Emma / Phalka

#acciÓn, #juvenil, #romance

SINOPSIS:

(Segunda parte de Jack Callen)
Emma es una joven de dieciocho años que está por empezar una nueva etapa en su vida. Desechar traumas y recuerdos nunca es fácil. Sobretodo cuando aquel boxeador profesional aparece de nuevo en su vida con una propuesta que cambiará todos sus planes del futuro.

Primer y último

¡EL milagro de Riverlight! ¡Jack Callen vuelve a la ciudad luego de su entrenamiento en Estados Unidos! ¡El boxeador de peso pesado está en el peak de su carrera profesional! ¡Rumores indican que podría continuar con oportunidad en el extranjero… —Apagué la radio con un suspiro. Cepillé mi cabello aún mojado y estiré con mis dedos la crema facial hidratante. El timbre de mi casa comenzaba a sonar otra vez. Me miré al espejo y estiré el cuello exhausta. Me levanté y busqué en mi closet una blusa para ponerme. —¡Emmaaaaaa! ¡Emmaaaaa! —escuchaba su voz gritar desde afuera. 

—Mierda. ¿Qué acaso está loco? Llamaré a la policía. —Me quejé en mi soledad. Caminé a paso rápido por el pasillo, Maya miraba hacia la puerta moviendo su cola. Acaricié su cabeza y me agaché a su lado—. No Maya. Debes morderlo. ¿De acuerdo? 

Salí por la puerta y lo vi con sus manos apoyadas en la reja y un gesto preocupado, cual reo en cárcel. Me crucé de brazos y ladeé la cabeza. Tenía una camiseta casual y unos jeans negros medianamente ajustados. Miré sus ojos cafés suplicantes y su cabello perfectamente desordenado y sedoso. 

—Emma… —su voz diciendo mi nombre me recordaba tantas cosas que creí olvidadas. 

—Qué quieres… —solté cansada. 

—Hablar contigo. 

—Sobre qué. 

—Nosotros. 

Rodé los ojos y me acerqué hasta quedar justo frente a él en la reja. 

—Ya no hay un “nosotros”. —Aclaré. Él me miró con esos ojitos de perro de calle. Tragué saliva. Maya esperaba emocionada del otro lado a que le abriera. Perra estúpida.

—Sólo unos minutos. Por favor. 

Abrí el portón dejándolo entrar. Acarició a Maya que saltaba como loca, mientras caminaba hacia la puerta. Lo miré a cada paso, sin perderme ningún detalle, había olvidado lo alto que era, lo ancha que es su espalda, sus brazos, su nuca. Ese olor a limpio y fresco que lo rodea. Y un sin fin de cosas que me encantaban y ahora producían un efecto distinto en mí. Sus cejas se levantaron de la sorpresa cuando le dije que subiéramos a mi habitación. Me siguió por las escaleras tímido, como si nunca hubiese venido. Me senté en la cama y  lo miré expectante. —¿Y bien? —pregunté. Jack se sentó a mi lado y entrelazó sus dedos sobre sus piernas, como si lo envolviera la incomodidad. 

—Emma… —empezó pronunciando mi nombre y mi piel se erizó. Estaba a punto de golpearlo y gritarle que se fuera. Pero al mismo tiempo quería escucharlo. Esta conversación que me imaginé todos los días desde que se fue. Aquella que esperaba, ahora le temía. Pero sabía que debía ocurrir en algún momento—. Sé que estás muy enojada conmigo ahora mismo.

—No lo estoy. —solté apresurada, impidiendo que siga con su explicación. 

—¿No? —Volteó a verme y recorrió mi rostro con su mirada, como si estuviese admirando cada espacio de mi blanca piel—. ¿Entonces por qué me miras así?

—¿Así cómo? 

—Como si quisieras matarme. De hecho eso sería mejor, cualquier cosa es mejor que este silencio y tu distancia. 

No pude evitar soltar una risita. Me tuve que levantar para calmarme y actuar como si todo estuviese superado. 

—¿Qué esperabas? —dije, volteándome para verlo ahora desde arriba—. ¿Que corriera a tus brazos y te besara? ¿O que te gritara y golpeara frente a mi instituto? 

Jack me miró fijamente unos segundos. Luego bajó la cabeza y sonrió. 

—No lo sé… quizá ¿Las dos?

Lo observé de pies a cabeza mientras él miraba sus zapatos. Me mordí la lengua de la rabia y salté hacia él. Me agaché en el piso justo en frente y sostuve su rostro con ambas manos. Me miró confundido e ilusionado. Su gesto no me permitió aguantar más. Mi mente se fue a blanco, y lo besé. Lo besé en los labios con fuerza, como si todo ese amor con el tiempo se convirtió en odio y en un deseo tóxico que quería que terminara pronto. Luego de desahogarme un poco, (sólo un poco) lo solté y lo miré a los ojos. Sonrió de manera tan placentera, como si todo hubiese vuelto a la normalidad. Lo siguiente que hice fue golpearlo en la mejilla con una cachetada. Y sonó de tal manera, que Maya subió apresurada las escaleras a ver qué pasaba. (Creo que me salió bien) Abrió los ojos sorprendido, yo me reí con ironía. 

—Eres un hijo de puta. —pronuncié con exasperación. Y dios... que se sintió bien decirlo. Me levanté y di vueltas por la habitación. Acaricié la cabeza de Maya que me miraba moviendo su cola—. Por qué te fuiste así. Como si realmente no hubiera otra opción. Justo cuando me enamoraba cada vez más de ti. —De repente mi ira se convirtió en tristeza, y Jack asintió como si se lo esperaba—. ¿Por qué mierda cambiaste de número? 

—Eso… 

—¡Ahora ni siquiera me importa! De verdad. ¿Pero y el ramo de flores qué? ¿Enserio pensabas volver y que estaríamos juntos de nuevo? ¡Cuando tú mismo dijiste que no te esperara! porque tú tampoco lo harías. 

—¡Eso lo dije! —se levantó de la cama con un gesto desesperado. Recordé lo pequeña que soy a su lado y retrocedí un paso—. Eso lo dije porque no quería que estuvieras sufriendo por mí. —Bufé al instante cuando dijo eso, cruzándome de brazos—. Quería que vivieras tu adolescencia como cualquiera. Eso quería pero… no cambia el hecho de que yo estaría pensando en ti todos los putos días. —Lo miré incrédula. Él se acercó a mí y puso sus manos en mis brazos, haciéndome soltarlos, para luego tomar mis manos—. Emma. No podría estar con nadie que no seas tú. Y es que no me interesa. No puedo. Me fui por mi carrera, sí. Pero entrenando sólo confirmé lo importante que eres para mí y lo mucho que te necesito a mi lado. ¿Por qué otra razón volvería? 

—Tú dijiste que volverías en 1 año. No me uses a mí de excusa. —solté mis manos de las suyas y lo miré seria. 

—Lo hago. Te uso, es verdad. Pero porque estoy enamorado de ti Emma. Así como nunca pensé que lo estaría por nadie. Y me odio a veces por eso. Necesitar de alguien así... siempre me pareció ridículo. Pero no lo puedo controlar. Y quiero estar contigo. 

Suspiré agotada. Ya no podía más con todo esto. Eran las palabras que estaba esperando. Y son precisamente cosas que él nunca dice. Me tomé la cabeza y lo miré de nuevo. 

—Jack… escucha…

—Si acaso estás saliendo con alguien, te esperaré. 

—¡No! Eso no… —¿Qué acaso está loco? ¿Lo dice enserio? me fijé en sus brazos enormes y quise escabullirme en ellos—. Tengo que pensarlo. ¿Okey? Tengo mucho qué pensar, así que por favor…

—Está bien. —Se acercó a mí y besó delicadamente mi cabeza—. Nos vemos. —susurró con su voz profunda antes de irse. Maya lo acompañó juguetona hasta la salida. Y yo me quedé allí de pie sin saber qué hacer. Sin saber qué esperar. 

Pensar en mí misma

—Jack… 

Sus ojos se volvieron pequeños al escuchar su nombre. Esperó a que dijese algo más, pero yo continuaba en shock. Bajó el ramo y pasó su mano por su nuca nervioso. 

—Felicidades. Por tu graduación. —Soltó. Abrí la boca esperando dejar salir algo, pero no era nada. Solo una mezcla de sentimientos desagradables que me revolvieron el estómago. Miré sus ojos y luego el hermoso ramo de flores que había entre sus dedos. Me acerqué un paso y él se enderezó nervioso.

—¿Son para mí? —pregunté, apuntando las flores. 

—¡Sí, sí! —me las entregó con su mano temblando. La tomé con ambas mías, observé los distintos colores y el rico olor que emanaba.

—Son hermosas. Gracias. —solté. Al instante su rostro se iluminó con una sonrisa. Miré de reojo como salían familias enteras del instituto y nos quedaban viendo. 

—Tu cabello. Lo cortaste. Te queda lindo. 

—Gracias. —Asentí esperando que la conversación terminara pronto. Él me seguía viendo como si mi rostro fuese lo más interesante que le había pasado—. Bueno… nos vemos. —apenas dije esto y me encaminé hacia mi casa, Jack se dio vuelta y me tomó de la muñeca.

—¿Emma? —me miró confundido. Volteé con una sonrisa incómoda, haciéndole entender que no quería nada en ese momento. Enseguida soltó mi mano—. Perdón. 

Caminé rápido a mi casa y lloré todo el camino. Al día siguiente, apareció en mi puerta. 

Habían sido sólo trece meses, sí. Pero suficiente tiempo para pensar y conocerme más a mí misma. La primera vez, era sólo una niña que no sabía nada de nada, sólo entendía que me salvó y prácticamente le debía la vida por eso. Él era mayor, famoso, pasional y muy cool a mis ojos. Lo admiraba profundamente. Muy dentro de mí quería poseer algo que me hagan brillar los ojitos cuando hable de eso. Algo como el boxeo para él. Ahora me cuestiono demasiado si realmente me enamoré de él, o sólo confundí la admiración que sentía. 

—¡Emma! —La voz de Marc me despertó. Levanté la cabeza y luego la mano en forma de saludo. Nos sentamos en la terraza del recinto, y a los pocos segundos entró Ethan. 

—Eso es raro. Se siente como una despedida. —Declaró, acomodando sus lentes y mirando al atardecer. 

—No empieces. Me prometí no llorar hoy. 

—Tienes razón. Vamos a pasar el rato como siempre. —concluyó Marc. Pedimos unas cervezas y estuvimos un largo rato hablando del futuro de Marc como jugador profesional y Ethan cuando se vaya a Sídney a estudiar. Lo mío era un hecho. Lo sabían, les conté apenas lo pensé. Pero cuando me preguntaron si estaba entusiasmada, respondí sin energía. Ahora sólo tenía una cosa en la cabeza. Y era la misma de hace 13 meses. 

—Supe que Jack Callen volvió. —soltó Ethan de repente. Los dos buscaron mi mirada. Tomé otro sorbo de cerveza y suspiré—. ¿Sabías Emma? 

—Sí… apareció el día de la graduación afuera del instituto. —Solté cansada. Ellos se golpearon sorprendidos porque al parecer, lo que dijo la gente había sido cierto. Muchos nos vieron a la salida, ahora sí tendría mis rumores 2.0. Pero de todas formas ya no los veré más, (Jajaj, hablen lo que quieran putos). 

—¿Y? ¿Qué pasó? —preguntó Marc impaciente. 

Volví a suspirar. No quería contarle a nadie. Sentía que era patético y repetitivo este tema. Pero eran ellos, y no teníamos secretos entre nosotros. 

—Me trajo flores. Luego fue a mi casa y me dijo que estaba enamorado de mi… o algo así. 

—¿Cómo que algo así? 

—¿Y tú qué le dijiste? —de repente Marc puso una expresión seria, Ethan lo miró de reojo y esperó mi respuesta. 

—Pues… que tenía que pensar. —Levanté las cejas esperando alguna reacción. Ellos intercambiaron miradas inconformes. 

—¿Nada más? —preguntó Ethan mientras Marc se ahogaba con su cerveza. 

—Le grité, le dije todo lo que me molestó hace un año. También le pegué una cachetada.—mi mueca se deformó de la culpa. Ethan acercó su rostro y achicó los ojos. 

—Emma… ¿Qué hiciste? 

—¡Lo besé! —dejé mi cabeza chocar contra la mesa de madera. Al instante los dos comenzaron a lamentarse como si su equipo favorito se hubiera perdido un gol. 

—Mierda Emma. 

—Por dios Emma. 

Hablamos hasta que oscureció. Me llenaron de discursos y consejos que yo ya sé. Enserio que sí. He pensado en toda posibilidad, y lo inviable que es nuestro amor. Me recalcaron sus: No quiero irme y luego enterarme por noticias que… ¡Emma es un idiota que te abandonó de un día para otro! No te merece. Etcetera, etcetera. A veces los amigos tienen razón. Por algo son tus amigos, solo quieren lo mejor para ti. Pero también el destino es una perra, y cuando se presenta, no hay cómo escapar. 

MIERDA, DESTINO

 A veces resulta más fácil admirar, querer y elogiar a otra persona que a nosotros mismos. Y es que mirar introspectivamente resulta tedioso y difícil de aceptar. Es un camino duro, pero cuando vas por él, te das cuenta de muchas cosas que antes parecían cegadas a tus ojos. La verdad es cruda, pero creo que es mejor vivir conociéndola. 

Saqué a pasear a Maya al río como cualquier otro sábado por la mañana. El sol comenzaba a calentar el pasto con su intensidad veraniega. Y fue delicioso sentirlo en mi piel mientras las demás personas dormían aún. Nada podía atormentar mi paz, hasta que Maya comenzó a golpearme el brazo con su cola. De repente una sombra tapó mi sol y me hizo abrir los ojos molesta. Cuando pude ver con claridad tuve que bajar la cabeza para evitar una desgracia. Era él. Frente a mí, con su buzo deportivo y su sudor en la nuca. Así como lo recordaba cada vez que venía el río. Así como ya no lo quería. 

—Buenos días. —soltó. Acarició a Maya en la cabeza y no pensó mejor idea que sentarse a mi lado en el pasto—. Hace calor ¿Ah?

—¿Volviste a entrenar acá? 

—Sí, fui a saludar a los chicos del gimnasio. 

Asentí con desinterés. Él me quedó mirando fijamente hasta incomodarme. 

—¿Qué? —pregunté. 

—Nada. Sólo pensaba en que estás diferente. —tras eso, se levantó y se puso su capucha. Me sonrió débilmente en forma de despedida y se marchó corriendo. Me quede largos segundos viendo como su figura se perdía al fondo de la orilla. Me levanté pensando en que sus palabras no me podían afectar pero, ¿A qué vino eso? ¿Lo dice por mi personalidad? pero me estaba mirando la cara… ¿Es que estoy más fea? me molestó pensar en ello. Pensar en él. Que simples palabras me podían dejar pensando el resto del día. Obvio que estoy diferente. Todos cambiamos. Si fuéramos los mismos, cual es el punto de aprender y mejorar.  

Me encerré en mi pieza a mirar los exámenes que debía rendir para entrar a la Universidad de Riverlight, pero me distrajeron los mensajes de Ethan y Marc en nuestro grupo. Ya que ambos irían a Sídney a vivir, (Marc para entrenar, y Ethan para estudiar) planearon un viaje de vacaciones para este fin de semana. Así como “vivamos nuestro último verano de adolescentes antes de entrar al mundo real y aburrido de los adultos” y yo, por supuesto, iría.  

Le avisé a mi mamá y preparé un pequeño bolso en el que metí una toalla, traje de baño y pijama, prácticamente. Los chicos me pasaron a buscar en el nuevo auto de la mamá de Marc, y mientras les daba un abrazo y subíamos las cosas al maletero, adivinen quién apareció. Sip, el destino es una perra. 

—Tanto tiempo. —soltó. Al instante Marc se posicionó delante mío furioso. Y cuando pensé que Ethan lo calmaría, dio unos pasos adelante almacenando aire en su pecho, como si de esa forma de viera más poderoso.

—Qué haces aquí. —Gruñó Marc—. ¿No crees que es demasiado venir a acosarla hasta su casa?

Jack ladeó la cabeza y me buscó a mí detrás suyo. —¿Lo es? —preguntó. 

Marc se lanzó sobre él para tomarlo de la camiseta. 

—Soy yo él que te está hablando. 

Jack, quien era notoriamente más alto, lo miró a los ojos serio.

—Dime, ¿Eres su novio? 

—¿Qué?

—Porque si sigues siendo sólo el amiguito que está enamorado, no me interesa lo que tengas para decirme. —tomó del pecho a Marc y empujó lejos con facilidad. 

—¡Hijo de..! 

—¡Marc basta! —grité yo. Caminé a través de él y Ethan para quedar frente al boxeador. Miré sus ojos cafés que se ablandaron al cruzarse con los míos—. Vete ya. —pedí. Me miró unos segundos antes de asentir. Retrocedió unos pasos y luego volteó y se fue calle abajo. 

Amiges 

Escuchamos música fuerte y gritamos con las ventanas abiertas como si estuviésemos solos en el mundo. Después de lo de Jack, ninguno comentó algo más. Pero sabía que querían hacerlo, se notaba en sus rostros la indignación. Y lo entendía. Pero en ese momento queríamos olvidar todo, la familia, el pasado y las preocupaciones del futuro. Vivir el momento. Y eso hicimos el fin de semana, que se hizo bastante corto. 

—Emma, ¿Estás bien? —fue la pregunta que salió de la boca de Marc, al sentarse a mi lado en la toalla, mientras observábamos a Ethan lanzarse como un loco al agua, una y otra vez. Eran casi las 11, y seguíamos siendo los únicos en el lago. El sol calentaba amigablemente y la vegetación que nos rodeaba, nos brindaba todo tipo de cantos de aves. Miré el cielo azul sin ninguna nube y me pregunté por qué no habíamos venido antes, considerando que este hermoso lugar está a sólo una hora de Riverlight. 

—¡Claro que lo estoy! —le respondí golpeando su brazo, expresando nuestra amistad como en una película. Movió sus largas pestañas de arriba a abajo incrédulo. Tras unos segundos de mirarnos solté un suspiro—. Marc, no sé. —apoyé mi cabeza en mis piernas y posé mi vista en Ethan que movía los brazos de un lado al otro saludándonos—. Es como si… cuando todo estaba por fin tomando un rumbo, cuando por fin estaba bien yo… él vuelve y me traen todos esos recuerdos que no quería ver más. Traumas, que aunque sé que no son su culpa, vuelven a mí. Y ya no quiero más de eso. 

—¿Cómo que no son su culpa? ¿No te parece raro que todas tus desgracias tengan que ver con él? Los rumores sobre ti, y que no pudieras tener amigos. Lo del loco ese de Nolan, ¿Y que se haya ido de repente? eso claramente es su culpa. 

—Lo sé. Pero también recuerdo aquella vez que me salvó. Y que le debo la vida por eso. 

Marc me tomó de los brazos haciéndome levantar la cabeza. 

—¡No le debes nada! —exclamó, Ethan que venía hacia nosotros mojado, se detuvo silencioso y se sentó en el pasto—. Está bien, sí. Te salvó esa vez. Pero tú no le pediste nada, él tomó esa decisión porque quiso. No por eso vas a estar con él para devolverle el favor, es ridículo. 

Miré como Ethan asentía con la cabeza mientras Marc hablaba. Solté una risita y luego un suspiro. 

—Tienes razón Marc. 

Recordé entonces el día del viaje estudiantil. A comienzos de nuestro último año, justo después de aquel verano en que pasó todo. Ethan ya me había contado lo mal que estaba Marc. Pero al verlo en clases me sorprendí. Parecía otra persona, como si aquella amable y sonriente había desaparecido. Se juntaba otra vez con Samuel y Oliver, y quizá qué cosas le habían dicho sobre mí. La primera noche luego de ver cómo se escaparon de la cabaña para ir drogarse tranquilamente, fue cuando con Ethan lo esperamos. Y a pesar de que había salido con todo su grupo de “amigos” lo encontramos sólo, viendo las estrellas. Al principio nos mandó a la mierda, pero Ethan le gritó todo tipo de cosas que de seguro le dolieron en el alma. Él era el que más conoció a su pequeña hermana, después de todo. 

—No tienes porqué cargar con todo esto solo. —soltó Ethan con las lágrimas en sus ojos. Rodeó a su amigo con su brazo, quien no dejaba de llorar—. Estamos contigo. Así que no te preocupes. 

Tomé las manos de Marc y lloramos los tres hasta quedar secos. Nos miramos las caras y luego terminamos riendo. Nos veíamos fatal. Admiré mucho la valentía que tuvo Ethan para encarar todo esto. Entendí en ese momento, que cuando más mierda hay en tu vida, es cuando aparecen los que de verdad lo valen. Y desde entonces que somos los tres. Imperfectos, pero apoyándonos para ir por el camino correcto. Y aunque ahora nos separamos, no lo olvidaría jamás. 

Malicia

La noche es joven y nosotros también. Terminamos bebiendo alcohol como nunca lo habíamos hecho juntos. Sobrepasamos todos los niveles de los cuales nos creíamos capaces. De repente todo nos importó una mierda y encontramos más diversión en nosotros mismos. En no hacer nada y reirnos sin sentido. Ethan sobre la mesa bailando me sorprendió mucho. Es más juguetón de lo que parece. 

—¡Por qué te sacas la camiseta Et! —gritó Marc mirándolo desde el sillón. Su amigo de lentes, (quien los había perdido por la casa al primer vaso) tomó la botella de ron y le dio un sorbo tambaleándose. 

—¡Pues porque después de esto tendré que ir a la universidad bro! ¡No podremos hacer estas cosas! 

Marc se levantó de repente y aplaudió. 

—¡Toda la razón amigo mío! —lo siguiente que vi fueron las abdominales de Marc, (las cuales al lado de cierto boxeador que conozco, me parecieron tiernas) se subió a la mesa junto con Ethan y le quitó la botella. Trató de beber pero gran parte del alcohol se escurrió por su torso desnudo. —¡Hey mierda! ¡No compramos ron para que te bañes! —se quejó Ethan. Los dos me miraron curiosos. Yo me reía de sus estupideces mientras sentía la habitación moverse de un lado a otro—. ¡Emma ven aquí! 

Me levanté con dificultad y deslicé mi blusa por mis brazos. Enseguida los dos vociferaron un fuerte: ¡Uhhhhh! la lancé lejos y acomode mi bralette negro (por si las moscas), di vueltas para luego subirme a la mesa junto con ellos. Lo cual —por supuesto— fue una mala idea. Me mareé y caí de vuelta en el sillón. Mientras ellos se burlaban de mí, la música cambiaba a una romántica. Entonces Ethan rodeó a Marc entre sus brazos y lo miró a los ojos coqueto. Lo siguiente se puso tan interesante, que mantuve mis ojos lo más concentrados que pude en ellos dos. 

—¿Te había dicho lo guapo que te ves a la luz de la oscuridad? —preguntó pestañeando varias veces mientras acariciaba su cabello. Marc soltó una carcajada y rodeó la cintura de su amigo con sus manos. 

—¡Eso no tiene sentido Et! 

—Nada tiene sentido Marc… 

Me tapé las manos con la boca mientras veía como Ethan acercaba su boca al cuello de su mejor amigo y lo besaba suavemente. 

—¡Dios Ethan qué haces! —exclamó el crespo entre risas. 

—¿Qué? ¿Sólo mujeres? ¿Tan aburrido eres? —Marc ladeó la cabeza y se quedó unos minutos mirando al techo. Su amigo no dejaba de mirarle los labios y mojar constantemente los suyos con su lengua. 

—¡No tengo idea! —exclamó. Al instante Ethan lo estaba besando con fuerzas. Grité como cabra loca mientras apreciaba el intenso momento. Dieron vueltas por la mesa juntando sus cuerpos desnudos como si fuese una pintura del siglo 19. (Pero más homo, ósea mejor) Marc me miró de reojo confundido. Yo aplaudí y le grité que lo besara. Entonces cerró los ojos y se besaron apasionadamente hasta que la canción terminó. Aquella escena provocó algo inolvidable en mí. Me reí, grité y me excité sin saber si aquello era normal o permitido. Al instante me dio lo mismo, tomé mi vaso de alcohol y me lo acabé para luego cerrar los ojos en el sillón. 

—Emma. ¿No tienes frío? —me desperté con la voz de Marc a mi lado. Ya no había música y resonaba en mis oídos el permanente timbre restante. Me moví en el sillón y estiré los brazos por sobre mi cabeza. Estaba con jeans sueltos y en sostén. Observé que Marc continuaba sin camiseta—. Ve a dormir a la cama, que te resfriaras. —Estiré mis brazos hacia él. 

—Llévame. —pedí. Él soltó una risita y deslizó su mano por mis muslos y la otra por mi espalda. Sin quejarse más, me llevó como princesa hasta la cama de dos plazas de la cabaña en la que dormían él y Ethan. Luego de ver lo que vi, me imaginé todo tipo de películas de ellos dos—. ¿Y Ethan? —pregunté con voz adormilada. 

—Vomitó todo y luego se fue a dormir a tu cama. 

—Iu… —Marc me dejó con delicadeza y luego me tapó con una manta peluda que había a los pies de la cama. Cerré los ojos y escuché su voz en susurro diciendo que iría a dormir al sillón—. No seas estúpido, duerme aquí. —dije. Marc se detuvo en la puerta y me miró sorprendido. 

—¿Segura? 

Asentí varias veces con una sonrisita. Me parecía adorable que sea tan correcto y educado. Caminó tímido alrededor de la cama y se acostó al otro lado con su vista hacia el ventanal dándome la espalda. 

—Buenas noches. —susurró. Yo admiré durante largos segundos como sus músculos se tensaban y relajaban con cada respiración. Giré hacia él y apoyé mi cabeza en su espalda. Al tocarlo con mis manos heladas él se crispó del susto—. ¿Todo bien? 

—Marc… ¿y si le gustas a Ethan? —pregunté. 

—¿Estás loca? claro que no. 

Deslicé mi mano por su brazo haciendo que él se diera vuelta a mirarme. Vi como sus ojos recorrieron mis pechos y cada espacio de mi rostro. Se detuvo en mis labios cuando empecé a hablar. 

—Sentí algo de celos. Al verlos… —murmuré. En mi cabeza tenía una pelea interna con todas mis personalidades. ¿Qué mierda estaba diciendo? no era verdad. ¿Qué quería en realidad? no tenía idea. De repente mi rostro se acercó demasiado al suyo, reduciendo nuestra distancia a centímetros. Marc pestañeó varias veces. Deslicé mis dedos por sus mejillas y él me besó de repente. Como si no pudiese soportarlo más. Puso su cuerpo sobre el mío, deslizando sus manos sobre mi abdomen y mi rostro. Abrió mis labios con su lengua y me beso despacio. Tomé entre mis dedos su cabello ondulado y lo atraje hacia mí con fuerzas. No estaba pensando en nada, sólo lo quería cerca.

Confusión

Nunca hablamos de eso. De que se suponía que Ethan y Marc estaban enamorados de mí. Seguimos siendo amigos como siempre, y aun cuando Jack se fue, eso no cambió. Pero sí recuerdo una conversación que tuvimos en la azotea del instituto. Fue un pequeño momento en que Marc y yo nos quedamos solos, mientras Ethan iba al baño. Entonces me preguntó—: ¿Lo vas a esperar? fue repentino. No habíamos hablado de eso, le había contado por mensaje lo que pasó a Ethan, y supuse que él le diría a Marc. Pero desde entonces nunca me lo mencionaron. Aun así entendí a qué se refería, y por su expresión que no le era fácil decirlo. 

—Él me dijo que no lo hiciera. —fue todo lo que me salió. Marc asintió ante mi respuesta y no volvió a preguntar sobre ello. 

—Emma… no sabes hace cuánto quería esto—pronunció mi nombre con tal placer que me hizo sentir culpable. Puse mis manos en su rostro para que no dijera nada más. No quería escucharlo. Porque no era lo mismo. Nadie me hacía sentir como él solo con pronunciar mi nombre. Imaginé tocar su cabello mojado después de la ducha. Aquel primer beso que me llevó al cielo y en pocos minutos me hundió en lo más profundo. Imaginé sus brazos abrazándome ese día de lluvia. Cuando se convirtió en campeón, jamás pensé entonces todo lo que cambiaría. Imaginé sus ojos cafés intensos, sus brazos sosteniéndome y sus besos profundos. Sus labios perfectos, el lunar de su cuello y sus cejas levantarse con picardía. Lo sabía. Ya lo sabía todo. Y pasó el tiempo y seguía sintiendo ese vacío que me quemaba el pecho. Noches largas y su voz resonando en mi cabeza. La vida seguía avanzando y me quedaba atrás esperando. Y esperando… 

—Emma. —se alejó de mí y me miró con la respiración entre cortada. Entonces abrí los ojos sorprendida. Era Marc el que estaba conmigo—. ¿En quién estás pensando ahora? —preguntó. Al instante su gesto se volvió triste. Miré sus ojos y luego bajé la cabeza. 

—De qué hablas… —solté. 

—No mientas. Sé que pensabas en él. 

—¡No molestes Marc! —exclamé. Luego recordé que Ethan dormía en la habitación de al lado y bajé la voz—. Trato de olvidarlo ¿Si? 

—Y para olvidarlo me usas a mí. —me miró con evidente decepción y se levantó de la cama. 

—Marc. No… —Traté de hablar, pero tenía razón. En cada. Puta. Palabra. Caminó hacia la puerta y se fue. Me quedé mirando el techo pensando en mil cosas, hasta que me dormí. 

Admiré el lago y las aves cantando mientras los demás seguían durmiendo. Pensé en lo fría que fui. En que le debía pedir perdón. Y en cómo hacerlo. Cerré los ojos y los abrí apenas una sombra cubrió mi sol mañanero. 

—Qué hay. —era Ethan. Se sentó a mi lado en el piso de madera con un notorio rostro con resaca. Sonreí al verlo. 

—¿Tan mal? —pregunté. Él soltó un aire cansado. 

—Horrible. —Nos quedamos unos segundos mirando al lago y luego soltó—: ¿Pasó algo anoche? 

—¿Por? 

—No sé. Marc vino a mi cama y creo que estaba llorando. No quise preguntar, a veces es por su hermana, ya sabes. —en ese momento mi mirada se congeló. Mi pecho dolió de la culpa. ¿Enserio lo hice llorar? soy lo peor. De verdad. En todo un año nunca pasó nada entre nosotros, a pesar de la cercanía, y ¿ahora que vuelve Jack digo que quiero olvidarlo? claro que lo lastimaría. Sentí náuseas y tuve que tragar saliva antes de responder. 

—Creo que fue por mí… —murmuré. 

—¿Qué?

—Es mi culpa. —Levanté la cabeza despacio para ver los ojos de Ethan, él me miró confundido. Estaba por decir algo más cuando escuchamos la voz de Marc detrás de nosotros. ¿Ya desayunaron? preguntó. Ethan se levantó y fue hacia él. No, aún no… ¿Preparamos panqueques? 

Soy una idiota

Ya lo sé. Ya lo sabía. Pero hay ocasiones que parece como si no tuviéramos el control de nuestras acciones. Como si lo que pensamos no puede ir de la mano con lo que hacemos. 

El viaje de retorno fue relativamente normal, Marc trataba de actuar como si no hubiese pasado nada. Pero yo notaba su incomodidad al cruzar miradas conmigo. Lo evitaba. Y tiene todo el derecho de sentirse así. Lo peor fue encontrar el momento para hablar, porque sabía que no lo quería. Apenas paramos para comprar unas cosas para el camino, Ethan me miró de reojo y se ofreció a ir a comprar, para que Marc y yo pudiéramos hablar. Pero al instante Marc dijo: ¡No, yo voy! y se fue corriendo. Me quedé con Ethan, los dos apoyados en al auto sintiendo el viento intenso que había junto a la carretera. Él sacó un cigarrillo y tardó varios intentos en encenderlo. Cuando pudo, el humo desapareció rápidamente sobre nosotros. 

—¿Y? ¿Qué pasó? —preguntó. 

—Lo besé. —respondí, él levantó las cejas moviendo sus gruesos lentes, (que por fin encontró). 

—¿Y? Si no lo notaste, anoche yo también lo besé. 

—Ya sé… ese no es el problema. 

—¿Entonces? 

—Es que lo usé—Miré al cielo y suspiré—. Lo usé para olvidar a Jack. 

—Ahh… bueno—Antes de hablar rascó su nuca y se asomó hacia la gasolinera por sí venía Marc—. Supongo que le dolió porque te quiere demaaaasiado. Y le gustabas mucho. Quizá todavía, no sé. 

Abrí los ojos y me tomé la cabeza con las manos mientras gritaba internamente. 

—Debo pedirle perdón. 

—Sí, bueno, te perdonará. No te preocupes demasiado. —miré sus ojos negros y sonreí. 

—Gracias Ethan… 

—En todo caso, me siento algo celoso. —Apagó el cigarrillo y lo lanzó a un basurero que se encontraba a un metro de nosotros. 

—¿Qué? ¿De quién? 

—De Marc. Puedes usarme a mí si quieres, no me molestaría. —al instante lo golpeé en el brazo y negué con la cabeza. 

—Idiota. 

Llegamos a Riverlight antes de que tuviera la oportunidad de hablar con él. Me sentía tan desesperada que estaba a punto de pedirle perdón frente a Ethan, de todas formas él ya sabía. Pero luego me pareció que se podía enojar o algo por el estilo, y es peligroso considerando que él manejaba. Los besé a los dos en la mejilla y me bajé del auto cuando paramos frente a mi casa. Marc me miró por la ventana con una sonrisa melancólica. Me despedí con la mano y entré por la puerta. Ese mismo día le envié un mensaje: Hablemos pls. 

Eran casi las 11 de la noche. Y esperé sentada en el pasto con la vista en el río. Escuché unos pasos venir desde la calle, volteé y sonreí, a pesar de que no podía ver su rostro con las luces de los faroles. 

—Que hay. —soltó sentándose a mi lado. 

—Te vas el lunes Marc. 

—Ethan también. 

—Ya lo sé. —apreté mis puños y miré sus ojos pardos, con sus largas pestañas moviéndose de arriba a abajo—. Pero no quiero estar así contigo. Después no tendremos tiempo de arreglarlo. Ya sabes. 

—No hay nada que arreglar. Nada se rompió. —me respondió sin mirarme. Apoyó sus brazos detrás de él y suspiró con una sonrisa hacia el cielo, donde comenzaban a verse algunas estrellas—. Fue mi culpa ilusionarme. Sabía que no significaba nada. Pero, no sé. No pude evitarlo. 

—No es culpa tuya. Fue mía. Tenías razón… en todo lo que dijiste. Y lo siento—intercambiamos miradas tristes y luego terminamos sonriendo—. Estoy mal, ya lo sé. 

—Creo que deberías hablar con él. Ya sabes, arreglar eso que te sigue molestando. Si de verdad no has podido sacártelo de la cabeza, quedan cosas que solucionar aún. Aprovecha que ahora puedes hacerlo. 

—¿Y si es peor? ¿Y si termino enamorándome de nuevo? —se encogió de hombros ante mis preguntas. 

—Si eso pasa, significa que debía ser. —Desordenó su cabello ondulado y estiró los labios mostrando sus margaritas—. Y si no es así, sólo eran dudas que te quedaron. No es tarde para enfrentarlo Emma. Todavía puedes. 

Sentí un confort enorme con sus palabras. Lo abracé con fuerzas y le agradecí por todo. Porque recordé esa noche oscura en que choqué contra él en la bodega. Ese día soleado en que fue por una pelota y terminó sentándose conmigo en la banca y hablándome. Fue mi primer amigo en esta ciudad. Por eso siempre le estaré agradecida. 

El lunes llegó rápido. Así como nuestra despedida. Los abracé fuerte a los dos en el aeropuerto, tratando de evitar que mis ojos se humedecieran. Sonrieron y bromearon como siempre. Marc me abrazó fuerte, levantándome del piso y dando vueltas sobre nuestro eje. Cualquier cosa me avisas, que vuelvo enseguida. Susurró a mi oído. Luego besó mi mejilla y caminó hasta el embarque. Levanté mis brazos despidiéndome. Les deseé suerte en todo. Mantuve mi sonrisa hasta el final. Ellos eligieron su camino y lo están siguiendo. Yo debía hacer lo mismo. 

En busca de eso

En la vida hay que perseguir tus metas. Ninguna decisión que tomes te llevará por el camino fácil. Debemos enfrentarnos al futuro, hacernos cargo de nuestras acciones. Y convencernos a nosotros mismos de que existe una razón para todo. Para sentir que estamos haciendo lo correcto. Estoy muy lejos de saber qué está bien para los demás. No me interesa saberlo tampoco. Porque al final sólo importa nuestra opinión, es nuestra vida después de todo. Pensé que de ahora en adelante tomaría las decisiones que me harían más feliz día a día. 

Mientras pensaba en todo esto, sentada mirando el atardecer en el río, con Maya a mi lado. Decidí por fin qué era eso que daba vueltas en mi cabeza una y otra vez. Lo iría a buscar. Iría. Porque aunque no sabía si estaba haciendo lo correcto, si acaso me arrepentiría en el futuro, entendí que ahora era lo que más deseaba. Tomé la correa de Maya y me levanté. El sol ya estaba escondiéndose, y una agradable brisa veraniega rozó mis mejillas. Cerré los ojos e inhale aire puro, para luego expulsar todas mis preocupaciones. 

—¿Emma? 

Pensé que estaba soñando. Su voz resonó en mí con fuerzas. Como si todo eso que sentía pude transmitírselo. Como mil flashbacks de aquellos meses. Pensé que venía por mí, que lo supo sin razón. Pero las cosas no son así. Él estaba trotando como siempre frente al río. Y lo nuestro fue nuevamente una casualidad. 

—Jack. Hola. —solté, aun confundida y abrumada. 

—¿Pasó algo? —solo el sonido de su voz amable me llenó los ojos de lágrimas. Miré hacia al río y solté una risa avergonzada mientras secaba mis ojos con mis muñecas. Maya me miró moviendo su cola eufóricamente. 

—No, nada. —respondí, pero claramente mi voz no decía lo mismo. Se acercó unos pasos y deslizó sus manos vendadas sobre mis mejillas. Lo miré a los ojos y enseguida me soltó. Se disculpó en voz baja, como si hubiese sido solo por costumbre. 

—¿Estás segura? —preguntó de nuevo. Solté un suspiro y miré nuevamente hacia el río. 

—Estás entrenando ¿No? debes volver al gimnasio. 

—Eso no interesa. —Intercambiamos miradas unos segundos. Sentí que el café de sus ojos brillaban más que de costumbre. Levanté las cejas sorprendida. ¿Se quedaría conmigo en vez de volver a su entrenamiento? eso es nuevo. Miré el cabello en su nuca mojado con el sudor. 

—De hecho, quería hablar contigo. —enseguida abrió sus ojos expectante—. Pero hablemos en mi casa. Maya quiere tomar agua también. 

Caminó a mi lado sin preguntar nada. Tocó delicadamente mi mano porque quería llevar la correa de Maya. Se la entregué y enseguida la perra se puso feliz. Fue un roce tan pequeño, pero me aceleró el corazón como la primera vez. Encendí todas las luces apenas entramos. Le expliqué que mi mamá se había ido de viaje de negocios, y que si quería ir a darse una ducha. Dudó unos segundos y luego asintió. Con permiso… murmuró entrando al baño. Sentí esa distancia a pesar de que incluso nos fuimos juntos de vacaciones. Había pasado un año, pero al mismo tiempo sentí que no había pasado nada. El tiempo se congeló para nosotros. Y ya no sabía cómo derretirlo. 

Fui a mi closet por mi camiseta rosada pastel que tenía escrito YOLO, la única xxl que tenía. Me senté en el sillón a esperarlo unos cortos 5 minutos. Luego salió usando el mismo buzo. Le ofrecí la camiseta, y él se rio un poco al verla, finalmente fue al baño y se la puso. Le quedaba sorpresivamente bien, pero me pareció divertido verlo con ese color. Se sentó a mi lado y enseguida Maya se acostó en sus piernas. 

—No sé cómo empezar a decir esto… —suspiré. Me miró con sus grandes ojos compasivos. No sé qué podía estar pensando en ese momento, pero esperó con un gesto tranquilo, como siempre—. Tú me dijiste lo que sentías. Ahora voy a responderte. —anuncié. Pestañeó varias veces y se acomodó haciendo que mi perra se fuera hacia la cocina—. Bueno… ¡Agggg! —Me tomé la cabeza de la frustración y desordené mi cabello—. No sé por qué me cuesta tanto ser sincera. Ha pasado tiempo, y siento que sigo siendo la misma niña enamorada de algo imposible, como al principio. 

—Tú fuiste sincera. Siempre. —Soltó de repente sorprendiéndome—. Yo fui el que negué lo que sentía por ti. Trataba de actuar distante, para no incrementar esos sentimientos. Mientras tú, siempre fuiste sincera conmigo. Ahora lo sé. 

Negué con la cabeza y entrelacé mis dedos con fuerza. 

—La verdad es que me cuestioné mucho eso Jack. Si realmente me gustabas, o si era solo admiración lo que sentía. No sabía nada en ese entonces. Y cuando volviste, tuve miedo que nada haya cambiado. De yo no haber cambiado. Porque de ser así, seguiría dudando de las mismas cosas y no es eso lo que quiero. —Lo vi asentir con un ligero gesto de tristeza en su rostro. Solté mis manos y me acerqué un poco más a él—. Pero aun así. Si no lo intento, nunca sabré. —Al instante sus ojos se abrieron como platos. Sonreí al ver su expresión tan cerca mío—. Si esto es amor, o no… sigo pensando en ti todo el tiempo. Igual que los últimos 13 meses. Por eso, quiero descubrirlo. Entender si me enamoré del Jack Callen, el boxeador, o de éste Jack que está frente a mi ahora. —Su rostro se iluminó de felicidad. Abrió la boca tratando de decir algo, pero solo logró emitir un Ah———sin sentido. 

—¿Entonces? —soltó por fin. 

—Entonces… me gustaría que empezáramos de cero. Olvidar esa primera vez en que nos conocimos. No ser la niña y el boxeador, sino iguales. 

—Hecho. —asintió con una sonrisa sincera, y se me hizo inevitable copiársela al instante. Extendió sus brazos y formó un arco con sus cejas—. ¿Puedo…? —preguntó, enseguida me alejé y miré hacia un costado. 

—En la segunda cita. 

—Está bien. —bajó sus brazos resignados y yo me reí feliz. Era el mismo. Yo también. Pero en ese momento sentí que algo nuevo estaba por comenzar. Algo mejor y más sincero. 

De cero

Hablar de nosotros nunca fue nuestro punto fuerte. Los momentos realmente libres y felices fueron pocos. Me pregunté qué tanto valía la pena en ellos como para olvidar todos los malos. Pero eso no importaba ahora. Ya que empezamos de cero. 

Me encontré con él en el río. Como de costumbre, esta vez, de ropa casual. Sin toalla detrás de la nuca. Sonrió al verme y caminó con sus manos en sus bolsillos hasta quedar enfrente. Hacía más viento que otros días, y tuve que mover el cabello de mi rostro varias veces mientras hablábamos. De repente sugirió ir a un café. Tal vez notó que estaba muy desabrigada para la ocasión. Mientras caminábamos temí que alguien fuera a reconocerlo. Más bien, ¿Cómo no? era el tesoro de esta ciudad. Sobre todo ahora que fue reconocido en el extranjero. El local era más pequeño de lo que imaginé. Subimos unas estrechas escaleras hasta un segundo piso iluminado con luces de colores. Había solo una pareja más además de nosotros. Nos sentamos en una mesa pegada al ventanal para ver la vista. El atardecer en Riverlight es simplemente hermoso. De mis cosas favoritas de esta ciudad. Pedimos cafés, que llegaron con espuma y canela en la superficie. 

—Pienso estudiar en la universidad de aquí. —anuncié. Levantó las cejas y sonrió. 

—¿Y qué te gusta? —preguntó, tomando un sorbo más de café y mirándome atento. 

—Kinesiología. 

—¿Enserio? eso es genial. 

—Sí. Aunque igual tengo mis dudas todavía. Pensé también en enfermería o hasta veterinaria. Ethan va a estudiar medicina en la universidad de Sídney. —Moví la espuma que quedó en el fondo de mi taza y apoyé mi cabeza en mi otra mano—. Increíble ¿No? y eso que estudiábamos juntos. —Jack negó con la cabeza y yo me enderecé en la silla—. ¿Pero sabes? elegí la universidad de aquí porque amo esta ciudad. Aunque me costó un poco al principio… 

Noté que su expresión se volvió algo seria luego de decir esto. Quise preguntar por él, pero sugirió irnos antes de que pudiese. Ya estaba oscuro cuando salimos. Me acompañó camino a casa, más callado que al principio. Tenía mis manos heladas, por lo que pensé tomar las suyas, pero las mantuvo en sus bolsillos durante todo el trayecto. 

Nos despedimos con una sonrisa en el portón de mi casa. Y amé lo considerado que fue durante todo el día. Esos nervios que sentí realmente parecían de la primera vez. Fui feliz de poder estar así con él nuevamente. Apenas llegué a mi casa las noticias sonaban desde la sala. Estaba mi mamá sentada viendo la televisión. 

—¡Mamá! ¿Cuándo llegaste? —pregunté, dejando mi cartera a un lado. 

—¡Emma! mi amor, ven. Mira. —apuntó con su dedo hacia la pantalla. Me senté en el sillón a su lado y abrí grandes los ojos—. Es tu ex novio ¿no? —las imágenes de él me sorprendieron. Jack Callen, ex campeón de peso crucero de Riverlight estará enfrentándose el próximo 27 de febrero al campeón nacional de pesos pesados, Liam Ross. La pelea se llevará a cabo en Sídney, en una arena que promete ser llenada con 21 mil fanáticos… me levanté y corrí por el pasillo junto con mi celular—. ¡¿Emma?!

Había guardado su número mientras estábamos en el café. Lo busqué entre mis contactos: Jack. Enseguida le envié un mensaje por WhatsApp. —¿Tienes una pelea en un mes y no me dices? lo envié y luego me arrepentí. Al instante se conectó y el mensaje cambió a visto. Me senté en mi cama y esperé diez segundos que se me hicieron eternos hasta que apareció arriba escribiendo… luego se detuvo. ¡¿Que mierda?! de repente la pantalla se tornó en un: Jack llamando… No sé por qué me asusté tanto, pero di un brinco en mi cama, con el corazón en la garganta. 

—¿Aló? —respondí nerviosa. 

—Así que ya te enteraste… 

—¡Claro que sí! ¡Estás en todas las noticias! 

—Te lo iba a decir, pero en realidad yo también lo supe hace poco.  

—¿Qué?

—¿Irás a verme? 

—Supongo… 

—Porque te necesito ahí. 

Mordí mi labio recordando la primera vez que me dijo eso. ¿Acaso me acaba de cambiar de tema?  Volví a sentarme en la cama y suspiré. 

—De qué hablas. Triunfaste en los Estados Unidos sin mí. —no sé por qué las palabras salieron de mi boca con tal facilidad. Aun cuando yo fui la que dijo que empezáramos de cero, no puedo evitar recordar estas cosas. Su silencio me hizo arrepentirme—. Olvídalo. 

—Emma. Juntémonos mañana en el río. Tengo algo que decirte. 

Su tono serio me dejó pensando durante la noche. Mi comentario fue infantil, sin duda. ¿Es que aún siento rabia? pensé que todo estaba superado, pensé en intentarlo de nuevo para dejar ir todo eso que me molestaba. ¿Será peor? Descargaré todo en él, ¿Y luego qué? no quedará nada. No volverá a ser lo mismo. Sin importar cuánto lo intentemos. 

Luego de dormir horriblemente, arreglé mi rostro como pude, y me encaminé hacia nuestro encuentro. Vi su silueta apenas llegué al río. Me acerqué hacia él con el corazón en la garganta. Podía no ser nada, pero me sentía ansiosa e incómoda. Volteó a verme y sonrió casi instantáneo. Pronunció mi nombre, y yo me apoyé en la reja a su lado con vista al río. Tenía miedo de lo diría. ¿Se enojó por lo de ayer? ¿Yo debería enojarme? 

