario interminables veces y me salvé de la tobillera en un par de ocasiones.

Recordó esa sentencia, se dijo que si debía usar una tobillera la usaría con estilo, como Lindsay Lohan cuando ella la usó en su arresto domiciliario en 2011.

Slade sonrió con diversión al sacar las cajas de cerveza— bueno, fuiste a la cárcel por causar disturbios en las fiestas. Pero supongo que entiendes lo que es estar en la cárcel. 

Abigail Van dalen jamás pisó una cárcel real, más allá de las cárceles que había en las comisarías, su familia jamás lo hubiese permitido. Hasta ese nivel ella estaba protegida, se metía en problemas porque sabía que su familia la rescataría, la realidad le cayó como agua helada. Hasta entonces, Abbie era una carga para su familia.

— ¿estás bien? —le preguntó Slade acercándose a ella. 

—sí —dijo sacudiendo su cabeza— me quedé pensando —¿Qué planeas para el fin de semana de la boda mi hermana? —preguntó enfocándose en su trabajo.

—pues —suspiró Slade— Larry me pidió que le ayudara a llevar unos repuestos hasta Long Grove. 

— ¿Long Grove? Eso está como a una hora de aquí ¿no? 

—sí, más o menos. —dijo acercándose a Abbie con una sonrisa. 

— ¿y que vamos hacer en Long Grove? —preguntó poniendo sus manos sobre los hombros de Slade. 

—no lo sé —se encogió de hombros— quizás divertirnos, conocer el lugar —dijo bajando su cabeza para besarla.

—no me quejo si me mantiene lejos de esta ciudad por todo un fin de semana.

16

50 cent sonaba bajito en los parlantes de sonido envolvente de su oficina, movía la cabeza y los labios a medida que la letra se escuchaba, Anastasia Van dalen tenía su atención en uno de los proyectos nuevos de la constructora, los permisos eran una putada, pero debía supervisarlos. Una alerta llegó a su computadora, era un correo nuevo, usualmente jamás lo revisaba, pues para eso tenía a su asistente. Eddie miraba sus correos y le marcaba cuales debía responder de inmediato, pero este lo revisó por casualidad, en realidad estaba aburrida de leer sobre términos legales. Se llevó la sorpresa de su vida al leer el correo, estaba atónita y muy furiosa, se calzó y salió como un toro, si le preguntabas a su asistente, él podía jurar que Ana cortó el aire como si fuese un bólido, su jefa ni siquiera esperó al ascensor, bajó por las escaleras de emergencia a toda prisa y llegó al piso de los arquitectos, las personas que estaban cerca se apartaron de su camino como si tuviera miedo de ser arroyados por un camión Mack. 

Ana caminó por los pasillos pisando fuerte y llegó a la oficina de la arquitecta pelirroja, quien estaba empacando sus cosas, la rubia tomó la perilla de la puerta y la cerró tras de sí. 

—me quieres explicar esa estupidez de que renuncias ¿quieres matar a tu padre de un infarto? Si es así puedo ayudarte. —dijo poniendo sus manos en jarra.

Kate dejó sus cosas en su lugar y miró a su ex jefa— no es una estupidez, renuncio y no me importa lo que mi padre quiera o haga después. —dijo y volvió a meter las cosas en la caja que estaba encima de la mesa. 

—si es el caso, sabes que debes cumplir con las dos semanas de preaviso— dijo cruzándose de brazos enojándose aún más con la arquitecta.

—pues si leíste mi carta de renuncia, escribí que era inmediata— dijo con una sonrisa sarcástica— no me voy a quedar dos semanas más aquí.

Ana se serenó por dos segundos y se acercó a ella— Kate ¿esto tiene que ver con alguien de la oficina? —preguntó preocupada dando un paso hacia ella— porque si es así, cariño, dime quien es y yo personalmente me encargaré…

—no quiero que intimides a nadie, Ana —dijo muy seriamente—, no se trata de eso, simplemente no quiero estar aquí. 

—¿Por qué razón entonces no quieres estar aquí? —preguntó acercándose más a la pelirroja— Somos amigas, Kate, podemos resolver lo que sea hablando, pero necesito saber qué es.  

— ¿en serio quieres saberlo? —preguntó. 

Ana sintió cierto temor, pues los ojos color avellana jamás la había visto tan seria. 

—quiero saber —dijo con seguridad. 

—es por ti, Ana. Es porque no quiero estar aquí cuando te cases, no quiero ver como arruinas tu vida y tampoco quiero saber nada mas de eso una vez que me marche de aquí.

El que Kate se fuera ya era una cosa, pero echarle la culpa a ella, eso no le gustaba para nada.

— ¿estás diciendo que te vas porque voy a casarme con Casper Mollins? Esa es una ridiculez. 

—no, no lo es, se trata de mi paz mental, Ana, simplemente no quiero estar aquí, no me quiero quedar aquí y tampoco quiero verte nunca más. —dijo terminando de empacar las ultimas cosas dentro de la caja.

—espera ¿Qué? —dijo agrandando los ojos— ¿P…por qué? —la simple idea de no ver nunca más a Kate le hizo sentir frío en el estómago.

—todavía no lo entiendes ¿cierto? —dijo mirándola con ojos entrecerrados.

— ¿Qué debería entender? —preguntó confundida. 

Kate bufó— Ana, yo… estoy enamorada de ti, desde siempre —se confesó—, desde la primera vez que te vi en el internado, creí que con el tiempo lo había superado, pero solo me bastó verte y me di cuenta que no fue así. Por esa razón ya no quiero seguir aquí, por esa razón ya no quiero saber más de ti. —dijo tomando sus cosas, abrió la puerta, pero antes de irse se volteó para ver su ex jefa una última vez— adiós, Ana, créelo o no, deseo que seas muy feliz. 

Al cerrar la puerta fue como si un eco retumbara en ese vacío, no supo en que momento, Ana volvió a su oficina, todavía en estado catatónico, se sentó en su silla y sintió unas ganas tremendas de llorar, no pudo contener las lágrimas, le dolía el pecho, casi igual que cuando murió su padre, puso los codos sobre la mesa y enterró los dedos en sus cabellos, las lágrimas salieron sin parar, hacía mucho tiempo que no se sentía tan sola, su padre había muerto, su tío le había dado la espalda al igual que su hermana y todo por sus acciones, ahora Kate se había ido por esas misma acciones.

Cuando estuvo un poco más calmada, llamó a Malcom, le pidió que tuviera el auto listo, le dijo que pasarían por hamburguesas y helado camino a casa, pasó los siguientes dos días en casa, se suponía que ese fin de semana sería su despedida de soltera, pero se había escondido en casa comiendo solo porquerías vistiendo una sudadera azul de cachorros de Chicago, escuchando Taylor Switf y en ocasiones Evanescence.

Para el viernes, Malcom entró en su habitación y encendió la luz, haciendo que su jefa se metiera entre las sabanas.

— ¿Qué pasa, Malcom? 

—Ana —se aclaró la garganta—, sé que tú y yo solo debemos tener una relación de jefa empleado, pero llevó cuidándote desde hace quince años, estoy empezando a preocuparme –dijo sentándose en el diván, era muy gracioso verlo pues hasta el diván parecía pequeño bajo él. 

Ana se sentó en la cama, apoyando su espalda en la cabecera, se pasó la mano por los cabellos metiéndolos detrás de sus orejas.

— ¿a qué te refieres? –preguntó sorbiendo por la nariz.

—me refiero a que, no has ido al trabajo en tres días, Rose Gallagher ha estado llamando preguntando por ti, tuve que decir que estabas mal del estómago y por eso no podías salir, no te has duchado en días, tu cabello es un desastre y tienes el maquillaje corrido. –dijo señalándole las ojeras que tenía.

Él tenía razón y ella lo sabía, pero era tan cabeza dura que jamás lo admitiría, era un desastre desde que Kate salió por la puerta de la oficina. 

— ¿Cuál es tu punto? —dijo rascándose la cabeza. 

El moreno trajeado y sin cabello se levantó del diván y se sentó en la orilla de cama —mi trabajo no se limita a cuidarte físicamente, sino también moralmente, te conozco desde que tenías trece, te he visto crecer y madurar, Dios sabe que se lo agradecí de rodillas cuando dejaste las fiestas por tu carrera. 

Ana no pudo menos que sonreír, sabía que ella tenía la culpa de la caída de cabello de su guardaespaldas, mientras crecían, ella y su hermana se metían en problemas, iban a fiestas y tenían encuentros pasajeros, todo eso cambió cuando comenzó a trabajar en la constructora hace cinco años.

—sé lo responsable que te volviste —continuó Malcom— y también sé que eres muy orgullosa, creo que eso es lo que te tiene en donde estas justo ahora. —dijo en tono paternal— yo creo que aun estas a tiempo de arreglar las cosas.

— ¿lo dices por mi matrimonio?

El hombre se sacó algo del bolsillo de la chaqueta y se lo puso en la mano— lo digo por todo. —dijo dejando el llavero de Stitch, el mismo llavero que le había regalado a Kate cuando le dio las llaves de su nuevo auto. 

— ¿Kate, estuvo aquí? —preguntó levantándose de un salto de la cama. 

—dejó las llaves en la vigilancia y se fue —dijo levantándose de la cama también. — solo vino a entregar el auto.

Con el llavero en la mano, la rubia se sentó en la orilla de la cama, con una expresión de tristeza en la cara. 

—al menos yo me quedaré con tu custodia —dijo mirando el llavero del extraterrestre con el mentón temblando.

— ¿quieres que devuelva el auto? —preguntó Malcom. 

No siendo capaz de hablar negó con la cabeza. El hombre solo asintió y salió de la habitación, no sin antes decirle que podía contar con él para lo que sea. 

Ana dejó las llaves en su mesita de noche y miró el llavero de Stitch, Malcom tenía razón, ella era demasiado orgullosa y eso le había traído problemas en la vida, se conocía demasiado bien, ella también era ambiciosa y lo quería todo, la herencia de su padre por otro lado, era algo que no quería del todo, pero sabía que debía protegerlo de su hermana la despilfarradora y su madre que era mil veces peor. 

Dándole parte de la razón a su guardaespaldas, decidió darse una ducha y arreglar un poco su vida, después de vestirse tomó las llaves y bajó, hasta el estacionamiento junto con Malcom y fue hasta el Aston Martin que le había regalado a Kate, las lágrimas volvían pero las contuvo, apretó la alarma y esta se desactivo al igual que los seguros, entró al asiento del piloto y el olor al perfume de la pelirroja le golpeó, Ana solo podía relacionar el baccarat con la arquitecta, sorbió la nariz y echó la cabeza hacia atrás para no llorar, encendió el motor y la radio había quedado sincronizado con la cuenta de spotify de Kate y comenzó a sonar Westlife. 

