Relatos eróticos / Angela Guillen
SINOPSIS:
Recopilación de tres cuentos eróticos.
En el cubículo pequeño de su oficina
En el cubículo pequeño de su oficina, Daniel encorvado con gafas, lee un email de alguien que se habrá equivocado, ve la foto de una mujer desnuda, es gorda pero voluptuosa y sensual. Una piquiña empieza a sentirse en sus muslos, que se acaloran. Una gota de sudor cae de su frente y baja debajo de su pecho delgado. Mira el reloj, es temprano. Termina de beber su café que se ha enfriado. Su mano derecha toca su muslo derecho. Ve la imagen de aquella mujer desnuda. Mira hacia todos lados, siente que sus compañeros de trabajo lo observan. Es pura paranoia. Todos están ensimismados en sus laptops. Va al baño, sabe qué hacer. Se encierra en el cubículo, se baja la bragueta del pantalón gris. Su pene endurecido aparece. Recuerda las tetas inmensas de la foto de la mujer desnuda. Se imagina que las muerde. Se imagina meter el pene en medio de esas tetas. Él empieza a masturbarse, se da duro, con violencia, aquella imagen nítida estalla en su mente. Las nalgas de esa mujer son como melones. Se da tan duro que acaba rápido. Una lluvia de semen mancha su pantalón y llega hasta su cara. Ufffff qué sabroso acabar así por la foto de una mujer gorda, desconocida que se equivocó de destinatario o ¿quizás no?
Ella se baña sola en el río
Ella se baña sola en el río. Tiene 21 años y el rostro asoleado. Sus senos son peras, gordas y caídas por la gravedad, aunque firmes. Se restriega sus piernas y su sobaco con jabón azul. Sueña con ser vista por un millonario que se enamore de ella o que por lo menos se pajee con su desnudez. Se moja el cabello. Debajo del agua, ve peces marrones, grandes y pequeños. ¿si se ahogara en ese preciso instante? ¿qué pasaría? Nada, se eleva nuevamente. Esta vez sus pechos desnudos son enjuagados por la espuma blanca del jabón azul. Su fantasía se cumpliría e medias. El pajuzo, su vecino, un cincuentón la ve desde lejos, escondido detrás de un árbol. Se baja la bragueta, su mano desnuda y sucia saca su sexo erecto y gordo, empieza a moverlo y a frotarlo con violencia a medida que ve a la mujer joven subir y bajar por el afluente cristalino del río. Ella se enjuaga los muslos y su vagina colmada de vellos púbicos rojizos. Ella se unta de champú su larga cabellera roja y marrón tostada por el sol. Ella siente la mirada del pajuzo, al principio le da asco, pero después le excita, cómo negar su excitación al saberse observada, deseada. Lo conoce de lejos, sabe que es inofensivo. Ella se levanta, su desnudez se hace presente. Sus muslos gordos, sus brazos firmes, su boca mojada, sus senos erectos, el agua cayendo por sus vellos púbicos, su rostro perlado por el agua. Huele el agua limpia y el olor al jabón, así como el aroma de la naturaleza entera, el verdor de las hojas de los árboles y la tierra húmeda. Busca su toalla con dibujos de Piolín. Se envuelve con ella. El pajuzo se masturba tan duro que siente que el pene se le lesiona, pero no le importa. La voluptuosidad de esa mujer es violenta y frágil a la vez. Ella con la toalla enrollada en su cuerpo camina desnuda hacia su rancho. Mira de reojo al pajuzo, quien ya acabó y se ríe pícara.
Ella se levanta muy temprano y sale a trotar
Ella se levanta muy temprano y sale a trotar. La brisa acaricia su rostro, sus músculos aprietan y duelen, pero es una molestia pequeña. Regresa a casa para ducharse y ve en el celular que su novio le ha regalado una foto de su pene peludo. Ella esboza una sonrisa. Me desnuda, sus pechos son como duraznos redondos y firmes, con una leve caída gravitacional. Se quita su bikini, su sexo velludo color azabache vislumbra una promesa de placer. Se mete a duchar, el agua fría la electrifica, se mete dos dedos en su vagina, empieza a sobarse suave y duro a un ritmo acompasado, en su mente suena una melodía libre aleatoria de un saxofón. Siente dolor y placer, placer y dolor. Su cuerpo desnudo se contorsiona. Se echa champú en su cabello largo castaño oscuro. Lava y enjuaga su cabello, después prosigue en su masturbación, ahora se mete tres dedos, se restriega, se da duro en su sexo. La melodía en saxofón ahora es más rápida y violenta en su cabeza. Ahora le toca enjabonarse, usa el jabón para masturbarse, se lo mete entre sus dos piernas que une. Ahí, va un orgasmo eléctrico, una pulsación violenta. Se saca el jabón y se enjabona todo el cuerpo, por debajo de sus senos, en sus sobacos, en sus piernas, en sus muslos, en su bajo vientre, en su espalda, en su culo. Mete dos dedos en su culo, siente otro orgasmo más. Termina de enjuagarse y se seca con una toalla azul con dibujos de estrellas. Cada estrella es un átomo del placer que acaba de sentir. A su novio le responde con el emoticón de picardía.
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