—Emma mírame. —pidió. Se erizó mi piel al escucharlo. Me giré despacio y levanté la cabeza para encontrarme con sus ojos cafés. Estuvo unos segundos en silencio observándome con una sonrisa—. Tengo miedo de decir esto. 

—¿Por qué? —pregunté en voz baja. 

—Porque si lo digo quizá salgas corriendo. Quizá me odies. Me da miedo eso. —admitió. Quise decir que no sería así, pero me visualicé a mí misma escapando como la cobarde que soy. 

—¿Qué es?  —pregunté. Ya no aguantaba la tensión. Me miró a los ojos unos segundos más y asintió. 

—Te amo. —soltó. Mi cuerpo y mente se congelaron en ese momento. Ni siquiera pude pestañear para demostrarle que seguía viva—. Te sigo amando Emma —se agachó acercando su rostro al mío—. ¿Te sientes bien? 

Retrocedí y asentí varias veces con la cabeza. ¿ME LLAMÓ PARA DECIRME ESO? ¡ESTÁ LOCO! terminó sonriendo ante mi reacción. Maldito. 

—Aún no termino. —anunció. Y tuve que poner mi mano en mi pecho para ver si podría aguantar algo más. ¿Qué acaso me quería pedir matrimonio también?—. Me iré del país. 

—¿Q-qué? 

Asciende

Era demasiada información en muy poco tiempo para una joven de 18 años. Y él lo sabía. Seguía sin procesar lo anterior y ahora me decía ¿qué? ¿Se iría de nuevo? ¿Cuál es el punto de esto entonces? 

—¿Q-qué? —solté apenas. No entendía nada y sentí que mis piernas perdían fuerza. 

—Si gano la siguiente pelea. Seré el campeón de pesos pesados de Australia. 

—Sí… 

—Y ya he recibido ofertas del extranjero. El campeón ruso se contactó con mi padre, quiere entrenar conmigo. En Alemania también. Y no sé qué seguirá después, por eso… 

—¡Espera, espera, espera! —Exclamé moviendo mis manos en el aire—. Te vas a ir de igual manera ¿No?, aunque no ganes, ya te han invitado a entrenar con los campeones de diferentes países. 

—Bueno sí.

—¿Cuál es el punto entonces? —lo miré a los ojos indignada. Él todavía no entendía—. ¿Cuál es el punto de que estemos juntos de nuevo? ¡Avísame eso antes, entonces yo…

—Porque quiero que vayas conmigo Emma. —Me interrumpió dejándome sin palabras—. Sé que soy egoísta. Pero no quería repetir el mismo error del año pasado. Cuando dije que volví por ti, hablaba en serio. Pero recién terminaste el instituto, y veo que ya tienes planes para el futuro y cosas que quieres hacer. Quiero apoyarte en eso también. No quiero que vengas conmigo si vas a hacer infeliz. Por eso, la decisión queda en tus manos. Y tampoco quiero que te estreses por esto. Puedes responderme después de la pelea. Cuando tenga el título de campeón. Te estaré esperando. 

Caminé a mi casa con mi vista perdida en la inmensidad. Y es que no podía con tanto. Está bien, no quiero que me trate como una niña. Yo misma le dije eso. ¿Pero dejar una decisión tan importante en mis manos? entendí enseguida que me costaría un mundo pensarlo. ¿Por qué debe ser tan difícil todo?  Por qué no me enamoré de un compañero de clases como alguien normal. ¿Acaso mi mamá me dejaría? ni loca. ¿Él pensó siquiera en eso? supongo que no. Sólo tiene boxeo metido en la cabeza. Entré a mi casa con un suspiro y tiré las llaves sobre la mesa. Maya me saludó moviendo su cola de un lado a otro. Me agaché a su lado y le di un abrazo (aunque ella los odia) luego me tiré al sillón y tomé mi celular. Tenía mensajes de Marc y Ethan. Sentí enseguida que debía contarles, que necesitaba consejos. Pero ellos están ocupados, recién instalándose en la ciudad. Y después de todo debía decidirlo yo. 

Pasaron días. Entre mis dudas, revisé una y otra vez el programa de Kinesiología de Riverlight. ¿Era lo que quería? ¿O acaso inventé algo para no quedarme atrás? mi mamá estaba tan feliz cuando le conté que quería estudiar aquí. Se decepcionaría muchísimo. Caminé por la ciudad una y otra vez. Salí con Maya, me quedé sola en la noche mirando al río. ¿Qué era lo que quería? ¿Me arrepentiría? 

Una noche caminé por toda la ciudad hasta detenerme en un gimnasio con las luces encendidas. No sé por qué paré allí. Quizá sea porque las luces eran muy intensas comparadas con la tranquila calle. Tampoco era tan grande, ni tan moderno. Pero me quedé allí mirando hacia adentro. Noté que no había máquinas costosas, sino un brillante ring rojo. Quedaban sólo algunas personas adentro, unos estaban saltando la cuerda, y otros golpeando uno de los sacos que había colgado del techo. De una puerta salió un señor de pelo gris y me quedó viendo. Era el padre de Jack. Sentí que lo odiaba por un segundo. Luego recordé lo afligido que estaba en el hospital luego de que su hijo hubiera perdido su última pelea. 

Caminó hacia la puerta y se asomó. —¿Emma? —preguntó. Moví mi cabeza en forma de saludo. Ya no recordaba si alguna vez me había llamado por mi nombre.

—Tanto tiempo, señor Callen. —solté. 

—Sí. —Un par de chicos del gimnasio salieron con sus bolsos, me miraron unos segundos y luego se despidieron de él como “entrenador”—. Jack fue a correr. Por si lo buscas. —Dijo apenas se fueron. 

—Ya veo. 

Me despedí con educación y seguí mi camino. Por un segundo pensé que era una señal divina. Que era la respuesta a mis dudas, pero él no estaba. A fin de cuentas, no significaba nada. Estuve con mi cabeza cabizbaja mientras me devolvía a mi casa por la calle junto al río. Eran casi las 12 de la noche y parecía que estaba sola en la ciudad. Escuché el sonido de alguien correr a la lejanía, a los pocos segundos el sonido se detuvo, y unos zapatos aparecieron frente a mí. Levanté la cabeza y sentí un nudo en la garganta. 

—Emma… ¿Q-qué haces a-aquí? —preguntó con la voz entrecortada. Tuve que desviar la mirada un segundo. ¿Acaso entendía todo lo que me he quemado la cabeza estos días por su propuesta? y verlo aquí frente mío, justo cuando pensé que eso del destino no existe. Que ya era tarde, no lo encontraría. Lo miré de nuevo a sus ojos. Seguía esperando que le respondiera. 

—Eres un idiota enserio. —solté. Levantó las cejas confundido y yo me reí de la ternura. Corrí los pocos metros que nos separaban y me lancé a sus brazos con fuerzas. Jack tardó unos segundos en reaccionar. Luego rodeó mi espalda con sus manos. Por primera vez en muchos días, tuve mi mente en blanco. Las mejores cosas las hacemos sin pensar demasiado. Y es que lo extrañaba tanto que no era algo que podía controlar. Me separé de él sólo unos centímetros. Puse mis manos en sus mejillas y lo besé. Me miró sorprendido, con esos ojitos cafés de perro. 

—Estoy bañado en sudor… —murmuró. Sonreí y besé sus labios otra vez. 

—No me importa. 

Lluvia veraniega

—Ese beso… —soltó suspicaz—. ¿Es un sí? 

Caminé un par de pasos más y luego me detuve a verlo. 

—Me dijiste que te respondiera después de tu pelea. —Jack asintió cabizbajo, yo me acerqué hasta quedar frente suyo—. Lo he pensado mucho. De verdad. Pero sabes que no es tan fácil. Mi mamá nunca me dejaría. 

—Podemos hablar los dos con ella. 

Negué con la cabeza y tomé sus manos. 

—No quiero pensar más en eso ahora. Sólo quiero disfrutar este momento. 

—Mañana me voy a entrenar a las montañas. No volveré hasta antes de la pelea. —anunció. Me puse de puntillas para besarlo delicadamente. 

—Con mayor razón. 

Mientras caminábamos una lluvia repentina comenzó. Nos escondimos debajo del techo de un local que había cerca e intercambiamos miradas en silencio. Entonces usó de excusa que era tarde, para invitarme a pasar la noche en su departamento. ¿Qué le diría a mi mamá? no podía usar a Ethan o Marc ahora, porque ya sabe que están en Sidney. Tampoco tengo otros amigos. Cuando estábamos en el ascensor revisé mi celular. Tenía un mensaje suyo.  —Emma. ¿Dónde estás? observé el cabello de Jack ligeramente mojado con la lluvia y respondí: —Mamá perdón. Me encontré con Jack y me quedaré a dormir esta noche en su casa. Enseguida apagué el celular y lo guardé en mi bolsillo. Nuevamente, la lluvia era mi resguardo. 

Apenas entramos, fue por el secador y me lo entregó. —Esta vez no te enfermes. —Soltó. Le hice caso y me sequé el cabello mientras él se daba una ducha. Los recuerdos eran inevitables. Todo en su departamento estaba igual. Aunque quizá más vacío que antes. Salió a los pocos minutos usando un buzo y una camiseta negra. Nos sentamos en la mesa a tomar un té de ginseng. Puso una bella música de piano que comenzó a sonar sutilmente por todo el living. 

—¿Chopin? —pregunté. Jack asintió. No tenía idea de que le gustara la música clásica. Y de seguro hay muchas otras cosas que aún no sé. Le conté que Ethan y Marc se habían ido a Sídney y que desde entonces no hemos hablado mucho. Luego me distraje con la melodía del fondo. Comenzó a sonar la nocturna número 2. E instantáneamente cerré los ojos y dejé de hablar. 

—¿Te gusta? —preguntó en una voz baja y rasposa. Abrí los ojos despacio y asentí. 

—Es la favorita de mi mamá. Solía ponerla mucho cuando era pequeña. Pero cuando se separó de mi papá dejó de escucharla. Nunca entendí por qué. 

—La música conecta con las emociones y los recuerdos. —Dijo, al mismo tiempo sostenía mi mano con delicadeza—. Tal vez su melodía se convirtió en algo triste para tu mamá. 

Miré atenta sus ojos mientras hablaba. Sin duda es muy diferente a como me imaginaba a los boxeadores profesionales. Se encontraba justo a mi lado, y sentí que no era suficiente. 

—Jack vamos a dormir. —propuse embobada. Él soltó mi mano y levantó las cejas. 

—¿Tienes sueño? vale, tú duerme en mi cama, voy a traer unas mantas para el sillón y… —estaba por levantarse de la mesa cuando lo detuve tomando su muñeca. 

—Quiero dormir contigo… —admití. Su gesto cambió enseguida. Rascó su nuca y luego me miró más serio. 

—Vale. 

Me acosté al mismo lado de la cama mientras lo esperaba. Entró por la puerta y apagó las luces. Entonces quedó solo el fulgor de la ciudad iluminándonos débilmente desde la ventana. Se sentó en el otro extremo sin mirarme. No entendía en qué estaba pensando, quise preguntar, pero habló antes de que pudiera: 

—Emma no quiero hacerte nada. No hasta que tenga la certeza de que te irás conmigo. —Volteó a verme, yo abrí grandes mis ojos mientras sentía mi corazón acelerarse—. Porque si es esta una despedida, no la quiero—. Bajó la cabeza unos segundos, y a mí se me hizo un nudo en la garganta. Pensé entonces que de verdad me aprecia. De no ser así, no haría algo como esto.  Tragué saliva y esperé a que me mirara a los ojos de nuevo—. No podría soportarlo…  

Alejé la manta que me cubría y me acerqué hasta él. Lo rodeé con mis brazos apoyando su cabeza en mi pecho. Quise decirle muchas cosas, pero ninguna de ellas las podría asegurar. Sentí además, que si hablaba mi voz de quebraría enseguida. Me conformé con acariciar su cabello. Él tomó mi brazo con fuerzas y me besó. Como si le doliera, como si hubiese estado sufriendo durante mucho tiempo por su cuenta. Deslizó un mechón de mi pelo detrás de mi oreja y habló despacio—. Te amo… 

El ser humano

¿Qué clase de idiota te dice te amo y luego te rechaza? Jack me había rechazado antes de siquiera intentar algo. Sentí que tal vez era una venganza por todas las veces que fueron un “casi” de mi parte. Quizá pensó que me arrepentiría de nuevo. Aunque ese no era el caso… 

En fin, pensé todas estas cosas mientras no podía quedarme dormida. Apoyé mi cabeza en su pecho y observé cómo se inflaba y reducía con cada leve respiración. Está vivo. A fin de cuentas es un ser humano también. 

El amanecer entró por la ventana, y el cansancio de no haber podido dormir bien me ganaba. Escuché las pisadas de Jack ir y venir por la habitación. ¿Ya se iría? mis pesados párpados no me permitieron preguntar. Me retorcí por la cama hasta abrazar su almohada impregnada con su rico olor. 

—No dormiste nada anoche. —dijo en voz baja. Abrí los ojos con dificultad. Estaba de pie junto a la cama mirándome, al mismo tiempo doblaba ropa y la dejaba en un bolso en el piso. Se veía maravillosamente, y de seguro yo parecía una vagabunda con resaca. 

—Me costó un poco… —respondí en bostezo. Despejé mi rostro y lo miré fijamente varios segundos—. ¿Ya te vas? 

—Sí. En unos 15 minutos vendrá mi Papá a buscarme. 

Asentí. Terminó de poner cosas en el bolso y se lo llevó por el pasillo. Luego volvió y sacó su celular junto a su cargador de la repisa al lado mío. 

—Me encontré con tu papá ayer. —solté. Enseguida Jack me miró espantado. 

—¿Dónde?

—Frente a tu gimnasio. Antes de que nos encontráramos llegué hasta allá por casualidad. 

Asintió con un notorio gesto de incomodidad. 

—Ya veo… 

No sé si me creyó o no la parte de “casualidad” o por qué parecía incomodarle tanto. Me levanté mientras él hablaba por teléfono desde la sala. Fui al baño y lavé mi rostro con agua fría. —Olvídalo. Yo decidiré eso. —escuché su voz elevarse mientras continuaba con su llamada. ¿Con quién estará hablando?—. No me interesa. Esto es importante. —Salí del baño y me asomé por el pasillo hacia la sala—. ¡Por eso lo digo! —exclamó y luego volteó y me vio allí curioseando—. Mira, hablemos de esto después. No es momento. —bajó el celular y suspiró. 

—¿Quién era? —pregunté acercándome. 

—Mi manager. —Estaba por decirme algo más cuando su celular comenzó a sonar de nuevo—. ¿Sí? ya bajo—. Lo guardó en su bolsillo y posó sus manos en mis mejillas—. Me voy—. Me besó y fue por su bolso que dejó junto a la puerta—. Recuerda dejar cerrado. 

—¡Suerte! —grité al mismo tiempo la puerta se cerraba. 

Las tres semanas pasaron rápidamente. Me dio algo de nostalgia ver como la ciudad se llenaba de carteles con el rostro de Jack. La pelea por el título de los pesos pesados por fin se asentaba otra vez en el país. Liam Ross era el nombre del actual campeón. De solo pensar que él había vencido al loco de Billy Walker me ponía los pelos de punta. Me puse a investigar de pura curiosidad. Me sorprendió ver que tenía 34 años. Pensé que era algo viejo para el boxeo, pero no hay ningún límite de edad estipulado. Su rostro era mucho más amigable que otros contrincantes que ha tenido Jack. Tenía el cabello negro y corto, sus cejas excesivamente arqueadas, parecía estar levantándolas permanentemente. Es innato de Sídney y padre de 2 hijos. Me pregunté cómo sería para ellos observar a su padre pelear en el ring. Ver cómo lo lastiman continuamente, y que ese sea su trabajo. Su pasión. 

Lleva un récord de 30 peleas, 30 victorias y 2 derrotas. Bastante similar al de Jack en los pesos crucero. Y realmente impresionante. La pelea se llevará a cabo en la Arena más grande de boxeo del país. El Qudos Bank en Sídney. Sentí que debía hablar con Ethan y Marc. Eso implicaba contarles todo. Y hace días que no hablamos por el chat, nada más palabras sueltas. ¿Tan ocupados estarán? 

Una noche tomé el celular y llamé a Ethan. —Enserio perdón Emma. Estuvimos ocupados con la mudanza y todo eso. Tardó más de lo esperado. 

—¿Estuvimos? 

—Sí, sí. Marc y yo. 

—Ahh. —guardé silencio unos segundos y luego lo solté: Tengo algo que decirte… 

—Nena yo también. Pero creo que lo mejor es explicarte en persona. 

—Opino lo mismo. De hecho, iba a decirte que planeaba ir a Sídney. 

—Perfecto. Ven cuantos días quieras. Quiero mostrarte el departamento y todo eso. 

Y así fue, tan rápido cómo sonó. La siguiente semana me encontraba viajando hacia la capital. Le avisé a Jack con un corto mensaje que respondió al día siguiente. Él estaría muy ocupado estos días. Mañana sería la conferencia de prensa y el sábado la pelea. Y yo ya no podía esperar más. 

Noticias

Abracé a Ethan fuerte, como si no nos hubiéramos visto en siglos. Cargó mi bolso y caminamos por la ciudad cuando de repente se detuvo en un deportivo rojo. 

—¿Qué? —pregunté confundida. Él sonrió perverso. 

—Sube. 

—¡¿ES TUYO?! —exclamé asustando a una pobre señora que pasaba por la vereda. Casi tira al piso su bolsa de compras. 

—Es de Marc. Me lo presto. 

—¡¿Se lo compró él?! 

—Ahora parece más futbolista ¿no? 

Por imagen o lo que sea, me parecía demasiado. Tuve que agacharme excesivamente para poder entrar por la puerta. Ethan apretó un botón en que el techo empezaba a retroceder cegándonos con la luz del sol. Se puso unos lentes oscuros y sonrió coqueto. La radio tocaba una canción de reguetón con la que él cantó de memoria. Me reí estruendosamente mientras sacaba mi brazo por la ventana para sentir la brisa acariciar mi piel. 

En una calle rodeada de grandes árboles y enormes edificios, se detuvo frente a un moderno departamento con ventanas brillantes. Entré asombrada con lo inmenso que era todo. Llegamos hasta el piso 15 y caminamos por el pasillo hasta la puerta del fondo. Ethan introdujo una clave en el cerrojo de la puerta y entramos tras un sonidito. Di vueltas emocionada por una sala enorme, con sillones negros y una vista maravillosa de la ciudad en un enorme ventanal. 

—¡Dios mío Ethan! ¿Enserio vives aquí solo? ¡Te debe costar una fortuna! —grité asombrada. 

—Si… bueno. Con respecto a eso Emma debo contarte algo.

Lo miré juntando mis cejas. Él tomó mi mano y me guio al sillón. Fue a la cocina y trajo un vaso de agua. Luego se sentó a mi lado. 

—Tengo miedo. —admití. Pensé que tal vez estaba casado, o le llegó alguna herencia, o tenía un Sugar Daddy, (lo cual no sería malo).

—La verdad es que nos dimos cuenta que mi facultad está muy cerca del lugar donde Marc entrena—. Empezó, moviendo sus manos como psicólogo—. Así decidimos ahorrar un poco y vivir juntos. 

—¡Eso es genial! ¿Por qué no me lo dijeron?

—La cosa es que… —se sacó los lentes y pasó sus manos por sus ojos. Me miró como si le diera extrema vergüenza contármelo.  

—No me digas… acaso ¿están juntos? —dije esto y Ethan asintió con la cabeza con un gesto extraño. No pude evitar soltar un grito que resonó por toda el lugar. Mis fanfics mentales se habían convertido en realidad. Me tomé las manos para tapar mi boca y esbocé una enorme sonrisa—. ¿Es enserio? 

—¿Por qué estás tan feliz? 

—¡Porque sí! ¡Cómo no estarlo! 

Ethan sonrió y me abrazó emocionado. 

—Gracias Emma. 

—Lo único que quiero saber es cómo pasó. Digo, ¡Se fueron hace apenas un mes!

—La verdad es que a mí me gustaba Marc hace mucho tiempo. Incluso antes de que llegaras a la ciudad. Pero pensé que estaba loco y era mejor olvidarlo. Y bueno, cuando pasó esto las cosas se dieron solas…

Tuve que apretar mis cachetes para aguantar toda esa ternura. Nos quedamos un rato más allí hablando y luego a Ethan se le ocurrió encender la televisión. Lo primero que vimos fue el rostro de Jack Callen en la conferencia de prensa. ¡Mierda lo olvidé! Ethan puso un gesto incómodo y la apagó enseguida. 

—Diablos Emma perdón. No pensé que aparecería tu ex. El sábado tiene una pelea al parecer. —dijo sin ganas. Lo miré haciendo una mueca extraña, enseguida notó que algo pasaba. 

—Ethan… con respecto a eso, yo también tengo que contarte algo. 

Mathan

—¡No me retes! —exclamé tapando mi rostro con mis manos. Ethan me miró apretando los labios como si se estuviese aguardando mil palabras que me quería escupir. Finalmente se levantó del sillón y puso sus manos en sus caderas. 

—Me alegra que nunca estuviste con Marc. No te lo mereces. —bufó. 

—¡Hey! ¿Qué quiere decir eso? 

—Es que Emma, ¿Irte con él? ¿Para siempre? ¡¿Te dejó sola de repente y aun así confías en él tan ciegamente?! No lo logro entender. —se fue por el pasillo con pasos firmes y luego volvió negando con su cabeza reiteradas veces. 

—No será para siempre… —refunfuñe—. ¡Además aún ni siquiera le respondo! ¡¿Por qué te enojas así?! ¡Te lo cuento para que me des consejos como mi amigo!

—¡¿QUIERES QUE TE DE UN CONSEJO?!

—¡SI!

—Déjalo ya. —pronunció esas palabras resignado, dejando caer sus brazos como si le pesaran—. No me gusta él. Nunca me gustó. Cuando estabas con él cambiaste. Te olvidaste de mí y de Marc. Parecía que ya no te importaba nada más. 

—Eso no volverá a pasar. —Me miró rodando los ojos. Me levanté y tomé su mano justo cuando estaba por darme la espalda—. Ethan… sé que en ese entonces me comporté como una idiota. Todo en él era tan magnífico que me absorbió por completo. Y no era culpa suya, sino mía. Pero ya no soy la misma. Sé bien lo que me importa. Quienes son los que más me importan. Y no cambiaré eso jamás. Confía en mí por favor. —supliqué. Sus ojos negros se veían vidriosos. Le molestaba en el alma, y lo sé. Pero no había nada en esos momentos que pudiera decir o hacer para que me creyera. Me miró atento y suspiró. Estaba por decirme algo, cuando la puerta se abrió. 

—¡EMMMMAAAAA! —Marc entró con sus brazos en el aire para saludarme. Se detuvo a mitad del camino al vernos las caras—. ¿Paso algo…?

Nos sentamos los tres en su enorme terraza a tomar cerveza. Me sentí bien al ver lo felices que estaban. Lo bien que se llevaban aun compartiendo piso. Sentí también que ya no seriamos los tres. Que es imposible tener todo en este mundo. Esta decisión me daría algo, y me alejaría de otra cosa que también es importante. 

—Enserio me asusté cuando entré. —Admitió Marc mientras abría otra lata de cerveza—. Pensé que te habías enojado por lo que Ethan y yo.

—¡¿Por qué me enojaría por eso?! —exclamé entre risas. 

—No sé, porque “arruinaríamos la amistad” o algo por el estilo. 

—Lo dice el que estuvo enamorado de Emma por un año completo… —resopló Ethan escondiéndose en su vaso. Marc pateó su canilla por debajo de la mesa haciéndolo quejarse del dolor—. Pateas duro ¿eh? 

—Soy futbolista… 

Se golpearon entre ellos juguetones. Sonreí con nostalgia. Miré hacia la maravillosa vista de la ciudad que tenían y me terminé mi vaso de un sorbo. Les exigí que me contaran cómo su bromance se convirtió en romance. Ethan se tapó los oídos avergonzado y Marc comenzó a reírse. 

—¿Qué tiene? es Emma. Puedo decirle ¿No? —le preguntó a su novio de lentes quien parecía demasiado avergonzado como para mirarnos a la cara. Abrí los ojos expectante—. Ethan lloró. —dijo Marc con una enorme sonrisa. Al instante Ethan se levantó y se fue. ¡No puedo con esto! —exclamó a lo lejos. Me quedé con el ruliento conversando hasta que la noche se presentó. Me contó que los primeros días se sentía nervioso por el equipo, sus compañeros eran mucho mejores de lo que imaginó. Por primera vez se sintió ansioso y preocupado por su habilidad. Ethan le levantó el ánimo para que siguiera adelante. Y en eso que Marc lo abrazaba y le daba las gracias, se puso a llorar. Entonces le dijo que lo quería. Que lo quería más que a un simple amigo. Y sentía culpa si eso arruinaría todos los años que han estado juntos. La conversación terminó allí. Marc no podía creerlo. Se quedó pensando la noche entera y por la mañana fue a su habitación. Se dio cuenta de que siempre fue él el que lo ayudó. El que lo acompañó y apoyó cuando más lo necesitaba. Ethan quiso huir, pero Marc lo detuvo. Y cómo son hombres, y todo lo hacen con acciones y no con palabras, lo besó allí mismo. Y desde entonces que su nueva relación empezó. 

Me emocionó escuchar la forma en la que Marc me contó todo. Cuando terminó, y Ethan volvió a la mesa con nosotros, noté que lo miraba a cada paso, cada detalle. Entonces entendí lo mucho que lo tenía presente. Evité preguntarme a mí misma cuándo fue que noté que estos dos no eran heteros. La verdad es que había sido hace mucho, y tampoco le tomé importancia. Pero ahora me sentía feliz que sean ellos dos. Nadie tiene mejor química que Mathan. (Marc + Ethan, sí inventé ese nombre hace casi un año, a veces se los decía en broma) 

Mi celular comenzó a sonar y me levanté para buscarlo dentro del departamento. Me sorprendió ver el nombre de Jack. Hace semanas que no me llamaba, y ahora me sentí mal de no haber visto la conferencia de prensa. 

—¿Jack? —pregunté insegura, mirando hacia donde se encontraban los tortolitos. Por el momento a Ethan se le había olvidado el enojo, si se entera que estoy hablando con él, de seguro me grita. 

—Emma. 

Ven conmigo

—¿Te decidiste? —preguntó enseguida. Caminé por el pasillo hasta entrar a la habitación de Marc. Me apoyé contra la puerta y solté un pequeño suspiro. 

—Después de que termine la pelea. ¿No? 

—Ya lo sé. Es sólo que la espera me está matando. No sé qué pensar. Y me da miedo en realidad. —contó sus preocupaciones con tal facilidad que sentí que había cambiado mucho. Que de verdad estaba intentando ser sincero.

—¿Crees que para mí ha sido fácil? estamos igual Jack. —hable con voz baja para que los chicos no me escucharan.

—Lo sé. Para ti ha sido todavía peor. —Escuché del otro lado su respiración agitada. Sentí mi corazón acelerarse y tuve que tragar saliva para calmarme—. ¿Estás en Sídney?

—Jack… ¿Qué estás haciendo? —pregunté con timidez. 

—Flexiones. Perdón. Estoy algo nervioso. —Lo oí suspirar y me sentí avergonzada de haber pensado otra cosa. 

—Llegué hoy. Estoy en la casa de Marc y Ethan. 

—Ya veo… —guardamos silencio unos segundos. Me ardía el pecho no poder estar ahí con él ahora. Lo quería ya entre mis brazos y lo único que hice para aguantar esas ganas fue morderme el labio—. Emma te extrañé mucho. Estas semanas. Perdóname por no poder llamarte, el entrenamiento…

—Ya sé—. Lo interrumpí porque no me gustaba que me diera explicaciones sobre el boxeo. El sábado sería su pelea por el título de los pesos pesados. Cómo podría cuestionarle sobre algo tan importante—. No te preocupes por eso. Yo igual te extraño. 

—Te enviaré a alguien para que vaya a dejarte los boletos. Para tus amigos también. 

—¿No te veré antes de la pelea? —pregunté algo decepcionada. 

—No puedo Emma. 

—¿Abstinencia de boxeador? 

—No sólo eso. Esta vez, creo que no podría ni besarte. No sé si lo aguantaría. 

Puse mi mano en mi pecho, como si eso lograra calmar un poco los latidos de mi corazón. Los dos nos moríamos de ganas de estar juntos, y aún no podíamos. Parecía como si todo en nuestra historia tuviera múltiples trampas para alejarnos. Escuché la voz de Ethan acercarse. Miré por el pasillo y apreté el celular entre mis dedos. 

—Jack. Perdona, debo cortar. —dije, y al instante terminé con la llamada. Estaba saliendo de la habitación mientras guardaba mi celular, pensando que nadie lo había notado. Pero Ethan me esperaba al fondo del pasillo de brazos cruzados. Me detuve ahí y bajé la cabeza ante su mirada acusadora. 

—Vamos a contarle a Marc. —aseguró con sus cejas arriba. 

Nos sentamos a conversar hasta la madrugada en la sala. Conté prácticamente lo mismo, pero esta vez con la acusadora mirada de Ethan sobre mí. Por supuesto, Marc fue mucho más comprensivo. En realidad se alegró cuando le dije que habíamos empezado de cero. Pero su gesto cambió inevitablemente cuando llegué a la parte de que quería que me fuese con él. Después de eso estuvo callado unos minutos. 

—¿Ves te dije que es ridículo? —señaló Ethan, lo fulminé con la mirada y él me respondió arrugando la nariz como un niño pequeño. 

—¿Que tiene de malo? —soltó Marc de repente, dejándonos a los dos sorprendidos—. Emma necesitaba aclarar sus dudas. Yo mismo le dije que debía ver qué pasaba. 

—¡¿Pero irse del país con él?! —exclamó Ethan indignado, era el único que no quería sentarse. 

—Bueno él es un boxeador profesional. Si gana el título tendría que irse seguro. En ese sentido Emma lo sabía de antes, que no sería fácil—. Me miró antes de seguir hablando—. Debes estar cansada. Con el viaje y todo esto. Después continuamos. Ve a dormir a mi cama. 

Yo asentí y me fui por el pasillo. Escuché la voz de Ethan antes de entrar a la habitación y me detuve. —No sé cómo mierda apoyas esto de verdad. ¿Qué pasa si el idiota la deja botada al otro lado del mundo? Deberías dejar de lado tu fanatismo para estas cosas Marc. —No es fanatismo. Ya lo sé. Créeme que lo odié por un tiempo. Odié que fuera él entre todos los hombres del mundo. Pero es. ¿Qué quieres que haga? ¿Culpe a Emma? no quiero verla sufrir más. Tú la viste el año pasado. Cuando el idiota se fue. No quiero verla así de nuevo. —¡Yo tampoco quiero verla así! Por lo mismo te digo, nada bueno va a salir de esto. 

Cerré la puerta despacio y me dejé caer en la cama. Nunca pensé que los había preocupado tanto. Y ahora solo los preocuparé más. Entiendo que esa forma de reaccionar de Ethan es por miedo. Sé que sólo quiere protegerme. Y que es shockeante para los tres tener que separarnos así. Vivir en otra ciudad es una cosa, pero en otro país. En ese momento me dolía la cabeza y no quería pensar más. Me quedé dormida rápidamente en la cama de Marc. Y desperté en la noche de repente. Me levanté y fui hasta el balcón. En el camino vi Marc durmiendo en el sillón. Se despertó enseguida y me miró confundido. 

—¿No puedes dormir? —susurró. 

—¿Que haces en el sillón? —pregunté yo. 

—Ethan no quiso dormir conmigo. —me aguante la risa hasta salir al balcón. Ahora sólo faltaba que despertáramos a la bella durmiente y nos viniera a golpear a los dos. Me apoyé en el barandal al lado de él. 

—Tuve un sueño con él. —solté. Marc me miró aún adormilado. 

—¿Qué soñaste? si se puede preguntar, si es explicito mejor no. 

—Idiota… —A lo lejos se veía que el amanecer estaba por comenzar y me quedé allí embobada con lo hermosa que era la vista—. No era nada en realidad. Solo recuerdo que estábamos juntos. En una habitación blanca con mucha luz. Demasiada luz. Él me miraba y sonreía mientras tomaba mi mano. Eso era todo—. Miré como Marc escuchaba atento mi historia y me dio vergüenza. 

—¿Eras feliz? —preguntó. 

—Eso creo. —Marc sonrió y me dio unos golpecitos en la cabeza con su mano. 

—¿No tienes justo ahí tu respuesta? 

La pelea por el título: Pesos pesados

Sonó el timbre y yo corrí a abrir la puerta. Apareció un hombre de unos 30 años con un sobre. Le di las gracias y volví saltando hacia donde estaban los demás. Me miraron confundidos. 

—¿Pediste pizza? —preguntó Ethan. Negué con la cabeza y abrí el sobre. Saqué de ahí las entradas y las mostré por sobre mi rostro con una sonrisita. 

—¿No quieren ir a ver la pelea mañana? 

Marc enseguida se levantó y tomó las entradas. 

—Mierda. ¡Mierda, mierda, mierda! —exclamó emocionado—. ¡Son las más caras!

—Ni loco voy. —soltó Ethan con un puchero. Continuó fumando su cigarrillo con su vista hacia la ciudad. Marc se acercó a él y rozó su rostro con las entradas de papel. 

—Ethan… la pelea por el título… —dijo con ironía. 

—No me importa. 

—Podrás ver al campeón en vivo… y en primera fila… —Ethan nos miró de reojo y suspiró. 

—Está bien, vamos. 

El gran día había llegado, y sin que yo pudiera hablar con Jack otra vez. No quise llamarlo porque pensé que estaría ocupado. Casi envío un mensaje de buenas noches, pero el deseo era tanto, que no quería distraerlo. 

Caminamos junto con Marc y Ethan hasta la arena, que estaba sólo un par de cuadras de su departamento. El lugar estaba repleto de gente entrando por la puerta principal. Había grupos grandes de fanáticos, con vuvuzelas y cintas en la cabeza. Notamos enseguida que la mayoría apoyaba al campeón Liam Ross. Estando en su ciudad natal la diferencia parecía natural, pero de todas formas el fandom de Jack no se quedaba atrás. Sentí que vi a las mismas chicas gritonas de sus peleas anteriores aquí apoyando. Por lo menos se nota el compromiso. 

Llegamos a nuestros asientos privilegiados rodeados de todo tipo de gente. Marc no dejaba de dar saltitos emocionados en su lugar y Ethan miraba con desinterés aunque por dentro se notaba su nerviosismo. Yo por mi parte, podría decir que ya me acostumbré a estas situaciones y puedo permanecer tranquila. Pero la verdad era que hace más de un año que no me encontraba frente a un ring. Y durante los meses que Jack se fue evité ver los anuncios de peleas de boxeos, las noticias y pasar frente a los gimnasios que hay en Riverlight. Todo que me lo recordara. Porque enseguida sentía mi pecho apretarse, y todos esos recuerdos que quise desechar aparecían de nuevo en mi cabeza. 

Ahora, frente a esa lona roja recordé las veces que vine junto a Jack, caminé por el pasillo de los boxeadores junto a su entrenador y los demás miembros de su staff. Cuando vi por primera vez esa pared marcada con los guantes de tantos otros deportistas. Su voz diciéndome que lo mire durante la pelea. No podía quitar mis ojos de él y sin embargo, me pedía más.  

La primera pelea que vi junto a Marc. Pesos cruceros, contra “Roy el meteoro Smith” cómo olvidarlo. Después de la pelea me tomó de la muñeca y me arrastró hasta una habitación. Ese mismo día conocí al padre de Jack. Y al día siguiente tuvimos nuestra “primera cita”. Meses después estaría enfrentándose al campeón, Mike Foley. Su ex compañero de gimnasio y eterno rival. Luego de aquel triunfo subió de categoría. Y el siguiente sería Ryan Nolan… (Bueno él definitivamente no quiero recordarlo) Y poco tiempo después vendría su última pelea en Australia. Contra el loco de Billy Walker. La más horrible, y la única que lo he visto perder. Riverlight estaba esperando a su esperanza volver, todos lo quieren ver pelear luego de su extenso entrenamiento en los Estados Unidos. Todos lo quieren ver ganar. Y aquí está, enfrentándose con el campeón del país. Enorgulleciendo a la ciudad. Y a mí. Ya no podía esperar más. 

¡En breve! ¡La tan esperada pelea por el título de los pesos pesados está por comenzar! ¡Afirmen sus bebidas y sus asientos que esto estará que arde!

Liam “el papi” Ross

¡En la esquina azul, el retador, Jaaaaaaack el relámpago Callen! ¡Y el Qudos Bank se remese! Vaya poder tiene el joven promesa de Riverlight. Así es Martín. Nadie esperaba que tal talento saliera de esa pequeña ciudad. ¡Y ahora está aquí! ¡En Sídney luego de un año de entrenamiento en Estados Unidos! En realidad fueron 13 meses… ¿pero quién cuenta? Miré la pantalla para admirar de más cerca su hermosura. Los gritos de tantas miles de personas juntas me dejaron sorda en poco tiempo. Llegó al ring y botó lejos la manta blanca que lo cubría. Así que de ahí viene su costumbre de tirar la ropa lejos…

¡Jackson Callen! ¡El relámpago! ¡Con sólo dos peleas en la categoría más poderosa del mundo del boxeo! ¡Una victoria y una derrota para el relámpago! ¡Y sin embargo esta noche se enfrenta al campeón! Sin duda increíble. ¡De pantaloncillos azules, 192 centímetros y 95 kilogramos! ¡JACKSOOOOON EL RELÁMPAGOOO CALLEEEEEN! yo y Marc gritamos con todas nuestras fuerzas en ese instante. Ethan nos miraba serio de brazos cruzados. Jack levantó los brazos y se paseó por el ring. Se veía maravilloso. Me mordí el labio al ver la pantalla y Marc me quedó mirando con sus cejas arriba. 

—Que no se te caiga la baba. —soltó con una sonrisa. Me reí y lo golpeé en el brazo. Ethan nos miraba serio—. ¡Vamooos Et! ¡Cambia la cara! —Marc empujó a su amigo, digo, novio. Y éste ni se inmutó. ¡Entra a la arena el campeón de Australia! ¡Liam Ross! ¡Liam el papi Ross! —Enseguida el rostro de Ethan se iluminó. 

Su familia está en primera fila para ver la pelea. Mostraron en pantalla a su esposa y dos pequeños niños rubios que saludaron hacia las cámaras con una enorme sonrisa. Mi corazón se apretó unos segundos. Era una sensación extraña, y que quizá no me correspondía. Pero no dejaba de preguntarme qué sentirán esos pequeños al ver tan de cerca este cruel deporte. ¡Con un increíble récord de 32 peleas, 30 victorias y 2 derrotas! ¡190 centímetros y 97 kilos! ¡Se impone el campeón! ¡Nuestro campeón de Australia! ¡De aquí! ¡De Sídney! ¡LIAAAAAAAM ROOOOOOOS! mi corazón saltaba. Miré a mis amigos, ambos tenían sus ojitos brillando. Ya va a empezar… ¡Se saludan y el referí da la señal! ¡Comienza el…!

Round 1

Con sólo segundos de haber empezado el primer round me quedó claro el estilo del campeón. Se acercó agresivo y rebosante de confianza hasta la defensa de Jack. Éste se cubrió el rostro y su cuerpo se levantó ligeramente al recibir su gancho. Levantó la cabeza y Ross ya estaba en posición de arremeter un derechazo en sus costillas. ¡El campeón se lanza! ¡Va con todo! Ross sabe muy bien que no le conviene alargar esta pelea. 

—¿Por qué? —pregunté sin apartar mis ojos del ring. 

—El campeón tiene una excelente condición física, pero no aguantará igual que Callen. —soltó Marc—. Va a querer terminar esto lo más pronto posible. 

—Tiene 34 años después de todo… —agregó Ethan. Asentí con la cabeza y al instante me alegré de tenerlos cerca. Extrañaba sus datos extra al observar una pelea. Resulta mucho más educativo. 

¡Callen lo esquiva! Jack dio saltitos por el ring mientras seguía con los ojos a su oponente. Se acercó al campeón esquivando sus jabs con un perfecto balanceo de cuerpo. Llegó hasta su torso y golpeó sus guantes soltando su defensa. ¡Callen derriba la defensa del campeón con un sólo golpe! Parece que los rumores eran ciertos, ¡el relámpago ha vuelto bestial después de su entrenamiento! Solté un grito de chinchilla asustada y lo siguiente que vimos fue una ráfaga de golpes que ni siquiera pude seguir con la mirada. ¡REMEZÓN DE CALLEN! cambié mi vista del ring hacia la pantalla de arriba, el cuerpo del campeón de sacudía de un lado a otro sin descanso. 

—Parece que ni siquiera necesita una estrategia. —dijo Ethan. Y al instante sonó la campana. ¡Termina el primer asalto! ¡Callen se aleja dejando al campeón balanceándose sobre la lona! Eso sí que estuvo intenso. ¡Vaya sorpresa se llevó Ross tras esa masacre por parte del relámpago! ¡Que sin duda a incrementado su velocidad y la fuerza de sus golpes! Jack volvió tranquilamente a su esquina. Vi que su padre le decía algo molesto, él sólo lo ignoró. 

—¡Mierda Jack está loco! —exclamó Marc emocionado. Ethan asintió. 

—No se tomó un año de su carrera en vano, después de todo.  

Yo me dejé caer en la silla sin palabras. ¿Qué fue eso? ¿Cómo es que no pude ver sus golpes? sacudí la cabeza abrumada con lo que acabo de ver. Es increíble el poder que puede llegar a tener. A veces simplemente lo olvido. ¡Comienza ya el segundo round! me levanté pensando que no debía ilusionarme. Que la pelea podía dar un giro. Pero no fue así. 

Round 2

¡PALIZA DE JACK CALLEN! ¡LA AUDIENCIA NO LO PUEDE CREER! ¡EL CAMPEÓN LIAM ROSS ESTÁ CONTRA LAS CUERDAS! 

Intercambié miradas con Marc, ambos estábamos con la boca abierta. Arremató golpe tras golpe, parecía que el campeón no podía siquiera levantar los brazos para cubrirse el rostro. Su cuerpo se movía de un lado a otro, justo como los puños de Jack lo dirigían. Sus mejillas comenzaban a tornarse de color y al mismo tiempo mostraban a su esposa en la pantalla tapando su boca con su mano. ¡Jamás en la historia del Papi Ross habíamos presenciado algo como esto! ¡El campeón quién ha defendido su título en cinco oportunidades, hoy no puede defenderse de los golpes del relámpago Callen! Tuve sentimientos encontrados al observar tal paliza. Los ojos vidriosos de los hijos del campeón en pantalla me hicieron darme cuenta de algo que ocurría en el ring. Y es que parecía no poder mantenerse más de pie, pero Jack no dejaba espacio para que cayera a la lona. Noté la expresión indignada del padre de Jack desde la esquina azul. Y sólo quedaban segundos para que estos tres minutos terminaran. ¡Suena la campana! ¡Termina este intenso segundo round! Jack volvió rebosante de confianza a su esquina. Su padre ni siquiera le habló. Marc gritaba entusiasmado y Ethan se tomaba la cabeza incrédulo. El público entero retumbaba. Parecía una pelea muy interesante para ver, y sentí que era la única que no se sorprendió por la fuerza de sus puños, ni la velocidad de sus pies. Sino de su estilo de boxeo en sí. En él. Algo había cambiado en Jack. Y recién ahora que lo veo sobre el ring, que me doy cuenta. 

Sonrisa torcida

—Emma. ¿No deberías estar gritando? —me dice Marc al notar mi seriedad. 

—Tienes razón. Es que sigo en shock. —respondí. No podía dejar de mirar esa sonrisa rebosante de confianza que había plasmada en el rostro de Jack. Me pareció tan diferente, tan inquietante. ¿Qué ha cambiado en él? 

Round 3

El campeón se acercó al centro de la lona con el rostro hinchado y el cuerpo enrojecido. Jack brillaba como si no hubiese recibido ningún golpe directo. Y es porque no ha recibido ninguno. ¡El campeón luce agotado! ¿Podrá resistir los siguientes tres minutos? sin darme cuenta apreté mis manos en el brazo de Ethan. Quería que esto termine pronto. 

Apenas sonó la campana Jack se lanzó hacia su oponente. El campeón se defendió como pudo tapando su rostro con sus puños. Jack estaba por conectar un golpe en su oído, pero Ross abrió los brazos y se colgó de él. ¡Un clinch del campeón! Esto no es algo que solemos ver. Jack se desesperó, se soltó de él a golpes, antes del referí pudiera intervenir. 

—Mierda se enojó. —dijo Marc apretando sus puños. Ethan me miró preocupado, ya entendió lo que estaba pasando. 

¡Un Uppercut limpio del relámpago! la barbilla del campeón voló hacia atrás, y cuando estaba por llegar a las cuerdas conectó un derechazo en la mejilla de Jack desprevenida. ¡Contraataque del Papi Ross! fueron unos segundos estáticos de mucha tensión. El rostro de Jack ni se movió con su golpe. Intercambiaron miradas, el campeón parecía sorprendido, y Jack muy molesto. Alejó su puño lejos y empezó una masacre directo al cuerpo del campeón. ¡El primer golpe del campeón parece no tener efecto! ¡Callen está furioso! ¡Arremete contra el cuerpo descubierto de Ross! golpeó su caja torácica de un lado al otro, moviendo su cuerpo como si fuese una marioneta. Lo dejó en las cuerdas con sus piernas temblando y sus ojos desorbitados. ¡Ross no puede escapar! ¡Callen lo tiene como una bolsa de papas contra las cuerdas! Apreté fuerte el brazo de Ethan y él puso su mano sobre la mía. ¡Derechazo directo al rostro! ¡Eso debió doler! quedaban sólo 30 segundos para que termine el round, mostraron en pantalla a la esposa de Ross cubriéndole los ojos a sus hijos para no ver esa matanza. Jack… termina esto pronto por favor. El público estaba dividido entre aquellos que se tomaban la cabeza y los que gritaban el nombre de Jack a todo pulmón. Di una pequeña vuelta a la arena con la vista y noté como cientos de personas estaban con lágrimas en sus ojos. ¡El campeón no puede más! ¡Qué masacre! ¡Qué violentos están los golpes del relámpago! ¡La gente quiere que termine! Vi en pantalla los ojos apagados de Jack al conectar cada golpe. La sangre de la boca de Ross voló ensuciando el ring. Estuvo a punto de caer pero se sujetó de las cuerdas. ¡Y no cae! ¡Qué gran fuerza de voluntad del campeón! Jack lo penetró con una mirada asesina que me dio mucho miedo presenciar. Se acercó con un derechazo abierto que hundió su rostro y lo llevó directo a la lona haciéndolo rebotar. Hubo un silencio. Mostraron en pantalla a su esposa desbordando en lágrimas. Y luego al campeón inmóvil en la lona roja. Incluso los locutores se quedaron sin palabras. El referí al reaccionar, dio la señal de terminada la pelea. ¡T—TERMINA LA PELEA! ¡EL REFERÍ DA POR TERMINADA LA PELEA! ¡EL GANADOR JACKSON CALLEN! ¡EL NUEVO CAMPEÓN DE PESOS PESADOS, EL RELÁAAAMPAGO CALLEN! entonces el público se convirtió en gritos. Marc celebró feliz y saltando, hasta que volteó hacia nosotros y nos vio las caras. 

—¿Q-qué pasó? —preguntó desconcertado. Bajé la cabeza dolida. Ethan me rodeó con su brazo para calmarme. Marc se acercó más a su novio—. ¿Qué le pasó? —preguntó en susurro por sobre mis hombros. 