—nunca entenderé porqué te encantan tanto ese grupo. —dijo con una sonrisa triste.

Pero entonces empezó a escuchar la canción if i let you go, se dio cuenta de una cosa, era demasiado cobarde como para aceptar sus sentimientos por Kate, en su vida se había sentido tan rota, no lo pensó una segunda vez, aceleró y salió del estacionamiento, no le importaba no decirle a Malcom a donde iría, después de todo el auto tenía un gps, así que podía rastrearla, después de todo el gps había sido idea de él mismo. 

A medida que avanzaba, comenzó a llover, lo cual la hizo volverse alerta, no quería tener un accidente o causar uno, pero sabía que debía llegar a casa de Kate antes de que el tráfico se pusiera pesado y se quedara atascada ahí, tuvo suerte y llegó al edificio de la pelirroja justo antes de que la lluvia se intensificara, sin embargo, no salió del auto, parecía como congelada dentro del auto con las manos en el volante y con la respiración tranquila, sus ojos miraban la lluvia y los limpia parabrisas sin parpadear.

— ¡carajo! —gritó asustada al sentir los toquidos en su ventana— ¿Qué mierda? 

Al calmarse vio a Kate pidiéndole que baje el vidrio debajo de la lluvia, llevaba una chaqueta impermeable con capucha. 

— ¿Qué haces aquí?  —le gritó cuando Ana bajo el vidrio, la lluvia caía muy fuerte. 

— ¡sube! —le gritó de vuelta la rubia. 

Kate trotó para dar la vuelta y su subirse en el asiento del copiloto, cuando entró suspiró y miró a Ana con curiosidad.

— ¿Qué haces aquí? —le preguntó de nuevo. 

— ¿Cómo supiste que estaba aquí? —preguntó sin mirarla. 

Le pareció que su voz era rasposa y algo lejana. 

—los muchachos de vigilancia dijeron que mi auto estaba frente al edificio, pensé que era imposible porque te lo devolví esta tarde. 

De hecho, cuando recibió la llamada de la recepción no entendía lo que le decían, ella hacia un par de horas entregó el auto que Ana le regaló, incrédula se asomó por la ventana y vio el techo de un auto, pero desde el piso diez era bastante difícil, además, la lluvia no le permitía distinguir mucho, sacó su chaqueta impermeable y bajo, su corazón se detuvo al ver el auto afuera del edificio. 

—¿Por qué lo devolviste? Fue un regalo. —dijo en tono de reproche.

Kate sonrió con pesar— porque no iba a quedarme con un recuerdo tuyo. 

  A Ana se le escapó un bufido— es curioso que lo digas, también es un recuerdo tuyo para mí, sobre todo por el olor de tu perfume. 

Kate miraba el perfil tranquilo de su ex jefa, pero entre toda esa oscuridad no podía apreciarla, por otro lado, Ana se reusaba a mirarla, sus ojos estaban fijos en el parabrisas. 

— ¿Cuál es el verdadero motivo, Anie?  —preguntó Kate. 

Ana se mordió el labio inferior y sonrió, negó con la cabeza y se encogió de hombros— no lo sé —dijo y se limpió una lagrima que bajaba por su mejilla— o sí lo sé —se encogió de hombros— mi vida se volvió un desastre desde el momento en que te fuiste, no he ido al trabajo en días, cualquier cosa me hace llorar, voy a casarme en un par de días con un tipo que detesto, mi hermana y mi tío me odian y tú… —se volvió para mirarla por primera vez— supongo que también me odias. 

Kate no podía verla con claridad, pero si notó las ojeras y la nariz roja, jamás había visto a su ex jefa de esa forma, sintió que su corazón se partía al verla tan mal, tan perdida. 

—créelo o no, yo no te odio, Ana, todo lo contrario. 

— ¿entonces por qué me dejaste? —le reprochó.

—de acuerdo —tomó aire —, yo no te dejé, me fui de un lugar en el que no quería estar, porque no quería ver precisamente esto. —dijo señalándola. 

— ¿no querías verme destrozada y desdichada por mis decisiones? —dijo en tono molesto.

—no, no quería verte infeliz, admitiendo el hecho de que puedes hacer las cosas de otro modo y no lo harás, porque eres tan jodidamente orgullosa —dijo molesta y descanso la cabeza en el respaldo del asiento y se apretó los ojos de la frustración— y aunque suene loco, tu terquedad y tu orgullo son una de las cosas que me gustan de ti. 

Ana se acomodó en el asiento para verla de frente, no la había visto en días y sentía que la extrañaba — dijiste que me amabas —dijo mirando sus dedos— no eres la primera persona que confiesa sus sentimientos hacia mí, siempre me parecía ridículo porque no me conocían, sabía que si lo hacían en cuestiones de días se irían, pero esta vez se siente diferente, tú me conoces, Kate, eras mi amiga y viste partes de mi vida que solo mi hermana o mi tío sabrían, y a pesar de eso tú…

—es curioso porque mientras más te conocía más me gustabas y más me enamoraba —sonrío tristemente— si no quieres entender mis razones para no verte más, al menos te pido que las respetes, Ana. 

Ella asintió ausentemente, pero no quería hacerlo.

—lo haré —dijo sintiendo llenar sus ojos de lágrimas de nuevo— pero sucede que soy la persona más egoísta que he conocido jamás— sorbió su nariz— y Kate, realmente quiero que estés en mi boda —dijo y se inclinó sobre el asiento del copiloto para sacar algo de la guantera— necesito un rostro que realmente me quiera, alguien a quien sí le importe. —dijo y le tendió su invitación.

Kate miró el sobre como si este tuviera ántrax— ¿quieres romper mi corazón? —le preguntó mirándola a los ojos, descubrió una mirada esperanzada. 

—te prometo que después de esto, respetaré tu decisión de no verme nunca más.

Kate miró el sobre de nuevo y suspiró, negó con la cabeza y tomó el sobre— bueno, supongo que siempre hay esperanza de que entre en razón y quiera cancelar o huir del lugar, que mejor que esté yo, lista para ayudarte. 

Por primera vez en días, Ana sonrió— ¿irás mi boda? 

—iré a tu boda —asintió Kate. 

— ¡gracias! —gritó emocionada y se lanzó a los brazos de Kate— en serio, gracias —dijo y la apretó fuerte, se dio cuenta de lo mucho que extrañaba a la pelirroja así que no cortó el abrazo de inmediato, de echo enterró la nariz en su cuello y respiró el perfume. 

Kate tampoco quería que ese abrazo se rompiera, duro más de lo que un abrazo debía durar, pero lo disfrutó más de lo que debería 

No queriendo que las cosas se pusieran incomodas, Kate rompió el abrazó— dijiste que hoy era tu despedida de soltera ¿no? 

—sí —respondió Ana metiéndose su cabello detrás de las orejas.

—bueno, te gustaría subir y pasar la noche viendo documentales de asesinos seriales que tanto te gustan como despedida de soltera, tengo una pizza que ya debe estar fría.

— ¿harías eso por mí? —preguntó con una sonría. 

—Anie, creo que quedó muy claro que haría cualquier cosa por ti.

La sonrisa en la rubia era enorme, se acomodó en su asiento y entraron al edificio.

 Pasaron toda la noche viendo esos documentales de asesinos seriales que, por alguna razón, Ana disfrutaba muchísimo, comieron la pizza y tomaron vino, en algún momento de la noche, Kate buscó sabanas y almohadas para pasar la noche en el sofá. 

A la mañana siguiente, Kate se despertó por el toquido en su puerta, no vio a su ex jefa por ningún lado, el reloj de la cocina indicaba cerca de las diez de la mañana, al abrir la puerta se encontró al del delivery con un pedido de su pastelería favorita con una variedad de croissant.

—yo no pedí nada. —le dijo al delivery.

—ya está pago. —dijo dándole una nota.

Quería agradecerte por lo de anoche, te veré mañana en la iglesia. Att. Ana Van dalen.

Tomó la caja y le agradeció al chico antes de irse. Ana se había ido sin despertarla y en agradecimiento por la noche anterior le había ordenado el desayuno de su pastelería favorita  

Kate leyó la nota una vez más y suspiró 

—¿en qué te metiste, Kate? Carajo.

17

El camino hacia Long Grove era un poco aburrido, quizás era porque se levantó temprano por el viaje, quizás solo estaba cansada, o quizás sea porque hoy seria a boda de su hermana, Abbie se sentía melancólica más que nunca, sí, odiaba a su hermana por apuñalarla en la espalda con lo de la herencia, pero hoy, justo hoy se dio cuenta de que estaba dolida, lo que significaba que aún le importaba Ana. Recordó la primera vez que se conocieron en casa de su abuela, su madre no lo pensó dos veces dejarla a un lado, solo tenía cuatro años, no entendía que no viviría con su madre nunca más, entonces conoció a Ana, desde el primer momento se hicieron amigas, su padre les había dicho que eran hermanas y que a partir de ahora debían cuidarse la una a la otra, desde entonces han sido inseparables, desde entonces su hermana la ha protegido. No quería admitirlo en voz alta, pero sí quería estar en la boda de Anie, acompañarla en este día tan especial.

Iban en una Ford F150 de una cabina, Abbie no se sentía bien, no podía ocultarlo. 

—oye —Slade le tomó la mano que estaba en el reposabrazos— todo estará bien, te lo prometo. 

Ella apenas sonrió, le empezaba a doler el estómago y lo asoció a toda la situación, no confiaba en Larry y su ¨mercancía¨, se sentía nerviosa, lo cual es estúpido pues se consideraba una traficante de marihuana muy experta. 

—detente un segundo, creo que voy a vomitar. —dijo. 

Slade se orilló, Abbie salió de la camioneta de un salto y vomitó el desayuno entero. 

Slade le pasó una botella con agua para que se enjuagara la boca. 

— ¿estás bien? —le repuntó pasando su mano por la espalda de la rubia. 

—creo que sí, no me sentía bien, quizás me cayó mal el desayuno. —dijo antes de enjuagarse la boca. 

—no estarás embarazada ¿verdad? —le preguntó con una ceja alzada. 

Abbie lanzó una carcajada y lo miró como si estuviese loco— no, créeme, no lo estoy.

Si había algo de lo que se aseguraba Abbie era el control de natalidad. 

Subieron a la camioneta y la rubia suspiró. 

—nos falta solo media hora de camino, al llegar buscaremos una farmacia ¿te parece? 

La rubia asintió y se relajó contra el asiento, cerrando los ojos y trato de disfrutar el resto del viaje. 