—A veces eres bien simio ¿ah? —gruñó Ethan. Levanté la cabeza y vi a un Jack celebrando con sus brazos en alto y una gran sonrisa. Todo esto mientras sacaban al campeón en camilla y le cubrían el rostro con una toalla. Su esposa y sus hijos se pusieron a su lado mientras caminaban por el pasillo. La arena entera se convirtió en aplausos de respeto. Pusieron un brillante cinturón dorado en su cintura. Entonces noté que su padre no estaba. Habían sólo dos hombres de su staff junto a él en el ring. Me sentí confundida y abrumada con las intensas luces y el ruido. Salí de allí con las preguntas de mis amigos a mis espaldas. Esquivé a la gente hasta tener más espacio y poder respirar. Enseguida Marc y Ethan me alcanzaron. Me senté en una banca y suspiré. 

—¿Estás bien Emma? —preguntó Marc. Asentí con la cabeza y luego los miré a los ojos. Ambos parecían preocupados por mí. 

—Estoy bien. Sólo me sentí un poco ahogada allí dentro. Iré al baño un segundo. Los veo afuera. —Me levanté y caminé por los anchos pasillos sin encontrar ninguna señal de algún baño. ¿Por qué debe ser todo tan gigante? Entré a unos pasillos vacíos. Y me detuve en una esquina al escuchar su voz. —No puedo creer que te hayas ido. Me asomé y vi a Jack aún con sus pantaloncillos de boxeo hablando con su papá. Llegaron los demás miembros del equipo de Jack y él los echó. 

—Déjenos hablar. —pidió. Miró a su padre con un gesto indignado. A penas quedaron solos lo miró unos segundos y bufó—. Eres una mierda. —soltó, y a pesar de que no podía ver el rostro de su papá, vi que levantó la cabeza.

—Ese no eres tú. —Respondió su padre con voz ronca—. Ese no es tu boxeo. 

—¿Y qué mierda sabes tú de eso? 

—Sé que ese no es el boxeo que se enseñé a mi hijo los últimos 20 años. 

—Bien. Porque no lo seguirás haciendo. Estás despedido. —Abrí los ojos sorprendida. Jack volteó con un gesto cansado y se fue por el pasillo. El padre de Jack se dio vuelta y rápidamente me escondí. Corrí buscando la salida, pero antes de encontrarla, me topé con Ethan. Tenía su celular en la mano y parecía preocupado. Al verme la cara bajó los brazos. 

—¿Qué pasó? 

Identidad

Apoyé mi cabeza contra el ventanal mientras abrazaba mis piernas en el lujoso sillón de mis amigos. 

—Te traje un chocolate caliente. —la voz de Marc me hizo reaccionar. Lo miré con una sonrisa y sostuve la taza con ambas manos. 

—Gracias… 

Se sentó conmigo en el sillón y acarició delicadamente mis piernas. 

—¿Quieres hablar? 

Tomé un sorbo de su dulce chocolate caliente lleno de espuma y suspiré. 

—No sé muy bien sobre qué. —admití. 

—Te decepcionó. 

—Más que decepción… no lo sé. Me sentí muy confundida. No parecía él. —al decir esto mi celular comenzó a sonar. Cerré los ojos cansada. 

—Te está llamando. 

—Ya lo sé. —Tomé mi celular y colgué la llamada. Iban 7 veces antes de esa. Abrí la conversación de WhatsApp. —Emma. ¿Dónde estás? Viniste ¿cierto? Te espero afuera para que vayamos juntos. ¿Pasó algo? Estoy en la entrada. ¿Por qué no respondes? 

—Debe estar preocupado. —Marc se levantó del sillón y me miró antes de irse—. Mándale un mensaje aunque sea para que se quede tranquilo. Y trata de dormir ¿sí? Buenas noches. 

Apenas Marc se fue mi celular comenzó a sonar de nuevo. Me tomé la cabeza y suspiré. Ya Emma. Dijiste que querías conocer a Jack real, no al boxeador. Tomé aire antes de contestar. —¿Emma? ¿Dónde estás? ¿Estás bien? 

—Estoy bien. Estoy en la casa de mis amigos. 

—¿Por qué no respondías?

—Perdón… —Oí un suspiro agotado de su parte. Había muchas cosas que hablar pero no tenía ganas de nada en ese momento. Me daba miedo tener esa discusión. Aquella que inventé en mi mente.

—Pensé que nos veríamos después de la pelea.  

—¿Nosotros? 

—¿No?

—No dijiste nada. 

—Pensé que era obvio… —Guardamos silencio unos segundos. Aún no le decía felicidades por ganar la pelea. La más importante hasta ahora. Y seguía recordando la vez que ganó la de pesos crucero. Esa primera noche de lluvia en que todo comenzó. Ahora debía estar todo mejor, podíamos estar juntos, eso queríamos y extrañábamos, pero no podía dejar de sentirme así. Esa mirada que tuvo hoy en la pelea volvía a aparecer en mi mente una y otra vez haciéndome dudar—. ¿No podemos vernos ahora? te paso a buscar. 

Mi corazón se apretó con sus palabras. Quería estar con él, pero esa maldita pelea imaginaria se haría realidad. 

—No creo que sea buena idea ahora… —respondí—. Estoy cansada, tú también debes estarlo. Hablemos mañana. —Mi corazón latía como loco. Cerré los ojos sintiendo la horrible culpa consumarme por completo. 

—Está bien. Buenas noches. 

Terminé la llamada con el corazón apretado. No debería sentirme así por verlo diferente en el ring. Eso no significa nada. Debería juzgarlo por cómo es conmigo, no cómo es como boxeador. Recordé la primera pelea que vi de él. Quedé impresionada con lo bello que podía llegar a ser aquel deporte tan agresivo. Sus palabras me hacían creer en eso. Pero lo de hoy fue muy distinto. Me dio miedo verlo así. ¿Y por qué le diría eso a su padre? Eres una mierda. Él no es de tratar mal a nadie, menos a su padre, su entrenador. ¿Cómo pudo despedirlo? 

Me quede largos minutos pensando demasiado hasta que mi cabeza comenzó a doler. Ethan apareció por el pasillo adormilado y se detuvo frente a mí. 

—Emma son las 3 de la mañana. Anda a dormir. —se quejó. No podía creer que habían pasado tantas horas. 

—¿Y Marc? 

—Está durmiendo conmigo. Tú ve a su cama. 

Me levanté y choqué mi hombro con el suyo juguetona. 

—Ya se arreglaron… —solté irónica. 

—Cállate. 

Me dejé caer en la cama de Marc como un saco de papas. Me dormí enseguida y desperté al otro día con el sol del mediodía sobre mi cara. Tenía un mensaje de Jack. Y supe que debía lidiar con todo lo que nos correspondía. Me duché, perfumé y vestí con la mejor ropa que traje antes de salir. Tras un empujón en la espalda de mis amigos (literal) caminé con la cabeza en alto hasta la entrada del departamento. Pero apenas lo vi esperándome afuera de su auto me carcomió el miedo. Ya no entendía muy bien a qué, pero sí. Sonrió ligeramente al verme. Estaba de jeans y camisa, luciéndolos perfectamente. Lo vi rascarse su nuca nervioso, mientras crucé la calle. Me detuve frente a él y balancee mis pies avergonzada. 

—Felicidades, por ganar la pelea. —solté por fin. Al decir esto su gesto se ablandó enseguida. Se convirtió en puras sonrisitas. Avanzó un paso, esperando quizá algún abrazo de mi parte. Pero mantuve mis manos cruzadas detrás de mi espalda. Y como me demoré mucho en reaccionar, todo se volvió raro. Volvió a rascar su nuca y señaló al auto. 

—¿Vamos? —preguntó. Asentí y rápidamente me subí al asiento del copiloto. Después de minutos de un largo e incómodo silencio llegamos a una calle llena de luces junto al mar. Teníamos una vista hermosa del puente de la bahía. Era la primera vez que lo veía en persona. El atardecer comenzaba a mostrarse, y nos rodeaba todo tipo de gente y parejas que irradiaban felicidad en sus rostros. —¡Jack Callen! exclamaron de repente. Detuvieron a Jack antes de que pudiera llegar a la orilla conmigo. Se tomó unas fotos con un grupo de gente y luego caminó hacia a mí. 

—Perdón. —dijo al llegar a mi lado. Yo negué con la cabeza. 

—Está bien. Yo igual me tomé una foto contigo ¿Lo recuerdas? —los dos nos reímos al recordar eso. 

—Incluso Maya aparece. 

Sonreí nostálgica. Era un lugar hermoso. Tan moderno y enorme todo, que hacía parecer muy pequeño a nuestro amado Riverlight. Y eso que para mi, ya era lo suficientemente grande. 

Junto con el sol iban desapareciendo las personas a nuestro alrededor. Jack se movió inquieto, y supe enseguida que estaba por decirme algo. 

—Emma. —me miró preocupado. De repente me sentí tranquila. Ya no tenía miedo de hablarle. Viéndolo aquí entiendo que sigue siendo el mismo—. ¿Pasó algo ayer? Te noté extraña. 

Tuve que soltar aire antes de responder. 

—Ayer...

Miedos

—Ayer… ¿Te refieres cuando hablamos por teléfono? —pregunté. Sus ojos brillaban rojizos con la luz del atardecer. 

—Sí. Como no respondías y eso. 

—Lo sé. Perdón por eso Jack. Enserio. Supongo que me sentí algo abrumada después de la pelea. 

—¿Por qué? ¿Porque ahora soy el campeón? no voy a cambiar sólo por eso. —me acerqué a él negando con la cabeza. 

—No es eso. Hace más de un año que no veía una pelea. Ni nada relacionado. Y esta en específico… fue muy intensa. —admití. Vi como Jack se mordía el labio por dentro mientras asentía con la cabeza—. Supongo que mucho ha cambiado. Entrenaste un año en otro país después de todo. Es natural. Pero para mí, que no había visto nada de eso, fue bastante abrumador. Tú fuerza. A veces olvido que eres tan fuerte, en serio. —rodé mis ojos al cielo. Jack se acercó quedando su rostro justo frente al mío. 

—¿Te dio miedo? —preguntó, con sus ojos clavados en los míos. Asentí con la cabeza levemente—. ¿Yo, te di miedo? —me quedé unos segundos mirándolo sin poder responder. Él se alejó y rascó su cabeza con su vista al mar—. ¡Ahg! perdóname Emma. 

—No creo que es algo por lo que debas disculparte. 

—No quería que tuvieras esa impresión de mí. —Me miró de nuevo y suspiró—. No estaba bien. Tenía la cabeza en otro lado. Sé que no fue mi mejor pelea. Pero sólo podía pensar en ganar. Era una oportunidad única para un novato como yo, en los pesos pesados. No es una excusa válida lo sé. 

—No tienes que darme explicaciones. En serio. No es que hayas hecho algo malo tampoco. —vi cómo se llenaba de inquietud. Lo más probable es que haya más explicaciones que esa. De seguro hay cosas más complicadas pasando por su vida. Pero en ese momento no sentía curiosidad. Con el tiempo me lo contaría. O al menos eso pensé. De repente se acercó a mí con un gesto preocupado. El sol se escondió por completo, y éramos de los pocos que quedaban allí. 

—Dime la verdad. —soltó frustrado. Ladeé mi cabeza confundida—. Prefiero oírla pronto. No quiero ilusionarme más con tus palabras amables.

—¿De qué hablas? —no entendía nada lo que me decía. Abrió los ojos confundido. 

—La respuesta. Si te irás conmigo o no. 

Abrí la boca pasmada. ¿Ese beso... es un sí? Me dijiste que te respondiera después de que terminara tu pelea. ¿Te decidiste? Después de que termine la pelea. ¿No? Ya lo sé… la espera me está matando. De repente todas nuestras conversaciones vinieron a mi cabeza. Después de la pelea. ¡Después de la pelea!

—¡Mierda lo olvidé! —exclamé atónita. Jack achicó los ojos incrédulo. 

—¿Es broma? 

—No… en serio lo olvidé. —al decir esto con mi cara de estúpida, Jack se alejó tomando su cabeza y se hincó frente al mar. 

—Me voy a tirar. 

—¡No lo hagas! —chillé entre risas. Corrí a su lado y me coloqué junto a él. Pasó sus manos por su rostro y me miró soltando una carcajada con indignación. 

—¿Que importa? ni siquiera recordabas mi propuesta, eso significa que no te importo ni en lo más mínimo. —Se levantó y apoyó sus brazos en la reja frente al mar. 

—¡Jack basta! no pensé que podías bromear así. 

—No bromeo. —sonrió con confianza y se sentó en la reja dejando su cabeza colgando hacia el mar. Soltó sus manos que lo afirmaban, dejando su cuerpo inclinándose de tal manera que pensé que enserio caería. Corrí hasta su lado y lo tomé de la camisa, quedando nuestros rostros a sólo centímetros de separación. 

—¡No puedes morir así idiota! —gruñí enfadada. 

—¿Por qué no? 

—¡Pues porque te amo! 

Abrí mis ojos sorprendida con mis propias palabras. Jack sonrió plácidamente. Soltó una risita y me miró con ternura. 

—Sería un desperdicio morir entonces. —inclinó su rostro para besarme en los labios. Lo golpee en el pecho inútilmente. Rápidamente me derretí con su beso y terminé cerrando los ojos y afirmándolo fuerte para que no cayera al mar. Sus labios eran tan dulces que me pregunté cómo fue que por un mili segundo tuve miedo de él. Rodeó mi cintura con su mano y me acarició suavemente. Su olor me tranquilizó como por arte de magia. Lo extrañaba. Lo extrañaba muchísimo. Y no deja de sorprenderme lo mucho que me gusta. Que todas mis dudas y miedos desaparecen con un simple beso. Sólo él podía. 

La respuesta

—¿Eso es un sí? —preguntó con ilusión. Golpee su duro pecho con mi puño. 

—¡Obvio que sí idiota! me iré contigo… —Tuve que desviar la mirada de la vergüenza. Jack me seguía viendo fijamente con una enorme sonrisa. Bajó de la reja y rodeó mi cintura con ambos brazos. 

—Gracias Emma… —levanté la vista y nos quedamos mirando unos segundos. Acarició mi cabeza con su mano y me atrajo hacia él. Su calor fue reconfortante. Apoyó su barbilla en mi hombro y susurró—: Gracias. 

Me fui embobada todo el camino. Tenía tantas cosas en qué pensar y en ese momento no se me ocurría nada. Tuve que retar a Jack para que soltara mi mano mientras manejaba. (La seguridad es primero) llegamos al departamento de Mathan y lo tironeé hasta la puerta. Él negaba la cabeza haciendo un puchero igual que un niño. 

—¡Vamos Jack! —insistí. 

—No creo que sea una buena idea. Tus amigos me odian. Y con razón… 

—¡Bueno es momento de cambiar esa impresión! ¡Vamos! 

Subimos en el ascensor y tiré de su mano hasta la puerta. Puse la clave y la abrí asomando mi cabeza por si había moros en la costa. —Sigo pensando que esto es una mala idea. —susurró Jack. Negué con la cabeza y lo llevé hasta adentro. Al cerrar la puerta salió Marc de la terraza. 

—¡Emma! ¿Cómo te fue con él… —se detuvo al vernos a los dos allí parados. Me miró a mí, luego a Jack y luego a nuestras manos tomadas—. Parece que bien. 

—Marc. —Caminé hacia él con un gesto de súplica—. Quería que se conocieran bien. No sabía cuándo habría otra oportunidad así que lo traje hasta aquí. 

—A Ethan no le va a gustar. 

Nos sentamos afuera con unas cervezas y una enorme capa de incomodidad mientras Ethan no estaba. Había ido al supermercado y me pareció el momento perfecto para que, al menos, se lleve bien con Marc. 

—Tengo que decir que tu pelea estuvo bestial. —soltó Marc de repente haciéndome feliz. Jack se tomó la cabeza avergonzado y sonrió—. Enserio, hiciste ver débil al campeón. Eso es increíble. 

—Sólo fue suerte… 

—¡Qué dices! ¡Fue sensacional! ¿Qué clase de entrenamiento tuviste en los Estados Unidos? Porque en serio, wow. 

Jack se pone todo tímido cuando hablan así de su boxeo. Tomé lo que quedaba de mi cerveza y le di unos golpecitos en su pierna. 

—Marc era el que tenía un poster tuyo sobre su cama. —admití. 

—¿Enserio? 

—Sí. Pero lo rompí cuando vi que te besabas con Emma en el río. —concluyó Marc haciendo que Jack bajara la cabeza incómodo. Enseguida lo fulminé con la mirada. ¡¿Qué fue eso?! Le dije moviendo los labios. ¿Qué? me respondió él—. Bueno, cosas de adolescentes. Ya está en el pasado. Hace mucho que dejó de gustarme Emma, así que no te preocupes. Cuando la conoces de verdad se te van todas las ilusiones, créeme. 

—¡Hey! ¿Qué quiere decir eso? —gruñí. 

Seguimos así hablando y discutiendo. Después de un rato hubo más confianza y Jack empezó a hablar más. Mencionaron a otros boxeadores que yo no conocía. Mientras iba a la cocina por más cervezas la puerta se abrió. Ethan apareció con bolsas en las manos. Corrí hasta su lado y lo ayudé. 

—Emma, ¿Cómo te fue? 

—Bien… —quise tapar la vista a la terraza con mi cabeza. Pero unas risas se escucharon y Ethan lo notó enseguida. 

—¿Con quién está Marc?  —de repente su gesto cambió. Me miró con decepción. 

—Et. Espera. Déjame, expli…

—¿Lo trajiste aquí? —soltó las bolsas de sus manos y caminó furioso hasta la terraza. Traté de detenerlo pero fue inútil. El gesto de Marc cambió enseguida. 

—Et. Cálmate. —pidió levantándose de la silla. 

—¿Que me perdí? ¿Ahora tomamos cervezas y somos todos amigos? —ironizó molesto. Jack se levantó y lo miró a los ojos—. ¿Te la vas a llevar? —preguntó. Jack no respondió. Traté de tomar el brazo de Ethan pero me alejó enseguida—. ¡Te estoy preguntando si te llevarás a Emma lejos! —exclamó molesto. Los demás nos quedamos en silencio. Jack se acercó a él haciendo más notoria su diferencia de altura. 

—Ella decidió. —Respondió por fin—. No la estoy obligando a nada. 

—Claro. ¿Y te parece bien que un adulto como tú, se lleve a una adolescente de dieciocho a viajar por el mundo sólo por capricho? 

Jack sonrió con ironía.

—Puede verse así también…  —dijo con la mirada hacia el piso. Al instante Ethan saltó sobre él tomándolo de la camisa. Marc trató de detenerlo, pero no pudo. Y nos quedamos los dos mirando el tenso momento. 

—¡NO ME JODAS! —Gritó en su rostro—. ¡La dejaste sola todo un puto año! ¡¿Y esperas que confiemos en ti?! ¡Emma no es puto títere maldición! 

Marc me miró sorprendido. Me dolió oír esas palabras llenas de rabia de Ethan. Quise arreglar un poco las cosas. Quise que se llevaran bien, que confiaran en mí. Pero la situación no era tan fácil como creí. A veces los amigos son los que más rencor guardan por las cosas que nos hicieron mal. Yo lo había perdonado, pero para Et seguía siendo imposible. 

Jack lo miraba atento a los ojos. Vi que quería decir algo, pero se detuvo. Ethan soltó su camisa empujándolo. Volteó hacia mí y Marc con un gesto dolido. Nos esquivó para salir de allí e irse por el pasillo. Marc lo siguió. Y yo me quedé allí mirando mis zapatillas sin poder decir nada. Jack se acercó unos pasos y se detuvo a mi lado. 

—Voy a salir un poco. —me dijo, y se fue por la puerta. 

Después de unos minutos fui en busca de Ethan, pero Marc me detuvo. Me dijo que hablaron un rato, pero que era mejor dejarlo solo ahora. Caminé por fuera del departamento en busca de Jack. Lo encontré sentado en una banca de un parque cercano. Levantó la cabeza al verme y sonrió. Me senté a su lado y puse mi mano sobre la suya. 

—Tenías razón. Fue mala idea. —suspiré. 

—No. No te preocupes por eso. Hablaré con él de nuevo. 

—Está bien… tenemos que hablar con mi mamá también. 

—¡¿Aún no le has dicho?! —me preguntó sorprendido. Abrí los ojos confundida. 

—No. Pensé que le diríamos juntos. 

—Mañana tengo el vuelo a Riverlight. 

—¿Mañana? ¿Y cuándo piensas hablar con Ethan? —antes de responderme, se distrajo mirando hacia la entrada del parque. Volteé también y vi a Ethan y Marc caminado hacia nosotros. 

—Supongo que ahora. —respondió. 

—Emma. Dejemos que Jack y Ethan conversar. —dijo Marc cuando llegaron frente nuestro. Miré a Jack asustada, él levantó las cejas como diciendo: Está bien. Ethan parecía serio, con las manos en sus bolsillos como si lo hubieran arrastrado hasta ahí. (Y eso era lo más probable) me levanté y me fuí con Marc mirando a esos dos a lo lejos. Dios, espero que estén bien. 

Hombres 

Eran casi las 1 de la mañana y Ethan y Jack no volvían. Di vueltas por el departamento nerviosa. Marc veía animé en su enorme plasma acostado en el sillón. 

—¡Cálmate ya Emma! ¡Deben estar bien! —me gritó. Me detuve en seco y lo miré furiosa. 

—¡¿Cómo puedes estar tan tranquilo?! ¡¿Y si se están pegando?!

—Hey, ¿crees que Ethan es estúpido? jamás pelearía con el campeón de pesos pesados, no seas ridícula. 

—Tienes razón en eso… —continué dando vueltas y me senté en la terraza a ver las hermosas luces nocturnas mientras esperaba. Miré mi celular de nuevo. De repente sonó la puerta y salté como conejo de la silla. Tenía el corazón en la garganta, y me congelé al ver a Ethan y Jack entrar riendo como si fuesen amigos de toda la vida. 

—¿Qué onda? —preguntó Marc golpeando a Et en la espalda. 

—Nah, todo bien. Ya lo arreglamos. 

—Quedamos en un acuerdo. —concluyó Jack. Me miró a lo lejos allí petrificada y levantó las cejas—. ¡Emma! 

Caminé aún confundida hasta él. 

—¡Estás viendo Full Metal sin mí! —exclamó Ethan lanzándose al sillón. 

—¡Perdón no me aguante! 

Llegué frente a Jack quién se reía de mis estúpidos mejores amigos. Abrí los ojos grandes esperando a que me explicará qué pasó. Pusó sus manos en mis mejillas y me dio un beso. Me crispé de la sorpresa y voltee enseguida hacia los demás por sí me habían visto. Pero estaban muy concentrados en su serie y ni les importó. 

—Venía a despedirme. —Anunció—. ¿Te vas mañana conmigo? ya te compré el boleto de avión. —moví mis manos de un lado a otra abrumada. 

—¡Espera, espera, espera! ¿Ya está todo bien? —Él asintió como si fuese obvio. 

—¿Te paso a buscar mañana a las 8 entonces?

—Vale… 

Me besó de nuevo y abrió la puerta. 

—Diviértete con tus amigos. 

Se fue con una sonrisa y yo me quedé allí plantada como tapete sin poder creerlo. —¡Emma tráenos cervezas! —gritó Ethan desde el sillón. ¡Por favor! —añadió Marc. No puede ser. ¿¡POR QUÉ LOS HOMBRES SON TAN SIMPLES!?

Abracé fuerte a Ethan y Marc cuando Jack llegó por mí. No sabía en cuánto tiempo más los vería y me entristecía mucho pensar en ello. Así que sólo sonreí y les agradecí por todo. Me llenaron de cuídate mucho, pásenla bien. Pero no tanto ¿eh?, vuelve cuando quieras. Ésta es tu casa también. Y en un rápido vuelo ya estaba de vuelta en Riverlight junto con Jack. Llegamos directo a mi casa. Y mi mamá nos abrió la puerta sorprendida. 

Nos sentamos en el sillón, ella trajo unos vasos con jugo y se sentó frente a nosotros con una sonrisita sospechosa. 

—Entonces están juntos de nuevo ¿No? —soltó. 

—Sí. —respondimos al unísono con Jack. 

—Sí lo supuse, esa vez que me dijiste que te quedabas a dormir en su depa, fue lo primero que pensé. Pero me alegro que estén juntos, me preocupaba que tuvieran una relación tóxica ahora, ya sabes, de encuentros esporádicos y necesidades nada más. 

—¡Mamá! —La detuve antes de que dijera más tonterías—. Tenemos algo que decirte. Importante. 

—¿Se van a casar? ¿No eres muy chica Emma? 

—¡Eso no! —me tomé la cabeza con dolor, por qué debe ser tan difícil hablar con esta señora—. Escucha primero ¿sí? 

Le expliqué yo, y luego Jack. Nos miró como si fuese broma. Cuando entendió que hablábamos en serio se levantó y se fue a la cocina. No dijo mucho, además de que era una decisión importante y debíamos pensarlo bien. Salimos junto con Jack y Maya. Aproveché de sacarla a pasear y respirar un poco de aire fresco después de tanto desgaste. Tomó mi mano mientras caminábamos. 

—Dale tiempo. Debe procesar una noticia así. —dijo con su voz tranquila—. La alejaré de su única hija después de todo. No me sorprendería que me odiará después de hoy. 

—Mi mamá te ama. Aunque no sé si sea sólo por conveniencia, o si realmente le caes bien. 

—Cualquiera de las dos sirve. 

Sonreí y me acerqué a él para darle un beso. Mientras lo hacía, Maya salió corriendo soltando su correa de mi mano. 

—¡Maya! —grité, y antes de que pudiera hacer algo, Jack ya estaba detrás de ella corriendo a una velocidad impresionante. La gente lo quedó mirando y en pocos segundos lo reconocieron. Vi a lo lejos que la atrapó tomándola en brazos, llamando aún más la atención. Corrí hasta él con la respiración agitada—. Gracias… —suspiré. La dejó en el piso y me entregó la correa. 

—Es veloz. 

—¡¿Y tú?! —solté una risita. Noté que había muchas personas mirándonos y bajé la cabeza inconscientemente. Jack volteó alrededor y se acercó a mí. Levantó mi barbilla con su mano y me miró a los ojos—. ¿Q—qué haces? hay gente mirando…

—¿Te dije alguna vez lo hermosos que son tus ojos grises? 

—Jack… —sentí mis mejillas ruborizarse al instante. 

—Son realmente hermosos. —me besó en los labios con ternura. Sentí susurros de la gente y mis orejas arder. Él sonrió tranquilo pero yo seguía preocupada por todas esas personas que se detenían a ver si era Jack Callen o no—. No importa… —susurró. Y me besó de nuevo. Cerré los ojos del impulso. Mierda… ya no importa. Sí. Que todos sepan que yo soy la novia del campeón. 

Maya

Me detuve antes de llegar a la casa. Me agaché junto con Maya y acaricié su cabeza. 

—¿Qué voy a hacer con Maya? —suspiré. Jack se puso a mi lado y tomó su patita. 

—Lo que creas que es mejor. No sé cuánto tiempo estaremos en Alemania. Pero si prefieres llevarla, no hay problema. 

—¿De verdad? 

—Claro. Yo feliz de tenerla con nosotros. —tomó el cabello largo de la cabeza de Maya y la zamarreó de un lado a otro juguetón—. Además, no quiero separarlas. 

Maya nos miró jadeando y sonreí. Tiene razón. Me regalaron a Maya cuando mis padres se divorciaron. Fue mi única compañía desde entonces. Siempre estuvimos juntas, y no podría dejarla ahora sola con mi mamá. Es mi perra después de todo. 

Me despedí de Jack en la entrada, y al entrar noté que mi mamá estaba encerrada en su pieza, así que yo caminé directo a la mía. Sentí que he sido una mala agradecida. Ella trabaja mucho por mí, aun cuando hubieron malentendidos, y nos distanciamos un poco, no quiero dejarla con la sensación de que ha sido una la mala madre. Me voy ahora porque la situación se volvió así. Porque quiero continuar al lado de Jack y ver qué saldrá de todo esto. No porque quiera huir de mi vida actual. 

Me quedé con mirando mi celular cuando tocaron la puerta. Enseguida me levanté. 

—Pasa. —dije, y por la puerta entró mi mamá con sus ojos hinchados como si hubiese llorado mucho. Caminó lento e insegura hasta sentarse a mi lado en la cama. Nos quedamos unos segundos en silencio mirando hacia la ventana cuando habló:

—Emma, a decir verdad presentí hace tiempo que te irías lejos. —al decir esto tomó mi mano y sonrió—. Siempre fuiste tan independiente. Tan madura. Incluso cuando eras chica y tus amigos peleaban tu solucionabas todo para calmarlos. Sé que lo de tu padre te afectó—. Tragué saliva y abrí grandes los ojos para aguantarme las lágrimas—. Eran muy unidos. Y todo lo que pasó, los tribunales y todos esos problemas de adultos para un niña de 15, no fueron fáciles. Nunca quise que las cosas que complicaran tanto. Y pensé que alejarlo de nuestras vidas sería lo mejor para ti. Pero aun así te encontraste con él el año pasado y manejaste todo tan bien. 

—¿Lo sabías? —pregunté sorprendida. 

—¿Pensaste que no me daría cuenta? tu rostro cambia cuando se trata de él. Y tu sola aprendiste a perdonarlo y seguir con tu vida. Encontraste buenos amigos en esta ciudad, aunque sé que fue difícil. Pasaste por cosas duras, y conociste a esa persona especial de la cual te enamoraste… eso es algo maravilloso. —limpié las lágrimas que salieron rápidamente y sonreí. Mi mamá también tenía sus ojos vidriosos—. ¿Tanto te gusta? —asentí varias veces con la cabeza. Ella acarició mi brazo—. Nunca es fácil eh. No pienses que la tienes más difícil porque él es un deportista famoso, porque nunca es fácil el amor. Ahora entiendo que debes irte y seguir con él. Y yo sabía, que tarde o temprano te irías a encontrar eso que te gusta. Que eso de la universidad lo hacías por mí. Para dejarme tranquila. Pero no era realmente lo que querías. 

—Perdón mamá. Perdón… —suspiré. Ella negó con la cabeza. 

—Está bien mi princesa. Debes seguir a tu corazón, sino no encontrarás la felicidad. No seas como yo. Aplicada y centrada toda la vida, ¿Y para qué? Para satisfacer a los demás, y a fin de cuentas te quedas sola. Y sin haber encontrado aquello que te mueva. Que te haga sentir vivo. Y no me malinterpretes, yo te tuve muy chica, pero entendí enseguida que tu serías eso que movería mi vida. Y no me arrepiento de nada. —La abracé con fuerzas mientras ella acarició mi cabello—. Y ahora me buscaré un novio también, ¿un Sugar Dad? ¿Así se llaman? —me reí en su hombro. 

—¡Sugar Daddy! 

—Eso mismo. —Nos separamos y limpió las lágrimas que quedaban en mis mejillas—. Quiero que seas feliz Emma. Y sin importar lo que pase, siempre puedes volver. Esta es tu casa. —asentí y  la volví a abrazar. 

—Gracias Mama. Gracias… 

Bajé las escaleras y abrí la puerta. Maya salió corriendo hacia la reja, moviendo su cola emocionada. 

—Buenos días. 

—Buenos días. —imité su voz gruesa y él sonrió. Al abrir el portón me rodeó con sus brazos y me llenó de besos en los labios la frente y la nariz. Maya nos saltaba a los dos. 

—¡Maya, Maya! —la tomó en brazos y la cargó hasta dentro—. ¿Estás emocionada? —le preguntó agudizando su voz.

—Ahora sí. Ayer estuvo toda la tarde enfadada porque la llevé a ponerse sus vacunas. 

—Aww. Pobrecita. 

Apareció mi mamá en la puerta y enseguida Jack dejó a Maya en el piso y arregló su camisa. 

—Señora Jones. —la saludó con su voz de macho pecho peludo que hace unos segundos estaba modo puppy y yo me reí detrás.  

—Joven Callen. —mi mamá lo abrazó sorprendiéndolo enormemente. Le dio golpecitos en la espalda y susurró—. Le haces algo a mi Emma y yo misma recorro el mundo hasta encontrarte y darte tu merecido, ¿Me oyes? 

—Sí señora Jones. 

Jack subió mis cosas al auto mientras yo me despedía otra vez de mi mamá. La abracé con fuerzas y ella me repitió sus frases típicas. Subimos a Maya a los asientos de atrás y nos despedimos por la ventana. Me dio una enorme nostalgia verla en el umbral de la puerta. Suspiré para no llorar de nuevo. Jack puso su mano sobre la mía. 

—¿Vamos? —preguntó. Lo miré a los ojos y asentí. 

—Vamos. 

Alemania

Después de 16 horas de vuelo llegamos a un Berlín blanco. Envuelto en nieve de un invierno que estaba por terminar. Fuimos a buscar a Maya y las maletas. Jack arrendó un auto y salimos del aeropuerto muertos de frío. Enseguida quedé encantada con los paisajes. Los puentes, las casas, los árboles nevados, todo parecía sacado de un cuento de princesas. Era mi primera vez en otro país, y no podía creer lo hermoso que sería. 

Jack entró por unas rejas de unos 4 metros de alto, rodeadas de arbustos frondosos hasta un castillo inmenso con una bandera de amarillo, rojo y negro en la cima. Lo miré con mi boca abierta sin entender nada aún. Él levantó las cejas. 

—Este es el hotel. —aclaró. 

—Debes estar bromeando… —bajamos del auto y rápidamente aparecieron dos chicos de traje que llevaron nuestras maletas. 

—Danke schön. —agradeció Jack en un perfecto alemán y lo clavé mis ojos en él acusadora. Me puse a su lado mientras pasábamos por las enormes puertas de madera. 

—¿Acaso sabes hablar alemán? —pregunté. 

—Sólo un poco. 

Jack habló con la recepcionista en un alemán que parecía mucho más que solo un poco. Habían unas escaleras de mármol enormes, con decoraciones lujosas y altamente quebrables. Maya tenía ganas de investigar todo, la podía imaginar rompiendo todas esas cosas costosas. Subimos por un ascensor de espejos hasta nuestra habitación. Una placa dorada iluminó el número 401. Entré mirando alrededor y luego a Jack. Abrí la boca murmurando: Estas loco… 

Dejaron nuestras maletas adentro y cerraron la puerta. Solté la correa de Maya y empezó a correr por todo el lugar subiéndose a los sillones, la cama y deslizando las alfombras peludas. Nos quedamos en un silencio bastante amable, intercambiamos miradas y sonreímos enseguida. Jack estiró sus brazos y yo salté en ellos. Besó mi cabeza y habló en mi oído: 

—¿Estás cansada? ¿O quieres ir a pasear? —me separé de él y asentí. 

—Vamos. 

Luego de darle comida a Maya, me di una ducha y salí con un gran abrigo color celeste pastel y una boina. Caminamos junto con Jack tomados de la mano por un sendero rodeado de árboles, con cada paso hacíamos crujir la nieve. Todo envuelto en un silencio impresionante a las afueras de Berlín. Llegamos a un lago y nos detuvimos allí a ver el paisaje irreal, sacado de película. Jack tomó mi mano y la frotó con las suyas. 

—Estás helada… 

—Tú también. —sonreí y me acerqué a besarlo. Él me rodeó con sus brazos para tenerme cerca. Nuestros alientos congelados se veían al hablar y luego desaparecían en el aire. Puse mis manos en su mejilla, una leve barba comenzaba a salir, y me impresioné con lo bien que le quedaba. Admiré sus cejas rectas y gruesas. Sus pestañas mojadas con el rocío y sus labios rojos del frío. Quise besarlo en todo espacio de piel que quedaba. Tapé sus orejas congeladas con mis manos y solté una risita de ternura—. No puedo creer que estoy aquí. Parece un sueño. 

—Tienes razón. Te estoy viendo justo frente a mí, y más irreal parece. —jugó con un mechón de mi cabello y volvió a mi cintura—. Eres tan hermosa. —cerré los ojos incrédula y él aprovechó para besar mis labios. Deslicé mis brazos por dentro de su abrigo y lo rodeé con ellos. El aire estaba congelado, pero él tan cálido. Sentí mi rostro mojarse y abrí los ojos. Desde el cielo caían cientos de copos de nieve, volaban lentamente y se posaban sobre nosotros con delicadeza. Intercambiamos miradas y nos reímos—. Será mejor volver pronto. —Asentí con la cabeza y Jack tomó mi mano. Nos devolvimos por nuestros pasos marcados en la nieve que comenzaban a disiparse. 

Llegamos al hotel ya de noche y congelados, enseguida nos ofrecieron un café caliente en la recepción. Subimos solos el ascensor sin decir mucho. Tenía una sensación extraña en el pecho, era tan feliz que temí que todo desapareciera de repente. Crucé el umbral de la puerta y saludé a Maya quien se había quedado dormida en el sillón. Me quité el abrigo y mi boina que había quedado blanca de la nieve. Apenas levanté la cabeza, vi a Jack mirándome, se acercó a mí súbitamente y me tomó en brazos con facilidad. No pude siquiera reaccionar cuando me besó con fuerzas. Como si no pudiese aguantarlo más. Puse mis manos en su nuca mientras caminaba por el pasillo. No alcanzamos a encender las luces en el camino, pero la habitación estaba débilmente iluminada los faroles de afuera. Me quedé caer en la cama de dos plazas, perfectamente arreglada y templada. Jack encima de mí, buscó mis ojos y continuó besándome mientras recorría todos los lugares de mi cuerpo con sus manos. Se quitó su chaleco negro y lo lanzó lejos de la cama. Enseguida sonreí recordando todas las veces en que había hecho lo mismo. Me levanté para quitarme el suéter, Jack posó sus manos por mi espalda desnuda haciendo mi piel erizarse con su toque. Desabrochó mi bralette deslizando las tiras por mis brazos con delicadeza. Besó mi pecho con suavidad y yo entrelacé mis dedos en su cabello. Me miró unos segundos maravillado, mientras la luz de la luna nos iluminaba y la ventana se iba manchando con copos de nieve. 

—Te amo… —susurró, con sus ojos brillando y una sonrisa encantadora. Puse mis manos en sus mejillas y lo besé. 

—Yo igual te amo… —murmuré apenas. Me moría de vergüenza, pero él me había escuchado y eso era lo importante. Besó mi cuello haciéndome caer de nuevo sobre la cama. Desabrochó mis pantalones y los deslizó por mis piernas. Su mano recorrió mis muslos y sus labios todo mi abdomen. Bajé con mis manos por sus músculos hasta su cinturón. Se lo quité rápidamente y él terminó de complacerme, al dejar al descubierto su esculpido cuerpo sobre mí. Olvidé por completo lo frío que estaba afuera, el calor de nuestras pieles rozándose fue más que suficiente para empañar los vidrios. Tenía mi corazón acelerado, pero él estaba igual que yo. Apoyó sus grandes brazos a mi lado, y mantuvo sus ojos de mí en todo momento para asegurarse de que estuviese bien. Asentí más veces de la necesaria para hacerle entender que a su lado estaba perfectamente. Ya cuando por fin estuvo dentro de mí quebré la espalda del regocijo. Teníamos tantos deseos acumulados que explotaron de repente llevándonos a los dos la máxima satisfacción posible. Me moví exactamente como él quiso, de maneras que yo no conocía. Nuestros alientos alterados se mezclaron en uno solo. Sentí mis muslos arder, pero no quería que termine. Ya no podíamos parar. 

El viejo amigo

Desperté apoyada en el pecho de Jack. Antes de poder abrir bien los ojos, recordé cada beso, cada caricia y todas las miradas que intercambiamos anoche. Sonreí inevitablemente al darme cuenta que había sido real. Froté mis manos en mis ojos y me levanté a medias. Desde la ventana se podía observar un paisaje completamente blanco. Escuché unas patitas emocionadas desde el pasillo. Maya empujó la puerta y saltó para subirse a la cama con nosotros. Le di unos golpecitos en su cabeza y suspiré. Jack se movió estirando sus brazos.

—¿Ves? lo despertaste. —le hablé despacio a mi perra que jadeaba. Deslicé las mantas en un intento de salir, pero Jack tomó mi muñeca. 

—No te vayas… —dijo con una voz ronca. Miré su rostro adormilado y sonreí.

—Debo sacar a Maya a que haga sus necesidades. 

—Deja que cague el hotel, no importa. 

—¿Cómo que no importa? debo darle comida también. —Emitió unos soniditos de queja y volvió a cerrar los ojos—. Vuelvo enseguida, tú sigue durmiendo. —Me levanté recogiendo mi ropa que había desparramada por la habitación. Mis piernas dolían como si hubiese hecho cien mil sentadillas. Lavé mi rostro y me vestí bien abrigada antes de salir. En el ascensor subieron dos señoras rubias envueltas con unos extravagantes abrigos peludos. Me miraron a mí, y luego a Maya como si estuviesen espantadas. Dijeron unas palabras en alemán indignadas mirándome de reojo. Y aunque no pude entender nada, sé que hablaban de Maya. ¿Qué tiene de malo? las fulminé con la mirada y me bajé antes al llegar al primer piso. Estaba saliendo por la entrada cuando un joven de trabajaba ahí se acercó a mí y señaló a Maya. 

—Entschuldigung, Haustiere werden nicht akzeptiert. —me dijo una frase en alemán rapidísimo que no alcancé ni a procesar. 

—Disculpe, ¿Qué? 

—No se permiten mascotas, —repitió esta vez en un inglés con acento tosco. 

—¿Qué? pero si llegué ayer con ella. —La recepcionista llamó al joven e intercambiaron palabras en alemán. Luego volteó hacia mí de nuevo y bajó la cabeza. 

—Lo siento mucho. Fue mi error. —negué con la cabeza y él se fue. Caminé hasta la recepcionista que me miró con una enorme sonrisa. 

—Disculpe, ¿es verdad que no se aceptan mascotas? —pregunté. 

—Oh, así es. Pero usted no tiene de qué preocuparse. El señor Callen pagó una comisión extra para que pudieran entrar con su perro. —Achiqué los ojos al oír eso. ¿Es en serio? 

—Gracias… —me alejé de allí y salí por la puerta que dos hombres abrieron para mí. Caminé junto con Maya afuera del hotel. Hacía mucho más frío que ayer, y la nieve había crecido exponencialmente. Me detuve en el lago y me hinque al lado de Maya mientras le hacía cariño—. Debes estar cansada ¿no? perdóname. No podía dejarte en Riverlight. —acaricié su cabello y toqué los calcetines que le puse en las patitas. Estaban empapados. Me levanté enseguida y casi chocó contra un hombre alto y de rico olor. 

—¿Ya van de vuelta? —abrí los ojos al notar que era Jack. 

—Sí… Maya tiene sus patitas congeladas. 

—¿Oh enserio? —se agachó a su lado y se rio al ver que le había puestos unos calcetines míos. 

—Pero por qué viniste, te dije que volvía enseguida. —Tomó a Maya en brazos y me miró desde arriba. 

—Sólo pensé en ir a desayunar con mis chicas. —soltó con una sonrisita. ¿Se refiere a Maya y a mí? Seguí su espalda mientras caminábamos hacia el auto. Detrás de sus hombros anchos, y su nuca perfecta, vi como le decía cosas a Maya moviendo su cabeza. La perra estaba en su salsa, ¿Y cómo no? hay personas que dicen tener una debilidad con hombres con bebés. Pero yo considero que una mucha más intensa y efectiva, son con perros. Sentí un regocijo en mi pecho en ese momento. Uno que parecía no terminar a su lado. 

Llegamos hasta un café hermoso y acogedor. Había una gran chimenea en una pared de piedra, y una sala exclusiva para perros. En donde jugaban, se olfateaba y les daban alimento. Nosotros pedimos unos cafés y unos dutch baby, típicos panqueques alemanes rellenos. Mientras yo pedí el de jamón y huevos, Jack eligió uno de frutas que llegó espolvoreado con azúcar flor. Estaba tan delicioso que enseguida tomé con el tenedor una buena porción del mío y le ofrecí a Jack. 

—Soy vegano. —me dijo sorprendiéndome. 

—¿Desde cuándo? —pregunté tapándome la boca. 

—Hace como un año. —Tomó un sorbo de su café y se acomodó en su silla—. Fue una decisión que tomé durante mi entrenamiento en Estados Unidos. Hace tiempo que he escuchado que deportistas profesionales rinden mejor con una alimentación sin productos animales. Incluso la recuperación de lesiones y tejidos es más rápida. 

—Parece que era verdad. Todos hablaban de lo fuerte y rápido que te has vuelto. 

—Es impresionante. —Volvió a su panqueque y yo lo quedé mirando. 

—Pensé que elegías las opciones veganas por moda. —Admití, haciéndolo reír—. Tal vez yo también debería hacerme vegana.

Jack asintió orgulloso, volví a mi plato y se me hizo agua la boca de solo ver ese jamón acaramelado. Será un largo camino.  

Salimos en el auto junto con Maya. Pusimos la radio y tarareamos unas canciones en alemán que no conocíamos. De repente llamaron a Jack y él puso el altavoz en el auto. —Jackie hallo! —se oyó la voz de hombre excesivamente emocionado. ¿Acaso le dijo Jackie? 

—Alex hallo. Wie geht es dir. 

—Gut gut Ich warte auf dich, mein Freund. —hablaron emocionados unos minutos y luego cortaron. Maya y yo mirabamos atentas. 

—¿Quién era? —pregunté con timidez. 

—El campeón de aquí. ¿No te mencioné que éramos amigos de infancia? 

—No… 

—Me dijo que pasáramos ahora por su gimnasio a saludar. 

—¡¿Qué?! ¿Ahora? debo cambiarme de ropa y arreglarme un poco. —me miré en el espejo frunciendo el ceño. 

—¿De qué hablas? estás hermosa. 

Lo miré rodando los ojos. ¿Cómo dice tonterías con esa seriedad? me ruboricé y bajé la cabeza. Jack puso su mano en mi pierna y yo la saqué. Le señalé el manubrio del auto con la mirada, él rodó los ojos. La seguridad es primero. 

Llegamos a un edificio alto y moderno, caminamos hasta la entrada con puertas deslizantes y nos rodeó una música motivante de fondo, tipo Rocky. El lugar estaba repleto de personas, y a ninguno le importó que hayamos entrado. De repente a lo lejos se escuchó un grito: ¡Jackie! y esquivando los sacos de boxeo, apareció un joven alto y rubio con facciones toscas y una nariz algo desviada. Levantó su mano y se dirigió hacia nosotros, enseguida todos los demás chicos del gimnasio voltearon a vernos. 

—¡Alex! —Jack sonrió y se rodearon en un fuerte abrazo. Se dijeron unas cosas en alemán y luego se golpearon entre risas—. Sis ist Emma, meine freudin. —El joven rubio me miró y extendió su mano con un gesto amistoso. 

—Emma, mucho gusto. —pronunció en un perfecto inglés. ¿Por qué hablan en alemán entonces? tomé su mano y sonreí. 

—Igualmente. 

—Te puedo contar muchos secretos de Jack cuando era niño. —declaró escondiendo su boca de Jack como si no lo escuchase. 

—Por favor. 

El Jack que no conocía

Hay muchas cosas de Jack que aún no conozco. Como por ejemplo que cuando tenía apenas 10 vino a Alemania a entrenar por 2 años. Y que se haría amigo de un niño rubio llamado Alexander Mayer. De seguro no esperaban que 15 años después ambos se convertirían en los campeones de su país. Me contaron que el gimnasio era el mismo de ese entonces, (solo que más moderno) y podía imaginarlos allí entrenando. Corriendo por los pasillos rodeados de adultos. 

—Estoy muy feliz de conocerte Emma. —soltó Alexander. Estábamos sentados en una habitación, (al parecer de los entrenadores) conversando. Llegamos aquí buscando algo de privacidad, ya que todos los chicos del gimnasio se acercaban a Jack a saludarlo emocionado—. Eres la primera novia de Jack que conozco. —Abrí los ojos sorprendida, enseguida Jack bajó la cabeza avergonzado. 

—¿Es enserio? —pregunté. 

—¡Sí, sí! no nos veíamos hace ¿Dos años? —miró a Jack y él asintió—. Pero siempre nos juntamos y contamos todo. Jack nunca habla sobre chicas, es muy injusto. Yo pensé que era homosexual.  

Vi a Jack rodeando los ojos y me reí.

—Yo también lo pensé. —admití sorprendiéndolos. Alex se rio y golpeó a su amigo en el brazo. 

—No sé cómo sentirme con eso. —suspiró Jack. 

Luego de un rato más conversando, Alex y Jack quedaron en hacer un spar la próxima vez. Su amigo es mucho más amigable que lo que su rostro representa. Y me alegró mucho ver a Jack así de emocionado hablando. Hasta ahora no tenía idea de si tenía amigos, o de su pasado, pero creo que ahora podré saber un poco más. 

Cuando llegamos al hotel, apenas nos bajamos del auto y le puse la correa a Maya no pude evitar preguntar:

—Jack. ¿Por qué pagaste dinero extra para que dejaran entrar a Maya? —solté como un escupo de palabras que tenía almacenadas en mi pecho. Me miró confundido, luego respondió. 

—Hice las reservas antes de saber que traerías a Maya, por eso… —asentí. Me sentí algo estúpida por haberme preocupado por eso—. Si quieres nos cambiamos, para que esté más cómoda. 

Lo miré a los ojos y sonreí. Parecía tan serio que me dio ternura. Un hombre que se preocupa por tu perro, es uno que de verdad te aprecia. 

—No te preocupes. Maya está feliz. 

Los días pasaron rápidos, entre los intensos entrenamientos de Jack y Alexander, donde todos los chicos del gimnasio se reunían a verlos para “estudiar”. Parecía increíble la cantidad de personas que los admiran tanto, y claro, son los campeones de sus países, y ya están posicionados en la lista de los mejores del mundo. Así rápidamente la noticia se difundió, y llegaron personas de otros lugares queriendo entrar al gimnasio. Tuvieron que aumentar la seguridad del recinto, incluso algunos periodistas lograron entrar, y el spar de estos amigos de infancia ya se había convertido en portada en el diario local para el día siguiente. 

Entre todo, varias veces salí a pasear con Maya mientras ellos se llenaban en su mundo de boxeo. Habían pasado sólo algunos días, pero no podía evitar pensar en que debía encontrar algo que hacer allí. No podía quedarme para siempre viviendo gracias a Jack, conociendo la ciudad y tomando café. Debía tratar de seguir mi propio camino, aun estando aquí juntos. Jack estará muy ocupado después de todo, y quién sabe. Quizá todo ese tiempo libre me dé la oportunidad de hallar mi pasión. Esperaba encontrar algo que me guste, pero el destino bien maldito, me trajo otra cosa. 

Caminaba junto con Maya en un cruce bastante ancho y concurrido. Me detuve a la mitad cuando la luz cambió a roja. Y mientras las personas que quedaban en la calle se apuraban por llegar al otro lado, un camión dobló rápidamente y atropelló a un hombre alto y rubio que salió volando varios metros por el aire. Se oyó el fuerte sonido del freno del auto y luego silencio. Unas señoras comenzaron a gritar, y todos allí se dieron vuelta a mirar al joven en el piso. Antes de siquiera poder reaccionar, ya me encontraba corriendo por la calle hasta alcanzar al hombre. Me hinque a su lado y grité: ¡ALGUIEN LLAME UNA AMBULANCIA! en un enfurecido inglés que al parecer algunos alemanes allí entendieron y sacaron sus celulares de sus bolsillos. Lo tomé del hombro y lo volteé y poder ver su rostro. Me quedé en shock. Mis manos que antes estaban calmadas a pesar de la estresante situación, empezaron a temblar. No puede ser… ese cabello rubio y ondulado era uno que ya conocía. Tenía los ojos cerrados, estaba inconsciente. Pero no tenía duda: Era Ryan Nolan. 

Debe ser una broma…

Todo lo vivido aquella noche volvió a mí como una película con solo ver su rostro. ¿Qué mierda está haciendo Ryan Nolan en Berlín? ¿Y por qué no está en la cárcel o en rehabilitación? antes de seguir cuestionándome todo eso, noté que tenía un golpe en su cabeza que no dejaba de sangrar. Me saqué mi chaleco y lo presioné contra la herida esperando a la ambulancia, que llegaron minutos después. Allí lo pusieron rápidamente en una camilla y se lo llevaron. Luego llegó la policía, el hombre que manejaba el camión estaba llorando mientras le explicaba lo que pasaba. Un oficial se acercó a mí y me preguntó algo en alemán. Y aunque no entendí nada, supuse que me pidió ser de testigo, así que me fui con él. 

Mientras estaba en el auto de la Polizei le envié un audio a Jack: Jack, atropellaron a una persona frente a mí, y como lo vi todo me llevan de testigo para declarar. Estoy bien. No te preocupes. Te aviso cuando salga. 

Luego de explicar en inglés todo lo que vi en la comisaría, pregunté el hospital a donde llevaron a Ryan y me encaminé para allá. No sé qué era lo que esperaba yendo, pero supuse que no me gustaría quedarme así luego de encontrarlo de casualidad, y de esa manera. Dentro de mí también esperaba que estuviese bien. Tenía todo su rostro golpeado, y una gran contusión en su frente. De solo ver la forma en que salió volando a causa de ese camión preocuparía a cualquiera. Jack me estaba llamando. Supuse que recién terminó su entrenamiento, y acaba de escuchar mi audio. 

—Jack. Hola. —respondí. 

—Emma. ¿Dónde estás? —me preguntó con una voz claramente preocupada. 

—Estoy en camino al hospital a ver la persona que atropellaron. —Afirmé. ¿Cómo le explico que esa persona es Ryan Nolan? Aquel boxeador al que le ganó, que se convirtió en nuestro amigo días después. Y que padecía trastorno de doble personalidad en secreto. Se suponía que se entregó a la policía por voluntad propia. Lo vimos con nuestros propios ojos en las noticias. ¿Era posible que en un año haya salido y ahora esté viviendo en Alemania? ¿Acaso tiene sentido? 

—Envíame tu dirección. Voy para allá. 

Llegué al hospital luego de unos diez minutos en taxi. Tuve que dejar amarrada a Maya en la entrada porque no se permiten animales. Acaricié su cabecita y corrí a la recepción a preguntar por él. Tercer piso, me dijo la señorita, y subí las escaleras rápidamente hasta llegar a la sala de espera. La luz de operación estaba encendida al final del pasillo. Me quedé allí esperando, agitando mi pierna en el asiento. ¿Por qué estoy tan nerviosa? ¿No lo había superado ya? minutos después la luz se apagó y salió de allí un médico con bata y cabello blanco. 

—¿Ryan Nolan? —preguntó con acento. Había más personas allí pero nadie se levantó. Recordé entonces que no tiene ningún familiar cercano. Sus padres habían muerto en un accidente cuando era pequeño. Me acerqué al doctor y antes de que dijera algo aclaré: No hablo alemán—. ¿Familia? —preguntó en inglés. 

—Amiga. —respondí. Y es que no supe qué más decir. 

—La operación salió bien. Hicimos 8 puntos en su frente. Fue una contusión fuerte, necesitará reposo esta semana, por lo menos. Pero no tuvo repercusiones en el cerebro. Lo demás son golpes menores. Tuvo mucha suerte. —Suspiré aliviada con mi mano en el pecho—. Despertará pronto. Por si quiere verlo. Fue trasladado a la 407. 

—Muchas gracias doctor. —enseguida subí las escaleras. ¿Lo iré a ver? ya sé que está bien. ¿Qué le diría al verlo? ¿Se acordará de mí? ¿De lo que pasó? mis piernas se movieron solas hasta llegar frente a la puerta. Tomé aire y giré la perilla despacio. En una tenue luz blanca que iluminaba la habitación estaba él con sus ojos aún cerrados sobre la cama. Me acerqué hasta su lado. Tenía su frente vendada, haciendo que sus rizos dorados salieran en todas direcciones. ¿Cómo es posible que nos hayamos encontrado en el mismo cruce? En la misma ciudad, y en otro país. No tiene sentido. Pensé que no lo volvería a ver nunca más. Y aquí estoy frente suyo, esperando arreglar algo que quedó roto en el pasado. 

Aún usaba argollas en las tres perforaciones de su oreja izquierda. Y con la bata del hospital se podía ver el tatuaje del fénix en su antebrazo. Por si aún me quedaban sospechas de que tuviera un hermano gemelo, me parecía imposible que tengan los mismos tatuajes. 

Abrió sus ojos lentamente. Sus ojitos verde opaco me re confirmaron que era él. Sentí algo en el pecho que me costó descifrar. ¿Miedo? ¿Lástima? Apenas me vio, cambió su gesto como si hubiese visto un fantasma. Entonces sí me recuerda. Esbocé una pequeña sonrisa y hablé:

—Hola Ryan… 

Verde opaco

Trató de acomodarse en la cama pero lo detuve. Se notaba súper incómodo. Hasta asustado con mi presencia. 

—¿Cómo te sientes? —pregunté. Él se tomó la cabeza y asintió. 

—Estoy bien… ¿Qué pasó? 

—Te atropelló un camión. Saliste volando y te golpeaste la cabeza. Te hicieron 8 puntos. Pero el doctor dijo que todo salió bien, por suerte. —Negó con la cabeza y me miró a los ojos. Como si me estuviese penetrando con ese verde opaco. Lo sentí. Lo sentí en mi pecho y quise huir. 

—Yo te vi. —soltó confundido. Ladeé mi cabeza y esperé a que hablara—. Estaba cruzando la calle, y te vi al otro lado. Pensé que estaba loco. Te cortaste el cabello, y estabas aquí en Berlín. Me pareció ridículo. Pero al final si eras tú. —me miró con una expresión tan intensa que me estremeció. Pero no podía descifrar en qué estaba pensando. ¿Está feliz por verme? ¿O triste? de repente soltó una risita y lo miré extrañada—. Apenas te vi me atropellaron. Vaya karma. —sonrió al decirlo, y no pude evitar reírme un poco. (Sólo un poco) aquella sonrisa me recordó al Ryan amable que conocí en una primera instancia. Me hizo pensar que se encuentra bien, y que me alegra que así sea. Nos miramos unos segundos y luego entró una enfermera a la habitación. 

—Ah. Yo me voy. —le dije despacio. Él asintió. 

—Gracias por venir, Emma. —se me hizo un nudo en la garganta al escucharlo. Salí de allí y bajé las escaleras. Jack me estaba llamando. 

Lo encontré a la salida junto con Maya. Me miró preocupado. 

—¿Estás bien? —Apenas lo dijo tuve que mirar hacia arriba para aguantarme las lágrimas—. ¿Emma? —se acercó a mí con su voz tranquila y me abrazó antes de que le respondiera. Lo rodeé con mis brazos y lloré como una niña. Jack acarició mi cabello con delicadeza—. Te asustó, ¿No? —Asentí quedándome un rato más escondida entre sus brazos. En ese momento no pude decirle, que el accidente no era la causa de mis lágrimas. 

De camino al hotel le conté un poco cómo pasó. En realidad le dije todo excepto que la persona era Ryan Nolan. No pude, y no sé por qué. Tal vez pensé que Jack está muy ocupado ahora con su entrenamiento y no quería preocuparlo o distraerlo. Tal vez no quería que nos alejemos por esto. Conociéndolo, se iría a otro país solo por tener la seguridad que estoy a salvo. Recordé los ojos de Ryan hoy, y pensé de nuevo, no quería dejarlo así. No podía. 

Al día siguiente saque a pasear a Maya temprano para poder salir sola al hospital. Le dije a Jack que iría a ver unas tiendas en el centro mientras él entrena con Alex. Llegué temprano al hospital, preguntándome en mi cabeza cómo reaccionaría al verme. Por lo de ayer parecía que no esperaba que volviera. ¿Sería muy raro? no sé qué es lo que quiero conseguir de esto, pero es algo parecido a superar traumas del pasado. Y el primer paso es enfrentarlos. 

Toqué la puerta y escuché su voz del otro lado: ¿Sí? sonaba mucho mejor que ayer. Estaba sentado mirando hacia la ventana. Al verme, abrió los ojos sorprendido. Pronunció mi nombre casi en susurro. Sus ojos brillaron, y pestañeó varias veces incrédulo. 

—¿Qué haces aquí…? —preguntó en voz baja. Cerré la puerta y me acerqué silenciosa. Una leve nieve se veía caer desde la ventana. Me saqué mi abrigo y me senté en la silla a su lado. 

—Sólo… vine a verte. —respondí acariciando el abrigo sobre mis piernas.

—¿Qué? ¿Te sentiste culpable por mi atropello? —preguntó irónico. 

—¿Acaso debería? no es culpa mía que te sorprendas tanto con mi presencia que te detengas a mitad de la calle. —solté haciendo reír. 

—Tienes razón. —Me miró unos segundos y luego deslizó los labios formando sus margaritas—. ¿Cómo estás? —sonreí ante su pregunta.

—Bien. Bien… ¿Y tú? ¿Por qué Alemania? 

—Me recomendaron un psicoterapeuta de aquí. —Abrí los ojos con su respuesta. No me esperaba tanta sinceridad. 

—Entonces… sigues en rehabilitación. 

—Me quedan por lo menos 3 años más de sesiones. —miré sus ojos tranquilos y asentí—. Y por si te lo preguntas, acaban de darme la libertad condicional. Hasta el mes pasado estuve en la cárcel. —Me mordí el labio por dentro al oír eso. Ryan estiró sus brazos en la cama y luego los dejó caer—. Debo admitir que pensé que nunca más nos veríamos. Pero si quieres puedes pedir una orden alejamiento, si te preocupa que esté rondando por allí. —Lo fulminé con la mirada enseguida ante su broma. 

—No digas estupideces. No vendría hasta aquí si esas fueran mis intenciones.

—Emma… quiero disculparme. Quiero pedirte perdón como es debido, pero por más que quiera no podría ser sincero al respecto. —levanté la cabeza y lo miré confundida. 

—¿De qué hablas? 

—No lo recuerdo. No recuerdo nada de lo que pasó en el restaurant. Me explicaron todo, sé que te hice daño. Pero por más que trato no logro acordarme. —Sentí mis manos sudar frío. No podía creerlo. ¿Es enserio? ¿No se acuerda de nada? ¿Incluso después de un año? recordé ese día nublado en la playa. Cuando Jack lo molió a golpes por razones que Ryan no entendía. Su puño golpeando la arena cuando nos alejamos esa última vez. Y su rostro lleno de confusión suplicando por respuestas. No había cambiado. Ese lapso de tiempo no se retuvo en la mente de Ryan. Para él nunca pasó, y continúa pagando por ello. 

—Así está bien. —solté. Me miró pasmado—. No tienes que saber. Es mejor que no lo recuerdes. Para mi es lo mismo—. Miré sus ojos verdes y asentí—. Ya pasó Ryan. Olvidémoslo. 

Su vista se volvió vidriosa con mis palabras. Acercó su mano hacia la mía, pero detuvo a mitad del camino. Volteó su cabeza hacia la ventana y murmuró:

—Perdón Emma… gracias.

Adelante 

Debía contarle a Jack. Ahora sentí que podía. Esa conversación fue más sanadora de lo que me imaginaba. Y aunque me preguntaba si realmente su doble personalidad estaría controlada, quise creer en él. 

Llegó la noche y Jack volvía al hotel después de su entrenamiento. Entró y me dio un beso en la frente, quise llamarlo pero rápidamente se fue a la habitación. Lo seguí por el pasillo y me detuve en el umbral de la puerta. 

—Jack… 

—¿Cómo te fue en las tiendas? —preguntó, sin apartar su vista del closet mientras sacaba ropa. 

—Ah. Bien. 

—¿No compraste nada? 

—No. —respondí apenas. Esta situación me estaba haciendo mentir y odio eso. Jack pasó a mi lado y sonrió. 

—Vayamos juntos el fin de semana. Te compraré algo lindo. —luego de eso entró a la ducha y yo me quedé parada afuera de la puerta como una idiota sin haberle dicho. Estuve acariciando a Maya en lo sillones pensando en cómo decirle. Cuando por fin me convencí a mí misma y me levanté audaz, entré a la habitación y vi a Jack profundamente dormido. Mierda. ¿Qué tan cansador habrá sido su entrenamiento? Me resigné a apagar las luces y acostarme a su lado. Mañana le diría.

Compré algo de fruta camino al hospital. Era un día soleado y muy hermoso. La nieve acumulada brillaba en cada rincón y tejado de la ciudad. Llegué hasta la habitación de Ryan. Estaba de nuevo solo. Al verme sonrió plácidamente. 

—Volviste. —soltó. Me quité el abrigo y me senté a su lado. 

—¿Cómo te sientes? ¿La cabeza? 

—Estoy bien. Aunque aún no me dejan ver televisión. —sonreí al ver su puchero. Saqué de la bolsa unas manzanas y mandarinas. 

—¿Quieres fruta? —comencé a pelarla y dejarlo todo en un plato. Sentí cómo me miraba fijo mientras lo hacía. 

—¿Cómo está tu amigo? —lo miré confundida—. Ese por el que llorabas en la playa. 

—Ahh. ¿Ethan? está bien. Ahora mis únicos amigos viven en Sidney. —Dejé el plato de fruta sobre la mesita desplegable de su cama—. Uno de ellos estudia medicina y el otro entrena para ser futbolista profesional. 

—Wow. Que genial. ¿Y no tienes amigas mujeres? 

—No… —rodé los ojos al decirlo. 

Asintió mientras masticaba su manzana. Aunque debería... me quedé viendo las heridas en sus manos y su rostro. Los moretones que comenzaban a salir y el vendaje en su frente—. Te noto diferente Emma. ¿Será que pasó un año? 

—Eso creo. —Deslicé mi cabello hacia atrás y lo miré a los ojos—. Pero tú estás igual. Y me alegra que sea así. —Nos miramos unos segundos sonriendo. Sentí mis orejas arder, y no sé por qué me sentía así, tan cómoda. Siendo que tengo recuerdos para alejarme de él, simplemente no quería. Ryan estaba por decirme algo más, cuando se abrió la puerta de la habitación. 

—¡Ryan mi amor! ¡Cómo...—una castaña alta y muy hermosa de ojos azules se detuvo en seco al vernos a los dos. Traía unas bolsas en las manos que dejó caer al verme a mí—. ¿Quién es esa? —preguntó disgustada mirando a Ryan. 

—Mía no… 

—¡¿ME ESTÁS SIENDO INFIEL?! —gritó con una voz muy chillona e inapropiada para un hospital. Miré a Ryan confundida. 

—Es sólo una amiga… —respondió Nolan con un gesto cansado—. Y no grites por favor que me duele la cabeza. 

—¡¿Cómo que una amiga?! ¡Tú no tienes amigos! —Me miró a mi indignada y luego a la fruta sobre la mesa—. ¡¿Ya te trajo fruta?! ¡No se vale! ¡Yo te traía! —se quejó como una niña golpeando el piso con su pie como una pataleta. Me miró a mí de nuevo y gruñó—: Cómo te llamas perra. 

—¡Hey no le digas perra a la gente! —exclamó Ryan. 

Abrí los ojos y me levanté para verla frente a frente. Esto ya era mucho. 

—Soy Emma. —respondí seria. Enseguida su gesto abusivo cambió. Me miró sorprendida con sus ojos azules pestañeando varias veces. Luego miró a Nolan, que se tomaba la cabeza con una mano. 

—¿Tu eres Emma? —preguntó, varios decibeles más abajo. ¿Qué acaso me conocía? me miró de arriba a abajo y soltó una risita—. Ya veo… es un gusto conocerte Emma. Yo soy Mía, la novia de Ryan. —sonrió estirando su mano. Dudé antes de tomarla. Me miró a los ojos de manera penetrante y estrujó mi mano con fuerzas. Fingí que no me dolía y le devolví el apretón. Ella también escondió su dolor. Pero pude ver en sus ojos que se retorcía. Ladeó la cabeza y sonrió malévola. ¡¿QUÉ MIERDA ESTÁ PASANDO AQUÍ?!

La novia de Ryan

No suelo ser prejuiciosa con la gente. Pero con esta loca empezamos mal. ¿Qué se cree? ¿Enserio alguien así es la novia de Ryan? ¿Ese Ryan que prometió ser siempre libre y no tener ataduras? Solté su mano bruscamente y rodé los ojos. Tenía muchas ganas de huir de allí pero sentí que si me marchaba ahora perdería. No sé muy bien qué, pero perdería. Ella me miró desde arriba con un permanente expresión de superioridad que me hizo arder la cabeza. Pasó a mi lado y se sentó en la silla que estaba yo ocupando hace unos segundos. Tomó la mano de Ryan y sonrió. 

—¿Cómo te sientes mi amor? —preguntó con una voz mucho más dulce que la anterior. Él cerró sus ojos con cansancio. Cuando los volvió a abrir alejó su mano de la de ella y la miró acusante. 

—Me atropellaron y recién apareces. —soltó indignado—. ¿No que me amabas? 

Enseguida la joven hizo un puchero, trató de acariciar su rostro pero él se alejó. 

—¡Te amo! ¡Te amo más que a nada en ese mundo! ¡Tú lo sabes! quise venir antes, pero tenía demasiado trabajo. Perdóname mi amor. —suplicó con un llanto falso que me provocó arcadas. ¿En qué situación me metí? me sentí demasiado extra como para seguir observando esa situación. 

—Sí claro. —bufó Ryan. 

—¡Es enserio! 

—Vete ya, Mía. Que estaba hablando con Emma. —Recién entonces ella volteó a verme, su gesto cambió al instante cruzó miradas conmigo. 

—Qué… ¿Sigues aquí? —preguntó sarcástica. Levanté mis cejas con indignación. Ryan me miró como tratase de pedirme disculpas. 

—¡Mía vete ya! —exclamó. La rubia se levantó sin quitar sus ojos de los míos. Se detuvo antes de abrir la puerta y chilló:

—¡No me importa dejarlos solos! Esta plana aburrida no es competencia para mí. —me miró una vez más y se fue con un portazo. Sin darme cuenta había apretado mis puños. 

—¡Qué se cree! —gruñí enfadada. Me tomé los pechos e hice un puchero. No es justo, si me han crecido… me di vuelta y vi a Ryan aguantándose la risa. 

—Lo siento… —dijo, rodeando su mano con su abdomen evitando soltar una carcajada. Suspiré y me volví a sentar a su lado. 

—¿Enserio ella es tu novia? —pregunté incrédula. No es que no esté a su altura. De hecho parece modelo de lo hermosa que es, pero ¿esa personalidad? ¿Es enserio? me sentí algo desilusionada si ese es el gusto de Ryan. 

—No lo es… está loca. Me sigue a todas partes. —explicó frustrado. Asentí y fijé mi vista en la ventana. De ser así, no le preguntaría si lo ama, ni tampoco la trataría con tal cercanía. Sentí una molestia en mi pecho y lo masejeé con mi mano para calmarme. Ryan me miró en silencio. Dejó el plato con fruta en la repisa de al lado y me buscó con la mirada. 

—Tu… —empezó, despertándome de mis pensamientos. Levanté la cabeza y lo miré atenta—. Estás con Jack. ¿No es así? —sus ojos se veían tan perdidos y apagados que me sentí confundida. ¿Por sonó tan triste? apreté mis manos con nerviosismo, antes de poder responder, él siguió—. Vi las noticias. Que Jack está aquí. Y tuvo un spar con Alexander Mayer. Y como tú también estabas aquí… pensé… 

Asentí con la cabeza y él sonrió melancólico. 

—Sí. Estamos juntos. —admití. 

—Ya veo. Me alegro por ustedes. ¿Ya van dos años? —enseguida negué con la cabeza y él borró su sonrisa de su rostro. 

—Apenas meses. Jack se fue, todo el año pasado. 

—Me enteré. ¿A Estados Unidos no? —asentí cabizbaja. Me miró unos segundos y entendió enseguida—. No me digas… ¿Acaso no te llevó con él?

Le respondí solo con una sonrisa. Ryan negaba con la cabeza. Vi que tenía muchas cosas qué decir pero terminó suspirando. Le molestó. Le molestó en el alma y de alguna manera eso me reconfortó. Terminamos hablando de todo tipo de cosas, como si fuésemos amigos de todo la vida en un reencuentro después de años. Me contó que ahora boxea solo como pasatiempo, ya no podía hacerlo profesionalmente, y le restó importancia al decirlo. Pero yo supe que le dolió mencionarlo. Que era como Jack, y el boxeo es su vida. Me sentí mal al oírlo. Y quise preguntar por qué. Por qué lo hizo. Si no se hubiera entregado, podría seguir boxeando ahora. Y no es que diga que no necesite tratamiento, pero por lo menos no hubiera perdido ese año tan importante en su carrera. Sigo pensando que si hubiese golpeado la herida del ojo de Jack durante la pelea, habría ganado. Tal vez todo sería distinto ahora. Tal vez, no nos habríamos conocido esas vacaciones. 

Llegué al hotel perdida en mis pensamientos. Estuve así toda la tarde. Mientras paseaba a Maya, mientras esperaba a Jack. Su entrenamiento se había vuelto mucho más intenso que al principio. Salía al alba, volvía en la noche agotado. Pero parecía tan feliz que no podía decirle nada. 

Esa noche llegó y me miró con una sonrisa diferente. Besó mi frente y sin decir nada, caminó hasta la ducha. Miré su espalda desde el pasillo. Debía decirle, pero mientras más días pasaban, más difícil se volvía. ¿Lo habrá notado? sabe que le estoy escondiendo algo. Él siempre sabe todo de mí. Sin necesidad de decirle con palabras. Lo esperé en sillón. Y no me di cuenta cuando me quedé dormida. 

Abrí los ojos con dificultad. Estaba entre sus brazos. El mundo se balanceaba de un lado a otro en la oscuridad. Me cargó por el pasillo hasta la cama. Fingí estar dormida y aproveché para embriagarme en su olor que tanto me gusta. Me dejó con delicadeza sobre las sábanas, como si fuese una liviana y delicada pluma. Me cubrió con las mantas y acarició mi cabello. Sentí su respiración en mi cuello seguido por un beso suave en mi mejilla. 

—Emma… —susurró mi nombre en forma de suspiro haciendo mi piel erizarse con solo escucharlo. Deslizó unos mechones cortos de mi cabello por detrás de mi oreja. Me imaginé las dos palabras que saldrían de su boca. Las estaba esperando. Me sentí algo culpable de escucharlo cuando él pensaba que estaba dormida. Pero las quería. Pasaron días muy ocupados en que no las habíamos dicho. Y las extrañaba. Mi corazón latía rápido. Pero se congelo al oír esas dos palabras. No eran las que yo esperaba—. Lo siento…

¡Deja a mi pobre corazoncito en paz!

¿Lo siento? ¿Lo siento y no Te amo? ¿Por qué? ¿Por qué lo siente? me sentí confundida y desesperada. Justo cuando pensé que se acostaría a mi lado en la cama se fue por el pasillo y cerró la puerta. ¿Ahora a dónde va? tenía miedo. Tenía miedo de que se alejará de mí otra vez. Pensé en ello varias veces. En que si esto no funcionaba siempre podía volver a mi vida antigua y seguir adelante. Así como lo hice cuando se fue. Así de fuerte, porque ya lo viví. Ya no era la misma niña de antes. Me conozco más. Tengo más confianza. Eso pensé, pero unas simples palabras en secreto despertaron toda mi ansiedad. Quise levantarme y correr. Buscarlo y gritar: ¡QUÉ MIERDA SIGNIFICA ESO! ¿ACASO TE IRÁS? ¿ME DEJARÁS SOLA DE NUEVO? 

Pero en vez de hacerlo me quedé ahí. Sin mover ni un solo músculo. Sin intentar pronunciar su nombre. Luego de pensar las peores opciones de lo que ese “lo siento” podría significar, terminé agotada. Posiblemente no era nada. Lo más probable que todas esas inseguridades están solo en mi cabeza. Pero me dio miedo darme cuenta. El poder que tiene ese hombre sobre mí. 

Al día siguiente sentí un alivio inmenso al verlo dormir a mi lado. Una pequeña parte de mi temió que no estaría allí cuando yo abra los ojos. Deslicé mi mano por su pecho pegando mi cuerpo al suyo. Se despertó apenas, tomó mi mano con la suya y la sostuvo con fuerzas. Sin decir nada, me quedé allí largos minutos con el corazón en la garganta. 

Abrí los ojos con pereza y lo primero que vi fue el rostro de Jack frente al mío. Entonces me sentí confundida. Me moví por la cama en busca de mi celular para ver la hora, al no encontrarlo me apoyé nuevamente sobre el trícep de Jack. 

—Buenos días. —habló con voz suave. 

—¿Qué hora es...? —pregunté, restregando mis ojos con mis manos. 

—Casi las doce. —me levanté asustada al oír eso. 

—¡¿Y tú entrenamiento?! —pregunté histérica. 

—Emma, hoy es sábado. 

Volví a caer a la cama y estiré mis brazos por sobre él. Jack le dio unos golpecitos a mi panza como si fuese un bebé. (Solo una mano suya podía cubrir toda mi cintura) él me miraba con una permanente sonrisa tranquila. Y yo con solo verlo, me llenaba de mil preguntas e ideas raras que había inventado en mi cabeza. Preferí cerrar los ojos. No quería seguir creando problemas imaginarios con solo ver su bello rostro. Él acarició mi cabello con su otra mano mientras yo continuaba con mi cabeza apoyada en su brazo. ¿Cómo no le duele? 

—Tienes sueño hoy… —concluyó sosegado. 

—Demasiado. 

—Está bien. Yo iré a sacar a Maya. —rodé hasta pegar mi rostro a su pecho y abrazarlo. 

—Gracias… —dije con mi voz aplastada en su camiseta. Besó mi cabeza y se levantó despacio. 

—Ah Emma. Alex nos invitó a un restaurant. Hoy en la noche. —abrí mis ojos asustada al escucharlo. 

—¡¿Hoy?! —pregunté, media levantada. 

—Hoy a las 8. —Me quedé anonadada viendo su cuerpo mientras se cambiaba de camisa. Me miró con una sonrisa mientras la abotonaba—. ¿No quieres ir? 

—¡Si, si! —sacudí mi cabeza y pasé mis manos por mi rostro. Mierda Emma, cálmate ya. Salí de la cama y oculté mi rostro (posiblemente rojo) dentro del closet—. ¿Hay que ir formal? 

—Eso creo. 

Me quedé buscando vestidos y hablando en voz baja. Este no. Este tampoco. Sentí un olor rico que me hizo levantar la cabeza. Jack tenía apoyado el antebrazo en la puerta del closet por encima de mí. Su rostro quedó a solo milímetros de mi nariz. Sonrió con confianza, haciendo mi corazón latir como en una maratón. No sé si su intención era intimidarme, pero de ser así, lo había logrado por completo. 

—¿Qué pasa? —preguntó sonriente. Vi el hueso de su mandíbula apretarse y tragué saliva. 

—N-nada… 

TODO. 

Me pasa de todo contigo Jackson Callen. Anoche me tenías muerta de miedo e inseguridades, pensando en que me dejarías, ¿y ahora me seduces así? Me moría de ganas de quitarle esa camisa costosa que acababa de ponerse y empujarlo a la cama. 

—Ya que te levantaste, ¿Irás tú a sacar a pasear a Maya? —preguntó con una sonrisita. Me encogí de hombros. Estúpido y sensual Jack. Rodé los ojos. 

—Bien… iré yo. —suspiré haciéndolo reír. Me besó en los labios y tocó la punta de mi nariz con su dedo. 

—Solo bromeaba. Yo voy. Tú sigue durmiendo. —me quede admirando sus ojos cafés antes de que se fuera por la puerta. QUE HOMBRE DIOSITO, QUE HOMBRE. 

No quisiste decírmelo

Ordené mi cabello lacio, (aunque no había mucho que pudiera hacer) y me puse el vestido. Uno azul rey de terciopelo, hasta las rodillas y con hombros descubiertos. Salí del baño afirmando mis senos con mi mano hasta llegar frente a Jack, quien arreglaba las mangas de su camisa. Me di media vuelta y él deslizó el cierre de mi vestido rozándome con sus dedos suavemente, desde mi espalda baja hasta por sobre mis omoplatos. Di una vueltita y sonreí. 

—¿Qué tal? —pregunté. Jack ladeó su cabeza y levantó las cejas. 

—Estás bellísima. 

Llegamos a un hermoso edificio antiguo, con luces amarillas que reflejaban a las personas desde adentro. Jack le entregó las llaves del auto a un joven en la entrada. Otro nos hizo pasar con una sonrisa al escuchar nuestros nombres. Adentro era todo tan moderno, que era difícil creer que era el interior de esas viejas paredes de ladrillos. Llegamos a un segundo piso con una hermosa vista de la ciudad iluminada. En la mesa del centro nos saludó Alex levantando su mano. A su lado estaba una bella mujer de cabello ondulado y oscuro con una piel de un perfecto color avellana. ¿Cómo la tenía así en pleno invierno? La saludé con una sonrisa. Ella apretó el puño en señal de nerviosismo.

—¡Es tan bella! —exclamó—. ¡Jack te felicito! 

Me senté en la mesa con las mejillas ruborizadas. Jack tomó mi mano por debajo para tranquilizarme. Él ya conocía de antes a Charlotte, la novia de Alex. Han estado juntos hace más de tres años, y él se la presentó la última vez que visitó Alemania. La joven era británica, lo que explicaba el perfecto inglés de Alex. La cena fue encantadora, mi única preocupación en ese momento, fue la cantidad de copas de vino que estaba tomando. Mi viejo archienemigo. Y es que terminaba una copa y enseguida aparecía un mesero detrás de mí a rellenarla. Jack no me dijo nada, sólo se reía cuando comenzaba a hablar más de la cuenta. 

—¿Y has pensado qué te gustaría estudiar? —me preguntó Charlotte de repente. Mi rostro cambió enseguida. Y no es que ella lo haya hecho con mala intención, al contrario, es una pregunta común para una joven de 18. Alex y ella me miraban atentos esperando mi respuesta. Jack tenía la cabeza baja. Jugueteé con mi copa de vino y respondí:

—Iba a estudiar Kinesiología. 

—¿Enserio? ¡Eso es genial! —soltó ella emocionada. 

—Pero ya no estoy segura. —la detuve de inmediato. Charlotte asintió con una sonrisa incomoda. Ella era increíble. Con apenas 25 años ya manejaba una empresa de vestidos de alta costura. Incluso alabó el mío y me prometió regalarme algunos para la siguiente ocasión. Junto con Alex parecían la pareja perfecta, alegre y divertida. Ella lo apoyaba en todo en su carrera, y él hacía lo mismo. Me hizo sentir que como yo no hacía nada, no era nada tampoco. 

Jack tomó mi mano y la acarició apenas notó que me perdí en mis pensamientos. Deslicé una sonrisa triste y me levanté de la mesa. 

—Con su permiso, voy al baño y vuelvo. —avisé antes de perderme por el largo pasillo con alfombra roja. Esto es precisamente lo que toda chica quiere, vestidos costosos, joyería, un restaurant elegante al lado de un bellísimo y exitoso novio. Y a pesar de que todo parecía perfecto, me sentía abrumada y confundida. Salí del baño y me distraje con la vista de la terraza. Me abrieron la puerta y me quedé allí apoyada en el barandal, con la mirada perdida, aún frente un hermoso paisaje nocturno. Debía volver a la mesa, y muy pocas ganas tenía. Vino a mi mente el rostro de Ryan, con el vendaje en su cabeza y una enorme sonrisa al verme entrar por la puerta. ¡¿Por qué pienso en el ahora?! Debo estar loca… sacudí mi cabeza en un intento inútil de alejarlo de mis pensamientos. 

—¿Todo bien pequeña? —era la voz de Alex. Caminó hacia mí y se detuvo a ver el paisaje—. ¿No tienes frío? —acaricié mis brazos con mis manos y asentí. 

—Sí, ya iba a volver. —estaba devolviéndome cuando me habló: 

—¿Te pasa algo? —Me giré hacia él en respuesta—. Digo, te noté algo melancólico. Puedes decirme si lo deseas. Sé que no tienes a nadie aquí para conversar. Y si de casualidad es sobre Jackie, podría ayudarte. 

Se me hizo un nudo en la garganta. Me acerqué hacia él con un suspiro. 

—No es un problema con él ni nada. —empecé—. Pero… tú eres amigo de él desde que eran niños. ¿Siempre ha sido así? 

—¿Cómo? 

—Que no cuenta las cosas. Quizá sea solo mi imaginación, pero siempre siento que hay cosas que no quiere contarme. —recordé su voz ayer susurrando en mi oído: Lo siento—. O tal vez si quiere contarme, pero algo se lo impide. No lo sé… —apoyé mi barbilla sobre mis manos en el barandal y balancee mis pies. 

—Bueno ya sabes, luego de la muerte de su mamá Jackie cambió mucho. —me congelé con sus palabras. ¿Su mamá? ya sabía que no tenía mamá. Pensé que era algo más como una familia disfuncional como la mía. No que su muerte tuvo repercusiones en él. Por eso nunca pregunté. Pensé que por eso él nunca me contó—. Cuando quiso defender el boxeo de su padre, y él empezó a enseñarle, se convirtió en eso. Más su entrenador que su padre. Siempre fue muy estricto, así que único refugio de Jackie era su mamá. La amaba muchísimo. Y los años que él estuvo la primera vez aquí, en Alemania para entrenar, su madre enfermó. Recuerdo que por las tardes hablaban por teléfono. Ella estaba en el hospital, y siempre le decía que no era nada. Que era solo un resfriado muy muy largo. Su padre volvió a Australia para verla, pero no dejó que Jack detuviera su entrenamiento. Le siguieron mintiendo. Diciendo que no era nada serio. Que pronto mejoraría, y que por eso debía seguir esforzándose. Y por un tiempo fue verdad. —Me levanté expectante. Tenía mis manos heladas, pero quería seguir escuchando. Las palabras de Alex aparecían como nubosas blancas en el aire y luego desaparecían—. La estadía en el hospital se alargó. Y ya no dejaban que hablara muy seguido con ella por teléfono. La extrañaba mucho, y le desesperaba no poder estar allá. Pero todo era por la liga junior de boxeo a la que Jackie y yo entraríamos. Cuando por fin empezó, los dos escalamos puestos. Ganando pelea tras pelea. Yo quedé en las semifinales, pero él les ganó el cinturón y el dinero. Después de la pelea estaba emocionado, le iba a contar a su mamá por teléfono. Pero ella había fallecido esa misma tarde. Luego de un año y medio de estar en el hospital por la neumonía—. Mis ojos se llenaron de lágrimas que se secaron al instante con el frío—. Jackie tenía apenas 12 años. Después de eso regresó a Australia y no lo vi hasta que teníamos 17 y yo fui a visitarlo. Había cambiado, sí. Se volvió más distante. Casi tan frío como su padre. Y es que ambos se sumergieron completamente en el boxeo después de la pérdida de su mamá. Nunca se permitió sufrir por ello. Pero yo sé que sintió una culpa horrible por no haber estado ahí. Y todo por cumplir el sueño que su padre no logró realizar. —Retrocedí unos pasos desconcertada—. Tal vez aún le cueste expresar sus sentimientos. Pero aun así yo considero que ha mejorado mucho. Y por eso me alegra tanto conocerte Emma—volteó hacia mí y dejó de hablar—. ¿Emma? ¿Estás bien? —yo seguía con mi vista perdida en el piso. No podía creer que no sabía nada de eso—. ¿Acaso no te lo dijo? 

No. Nunca me dice nada. Y de haber sabido esto habría entendido muchas cosas más. Pero no fue así. Fue tarde. Siguen habiendo clavos sueltos, y si continúa así, creo que me volveré loca. 

—¡Emma! —su voz preocupada a mi espalda me despertó. Me di media vuelta y lo vi acercándose a mí y rápidamente sacarse su chaqueta para cubrir mi espalda—. Te fui a buscar al baño, me preocupaste. ¿Por qué...? —cruzamos miradas y sus manos temblaron levemente mientras sostenía mis hombros. 

—Jackie estábamos conversando, lo siento. —Dijo Alex. 

—No te preocupes… —respondió Jack apenas. No quitó sus ojos de los míos—. Ya nos vamos. 

Nos despedimos de Charlotte y Alex antes de salir. Jack le agradeció a su amigo por la cena, y Charlotte propuso otra salida los cuatro con una gran sonrisa. Nos subimos al auto en un intenso silencio. No era reconfortante, era desgarrador. Lleno de vacíos y heridas. Me sentí molesta, con la garganta ardiendo y unas intensas ganas de llorar. Jack entendió algo, no sé qué. Pero algo. Y eso solo me hacía sentido si tiene más secretos que ocultar de mí. 

—¿No vas a arrancar? —pregunté, evitando encontrarme con sus ojos. 

—No hasta que me digas que pasó. —Giré mi cabeza hacia la ventana sin responder—. ¿Qué te dijo Alex? 

—Nada malo. 

—¿Entonces? 

Silencio de nuevo. Lo escuché suspirar y afirmar sus manos en el manubrio. 

—¿Estas segura que no tienes nada para decirme? —preguntó de nuevo. Me di vuelta y lo miré molesta. Llena de rabia. Abrió grandes sus ojos, de seguro no esperaba que lo mirase así. 

—¿Y tú? —escupí inquieta—. ¿No tienes nada que contarme? 

Lo dejé descolocado. No entendía nada y eso me molestó aún más. 

—No sé de qué hablas. —murmuró. Miré sus ojos cafés por largos segundos y me rendí. Bajé la cabeza y volví a fijar mi vista en la ventana. 

—Vámonos ya. —pedí, aguantándome las lágrimas. Jack notó que mi voz se quebraba y tocó mi hombro despacio, pero lo alejé con un solo movimiento. Encendió el auto y habló en voz baja:

—No vuelvas a irte así. La última vez que lo hiciste, yo... 

Entendí entonces porque sus manos temblaban al sostenerme en la terraza. La última vez que me fui al baño en un restaurant así, pasó lo de Ryan. Tanto lo preocupaba, tanto pensaba en mí, que podía hacer que esas duras manos de boxeador temblaran de esa forma. Limpié las lágrimas que alcanzaron a rodar por mis mejillas y me giré apenas. 

—Lo siento. 

La daga

La incomodidad no cesó con el pasar de las horas. Me quedé con el vestido puesto acurrucada junto con Maya en el sillón. Poco me importó que mi hermoso vestido se llenara de pelos de perro. Jack llegó por el pasillo, me quiso decir algo, pero se detuvo. Se fue otra vez a la pieza y volvió minutos después.

—Emma...ven a dormir. —suplicó cansado. Escuchar su voz estrujó mi pecho. Quise correr a sus brazos y decirle que todo está bien. Pero no era así. Y estaba dispuesta a esperar a que él me contara todo. Así yo también podría decirle lo de Ryan. No quise verlo al rostro, porque de hacerlo supe que me olvidaría de todo, y seguiríamos como siempre, guardando cosas en una caja que en algún momento colapsaría y destruiría nuestra relación. Entiendo lo que Alex me contó, por eso pensé en respetar ese lado de Jack y esperar. 

Tomé aire antes de levantarme. Jack seguía esperándome parado en la entrada del pasillo. Pasé a su lado y me apresuré para llegar a la cama. Traté de quitarme el vestido pero por más lo intentaba que no intentaba no lograba llegar al inicio del cierre. ¡Maldición Emma por qué no mejor haces yoga o algo por el estilo! di pequeños saltitos pensando que eso ayudaría, pero fue inútil. En pasos silenciosos se acercó a mí, y posó sus cálidas manos sobre mi espalda. Me quedé inmóvil al sentirlo. Deslizó el cierre lentamente haciéndome estremecer. 

—Listo. —anunció en voz baja. Rodeó la cama y se acostó al otro lado. El reloj marcaba las 2:14 am. Y una intensa lluvia se empezó a escuchar desde afuera. Solté mis brazos y dejé caer mi vestido hasta mis pies. De repente me dio mucha pereza ir por mi pijama. Y me quedé solo en pantis allí con la mirada pérdida—. ¿Emma? —desperté con la voz de Jack, me estaba congelando. Apagué la luz y entré a la cama. Él seguía mirándome atento. Suelo ser muy vergonzosa, y es la primera vez que me acostaba sin pijama. Debe pensar que enloquecí. Me arrastré por las sábanas hasta quedar encima suyo. Lo sorprendí al parecer, porque se quedó tieso apenas lo toqué. Deslicé mi mano por su abdomen y sentí sus palpitaciones apresuradas. Posé mis labios en su cuello y subí hasta encontrar su boca. Lo besé lentamente, esperando a que él reaccionara. Finalmente rodeó mi cintura con sus manos y me devolvió el beso. No tenía ni puta idea de qué estaba haciendo. 

¿Estaba molesta? 

Si. 

¿Me sentía insegura?

Si. 

¿Entonces por qué? Por qué no podía alejarme de él. Sentía que lo necesitaba. Que mi piel ardía con solo sentirlo junto a mí. Hay muchas parejas que solucionan sus problemas con sexo. ¿Era eso lo que intentaba? Para nada. Al contrario, no quiero arreglar nada. Y esto tampoco significa que mañana no estaré enojada. Es solo un impulso mezclado con un montón de sentimientos confusos. Definitivamente estaba perdiendo la razón. ¿Es que los efectos del vino seguían afectándome? no lo creo. Tenía miedo de alejarlo de mí. Su mirada ablandarse al cruzarse con la mía. Su mano acariciándome, sus abrazos. Era todo lo que quería. ¿Y por qué de repente no era suficiente? Nunca lo era. 

—Emma… —pronunció mi nombre con la respiración entrecortada. Tomó mi rostro con su mano y deslizó todos esos mechones de cabello sobre mi rostro que habían caído como una cortina sobre él—. ¿Estás bien? 

Sus ojos brillaban. Pero me miraba con tristeza. De nuevo lo preocupé. Me levanté apoyando mis manos por sobre sus abdominales. ¿Por qué siempre lo termino preocupando? Sentía un permanente nudo en la garganta, pero tenía mis ojos secos. 

—Por qué no me contaste lo de tu mamá. —las palabras salieron de repente. Abrió los ojos sorprendido. 

—¿Eso fue de lo que hablaron con Alex? —preguntó desconcertado. Asentí con la cabeza y me dejé caer a su lado en la cama. Crucé mis brazos por sobre mis ojos para que no me viera. Sentí como Jack volteaba hacia mí y posaba su mano sobre mi abdomen—. ¿Eso te molestó? no pensé que era tan importante. 

—¿No lo es? ¿Acaso no lo fue para ti? 

—Lo fue, sí. Pero hace mucho tiempo. 

Me levanté bruscamente y tomé sus muñecas con mis manos. 

—¡Entonces debiste decírmelo! —exclamé sorprendiéndolo—. ¡Si es importante para ti debiste decírmelo! ¡Aunque hayan pasado muchos años! ¡Es tu mamá Jack! —Lo solté y luego bajé la cabeza. Esas lágrimas atrapadas por fin brotaron. Me lo imaginé con 12 años, esforzándose por ganar en otro país e ir a contarle a su mamá hospitalizada. Me imaginé ese rostro lleno de inocencia al enterarse. Ese que no conocía. Eso fue suficiente para que las gotas cayeran de mis ojos hasta mis piernas desnudas. 

Jack no sabía qué hacer. De seguro no se lo esperaba. Terminó por rodearme con sus brazos y atraerme a él con fuerzas. Deslicé mis manos por su espalda. Sentí sus músculos expandirse y contraerse con cada respiración. 

—Perdón Emma… no sabía. —Susurró en mi nuca—. Perdóname. 

Tuve que estirarme demasiado hasta alcanzar mi taza de té que tenía sobre la repisa. Teníamos nuestras piernas entrelazadas en un enredo enorme de las mantas del sillón. Y Maya encima solo complicaba más las cosas. 

—¿En serio nunca te conté eso? —pregunté incrédula luego de tomar un sorbo de té.

—¡No, nunca!

—¡Fue tu culpa que me ignoraran durante semanas en el instituto! —exclamé entre risas. 

—¿Y por qué no me lo dijiste?

—Fue demasiado estúpido. —Admití. 

—Pero que Marc lo haya creído también me parece mucho.  

—¿O no?

Ese domingo fue diferente. Nos contamos muchas cosas, nos reímos mucho también. Estuvimos todo el día flojeando con Maya en el sillón y terminamos pidiendo pizzas veganas. Olvidamos de repente todo lo que pasó anoche. Todas esas dudas quedaron en el aire. Pero el lunes, así como una escapada fugaz, fui a ver a Ryan de nuevo. 