Se dijo que no tomaría una sola gota de alcohol hoy, quería estar lucida y evitar confrontaciones, hoy sería políticamente correcta, solo esperaba que todo pasara rápido y terminar con esto. 

La asistente de la modista la ayudó a ponerse el vestido de novia y lo agradeció en el alma porque no quería que su dama de honor no la ayudara, sin embargo, era inevitable porque Rose Gallagher ayudó a la asistente. 

—te ves hermosa. —dijo Rose una vez que estuvo lista. 

—lo sé. —dijo con indiferencia mirándose en el espejo de cuerpo entero.

Rose soltó un bufido y negó con la cabeza— ¿sabes? Me gustas más cuando estás ebria. 

Ana respiró profundamente y puso los ojos en blanco, recordó esa fatídica mañana cuando se emborrachó en ese brunch que dieron sus suegros, le molestó tanto ver la interacción entre Rose y Kate, eso solo decía que tenía sentimientos por la pelirroja y no eran de índoles amistosas, sabía que si los admitía su matrimonio sería un infierno, los dos años que tenía que durar, durarían una eternidad, así que decidió ignorarlos y enterrarlos en lo más hondo de su corazón.

Tocaron la puerta y sus pensamientos se disiparon en su cabeza. 

—¿Quién es? —le preguntó a Rose. 

—es tu tío —dijo y Oskar apareció en la sala. 

— ¡tío Oskar! —dijo exaltada. 

Se tomó la falda del vestido y caminó hasta él, se encontraron a medio camino y se abrazaron. 

—te ves hermosa, Anie. —dijo cuándo se separaron. 

—los dejaré a solas. —dijo Rose antes de irse.

—no puedo creer que vinieras. —dijo aguantando las lágrimas.

Oskar sonrió con calidez— no vine a tu matrimonio, vine solo a desearte suerte y a darte mi bendición.

Anie sonrió con pesar— bueno, es mejor que nada. 

—me gustaría presentarte a alguien —dijo y se volvió para abrir la puerta, Vanessa apareció con un vestido color azul claro con abertura en la falda la parte de arriba era de pedrería, se veía hermosa en ese vestido. 

—ya la conozco, tío ¿lo olvidas? 

—no lo olvido, Anie —dijo con una ceja alzada— ella es mi esposa —dijo y solo entonces vio el anillo de oro blanco con un diamante de catorce quilates que relucía en su dedo anular junta con el anillo de matrimonio.

— ¿te casaste con ella? ¿Cuándo? 

—hace un par de meses. —respondió Vanessa con una sonrisa— no quisimos decirle a nadie por todo lo que está pasando —dijo mirando a su tío como si no hubiese nadie más en el salón.

—¿desde cuándo estas saliendo con ella? —preguntó Ana. 

—un par de años. —se encogió de hombros— No dije nada porque, bueno, ya sabes. –dijo dando a entender que quería evitar que su hermano se enterara. 

—claro, Pito Alegre —recordó Ana poniendo los ojos en blanco— veo que haces muy feliz a mi tío, —dijo al ver el brillo en sus ojos por Vanessa— así que solo puedo darte la bienvenida a esta familia disfuncional.

—muchas gracias —dijo Vanessa de todo corazón. 

Tocaron a la puerta y Oskar se ofreció a abrirla, sus ojos se agrandaron al ver la sorpresa. 

—Santo Dios, Kate —dijo asombrado y eso llamó la atención de Ana quien miró en esa dirección, pero la puerta tapaba a la rubia— ¿acaso eres Jessica Rabbit? Te ves muy hermosa.

Ana se acercó hacia la puerta, pero se detuvo en cuanto apareció en un vestido color vino con el escote en forma de corazón, podía ver las pecas de sus pechos y hombros, la falda tenía una abertura que dejaba al descubierto su pierna izquierda muy bien tonificada gracias al deporte que practica, el cabello lo llevaba liso en el hombro derecho, pero el rojo en sus labios era lo más llamativo, sí, definitivamente se parecía a Jessica Rabbit. Sintió que su corazón se saldría del pecho en cualquier momento.

—realmente te ves hermosa. —le dijo Ana con la mirada solo en ella.

Los labios de la pelirroja se alzaron en media sonrisa— gracias, tu igual. 

Sintiéndose sonrojar, Ana sonrió con vergüenza— gracias. 

—bueno —anunció Oskar— nosotros tenemos que irnos, cariño —dijo acercándose a su sobrina —mucha suerte, Anie —besó su frente— te amo, cariño. —dijo al mismo tiempo que la abrazaba una última vez. 

—también te amo, tío Oskar. —dijo Ana. 

Una vez a solas con Kate su corazón comenzó a latir rápidamente. 

—¿Cómo te sientes? —le preguntó Kate. 

—estoy bien. —mintió.

La verdad era que se sentía bien hasta que vio a la arquitecta, si hace unos quince minutos había decido ignorar sus sentimientos por Kate, ahora que la veía tan hermosa y la tenía justo al frente, no estaba segura de nada.

—solo vine a ver como estabas y desearte suerte.

—gracias. —sonrió como una tonta. 

—ya me voy. —dijo la pelirroja señalando la puerta. 

— ¿Kate? —la llamó cuando le dio la espalda para irse. 

— ¿sí? —se detuvo a medio camino. 

Miles de palabras se le pasaron por la cabeza a Anie en ese momento, pero sentía que se atragantaba, así que simplemente dijo: —gracias por venir.

Kate sonrió dulcemente— no hay de qué.

Cuando estuvo completamente sola comenzó a maldecir en neerlandes. 

—soy una completa cobarde. —se dijo ante el espejo. 


 Llegaron al pueblo y fueron directamente a una farmacia, Abbie comenzaba a sentirse verdaderamente mal, sentía frío y tenía escalofríos, le dolía el estómago.

—debe ser indigestión o algo así —dijo Slade mirándola con preocupación, le entregó la pastilla y le paso agua para que se la tomara, ella estaba dentro de la camioneta.

—supongo que sí. —El celular de Slade no paraba de sonar desde hace unos diez minutos, iban retrasados. — no lo atrases más y contesta —dijo Abbie sosteniéndose el estómago.

Con un gruñido Salde contestó la llamada y dio un par de pasos lejos de Abbie para hablar, la conversación duró unos cinco minutos en donde vio a Slade muy molesto, cuando regresó justo a ella, se veía furioso. 

—¿Qué sucedió? 

—terminemos con esto de una vez, no me agrada nada como te ves. 

Fueron hasta el taller donde lo estaban esperando, el lugar parecía más un deshuesadero que un verdadero taller.

—¿estás seguro de que aquí es la entrega? —preguntó viendo el lugar, sintiendo cierto temor.

—sí, es aquí. —dijo Slade mirando el lugar. 

Habían carros oxidados amontonados por todos lados, algunos estaban sin neumáticos, sin capo o sin puertas, a unos metros habían una construcción bastante golpeada una puerta grasienta y una ventana justo al lado, con la maya rota. 

—Abigail, escúchame atentamente —dijo Slade mirando a todos lados— quiero que confíes en mi ¿puedes hacer eso? 

—¿a qué te refieres? —preguntó apretando los dientes al sentir un puyazo cerca del ombligo. 

—no he sido completamente honesto contigo, Abbie —dijo mirando en dirección a la construcción.

— ¿Slade a que rayos te…? —apretó los dientes cuando volvió a sentirlo, así que lo tomó del brazo y lo apretó con fuerza— ¿a qué te refieres? 

—solo, hazte la dormida y agáchate cuando te lo diga, si todo sale bien te prometo que te lo explicare.

Con el enseño fruncido, Abbie cerró los ojos, comenzaba a sudar frío, no tenía ánimos para pelear, las cosas se estaban poniendo muy raras y el dolor en su estómago apenas la dejaba respirar.

Slade salió de la camioneta en cuanto dos hombres con overoles salieron de la construcción.

—tú debes ser Slade, ¿cierto? —preguntó el más alto, Slade asintió y tendió la mano— soy Georgie —dijo apretando la mano— él es mi amigo Damián —el tipo levantó la mano, llevaba un cigarrillo entre los labios y botó el humo por la nariz.

— ¿Quién es la rubia? —preguntó Damian señalando con el mentón. 

—es mi novia Abbie, no se siente bien. —dijo Slade caminando hacia la parte de atrás de la camioneta— así que me gustaría terminar con esto rápido, quiero llevarla a un hospital. 

Abbie abrió los ojos después de que pasaron por su lado y los miró desde el espejo retrovisor, solo podía ver a uno de ellos con tatuajes en los brazos, llevaba una gorra con la visera atrás, era de los Cachorros. 

—sí, no se ve bien.

Slade quitó la lona y mostró la mercancía, Georgie y Damian intercambiaron una mirada y asintieron. 

— ¿todo está bien? —preguntó Slade. 

—todo en orden. —dijo Georgie— puedes ayudarnos a descargar y así terminar rápido 

Empezaron a descargar las cosas de un lugar a otro cuando a los pocos minutos varias patrullas de policía llegaron al lugar, Abbie si irguió como pudo para ver a las patrullas llegar y derrapar en la tierra, ella abrió la puerta para salir, pero se llevó una sorpresa cuando Damian, corriendo mirando hacia atrás, chocó con la puerta y quedó tendido en el suelo por el choque, a Abigail le dieron ganas de reír pero estaba demasiado asustada como para hacerlo, el pinchazo en su estómago era más y más intenso.

Más de una docena de policías los rodeaban, había más en las patrullas que los apuntaban desde ahí, dos llegaron a donde estaba Abbie y se llevaron a Damian esposado, uno apuntó a Abbie con un arma. 

—¡Abbie, solo has lo que te dicen! —le gritó Slade desde el suelo boca abajo. 

—esta es la mercancía robada. —dijo uno de los policías. 

Quien parecía el superior a todos miraba a Slade con pesar, negó con la cabeza y miró todo. 

—dos operativos exitosos el mismo día —dijo el superior— bien hecho muchachos. 

Abbie terminó esposada en la parte de atrás de una de las patrullas con Slade.

— ¡justo cuando estaba arreglando mi vida! ¿Por qué mierda me pasa esto a mí? 

—Abbie, tranquila, te dije que todo iba a salir bien. 

Ella lo miró con ganas de querer matarlo— no te puedo golpear porque mis manos están atrás ¿Cómo va a salir todo bien, Slade? —gritó haciendo que él se encogiera en su lugar.

Slade jamás la había visto así, estaba roja de la ira, las venas en su cuello latían, cerró los ojos y gruñó de dolor. 

— ¿te sientes bien? —le preguntó. 