Casualidad

Me encaminé al hospital con una rara sensación de culpa en el pecho. ¿Es acaso porque no fui a visitarlo los últimos dos días? es ridículo. Aunque se haya distraído conmigo al cruzar la calle, no es lo mismo a que yo lo haya atropellado, por ejemplo. Sin avisar en recepción, (ya me conocían) subí por el ascensor hasta su habitación. Abrí la puerta despacio pidiendo permiso, y casi choco contra un hombre alto.

—Perdón… —dije, levantando la cabeza. Su sonrisa se formó apenas me vio. Era Ryan. Con ropa de calle y de pie frente a mí. Aún tenía la venda cruzando su frente, pero el color de su rostro había vuelto a un dorado perfecto.

—Hola Emma. 

—¿Qué haces levantado? —pregunté confundida. 

—Me dan de alta ahora. —Sonrió, mientras guardaba algo de ropa en una bolsa de la clínica—. Ah cierto. Ten. —me extendió mi chaleco con el que detuve la hemorragia el día del atropello. —Lo tomé con ambas manos, ahora estaba limpio y olía a clínica. 

—Lo había olvidado. 

Se rascó la nuca con la vista hacia la puerta. 

—Estoy esperando a que llegue Mía, sino no me dejan irme… —rodó los ojos, y al instante se abrió la puerta y entró una enfermera con una cola alta. 

—¡Señor Nolan! ¿Ya está listo? —preguntó entusiasmada. Me miró a mí con los ojos bien abiertos y juntó las manos en celebración—. ¡Ya llegó su novia! me alegro. —Buscó mis manos y me entregó una hoja impresa de la clínica de varias páginas—. Aquí están todas las indicaciones para los cuidados del señor Nolan. Tendrá que estar atenta a cualquier dolor que tenga. 

—Disculpe ella no… —Ryan trató de intervenir pero la enfermera seguía hablando apresurada y emocionada.

—No se le permite quedarse solo. Por lo menos por esta semana. Tiene enlistado los remedios que debe tomar. Dos de ellos son por 3 días y los demás durante toda la semana—. La señorita me llenó de tanta información que intenté con todo mí ser no perder el hilo. Era algo importante, y al parecer la única compañía de Ryan, ya que (La rubia loca Mía) lo había abandonado—. Bueno y eso es todo jovencita. Espero haya quedado claro. 

Abrí grandes los ojos y miré a Ryan quién soltó una risita. 

—Todo claro. —afirmé.

—¡Genial! todo listo entonces. Los acompaño a la salida. —La enfermera caminó apresurada hasta la puerta. Ryan ladeó la cabeza con un suspiro. 

—Perdona… —soltó en voz baja.

—No importa. —sonreí. —Tomé la bolsa que traía en sus manos y la cargué hasta la salida. 

La enfermera nos siguió con una enorme sonrisa hasta que tomamos el taxi. Me despedí con la mano y volteé hacia Ryan. Ambos nos reímos. 

—Que miedo… —solté. 

—Sí… 

Me sentí algo extraña estando así de cerca de él. Era raro, porque no era incomodo para nada. Miré como sus rodillas casi topaban con el asiento del conductor. Había olvidado que es incluso más alto que Jack. A través de sus jeans se marcaban los músculos de sus piernas. Y me hizo pensar que no había perdido para nada su condición física. ¿Qué acaso era de esos que entrenan en la cárcel? mi mala broma me hizo sentir mal de repente. Él me miraba sonriente. 

—Emma no debes quedarte conmigo. De verdad. No te preocupes por todo lo que dijo la enfermera loca. 

—Pero no puedes quedarte solo esta semana. ¿Y si te pasa algo? te hicieron puntos en la cabeza, no es para menos. 

—Mía me va a ayudar. 

Levanté las cejas al oír su nombre. 

—¿La rubia que te abandonó hoy? —pregunté irónica. 

—Tal vez no pudo por trabajo. 

Asentí con un sabor amargo en la boca al escuchar como la defendía. Me tragué todas las preguntas que tenía sobre su relación. Aquella que esa mujer afirmaba y Ryan negaba. Sea como sea, había mucha confianza entre ellos, eso se notaba. 

Llegamos a un departamento pequeño y alto en medio de la ciudad. Bajé a su lado y lo acompañé por el ascensor. Era un lugar antiguo y algo dejado.

—En serio puedes irte Emma. Ya me ayudaste mucho. —repitió cuando llegábamos al quinceavo piso. Lo miré a través del oscuro espejo y negué con la cabeza. 

—Deja por lo menos que vaya a comprarte los remedios. ¿Si?

Su departamento era pequeño, tanto así que me hizo sentir mal por quedarme en un hotel de cinco estrellas. Caminé por el pasillo y llegué a su habitación con una cama de dos plazas. Las mantas estaban desordenadas como si alguien estuviese durmiendo allí. Además de tener ropa de mujer desparramada por el piso. Ryan llegó a mi lado y suspiró. 

—Mía de mierda… 

—¿Duerme contigo? —pregunté, tratando de sonar calmada. 

—No… de seguro se tomó mi habitación mientras no estaba. —Asentí con desinterés. Eso quería decir que, aunque tal vez no dormían juntos, si vivían bajo el mismo techo. Ryan se agachó para recoger la ropa de la rubia que había tirada. Enseguida corrí hasta él, quién de repente perdió el equilibrio. Posé mi mano sobre su pecho afirmándolo. 

—¡No puedes agacharte idiota! —chillé asustada. Ryan sostuvo su cabeza con su mano y sonrió.

—Perdón… me mareé un poco. 

—Acuéstate. —pedí, llevándolo hasta la cama. Sentí en mi mano cómo su corazón latía apresurado. Puse varios cojines en el respaldo. 

—Gracias. —murmuró. 

Levanté la ropa de la rubia desagradable y la dejé sobre la cama. Tenía ropa interior bastante reveladora por todas partes. La levanté con asco y Ryan se rio. Fui por la lista de indicaciones que me dio la enfermera y me senté al otro lado de la cama a leerlo. Cuando terminé, después de largas hojas específicas, me convencí aún más que no podía dejarlo solo. Volteé hacia él que hace minutos estaba en silencio. Se había quedado dormido, y claro. Luego de una semana en el hospital debe estar cansado. Su rostro tranquilo me pareció adorable. Me levanté despacio de la cama y comencé a ordenar el resto del departamento. Cuando estaba limpiando la cocina, se abrió la puerta. 

Me asomé para ver y la rubia esa se detuvo en seco al verme. 

—¡¿Qué haces tú acá?! —exclamó indignada. 

—¡Baja la voz! —susurré—. Ryan está durmiendo. 

—¿Ryan? —se fue por el pasillo apresurada y lo vio dormir. Se detuvo allí en silencio, lo cual me sorprendió. Ya creía que saltaría sobre él gritando como loca. Cerró la puerta despacio y me miró desde arriba en el pasillo—. Muévete. —gruñó en voz baja. Salí de allí para que pudiera pasar. Llegó hasta la sala, tirándose en el sillón con un aire agotado—. ¿Así que estás limpiando? —preguntó, mientras recogía su cabello con una cola. 

—Era necesario. —bufé. Con la clara idea que la desordenada era definitivamente ella, y no Ryan. 

—Bueno, es un departamento chico. —se excusó con tranquilidad. Sacó de su bolsillo una cajetilla de cigarrillos y encendió uno. ¿Enserio fuma aquí dentro?—. Notarás que somos pobres. —me miró a los ojos y soltó el humo de su boca, dejando todo el lugar con olor a tabaco—. Las terapias no son baratas para nada. Y Ryan perdió toda su fortuna tras el escándalo contigo. —¿Qué...? ¿Ella sabía que yo era la chica del restaurant? me quedé anonadada mirándola. ¿Tanta confianza tenía con Ryan que incluso sabía eso? Con razón me miró como si me conociera la primera vez en el hospital. Me sentí algo decepcionada—. Su entrenador y su manager se llevaron todo. Y ahora pasó esto del atropello, por eso me las estoy arreglando con el trabajo para pagar la cuenta—. Asentí con tristeza. No tenía idea de que ella ayudara tanto a Ryan. Me observó levantando las cejas, apagó el cigarro en un plato que había en la mesita de enfrente y siguió—. ¿Qué? ¿Por qué me miras con lástima? —no pude responder. Tal vez sí, esa fue exactamente mi reacción. Se levantó y pasó a mi lado—. Así es la vida princesita. De seguro tu no sabes nada de eso. Siendo la novia del campeón, nunca sabrás qué es el esfuerzo. 

Me di vuelta y la fulminé con la mirada. Ella sacaba una manzana del refrigerador y se la llevaba a la boca. 

—No hables como si me conocieras. —escupí. 

—¿Acaso me equivoco? —No supe qué responder. Se posó frente a mí y agachó su cabeza para quedar a mi altura. Nuestras narices quedaron a un centímetro de tocarse. Miré sus ojos azules y su nariz respingada y retrocedí un poco involuntariamente. Si está mujer no es modelo, sería un completo desperdicio—. ¿Lo ves? Solo eres una pendeja consentida. 

Me mordí el labio inferior porque sabía que tenía razón. Terminé por darme la vuelta y tomar mi cartera. Abrí la puerta y salí rápidamente de allí. 

Estaba por tocar el timbre, pero la puerta había quedado entreabierta. Ni siquiera se preocupa de cerrar bien… entré con cautela, dejando la bolsa de remedios sobre el sillón. La rubia no se veía por ninguna parte. Caminé despacio por el pasillo, escuché unas voces y me detuve. —¿Cómo estás? era la voz de Mia. En su versión suavecita que ocupa solo con Ryan. —Estoy bien… la voz adormilada de Ryan. Había quedado el espacio suficiente para ver hacia la cama, así que me asomé. Estaba él acostado y ella a su lado, apoyada en su pecho, y con su larga pierna de modelo sobre la suya. Sentí un nudo en la garganta. No debería estar viendo eso. 

—No te preocupes por lo del hospital… —susurró ella, mientras acariciaba su pecho con sus dedos—. Lo arreglaremos de alguna forma. 

—Lo sé… gracias. —Ryan estaba con su mirada en el techo. Ella se acercó, posando su rostro al lado del suyo. 

—Bésame. —pidió. Con una voz tan sexy, que ni en mi más loco sueño podría yo pronunciar. Él suspiró. Bajó la cabeza y la miró a los ojos. Su mano rodeaba su delgada cintura. No parecía molestarle para nada la cercanía. Ryan acercó lentamente su rostro para llegar hasta sus labios. Di un paso atrás antes de ver eso, haciendo chillar mis botas contra el suelo de madera. Mierda. 

—¿Emma? —la voz alzada de Ryan solo me dieron más ganas de escapar. Escuché que alguien se levantaba de cama apresurado. Mierda, mierda. Corrí por el pasillo y salí por la puerta. Toqué tantas veces el botón del ascensor como mi dedo índice me lo permitió. ¡Ábrete por favor! —supliqué al cielo. Hasta que una voz femenina se formó detrás de mí, crispándome del susto. 

—¿Por qué huyes? —preguntó. Yo me preguntaba lo mismo… volteé a verla tratando de calmar mi respiración. 

—Sólo vine a dejar los remedios de Ryan. —aclaré fingiendo muy bien mi tranquilidad. 

—Ah… —asintió en completa disconformidad con mi respuesta. Por fin el puto ascensor llegó, y cuando estaba por entrar me detuvo—: Necesito de tu ayuda. —la miré incrédula. ¿Me está molestando?—. Ryan necesita que alguien se quede con él. —Asentí, ya lo sabía. Leí todo el papeleo—. Y yo llego en la noche por el trabajo. —. Asentí de nuevo. No podía creer lo que venía—. ¿Podrías venir tú a cuidarlo? Sólo por esta semana. —pidió por fin, casi resignada. Enserio no debe tener a nadie más si tuvo que recurrir a mí. 

—Está bien. —accedí con facilidad. Después de todo no tenía nada más que hacer en el día. De hecho, estos días en el hospital habían sido los más divertidos en harto tiempo. Apenas veo a Jack en la noche por su entrenamiento. Apreté el botón del primer piso en el ascensor y le dediqué una última mirada—. Que quede claro que lo hago por Ryan, no por ti. —solté. Y ella como una respuesta madura y seria para alguien de su edad, me sacó la lengua antes de que las puertas se cerraran. Me reí sola dentro de esa caja de metal. Está loca...

Cosas que no debes escuchar

Hay cosas que es mejor no saber. Como por ejemplo esa amorosa conversación que escuché de Mía y Ryan en la cama. O como por ejemplo que Marc y Ethan se enteren que iré a ver y cuidar a mi casi violador esta semana. Esas son cosas que de saberlas, solo complicaría más todo. ¿Que diría Jack? tenía ese dolor permanente en el pecho por no decirle aún. La culpa me mataba y saber que él sospecha algo, pero no me pregunta nada, me volvía más ansiosa. 

Venía pensando todo esto esa noche luego de ir al departamento de Ryan. Era tarde, tal vez Jack ya había llegado a la casa, y traté de inventar una excusa en mi mente por si la necesitaba, (aunque insisto, Jack nunca pregunta). 

Apenas abrí la puerta llegó Maya emocionada a saltarme encima. Escuché la voz de Jack desde la habitación. ¿Está con alguien? caminé por el pasillo y me detuve al oír cómo alzaba la voz: ¡No! Entiende que no imbécil. No volveré. Estaba hablando por teléfono… No vuelvas a llamarme. Dile a mi papá lo mismo. Nunca lo había escuchado levantar la voz así… lo vi colgar el teléfono y lanzarlo a la cama con frustración. Maya pasó por mis piernas y terminó de abrir la puerta con la cabeza. 

—¡Maya no! —susurré, pero ya era tarde. Llegó hasta Jack moviendo la cola. Él se dio vuelta a acariciar su cabeza, cuando me vio allí parada. 

—¿Emma? llegaste.—soltó con incomodidad. De seguro notó que lo había escuchado. 

—Hola… —entré unos pasos y llamé a Maya—. Iré a darle comida. —anuncié, devolviéndome por el pasillo. 

—Espera. —pidió. Giré mi cabeza temerosa. Él se acercó a mí con los ojos cansados. Mordió su labio y rasco su nuca antes de hablar—. ¿Me escuchaste? 

—Solo un poco. —admití. Bajó la cabeza como si estuviese decepcionado de sí mismo—. ¿Pasó algo?

—No realmente. Era mi manager. 

De nuevo. Entiendo que quizá no pueda comprender todo con respecto a su carrera. Pero me dolía que no confiara en mí para nada. ¿No debería ser un apoyo para él? ¿No hacen eso las novias? Hice sonar mi lengua contra mi paladar. Él me miró atento. 

—¿Y con tu padre? —pregunté. Tenía un vómito de palabras atoradas en la garganta que debía expulsar. No lo soportaba más. Él no me lo diría nunca por su cuenta. Mi corazón golpeaba fuerte, apreté mis puños y seguí—: Algo tuvo que pasar para que le dijeras que es una mierda. 

Jack levantó las cejas sorprendido. 

—¿Nos escuchaste esa vez? 

—No era mi intención. 

—¿Y ahora tampoco? 

No supe qué decir. Puso sus manos en sus caderas y levantó la cabeza al cielo, como pidiendo paciencia. Volvió a mirarme y suspiró. 

—Son cosas del trabajo. —comentó cansado. Planeaba terminar la conversación ahí, pero yo no.

—Es tu papá. 

—Emma. Tú no sabes nada… 

Lo dijo del cansancio, noté en su rostro que se arrepintió enseguida. 

—Claro que no sé nada. —bufé. 

—Emma…

—Tu nunca me dices nada, ¿Cómo esperas que entienda? 

Se tomó la cabeza con frustración. Esperé en silencio a que respondiera. Maya daba vueltas entre los dos. 

—Tienes razón… —accedió. Mierda Jack, ¿Qué no puedes discutir un poco conmigo?—. Es sólo lo de boxeo, porque eso…

—No lo entiendo. —terminé de hablar por él. Se mordió el labio. Vi su rostro casi explotar por el estrés. Jack no es un ser humano de conflicto, a pesar de ser boxeador. Y no soporta estas situaciones, lo sé. Pero no quería terminar en la nada de nuevo. 

—No dije eso. 

—Pero querías. 

Volvió a suspirar. 

—Cree lo que quieras. —dijo, mientras pasó a mi lado y se fue hasta la entrada. Sacó su abrigo y salió por la puerta. Me quedé allí en silencio junto con Maya. ¿Enserio se fue? ¿Me dejó aquí sola? Las cosas no salieron como pensé, para nada. Solté un grito de frustración que resonó en toda la habitación. Maya comenzó a ladrar. Mierda…

Al día siguiente aparecí en el departamento de Ryan. Me abrió la puerta luego de haber hecho sonar el timbre reiteradas veces. Apareció jadeando, y solo con una toalla blanca cubriendo sus partes bajas. 

—Emma… perdón. Estaba en la ducha. 

Evité mirarlo. Su piel perfecta y sus miles de abdominales me distrajeron demasiado como para pensar claramente. Entré por la puerta pasando por debajo de su brazo que sostenía la puerta. Al lado suyo de verdad que parezco una enana. 

—No deberías ducharte sin nadie en casa. ¿Y si te mareas y te caes y quedas inconsciente? —pregunté, dejando una bolsa con comida que traje encima de la encimera. 

—Supongo que no lo pensé tanto. —respondió con una sonrisa. 

—¿Te tomaste tus remedios? —evité mirarlo a la cara. Ese verde estaba permanentemente sobre mí, haciéndome sentir nerviosa. 

—Sip. Todo bien. Gracias por comprarlos. 

Tenía miedo a que me preguntará por ayer. ¿Acaso había una razón por la que yo salga corriendo luego de haber visto su casi beso con la rubia esa? claro que no. Ninguna. Recé porque no me preguntara. De hacerlo, no sabría qué responder. Me distraje sacando las verduras de la bolsa. Levanté la vista y noté que me seguía mirando. 

—¿Qué? —pregunté levantando mis cejas. 

—¿Qué?

—¿Por qué me miras así? 

—¿Yo?

—Sí. 

—No, yo no. Ya me voy. —Rascó su nuca nervioso y se fue por el pasillo—. Me voy a vestir. —respondió dándose vuelta y luego chocando contra la pared. Tapé mi boca con mi mano para que no me viera reír—. ¡Estoy bien! —gritó desde la habitación. 

—¡Ten cuidado! 

Me seguí riendo mientras sacaba las cosas. Luego de unos minutos, llegué donde él y me acosté a su lado en la cama para ver una película. Vi como levantaba una gruesa pesa con su brazo izquierdo sin cesar mientras mirábamos la tele. 

—¿Qué no puedes descansar una semana? —pregunté distraída con su movimiento. 

—Debo hacer algo o me vuelvo loco. —admitió. Luego de una media hora cambió de brazo. Pude ver de reojo las venas de su brazo marcarse en su camiseta corta. La película era una de época romántica. De la ocupación de Alemania por los británicos después de la segunda guerra. En las partes más fogosas nos quedamos los dos callados. Habían otras muchas sólo en alemán. 

—¿Entendiste algo? 

—Nop. 

Me reí y volteé a verlo. A veces olvidaba lo hermoso que es su perfil. Me quedé unos segundos así hasta que él me miró también. 

—¿Qué? —preguntó divertido. 

—Nada. 

Respondí rápido fijando mi vista nuevamente en la película. Sentí mis orejas arder de la vergüenza, así que las escondí con mi cabello. 

—¿Por qué me mirabas así? —repitió, burlándose de mí. Lo fulminé con la mirada. Ryan no dejaba de sonreír. Cuando terminó la película, y nos quejamos porque la protagonista se quedó con su viejo esposo y no con el guapetón alemán, fui por el almuerzo. Y a pesar de mi esfuerzo, y que incluso se lo traje a la cama, él se burló de mi cocina. Claro, él es un experto, sorry. 

Quise cambiar el canal, y en lo que buscaba el control, Ryan lo tomó al mismo tiempo haciendo que nuestras manos se tocaran por un momento. Se alejó rápidamente pidiendo perdón. ¿Acaso era para tanto? el Ryan que yo recordaba era demasiado confianzudo. Recordé incluso cuando le pedí que dejara de coquetearme y él se rio de mí. 

—¿Todo bien con Jack? —preguntó de repente, haciendo que casi me atore con mi vaso de agua. Lo miré levantando mis cejas. 

—Bueno… 

Tensión

¿Qué le diría? No Ryan, la verdad es que nos peleamos mucho últimamente, incluso ayer discutimos y él se fue del hotel. Para luego llegar a no sé qué hora de la madrugada e irse más temprano de lo usual a su entrenamiento. (Por lo menos durmió en la cama). 

—Todo bien. —respondí con completa naturalidad. Empequeñeció sus ojos, no se conformó con mi respuesta. Finalmente asintió. 

—Ya veo. 

Me quedé con mis dedos cruzados girando mis pulgares en su eje, rozando el uno con el otro. Quería preguntar. ¿Pensaría que soy infantil? abrí la boca pronunciando su nombre en forma de susurro.

—Ryan y tu… 

—¿Te refieres a Mía y yo? —me interrumpió. Formó una línea recta con sus labios formando sus margaritas—. Aunque te diga que no es nada, no me creerás. 

—Tienes razón. —me miró sonriente. 

—Es complicado supongo. Conocí a Mía en la cárcel. —admitió, me asombró tanto la noticia que le bajé el volumen a la televisión y me senté en la cama para verlo mejor—. Ella era la psicoterapeuta. —corrigió, haciéndome suspirar de alivio. Ya me la imaginaba en la cárcel por homicidio y yo mirándola feo. Temí por mi vida unos segundos—. La asignaron para ayudarme con mi condición, teníamos sesiones tres veces por semana. Al principio todo bien, pero luego… 

—Se enamoró de ti… —concluí. Ryan sonrió con tristeza como respuesta. Me pregunté por qué su expresión. Ella es hermosa, ¿No debería estar feliz?—. No me digas que tienes miedo de perder tu libertad o algo por el estilo… —Se rio al escucharme. 

—No es eso. Mía es genial. Da algo de miedo, pero me ha ayudado mucho. —se detuvo unos segundos con la cabeza baja y los ojitos brillando—. Como sea, fue por eso que no pudo seguir haciéndome las terapias, y me enviaron aquí, donde había uno de los mejores psicoterapeutas del mundo, se supone. 

—Ya veo.

De repente me di cuenta. No es que Ryan le haya contado sobre mí, es que inevitablemente ella debía saber porque era su terapeuta. Sentí cierto alivio al darme cuenta de eso. Cuando Ryan prometió no revelar mi nombre al mundo, finalmente cumplió. Tal vez Mía sea la única persona que sepa lo que pasó esa noche, además de nosotros. 

—Pero de lo de ayer… —empezó, levantando su cabeza para verme con inseguridad. Tragué con dificultad. Lo diría, le diría y yo quedaría como la niña pequeña que huyó por casi ver un beso. Debe pensar que sigo virgen…

—¡Perdón por irme así! —exclamé antes de que pudiera seguir hablando—. Tenía que sacar a pasear a mi perra, y darle de comida. Ya era algo tarde, por eso. 

Asintió. Con la amabilidad de no seguir preguntando. Pasé mi mano por mi frente para limpiar un sudor imaginario que sentí caer del nerviosismo. Me levanté de la cama y me escondí en el baño. ¡Mierda Emma qué te pasa! golpeé mi rostro para entrar en razón. De repente todos esos recuerdos en el lago volvieron a mí. Y no aquel en el restaurant, que para mi mente fue el único existente el último año. Sino que esos en que sentí algo raro por este rubio sonriente y su actitud. Como desde la primera vez que posó su cuerpo innecesariamente cerca del mío en la cocina, hasta cuando me consoló por lo de Ethan, e incluso cuando me prestó su crema antiquemaduras y la deslizó por mi espalda semidesnuda en su cabaña. Tenía que irme. Me empezó a dar calor allí dentro. Mojé mi nuca con agua helada cuando escuché la puerta abrirse. Llegó la loca… 

—¿Está la pendeja todavía? —la escuché gritar por el pasillo. 

—No le digas así… —la voz dulce de Ryan. 

Hubo un silencio. 

Luego el sonido de un beso. 

Sentí mi corazón en la garganta. Abrí la puerta tratando de huir, (sí, de nuevo) pero me topé justo con ella en el pasillo. Llevaba su cabello castaño suelto y perfectamente alborotado. Llevaba unos jeans negros apretados con una camiseta con escote que revelaba sus perfectos pechos redondos. Y no, no eran de silicona. Me miró desde arriba con una sonrisa burlona. 

—¿Estabas cagando? —preguntó, deslizando sus labios en una curva. Rodé los ojos. 

—Ah, ¿Ya llegaste? —solté con desinterés. Me encaminé a la sala en busca de mis cosas—. Me voy entonces. 

Se posicionó justo frente la puerta con una sonrisa.

—¡Nah! ¡Hoy llegué temprano! ¡Celebremos! Justo compré un vino maravilloso de camino. ¡Quédate a tomar un poco con nosotros! 

—Ryan no puede tomar. —la corté al seco. Ella hizo un puchero. 

—Cierto. ¡Bueno entonces sólo nosotras dos! ¡Noche de chicas! ¿Si? —observé su cínica mirada con asco. Unos pasos se acercaron por el pasillo y se detuvieron a mi lado. 

—No, gracias. Ya me tengo que ir. —traté de esquivarla para pasar, pero ella cruzó su brazo por la puerta. 

—¡Vamos que más tienes que hacer? ¿Ser ama de casa? ¿Esperar a que tu bello boxeador regrese y te de bola?  

Achiqué los ojos de pura rabia. Intercambiamos miradas intensas. Pasó su lengua por sus labios de manera provocativa. Quiero pegarle ¡Quiero pegarle!

—Vamos Mía no la molestes. —Intervino Ryan—. Si no puede no la obligues. 

—¡Ay cierto, perdón! —exclamó mirándolo—. ¡Olvidé que debe pedirle permiso a su mami para beber! —Volvió a mí, y se agachó para quedar a mi altura—. ¿O tal vez a tu papi? 

Bien, perfecto. Me estaba provocando y puta mierda que estaba funcionando. Me mordí el labio de abajo y miré de reojo a Ryan que parecía espantado con la situación. Si le decía que sí, ella ganaba. No puedo ganarle al vino, después de todo. Pero si me iba ahora, ella también ganaba y además yo quedaba como una cobarde. ¿Qué se puede hacer en una batalla que ya sabes que está perdida? ¿Retirarte? Sonreí malévola. 

—¡Bueno si tanto insistes! —Me crucé de brazos y ladeé la cabeza con una sonrisa—. ¿Dónde está ese vino barato? 

Ryan se tomó la cabeza pidiendo paciencia a alguna entidad del cielo. La rubia pasó su lengua por su mejilla claramente cabreada con mi comentario. No quité en ningún momento mi sonrisa de perra mala. Oooh sí. Esto es guerra. 

La batalla del vino barato

Bien. No sé cómo llegamos a esto. Pero sí, estábamos Mía y yo peleando con la mirada mientras veíamos quién resistía más tomando ese vino barato. (Por cierto, muy amargo y iu) Eso mientras Ryan nos observaba y traía bocadillos para que no termináramos vomitando. 

—¿Todo bien? —me preguntó ella ladeando la cabeza del mareo. 

—Perfectamente. —respondí. Aunque tal vez fue una mala elección de palabra, por que me trabé en el Per. Ryan me pedía con la mirada que me detuviera, pero no podía perder ahora. La rubia se ató del pelo de manera extravagante mientras se abanicaba los pechos moviendo su delgada blusa. 

—¡Hace caloooor! —exclamó. 

—No tanto. —me fulminó con la mirada y me observó de arriba a abajo. Lo cual no era mucho porque estábamos sentadas en la alfombra. Saqué un par de papitas para ignorarla, una cayó al piso, la tomé rápidamente y me la metí a la boca. Mía soltó una risita. 

—Supongo que estás celosa de Ryan y yo. —soltó de repente. Casi me ahogo con la papa frita, termine pasándola por mi garganta con una gran cantidad de vino. Lo cual fue, uff. Otra mala idea. Sentía mi cabeza apretada, y me urgía enormemente ir al baño, pero sabía que si me levantaba se notaría mi curadera, y habré perdido este reto. 

—¿Y eso a qué viene? —pregunté, haciéndome la desentendida. 

—Bueno… —jugó con su copa de vino perdida en el contenido rojizo—. Estás viniendo a ver a Ryan. Pero te vas en la tarde y yo me quedo en la noche. —sonrió, poniendo énfasis en la palabra Noche. 

—¿Y eso qué? 

—Que prácticamente, tu pendeja, eres como la criada. Y yo, soy la amante. 

Solté una risita al cielo. 

—Tengo mis dudas sobre eso. —vi cómo se mordía la mejilla por dentro. Presentía que ésta loca me tomaría del cabello en cualquier momento y me arrastraría hasta la salida. Ryan parecía nervioso, levantó sus cejas suplicantes apenas nuestros ojos se encontraron. Que adorable. De seguro esperaba que yo fuese la más cuerda en esta guerra del alcohol, y por ende, no provocaría que la loca rubia nos mate a los dos. Pero lo siento mucho, no me dejaré pisotear tan fácilmente—. De hecho, por lo que he visto, eres más la stalker que la amante. 

—¿Crees que una stalker terminaría viviendo con él? —gruñó molesta. 

—Eso me suena demasiaaaaado stalker. 

—¿Abrazados y en la misma cama? 

—Eso no es cierto. —intervinó Ryan. 

—¡Tú cállate! —le gritó dándose vuelta hacia el sillón. Volvió a mí y suspiró, tratando de mantener la compostura—. A mi me parece raro que hayas accedido tan rápido a ayudarnos. —dijo, achicando sus ojos azules. Ladeé la cabeza con confusión—. Yo creo que ese boxeador tuyo no te satisface, y por eso pones tus garras en los de otras. 

Solté una inevitable carcajada que solo la enfureció más. Ryan se tapó la cara con las manos. 

—Mira, —empecé, con tranquilidad—. Primero: “ese boxeador mío” se llama Jack, y es mi novio. Segundo: Ryan no es tuyo y tampoco tengo ganas de “poner mis garras” en él. Así que puedes quedarte tranquila. 

—No te creo. —chilló. 

—Cree lo que quieras. 

Seguimos acabando copas y copas de vino hasta que las dos botellas se agotaron. Nunca en mi vida había tomado tanto. Y estos momentos ebrios solo me hacían extrañar a Marc e Ethan, y nuestras juntas nocturnas en las que siempre terminábamos alcoholizados. Veía la habitación moverse de un lado a otro, con mi cabeza apoyada contra el sillón. Escuché la voz de Ryan detrás mío preguntándome si estaba bien. Abrí los ojos apenas y vi a Mía acostada en la alfombra, claramente dormida. Me levanté tan rápido que el mundo dio un giro de 360 bastante peligroso. 

—¡GANÉ! —Exclamé emocionada. Apunté con el dedo a Ryan que me observaba confundido—. ¡GANÉ! Gané ¿eh? ¡Recuerda decírselo cuando despierte! —aproveché la oportunidad para correr al baño y hacer mil litros de pipí. Estaba tan orgullosa de mi avance con el alcohol. Todo se lo debía a mis amigos. Abrí nuestro chat y estuve a punto de hacer una videollamada en el baño mientras hacía pipí. Luego aun con la borrachera, recordé: Emma, estás en el departamento de Ryan. No puedes decirles. Sí. Tienes razón. Muy bien Emma. 

Me levanté tambaleándome, lavé mis manos y salí salpicando para secarlas. Salté por el pasillo mirando atentamente como mis calcetines de perritos se deformaban cuando tocaban el piso y cuando estaban en el aire. Esperen. ¿En qué momento me saqué los zapatos? me detuve cuando choque contra algo duro. Puse mi mano en el para luego darme cuenta que era el pecho de Ryan. Sus ojos verdes brillaron al verme. Sonrió de una manera tan linda que me aceleró el corazón. 

—¿Segura que estás bien? —preguntó. 

—¡Bien, bien! ¡Mejor que nunca! —exclamé, deslizando mis manos sobre su pecho hasta llegar a su cuello. Tuve que quedarme de puntillas para mantenerme así. Posé mis dedos en su nuca mientras jugaba con sus rizos dorados. 

—Si es así me alegro… —se rio mostrando sus blancos dientes. ¿Qué acaso este hombre es perfecto? 

—Tienes lindos colmillos… —susurré, embobada con su rostro. 

—¿Gracias? 

Sentí su mano tocar tímidamente mi cintura, para luego quitarla de inmediato. Su gesto cambió de repente, se mostró triste, evitando mirarme a los ojos. ¿Es que acaso no quiere tocarme? recordé nuestras manos rozarse hoy, y lo rápido que él se alejó. ¿Será? Bajé mis manos hasta su rostro, lo obligue a verme a los ojos, y eso hizo. Con una mirada brillante de melancolía e ilusión. Acaricié su mejilla, él apretó los labios con nervios. Tenía mi corazón en la boca, no estaba pensando en nada más que en sus labios. Sus labios perfectos estirándose para formar sus margaritas. Nuestras narices casi se tocaban, mis pies dolían de todo el tiempo que llevaba en puntillas, una eternidad muy corta, y muy tensa. Abrí la boca apenas, ¿Qué estaba por hacer? 

—Emma… —susurró mi nombre para luego alejar su cabeza. Mis manos cayeron al lado de mis caderas, y mis talones volvieron a tocar el piso—. No podemos... —soltó dolido. Bajé mi cabeza aturdida. ¿Qué? ¿Acaso iba a besarlo? de repente una claridad momentánea llegó a mí. Lo esquivé para salir de ahí—. ¡Emma! 

Mía continuaba muerta en el piso. Pasé a través de ella para buscar mi cartera. En el proceso pisé su mano haciéndola gemir del dolor. Ups. Fue sin querer. Tomé mis zapatos y corrí por la puerta. El ascensor se cerró, pero alcancé a escuchar la voz de Ryan perseguirme. No. No. No. No vengas por favor. No vengas. Mi celular vibraba dentro de mi cartera. Jack llamando. Mierda. Era tarde. Era muy tarde. Llevaba 7 llamadas perdidas de Jack y otros varios mensajes. 

Salí del departamento a paso rápido. Miré hacia la desolada y fría calle por si aparecía algún taxi. Mi celular sonaba de nuevo. ¡No puedo responder así de ebria! 

—¡Emma espera! —Ryan me siguió. Llegó a mi lado en cosa de segundos. Me di vuelta con una expresión cansada. 

—¡Ya me voy! —exclamé—. ¡No me sigas! —me di media vuelta para irme, pero él tomó mi muñeca. 

—No te puedes ir así sola. Estás ebria. 

—No me digas… —ironicé. Él rodó los ojos. 

—Déjame acompañarte. 

Negué con la cabeza. Bajé la vista hasta nuestras manos. Sostenía mi muñeca con fuerzas evitando que pudiera escapar. 

—Ahora si me tocas… —murmuré. Ryan apretó sus labios con frustración. 

—Yo… 

Sentí mis ojos humedecerse, no sé por qué me sentía así. Estaba por decirme algo más, pero una voz detrás nuestro nos detuvo. 

—¡Emma! 

Mi cuerpo entero se congeló. Era Jack. Era Jack. 

El reencuentro del trío dinámico

Bien. No existía una peor situación posible: Yo y Ryan, prácticamente tomados de la mano, de noche en la calle, Jack mirándonos, y mi gran mentira completamente expuesta. ¿Olvide decir que estaba más ebria que jamás en mi corta vida? 

Ryan soltó mi mano enseguida. Miré los ojos de Jack enfurecidos, iba a gritarme. Lo haría. Lo podía ver, y no sabía qué decir para impedirlo y escapar de este momento. Después de todo era verdad, le había mentido. Y con la peor persona implicada. Ese rubio lindo de ojitos verdes a mi lado, que me miró casi asustado con la situación, entendió enseguida que no le había contado a Jack sobre nuestro encuentro casual. Ni todas las demás veces que nos vimos. 

Jack pasó sus ojos de mí a él una y otra vez. Como si no pudiera creerlo. A la quinta vez negó con la cabeza con decepción. Se acercó a nosotros en un silencio abrumador. Mis manos temblaban. Mierda. Mierda. Cuando pensé que llegaría hasta a mí, pasó de largo hasta Ryan. Lo tomó de la camisa enfurecido. Enseguida salté hasta sus manos. 

—¡JACK NO POR FAVOR! —pedí asustada, él me ignoró. Sus ojos llenos de odio estaban sólo viéndolo a él. Igual que aquella noche en que me encontró en el piso del restaurante. Ryan no se inmutó. Le devolvió la mirada sin defenderse—. ¡ESTÁ HERIDO, JACK NO! 

—Qué haces aquí. —escupió enojado. El rubio no respondió. Tiré de la camisa de Jack en un intento en vano de separarlos. 

—¡Fue casualidad Jack! ¡No pienses mal! —Cerré mis ojos, poniendo toda mi fuerza de ebria en el intento—. ¡De verdad! ¡Suéltalo por favor! ¡Lo atropellaron hace unos días! —solo podía pensar en que no debía golpearse la cabeza. Y podía imaginarme su puño chocando contra su rostro. De repente Jack retrocedió haciéndome abrir los ojos. Quedé con mis manos en su camisa y un gesto confundido. Por fin esos ojos cafés me estaban viendo a mí. Grandes con sorpresa, esperando respuesta. 

—¿Él fue el que atropellaron? —preguntó por fin. Su gesto había cambiado por completo. Toda esa rabia se había convertido en decepción. Un sentimiento dedicado solamente para mí. Apenas alcancé a asentir, cuando se soltó de mi agarre y se fue calle abajo. 

Miré a Ryan confundida. ¿No lo golpeará? Corrí para alcanzarlo. 

—¡JACK! —Grité, transformando mi voz en una nube blanca en la noche—. ¡Perdóname por no decirte! Yo… —se giró haciendo chocar mi rostro contra su pecho. Su expresión me dolió en lo más profundo de mi alma. Lo había herido. Compliqué aún más las cosas por no decirle. Fue mi culpa. En ese momento solo tenía unas ganas enormes de llorar, no sabía qué decir para no arruinarlo aún más. Sentí náuseas y él, a pesar de todo, estaba esperando mi explicación. Abrí la boca en un intento de hablar, pero otra cosa salió. 

Síp. Le vomité los zapatos a Jack Callen. 

Desperté con un dolor de cabeza horrible. Tenía mis manos sobre mi rostro con un hormigueo. Me moví por las sabanas tratando de volver a la realidad. Mis vagos recuerdos de anoche volvieron como espadas a mi mente. Mierda. ¿Dónde...? abrí los ojos apenas y vi las cortinas del hotel oscilar con el viento. ¿En qué momento? lo último que recordaba era que había vomitado en los pies de Jack. Después de eso se vuelve todo difuso. Dios mío qué vergüenza. Escuché las patitas de Maya corriendo por el pasillo. Al segundo apareció en la puerta y se subió a la cama conmigo. Acaricié su cabeza y suspiré. 

—Tengo que sacarte a pasear… —hablé, con una voz que dio pena. 

—Ya la saqué. 

Casi me da un paro al escuchar la voz de Jack. Se acercó a mí y se sentó en los pies de la cama. No entendía nada. ¿Qué no estaba enojado conmigo? y con razón. Entonces, ¿Por qué? 

—¿Y tú entrenamiento? —pregunté confundida. 

—Me tomé el día. No te dejaría sola sintiéndote mal. 

Me miró con sus ojos cafés llenos de ternura, y me corazón se apretó. ¿Está hablando en serio? ¿Acaso este hombre es real? se veía maravilloso y de seguro yo seguía vomitada y asquerosa. Vino a mí el flashback del rostro de Ryan, mis manos en su nuca acariciando su cabello. Y nuestras narices a punto de tocarse. La culpa me mataba. No era justo. No era justo para Jack. Bajé la cabeza tratando de esconderme. 

—No es necesario… —murmuré dolida. No seas bueno conmigo, por favor…—. Estoy bien. 

—No lo creo. —Pasó su mano por mi frente, haciéndome levantar la cabeza—. Anoche te desmayaste. Me tenías preocupado. 

Miré sus ojos y sentí un nudo en la garganta. 

—Jack yo… —bajó su mano y se levantó de la cama antes de que pudiera decir algo. 

—No te preocupes. Hablamos de eso después. Ahora descansa.

Me miró con una sonrisa a medias antes de salir de la habitación. Maya lo siguió mientras cerraba la puerta. Y me quedé allí con el silencio, tomándome la cabeza, con una sensación horrible en el pecho. 

El problema no era que me embriagara, el problema era la mentira. Y la persona que estaba a mi lado cuando me encontró. Le dolió en el alma, lo sé. Quizá qué habrá pensado al vernos así, y aunque no había pasado nada, lo deseé. Aunque fuera en mi estado alcohólico, lo deseé y eso está mal. Si no fuera porque Ryan me detuvo, no sé qué habría sucedido. Y sea lo que sea, tiene que parar ya. 

Giré mi cabeza para encontrar un remedio contra la resaca en la repisa. ¿Lo habrá salido a comprar temprano para mí? suspiré con pesadez y lo tomé entre mis manos. 

Maldición Jack…

Salí de la ducha algo mareada, pero sintiéndome mejor luego de quitarme el olor a vino barato. Me puse un buzo y una sudadera grande y caminé por el pasillo con cuidado. Jack estaba leyendo un libro sentado en el sillón junto con Maya. La luz entraba por los ventanales iluminando su rostro. Levantó la cabeza al verme y dejó el libro al lado. 

—¿Cómo te sientes? —preguntó, con su voz dulce. Sonreí, porque ya no sabía cómo explicar mis sentimientos. Ni yo misma me entendía. Caminé hasta él y me senté a su lado. Me miró atento, esperando a que respondiera. 

—Estoy bien. —vi sus ojos recorrer mi rostro. Deslizó su mano hasta posarla sobre mi rodilla. Se acercó para besar mi nariz delicadamente. 

—Te amo… —susurró, acariciando mi cabello aún húmedo de la ducha. A pesar de decir eso, su mirada estaba llena de tristeza. Sequé rápidamente las lágrimas que querían salir por mis ojos. No tenía derecho a llorar ahora. No podía. Tomé aire y sonreí. 

—Lo siento tanto Jack… —dije, y aunque traté de actuar fuerte, mi voz se quebró enseguida. Bajó hasta mi mano y la acarició—. No sabía cómo decirte. Él fue un tema delicado, para los dos. Y vi como lo atropellaban justo frente a mis ojos, aquí en Berlín. No podía creerlo. Y está aquí por su terapia. Fue casualidad. Y me pidió perdón. Yo lo acepté… 

—Está bien. —deslizó su mano por mis mejillas para secar mis lágrimas. Ladeé la cabeza en negación. 

—Yo me acerqué a él. Lo fui a visitar a la clínica. Quería ver si eso me ayudaría a desechar mi trauma. Y lo hizo. Me sanó mucho hablar con él. Pero eso es todo. Ahora su novia me pidió que lo vigilara por esta semana, porque ella trabaja y él no puede quedarse sólo… —su expresión cambió cuando dije eso. Se alejó de mí asintiendo—. Solo por esta semana. 

Rascó su cabeza tratando de decir algo. Me miró de nuevo y suspiró. 

—Está bien. Lo entiendo. —Soltó por fin—. A mí solo me importa que estés bien. Y si eso te hace sentir mejor, me hace feliz a mí. —Achiqué los ojos de la ternura. Debía decirle lo del casi beso también. Tragué saliva con pesadez—. Pero yo no puedo perdonarlo. No me importa su condición, ni su terapia. Si acaso cambió, o lo que sea. Yo no olvidaré nunca lo que te hizo. Y lo seguiré odiando por eso. 

—Jack… —miré en su rostro que hablaba en serio y mordí mis labios por dentro. Supongo que es natural que se sienta así. Y es increíble que pueda sentir ese rencor por mí. Posé mi mano sobre la suya y sonreí—. Está bien. 

Cambios

Fui a la habitación para ponerme mis botas y un abrigo antes de salir. Ya se me había hecho tarde, Ryan estaba sólo y de seguro preocupado por lo de anoche. Me pregunté cómo estará la rubia loca yendo a trabajar en la mañana temprano con esa resaca. ¿Por qué me preocupo por ella? En realidad no me importa. Le gané nuestro duelo de vino barato, así que muajaj. Se lo recordaría la próxima vez que nos encontremos. 

Caminé por el pasillo para encontrarme con Jack en la puerta, arreglado y listo para salir. Ladeé mi cabeza confundida. 

—¿Vas a algún lado? —pregunté con inocencia. Él sonrió. 

—Tienes que ir a visitar el rubio ese ¿No? —Asentí, aún desconcertada. Me dio risa pensar que los dos teníamos a ese "rubix" enemigx. Y que entre ellos sean pareja. Si de casualidad a Jack le llegaba a agradar Mía, me moría. Pero no creo, a él no le gustan las personas chillonas—. Iré contigo. 

—¿Qué? 

—Que iré contigo. Después de todo ya me tomé el día.

Mis cejas se levantaron de la incertidumbre. No sabía qué pensar al respecto. No iría a golpearlo ¿Cierto? 

Acaricié a Maya antes de salir. Jack notó mi cara de preocupada en el ascensor y se acercó para besar mi frente. 

—Tranquila. No lo golpearé. —Soltó, tranquilizándome—. No ahora por lo menos. 

Rodé los ojos. No sé qué cara pondría Ryan al vernos. Sólo espero que no comente nada sobre lo del "casi beso" eso quedaría como nuestro secreto. Y no volverá a pasar. 

Jack estuvo en silencio cuando llegamos al departamento. Toqué el timbre y al segundo apareció Ryan en la puerta. Con el cabello húmedo y sólo con unos jeans, mostrando sus dorados abdominales a los dos. 

—¡Emma! —exclamó emocionado, luego vio a Jack a mi lado y se cayó. 

—Hola… —suspiré nerviosa. Vi como los dos intercambiaban miradas intensas. 

—¿Así recibes a mi novia en tu casa? —gruñó Jack señalando su torso con sus ojos. Nolan miró hacia abajo, como si no se hubiera dado cuenta. 

—No pensé que vendría… —murmuró en voz baja. Jack asintió desconforme. Empujé su espalda dentro del departamento. 

—Bueno, bueno. ¿Cómo te sientes hoy Ryan? —pregunté cerrando la puerta. 

—Estoy bien. ¿Y tú Emma? ¿La resaca? 

—Mejor. 

Vi como Jack nos miraba atento y me encogí de hombros. 

—Cómo dejaste que tomara así. —preguntó de repente. 

—Yo no fui… fue Mía. Yo nunca estuve de acuerdo con eso. 

—¿Mía? 

—La novia de Ryan. —intervine yo. 

—No es mí… como sea. —Ryan rodó los ojos, quiso negarlo, pero sabía que eso solo complicaría más las cosas. Me miró a mí y luego Jack. Cambio su peso de un pie a otro, con las manos en las caderas—. Y, ¿Por qué viniste? —Preguntó levantando la cabeza, dejando más notorios sus centímetros de diferencia—. ¿Querías burlarte? ¿De cómo vivo, de mi accidente? ¿De qué ya no puedo boxear? 

Sentí una punzada en el pecho al oír eso. Jack no se inmutó. 

—No me interesa saber cómo vivas. —respondió con desinterés. Bajó su vista hasta mí y tomó mi mano—. Sólo vine a dejar a Emma—. ¿Entonces no se quedaría? se agachó para darme un pequeño beso en los labios, que, de alguna manera, me hizo sentir incómoda con Ryan allí mirando. Se fue hacia la puerta y me miró—. Te paso a buscar en la tarde. —asentí rápidamente. Luego miró a Nolan y bufó—. Vístete. 

—Okey. —respondió Ryan con naturalidad. Solté una risita contenida al verlo. Jack sonrió orgulloso y se fue por la puerta.

Él me fulminó con la mirada. 

—Perdón… —solté entre risas. 

No podía creer que en serio haya venido solo a dejarme. Pensé que se quedaría y sería una reunión súper incómoda de los tres. El rubio se me acercó rascando su nuca. Limpié unas lágrimas falsas de mis ojos y sonreí. 