— ¡no me toques! ¡No me toques! Por su puesto que no me siento bien ¡mira donde estamos! ¡Au! —gritó al sentir otro puyazo en el estómago, echó su cabeza hacia tras y respiró profundamente.

—Abbie, solo cálmate. —dijo Slade.

—no me digas que me calme —dijo con los ojos cerrados— no me digas que me calme, mejor cállate y no me digas nada.

Slade notó que los policías que iban adelante aguantaban la risa, por la situación.

Al llegar a la estación los sentaron para ficharlos.

No podía creerlo, por seis meses, Abbie se había porta bien, no se metía en problemas, no los buscaba, quería tener un comportamiento impecable, quería demostrarle a su familia que podía ser responsable y ahora le levantarían cargos por mercancía robada, todos le dirían “te lo dije”, no debió confiar en un tipo de nombre Slade, le dieron ganas de vomitar de nuevo.

—no te ves bien. —dijo uno de los oficiales que pasó a su lado. 

—ella tiene que ver un médico. —dijo Slade quien lo llevaban a una oficina. 

—quiero vomitar.  —dijo ella y le pasaron una papelera. 

Vomitó solo bilis, la punzada en su estómago la hizo encogerse en sí misma. 

—creo que se va a desmayar —dijo el oficial— ¡llamen a una ambulancia, rápido!


La boda estaba a punto de empezar y sinceramente Kate quería irse, quería largarse de ese lugar, comenzaba a arrepentirse de haber ido, pero al ver a Ana con el vestido de novia y el maquillaje, decidió quedarse, la rubia se veía hermosa, y eso solo le dieron ganas de matarse, Mollins tenía una suerte tremenda y lo más horrible es que ni siquiera la merecía.

—vaya, vaya, vaya —dijeron a su espalda, Kate cerró los ojos con pesar y se volvió para ver a Asher frente a ella— McFayden, te ves hermosa. —dijo mirando de arriba hacia abajo comiéndola con la mirada.

—gracias —sonrió con educación —tú también te ves bien.

Asher lucía un esmoquin con corbata de moño, peinado y perfumado, listo para cazar. 

—dime que bailaras conmigo esta noche. —dijo acercándose a ella. 

El olor a licor en su aliento le indicaba que había bebido, le pareció curioso porque era bastante temprano.

—no creo que iré a la fiesta.

—¿Por qué no? Será divertida —dijo acercándose a ella— habrá mucha comida y bebida y si no te gusta podemos ir a otro lado.

Kate se pasó el dedo por la nariz incomoda, pero divertida de la situación.

—oye, Asher, gracias por el ofrecimiento, pero voy hacer clara contigo, no me gustan los hombres. 

—lo sé —dijo con una sonrisa galante— pero eso no nos impide pasar un rato ¿no? 

—de hecho, sí —dijo dando un paso atrás— gracias, pero no gracias.

— ¡aquí estas! —dijo Casper al encontrarlo, caminó hacia ellos— la ceremonia ya va a empezar —dijo y miró en dirección a Kate mirándola con soberbia— que desperdicio —bufó— qué bueno que decidiste venir —sonrió petulante— así sabrás exactamente a quien pertenece Ana —dijo y arrastró a Asher con él.

—Ana no es un objeto. —le dijo. 

Casper se detuvo, dio media vuelta y caminó hacia ella con lentitud— eso a ti ya no te importa, yo haré con mi esposa lo que yo quiera ¿entiendes? —dijo en tono amenazante, se dio media vuelta y retomó su camino— lesbiana de mierda —dijo lo suficientemente alto como para que ella lo escuchara. 

Kate respiró profundo— idiota. —dijo y fue a buscar su lugar. 

Solo quería que todo se acabara rápido, buscó un lugar muy al fondo, cerca de la puerta de la iglesia y ahí espero que todo diera inicio, el coro comenzó a cantar cuando el novio junto con su madre entró, luego entraron Asher y Rose del brazo pues el primero era el padrino y su ex era la dama de honor, rogó porque no la viera y funcionó. Una vez que llegaron al altar entró todo el cortejo, el niño con los anillos, la niña de las flores y entonces hubo un cambio en la canción que cantaba el coro, la novia era la siguiente, Ana pasó por su lado con andar calmo y tranquilo, en ningún momento Kate la vio, quería que fuese tan rápido como pudiese para poder salir de esa iglesia de una vez por todas. 

La novia llegó al altar y la sonrisa de Casper era la de un idiota cuando estuvo frente a Ana. Los invitados se sentaron y todo dio inicio, Kate quería disociarse, no saber nada hasta que todo terminara, pero el vibrar de su celular en su bolso de mano la devolvió a la tierra, buscó el aparató y le extrañó enormemente ver el número de Oskar Van dalen en la pantalla.

— ¿Oskar? —susurró ganándose miradas de reproches de algunos invitados cerca de ella— ¿todo está bien? 

gracias a Dios que me contestas, estaba llamando a Ana, pero creo que la boda ya empezó porque no me contesta. 

—sí, ya inició ¿sucede algo? —le preguntó se escuchaba muy alterado.

sí, escúchame bien Kate, necesito que le digas a Ana que Abbie está hospitalizada en Long Grove le harán una operación de emergencia tiene apendicitis. Y dile que el helicóptero la estará esperando en el helipuerto de la constructora.

¿quizás esta era una señal que no sabía que esperaba?  

—claro, yo le diré.

gracias, sabía que eras una buena chica. –dijo y colgó.

Decidida se levantó y caminó hacia el pasillo que estaba del otro lado del banco, se dijo a sí misma que le pasaría el mensaje la novia y luego se iría, ya había cumplido su promesa de todas formas. 

Tomó la falda de su vestido y caminó apresuradamente hasta el altar, subió las escaleras del altar, al verla el padre se interrumpió y Ana la miró con el entrecejo fruncido. 

— ¿Qué crees que haces? —preguntó Casper perdiendo la paciencia.

—tengo que decirle algo a Ana, es urgente.

—se lo puedes decir después de la boda —dijo pasando a un lado de Ana y tomando Kate de la muñeca. 

—no te atrevas, Casper –dijo Ana muy suave, pero con firmeza, Casper la saltó y dio un paso atrás — ¿Qué pasa, Kate? 

—Oskar me llamó, dijo que tu hermana le harán una operación de emergencia, tiene apendicitis y está en Long Grove y también dijo que el helicóptero estará listo esperándote en el helipuerto de la constructora.

— ¿Qué mierda…? —dijo, pero el carraspeó del sacerdote la interrumpió— lo siento ¿Qué hace Abbie en tan lejos? 

—no lo sé —dijo Kate encogiéndose de hombros— solo me pidió que te diera el mensaje y ya lo hice, suerte —dijo y le guiñó un ojo antes de bajar del altar.

—espera, Kate —dijo y la pelirroja se detuvo con el entrecejo fruncido— no te vayas, espera un momento. 

Esto era, pensó Ana, esto era lo que necesitaba, su hermana estaba lejos y le harían una operación de emergencia, se había sentido extrañamente inquieta unos quince minutos antes y ahora sabía por qué, Abbie la necesitaba y ella quería estar con su hermana. 

—la boda se cancela —dijo mirando a Casper— ¡la boda se cancela!

— ¿Qué crees que estás haciendo, Ana? –dijo Casper tomándola del brazo.

—estoy corrigiendo mis errores —le dijo con voz firme— no nos vamos a casar ni hoy ni nunca.

— ¿Qué te pasa, Anastasia? —se levantó Clarisse— estas poniendo a toda la familia en ridículo.

—¿de qué familia estás hablando? Ni mi hermana, ni mi tío están aquí, ni siquiera mi abuela está aquí.

—si no te casas olvídate de la herencia de tu padre. 

—me importa una mie…—el sacerdote la volvió a interrumpir —me importa muy poco la herencia de mi padre, no pienso vender mi alma por eso y no debí escucharte en primer lugar, porque desde que lo hice mi vida se fue a pique. Así que gracias por eso.

— ¿crees en serio que voy a dejar que te vayas? —dijo Casper sujetándola muy fuerte del brazo— me estas avergonzando y no permitiré que lo hagas.

—más te vale que me sueltes —le dijo con los dientes apretados.

—¿para qué? Para que te vayas con esa lesbiana asquerosa. —dijo mirando a Kate con rabia. 

Ana no lo pensó, su cuerpo reaccionó, levantó su mano libre y golpeó con una fuerza tremenda en la nariz a Casper, este cayó al suelo y los invitados se asombraron.

—eres un grandísimo idiota —dijo Ana sacudiendo su mano, se giró para tomar de la mano a Kate y salir de la iglesia— vámonos de aquí —dijo corriendo por el altar. — en serio, gracias por haber venido. —le dijo con media sonrisa.

—fue un placer.

18

Kate no lo pensó dos veces cuando Ana le pidió que la llevara a la constructora, en el camino llamó a su tío Oskar desde le celular de la pelirroja diciéndole que iba en camino al helipuerto, quería saber lo que estaba pasando con su hermana. Su tío le explicó que Abbie estaba en custodia de la policía por el cargo de complicidad de robo y contrabando.

— ¿Cómo diablos Abbie se metió en algo así? —le preguntó a su tío alterada. 

aun no lo sé, Rick está en eso ahora mismo.

—mierda. —dijo cerrando los ojos. 

cariño, tranquila, sé que estarás aquí antes de que Abbie despierte, te veré en un rato ¿está bien? Te amo. –dijo antes de colgar. 

Cuando llegaron al edificio Ana le pidió a Kate que fuera con ella. 

— ¿Qué? ¿para qué? 

Kitty Kat, por favor, no quiero estar sola justo en este momento. —le dijo mirando con suplica. 

Kate se mordió el labio y gruñó— bien. Pero me debes una Van dalen. 

Ana sonrió encantada –lo que quieras. 

El recorrido desde Chicago hasta Long Grove fue bastante corto pudieron aterrizar cerca del hospital, con los tacones en la mano y agarrándose la falda del vestido Ana trotó hasta la entrada del complejo y preguntó en recepción por su hermana, le dijeron que estaba en quirófano y le dijeron como puede llegar a la sala de espera. 

Ana corrió en la dirección que le indicaron seguida de Kate y por supuesto Malcom. 

La rubia al ver a su tío corrió a sus brazos.

—ah, mi niña —dijo contra su cabello abrazándola fuertemente— ¿Dónde está tu esposo? —dijo mirando por encima de su cabeza. 

Ana se echó para atrás para mirar a su tío— no me casé, acabé con toda esa locura.

Oskar le dio una mirada suspicaz — ¿sabes? Cuando le pedí a Kate que te dijera lo que estaba pasando con Abbie creí que te diría después de la ceremonia.

—me lo dijo durante la ceremonia. —dijo con una sonrisa divertida.