—Ayer… ¿No pasó nada? 

Cambié mi gesto al ver su preocupación. 

—Bueno… no le había dicho de ti. —admití. 

—Si me di cuenta. 

—Y bueno, le expliqué todo. 

—¿Y él entendió? —Abrió los ojos sorprendido, el verde se aclaró con la luz—. Me parece difícil de creer.

—Por lo menos trató de entenderlo… —bajé la vista al decir eso. Había un detalle muy importante que no le conté. E implicaba mis labios muy cercanos a los suyos—. Por mí. 

Ryan se acercó más. Quedando justo en frente. Agachó su cabeza buscando mi mirada. Tragué saliva de los nervios. 

—No le dijiste… —concluyó. 

—¿De qué hablas…?  

Fingí no entender. ¿Qué otra cosa podía hacer? Deslizó una pequeña sonrisa cuando cruzamos miradas. Volvió a levantar la cabeza para dejar nuestros 27 centímetros de diferencia a la vista. 

—No me digas que no lo recuerdas. —Mi gesto de deformó enseguida. No sabía mentir. No podía mentirle. Él sonrió resignado. Se encogió de hombros y asintió—. Está bien. Dejémoslo así. —estaba por irse, pero de detuvo a mi lado. Y sin mirarme, susurró—. Pero yo no lo olvidaré. 

Luego se fue por el pasillo para dejarme a mí con mis pensamientos y remordimientos. Mierda… arruiné todo. Y no creo que la excusa de "Estaba ebria" funcione esta vez. 

Fingimos que nada pasó. Y es que nada había pasado en realidad, ¿Cierto? Parecía irónico, que él, que era coqueto conmigo, me alejó. Fue la primera vez que me acerqué, y todo resultó mal. Pensé tanto el por qué lo hice, pero llegaba siempre a lo mismo: No estaba pensando con claridad. Estaba ebria. Estoy loca. 

Pasamos el día así. Intercambiando palabras insignificantes. Sentándonos en la mesa a comer juntos y sentirnos muy lejos del otro. Parecía que la incomodidad no terminaría nunca. Y me estaba ahogando en vacíos. 

Sus ojos me sonreían cada vez que nos encontrábamos. Y sólo podía pensar por qué. POR QUÉ SONRÍE SIEMPRE. Todo su rostro irradiaba felicidad y me estresa, de verdad. Qué, ¿No podía enojarse? Hasta tenía razones, como: ¿Por qué trataste de besarme cuando tengo novia y tú tienes novio? ¿Por qué no le dijiste a Jack sobre mí? ¿Tan importante es mi presencia para ti que debe ser un secreto? O algo por el estilo. Cualquier cosa servía, pero NO. Él es perfecto y no se enfada con nada. 

—Estoy enojado. —admitió de repente. Abrí los ojos asustada. ¿Enserio lo dijo o sigo pensando? ¿Acaso estaba pensando en voz alta? Mis labios se secaron del susto. Él señaló mi plato y me miró serio—. ¿Por qué no comes los pimientos? 

Casi se me cae el rostro. ¿Es enserio? 

—No me gustan. 

—Estás loca. —pinchó con su tenedor las sobras en mi plato y comenzó a comerlas. 

Suspiré exhausta. Por Dios Ryan. La puerta se abrió y entró la rubia entusiasmada. 

—¡MI AMOOOOR! —chilló hasta quedar frente nuestro con una enorme sonrisa—. Buenas noticias. 

—Qué… —suspiró Ryan agotado. 

—Me pagaron. Y… ¡Nos iremos de vacaciones! —exclamó con sus manos en el aire. 

—¿Estás loca? 

—Vamos, el finde te dan de alta, y debes estar aburrido quedándote en esta porquería de departamento todo el día. —Ryan me miró levantando las cejas. Yo seguí tomando mi vaso de juguito mientras los miraba. Siendo sincera, se me hace divertida su relación—. Vamos, yo sé que no te gusta quedarte quieto. 

—Tiene razón. —intervine yo—. ¿Por qué no Ryan? Te lo mereces. Salgan a algún lado. 

—Tu vienes con nosotros. —aclaró Mía. Casi me ahogo con mi jugo. Abrí los ojos y la miré confundida. 

—¿Y eso cómo por qué? 

—Tómalo como un agradecimiento, por ayudarnos. —dijo ella, evitando mirarme a los ojos. ¿Acaso estaba siendo sincera? 

—No, no, no. No se preocupen por eso. En serio. ¿Qué haría yo ahí? 

—No sé. ¿Mirarnos? 

Rodé los ojos. Estaba por decir algo más cuando sonó el timbre. La rubia saltó enseguida a abrir. 

—¡Quién es! —giró la perilla y de repente su entusiasmo se esfumó. En silencio se quedaron viendo con Jack. Me levanté apurada hasta la puerta. Sus ojos se posaron en mí apenas llegué al umbral. La rubia me miró a mí y luego a él y terminó juntando sus manos en un aplauso. 

—¡Ya sé! —exclamó—. ¡Tú vienes con nosotros! 

 ¿Qué?

¿El cuarteto dinámico? 

¿Osea cómo? ¿Escuché bien? ¿Quería invitarnos a mí y ahora también a Jack a sus vacaciones con Ryan? ¿Acaso tenía sentido? esta rubia definitivamente estaba planeando algo malvado, y no quiero ser parte de ello. 

Terminamos los cuatro sentados en la pequeña mesa de madera, intercambiando miradas disgustadas con la situación. De alguna forma Mía había logrado sentarnos para conversar sobre su loca idea como si fuese posible. Hasta el momento Jack no ha dicho ni una sola palabra, y la rubia lo miraba tan fijo que comencé a patearla por debajo de la mesa. 

—¿Qué? —preguntó molesta. Achiqué los ojos. Ella sabía perfectamente a lo que me refería. Posó sus ojos —de nuevo— en mi novio y sonrió—. Sólo lo miraba. —Entrelazó los dedos de sus manos sobre la mesa y apoyó su cabeza en ella, quedando más cerca de él, quién se sentó justo en frente (y al lado de Ryan, cof, cof) —. Y debo admitir que eres más guapo que en televisión. —Abrí los ojos indignada. Ryan se encogió de hombros. ¿Acaso le parecía normal? la rubia se apoyó en la silla y cruzó los brazos—. Sip. Pero no. Mi Ryan es mucho mejor. En TODO sentido. 

—¿Qué quieres decir con eso? —escupí molesta. Ella sonreía, me miró y ladeó la cabeza con una expresión de lástima. 

—Ya sabes, TOOOOOOODO. —me guiñó un ojo al decirlo y eso provocó que me ardiera más la cabeza. Ryan se tapó el rostro con las manos. Y Jack, para variar, ni le importó. No debía seguirle el juego, sino yo también quedaría como una pendeja. Eso pensé, pero mi nariz se arrugó al hablar de todas formas.

—No lo creo. —bufé, cruzándome de brazos. Mía se rio. Se acercó a mí y separó sus manos en el aire señalando un gran espacio imaginario entre ellas. Movió los labios lentamente: “Así” pronunció con un gesto de victoria. Mi rostro se ruborizó enseguida al entender la referencia. 

—¡Mía! —gruñó Ryan avergonzado—. No inventes cosas raras. 

La rubia cruzó sus brazos en su cintura, sin quitar su expresión orgullosa. Sentí mis orejas arder. 

—¡Jack la tiene mucho más…! —me detuve al hablar cuando sentí su mirada penetrante sobre mí. Su expresión me lo dijo todo. No podía creer lo que estaba por decir. Bajé la cabeza avergonzada. Mía abrió la boca sorprendida y luego comenzó a reírse estruendosamente. Golpeó mi brazo y sonrió. 

—Me caes bien Emma. 

La miré incrédula. Esta mujer estaba loca y por su culpa casi digo una tontería. Levanté la cabeza despacio y vi que Jack tenía las orejas rojas del bochorno. 

—Bueno, bueno. —habló Mía tratando de calmar la situación—. Entonces, nos vamos los cuatro a la nieve. 

—Ya hay nieve aquí. —murmuró Ryan. 

—¡Iremos a un centro de esquí! ¡No es lo mismo!

—¿Por qué debo ir yo? —preguntó Jack, dejándonos sorprendidos a todos porque era la primera vez que habló desde que llegó.

—Será mejor que vayas. —explicó ella—. Porque Emma irá y no querrás dejarla sola… 

—Yo no voy ir. —dije, y fui rápidamente ignorada, porque la rubia siguió hablando. 

—No me digas que tienes que entrenar, y que Emma se debe quedar contigo. —Achicó los ojos al decirlo y ladeó la cabeza en negación—. Porque mierda, eso es muy egoísta. —todos nos quedamos en silencio. Jack la miraba atento, Ryan bajó la cabeza, de seguro pensaba igual—. La niña es joven, se quiere divertir. Y la dejas sola en un país lejano sin conocer a nadie. Claro que se aburriría. ¿No te parece? 

—Eso no… —quise intervenir, pero no sabía qué decir. ¿Enserio estaba defendiéndome? ¿Será porque le gané en la batalla del vino? 

—Está bien. —accedió Jack. Lo miré sorprendida. ¿Era enserio?—. Vamos. 

Mía sonrió orgullosa. 

—¡Bien! ¡Está decidido!

Ryan bajó la cabeza apenas cruzamos miradas. No podía creerlo. ¿Nosotros cuatro juntos? parecía el peor de los planes y estamos todos involucrados. Incluso yo podía ver el futuro de esto: Sería un desastre. 

Observé a Jack ir y venir con su ropa para luego ponerla en un bolso. Jugué con la patita de Maya mientras dormía en nuestra cama. Alex y Charlotte vendrían a cuidarla. Es que no podía creerlo. ¿Enserio iríamos? ¿Lo hará por mí? quizá las palabras de Mía le afectaron de alguna forma. Para mí fue igual. ¿Enserio quería agradecerme por ayudar a Ryan? 

Me levanté de la cama y caminé hasta la cocina por un vaso de agua. Necesitaba pensar con claridad. Solo imaginar que pasaría varios días con Ryan me hacían sentir ansiosa. No sé si es miedo por recordar la última vez que nos encontramos en vacaciones, o por la culpa de estar allí con Jack sin decirle que intenté besar a su enemigo. Tenía que enfriar la cabeza, Ryan estaría con Mía y yo con Jack. No pasará nada raro. Y por si las moscas, evitaré cualquier contacto con esos ojitos verdes. Por el bien de todos. 

Devolví mis pasos por el pasillo y vi a Jack con sus manos apoyadas en la cama y con la cabeza baja. Maya se había levantado y le lamía las manos mientras agitaba su cola de un lado a otro. 

—¿Jack? —pregunté despacio. Enseguida se puso de pie. Vi como giró los ojos en un intento de enfocar la vista—. ¿Estás bien? 

—Sí, sí. Sólo es un dolor de cabeza. —Apenas respondió se fue por el pasillo. Lo seguí por detrás. 

—¿Quieres tomar una pastilla? 

De detuvo frente al ventanal. Llovía estruendosamente afuera. 

—No es necesario. Ya se me pasará. 

Asentí con la cabeza. Maya llegó a nuestro lado y se sentó en los pies de Jack. Solté una risita al verla. Ya era una costumbre que había adquirido. Jack la tomó en brazos y jugueteó con ella. La perra era la más feliz del mundo cuando estaba entre esos tríceps de campeón. (Créanme, la entiendo) Esa misma noche, después de terminar de hacer los bolsos, Jack salió a trotar, aún con esa intensa lluvia, porque estaría toda una semana sin entrenar, o algo así. Tomé nuestros bolsos y los llevé hasta la sala. Al ponerlos en el sillón, el de Jack rodó y cayó al piso. Mientras lo levantaba, una caja de remedios había quedado sobre la alfombra. Un nombre complicado aparecía en el envase, y varias de las tabletas estaban usadas. ¿Y esto qué es? Jack normalmente no usa medicamentos, ni siquiera cuando se resfría. ¿Será por el dolor de cabeza? dijo que no era necesario. Mi celular comenzó a sonar desde la habitación. Devolví la caja al bolso y fui por él. Marc… 

Mierda, llegó la hora. 

Los amigos deben saber

Siempre supe que llegaría el momento de contarles. Era obvio, no podíamos pasar más meses intercambiando palabras insignificantes por nuestro chat grupal. Todos sabemos que hay sucesos más importantes en nuestra vida, sobre todo si nos vamos a vivir lejos con nuestro novio famoso. 

—¿Emma? 

—Marc… hola. 

Escuchar su voz se convirtió en algo muy reconfortante para mí. Como volver a casa luego de unas muy largas vacaciones. Y fue precisamente en un momento vulnerable, en que me sentía confundida y extraña. Pensando en todas esas cosas que podría (o no) estar escondiéndome Jack. 

—¿Cómo estás? —preguntó. Enseguida sentí un nudo subir por mi estómago hasta mi garganta. Mierda, le diría. Le tengo que decir todo y no se me ocurría cómo empezar. Suspiré y abrí la boca: 

—¿Te acuerdas que les conté que vi cómo atropellaban a una persona justo frente a mí? 

—¿Si? 

—Bien, pues esa persona era Ryan Nolan. 

Bueno, sí. No tenía mucho tacto, lo sé. Y es que mis amigos fueron mi apoyo cuando todo eso sucedió, y odiaron a Ryan como si lo conocieran por años. Me insistieron para que fuera un psicólogo, y Marc, precisamente, era al que más le dolía. Porque vivió el machismo y lo peligroso que es, con su hermana pequeña. Sé que no supo qué responder, así que comencé a contarle la historia completa. No sé qué habrá pensado, porque no me dijo nada hasta que termine. 

—Ethan se va a enfadar. —concluyó. 

—Lo sé. Y tú deberás contarle. —Lo oí suspirar y luego el sonido de la puerta del hotel abrirse. Jack había vuelto—. Marc debo cortar. Te llamo otro día. 

Bajé mi celular y Jack apareció en la puerta con el cabello mojado. 

—¿Pasó algo? —preguntó. 

—No, nada. —respondí rápidamente. No sé por qué de repente me incomodaba verlo a los ojos. Él asintió sin decir nada más, y se fue al baño para tomar una ducha. Quería que esta vibra que nos rodea termine pronto. Hace un tiempo que ya no es lo mismo, y seguía preguntándome si era sólo cosa mía, si él realmente me estaba escondiendo cosas, o si tal vez, —sólo tal vez— la llegada de aquel rubio está alborotando nuestra paz. Por el momento no lo sabía, pero ciertamente había un aire, que aunque no pesado, era vacío. Como si estuviésemos dolidos por algo que no sabemos del otro. Como si supiéramos que un fin se aproxima y nos queda poco tiempo. De sólo pensarlo sentía un dolor en el pecho que no se calmaba con facilidad. 

Jack no es de naturaleza cariñosa, a veces siento que se obliga a sí mismo por actuar como “novio”. Tal vez eso es lo que cree que yo deseo, aunque no lo sé. Al parecer no tiene mucha experiencia en relaciones, y yo menos. Pero aun así, cansado o misterioso, si me acerco a él siempre me rodea con sus brazos y me besa en la cabeza. Sin decir nada me tranquiliza su presencia. Su olor, tu toque. Sólo sus ojos me dicen: “todo va a estar bien” o por lo menos eso es lo que siento. 

Esa noche me urgían las ganas de apoyarme en su pecho. Besar sus labios y dormir en su brazo. Pero aquella caja de pastillas seguía perturbando mi mente. Y me odiaba a mí misma por no recordar ese complicado nombre para poder googlearlo. Pensé en ir a buscarla mientras él dormía. ¿Pero no era lo mismo que revisar su celular? la curiosidad me estaba matando. De nuevo, podría no ser nada, pero me carcomía sola pensando en mil posibilidades. Siempre horribles y exageradas. 

Luego de una larga noche era la hora de partir. Jack (el único con auto) pasaría a buscar a Ryan y Mía. Los dos parecíamos resignados con la situación. El desastroso viaje de vacaciones se haría, todo a petición de la rubia esa. Claro que pensé que sería mejor sólo con Jack, de habérselo pedido directamente quizá habría accedido a descansar una semana de su entrenamiento por mí. Pero simplemente no se me ocurrió. Y ahora iríamos con otras dos personas, y bastante problemáticas. Me preparé mentalmente para discutir con Mía y que no me ridiculice. Pero a quién quiero engañar. Mi verdadero problema ahí es Nolan. 

Mía subió las cosas al auto junto con Ryan, ambos en los asientos de atrás y yo al copiloto al lado de Jack. De suerte paró de llover, lo cual facilitó el camino por la carretera. 

—¿Qué lugares has visitado Emma? —me preguntó Mía de repente. Tuve que bajarle un poco el volumen a la música para responderle. 

—No muy lejos de Berlín, la verdad. 

—¿Qué? ¡Qué aburrido! Alemania es muy hermoso. ¡Qué tacaño eres Jackson! —se quejó. Me dio risa su forma de llamarlo. 

—No es eso. —respondí yo—. Llegamos hace dos meses apenas, y Jack ha estado ocupado con su entrenamiento. 

—¡Bueno pero entonces ve tú sola a pasear! —gruñó molesta. Y ahora que lo pienso, he salido sola, pero no muy lejos en realidad—. No me digas que te quedas en casa todo el día a esperar a que vuelva. No estamos en el siglo dieciocho. —Me moví inquieta en el asiento porque sabía que tenía razón. Y no es que sea culpa de Jack. ÉL nunca me hecho sentir atrapada ni nada parecido. Era más bien yo la que decidía quedarse allí. Estaba por contestarle, cuando cambió su atención a la ventana—. ¡Jackson para ahí! ¡Para ahí! —pidió apresurada. Jack giró el auto para entrar a una gasolinera. 

—¿Baño? —le preguntó Ryan. La rubia negó con la cabeza y abrió la puerta. 

—Voy por golosinas. ¡Vuelvo enseguida! 

Nos quedamos los tres en silencio tras su entusiasmo. Jack apagó el auto y suspiró. 

—Iré por un café. —afirmó, luego me miró a mí—. ¿Quieres uno? 

—¿Te acompaño? 

—No es necesario. —se bajó rápidamente del auto dejándonos al rubio y a mi solos y en silencio. Mierda, justo lo que no quería. Moví mis piernas inquieta, quise encender la radio, pero Jack se había llevado las llaves. Oí que Nolan tarareaba una canción, lo miré por el espejo retrovisor. Llevaba unos jeans oscuros con unos botines negros. Y un chaleco de cuello en v, que dejaba a la vista parte de su pecho. Tenía su cabeza apoyada en la ventana y agitaba su pierna derecha de la ansiedad, igual que yo. Sostuve mis rodillas para quedarme quieta. Apoyé mi cabeza en mi mano con la vista contraria a la que él tenía. Ante el silencio, el primer recuerdo que vino a mi fue el de él agachándose para quedar a mi altura y decirme: Está bien. Pero yo no lo olvidaré. ¡AHHHG! ¡POR QUÉ NO QUIERE OLVIDARLO! ¡Él tiene al lado una hermosa psicoterapeuta que lo ayuda en todo! ¿Por qué le importaría en lo más mínimo que una niña se le acerque ebria y le coquetee en la cara? ¿Acaso tiene sentido? 

—Emma. —me llamó con una voz suave que casi me hizo atorarme con aire. Me despejé la garganta y volteé levemente mi cabeza para verlo en los asientos de atrás. Me miró serio, quería decirme algo y yo no tenía idea de qué podría ser. Pero sea lo que sea me daba miedo escucharlo. Estaba por hablar cuando mi celular comenzó a sonar. 

Ethan. 

Saqué el teléfono torpemente de mi bolsillo para contestar. Él me miraba atentamente, lo cual solo me puso más nerviosa. ¿Aló? 

—¡EMMA CÓMO SE TE OCURRE! ¡DEBES ESTAR LOCA ENSERIO! —alejé el celular de mi oreja al oír los gritos de Ethan. Incluso Ryan podía escucharlos. Tapé el teléfono con mi otra mano y susurré: 

—Ethan. Ethan. Sé que me quieres gritar pero es un pésimo momento, créeme. 

—¡Claro que te quiero gritar! ¡Dime una razón cuerda por la que alguien se acercaría a su ex casi violador! ¡¿Ah?! 

—Sí, sí. Te entiendo. Hablaremos de esto, pero no ahora, perdón. Tengo que cortar.

—¡Qué dices! No me digas… ¡¿Acaso estás con él?! —colgué la llamada aun cuando seguía gritándome. Mierda Marc, ¿Que no podías decirle unos días después? puse el celular en vibración y suspiré cansada. Ryan seguía mirándome con una sonrisita divertida.

—Que interesantes amigos tienes. —comentó levantando las cejas. Me di vuelta para mirarlo con desprecio. Supiera que él es la razón de mis regaños. De repente entró Mía al auto con los brazos llenos de galletas, chocolates y gomitas. Y en lo que Ryan y Mía discutían la importancia de consumir azúcar, entró Jack al auto. Me entregó el café a mí y se dio vuelta para ver a los niños de atrás. 

—¿Ahora sí? —preguntó—. No más paradas hasta llegar. 

—¡Okey! —respondieron los rubios al unísono. Tomé un sorbo de café y me apoyé con la vista a la ventana. Será un viaje largo…

El viaje a la nieve

Luego de horas en el auto, entre las peleas de los rubios de atrás, Mía cantando a todo pulmón y yo discutiendo con ella. Entendí que a Jack le urgían las ganas de dejarnos a mitad de la nada e irse de allí para volver a entrenar. Y es que era demasiado ruido. Ni siquiera cuando estoy con Ethan y Marc es de ese calibre, y eso que nosotros somos los adolescentes. El paisaje se volvió completamente blanco mientras nos acercábamos al centro de esquí. Nuestro camino era una pequeña pista rodeada de infinitos bosques nevados.

—¡¿Quién de aquí es bueno esquiando?! —preguntó Mía de repente, levantando su mano. 

—A mi me gusta bastante. —admitió Jack. 

—¿En serio? ¡Genial! ¡Vamos a competir! 

—Yo nunca he esquiado. —dijimos al unísono con Ryan. Jack me miró de reojo un segundo. Bajé la cabeza instantáneamente. Genial, ahora parece que somos súper unidos. 

—¿Enserio? ¡Pero cómo no! —de suerte Mía habló antes de que se creara un silencio incomodísimo. Esto es malo. Una coincidencia más y Jack estará sospechando. Haré mi mejor esfuerzo por esquivar a Ryan durante este viaje. Luego de esta semana no lo veré más y todo volverá a la normalidad. Sólo una semana. 

A medida que avanzábamos comenzó a nevar y el camino se tornó más complicado. Los vidrios se empañaron rápidamente y la vista se nubló lo suficiente como para no poder ver a dos metros delante del auto. 

—¿No deberíamos detenernos un poco hasta que deje de nevar? —pregunté preocupada. 

—¿Y si paramos y nos quedamos sepultados? —soltó Mía. 

—Según maps nos quedan solo veinte minutos para llegar al hostal. —añadió Ryan. 

Los tres esperábamos las indicaciones de Jack, que era el que manejaba. El auto se movía irregularmente con la nieve. Empezaba a oscurecer, y mientras pasamos por una curva, el precipicio de al lado se veía como una tenebrosa mancha oscura. Saltamos todos con un bache en el camino y el motor del auto se apagó. Intercambiamos miradas asustadas. 

—Se apagó solo por seguridad. —afirmó Jack. Pero al encenderlo de nuevo, no pudo avanzar. Sonaban las ruedas moviéndose, y alrededor podíamos ver una nube de contaminación saliendo del motor. Pero el auto no avanzó ningún centímetro—. Mierda. 

—¿Nos quedamos atrapados? —preguntó Mía. Enseguida abrió la puerta para bajarse del auto. La tormenta había crecido, y en esos pocos segundos que estuvimos detenidos, la nieve había tapado el vidrio delantero. Abrí la puerta y me asomé, el viento helado congeló mi nariz en segundos—. ¡Estamos atascados en un hoyo! —gritó la rubia desde las ruedas de atrás. Jack se bajó y fue hasta allí. Se devolvió enseguida y le hizo una señal a Ryan. 

—Saquémoslo. —dijo, el rubio lo siguió. 

—¡Emma tienes que ver esto! —gritó Mía. Me bajé también y corrí donde ellos. 

—¿Qué pasa? —pregunté, Jack y Ryan estaban con sus manos a cada lado de la parte trasera del auto. 

—Quieren mover el auto sólo con las manos. Que sexy… —suspiró. 

—¡Tu anda a encender el motor! —gruñó Ryan. La rubia bufó y se subió al asiento del conductor. Limpié mi rostro reiteradas veces por la nieve, podía ver que el hoyo en que estaba estancada la rueda era bastante profundo. Parecía difícil de mover así nada más. 

—¿Está bien que hagas tanta fuerza? —pregunté, con mis ojos en Ryan. Ambos se dieron vuelta a mirarme—. Digo, te dieron de alta apenas ayer… 

 ¡Mierda Emma! ¡¿Por qué dijiste eso?! ¡Ahora si parezco preocupada por él!

—Estoy bien. —respondió luego de reaccionar. Estuve ignorándolo todo el viaje, de seguro no se lo esperaba. 

—¿Seguro? —Le preguntó Jack. Él asintió. 

—¡Claro que sí! No se preocupen por mí. 

—No me preocupo. —murmuró Jack. Abrí los ojos como platos. El rubio levantó las cejas y sonrió. ¿Iban a mover el auto o se golpearían ahí mismo? 

—¡POR QUÉ TARDAN TANTO! —Gritó Mía desde el auto—. ¡¿SON MASOQUISTAS O QUÉ?!

—¡Vamos a la cuenta de tres! —gritó Ryan de vuelta. Dios, es increíble como esa rubia loca nos salva siempre de los momentos más tensos. Aunque me duela admitirlo, se lo agradezco. Contaron hasta tres y al mismo tiempo ella encendía el motor y pisaba el acelerador, los chicos empujaron el auto. Vi cómo levantaron las ruedas traseras con facilidad. ¿Qué acaso en serio podían mover un auto con sus manos? los boxeadores dan miedo. Estuvieron así unos segundos pero el carro no se movió. Me asomé y noté que las delanteras también estaban atrapadas en la nieve. Y cada segundo se sepultaban más con la tormenta. Lo dejaron caer con las respiraciones agitadas. Intercambiaron miradas y asintieron. 

—¡De nuevo Mía! —gritó Ryan. Siguieron empujando hasta que les cayó el sudor por la frente. Pero el auto no se movió. La rubia llegó a nuestro lado y posó su mano en la espalda de Ryan. 

—Vamos al auto. Se están congelando aquí. 

Asentimos sin discutir esta vez. Si dos boxeadores de peso pesado no pudieron moverlo, sería muy difícil esperar a salir solos de allí. Luego de quedarnos en silencio en el auto, aceptamos la situación: estábamos atrapados. 

—¿Alguien tiene señal en su celular? —preguntó Mía. Miré la equis en mis barritas y suspiré. 

—No. 

—Nop. 

—Nada.

—¿A cuántos kilómetros estamos del centro? —preguntó Jack. Tenía su cabello y chaqueta mojados.

—Unos ocho. —respondió Ryan. 

—Vale. Iré por ayuda. —comentó decidido. 

—¿Estás loco? —pregunté levantando mis cejas. Me miró a los ojos y luego bajó a mis labios. 

—Quedaremos sepultados en la nieve si no hacemos algo. Además no es tan lejos, puedo ir corriendo. 

—Jackson tiene razón. —Intervino Mía—. Además la tormenta se calmó un poco, hay que aprovechar ahora. Yo voy contigo. 

—¿Por qué irías tú? —preguntó Ryan confundido. 

—Porque tengo demasiada hambre. —Nolan y yo achicamos los ojos. Estuvo comiendo chucherías todo el camino ¿Y tiene hambre? ¿Cómo es que tiene esa figura?—. Además… es más seguro de a dos. Y alguien debe quedarse en el auto. 

—Bueno eso sí, pero… 

—Tiene razón. —Dijo Jack—. Vamos. —Miró a Mía por el espejo retrovisor y asintió. Luego volteó hacia mí y tomó mi mano—. No se muevan de aquí. Volveremos pronto. 

Hice un puchero. Luego suspiré. 

—Está bien. Cuídate mucho por favor. —pedí. 

—Sí, sí. Yo también me cuidaré. Gracias por la preocupación. —ironizó Mía. Luego de eso se bajaron del auto, se pusieron unos abrigos y se fueron caminando por la calle, para luego desaparecer en la neblina. 

De nuevo sola con Ryan. Genial. El único sonido que escuchábamos era el del viento y la nieve acumulándose sobre el carro. Tuve miedo de que no volvieran y que mis últimos momentos de vida los pasara junto a ese rubio sonriente en un auto congelándonos del frío. Fijé mis ojos en el limpiaparabrisas ir y venir, acumulando la nieve en la parte de abajo. De nuevo nos quedamos en silencio, y era un tan notoriamente incómodo que daban ganas de reírte. 

—¿Me estás ignorando? —preguntó de repente. Me crispé del susto. 

—Eh… no. 

—Es obvio. 

—No, no lo es. 

—Entonces mírame. 

—¿Y para qué? 

—Estamos hablando, deberías verme a la cara, ¿No crees? 

—Pero estamos en un auto. 

—Un auto detenido. —Cerré los ojos rendida. No supe cómo replicar a eso. Me giré despacio para verlo. Vamos, tampoco era tan difícil Emma... tenía sus fuertes piernas abiertas y la cabeza ladeada. Se podía ver algo de sudor que había quedado en su pecho de cuando trataron de mover el auto. Los músculos de sus brazos se marcaban en su suéter mojado, que había quedado ajustado a todo su torso. Tenía el cabello alborotado, con sus rizos dorados en todas direcciones. Hizo una mueca y terminó sonriendo al cruzar miradas conmigo. Tragué saliva—. Mejor ¿No? 

—No lo creo. 

Él soltó una risita. Le encantaba verme incómoda y tratando de actuar serio. Porque sabe que no me resulta. Me moría de ganas de salir corriendo de allí y gritarle al cielo. ¿Por qué me haces esto Dios? ¿Qué te hice yo? 

—Emma… —pronunció mi nombre con satisfacción. Sentí una corriente eléctrica subir de mis piernas a todo mi cuerpo. 

—Nolan no. —levanté el dedo deteniéndolo como si fuera un perro.

—Ah, ¿Ahora soy Nolan? —preguntó juguetón. Suspiré cansada—. ¿Cuál es tu apellido? 

—¿Para qué quieres saberlo? 

—Sólo dime.

—Jones… —lo vi asentir y mover la boca repitiéndolo. Moví mi cabello húmedo hacia atrás y rodé los ojos—. Ryan, ¿Por qué...? —no alcancé a terminar la oración cuando me di cuenta que lo había llamado por su nombre de nuevo. Eché la cabeza hacia atrás derrotada. Él sonría. 

—¿Sí Jones? —preguntó burlón. Miré sus ojos verdes y apoyé mis manos en el espacio entre los dos asientos delanteros. 

—No quiero tener problemas. 

—¿Soy un problema para ti? vaya, me siento halagado. No sabía que era tan importante en tu vida. 

—¡No…! —estaba por decir algo pero me detuve. Se estaba burlando de mi. Y lo está disfrutando. Despegó su cuerpo del asiento para acercar su rostro al mío. 

—No es mi idea molestarte Emma. Para nada. Sólo pensé que podíamos ser amigos. —miré sus labios rojos con el frío y me alejé. Mi corazón latía como loco. No. No puedo. Abrí la puerta con dificultad y me bajé del auto colapsada. Corrí por la nieve para alejarme de él. No sé por qué lo hacía. Pero entendí que no podía estar ningún segundo más encerrada allí. Mi cuerpo lo sintió. Escuché su voz siguiéndome y aceleré el paso. La nieve había cubierto toda la calle y mis botas quedaban enterradas unos segundos con cada pisada. Hacía demasiado frío. Pero yo tenía calor. Un calor insano, irreal. Sin sentido y prohibido. Sentí que me volvería loca. Ya estoy loca. 

Atrapados en la tormenta

—¡Emma! —me alcanzó con facilidad, tomó mi muñeca para detenerme y la soltó enseguida—. P—por qué… siempre huyes de mí. 

Miré la punta de su nariz enrojecida y tragué saliva. Tuve que recuperar el aliento antes de poder responderle. Mi garganta ardía con el viento helado. La nieve seguía cayendo feroz y mis manos quedaron tiesas del frío. 

—¡Es tu culpa! —exclamé. Él abrió los ojos indignado—. ¡Tú y tu coqueteo me tienen harta!

—¿Qué dices? ¡No estoy coqueteándote! 

—¡Y lo de recién qué fue entonces! —estaba por decir algo y se detuvo. Fijó su vista al piso y negó con la cabeza. 

—No me eches la culpa a mí. La otra vez también huiste y no fui yo el que se colgó de tu nuca y trato de besarte. 

Sentí mis mejillas arder. Tenía razón. Él siempre ha sido de naturaleza pícara. Era así conmigo y con Jack por igual. Tal vez no es intencionado, sin embargo yo, que no soy así, lo toquetee entero y traté de poner mis labios sobre los suyos. ¿Qué me pasa? Apreté mis puños con rabia. 

—¡AHHH! —grité al cielo. El rubio me miró como si estuviese loca—. ¡Ya estoy cansada! —me di media vuelta y comencé a caminar. 

—¡Emma a dónde vas!

—¡A llamar a Jack! 

—¿Qué dices? ¡No hay señal!

—¡Pues la buscaré! —lo ignoré y seguí caminando por el sendero oscuro. El cielo nublado no permitía ni que la luna iluminara mi camino. Levanté el brazo en busca de una barrita, pero la equis no desaparecía. ¡Maldición, yo sabía que este viaje sería un desastre! pisé una pequeña montaña de nieve que se había formado. Elevé el celular lo más que pude, y vi una de las barritas de señal aparecer—. ¡Aquí hay! —grité emocionada. 

—¡Emma cuidado! 

Escuché su voz preocupada al mismo tiempo la montañita se deshacía y mi pie se resbalaba en el hielo. Mi celular salió volando y yo caí metros abajo deslizándome entre los pinos. Grité como una niña asustada hasta chocar contra un tronco y detenerme. Abrí los ojos confundida, me había golpeado la espalda y sentí el dolor latente en mi omoplato. No podía ver nada. La luz del auto ya no iluminaba mi camino, mi celular lo había perdido y el sendero en el que estábamos parecía ahora muy lejano en una cuesta arriba. Me levanté y sacudí mis jeans, que ya estaban completamente empapados. 

—¡EMMA! —escuché con claridad la voz de Ryan a pesar de lo fuerte que resonaba el viento. Miré hacia arriba en un intento de encontrarlo, pero no podía ver nada. 

—¡RYAN! —grité de vuelta. Una pequeña luz se encendió y pude ver desde dónde me estaba llamando. 

—¡No te muevas de ahí! ¡Voy por ti! 

—¡Ten cuidado! ¡Está muy… —escuché un quejido de su parte y luego vi la luz volando por los cielos. El celular cayó a mi lado y luego una enorme bola de nieve se formó y rodó hasta chocar con un árbol en frente—. Resbaloso… —corrí hasta encontrarlo enterrado en la nieve y quejándose del dolor. Le estiré mi mano para levantarlo. Ryan limpió su chaleco y acarició su cabeza, que al parecer se había golpeado. 

—¿Estás bien? —preguntamos al unísono. 

—Si. —respondimos de nuevo. 

Intercambiamos miradas y nos largamos a reír como un par de idiotas. 

—¡C-cómo puedes ser tan torpe! —grité decepcionada—. ¡Se suponía que venías a rescatarme y sales volando de esa forma!

—¡Quién fue la que quería encontrar señal en medio de la nada! 

—¡Oye logré una barrita! —levanté el dedo en señal de hazaña y él puso sus manos en sus caderas. 

—¿Ah sí? ¿Y dónde está ahora tu celular? 

Di un giro de 360 grados, me mareé con la oscuridad y volví a mirar su rostro. 

—Se me perdió. —admití. Ryan empezó a caminar en círculos colapsado con la situación. 

—Ahora sí moriremos de frío. 

Era la primera vez que lo veía así de estresado. Todo lo que nos rodeaba era nieve, árboles y más nieve. Ya no podía sentir mis pies o mis manos. Mis piernas tiritaban y mi espalda dolía. Eso sin mencionar que tenía unas enormes ganas de hacer pipí desde hace ya mucho tiempo. Me desesperé. Salieron lágrimas de mis mejillas y di saltitos inútiles en mi lugar para entrar en calor. 

—¡Lo siento! —exclamé sollozando. Ryan volteó preocupado. Se acercó a mí y puso sus manos en mis hombros—. ¡Fue mi culpa! ¡Tienes razón! ¡Ahora moriremos y de esta forma tan patética! —respiré con fuerzas para tragarme los mocos. 

—Emma. Emma. Cálmate. Mírame. —pidió. Traté de respirar correctamente y fijé mi vista en sus ojos verdes—. Mía y Jack deben estar por llegar con ayuda. No estamos tan lejos del auto, cuando pasen por aquí gritaremos con todas nuestras fuerzas y ellos vendrán a salvarnos. ¿Okey? —Asentí varias veces. Él limpió las lágrimas de mis mejillas y sonrió—. Tranquila. No dejaré que mueras congelada. 

—¿Lo prometes? 

—Lo prometo.

Quitó sus manos de mis hombros cuando me notó más tranquila. Arreglé mi cabello y suspiré. 

—Quiero hacer pipí. —Admití. Sus ojos se abrieron de la sorpresa. 

—Pues anda. Yo te espero. 

Caminé hasta un árbol y me escondí detrás. Sería la primera vez que hago pipí en público. Y Ryan está aquí para variar. Ya me vio vomitando en la calle y ahora esto. Debe tener una hermosa impresión de mí, sin duda. Bajé mis jeans y me agaché con la espalda apoyada en el pino. Sentí una brisa helada correr por mi trasero, pero estaba tan congelado que ni me importó. Estuve así largos segundos y luego me levanté. Arreglé mi ropa y volví con Ryan que esperaba de espaldas. 

Yo tenía abrigo. Pero él estaba sólo con un chaleco empapado y pegado al cuerpo. Intercambiamos miradas en silencio. Él sonreía, en vez de estar enojado, sonreía al verme. Me pegué a su lado para entrar en calor. Ryan se quedó inmóvil. 

—¡Abrázame, estúpido! —pedí. Pestañeó varias veces antes de reaccionar. Pegué mi rostro a su pecho y rodeé su espalda con mis brazos. Se demoró algunos segundos en devolverme el abrazo. Sentí su cuerpo cálido en mis mejillas y cerré los ojos. Era mucho mejor estar así. Los dos temblábamos de frío, pero juntos. Eso definitivamente es mejor que solos. Estuvimos así en silencio. Ni nos dimos cuenta cuando la tormenta cesó. Sentí cómo apoyó su cabeza en mi hombro. No sé si fue idea mía, pero juré que sus labios rozaron mi oreja. De repente quería quedarme así más tiempo. No quería que nos encontraran nunca. Pensé eso, y luego se escuchó la nieve crujir con fuerzas encima nuestro. Unas luces aparecieron iluminando la calle de arriba. Era un auto. Eran ellos. Era Jack…

¡Aquí no pasó nada! 

Las luces de linternas nos cegaron a los dos. Jack gritaba mi nombre. Parecía preocupado. Todo de repente pareció un sueño. ¿Y si en realidad nos morimos congelados e imaginamos todo el rescate? debía ser real, porque Mía nos regañó el resto del camino mientras cargaban nuestro auto con una grúa. La tormenta se había detenido por fin. Y el señor que nos salvó, nos gritó en alemán que somos unos turistas idiotas por no revisar el clima. Tiene razón.

En pocos minutos llegamos al centro de esquí y al hostal. Estaba iluminado con cientos de luces, un lugar de película en medio de un espeso bosque. Parecía una ilusión, incluso cuando por fin pude tomarme una ducha caliente en la habitación. Sumergí mi rostro en la tina y abracé mis piernas enrojecidas. De sólo pensar en que Ryan se quedaba con Mía en la habitación de enfrente me dolió la cabeza. Por fin, estaba con Jack. Dormiríamos juntos y podría olvidar todo lo de hoy día. Todas esas conversaciones quedaron sepultadas en la nieve. Esa cercanía efímera quedaría como secreto. De nuevo, solo entre nosotros. 

Salí del baño con la bata del hotel y me dejé caer en la hermosa cama de dos plazas. Al instante llegó Jack a mi lado con una taza de chocolate caliente en las manos. 

—¿Quieres pedir algo más? ¿No tienes hambre? —me preguntó. 

—No, así está bien. 

Me abrazó con fuerzas cuando logramos subir la colina. Tomó mi rostro entre sus manos como si estuviese cerciorándose de que no me haya hecho daño. Después de eso no hablamos mucho. Ryan les explicó que yo insistí en salir a buscar señal y me resbalé y caí. Y en lo que él me iba a salvar cayó también. Obviamente eso fue todo. Ni Jack ni Mía preguntaron por detalles.  

Se sentó al otro lado de la cama y me miró expectante. De seguro estaba esperando que le comentará algo más, como siempre lo hago. Pero yo tenía mi cabeza en otro lado. 

—¿Pasó algo? —preguntó. 

—No, nada. —respondí con torpeza y nos quedamos en silencio otra vez. Busqué mi celular en la repisa para distraerme, pero recordé que se me había perdido en la nieve. Maldición. Ya es el tercero en dos años. 

—Nolan… —escuché que dijo su nombre y levanté la cabeza instantáneamente en modo alerta—. No te hizo nada, ¿O sí?

De repente me molestaron mucho sus palabras. Me di vuelta y levanté las cejas. 

—A qué te refieres. 

—Digo, estás rara desde que los encontramos. 

Si de casualidad estaba insinuando algo similar a lo que pasó en el pasado por su doble personalidad, me irritaba bastante. Ryan estaba siguiendo su terapia seriamente, así como tuvo que abandonar todo en su vida como castigo. ¿No era eso suficiente? entiendo que Jack no confíe en él, pero seguir recordándolo era engorroso para todos. 

—Jack casi muero congelada hoy, ¿Y me preguntas si estoy rara por él? ¿Enserio? —mis palabras salieron más duras de lo que planeaba. Jack bajó la cabeza y luego asintió. 

—Tienes razón. Perdón. —Se levantó de la cama rascando su nuca y se detuvo en el umbral de la puerta—. Descansa. 

Y luego se fue. No quería que las cosas se dieran así. Pero le hice caso, estaba agotada. Me tapé con las mantas y apoyé la cabeza en la almohada. Antes de dormir repetí la tarde de hoy una y otra vez en mi cabeza. Nuestras discusiones y nuestro abrazo. Su sonrisa y sus palabras dulces para reconfortarme. Además de su voz podía escuchar la tormenta. Había quedado grabada en mis oídos. Y parecía no detenerse. 

Al día siguiente me costó un mundo levantarme. No quería salir de la cama calentita y volver a la nieve, que ya me tenía algo traumatizada. Escuché a Jack decirme que bajara rápido al lobby porque iba a terminar la hora del desayuno. Luego oí el sonido de la puerta y cerré los ojos de nuevo. ¡Mierda el desayuno! me levanté apresurada y vestí en 3 minutos. Cuando abrí la puerta de la habitación vi a Ryan en frente cerrando la suya. Tenía su cabello más alborotado de lo usual. Rascó sus ojos como si recién se hubiese levantado. 

—Hola… —murmuré. ¿En serio tantas casualidades? 

—Buenos días. —me miró unos segundos y sonrió—. ¿Y Jack? 

—Bajó hace un rato. 

—Ah, Mía igual. Dijo que quería aprovechar el desayuno gratis… —Sonreí  y balancee mis pies en su lugar. Ryan rascó su nuca, algo que siempre hace cuando está incómodo—. ¿Vamos? —preguntó, asentí con torpeza y lo seguí hasta el ascensor. Por favor que haya más gente adentro, así no tendríamos la necesidad de intercambiar palabras. Se abrieron las puertas reflejando nuestros rostros adormilados en los espejos. Genial, vacío. Ryan apretó el número 1 y apoyó su cabeza contra el espejo de atrás—. ¿Pudiste dormir bien? —me di vuelta a verlo y asentí.

—Sí. ¿Y tú? 

—Me costó un poco al principio. —Admitió con una sonrisa—. Estaba pensando muchas cosas. 

Miré sus ojos verdes penetrar en los míos y me di vuelta para esconderme. Al parecer lo de ayer fue algo significativo para los dos. Y me sentí feliz de no ser la única que pensaba así. Cuando estábamos llegando al lobby volteé de nuevo. 

—Voy yo primero. —avisé. Él ladeó la cabeza confundido—. Para no llegar juntos. 

Estiró el cuello y soltó aire. 

—¿Por qué? —preguntó sonriente, aunque sabía exactamente a lo que me refería. Rodé los ojos. 

—No me hagas esto, por favor. —supliqué. 

—¿Para qué Jack no se enoje? —al verme sentir soltó una risa contenida. Las puertas se abrieron pero no nos movimos—. Es ridículo Emma. Nos encontramos por casualidad. Si él se enoja por cosas así es un maldito celopata. 

—No, no es así. Es solo porsiacaso. 

La verdad es que ya están raras las cosas entre los dos. ¿Por qué tuve defenderlo ayer? no es que Jack lo haya preguntado con malas intenciones. Sólo estaba preocupado por mí. Me miró atento a los ojos y luego asintió. 

—Vale. Anda tú primero. 

Me di vuelta y caminé por el pasillo hasta la cafetería. Encontré rápidamente a Jack sentado en una mesa. Mía apareció detrás cargando varios platos de comida que luego dejó encima y se sentó frente a él. Levantó la mano en forma de saludo. 

—¡Hola! —la voz de Ryan detrás mío me crispó del susto. Venía caminando a mi lado con una sonrisa. Lo fulminé con la mirada. Maldito mentiroso. Se agachó para quedar cerca mío y susurró: Y tu preocupándote por nosotros mientras ellos están pasándola de lo lindo. 

Luego me adelantó y se sentó al lado de Mía. La verdad es que no lo había pensado. Estaba tan concentrada en alejarme de Ryan para no tener problemas, que ni me di cuenta cuando Jack y Mía se hicieron cercanos. Me senté a su lado y sonreí. 

—Te hice un plato. —Me dijo, tenía varias frutas y panqueques, Además de un café con leche al lado—. Antes de que Mía se lo coma todo. 

—¡Hey! —se quejó la rubia. Los tres se rieron. ¿Desde cuándo la llama por el nombre? tomé un sorbo de café mientras ellos discutían sobre su abuso de la comida—. ¡Bueno es gratis! —se defendió ella—. ¡Hay que aprovechar! 

De repente ya no tenía hambre, sentí el café demasiado amargo y quise volver a mi cama y envolverme como cuncuna. 

Por fin había llegado la hora de esquiar. (Yupiii…) Llegamos a una cabaña en donde nos entregaron ropa y los esquís. Además de unos lentes para no quemarnos con el reflejo de la nieve. Y justo cuando pensé que podríamos separarnos de los rubios molestosos, ¡Bum! ¡Clases para principiantes! Jack me miró con una expresión de: Bueno, es sólo por hoy. Mañana podremos esquiar juntos. Maldito, yo pensé que él me enseñaría. Y para rematar, se fue junto con Mía hasta no sé qué montaña para expertos. Solos. Los dos. Y bien emocionados que estaban. La buena noticia en todo esto es que nos separaron por género, ósea, que por lo menos estaría lejos de Ryan en mis súper clases, que por cierto, estaba lleno de niñas. Lo único que me reconfortaba de sentirme tan inútil, fue que él estaba en las mismas, y lo más probable es que sea el mayor de su grupo. 

Lo intenté. Les juro que sí. Entendí rápidamente lo básico, como que tengo que flexionar las rodillas, mantener los esquís separados y dejarme llevar en nuestra colina de práctica de un metro de altura. Pero no sé cómo, terminaba siempre yéndome para un lado y cayendo al hielo. Cada vez que estaba recogiendo mi orgullo del piso, pasaban a mi lado las niñitas que llegaron sin saber nada, deslizándose como malditas Elsas de la nieve. 