—gracias por traer a mi sobrina. —le dijo Oskar a Kate con una sonrisa cálida.

—no hay de qué. —dijo Kate sintiéndose avergonzada.

Un doctor salió buscando a los familiares de Abigail Van dalen, Oskar, Ana y Vanessa se acercaron a él. 

—sacamos el apéndice antes de que explotara, la pasaremos a una habitación en un momento.

—¿podemos verla? —preguntó Ana rápidamente.

—sí, aunque no reaccionara con normalidad por el efecto de la anestesia.

—muchas gracias, doctor. —dijo Oskar dándole la mano en agradecimiento.

Ana por fin pudo soltar parte del peso que sentía en los hombros, aún quedaba por saber sobre los cargos en contra de su hermana, su tío Oskar la abrazó fuertemente contra su costado, ambos suspiraron aliviados.

Unos minutos más tarde le indicaron el número de la habitación de Abbie, pero antes de ir, Ana le pidió a Kate que la esperara. 

—me gustaría hablar contigo. 

—no te preocupes, no tengo a donde huir. —le dijo encogiéndose de hombros y sonriendo.

Tío y sobrina entraron a la habitación donde habían dos policías en la puerta. 

— ¿esto es necesario? —preguntó molesta al ver a los uniformados.

—Anie —la llamó su tío en tono de advertencia.

Abbie apenas estaba empezando a volver en sí, su hermana vio las esposas que tenía en la mano que la ataban a la cama.

— ¿esposas? ¿en serio? —dijo con sarcasmo. 

—es el procedimiento, señorita. —dijo uno de los policías que entró con ellos al cuarto. 

—esta sedada y tienes puntos en el abdomen ¿creen que se va a escapar? —dijo Ana molesta. 

Su tío la tomó del codo y la apartó un poco del policía. 

—Anastasia, más te vale que te calles. —le advirtió en susurros. 

—¡pero, tío Oskar! —dijo en tono de reproche. 

—no, no, no, nada de tío Oskar —dijo negando con su dedo índice— hablo muy en serio, mantén tus pensamientos para ti, ya tengo suficiente con la situación de Abbie, para que tú también estés en la cárcel. —su tío la soltó lentamente y la miró con una ceja alzada.

Ana hizo una mini pataleta y puso los ojos en blanco. — está bien, me voy a comportar. 

Ambos volvieron a la cabecera de la cama de Abbie justo a tiempo para abrir los ojos.

—hola, princesa —la llamó Oskar— ¿Cómo te sientes? 

—me siento como si hubiese ido a una fiesta increíble —luego miró a su hermana y abrió los ojos de repente— ¡ay por Dios! Estoy teniendo ese sueño otra vez. —dijo con voz pastosa.

—no estas soñando, soy yo, Anie. —le sonrió dulcemente.

—¿Por qué tienes un vestido de novia? —le preguntó con voz pastosa. 

Ana se echó un visto y recordó que aún estaba con su vestido, no había tenido tiempo de cambiarse, de hecho, no tenía un cambio de ropa.

—bueno —suspiró, se acercó a su hermana y tomó su mano— no me casé con Casper. 

Abbie comenzó a llorar. 

— ¿te sientes bien? —le preguntó Anie preocupada por las lágrimas. 

—debe ser el efecto de la anestesia —dijo y sorbió por la nariz— Anie, lo siento y lo siento mucho. 

— ¿Abbie, de que hablas?  —dijo inclinándose cerca de la cabeza de su hermana— tu no hiciste nada malo, yo fui quien te traicionó, hermanita, te juro que nunca más te voy a traicionar.

—claro que sí hice mal, tu eres mi única hermana, eso creo ¿cierto? —dijo mirando a su tío Oskar.

—hasta ahora sí. —dijo él encogiéndose de hombros. 

—eres mi hermana, Anie, y eso es lo único que me importa, puedes hacer cosas estúpidas y casarte con el primer idiota que conoces, no me importa, no me importa la herencia. 

—pues a mí tampoco me importa la herencia —dijo su hermana acariciando su cabello— me importas tú. ¿recuerdas? Tú cuidas mi trasero y yo el tuyo —dijo recordando la conversación que habían tenido la tarde después de la lectura del testamento. 

Con mucho cuidado Anie abrazó a su hermana sellando la reconciliación. 

Vanessa que había sido espectadora de todo, entendía un poco más a Oskar y su sobreprotección con las hermanas Van dalen, se acercó al brazo de su esposo y le dio un beso en la mejilla, los ojos azules de Oskar la miraron con felicidad.

—tus niñas están reunidas al fin. –le dijo al oído. 

—como siempre debió ser.

Después de un rato, el doctor entró y le pidió a Abbie que no hablara demasiado o podría llenarse de gases, dijo que debía permanecer en el hospital por lo menos hasta pasado mañana, si tenía suerte podía salir mañana por la tarde. 

—saldré de aquí directo a la cárcel. —dijo con pesar, fue consciente de lo sucedido y miró a su tío con lágrimas en los ojos— tío Oskar, te juro que no hice nada, yo solo acompañé a Slade, no tenía idea de nada. 

Oskar se acercó a ella y le dio un beso en la frente— tranquila, todos se va a solucionar.

No tenía idea de cómo, pero tenía un buen presentimiento y ese nunca le fallaba, no por menos era un excelente corredor de bolsa, estaba en él.

Se quedaron un momento más con Abbie, al poco tiempo ella se quedó dormida, decidieron que la dejarían descansar, al salir de su cuarto, tío y sobrina decidieron que harían a continuación. 

—mientras este Abbie en el hospital yo me quedaré —dijo Ana con decisión. 

—te quedaras a pasar la noche aquí —dijo su tío— y yo vendré a relevarte en la mañana —su sobrina iba a protestar, pero su tío levantó el dedo índice señal de que debía estar de acuerdo— Vanessa y yo buscaremos un hotel para todos mientras se resuelve la situación de tu hermana.

— ¿tú crees que sí se resolverá? —preguntó con los brazos cruzados. 

—yo creo que sí. —le aseguró.

—ay tío Oskar, me encanta cuando me mientes. —dijo con una sonrisa triste.

Él se echó a reír y abrazó a su sobrina—tú déjaselo todo a tu tío Oskar ¿está bien? —dijo antes de soltarla— y creo que deberías ir de compras —dijo viendo su vestido de novia.

—no hay problema —dijo Kate apareciendo detrás de ellos con un bolso de gimnasio en el hombro, se había quitado su vestido y ahora llevaba ropa deportiva, su cabello iba recogido en una cola de cabello.

Se veía muy sexy. 

—Malcom y yo fuimos de compras —dijo pasándole el bolso— no es de una tienda exclusiva, pero creo que te ira bien. 

Ana sonrió lentamente conmovida por el gesto— gracias, iré a cambiarme y luego me gustaría que habláramos.

Sonrojándose, Kate miró a Oskar y luego a Ana— claro.

—ya vuelvo —dijo Ana antes de irse al baño. 

Sacarse el vestido fue un suplicio, por suerte una enfermera entró y la ayudó a quitárselo, se dio prisa en vestir, encontró ropa interior, un sostén deportivo, lo que fue un acierto porque no traía sostén, un jogger negro, una camiseta negra con el logo de Nike y un suéter morado, unas zapatillas Nike que eran de su talla.

—sabía que todas esas tardes de compras te servirían de algo, Malcom. —dijo mirándose en el espejo. 

Las tallas eran las suyas, el estilo ere sencillo, pero podía sobrevivir con eso hasta mañana. 

Al salir del baño se encontró con Malcom en la puerta.

—gracias por esto. —le dijo dándole el bolso y el vestido. 

—todo lo escogió Kate —dijo mientras caminaban por el pasillo —yo solo le dije las tallas. 

Al llegar a la sala de espera, Ana vio a Kate, la pelirroja tenía las manos metidas en los bolsillos del suéter, piernas estiradas y los tobillos cruzados, se veía algo nerviosa, pues su pie no paraba de moverse.

— ¿Qué quieres que haga con esto? —preguntó Malcom refiriéndose al vestido. 

—lo que tú quieras. —dijo sin siquiera mirarlo. 

Empezó a caminar en su dirección y se sentó a su lado con un suspiro. 

—hola. —sonrió. 

La pelirroja se enderezó en su silla y el devolvió la sonrisa. 

—hola. —levantó el dedo índice y la señaló— te quedó todo bien. 

—sí, gracias. Malcom dijo que tu elegiste todo. 

—sí, bueno —dijo rascándose la nuca— era eso o una tienda de segunda mano.

— ¿Qué tenía de malo la tienda de segunda mano? —preguntó. 

—ay, Ana ¿en serio? —la miró con una ceja alzada suspicaz.

—sí ¿Qué tiene? —dijo cruzándose de brazos desafiante. 

—Anie, te conozco lo suficiente como para saber que jamás usarías ropa de segunda mano. 

—eso es un poco clasista ¿no lo crees? —dijo ofendida. 

Kate se le quedó mirando con una ceja alzada y una sonrisa divertida en los labios, la verdad era que Ana jamás admitiría eso, pero delante de Kate todo era diferente, le daban ganas de bajar sus defensas y ser un poco menos fría.

—¡está bien, sí es cierto! —dijo exaltada llamando la atención de algunas personas cerca de ellas —jamás usaría eso ¿estás contenta?

—bastante. —dijo con una sonrisa. 

Sin perder el buen humor, Ana le dio un codazo juguetón. 

—por cierto, gracias por lo que hiciste hoy. 

—solo pasé un mensaje. 

—hiciste mucho más que eso —dijo poniendo su mano en la rodilla de la pelirroja —iba a cometer un error enorme casándome con Casper, pasar dos años al lado de un cretino cuando, en realidad, debía pasar ese tiempo contigo. 

Kate alzó la mira de la mano de la rubia y la miró los ojos.

— ¿Qué dijiste? —preguntó con los ojos enormes y atentos a los azules de Ana.

La rubia tomó una respiración profunda y dijo— estoy diciendo que me gustas, Kate.  

19

—espera —dijo Kate levantándose súbitamente— no puedes decirme eso justo ahora —señaló el suelo con los dedos índices –no puedes decirme ahora que te gusto. 

Ana la miró contraria y también se levantó— ¿Por qué no? —preguntó molesta. 

—ibas a casarte hoy, Ana, no sé si lo olvidaste. 

Ella puso los ojos en blanco— por supuesto que no lo olvide y gracias a ti, no me case. —dijo dando un paso hacia la pelirroja. 

—no fue gracias mí —se señaló el pecho—, yo solo pasé el mensaje. Si no hubiese pasado nada estarías casada con Mollins en este momento. 

— ¡pero no pasó así! —dijo llevándose las manos a la cabeza por la desesperación— las cosas pasaron de la forma que lo hicieron y eso no cambiará jamás.

Kate la miró con el ceño fruncido y negó con la cabeza— sabes tan bien como yo, que, si no hubiese pasado lo de tu hermana, tu estarías casada. 

—eso jamás lo vamos a saber. —dijo tomando la mano de Kate. 

—ay, por favor, Ana —dijo al tiempo que se cruzaba de brazos— admite que de no ser por esta situación tu serias la esposa de Casper. 

Sintiendo que su paciencia comenzaba a agotarse gruñó poniendo los ojos en blanco, no pensaba que declarársele a Kate iba a hacer tan difícil. 

— ¡está bien! ¿quieres que lo admita? Sí, de no haberle pasado esto a mi hermana estaría casada con Casper y estaría arrepentida por lo que hice —dijo de carrerilla y molesta— mierda, Kate, jamás le he dicho a nadie que me gusta, te confieso mis sentimientos con la esperanza de que los aceptes… pero mierda —dio un zapatazo— ¿Qué quieres que haga? Que admita que soy una cobarde, pues sí soy una cobarde, pero no por mis sentimientos por ti. 

Kate sentía que los oídos le iban a estallar, en su vida, jamás soñó con que Anastasia Van dalen se le declarara. 

Había una gran verdad, Ana era una obstinada de primera y orgullosa a mas no poder, le costaba admitir que estaba errada, ella prefería morir dignamente, y eso era exactamente una de las cosas que más le gustaba de la rubia.

—no creo que seas una cobarde —dijo mirando el suelo— pienso que eres una mujer muy perseverante y testaruda —sonrió de medio lado— y eso me gusta mucho de ti. Ana, no creo que lo que sientas por mi sea real, tal vez solo es agradecimiento. —dijo mirándola. 

La rubia sonrió y negó con la cabeza —Kitty Kat, tú me gustas y me gustas desde hace mucho tiempo —dijo con la mirada fija en los ojos avellana de la arquitecta— esto es un cliché, debiste verlo venir, te ignoraba apropósito, odiaba a tu padre y te traté mal desde un principio —dijo rememorando su historia— y luego te conocí —dijo y se mordió el labio inferior— me volvió un poco loca cuando tú me ignorabas después de nuestra primera pelea, no me importa si me ignoran o no —dijo encogiéndose de hombros— pero no podía soportar que tú lo hicieras, comencé a preocuparme por ti de la misma forma en la que me preocupo por mi tío y mi hermana, quería estar contigo porque me di cuenta de que contigo me sentía bien, me sentía cómoda, me sentía protegida —tomó sus manos y la miró intensamente— jamás he sentido algo así por nadie antes, mejor que nadie sabes que yo suelo omitir a las personas que son irrelevantes. 

Kate miraba sus manos sostenidas por las de la rubia, un toque suave y cálido.

— ¿estás hablando en serio? —preguntó con los ojos llenos de lágrimas. 

Ana dio un paso más y se atrevió a hacer un poco más íntima acariciando la mejilla de la arquitecta. 

—cariño, yo no bromeo con estas cosas. –dijo mirándola intensamente. 

Kate gimió internamente pues el azul en los ojos de Ana era brillante e hipnótico. 

La burbuja se rompió cuando Malcom con los labios apretados y una expresión de vergüenza las interrumpió, resultó que Oskar la necesitaba con urgencia pues el señor Kane, el abogado de la familia había llegado con noticias.  

—voy enseguida —dijo rascándose la frente con pesar— debo irme, pero realmente me gustaría seguir hablando contigo sobre nosotras, pero esto puede tardar y se está haciendo tarde, no me gustaría que te quedaras sola a esperarme. 

—la Señora Taylor reservó cuartos en un hotel para todos —dijo Malcom— quédate aquí, le diré a Raúl que te lleve para que puedas descansar.

—muchas gracias, Malcom— dijo la pelirroja con una sonrisa, luego miró a la rubia que estaba frente a ella— vendré en la mañana.

Ana sonrió de oreja a oreja— cuento con eso. 

La rubia se fue con su guardaespaldas y lo miró con cierto reproche. 

—a mí ni me veas— le dijo el hombre mirando hacia el frente— yo soy TeamKate— dijo con media sonrisa. 

Ana se frenó de golpe y miró a su guardaespaldas— ¿disculpa? ¿Qué significa eso?

—olvídalo, Ana, tu tío te está esperando. —dijo el grandulón sin inmutarse. 


El señor Kane había llegado al hospital al final de la tarde junto con el capitán de policía y unos oficiales más, con ellos un personaje que le hizo familiar a Ana cuando lo vio. 

—Oskar, Ana, él es el capitán de la policía Samuels —dijo Rick introduciéndolo. 

Ambos le dieron la mano, Ana más por educación y porque su tío estaba a su lado, si fuera con ella miraría la mano del hombre con frialdad.

—Señor Van dalen, era mi responsabilidad venir en persona y explicarles la situación de la señorita Abigail. 

—lo escucho. 

El capitán explicó que había sido una operación planeada desde hace dos años, uno de sus subordinados se había infiltrado desde entonces, pues era una banda que solían robar autos y luego vender las piezas por partes, incluso llegaban a vender los autos robados después de modificarlos, ocultando drogas en ellos. Supe que hace unos meses atrás usted estuvo en un intento de rodo —dijo el capitán mirando a Ana, ella asintió— ellos fueron responsables. Gracias al operativo la banda fue capturada y desmantelada. Por desgracias, su sobrina se vio implicada —dijo con pesar— pero eso debe explicarlo alguien más –dijo con rudeza el capitán Samuels mirando a su subordinado. 

El muchacho se aclaró la garganta y dio un paso al frente —yo puedo explicarlo. 

—se me hace conocido. —dijo Oskar mirándolo con los ojos entrecerrados.

—estuve en su casa hace unos meses, cuando intentaron robar el auto de la se señorita Van dalen —dijo él señalando con el mentón a Ana. 

—espera un momento —dijo Ana mirándolo con los ojos entrecerrados —¡¿tú eres Slade?! ¡el algo de mi hermana Abbie! 

Le costó reconocerlo, pero era él, se había quitado las perforaciones y llevada la chaqueta del departamento de policía, incluso se había afeitado la cresta que tenía. 

—estaba de infiltrado, mi nombre es Patrick Samuels y lamento mucho haber puesto a Abbie en peligro, no fue mi verdadera intención. 

La furia de Ana explotó y se lanzó contra el policía, Oskar la sostuvo a tiempo  

— ¿Qué mierda tenías en la cabeza para llevar a mi hermana a un operativo policial? 

—deja que me encargue de esto —le dijo su tío al oído poniéndola detrás de su cuerpo —estoy totalmente de acuerdo con el pensar de mi sobrina, algo muy malo pudo haberle pasado a mi sobrina Abigail, espero que entienda que no me voy a quedar con los brazos cruzados al saber esto. 

—está en todo su derecho de presentar cargos —dijo el capitán mirando Patrick con dureza. —y no lo digo para ablandar la situación, lo digo como su superior y su padre. —dijo mirándolo directamente— lo que hizo fue grave y le aseguro señor Van dalen que se tomaran medidas. 

—la buena noticia es que Abbie está libre. —dijo Rick con una sonrisa.

Ambos, tío y sobrina suspiraron aliviados al saber la noticia, una vez más Abigail se había salvado por poco de ir a la cárcel. 

Después de disculparse una vez más, el capitán Samuels se despidió, sin embargo, Patrick se quedó, preguntó si podía ver a Abbie, Ana esperaba que su tío dijera que no, pero Oskar suspiró de cansancio y asintió. 

— ¡pero tío…! —protestó Ana.

—cariño —la tomó por los hombros — deja que tu hermana resuelva esto —dijo pasándole un brazo por los hombros— tú, ven a comer conmigo 

— ¿pero y Abbie? —preguntó señalando con el pulgar a sus espaldas. 

—estará bien —dijo empezando a caminar en dirección a la cafetería— Sasha se quedará con ella y nos avisará si pasa algo.

Su tío la apretó contra su costado y ella no pudo más que pasar su mano por su cintura, respiró el perfume tan característico de Oskar que había extrañado durante los últimos seis meses, era como volver a casa después de un largo viaje. 

— ¿vamos a comer en la cafetería? —preguntó Ana con cierto asco, la comida de la cafetería era lo peor.

—no, mande a comprar hamburguesas ¿no conoces a tu tío? —dijo con una sonrisa. 

Se sentaron en una mesa uno frente al otro, Oskar se quitó la chaqueta del traje a medida y lo puso en el respaldo de la silla. en cuestiones de segundos Mijailoh uno de los guardaespaldas, apareció con su comida. 

Oskar miró su hamburguesa con ojos brillantes antes de darle un mordisco.

—no le digas a Vanessa que comí esta delicia. —dijo masticando.

Ana sonrió— no diré nada. —dijo ella antes de morder la suya.

—bueno —dijo Oskar limpiándose la boca con la servilleta antes de tomar un sorbo de su refresco—cuéntame sobre ti. —Ana lo miró con el ceño fruncido.

— ¿en serio? Tío, tú debes saber todo de mi vida —dijo soltando un bufido al tiempo que se mordía una papa frita. 

—tienes razón, lo sé todo, pero no se de tus sentimientos, Anie —dijo mordiendo de nuevo la hamburguesa— no hemos hablado en seis meses, quiero saber de ti. Vamos, cuéntame —dijo comiendo papas— sobretodo quiero que me cuentes de Kate y de ti. 

Ana abrió los ojos como platos al escuchar a su tío, casi se atraganto con su bebida. 

Malcom debía ser un chismoso de primera.

— ¿Malcom te contó? —dijo mirando acusatoriamente al moreno acuerpado que comía a un par de distancia de su mesa como si nada. 

—no —sonrió— pero tengo ojos, soy viejo, pero no tonto, Anie. Vamos, cuéntame —la animó antes de dar la siguiente mordida a su hamburguesa. 

—¿tú me hablaras de tu repentino matrimonio con Vanessa? —preguntó aprovechando la oportunidad que tenía para enterarse de todo. 

—por supuesto.


Uno de los policías que estaba en la puerta, entró con el señor Kane, Patrick Samuels y por supuesto el guardaespaldas ruso que se quedó a cargo de la custodia de Abbie.

—Abbie, cariño, despierta —la llamó con ternura el abogado. 

Ella despertó lentamente, les costaba enfocar la vista, vio al hombre canoso sonriéndole tiernamente. 

— ¿Qué pasa, Rick? 

—la policía vino a liberarte, eres libre de cargos. 