El instructor me seguía diciendo: ¡Vamos! ¡No te rindas! lo cual me molestaba muchísimo más. Y no era sólo mi orgullo el que dolía, sino también mi espalda con la que detuve mi caída contra un árbol ayer. ¿Por qué debía hacer esto? Tenía que cargar los esquís una y otra vez y volver al inicio. Mis brazos dolían, tenía calor con esta ropa, y se me caían los mocos con el aire helado. 

Luego de 20 caídas más, y la humillación de recibir ayuda de niñas de seis años, me rendí. Le di las gracias al instructor y me encaminé con los esquís en la mano hasta la cabaña donde arrendamos. Todo lo quería ahora era sentarme cerca de la chimenea y tomar un chocolate caliente. Devolví las cosas antes de que pasara la hora estipulada y fui a la sala de descanso. 

Me compré mi preciado mokaccino y fui hasta la chimenea. Pensé que era la única allí, hasta que vi un hombre de cabello rubio y desordenado en los sillones con sus pies sobre un pisito. No puede ser… 

—Qué haces aquí. —suspiré cansada. Ya no debería sorprenderme encontrarlo hasta en la sopa. Me miró confundido y levantó las cejas. 

—Yo… descansaba. —Dijo luego de meditar su respuesta. También tenía un café en sus manos. 

—No te gustó. —sugerí, pensando que le había pasado lo mismo que a mí. Bajó la cabeza y asintió. 

—Nop. 

Me senté a su lado con un suspiro. Por lo menos no soy la única que terminó siendo un fracaso en el esquí. 

—Pues somos dos. 

Nos quedamos en silencio unos segundos mientras observábamos el fuego. Podía imaginarme a Jack y Mía divirtiéndose juntos. Tomé un gran trago de mi café y me quemé la lengua. Comencé a echarme aire con la mano como si eso ayudara un poco. 

—¿Te molestó lo de la mañana? —me preguntó de repente. Lo miré con mi lengua afuera haciéndolo reír, aunque no tenía esa intención. Dejé la taza a un lado y me apoyé en los cojines peludos. 

—¿Qué cosa?

—Que Mía y Jack se llevan sorprendentemente bien. 

—Eso… —no sabía qué decir. ¿Tan obvia era? ¿O es que Ryan se fija demasiado en mí? al ver que no respondí, sonrió con su vista a la chimenea. 

—En serio eres una niña. —suspiró con ternura. Enseguida mi chispa interior saltó. 

—¡Bueno sí! —respondí molesta—. ¡Lo soy! ¡Tenemos diez años de diferencia! ¿O lo olvidaste? 

Me miró tranquilo, esbozando una línea recta con sus labios. 

—Lo olvido. —Aceptó, pasando su mano por su cabello—. Más de lo que debería. 

Su expresión seria me provocó una sensación de tristeza en el pecho. Tuve que poner mis manos en mis mejillas para enfriarlas. No sé si se habían ruborizado porque estábamos muy cerca del fuego o por sus palabras. 

—Me gusta. —dije, mi corazón latía rápido. Levantó las cejas confundido—. Me gusta que lo olvides. 

Intercambiamos miradas llenas de sonrisitas. Es verdad, nunca sentí la diferencia de edad con él. Desde que lo conocí que me trató como igual. Esa distancia que tenía con Jack al principio, nunca la tuve con Ryan. Así debería ser ¿No? que él sea así de amigable y descarado desde la primera vez que lo conocí, me ayudó a sentirme parte de su mundo. No como la niña perdida en admiración. Él me daba la tranquilidad que Jack no podía. Y recién me doy cuenta.

La psicoterapeuta

Sus gestos al hablar. Tiene más hábitos de los que parece. Sus manos se mueven cuando te está contando algo. Al rodar los ojos da la impresión que se tornan de un verde oscuro y luego vuelve al claro. Tiene un lunar bajo el ojo izquierdo, pero la mayoría del tiempo está escondido bajo sus pestañas claras. 

Ya olvidé de lo que hablamos. 

Su nariz y sus ojos se arrugan al reír. Lleva la cabeza atrás cada vez que algo le parece divertido. Luego vuelve, me mira de nuevo, como si estuviese analizando cada detalle en mi rostro. Pero no me incomoda. Me contó la vez que se hizo el tatuaje de fénix. Fue la primera vez que ganó una pelea oficial. Tenía dieciséis años. 

Lo olvidé de nuevo. 

—Tus ojos son un misterio. —me dice de repente. Me acomodé en el sillón, al principio estábamos cada uno en una esquina. Pero en algún momento de la conversación quedamos los dos en el centro. Yo con mis piernas abrazadas, él con su metro noventa y seis estirado, sus pies casi llegaban a la chimenea. Ladeé la cabeza. Era la primera vez que me decían eso—. A veces se ven blancos. Y siento como si pudieras ver a través de mí. —Lo dijo tan convencido que me hizo reir—. Lo digo en serio. —insistió con una sonrisa. Pasó su lengua por sus labios y achicó los ojos—. ¿Tienes más pecas que antes? 

Rodé los ojos. 

—Puede ser… 

¿Acaso él también estuvo fijándose en detalles míos mientras hablábamos? otra cosa en la que coincidimos, supongo. La diferencia está en que yo no le digo. No podría. Sacó su celular de su bolsillo y levantó las cejas. 

—Se han demorado. —soltó, refiriéndose a Mía y Jack. Ya era bastante tarde. Se nos pasó las hora conversando—. ¿Qué vas a hacer cuando lleguen? —me preguntó. Ladeé la cabeza sin entender—. ¿Te vas a amurrar? 

Solté una risita irónica. 

—No… lo que molesta no es que Mía y Jack se lleven bien. 

—¿Entonces? 

Miré hacia el fuego y suspiré. 

—Sé que hay cosas que Jack no me cuenta. Sobre todo cuando se trata de boxeo. Y sé que no debería preocuparme, después de todo no me lo dice porque son cosas que yo no entiendo. 

—No me parece. —lo miré a los ojos y siguió—. Aun cuando hay cosas que no entendemos de la otra persona, podemos escuchar. Tú lo amas. Harías lo que fuera por tratar de entender. Y si Jack no puede ver algo tan simple, es un idiota. —Escondí mi rostro en la manta peluda en la que estaba envuelta. No quería que viera mi sonrisa. ¿Por qué me hace feliz que diga eso? no tiene sentido. Pusó su mano en la manta para tratar de quitármela, pero no lo dejé—. ¿Qué pasa? —preguntó entre risas. 

—Nada… —murmuré. 

—¿Entonces por qué te escondes? 

—¿Pues porque no quiero ser vista? —ironicé. 

—¡Pero por qué! —tiró de mi manta de nuevo, pero comencé a patalear como niña pequeña. Mis pies chocaron contra sus piernas y luego su otra pierna. Mierda. Entonces entendí que Mía tenía razón. Era enorme. Me detuve enseguida y bajé la manta por mi cabeza despacio. Lo primero que vi fue su expresión de dolor. 

—Perdón… —susurré. Ryan me fulminó con la mirada mientras mordía su labio inferior. Y a pesar de que era por el dolor, me pareció muy sexy. No pude evitar reírme. ¿Enserio fue boxeador profesional y se lamenta así por una patada de una niña es sus partes bajas?—. ¿Estás bien? 

Él asintió con la cabeza, apoyándose nuevamente en el sillón. Escuchamos una voz chillona a lo lejos y supimos enseguida de quién se trataba. Jack y Mía aparecieron por la esquina. Venían conversando alegremente y se detuvieron al vernos. Jack me miró a mí y luego Ryan. Yo miré a Jack y luego a Mía. Mía me miró a mí y luego a Ryan. Y Ryan, no tengo idea porque lo tenía a mi lado. 

—¿Y…? ¿Cómo les fue? —soltó el rubio en un tono amistoso para romper el hielo. 

—¡Genial! —exclamó Mía, le pegó un codazo a Jack y sonrió—. ¿Cierto? —Él asintió. Su estado de ánimo parecía haber cambiado drásticamente al vernos a nosotros juntos. Y yo me sentía igual. Como si una roca gigante hubiera caído sobre mi cabeza haciéndome volver a la realidad—. ¿Les parece si cenamos todos juntos? Podríamos tomar algo de vino también… —sugirió levantando las cejas. Bufé enseguida. 

—Esta vez no te quedes dormida… —solté con una expresión victoriosa. 

—¡Y tú no vomites en la calle! 

Miré a Ryan acusante. ¿En serio le había contado a Mía que vomité afuera de su departamento? Él sonrió con inocencia. Maldito. 

Y así fue como el primer día de nuestro desastroso viaje continuaba. Parecía como si ninguno quisiese estar más tiempo compartiendo. (Sobretodo yo, por cierto) mi cabeza era un desastre de confusiones y ansiedad. De repente estaba todo mal con Jack, y con Ryan iba mejorando, —algo que, por supuesto, no estaba en mis planes—. La cena se hizo en nuestra habitación. Y con cena me refiero a pedir comida del hotel y unas elegantes botellas de vino.

Ya me resigné. Mi viejo archienemigo ya no era el vino. El muy maldito seguía apareciendo en mi vida y tuve que recibirlo con la mejor cara posible. Sin mencionar que ahora tenía una nueva enemiga de la cual liarme. 

Mía entró a la habitación luciendo una camisa a medio abotonar y unos jeans ajustados. Un look muy maduro y sexy, que me hizo querer sacarme mi chaleco holgado y secar mis lágrimas de adolescente en él. Bien, Mía 1, Emma 0. Pero no me dejaría perder esta noche. No señor. 

Ryan y Jack intercambiaron miradas intensas antes de sentarse en la mesa. Lo hicieron al mismo tiempo, quedando en frente del otro. ¿Qué está pasando? Esto se ve peor que antes. 

—¿Es cierto que tendrás un pelea con Alexander Mayer? —preguntó Ryan de repente. Abrí los ojos como platos al oír eso. Jack no se inmutó. Se mantuvo de brazos cruzados penetrándolo con la mirada. 

—¿Contra Alex? ¿Es eso cierto? —pregunté. Jack me miró de reojo. 

—En algún momento iba a pasar. —afirmó. Enseguida me eché para atrás abrumada. Otra cosa más que no me decía. ¿Cómo es posible que Ryan se entere antes que yo? rodé los ojos de la indignación. El rubio me miraba. ¿Acaso lo hizo a propósito? llegó Mía emocionada con copas en sus manos. 

—¡Ahora sí chicos! —nos miró a los tres y se detuvo—. ¿Qué pasó? ¿Murió alguien? 

—Veo que aún tienes acceso a esa información. —soltó Jack. Ryan estiró el cuello. Parecía que en cualquier momento volarían la mesa y se machacarían a golpes—. Aun cuando ya no eres boxeador. 

Ryan soltó un bufido. 

—Todo el mundo lo sabe. 

Mía posó su mano en mi hombro al notarme decaída. Quería escapar de ahí. Cada vez me sentía más y más confundida. Mi corazón latía rápido de la ansiedad. ¿Cómo no me dijo que tendría una pelea oficial con Alex? Considerando que los esperé tantas veces a los dos a que terminaran su entrenamiento. 

—Emma. —Jack pronunció mi nombre haciéndome levantar la cabeza—. Iba a decirte. 

Claro. Cómo no. Me enteraría viendo la tele, igual que la última vez. Y no es que este sea el gran secreto, pero ya me tienen colapsada. 

Asentí con desgana. Terminé por girar la cabeza y salir de allí.  

Escuché la voz de Mía llamándome. Le dijo a Jack que era un idiota y luego me siguió. Me alcanzó cuando ya estaba en el balcón del pasillo. Abrió la puerta y se abrazó a sí misma. 

—¡Mierda que hace frío! —exclamó—. ¿No prefieres entrar? 

No había nadie más aparte de nosotras. La nieve continuaba cayendo en la oscuridad de la noche. 

—No tienes que fingir ser mi amiga. —aclaré. Mía caminó hasta el barandal y buscó mi mirada. 

—¿Qué dices?  ¡Somos amigas! —la miré incrédula. Ella se despejó la garganta antes de seguir—. Las amigas pelean y se desafían mutuamente. ¿Sino por qué haríamos nuestra batalla de vino?

Me reí con sus palabras. 

—La verdad es que no lo sé. Hace años que no tengo una amiga mujer. 

—Se nota. —La fulminé con la mirada. Ella apoyó sus manos en el barandal con la vista al bosque—. No, pero en serio. Es importante tener amigas mujeres. Este es un mundo muy cruel y machista. Y la verdad es que ningún hombre puede entenderlo realmente. Porque son hombres. Sólo por nacer con pene tienes la vida más fácil. —Asentí. Tiene razón. Nunca tuve la oportunidad de contarle a alguna amiga las cosas que me pasaron desde que llegué a Riverlight—. Yo tampoco tengo. —admitió. La miré a los ojos y ella levantó las cejas—. Desde que me vine a Alemania con Ryan, he estado muy ocupada con el trabajo y no he tenido la oportunidad de forjar amistades. 

—Ya veo… 

—Y por eso es que entiendo cómo te sientes. —Se me hizo un nudo en la garganta. ¿En serio estaba siendo amable conmigo? su cabello lacio y largo se balanceó con el viento, quedando detrás de sus hombros—. ¿Sabes? la verdad es que odio mucho el boxeo. —La miré sorprendida, ella asintió—. Vivimos en un mundo en que un deporte donde golpeas y botas sangre es más valorado que uno de inteligencia. —Abrí los ojos. Wow. No me esperaba una declaración así de su parte—. Odio la violencia. Y todo lo que la fomente. ¿Pero sabes? muchos idiotas delincuentes han usado el boxeo como rehabilitación. En la universidad nos enseñaban eso. Los ayuda a liberar tensiones, y controlar su ira. Ryan era el perfecto ejemplo. 

—¿Ryan? 

—Sip. Yo lo conocí cuando tenía dieciséis años. En ese entonces trabajaba medio tiempo como modelo, y él estaba recién comenzando en el boxeo, y ganando todo también, por cierto. 

Ryan me dijo que se habían conocido en la cárcel. Ósea recién el año pasado. No tenía idea que había sido incluso antes. 

—Entonces sí fuiste modelo. Me lo imaginaba. 

—Sí… era una tonta inocente. Ryan tenía diecinueve en ese entonces. Los dos éramos unos adolescentes idiotas. Nos conocimos en una fiesta. Yo y mis compañeras de modelaje asistimos. Nos pagaban sólo por ir. —dijo, levantando las cejas—. Y habían muchos deportistas también. Allí tomamos, bailamos y terminamos teniendo sexo en el baño. —Abrí los ojos como platos. Yo a esa edad no sabía ni dar un beso—. La cosa es que este idiota le terminó gustando. Y me llamaba, y me buscaba. Pero yo no quería nada con él. Porque primero: No tenía tiempo. Y segundo: Era un boxeador, y yo los odiaba. —Vaya… no tenía idea de que la historia en un comienzo haya sido al revés. A menos de que me esté mintiendo en todo, pero no creo—. En fin. Un par de veces más nos juntamos. Él me ofrecía dinero, y yo lo necesitaba mucho en ese entonces. Pero siempre supe que era un idiota. Trataba a las mujeres como objetos. Tenía una carrera deslumbrante por delante y eso le subió los humos a la cabeza. —ladeé la cabeza confundida. Era difícil imaginar a Ryan así—. Un día dejé de responder a sus llamadas. Y desde entonces que no nos volvimos a ver. Hasta ocho años después. En que me lo asignaron como paciente en una complicada psicoterapia en la cárcel. 

—Esa fue la parte que me contó. —Admití. Ella asintió con la cabeza. 

—Claro. Porque la primera no la recuerda. 

—¿Qué? 

—Emma, el Ryan que viste en el baño del restaurant no era uno inventado. Era su yo del pasado. 

—¿A qué te refieres con eso? —pregunté. Mis manos temblaban. 

—Pues eso. Ese Ryan es lo que era de adolescente. —negué la cabeza. No quería creerlo—. Luego de que sus padres murieran en un accidente automovilístico cuando tenía nueve años, su abuela comenzó a cuidarlo. Eran pobres y vivían en un barrio bastante malo. Allí comenzó a tener malas influencias. Era parte de pandillas desde muy chico. Cuando yo lo conocí, ese era el único Ryan. Pero no siempre fue así. Él con su abuela era completamente distinto. Amable y considerado. Desde entonces que comenzó a desarrollarse su doble personalidad. No es algo tan simple en realidad. Muchos traumas gatillaron sus problemas psicológicos. 

—Por qué me cuentas todo esto… —no me esperaba tanta sinceridad. Mía sonrió. Deslizó su mano por mi brazo con delicadeza. 

—Porque a pesar de que ha pasado por mucho, es la persona más positiva que conozco. Ryan brilla. Eligió por sí mismo cambiar y mejorar. Por eso me sorprendí tanto cuando me lo encontré en la cárcel. Se suponía que era un caso complicado, y lo es pero, sus ganas de estar bien y de controlarse a sí mismo son fuertes. Verlo me inspiró mucho. Me repetía que el boxeo lo ayudó, dejó todo lo demás y se concentró solo en eso. De esa forma sentía, que hay sólo un Ryan. Y soy psicoterapeuta, a mí no me pueden mentir, maldición. —Sonrió orgullosa y yo solté una risita—. Jamás había visto un cambio como el de él. En sólo ocho años parecía otra persona. Incluso cuando lo perdió todo. Su carrera, su casa, su credibilidad. Todo el mundo lo crítico por su condición, por esas noticias de mierda ambiguas que salieron. Pero él sólo ve hacia adelante. Esa es la clase de persona que es Ryan. Por eso me enamoré de él.  —Se encogió de hombros resignada al decirlo. Miré sus ojos azules y suspiré. 

—¡Emma, Mía! —la voz de Ryan nos sorprendió a las dos. Corrió hasta nuestro lado con un gesto preocupado—. ¿Qué acaso quieren congelarse? entren por favor. 

La rubia saltó a sus brazos. 

—¿Estabas esperándome mi amor? —preguntó, con su cabeza apoyada en su pecho. 

—¡Claro! ¿Acaso esperaban que me quedara con Callen en una cita romántica? ¡Mierda no!  

Las dos nos reímos. Avancé un paso con mis manos entrelazadas en la espalda. 

—Antes si le coqueteabas bastante… —solté con una sonrisita. Él rodó los ojos. Le dio unas palmaditas a Mía en la espalda, pero ella no lo soltaba. Y noté en su expresión lo mucho que significaba estar en sus brazos. Mis ojos se humedecieron. Recién entonces me di cuenta, realmente lo amaba. Lo ama. 

No tengo miedo

Caminamos por los pasillos los tres. Mía no soltó el brazo de Ryan mientras volvíamos a nuestras habitaciones. Al mismo tiempo lo golpeaba y se quejaba de su actitud con Jack. ¡No lo provoques más! ¡Mira que para Emma y para mi es bastante incómodo que ustedes no se lleven bien! ¡Vinimos de vacaciones! le dijo. Haciéndolo disculparse con facilidad. Ellos entraron a su habitación entre risas y bromas. Me despedí con la mano y me detuve frente a mi puerta. La cena se había arruinado por completo. Y en parte fue porque yo salí corriendo. Abrí la puerta y me rodeó un silencio penetrante. De seguro muy distinto a como es enfrente. 

Me encontré a Jack mirando hacia el ventanal. Me detuve detrás de él y levanté mis talones del piso y los dejé caer. 

—Perdón. Por no decirte. —soltó de repente. Volteó a verme y mordió su labio por dentro—. No pondré más excusas. Simplemente soy un idiota.

Miré sus ojos cafés y suspiré. Sentí que había pasado una eternidad desde la última vez que nos veíamos así. 

—Es algo inusual que te digas idiota a tí mismo. —comenté. Se encogió de hombros. 

—Cuando se trata de ti lo soy. 

Levantó las cejas como buscando aprobación. Se me escapó una risita de la ternura. Me acerqué a él de puntillas y posé mis manos en sus mejillas. 

—Mira. Quiero que me cuentes todo. Ya sea innecesario o no. Porque si no lo haces, yo me siento insegura. —Pestañeó varias veces y asintió con la cabeza. 

—Está bien. —accedió. Besé sus labios y me alejé. Enseguida me buscó, posando sus manos en mi cintura. Me reí de las cosquillas. Buscó mi lengua entrelazándose conmigo por largos segundos. Me di cuenta que lo extrañaba. Lo deseaba y lo quería a mi lado siempre. No sé cómo, pero quizá la conversación con Mía me había ayudado. De pronto ya no me sentía sola en Alemania. Mi enemiga era ahora una amiga. 

Nos besamos y caminamos por el pasillo entre tropiezos y risas. Hasta que sentí la cama en la parte trasera de mis piernas y me dejé caer sobre ella. Jack me siguió. Me buscó con la mirada y acarició mi brazo, desde la punta de mis dedos hasta mi hombro. Posó sus labios en mi cuello mientras indagaba por debajo de mi ropa. Estiré el cuello del regocijo. Lo tomé de la barbilla para acercarlo a mí. Raspando levemente mis dedos con una corta barba que comenzaba a crecer. Subí mi rodilla por entremedio de sus piernas, sentí su erección y sonreí. Él negó con la cabeza. 

—Eres mala. —susurró. Solté una risita y lo atraje hacia mí. Comencé a desabotonar su camisa uno por uno. Él soltó su cinturón y lo lanzó lejos. Cuando tuve a la vista sus abdominales, me tomó de las piernas y me levantó fácilmente hasta pegarme en su torso. Me afirmé de sus hombros mientras intercambiamos miradas, iluminados con la blancura de afuera. Besé el lunar que tiene en el puente de su nariz. Sus ojos brillaban—. Te extrañaba. —admitió.

—Yo también… 

¿Acaso era normal? ambos nos extrañamos aun estando juntos. Teníamos la posibilidad de compartir cama todas las noches, algo que antes parecía una ilusión muy lejana, y sin embargo ahora parece insuficiente. Me quité mi chaleco y luego el bralette. Posé mis manos en sus hombros y deslicé su camisa para terminar de sacarla. Su piel era cálida. Acerqué mi nariz por su pecho y subí hasta su cuello para darle un beso. Rodeó mi cintura con sus manos y subió por mi espalda mientras besaba todo espacio de piel que encontró. 

—Estás helada —susurró. Buscó mi mirada, deslizando los mechones de cabello que habían caído sobre mi rostro. Negué con la cabeza. Tomé su mano y sonreí. 

—Estoy perfectamente. 

Acarició mis dedos y se llevó mi mano hasta sus labios para luego besar mis nudillos con dulzura. 

—Quiero estar más contigo. —murmuró. Levanté las cejas con confusión—. No quiero dejarte sola. 

—No estoy sola… —él empequeñeció los ojos con mi respuesta—. Estoy con Maya. —soltó una leve risita y luego asintió. Pusé mi otra mano sobre la suya y resbalé mis dedos sobre su palma—. Además, estás ocupado. Eres el campeón. No es como si pudieras elegir. 

—Es verdad, pero… 

—Yo estoy bien. En serio. —Tomé sus mejillas y sonreí al ver sus ojos brillantes sobre los míos—. Si puedo estar contigo aunque sea unos minutos, soy feliz. No necesito nada más. —Mordió su labio y suspiró. Parecía resignado con mi comentario. Como si quisiese refutar pero sabía que no valía la pena. Tal vez Mía me diría que estoy loca. Que debo hallarme a mí misma y conseguir mi independencia. Esos pensamientos también pasan por mi cabeza de vez en cuando. Pero así como ella trabaja todo el día para mantener a un paciente del cual se enamoró, yo dejé mis planes por este boxeador. ¿Que no estábamos las dos locas entonces? Jack me tomó de la cintura y me acostó sobre la cama. Si perderse podía ser algo bueno, entonces era exactamente como me sentía. Como si no pudiera pensar en nada más, solo en estos momentos. Ahora, quería que durara para siempre. Y esto que siento, también. 

Desperté con una fuerte luz blanca entrando por la ventana. El brazo de Jack rodeándome la cintura, y las mantas de la cama desordenadas por encima nuestro. Me moví apenas, no quería levantarme. Maldije al sol por llegar, de ser posible, me quería quedar en anoche por siempre. Pero el celular de Jack comenzó a sonar, levantándonos definitivamente a los dos. 

—¿Aló? —respondió con la voz adormilada—. Sí. Se le rompió. Sí. Te doy con ella. —me entregó el celular a mí. Lo tomé confundida. Me apoyé en el respaldo y luego de un bostezo hablé:

—¿Diga? 

—Emma, soy Marc.

—¿Marc? 

¿En qué momento habían intercambiado números con Jack? sin duda son raros los hombres. Tomé mi bata y caminé por el pasillo hasta el ventanal de la sala. 

—Así que se te rompió el celular de nuevo. ¿Esta vez cómo? 

—Larga historia. Pero en resumen, fue culpa de una tormenta de nieve. —Lo escuché suspirar del otro lado—. ¿Y tú? ¿Cómo va el entrenamiento? 

—Bien, bien. Este finde tenemos un amistoso. 

—Genial. ¿Y Ethan? 

—Está entusiasmado con sus clases. Apenas nos vemos ahora. Nuestros horarios no calzan. 

—Ya veo… 

—¿Y tu? —Abrí el ventanal para salir al balcón. Me rodeé la cintura con el brazo desocupado apenas sentí la brisa helada. Era un día soleado muy hermoso—. Bien… 

—¿Y Nolan? traté de hablar con Et sobre eso, pero fue inútil. 

—Lo sé. No te preocupes por eso. Entiendo la posición de Ethan también. Pero, —miré hacia atrás por si Jack estaba por ahí paseándose—. Sólo quiero que sepan los dos que decidí perdonarlo hace tiempo, y porque era lo mejor para mí. Ahora también, creo que fue una oportunidad para superarlo definitivamente.

—Ya veo. 

—Pero después de este viaje no lo veré más. —lo dije y enseguida dudé de ello. ¿En serio será así? no me sorprendería encontrarlo en el siguiente país al que vayamos. 

Hablamos unos minutos más sobre su vida allá, mi vida acá, nuestras familias, etcétera. Cuando entré a la sala, vi a Jack caminando apresurado con el cabello mojado. Se había duchado y vestido rápidamente. Fui hasta él y le entregué el celular. 

—¿A dónde vas? —pregunté. 

—Ah. Ayer queríamos subir con Mía al risco de la muerte. Pero el clima empeoró y no pudimos. Dijimos que si hoy estaba soleado iríamos. —Se escuchó el timbre y luego la voz de Mía. ¡Jackson! ¡¿Estás listo?! Jack fue a la entrada a abrirle.

—Hoy sí. —le dijo. Me miró atrás y sonrió—. Hola Emma. 

Sentí una sensación extraña al ver su sonrisa al cruzar miradas conmigo y no su expresión de superioridad y busca peleas, de la cual estaba acostumbrada.

—Hola Mía. —respondí. Jack nos miró a las dos extrañado. 

—¿Vamos? —propuso. La rubia asintió. Besó mi cabeza antes de irse—. Volvemos pronto. 

Luego se fueron. Me quedé de pie en el umbral mirando hacia la puerta de enfrente. ¿Ryan estará durmiendo? entré y me di una larga ducha en la tina. Aproveché el momento para ponerme mascarillas faciales, depilarme y escuchar música bien fuerte. Luego me vestí y bajé a desayunar al lobby. Tomé un plato y me posicioné en la fila para sacar algo de fruta. 

—Qué hay. 

Era la voz de Ryan, completamente diferenciable entre medio del alemán que nos rodeaba. Estaba a mi lado con una sudadera casual, un plato vacío en mano y —por supuesto— una sonrisa. 

—Hola. —respondí, mientras me servía algunas fresas. 

—Los demás fueron al “risco de la muerte” —comentó, poniendo un efecto tenebroso a su voz. 

—Eso parece. 

 Seguimos avanzando hasta llegar a los bebestibles. Saqué un jugo de naranja y me serví algo de cereal. Ryan me siguió, nos sentamos en una de las mesas vacías. Ya era algo tarde para el desayuno, y no quedaban muchas personas además de nosotros. Tomé un sorbo de mi jugo natural emitiendo un sonido de satisfacción. 

—¿No quieres ir? —preguntó de repente. Levanté las cejas mientras mordía una fresa—. A la nieve. 

—Mm… ¿Tú quieres? 

—Quizá ¿A pasear?

Asentí y él también. Y en pocos minutos terminamos los dos caminando entre la nieve. La ruta estaba marcada con luces en el suelo, (aunque ahora apagadas) hacia el centro de esquí. Ryan me contó que Mía quería ir a bailar a una disco que se encontraba a unos kilómetros de aquí. Y que trataría de convencer a Jack para que vayamos todos. Se me hacía difícil creer que hubiera tantos lugares turísticos en medio del bosque. Y aunque no esperaba la gran cosa, me pareció divertida la idea de ir a bailar. La última vez que lo hice fue con Ethan y Marc. Ósea, hace meses. Y pensar en que tal vez, sólo tal vez podría ver a Jack bailando, me emocionó. ¿Cómo sería eso? ni siquiera podía imaginarlo. Me perdí en mis pensamientos cuando una bola de nieve chocó contra mi cabeza. Volteé furiosa. Ryan se reía estruendosamente. Me acerqué a él sigilosa mientras me agachaba a juntar mi venganza. 

—No… ¡No! —exclamó señalándome con su dedo como si fuese un perro. Esbocé una sonrisita malvada. Nos miramos unos segundos sin movernos, apenas su pie crujió en el hielo, salí corriendo a perseguirlo. La nieve chocó perfectamente en su nuca, sonreí orgullosa con mi puntería. Ryan sin siquiera sacudirse el cabello, se agachó a juntar una monstruosa bola gigante.

—¡Hey eso es demasiado! —me quejé entre risas. 

—¡Tu lo pediste!  —se levantó cargando esa avalancha entre sus brazos. Corrí como pude enterrando mis botas en la blancura. 

—¡Yo no pedí nada! —lloriquee, correteamos como si estuviésemos jugando a la pinta. Noté que algunas personas nos estaban mirando. Cuando estaba justo frente a mí lo afirme de los brazos para que no lanzara la nieve—. Ryan no lo hagas, es muy grande me va a doler. 

—Emma debo hacerlo. Ya no siento las manos. 

La acumulación de nieve estaba justo encima de nosotros. Ambos teníamos la nariz roja y la respiración alterada. Me miró con una sonrisa y luego ladeó la cabeza juguetón. Mierda no. Movió su brazo soltándose rápidamente de mi agarre, pero antes de que la bola de nieve cayera sobre mi cabeza, la golpeé con las manos haciendo que explotara todo arriba de nosotros. El hielo cayó como si fuera una nube blanca. Entre las risas y la gente viéndonos, sentí que fue un momento en cámara lenta. Teníamos el cabello repleto de nieve, y nos empujamos mutuamente culpándonos de ello. 

A veces lo pensaba. Es difícil desechar traumas. La gente suele decirte, sigue adelante. Superalo. Pero no es tan fácil como suena. A veces, sólo a veces, pensaba en eso de nuevo. Y me odiaba por ello. ¿Me habrán faltado citas al psicólogo? ya pasó más de un año. ¿Entonces por qué? entendí que la mente humana es muy delicada. Y si tenía esa conclusión conmigo, no me imaginaba cómo sería para él. Podía entenderlo, quería protegerlo. Ese miedo que tiene, y el hecho de por qué no quiere acercarse más a mí, a pesar de que a veces se notaba que quería hacerlo. Para mí era lo mismo. Estamos iguales en eso Ryan. Pero yo no tengo miedo.

Fue una mala idea

—¿Cómo convenciste a Jack? —pregunté, tratando de no pestañear mientras Mía me delineaba. 

—No fue tan difícil en realidad. Sólo le dije que tú querías ir. 

—Qué mentira. —se alejó de mí y me miró atenta. Sacó una paleta de highlight de su estuche y comenzó a palpar con una brocha. 

—¿No quieres entonces? 

—No lo digo por eso… —murmuré. Deslizó la brocha en mis pómulos y asintió orgullosa. 

—Perfecta. Vamos a divertirnos. 

Lo más raro de esto no era que me maquillara para salir cuando nunca lo hago, ni tampoco que mi ex enemiga se ofreciera, además de prestarme ropa y darme consejos como ex modelo. Sino que nosotros cuatro iríamos a bailar juntos. ¿Podía ser más raro que eso? sigo sin acostumbrarme, y de no ser por Jack y Ryan, podríamos ser todos amigos y ser estas unas vacaciones normales. Pero no era así, nos relacionábamos de maneras pocos usuales e incluso algo tóxicas. Teníamos un pasado: yo, Ryan, Mía. E incluso Jack. Hubo odio, amor, celos y ahora una paz completamente inestable. Sólo deseaba poder terminar la noche sin problemas.

Me detuve algo confundida al ver el espejo. ¿Esa soy yo? mis pestañas eran mucho más largas de lo que recordaba. Mi blanca piel brillaba, haciendo resaltar mis labios rojos. Nunca en mi vida había estado así de maquillada. Y debo admitir que me veía increíble. Mía tiene experiencia, se nota. La blusa negra ajustada que me había prestado hacía ver mi cintura diminuta y con los jeans mis curvas se marcaban como una s perfecta. Llegó detrás de mí y posó sus manos en mis hombros. Ella llevaba su largo cabello rubio en una cola alta y unos aros de argollas enormes. Más una blusa dorada con escote y unos jeans negros. Se veía hermosa. Su maquillaje le alargaban la mirada, y sus cejas arqueadas parecían no terminar en su pequeño rostro. 

—¿Por qué me miras así? —preguntó, pasando sus manos por mi cabello. 

—Te ves muy linda. —admití. Bajó los brazos y ladeó la cabeza. 

—Tu también. —deslizó un mechón de pelo detrás de mi oreja y sonrió—. Eres preciosa Emma. Así no pongas esa expresión de perro mojado. Debes tener más confianza y aprovechar todo lo que tienes. Las dos somos las putas reinas de acá. Y vamos a hacer que esos boxeadores se mojen los pantalones al vernos. ¿Okey? 

Solté una risita con sus palabras. Luego enderecé mis hombros y asentí. 

—Vamos. 

Me tomó de la mano mientras caminábamos por el pasillo. Recordé los ojos de Jack cuando llegaron con Mía del esquí. Ryan estaba a mi lado de nuevo. Habíamos entrado a tomar un café luego de mojarnos con la nieve. Pero esta vez pareció no importarle. Sonreía mientras hablaba con Mía. El risco de la muerte había sido muy divertido al parecer. 

Llegamos hasta la sala donde nos esperaban los hombres. Jack estaba sentado en el sillón con sus manos entrelazadas debajo de su mentón. Y Ryan apoyado en la puerta de brazos cruzados. Ambos con camisa, simple, pero sin duda guapos. Parecía que estuviesen esperando los resultados de una operación por la seriedad en sus rostros. De seguro los dos ni siquiera habían intercambiado palabras mientras nosotras nos arreglábamos. Ryan fue el primero en vernos, enseguida Jack se levantó. Sus ojos se agrandaron al verme. Recorrió mi cuerpo y luego se detuvo en mi rostro. Sonrió con ternura. Estaba por decir algo, pero el rubio saltó primero.

—¡Se ven bellísimas! —exclamó emocionado.

—¡Lo sé! —gritó Mía de vuelta. Soltó mi mano para tomar el brazo de Ryan—. ¿Nos vamos? 

El camino era exactamente lo mismo que al principio. Nieve y árboles. La diferencia era que esta vez no había tormenta. Miré por la ventana esperando encontrar alguna señal de vida no vegetal. Parecía un broma que hubiese una disco cerca de aquí. 

—¿Mía estás segura de que es por aquí? —pregunté preocupada cuando ya llevábamos 10 minutos en el auto. 

—¡Que sí! según maps en 5 minutos llegamos. 

No esperaba mucho, quizá una cabaña con una pista de baile y algo de alcohol. Pero tal como dijo Mía, en unos minutos vimos a la lejanía un edificio brillante y de espejos. Moderno y bellísimo, parecía un portal al futuro en medio del bosque. Eran varios pisos, tenía luces de colores por fuera que iluminaban el cristal. Además de un enorme estacionamiento repleto de autos. ¿De dónde salió tanta gente? apoyé mis manos en la ventana sorprendida mientras Jack se estacionaba. 

—¿Cómo supiste de este lugar? —preguntó Ryan a Mía. 

—¡Es un must come de Alemania! es bastante nuevo y moderno. Además dicen que sirven unos tragos deliciosos. 

—Ah entonces tú querías venir aquí, no al centro de esquí. 

—Ambos, claro. 

Llegamos a la entrada con puertas de vidrio que se abrieron automáticamente cuando nos acercamos. Dentro nos esperaban cuatro guardias gigantones. La música se escuchaba fuerte detrás. Nos pidieron la identificación y luego nos hicieron pasar por otras puertas deslizantes con alfombra de terciopelo. Las luces iban en todas direcciones. Había un bar enorme con una vitrina —también de vidrio— repleta de distintos tipos de alcohol. Algunas mesas y mucha gente en todas partes. Algunos bebiendo y otros bailando. 

—¡A BEBER! —Exclamó Mía emocionada, perdiéndose rápidamente entre las personas hacia la barra. 

—¡Mía! 

Ryan la siguió luego de llamarla inútilmente opacado por el ruido. Miré a Jack a mi lado y sonreí. Se acercó a mi oído y habló: ¿Quieres ver los otros pisos? asentí entusiasmada y tomé su mano. Caminamos por las escaleras de vidrio, me dio cierto nervios poder ver hacia abajo. Este lugar se llamaba “Kristall” y se entiende enseguida por cómo está construido. Fuimos con Jack hasta el séptimo piso, el último y el único con un balcón de vidrio, al que fuimos a tomar aire fresco luego de comprar unos tragos de colores. 

—¿Cuándo es tu pelea? —pregunté de repente. 

—Quince de marzo. 

Abrí mis ojos y bajé mi copa hasta mis caderas. 

—Eso es en una semana… 

Él asintió despacio. Mordí mi labio y me perdí en la vista oscura del bosque. Un viento helado corrió y sentí la necesidad de terminar mi trago rápidamente. Mi garganta ardió con lo fuerte que era, ni siquiera sabía qué estaba tomando, pero de todas formas me gustó. Tenía un toque a menta. 

—¡Voy por otro! —anuncié, apresurándome por entrar a la sala. Esquivé a la gente para llegar hasta el bar. Me senté en una de las sillas altas y giratorias y llamé al bartender. Le extendí el vaso y le expliqué que quería otro igual. Tenía un bigote rubio que me quedé observando mientras él analizaba mis gestos de extranjera. Finalmente asintió, tomó mi copa y se fue atrás a sacar unas botellas de vidrio de distintos contenidos de colores. Me tomé la cabeza abrumada. Las intensas ganas que tenía de bailar y besar a Jack hace unos minutos habían desaparecido. Y no lograba entender por qué. Son pocas las oportunidades como ésta que tengo, cuando volvamos a Berlín él estaría más ocupado que nunca con las entrevistas, conferencias y todas esas cosas de boxeador. Sería su primera pelea de pesos pesados a nivel internacional. ¡Y con Alex por dios! los vi muchas veces entrenar, pero era difícil imaginarlos en una pelea real, y tan importante. Debía aprovechar este momento que Mía había creado. Por fin estábamos solos, por fin estaba lejos del rubiecito ese, y sin embargo me escapo. Llegó mi trago multicolor y recién entonces me di cuenta que no tenía dinero conmigo. El bartender me miró esperando. Giré mi cabeza hacia el balcón en busca de Jack, pero no podía verlo desde allí—. Yo… 

—No te preocupes. —dijo con una sonrisa. Se señaló a sí mismo y me guiñó el ojo. Se alejó enseguida para atender a otra persona. ¿Acaso me acababa de invitar un trago? bueno, si insiste… me levanté y caminé en busca de mi novio. La música era electrónica, me moví al ritmo a través de las personas mientras bebía mi trago. Unos chicos me miraban atentamente. Me hicieron señales para que fuera con ellos. Negué con la cabeza y luego con mi dedo. Seguían insistiendo, por lo que tuve que escapar. Antes de poder llegar al balcón mi copa estaba vacía. 

—¡Hey! ¡¿Quién se tomó esto?! —exclamé indignada. Miré hacia los lados y bufé. Fui yo, al parecer. Mis piernas estaban más débiles que antes, mi cabeza daba vueltas y tuve que afirmarme en la puerta para no chocar de cabeza contra el vidrio. ¿Qué mierda bebí? no quería terminar vomitando sobre Jack de nuevo. Me asomé para luego notar que el balcón estaba vacío. ¿Jack se fue? me moví confundida de vuelta a la multitud. Quizá fue al baño. Sí. Unos hombres me rodearon, y podía jurar que eran los de recién. 

—¡Tanz mit uns! —me dijo uno al oído. ¿Qué mierda dijeron? 

—¡No sé alemán! —grité y me di vuelta para huir de ahí. Me tomaron de la muñeca para detenerme.

—¡Es ist ok! —gritó otro, haciendo una señal de ok con el dedo. Todos me miraban ilusionados, uno de ellos me ofreció su vaso con alcohol. Negué con la cabeza. 

—¡No, no, no! No, gracias. ¡Adiós! —grité moviendo mis manos de un lado a otro. Escapé de allí lo más pronto posible. Tengo que encontrar a Jack. 

Bajé por las escaleras de cristal hasta el piso de abajo donde estaban los baños. Cada paso fue realmente complicado, de repente el vértigo y la curadera me afectaron y tuve que afirmarme con ambas manos sobre el barandal. Un chico se venía subiendo me extendió la mano y me dijo alemán, que —obviamente— no entendí. 

—¡No gracias estoy bien! —exclamé furiosa. Él levantó los brazos sorprendido y se fue. ¿Que no puede una chica ebria bajar sola por las escaleras? después de lo que pareció una eternidad, llegué por fin al sexto piso. Las luces cambiando de color no ayudaban a mi vista a encontrar a Jack. Me moví evitando entrar a la pista de baile. No lo veía por ninguna parte y comenzaba a desesperarme. Pésimo momento para no tener celular. Alguien me tocó el hombro haciéndome voltear con cara de mala enseguida. Ya no quería que nadie se me acercara. Me sorprendí enormemente al notar que era Mía. 

—¡Hey tranquila amiga! —exclamó con una mano en el aire y la otra sosteniendo una copa. La abracé con fuerzas asustándola. Me separé y grité al cielo. 

—¡Al fin! 

—¿Qué no estabas con Jack? —me preguntó gritando. 

—¡Nos separamos! —asintió con desinterés. Tomó un trago de su bebida y se movió al son de la música—. ¡¿Y Ryan?! 

—¡Se me perdió! ¡¿Pero qué importa?! ¡¿Quién necesita a hombres en estos tiempos?! —me tomó la mano y me guio por la gente. Llegamos hasta la barra, el joven que atendía sonrió enseguida al ver a Mía, parecía como si ya la conociese—. ¡Zwei deiner besten Getränke! ¡Etwas Süßes! —le dijo en un alemán perfecto haciendo que él asintiera rápidamente. Abrí mis ojos como platos. 

—Así que sabes alemán. —exclamé sorprendida. 

—¡Claro! Ryan no me trajo hasta aquí por nada.  

—Pensé que tú lo habías seguido. 

Se encogió de hombros. 

—Cómo sea. —terminó su trago al seco y suspiró. En un minuto llegó el bartender con dos vasos grandes de color lila. Mía le agradeció y me extendió uno—. ¡Salud! —choqué mi vaso contra el suyo y olí el contenido algo confundida. 

—¡¿Qué es eso?! 

—¡Bebe y calla! 

La rubia se acabó el contenido en segundos, y luego de un sonido de satisfacción me miró y levantó las cejas. Comencé a beber apresurada. Me sorprendió lo dulce que era. La imité y me terminé el vaso con todo el esfuerzo del mundo. El bartender nos miró sorprendido. Mía le guiñó el ojo y me tomó de la mano. Me arrastró hasta en medio de la pista de baile. El tun tun un un retumbaba en mis oídos. Había un DJ sobre un escenario controlando la música. Mía se movía con tal facilidad que sentí que todo el mundo allí la miraba, incluyéndome. Me tomó de las manos y me hizo girar. 

—¡Todos te están mirando! —le dije al oído. 

—¡Nos están mirando! —Me corrigió haciéndome sonreír—. ¿No querías bailar? —Tenía razón. Si sigo buscando a Jack se me iría la noche en eso. La seguí y di vueltas con mis manos en el aire. Moviendo mis caderas y bajando, como lo hacía con mis amigos. Sentí que había cientos de ojos sobre nosotras, y no me importó. Me reí, salté y bailé con Mía está que una gota de sudor me cayó por la frente. Hace mucho no me divertía así. Pasó la hora y olvidé: Jack debía estar buscándome. 

Impulso

Fuimos al baño luego de quedar agotadas con tanto baile. Salí tambaleándome hasta el espejo. Mi maquillaje seguía intacto, y yo me seguía viendo bien. Lavé mis manos y ordené mi cabello. Salí buscando a Mía y la encontré en el pasillo hablando por teléfono. Cuando me acerqué ya había colgado. 

—¿Quién era? —pregunté. Ella bajó su celular y me miró unos segundos. 

—Era Jack. Te está buscando. 

—¿Enserio? ¿Dónde está? 

—Tercer piso. En los sillones. 

—Vale, ¡Iré por él! —anuncié emocionada, la rubia tomó mi mano para detenerme. Volteé confundida. Me penetró con sus ojos azules y negó con la cabeza. 

—¿Estás bien? Para ir sola. 

—¡Sí, sí! ¡Ya no estoy tan ebria! ¡No te preocupes!

Luego de verla asentir, corrí hacia las escaleras de cristal. Esta vez las bajé con más confianza. Tenía los sentimientos en la comisura de los labios. Mi estado de ánimo cambió drásticamente luego de divertirme con Mía. Creo que es una persona que me puede enseñar mucho. Es increíblemente inteligente, aunque a primera vista no lo parezca. Independiente y con una gran personalidad. Sin duda me gustaría ser así. Amarme tanto, que pueda mantenerme firme ante cualquier persona o situación. Poder decir más lo que pienso. Arreglar mi enredo mental y seguir mi propio camino. Lo haría. Podía ser más sincera. Pensé todo esto mientras buscaba a mi novio boxeador. Ya en el tercer piso seguí el pasillo hacia la sala de sillones. Mientras caminaba por la alfombra la música se iba alejando cada vez más. Ahora entiendo por qué Jack vino aquí. Debe estar cansado de tanto ruido y gente, ésto no es lo suyo después de todo. —¿Cómo convenciste a Jack? —No fue tan difícil en realidad. Sólo le dije que tú querías ir. Sentí un nudo en la garganta. Quería tomarlo entre mis manos y besarlo por largos minutos. Abrí la puerta para encontrarme con una habitación vacía. Varios sillones y un gran ventanal a un costado. Supuse que habría varios ebrios más además de nosotros. Pero ni ellos ni Jack estaban allí. ¿Me habré equivocado de piso? estaba por devolverme por la puerta cuando un pecho musculoso apareció frente a mí. 

—¡Jack… —no alcancé a terminar cuando vi esos ojos verdes sobre los míos. 

—¿Emma? 

—¿Ryan? 

Parecía igual de confundido que yo. Recorrí la habitación con la mirada para luego ladear la cabeza. 

—¿Qué haces aquí? —pregunté achicando los ojos. 

—¿Y tú? ¿Dónde está Mía? 

—Estuve con ella recién, se quedó en el piso de arriba. ¿Y Jack? 

—Me lo topé hace poco. Estaba buscándote. 

Cerré los ojos. Me dolía la cabeza. Al abrirlos, me apresuré para irme por la puerta. 

—Iré a buscarlo. 

—Emma espera. —Me detuve en el umbral. Volteé a verlo y él hizo lo mismo—. Sé que quizá no sea el momento. Pero quería hablar contigo y ahora que te encuentro aquí, siento que debo aprovechar la oportunidad. 

Mi corazón latía rápido. ¿Qué sería? podía imaginar mil cosas y al mismo tiempo nada en particular. Debía ser algo importante, porque se notaba su nerviosismo. Me acerqué un paso para quedar frente a él. Tuve que estirar el cuello para encontrarme con ese verde opaco. 