— ¿de verdad? —dijo alzándose de repente sintiendo un tirón en su barriga.

—tranquila —dijo Rick poniendo una mano en su hombro para que se recostara de nuevo. — el oficial te quitara las esposas. —dijo dando un paso hacia atrás para el policía le retirara las esposas. 

— ¿Dónde están mi tío y Anie? —preguntó mirando a todas partes. 

—están comiendo en la cafetería, ya vienen, no te preocupes —le sonrió— aquí esta Sasha, para cuidarte. —lo señaló con la cabeza. 

Una vez le liberaron la mano, lo apuntó con el dedo índice y flexionó el pulgar como disparando una pistola y guiño un ojo.

—Sash. —dijo como saludo. 

El rubio platino le guiñó el ojo y le dio una pequeña sonrisa. 

Todos los guardaespaldas de la familia Van dalen han estado ahí desde Dios sabe cuándo, muchos los vieron crecer, cuando eran niñas, tenía una mujer guardaespaldas llamada Fenna, mientras estuvieron en el internado en Países Bajos. Esa fue la única vez que Abbie tuvo un guardián, le rogó a su padre el no tener una sombra pegada en la espalda, por otro lado, Ana había estado con Malcom desde hace quince años, donde estuviese su hermana, estaba Malcom. Gracias a su hermana, decidió respetar el trabajo que hacían los guardaespaldas, pues antiguamente era una patada para ellos, siempre quería esquivarlos y muchos renunciaban después de un par de semanas. No era trabajo fácil poner tu vida, delante de otra. 

—hay alguien que quiere hablar contigo, Abbie —dijo Rick llamando su atención. Patrick dio un paso hacia adelante y la miró, ella no lo reconoció. — él es Patrick Samuels, te dejaremos a solas con él. 

—estaré en la puerta, señorita Van dalen —dijo Sasha con su acento marcado y tono fuerte. 

—lo siento ¿te conozco? —preguntó Abbie mirándolo con los ojos entrecerrados.

—Abbie, soy yo, Slade —dijo sentándose en la orilla de la cama. 

— Que ¡¿qué?!  –dijo mirándolo de arriba abajo apoyándose en un codo.

Estaba totalmente diferente, las perforaciones se las había quitado, se había afeitado la cresta, llevaba una chaqueta de la policía 

—debo estar delirando. —dijo echando la cabeza hacia atrás. 

Él se echó a reír— no, soy yo, y me gustaría que me prestaras atención. 

Abbie se le quedó mirando con el ceño fruncido, y todo volvió a su mente— eres un idiota —dijo con los dientes apretados, movió su pierna y lo empujó fuera de la cama con todas sus fuerzas— ¡gracias ti ahora tengo historial de robo! ¿Qué mierda te pasa? 

Del empujón que recibió Patrick fue levantado de la cama trastabillando un poco— te lo puedo explicar —dijo sobándose un costado adolorido.

— ¿Qué te hace pensar que quiero escucharte? ¡mierda! Slade, jamás me había sentido tan humillada en toda mi puta vida. —dijo empezando a sentir puyazos en la herida. 

—cálmate o te harás daño. —dijo acercándose a ella. 

—no me digas que me calme. —dijo apuntándolo con el dedo. 

Pero tenía razón, no debía tener tensión, respira rápido la llenaría de gases y esos podría provocarle malestar.

—¿Qué mierda quieres? —dijo recostándose en la almohada cerrando los ojos arrugando la frente —más te vale que sea rápido. —dijo tratando de controlar su respiración.

 —si te pusiste así con tan solo verme, no sé si te diga todo —dijo más para sí, sin embargo, se ganó una mirada asesina de la rubia— está bien —dijo levantando las manos y dando un paso temeroso— mi nombre real es Patrick Samuels y soy policía encubierto.

Patrick le explicó las cosas a Abbie, estuvo trabajando encubierto por dos años, tratando de obtener pistas para poder detener oficialmente a Larry y su banda delictiva, las cosas no habían ido muy bien hasta que ella le prestó el dinero aquella vez para un negocio, negocio que no era para nada lícito, más tarde cuando le pidió el favor de llevar mercancía hasta Long Grove, sabía que era la oportunidad perfecta, había comprobado las piezas robadas, sabía que eran exactamente esas. 

— ¿Cuándo me pediste que viniera contigo —dijo en voz baja— ¿no pensaste en que todo podría terminar mal? —gritó y se llevó una mano al costado.

—sé que todo pudo salir mal, lo sé, pero sabía que no sería así, confiaba en que todo saliera bien, jamás te hubiese puesto en peligro, tu realmente me gustas. 

— ¡ay que lindo eres! —dijo con sarcasmo. 

—no pensé que cuando te arrestaran te molestarías tanto, te han arrestado tantas veces que…

— ¿disculpa? —dijo indignada al escucharlo— ¿creíste no me molestaría porque me arrestaran por robo? 

Patrick cerro los ojos –no quise decir eso— se disculpó. 

—escucha, Slade, Patrick como quiera que te llames —dijo repentinamente cansada— realmente me gustabas, pero lo arruinaste todo con la putada en la que me metiste, y solo quiero que sepas que un Van dalen jamás olvida, así que haré todo lo posible para que termines en Alaska y tus bolas se congelen ahí —dijo mirándolo con un azul muy intenso, Patrick tragó con fuerza. — ¡Sash! —gritó. El ruso entró al segundo siguiente mirando a Abbie— llama a una enfermera para que me inyecte algo para este dolor, pero antes sácalo de aquí por favor. 

El rubio asintió y tomó al policía del bíceps— acompáñeme, por favor —le pidió halándolo del brazo.

—pero... 

—por favor —dijo el ruso más fuerte. 

Patrick solo agachó la cabeza y se dejó guiar por Sasha, después de todo, el hombre parecía por lo menos treinta centímetros más alto y debía pesar unos veinte kilos más, el guardaespaldas tenía ventaja por donde se mire, no importaba si estaba uniformado, no usaría eso de ventaja. 

La enfermera llegó y le colocó un calmante a Abbie, un par de minutos más tarde su tío y su hermana aparecieron en el cuarto. 

— ¿Qué pasó? —preguntó preocupada Ana acercándose a su hermana. 

La rubia en la cama solo balbuceaba, el efecto del calmante fue inmediato, pero no tardo mucho para que se enterara de todo lo ocurrido, pues Sasha les dijo todo. 

Casi cerca de que la hora de las visitas terminara, Oskar se despidió de sus niñas, aunque Abbie estuviese dormida, le dijo a Ana que estaría de vuelta a primera hora de la mañana para relevarla. 

A cierta hora de la madrugada Abbie se removía en la cama, Ana, que dormía como podía en el pequeño sillón de la habitación, se levantó y se acercó a su hermana. 

— ¿Qué sucede, te duele?  —le preguntó.

—tengo frío —dijo abriendo los ojos— duerme conmigo —dijo moviéndose a su derecha. 

Anie se metió en la cama, dentro de las sabanas para darle calor a su hermana, ella se reclinó en el hombro de Ana y suspiró. 

— ¿Cómo te sientes? —preguntó Ana frotando la pierna de Abbie. 

—mejor. 

Se quedaron en silencio un rato disfrutando del ambiente. 

— ¿Anie? —dijo llamándola en voz baja.

— ¿mmh? 

—lo lamento en serio. 

—yo igual. —dijo inclinando su cabeza para apoyarla en la de su hermana— no hay que volverlo a hacer ¿te parece? —levantó su meñique. 

Abbie sonrió y levantó su dedo meñique y lo engancho al meñique de su hermana — nunca más hay que volver a pelear por dinero.

20

El toque en la puerta las despertó, Oskar entró y las vio con una sonrisa.

—buenos días, niñas. 

Las hermanas Van dalen respondieron algo muy parecido a buenos días, Abbie quería ir al baño, así que su tío la ayudó a llegar ahí, Anie la ayudó en la demás. 

—traje productos de primera necesidad para las dos y ¿Anie? 

— ¿que? —respondió desde el baño.

—Kate me pidió que te diera unas cosas para desmaquillar 

Ana salió del baño como un rayó y tomó la bolsa que tenía Oskar en las manos— ¿en serio? 

—sí, dijo que te espera a fuera.

El doctor que operó Abbie entró en ese momento y después de chequearla dijo que le darían el alta al día siguiente en la mañana, lo que era una alegría para todos, sin embargo, su tío anunció que en un rato se irían Vanessa junto con Kate, el transporte había llegado la noche anterior y se iría con ella en un par de horas. 

Cuando el doctor se fue Ana se metió en el baño para poner arreglarse un poco, era un desastre, tenía el maquillaje corrido, su cabello parecía una melena de león, su ropa estaba arrugada, hizo mucho con lo poco que tenía a la mano, como Malcom estaba custodiándola no pudo volver a la ciudad por ropa y su celular, este último lo dejo en la iglesia la mañana anterior, dejó a su hermana al cuidado de su tío y salió en busca de Kate, no tardó mucho, la encontró en la sentada en la hilera de sillas que daban la espalda en la sala de espera con un brazo en el respaldo de la silla de al lado. Ana se dio cuenta que podía identificarla en cualquier entorno, más a allá de que su cabellera roja la dejara al descubierto, los ojos de Ana sabían dónde mirar como si Kate fuese un imán y sus ojos metal.

—hola. —dijo al acercarse 

Al verla Kate se sentó derecha y le dio una pequeña sonrisa. 

—buenos días —dijo y le pasó un vaso de papel tapado— es té, sé que no tomas café porque odias que tus dientes se manchen 

Ana tomó el vaso con una sonrisa y sintió rubor cubrir sus mejillas.

— ¿Cómo puedes recordar ese tipo de cosas? Kate ¿cómo no me di cuenta de tus sentimientos por mí? —sonrió atónita dándose cuenta de que la pelirroja le prestaba atención a lo que ella dijera.

Sí, odiaba tomar café, manchaba sus dientes y la hacía ir al baño.

Kate se sintió algo avergonzada, se encogió de hombros y sonrió.

—incluso me enviaste con mi tío desmaquillante, Malcom lleva trabajando quince años para mí y jamás se le ocurrió algo así.

—bueno, creo que porque es hombre no se le ocurriría —dijo bebiendo ella se vaso.

—creo que tienes razón en eso. —dijo tomando un sorbo de su té. — ¿podemos hablar afuera? 

—claro. —dijo levantándose de la silla. 

Salieron del hospital y caminaron cerca de la propiedad donde habían bancos y jardines. 

—¿cómo dormiste? —preguntó Kate mientras paseaban por el lugar.

—pues, intenté dormir algo, me siento destrozada.

—te ves perfecta para mí.  —dijo antes de tomar un sorbo de su vaso.

—espera un momento —dijo Ana con una sonrisa traviesa— no puedes decirme esas cosas, ser atenta conmigo y no esperar a que sienta cosas por ti. 

—Anie, por favor —bufó la pelirroja— apuesto a que te lo han dicho un millón de veces.

—es cierto, un millón más uno, pero siempre ha sonado tan vacío para mí, sin embargo, cuando tú lo dices se siente honesto. —dijo viendo el par de ojos avellana.

Kate se sonrojó y miró el camino que tenían de frente.

— ¿Cómo está tu hermana? —preguntó cambiando de tema. 

Ana le tomó la mano y la detuvo— ¿en serio no vamos a hablar de lo nuestro? 

—no hay nada pasando entre la dos. —dijo mirando la unión de sus manos. 

Ana bufó y puso los ojos en blanco, haló a Kate de la mano y la besó.

Por unos segundos Kate no reaccionó, sintió los brazos de Ana rodeándole el cuello apretándola más cerca de ella, un gemido de satisfacción salió de ella y con deleite cerró los ojos entregándose por completo al beso, rodeó la cintura de Ana con sus brazos, para que no quedara ningún espacio entre las dos, uno de sus sueños se estaba siendo realidad, estaba besando a Anastasia Van dalen, la mujer por la que perdió el sueño en la adolescencia y ahora en la adultez.

Ana rompió el beso por falta de aire, con una sonrisa rozó la nariz de Kate.

— ¿ahora crees que sí me gustas? —le preguntó en un susurro. 

— ¿Qué? —preguntó Kate aun con la cabeza en las nubes. 

Ana lanzó una carcajada y volvió a besar a la pelirroja, el primer contacto había sido tierno, casi perfecto, pero ahora la rubia quería explorar más de la boca de Kate, sin embargo, alguien se aclaró la garganta y ellas se separaron era Malcom, la sombra protectora de Ana. 

—señorita Van dalen, señorita McFayden —las saludó— el auto está esperando por usted, señorita McFayden.

—¿puedes darnos cinco minutos, por favor? —le pidió Ana, el guardaespaldas asintió y ella le agradeció. 

—¿acaso estaba sonriéndome? —preguntó Kate viendo la espalda de Malcom quien se había alejado unos metros de ellas para darles privacidad. 

—es que le gradas —dijo encogiéndose de hombros— escucha, le darán de alta a mi hermana mañana y vendrá a mi casa hasta que le retiren los puntos, queremos recuperar el tiempo perdido y luego nos iremos de vacaciones dos semanas a Tahití, me gustaría que tengamos nuestra primera cita ahí.

— ¿Qué? —dijo Kate en shock— ¿quieres que yo vaya con ustedes? ¿Qué hay de tu hermana? 

—mi hermana me dejara en cuanto encuentre a algún idiota en la isla —dijo poniendo los ojos en blanco— realmente me encantaría que fueras, porque realmente quiero saber hasta dónde va a llegar lo nuestro —dijo con una sonrisa y el azul en sus ojos era de pura ilusión. — si no puedes pagarlo no pasa nada —dijo poniéndose seria— solo llama a mi tío y él pondrá a disposición el jet para ti y…

—Anie, tranquila —dijo paseando sus manos por los hombros de la rubia— me encantaría ir contigo a Tahití.

Ella sonrió de nuevo y rodeó el cuello de Kate de nuevo para volver a unir sus labios. 

—es una cita. —dijo antes de besarla. 


Un par de semanas después las hermanas se encontraban dentro del jet de la familia, tomando una copa de champan antes de despegar. 

—¡al fin! —dijo Abbie— he estado esperando este viaje desde hace días.

—había que esperar a que te quitaran los puntos. —dijo Ana sentándose frente a ella revisando su celular.

—has estado revisando tu celular la última media hora ¿esperas una llamada importante? 

—no exactamente —dijo mordiéndose la uña del pulgar con una sonrisa pícara en la cara mientras leía un mensaje.

—has estado teniendo esa sonrisa de idiota las últimas dos semanas.

Ana sonrió y tomó de su copa— estoy… saliendo con Kate. 

Su hermana casi escupió el alcohol de su boca al escucharla. 

— ¿Cuál Kate? ¿McFayden? —su hermana asintió en respuestas— espera ¿te gustan las chicas? —preguntó con una sonrisa curiosa.

—no sé si me gustan las chicas o no, solo sé que me gusta Kate. —dijo encogiéndose de hombros.

— ¿cuándo pasó esto? —le preguntó con una sonrisa.

—no lo sé, solo pasó.

Abbie puso el codo en el apoyabrazos y la señaló con el índice— tienes que admitir que regalarle un auto y luego ir tras ella aquella noche que me pediste ayuda, debió darte una idea. —enumeró con sus dedos 

Ana se pasó la mano por la cara avergonzada al recordar ese episodio. 

En los últimos días no se habían visto, solo escrito, Kate respetaba el tiempo que Ana pasaba con su hermana, después de todo habían estado separadas por seis meses, había muchas cosas que contarse y ponerse al día. 

—la invité a venir para tener una cita con ella. —dijo Ana mordiéndose el labio inferior. — vendrá el fin de semana. 

—¿entonces esto es serio?

—veremos cómo va. ¿supiste algo de Patrick? 

Abbie lanzo una carcajada.

—no y no quiero saberlo, realmente me gustaba, lo que es una pena.

Patrick Samuels desapareció de la vida de Abbie tan pronto cruzó la puerta de la habitación del hospital, su tío Oskar tampoco les dijo nada sobre él, además ellas tampoco preguntaron. Abbie simplemente paso página, así era ella, una vez que dejaba de importarle algo o alguien, seguía con su vida como si nada. 

—oye ¿te enteraste del matrimonio de Oskar con Vanessa? —dijo Ana.

— ¡sí! —dijo sorprendida— ¿y ni siquiera nos dio permiso para casarse? ¿Qué le pasa? 

—exacto ¿Qué se cree que se manda solo o qué? 

La noticia del matrimonio de Oskar ahora era de domino popular, para las hermanas compartir a su tío, no era una opción, pero debían admitir que él también merecía ser feliz.

El piloto anunció el despegue y las hermanas Van dalen disfrutaron del viaje, retomado los lazos que se habían destruido seis meses antes, cuando Ana tomó malas decisiones, todo por una herencia que a estas alturas a ninguna les importaba. 

Epílogo

Después de seis meses paseando por el mundo, Abigail Van dalen, apareció en las oficinas de abogados de Richmond Kane, abogado fiel de la familia desde que ella podía recordar, gracias a él se había salvado de muchas condenas, reduciéndolas a servicio comunitario, en los últimos seis meses, Abbie se había comportado, evitó los problemas a toda costa. No había visto a su familia en todo ese periodo, pero sí seguía en contacto con ellos, sobre todo con su tío Oskar a quien parecía, el matrimonio le estaba yendo de fábula, aun celaba a su tío y era muy probable que eso jamás cambiaria.

 La puerta del ascensor se abrió en el piso donde se realizaría la reunión, pues el plazo para leer el otro testamento que su padre había dejado, por fin se revelaría lo que decía ese tan famoso sobre.

—llegas tarde. —dijo su tío quien se lo encontró de frente. 

— ¡tío Oskar! —dijo al verlo emocionada abrazándolo.

Él le devolvió el abrazo, fingiendo estar molesto— ¿cariño, no has escuchado hablar del melanoma? —dijo al separarse de ella. 

Los últimos seis meses se había pasado persiguiendo el verano, llegando a broncearse bastante, el rubio en su cabello se había vuelto muchísimo más claro.

—me da gusto verte, tío Oskar —le dijo con una sonrisa— y lamento llegar tarde, aunque solo hayan sido cinco minutos. —dijo mirando a su tío con suspicacia— ¿Anie ya se molestó? 

—de hecho, tu hermana aún no ha llegado. —dijo suspirando con pesadez.

—¿Qué? ¿La reina de la puntualidad no ha llegado? —dijo con burla.

La puerta del ascensor se abrió y una apresurada Ana salió de él. 

—¡lo siento! ¡lo siento! —dijo corriendo por el pasillo para alcanzarlos— lamentó llegar tarde —se detuvo en cuanto vio a su hermana— vaya, pareces un dorito. —dijo aguando la carcajada.

—Anie —la reprendió Oskar.

—¿Qué? Ya la viste ¿no? —dijo riéndose. 

—puedes reírte todo lo que quieras, hermanita —dijo Abbie—, estoy en mi estado zen. 

— ¿se puede saber por qué llegaste tarde? —dijo su tío empujándolas hacia la sala de reuniones. 

—lo siento, pero Kate me entretuvo en la ducha. —dijo con una sonrisa de satisfacción. 

—¿sigues con McFayden? —preguntó Abbie al tiempo que entraban a la sala de reuniones. 

—claro —dijo Anie sentándose en la silla de la mesa larga del lugar— llevamos saliendo seis meses. 

—¿después de como salió su primera cita? —le preguntó Abbie extrañada. 

Su primera cita había sido un desastre total, Kate se intoxicó con la comida, así que terminó en hospital el resto de la noche, por la mañana cuando Anie dejó a la pelirroja en la cabaña que alquiló, la miró a los ojos y lo supo, se había enamorado de Kate McFayden.

—sí, fue una cita horrible, pero fue como en Hitch ¿sabes? Todo estuvo muy mal, pero fue perfecto de alguna manera.

—y por lo que veo tiene muy buena mano, porque estas radiante. 

—muy bien ya es suficiente —dijo su tío llamando la atención de sus sobrinas— leamos el documento que dejó mi hermano. 

El señor Kane procedió a abrir el sobre y sacó la carta que ahí se guardaba. 

—si abrieron este documento, quiere decir que mis hijas no se casaron y que pusieron el amor que se tienen entre ellas por encima del dinero —las hermanas se miraron e intercambiaron una sonrisa —lo que significa que al menos algo hice bien, criarlas juntas, no les di el amor que necesitaban, pero al menos se tienen la una a la otra, debí decírselos más seguido, pero quiero que sepan que estoy orgulloso de ambas y que las amo como nunca ame a nadie. Por eso, todos mis vienes, bonos y fortuna serán divididos equitativamente entre todas mis hijas. 

—espera un momento —dijo Anie limpiándose las lágrimas que derramó al escuchar el testamento de su padre— ¿dijo entre todas mis hijas? —preguntó mirando a su tío. 

Él apretó los labios y se levantó, abrió la puerta de cristal para que una muchacha de unos veintitantos entrara a la sala de reuniones. 

—niñas, quiero presentarles a Alexis, su media hermana. 

— ¡¿Qué?! —gritaron al mismo tiempo. 


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