—¿Qué es? —pregunté. Él sonrió. Bajó la cabeza y rascó su nuca. 

—Mía me contó. Que hablaron de mí. —Esta vez fui yo quien desvió la mirada. ¿Enserio le cuenta todo?—. Ya lo sabes. Ese soy yo. —volví a su rostro y apreté mis labios con frustración. Su expresión estaba llena de resignación y tristeza—. Te dije que quería ser tu amigo. —soltó una risita y suspiró—. Por eso, sabía que debía decirte la verdad. Quería borrar el pasado y seguir adelante. Sentí la necesidad de compensarte de alguna forma lo que te hice, pero... pero al final ese es mi verdadero yo. 

Vi sus ojos ponerse vidriosos y negué con la cabeza. 

—Eso no es cierto. 

—Me convertí en eso hace años. Y aunque pensé que lo tenía controlado, cuando te conocí yo…—se detuvo de repente. Mi corazón latía como loco. Sonrió con nostalgia y luego siguió—. No sé qué me pasó en realidad. Sólo sé que mi yo del pasado apareció de nuevo. Y se mostró delante tuyo, esa noche. Tal vez te deseaba mucho, y eso sacó lo peor de mí. —sentí mis labios secarse. Mi cuerpo entero se paralizó—. En serio creí que lo había superado. Que te había superado. Pero aún tengo miedo. Me da miedo hacerte algo malo Emma. —Su voz se quebró al decirlo. Negué con la cabeza reiteradas veces, pero mi voz no quería salir—. Sigo pensando que encontrarte en ese cruce, aquí en Alemania, fue mi segunda oportunidad. Una oportunidad que creí que jamás vendría, una, para terminar las cosas de mejor manera. Y para siempre. 

—No… —suspiré apenas. Mis ojos ardían. Él parecía que estaba a punto de llorar, y eso provocó un dolor horrible en el pecho. 

—Después de esto no nos veremos más. 

—No tiene por qué ser así. —me acerqué más, haciendo que él retrocediera enseguida. 

—Es mejor que no te me acerques Emma. 

—No tengo miedo. —avancé otro paso, y él retrocedió otro. 

—Yo sí. 

Me acerqué más. Miré sus ojos verdes temerosos y posé mis manos en sus mejillas. 

—Ryan mírame. —pedí. Tomó aire antes de hacerme caso. Lo vi morder su labio mientras deslicé mis dedos por sus pómulos—. No vas a hacerme nada malo. 

—¿Cómo lo sabes? —susurró apenas. Sonreí. Porque no era la única con miedos, con traumas. Todo este tiempo pensé que yo era la que peor lo había pasado. Cuando en realidad recibí ayuda de todos lados y hay personas que no tienen esa fortuna. Para mí ese momento se quedó hace dos veranos, cuando había sucedido. Pero para Ryan continuaba. Un interminable verano confuso y doloroso que seguía ardiendo a pesar de que ahora estábamos rodeados de nieve. Tomé su mano temblorosa y la llevé hasta mi rostro.

—Sólo lo sé. Porque confío en ti. 

—Emma… 

—Quiero que tú confíes también. 

Asintió con la cabeza, cerrando sus ojos con fuerza dejando caer una lágrima rodar por sus mejillas. La limpié rápidamente con mi pulgar. Acerqué mis labios para posarlos tímidamente con los suyos. No sé por qué lo hice. Fue un impulso. Dejé de pensar en ese momento. Así como mis miedos irracionales desaparecieron, se llevaron consigo mis pensamientos racionales también. Me separé para ver su reacción. Ni se inmutó. Estaba tan sorprendido que me dio ternura. Pegué mi cuerpo al suyo entrelazando mis manos en su nuca. Cerré los ojos y lo besé de nuevo. Esta vez él me siguió. Posó sus manos avergonzadas en mi cintura. Por fin me tocaba. Y qué bien se sentía. Fue cálido. Dulce. Y torpe. Pero escondíamos más que sólo deseos y pasiones. Esto implicaba dejar atrás los recuerdos dolorosos. Era compartir lo bueno y lo malo. Entendernos y sentirnos reconfortados solo con saber que nadie más que nosotros lo sabía. Lo vivía como nosotros. Una corriente eléctrica recorrió todo mi cuerpo. Y no dudé ningún segundo que él sentía lo mismo. Me sentía segura. Y muy a gusto a su lado. No pensé en las consecuencias. Si esto era tóxico o no, si estoy loca o no. No me preocupó porque sabía que estábamos juntos en esto. Y por igual. Fue incluso más de lo que podría describir con palabras. Era prohibido, pero fue mágico. Eso fue nuestro beso. 

Me obligué a alejarme de él cuando ya había pasado demasiado tiempo. Mi cabeza ardía. Mi corazón latía como loco. Pasé mis manos por mis brazos en un intento de calmar mi piel erizada. Ryan se sentó en el borde del sillón. Suspiró y tomó mis manos. Nos miramos unos segundos. Sus labios habían quedado rojos. Y tuve que tragarme las ganas de volver a besarlos porque  no podría separarme más. Me miró desde abajo y sonrió. 

—¿Te vas a ir? —preguntó. Con su mirada llena de ilusión. Ladeé la cabeza rendida. 

—Debo irme. Jack debe estar preocupado. 

Soltó una risita irónica y levantó las cejas. 

—¿Me besas así y luego regresas con tu novio? —Apreté mis labios de la frustración. ¿Qué otra cosa podía hacer? Ryan bajó la cabeza, jugueteó con mis uñas largas y luego soltó mis manos—. ¿Le vas a decir? 

Miré hacia el ventanal y ordené mi cabello. Las estrellas brillaban en esa noche tan oscura. Volví a sus ojos verdes y sonreí inevitablemente. 

—Debería. 

Pasó su lengua por sus labios y asintió con pereza. 

—Espero que sea después de que llegamos al hotel, porque él me lleva en su auto. 

Me reí con sus palabras. Agaché mi cabeza y lo tomé de la barbilla para darle un último beso. Cerré mis ojos con fuerza y me alejé súbitamente, dejándolo con un gesto de súplica. 

—Debo irme. —repetí. Él tomó mi mano para evitarlo. 

—Dímelo ya. Dime que esto sólo fue una vez. Que fue un error. Que volverás con él y que lo olvidemos. Prefiero escucharlo ahora, que me duela ahora para no ilusionarme más. 

—Ryan… 

—Yo no tengo esa fuerza de voluntad. 

—Yo fuí la que te besó. —le recordé. Sonrió plácidamente y asintió. 

—Sí…—Su celular comenzó a sonar y nos asustó a los dos. Fue como una bofetada a la realidad. Lo sacó de su bolsillo y dudó al ver la pantalla—. Es Mía.

—¡Pues responde! 

En ese momento entendí que no sólo había sido una pésima novia, sino una amiga horrible. Sin importar la seriedad de su relación, Mía lo amaba mucho. Me lo confesó. Fue sincera conmigo, me ayudó y defendió. Y ahora culpa me carcomía. ¿Qué acababa de hacer? me tomé la cabeza angustiada. —Sí… sí. Vale. Ya vamos. —Ryan terminó la llamada y se levantó, quedando nuevamente a una cabeza sobre la mía. 

—Mía está con Jack. —anunció. Levanté mis cejas y pestañeé varias veces—. Ya nos vamos. 

Bajamos las escaleras en silencio. De repente eran las 3 de la mañana. Lo que significaba que realmente perdimos la noción del tiempo allí adentro. Y la noche había terminado sin siquiera haber podido bailar una canción con Jack. Y sin embargo no me arrepentía. Observé la espalda de Ryan delante de mí y todo lo que quería en ese momento era lanzarme sobre él y poder besarlo una vez más. Sentir esa corriente eléctrica recorrer mi cuerpo, sus manos tocándome con delicadeza y su corazón latir apresurado junto al mío. Estaba realmente mal. Volteó a verme con una sonrisa cuando llegamos al primer piso. Y mi corazón se estrujó. Y recién entonces me di cuenta. Esta sensación siempre estuvo. Sólo que la tenía encerrada bajo llave en algún rincón oscuro y no lo quería dejar salir. Ahora lo sé. Pero nada cambiaría. 

Mía y Jack nos esperaban en la entrada. Sentí que debía dar explicaciones, pero ellos parecían de buen humor. Y la única pregunta que recibí de parte de Jack fue un: ¿Te divertiste? 

Incluso estar sentada a su lado en el auto fue doloroso. ¿Cómo le diría? ¿Cómo reaccionaría? ¿Lo golpearía a él? ¿Me odiaría a mí? llegamos al hotel luego de media hora. Mía tomó a Ryan del brazo desde que entramos hasta que nos despedimos en la puerta de enfrente. 

Me dejé caer en la cama con un nudo en la garganta mientras Jack se sacaba la camisa. 

—Era muy lindo el lugar. —comentó. 

—Perdón por desaparecer así. —solté. Se detuvo a mirarme luego de ponerse su camiseta. Rodeó la cama y se sentó al otro lado. 

—No te preocupes. Estoy feliz de que hayas divertido con Mía. —abrí mis ojos como platos. Me miró con una sonrisa y siguió—. Te cansaste de bailar y fuiste a reposar a los sillones ¿No? 

Mi garganta se secó. ¿Eso era lo que Mía le había dicho? ahora que lo pienso, ¿No fue Mía la que me dijo que Jack estaba en esa sala? Pero él que llegó fue Ryan, no él. ¿Entonces por qué? ¿Por qué mintió? mis manos temblaban. Las estrujé en un intento de calmarlas antes de hablar:

—¿Tu llamaste a Mía? ¿En la disco? —pregunté tratando de sonar natural. Jack juntó las cejas. 

—No tengo su número. —En ese momento me corazón se detuvo unos segundos. Lo sabía. Por mucho que se hayan llevado bien, Jack no da el número tan fácilmente. ¿Entonces quién la llamó? ¿Ryan? ¿Planearon todo esto juntos? no tenía sentido. ¿Acaso fingió toda la llamada?—. Me la encontré de casualidad mientras te buscaba. Y nos quedamos un rato conversando. 

Terminé asintiendo para acabar la conversación ahí. Apoyé mi cabeza en la almohada. Jack apagó la luz sin preguntarme nada más. Estaba agotada, y sin embargo no fue fácil quedarme dormida esa noche. Tenía demasiadas cosas en las que pensar. Y cada vez me sentía más y más confundida. Mañana iría a hablar con Mía.

Corazón roto

Último día. Hoy iríamos a unas termas al aire libre que están cerca del hotel. Nos encontramos los cuatro en el lobby para desayunar. Nadie parecía diferente, sentí que yo era la única rara después de lo de ayer. Evité mirar a los ojos a Ryan, y me sentí incómoda cuando Mía me miraba. ¿Cómo es que los adultos pueden fingir tan bien? incluso cuando Jack me tomaba la mano yo empezaba a gritar internamente. ¿Cómo lo hace la gente que tiene amantes? yo con un solo beso quería llorar y confesarle todo. Y lo haría. Le tenía que decir. Y si no lo hacía ahora, no tendría tiempo cuando volvamos a Berlín porque estará muy ocupado con su pelea. Mierda. ¿Y si por mi culpa lo desconcentro en su pelea? ¿Y si pierde por mí? ¿No sería mejor decirle una vez que termine? entonces no me sentiría tan culpable. Eso implicaba una semana más guardando este secreto que al día siguiente ya me estaba matando. No sería fácil. 

A penas me quedé a solas con Mía en los vestidores sentí que debía decirle. Me saqué la camiseta y le dejé en los casilleros. 

—¿Pasó algo ayer? —preguntó de repente. Me crispé del susto. Ella posó sus manos en mi espalda para ayudarme a abrochar mi bikini. 

—¿Por qué lo dices? 

—Ryan no quiso besarme ayer. —admitió. Me di vuelta con un gesto confundido. Ella bufó y se quitó los pantalones. Volteé de nuevo para no verla mientras se cambiaba—. Bueno, no es algo nuevo. Muchas veces me rechaza. Pero no sé. Me dio la impresión de que algo le había pasado. Precisamente luego de estar contigo. —me congelé del miedo. ¿Qué hago? ¿Le digo? le rompería el corazón. Tomé aire y hablé:

—Tú sabías… que estábamos juntos. 

—Sí. —admitió rápidamente. La miré confundida, ella mantuvo un gesto serio. Se cruzó de brazos juntando sus pechos en su sexy bikini azul—. Ryan me llamó. Me preguntó dónde estaba, pero en vez de ir yo, te envié a ti. 

Pestañeé varias veces sin entender nada. 

—¿Por qué harías eso? 

—Debes pensar que estoy loca. 

—Eso lo pensé desde el principio. 

—¿Pensaste que fue casualidad acaso? ¿Que era el destino? —soltó una risita irónica. Achiqué los ojos acusante—. Yo fui quien los juntó. ¿Por qué otra razón crees que me acercaría a Jackson? ¡Pues para dejarlos a ustedes solos! 

—¡Y por qué harías eso! —pregunté exasperada. Ella sonrió. 

—Tienes razón. No tiene ningún sentido considerando que estoy locamente enamorada de él. ¿Pero sabes? también fui su terapeuta. Yo sé todo sobre tí Emma. Sobre lo que él sentía por tí. —me apuntó con el dedo y luego suspiró—. Me quitaron el caso porque se dieron cuenta que yo sentía algo por él. Me dijeron incompetente por primera vez en mi vida. Pero no me importó. Todos esos años que trabajé para pagar mi carrera universitaria. Siempre fui la mejor y sin embargo boté a la basura todo mi esfuerzo. Abandoné mi prestigioso trabajo por él. ¡Todo por él! —sus ojos se volvieron vidriosos—. Y aun cuando pasaba el tiempo, y era yo la que estaba a su lado siempre, sabía que él pensaba en ti. Y sabía también, que jamás superaría su trauma y su doble personalidad si no te superaba a ti. Por eso los junte. Porque quería que él dejara sus miedos. Y sanara su corazón. Y me dolía que no fuera yo la que podía hacer eso, sino tú. Tú, tú, tú... ¡SIEMPRE TÚ MALDICIÓN! —gritó desordenando su cabello. Me alejé un paso chocando contra los casilleros—. Yo te odiaba antes de conocerte. Y lo que más molestó, fue ver que realmente eras una chica linda e inocente. Me enojó tanto. Me enojó tanto darme cuenta que en realidad comenzabas a caerme bien. 

—Mía…

—Así que sí. Estoy loca. Es su culpa que yo esté así. Y no creas que fue fácil. Me dolió en el alma verte con él. Pero sabía que era más efectivo que mil sesiones de terapia. Por eso lo hice. Y parece que funcionó. —Se acercó a mí y me tomó de las muñecas con fuerza—. Dime. Pasó algo entre ustedes ¿No es así? se nota. Ryan estaba feliz. Se nota. Se nota y me enferma no saber. ¡DÍMELO! —gritó en mi cara. Sacudí la cabeza y me solté de sus manos. 

—¡MÍA BASTA! —exclamé de vuelta. Sus ojos se convirtieron en un mar salvaje. Uno azul oscuro que se desbordó, dejando caer pedazos de él rodar por sus mejillas—. No pasó nada… —murmuré. Enseguida me miró con ilusión—. No pasó nada entre nosotros. Sólo hablamos. Solo hablamos, así que por favor… cálmate. —suspiré cansada. Ella cerró los ojos con fuerza, dejando caer sus lágrimas al piso. Su llanto incrementó, al mismo tiempo que su cuerpo caía de la debilidad, apoyando sus rodillas en las baldosas blancas. Tapó su rostro con sus manos y sollozó amargamente. Fue real. Su dolor fue tan real que lo sentí en la piel. Me agaché a su lado y deslicé mi mano por su espalda desnuda. Entendí entonces que por más fuerte que te veas, todos somos humanos. Incluso una terapeuta puede desplomarse así. A veces el amor da mucho miedo. Puede transformarnos, convertirnos en lo que más odiamos. Hacernos codiciosos, celosos y obsesivos. Lo que habíamos hecho pudo no haber sido nada. Pudo también haber sido mucho más. Pero fue lo suficiente para romperle el corazón a alguien de esta forma, aun cuando no conocía la verdad. La verdad terminaría de destruirla. Comprendí que no podíamos decirlo. Otra vez, sería nuestro secreto. Tendríamos que vivir con ello.  

Terminé de cambiarme para salir a las aguas termales. Entramos juntas, tratando de que los hombres no descubrieran todo lo que había pasado detrás de esas paredes. Entramos al agua caliente a su lado, Ryan se dio cuenta enseguida. Miró los ojos hinchados de Mía y me preguntó con la mirada qué había pasado. Bajé la cabeza. No podía decirle. Él tomó su mano por debajo del agua como consuelo. Mía tuvo que desviar la mirada para no largarse a llorar otra vez. Yo me acerqué a Jack. Posé mi cabeza en su hombro y cerré los ojos. Nuestro viaje estaba por terminar. Después de esto volveríamos a nuestras vidas y todo lo que sucedió aquí se convertiría solo en un recuerdo. 

Jack sabía. De nuevo lo sabía, pero no preguntó. Mía y yo no intercambiamos muchas palabras luego de lo de ayer. A Ryan ni lo miraba. Tal vez, no vernos más después de esto sea lo mejor para todos. Me sentí incómoda en todo momento. Todo lo que quería en ese momento era volver a Riverlight. Con mi mamá. Con mis amigos. Incluso deseé volver al instituto. Mi lugar seguro. Mi zona de confort. No nos podemos quedar allí toda la vida, lo normal es experimentar cosas, crecer, adaptarse y madurar. Pero no podía dejar de sentir que todo se fue a la mierda en tan pocos días. Y aún quedaba lo peor. Contarle a Jack. 

Sentía unas ganas inmensas de gritar. Como si mente estuviera al borde del colapso. Cerré mis ojos y apoyé mi cabeza en la ventana del auto. Luego de horas de viaje paramos en una estación de gasolina. Mientras algunos iban al baño y otros a comprar, yo me alejé hasta unos juegos para niños y me senté allí en un columpio. Era un día hermoso. Soleado, brillante y con mucho viento. Respiré profundo dejando entrar al aire por mis pulmones. Era una señal de que por fin este invierno eterno terminaría. La primavera estaba por llegar a Alemania. Y cuando llegara el momento, quería recibirla con una sonrisa. Con mi vida resuelta. 

—¿Estás bien? —abrí los ojos para encontrarme a Ryan mirándome desde arriba. Se sentó en el columpio de al lado y me miró esperando respuesta. Suspiré con pesadez. ¿Acaso Mía te envió? quise preguntar. Pero Ryan no sabe nada del loco plan psicológico que ella creó. ¿Cómo se sentiría al saberlo? Al final nada de eso es su culpa. 

—No lo sé. —Dije con desgana—. No sé qué hacer con mi vida. 

Me miró unos segundos y luego se levantó. 

—Yo sí sé. —Admitió orgulloso con sus manos en sus caderas—. Buscaré trabajo. Aunque es algo difícil para un ex convicto, encontraré algo que hacer. Y así me pagaré mis terapias. —miré sus ojos brillantes y sonreí—. Tenías razón Emma. Yo también debo confiar. Quiero estar bien. 

Mi corazón dio un vuelco al escucharlo. No me deja de sorprenderme su positividad. Mientras yo me encerré en los problemas, él ya está pensando en el futuro. En soluciones. Me levanté también y le di unas palmaditas a mis mejillas. Miré sus ojos amables y sonreí. 

—Yo también. Quiero encontrar algo que hacer. Y poder ser feliz con ello. —Se acercó a mí y posó su mano en mi cabeza para luego darme un beso en la frente. Enseguida me alejé asustada por si había alguien mirándonos—. Q-qué...

—Ya lo eres. 

Su sonrisa llena de tranquilidad me reconfortó. Sentí mis mejillas arder. Quise acercarme a él pero me detuve. Escuché la voz de Mía aproximarse y me encogí de hombros. Lo miré una última vez antes de caminar hacia el auto. Una hora después, habíamos llegado a Berlín.

De vuelta

Jack se bajó del auto para ayudar a los rubios con sus bolsas. Mía le dio las gracias y lo abrazó. Yo me quedé en el auto mientras veía a Ryan alejarse. Volteó a verme con una sonrisa melancólica, al mismo tiempo Jack volvía al auto y yo desviaba la mirada. Algo me molestó en mi pecho. No lo vería más. Quería despedirme y no podía hacerlo. Tuve que reprimir todas esas ganas porque estaba mal. No debía sentir eso por él. Y repetí eso en mi cabeza mil veces para tratar de convencerme. 

Llegamos al hotel y Maya nos recibió tan emocionada que se hizo pipí en la alfombra. La abracé con fuerzas. Jack la tomó en brazos y jugueteó con ella. Me dejé caer en el sillón con un suspiro. 

—Dale las gracias a Alex y Charlotte por cuidarla. —pedí. 

—Los invitaré a cenar. 

Se sentó a mi lado y tomó mi mano. Maya rápidamente saltó al sillón con nosotros. 

—¿No es algo raro que tu amigo de infancia sea tu próximo oponente? —pregunté curiosa. Jack levantó las cejas. 

—Bueno, sabíamos que iba a pasar en algún momento. —apretó su puño y sonrió—. Tengo muchas ganas de subir al ring. 

—Ya queda poco. 

—Sí. Después de la pelea nos iremos de Alemania. —abrí mis ojos como platos. 

—¿Y a dónde? 

—Rusia. Hace mucho tiempo que el campeón de allí me contactó. 

Asentí. Estiré mi cuello y solté aire. Otro país lejano y helado. Otro idioma que no sé. Justo cuando empezaba a decir bien hola y gracias en alemán. Después de esto sería real: no volvería a ver a Ryan. 

—Antes de eso… —puse mi mano sobre la suya y lo miré a los ojos—. Antes de irnos a Rusia, ¿Podríamos volver a Australia? una semana es suficiente. Me gustaría ver a mis amigos y a mi mamá… 

Jack sonrió. Beso mi frente con ternura y acarició mi cabeza. 

—Emma… no debes preguntarme eso. —aclaró. Ladeé mi cabeza confundida—. Puedes volver cuando quieras, y el tiempo que quieras. Aunque esta vez no creo poder acompañarte. Mi siguiente pelea es pronto, así que debo entrenar. Ya me puse de acuerdo con el campeón ruso, por eso. 

—No te preocupes. Volveré pronto. 

Tomó mi mano y la besó.

—Te compraré los pasajes. 

Tomé prestado el celular de Jack para llamar a Marc y avisarle. Llegaría a Sídney y me quedaría unos días allí. El resto del tiempo volvería a Riverlight con mi mamá. ¿Debería llevar a Maya conmigo? Estaba emocionada y me sentí algo tonta por no haberle preguntado a Jack antes. Esos días me servirían para distraerme y darme cuenta de nuevo quién es la persona que amo. Hoy por hoy mi cabeza era un lío. Y la nieve restante en las calles, los cruces en Berlín, todo me recordaban a él. Alemania ya no era lugar para mí. Este sábado sería la pelea de Jack y Alex y eso sería mi último recuerdo de aquí. 

Charlotte me entregó una bolsa con vestidos de alta costura. Lo tomé entre mis manos como si valiera oro, y eso era prácticamente su precio. 

—¿Pero por qué? —pregunté sorprendida—. Yo debería ser quién te regale algo. 

—¡Ay mi amor! No te preocupes. Te dije que te obsequiaría algunos de mis vestidos. Se aprovechan más en alguien tan bella. 

Giré mis ojos de la ternura. Abracé la bolsa con mis manos y le agradecí de nuevo. Jack me miró sonriendo. Fue nuestra última cena. Y el único momento en que pudimos compartir desde que llegamos de la nieve. He visto a Jack en entrevistas y conferencias. En anuncios en las calles y portadas de diario. Y me parecía increíble que era Alex fuera su contrincante. Me era difícil imaginarlos golpeándose. Y aquí estaban los dos, riéndose, cuando en dos días sería su pelea. Y quedé con Charlotte para ir a verla juntas. Por lo menos no estaría sola, aunque pensé que podría ser algo raro considerando que cada una estaría apoyando a sus respectivos novios. 

La mañana siguiente salí a pasear a Maya por la ciudad. Me detuve en un puente con vista al río. Vi pasar a los botes turísticos y apoyé mi cabeza en el barandal. El aire fresco corrió por mis mejillas, el sol era brillante e iluminaba las aguas de un turquesa azulado. Respiré profundo ese aire alemán que en pocas horas no volvería a sentir. 

—¿Esa es Maya? —la voz conocida me hizo voltear rápidamente. Una bella rubia con cola de caballo se acercó a nosotras y acarició la cabeza de mi perra. 

—Mía… 

Me miró de reojo, parecía ser que yo era la única sorprendida con nuestro encuentro. Sacó del bolsillo de su pantalón una cajetilla de cigarros y de adentro un encendedor. Tuvo que darse vuelta para que el viento no apagara la llama mientras lo encendía. Dejó salir el humo mezclado con un suspiro. 

—Ryan ya me lo confesó. —soltó de repente. Mis manos se congelaron al oírla—. Que ustedes se besaron. 

No supe qué decir. Terminé bajando la cabeza en forma de disculpa. Parecía que jamás podría tener una verdadera amiga. Quizá yo soy el problema. En el colegio, desde que mi mejor amiga se enojó conmigo porque se me confesó el chico que le gustaba, hasta el instituto con mis nuevas amigas que inventaron los rumores de mí. Duró poco. Nuestra amistad con Mía fue muy corta, pero debo admitir que me gustó que me diera consejos. Me gustó que me maquillara, que me hiciera sentir empoderada y capaz de todo. Aun cuando antes de conocerme me odiaba, todo eso fue real. Pero yo lo arruiné. 

Me miró de nuevo y apagó el cigarro en el barandal. 

—No estoy enfadada contigo. —admitió. Levanté mi cabeza con un gesto de confusión—. Si yo fuera tú tampoco lo habría dicho. Por lo menos no cuando estábamos en los vestidores, y considerando te habría golpeado en la cara en ese mismo instante. —Pasó sus manos por su frente deslizando esos pequeños cabellos lacios que habían caído—. Estaba loca. Desesperada. ¿Cómo me pude enamorar tanto de alguien? yo que prometí vivir siempre por mí misma y por nadie más. Quería ser independiente, y tener un futuro distinto a lo que viví en mi niñez. En mi casa éramos muy pobres. Mi padre era alcohólico. Y muy violento también. Siempre se desahogaba con mi mamá. Y cada vez que mi hermano mayor trataba de defenderla, recibía más golpes que cualquiera. —levanté las cejas sorprendida. Mía tenía su mirada perdida en el horizonte. Sin ningún brillo—. Muchas veces pensé que lo iba a matar. Al final no pasó. Mi mamá huyó con nosotros dos. Mi hermano tuvo que dejar el colegio para trabajar. Yo era la única que pudo estudiar. Así que me exigí a mí misma ser la mejor siempre. Empecé a modelar y por fin pude aportar dinero en mi casa. Por fin las cosas estaban mejorando. Pero mientras me hacía más famosa, mi rostro llegó a más lados del país. Y mi papá nos encontró. Mi mamá se fue con él para calmarlo, porque sabía que no habría fin si no hacía lo que le pedía. Mi hermano se volvió loco. Quería vengarse, y lo buscó por todos lados. Cuando por fin lo encontró, casi lo mata a golpes. Mi papá se fue a la cárcel por violencia intrafamiliar y a mi hermano se lo llevaron a un internado. Mi mamá sigue con terapias por todo lo que vivió. Le envió dinero todos los meses pero ya no la veo nunca. Creo que sólo con verme el rostro le recuerda esa mala época. 

—No sabía nada de eso… 

—Claro que no. Nunca te lo conté. —Sonrió al decirlo y le dio unos golpecitos en la cabeza a Maya que se había sentado a su lado—. Ahora entiendes por qué odio tanto la violencia. Quise estudiar psicoterapia para poder ayudar a más familias disfuncionales como la mía. Y como te dije, tenía un futuro brillante, pero lo arruiné todo porque me enamoré. —negó con la cabeza y suspiró—. El problema no era ese. Es que me obsesioné. ¿Cómo no podía enamorar al mismo hombre que estuvo loco por mi cuando tenía dieciséis años? no lo entendía. Pero habían pasado ocho años. Él cambió mucho. Y no se puede tener todo en esa vida. ¿Cómo podía estar con alguien que no me ama? 

—¿Entonces...? 

Me miró a los ojos y sonrió. 

—Ryan se fue. Ya no estamos juntos. Bueno, nunca lo estuvimos en realidad. 

Mis ojos se perdieron en el paisaje. No podía creerlo. Recordé su espalda alejarse cuando llegamos a Berlín. ¿En serio no lo vería más? se alejó sin despedirse. De repente sentí que estaba esperando más de lo que me correspondía. Él tenía razón. Nuestro beso fue eso y nada más. Yo volvería con Jack y esa semana en la nieve se convertiría en nuestro último recuerdo. 

—¿Sabes a dónde? —pregunté con timidez. Mía alzó las cejas. 

—¿Qué? ¿Vas a ir a buscarlo? ¿Acaso lo amas? —me preguntó. Apreté mis labios de la frustración. No tengo derecho a saberlo. Ya lo sé. Tal vez dentro de mí tenía la esperanza de que nos volviéramos a encontrar por casualidad, como siempre nos pasaba—. Emma, si te soy sincera no quiero que estés con él. No porque tú me caigas mal, sé que eres buena persona. Pero sé también que Ryan no es tu primera opción. Y él no se lo merece. Si él te ama con todo su corazón, debería recibir lo mismo a cambio. Eso es lo que yo creo, por lo menos. Me di cuenta de eso, así que de ahora en adelante esperaré lo mismo para mí. 

Pasé mis manos por mis ojos como si algo hubiese entrado en ellos. Maya se puso de pie inquieta. De seguro ya estaba cansada. 

—Gracias por contarme todo eso Mía. —Solté sorprendiéndola—. Gracias por todo. 

—N-no deberías darme las gracias. —bufó nerviosa—. Yo fui la que te tendió una trampa para ayudar a Ryan, ¿O no olvidaste? 

—Todo lo que sé es que me ayudaste a darme cuenta de lo que siento. —me acerqué a ella con una sonrisa. Sus mejillas se habían ruborizado de la vergüenza, así como nunca la había visto—. Voy a ser más sincera de ahora en adelante. Seguiré mi propio camino. Y estoy feliz de que tu sigas el tuyo. —sonrió también, arrugando los pliegues de sus ojos azules. Apoyé mi cabeza en su hombro y la abracé con fuerzas. Mía deslizó sus manos por mi espalda y me dio unas palmaditas. Se notó que ninguna de nosotras abrazaba a una mujer hace mucho tiempo. Nos reímos al separarnos. Y ante una mirada sincera entendí, algunas personas aparecen en tu vida para sacudirla por completo y dejarle un aprendizaje de paso. Mía había sido eso para mí. Deseé que fuera feliz. Yo buscaría lo mismo. 

Rivalidades de infancia

Había llegado el día de la pelea. Fui con Jack a la arena, era la más grande de Berlín, y a pesar de ser en otro país, era como si estuviésemos caminando por los mismos pasillos de siempre. Pero los hombres que nos rodeaban no eran los de antes. El staff entero había cambiado, y era ciertamente incómodo que me mirasen como si no tuviesen idea de quién era. 

—Charlotte está en el palco. —me dijo, antes de detenerse en la habitación que tenía su nombre escrito en una placa dorada. Asentí. Jack me miró unos segundos. Los del staff habían entrado a la habitación y lo estaban esperando. 

—Señor Callen. —le dijeron. 

—Un segundo. —respondió, sin quitar sus ojos de los míos. Se encogió de hombros como si le pesaran. Sin duda era distinto. Nuestra cercanía ya no era la misma. Yo era el problema y sin embargo él estaba tan concentrado en su pelea que no le daba importancia—. Voy a ganar. —dijo con seguridad. 

—Lo sé… —solté como suspiro. No esperaba algo distinto. Entendí en ese segundo que era todo lo que veía. Todo lo que había en esos ojos cafés llenos de pasión era eso. Boxeo. Por eso me enamoré de él en primer lugar. Admiré tanto ese brillo que emanaba, ese, que yo no tenía. ¿Acaso esperaba que fuese a cambiar? Que tal vez, yo podría provocar una mirada parecida. Que tal vez, yo podría tener ese brillo en los ojos por él. 

Se dio vuelta sin más. Quizá esperé algún beso corto. Su mano posada en mi cabeza como lo hacía antes. Una leve sonrisa, algo. Pero la puerta se cerró. Y me quedé allí sola en el pasillo. El bullicio de al fondo se incrementó. La pelea de inicio estaba comenzando. Debía ir y encontrarme con Charlotte. Pero mis pasos se volvieron pesados. Me detuve a metros de entrar. La luz iluminó mis zapatos. Y los gritos se convirtieron en nostalgia sobre mi piel erizada. ¿Por qué debía ser boxeo? Jack, Ryan. Incluso Mía que cambió su vida por amor, al final terminó sufriendo. Mi celular comenzó a sonar. Era Charlotte. Deslicé mi dedo por la pantalla luego de unos segundos. —¿Emma? ¿Dónde estás? 

—Voy subiendo las escaleras. 

El balcón contaba con algunos sillones ostentosos, pero Charlotte estaba sola y de pie en frente. Sonrió al verme. Se veía maravillosa y su emoción se notaba desde lejos. Teníamos la mejor vista del ring. Podíamos ver todo desde arriba y ambas pantallas gigantes a los lados. La luz me abrumó nuevamente. Recordé ese Jack que dio miedo en la pelea contra el ex campeón y tuve que tragar saliva. 

—Qué emoción ¿No? —comentó Charlotte. Asentí con torpeza—. Ya ni me acuerdo la cantidad de peleas que he visto y sin embargo todavía me pongo nerviosa por Alex. 

Yo también sentía eso. El corazón apretado cada vez que Jack subía al ring. Mis manos temblando, mis gritos que salían solos de mi boca. ¿En qué momento eso cambió? debía estar concentrada en el ahora, pero mi cabeza seguía pensando que mañana era mi vuelo a Sídney. Por fin, por fin de vuelta. Era todo lo que quería. Lo siento Jack… debería ser una novia buena como Charlotte, maquillarme lindo para la cámara y sonreír. Demostrar lo mucho que te amo con mi apoyo. Pero ahora no podía. No me salía. 

La primera pelea terminó. Y las luces del público se apagaron. Meine Damen und Herren, der Titelkampf beginnt gleich! Había olvidado que estamos en alemania, y que ni siquiera podría entender las palabras de los anfitriones. Suspiré con pesadez.

Luego de una larga oración, lo único que entendí fue el nombre, y en segundos entró Jack por el pasillo. Lo seguían los hombres de su staff, todos con unas chaquetas negras con las letras “Callen” escritas en dorado. Se subió al ring, se quitó su capa y saludó al público con un gesto serio. Los aplausos se sintieron retumbaron en toda la arena, a pesar de que la mayoría ahí apoyaría al campeón de su país, Alex. Mis ojos se posaron en él hasta perderse. De nuevo, se sentía tan lejano. Siendo que lo tengo a mi lado todas las noches, verlo ahora en el ring se ha vuelto muy distante. Entró Alex por la esquina roja y el público enloqueció. Incluso los gritos de Charlotte me sorprendieron. Aplaudió y dio unos saltitos de la emoción. Las luces se centraron en la lona. Las pantallas gigantes mostraron el rostro de cada uno. Se miraron serios y chocaron su puño. El referí se acercó a ellos. Y la pelea empezó. 

Round 1

—¿Qué haces aquí…? —pregunté apenas. Sentí tantas emociones al ver su rostro que me quedé inmóvil. 

—¿Qué dices? pues volví.

Me derretí con su voz. Mis confusiones solo incrementaron. Cuando creía estar segura de algo, él aparecía y arruinaba todo. No, no lo arruina. Lo soluciona. 

—¡Que emoción Emma! —exclamó Charlotte tomando mi mano. Sonreí apenas. Me miró como si sospechara algo. Se acercó a mi oído y susurró—: ¿Estás nerviosa por las cámaras? 

—¿Qué? 

—Tranquila, después te acostumbras. Es normal que muestren a las novias de los boxeadores durante las peleas. 

Abrí los ojos como platos. ¿Qué? No. Yo nunca he aparecido en una pantalla. Mi relación con Jack siempre ha sido discreta. No quiero que después se me acerquen fans enloquecidas a golpearme. Mi ansiedad aumentó. Mierda, fue mala idea venir con Charlotte. En este balcón premium claramente destacaríamos. Debí quedarme a verla en casa… 

La pelea comenzó con un intercambio de jabs de los dos. La intensidad de los golpes hizo retumbar a la arena en gritos. Se separaron luego de largos segundos. Jack dio vueltas por el ring, rodeando a Alex con la guardia en alto. Esto fue muy distinto a sus entrenamientos. Los dos iban en serio, y se notaba. 

Round 2

—¿Por cuánto te quedas? 

—Una semana. 

Me miró con una sonrisa melancólica. 

—No tenemos tiempo. —suspiró. Levantó las cejas y estiró su mano hacia la mía—. O tal vez tenemos todo el tiempo del mundo. Depende de cómo lo veas. 

El primer golpe directo fue un derechazo de Alex en el rostro de Jack. Cerré los ojos al verlo. Charlotte no dijo nada. Pensé que tal vez era para no ofenderme. Pero enseguida Jack se lo devolvió en la mejilla contraria. El público entero se convirtió en un Uhhhhh. Ellos intercambiaron miradas sonrientes. La comisura de sus labios estaba sangrando y sin embargo parecían disfrutarlo. 

—Malditos dementes. —suspiró Charlotte. Al menos ella también lo piensa. 

Round 5

Nos quedamos sentados en el pasto mirando hacia el río. Cuando tomó mi mano me acerqué más a él. Apoyé mi cabeza en su hombro, y él acarició mi cabello con cuidado. 

—¿Es una locura? —preguntó. Miré sus ojos verdes y asentí. 

—Estás loco. 

Ninguno de los dos parecía estar cansado. Siguieron intercambiando y esquivando golpes a medida que los minutos avanzaban. No han parado por un solo segundo, y eso hacía que esta pelea fuera una de las más interesantes en mucho tiempo. Yo solo podía pensar en lo agotador que debe ser. Uno de los golpes lanzados se encajó en el estómago de Jack. Él se encogió del dolor, pero no cayó. La campana sonó, y otro round terminaba. 

Round 7

—Besame. —pidió. Me reí al ver sus ojos suplicantes. 

—No. 

—Por qué...

—Si te beso ahora no podré parar. 

Sentí mis mejillas enrojecerse. Él sonreía. 

—Y no pares entonces. 

Séptimo round y aún ninguno de los dos cae a la lona. Parecía que la pelea no terminaría nunca. Y es que Alex como Jack estaban al mismo nivel. Me llegó un mensaje de Ethan, y me puse feliz porque seguía enojado conmigo por lo de Ryan. Supiera ahora que lo besé. —Quién crees que ganará? lo veo peleado. Suspiré. Claro, me habla por boxeo. Apreté cuatro letras y las envié. 

—Jack

Round 10

—Acompáñame. —tomó mi mano y tiró de ella. 

—¿A dónde vamos? 

—Ya verás.

Todos nos sorprendimos cuando un perfecto contragolpe de Jack en la barbilla dejó a su mejor amigo en la lona. Cayó de espaldas y trató de afirmarse de las cuerdas, pero se veía aturdido. Sacudió la cabeza en un intento de reaccionar. 

—¡Alex! —gritó Charlotte tapando su rostro con sus manos. En la pantalla apareció ella con sus ojos brillosos. Empezó el conteo, Jack se apoyó en la esquina neutral exhausto. Alex se tambaleó. Sus piernas temblaban pero logró afirmarse de las cuerdas y levantarse antes de que el conteo termine. Jack sonrió. Parecía estar esperando que su amigo se recuperara. 

Round 11

—Ryan… 

Me llené de orgullo al verlo así. Volteó a verme con una sonrisa. Sus ojos estaban llenos de vida. Se acercó a mí y me abrazó con fuerzas. Rodeó mi cintura y me levantó, para luego girar sobre nuestro eje y dejar a mis pies tocar nuevamente el piso. Besó mi mejilla y habló en mi oído. 

—Es gracias a ti Emma… gracias. 

Quedaban sólo seis minutos más de pelea. Ambos estaban agotados. Nosotras también. Era la pelea más larga que he visto. Y ninguno de los dos parecía desistir. Luego de un intercambio de golpes, Alex conectó un gancho en la mandíbula de Jack. El golpe retumbó en toda la arena. Los comentaristas empezaron a gritar unas cosas en alemán. Su mano terminó tocando la lona, lo que inmediatamente fue razón para iniciar el conteo. Pensé por un segundo que la pelea terminaría ahí. Estaba tan cansado que pensé que no podía levantarse. Que sus piernas no reaccionarían. Pero es Jack del que estamos hablando. Cuando levantó los brazos sobre el rostro, para que el referí diera la señal de que la pelea continúa, Alex sonrió. Los dos parecían divertirse a pesar del agotamiento. Ahora ambos tenían una caída. Y la pelea continuaba, en el último round. 

Round 12

—Mañana vuelvo a Riverlight.

—Voy contigo. 

—Si claro, y te quedas conmigo y con mi mamá. —ironicé. Él rodó los ojos.

—Siempre quise conocer tu ciudad. 

Ambos sabían que era su última oportunidad. Si no terminaba en estos tres minutos por un nocaut, sería por puntos. Y no creo que ninguno de ellos prefiera terminar la pelea así. Continuaron intercambiando golpes, eran más lentos que al principio, sus piernas parecían plantadas en la lona. No podían ni moverse como querían. Sus rostros ensangrentados y llenos de moretones aparecían en las pantallas HD haciendo que me dieran nauseas. Quería que terminara de una vez. 30 segundos aparecieron como cuenta regresiva. Ya no quedaba tiempo. Sus golpes continuaron, directos al cuerpo. Ya no tenían la fuerza para cubrirse, y parecía una masacre más que un deporte. El público continuaba gritando enloquecido. La arena entera se convirtió en un ¡Alex! ¡Alex! ¡Alex! potente, que te ponía los pelos de punta. Charlotte gritaba con ellos. Entonces mordí mi labio y pegué mis manos al barandal. Saqué la voz que tenía guardada y grité por primera vez en la noche:

—¡VAMOOOOS JACK! ¡TÚ PUEDESSSSS! 

Charlotte me miró sonriendo. La cuenta llegó al cero. Y sonó la campana. Llevaron a cada uno a su esquina a esperar. La decisión de esta pelea tan competitiva sería por puntos. La primera que he visto que termine así, y sinceramente, no sabía qué pensar. 

Por puntos

¡JAAAAAAACK CALLEEEEN! fue todo lo que entendí de los comentaristas. El referí levantó el puño de Jack y miles de voces alemanas se escucharon lamentarse. ¿Jack ganó? ¿En serio ganó? 

Vi los ojos de Charlotte llenos de lágrimas y me sorprendió. Ella se acercó darme un abrazo apenas cruzamos miradas. 

—Fue una gran pelea. —afirmó. Asentí con una sonrisa. No podía creerlo. En serio ganó en su primera pelea a nivel mundial como peso pesado. Alex se acercó a él para darle la mano, Jack la tomó y lo abrazó. El público entero se convirtió en aplausos. Ambos sonreían, y aunque trataban de actuar profesionalmente, su amistad de años era evidente. 

Nos separamos al bajar las escaleras. Cada una por el pasillo contrario. Me detuve en una esquina al ver que afuera de la sala donde estaba Jack y su equipo había un grupo enorme de periodistas, con sus cámaras y micrófonos. Mierda. ¿Cómo llegó allá sin que me vean? pensé eso, justo cuando uno de ellos volteó y gritó algo en alemán. Todos corrieron hacia donde me encontraba, rodeándome con flashes y preguntas que no entendía. Tapé mi rostro, tratando de caminar hacia la habitación para esconderme. 

—Lo siento, no entiendo. —aclaré, lo cual fue una mala idea porque enseguida cambiaron su idioma para preguntarme. 

—¿Eres la novia del señor Callen cierto? 

—¿Hace cuánto están juntos? 

—¿Cómo se conocieron? 

—¿Cuántos años tienes? 

Bloquearon mi salida en todas direcciones. Me quedé allí de pie en el pasillo, a sólo metros de mi lugar seguro y sin poder moverme. Si no respondo no me dejarán en paz… traté de mirar hacia una de las cámaras pero mis ojos dolían con lo fuerte que eran las luces de sus focos. 

—Yo… 

La puerta se abrió. Y Jack apareció haciendo que la atención de los periodistas cambiara en un segundo. Los del staff lo rodearon rápidamente para protegerlo. Jack fue hasta a mí y me rodeó con su brazo. Enseguida los flases de las cámaras se sintieron penetrar en mis pupilas. 

—Les pido por favor que no molesten a mi novia. —pidió. Me atrajo con él hacia la puerta mientras ellos gritaban todo tipo de preguntas. Los del equipo de Jack los empujaron para luego cerrar la puerta. 

—Mierda, si son como chicles. —suspiró uno—. Señor Callen, ¿No dará declaraciones? 

—No. Sólo en la conferencia de mañana. 

—Pero necesita a un entrenador a su lado. ¿Cómo explicará eso? 

—Sólo diré que por el momento no tengo. —respondió con una mirada seria. Rápidamente todos allí asintieron—. Preparen el auto, que quiero irme pronto. Ah, y que alguien haga algo con los periodistas. 

—¡Si señor! 

Corrieron por la habitación, algunos ordenaban las cosas y otros hacían llamadas por teléfono. Dos de ellos salieron por la puerta para echar a los de los medios. 

Jack soltó su mano de mi brazo, en la que me tuvo a su lado todo el tiempo. 

—Perdón Emma. Tuve que haber dejado a alguien a tu lado. —suspiró cansado.

—No te preocupes. —miré su rostro con moretones y heridas y lo tomé entre mis manos sin pensar—. ¿Estás bien? 

Su expresión fue más de sorpresa que otra cosa. Luego achicó sus ojos en una sonrisa. 

—Claro que estoy bien.

Sonreí también, estaba por decir algo, pero besó mis labios antes de que pudiera. Abrí mis ojos como platos, fijándome enseguida si alguien del staff nos había visto. Pero todos parecían en lo suyo. Uno de ellos terminó la llamada y nos miró. 

—Señor Callen, está lista la camioneta. 

Jack tomó mi mano y entrelazó sus dedos en los míos. 

—¿Vamos? —preguntó. Asentí rápidamente y caminé a su lado. Los periodistas habían desaparecido mágicamente. Y pudimos salir por una entrada privada hasta una camioneta negra gigante. Uno de los chicos del staff le recordó su horario mientras estábamos de camino al hotel. Mencionó algo de: en la mañana conferencia de prensa, a las 12 entrevista con cadena de noticias, a las 4 vuelo a Rusia, y me perdí en lo otro. Obviamente quiero que Jack siga subiendo puestos. Pero también sé que eso implicaría que esté más ocupado que antes. ¿Y si llega a ser el número uno del mundo? ¿Qué hago si se convierte en el próximo Ali o Mayweather? ¿Y si me deja por una modelo rusa?

Llegamos al hotel de noche. Yo tenía en la sala mi bolso listo para tomar el avión mañana temprano a Australia. Jack vio mis cosas y se detuvo. 

—¿A qué hora sale tu avión mañana? 

—A las 11. 

—¿Te llevarás a Maya? —preguntó, y al oír su nombre la perra saltó del sillón hacia él. 

—Sí… debo estar con ella. Quizá la deje con mi mamá allá, no sé. —Me agaché a su lado y acaricié su pecho—. Está mucho tiempo sola, y me siento mal por eso. 

—Emma, quédate el tiempo que quieras. Yo esperaré. 

Negué con la cabeza. Me levanté para verlo al rostro. 

—Con una semana está bien. 

Quería decirle que es la persona que más extrañaría si me voy por mucho tiempo. Que lo quiero a mi lado. Que soy una caprichosa, porque lo quiero solo para mí, aun cuando hay alguien más en mi cabeza. No tengo derecho para decir eso. La pelea había terminado. Jack había ganado. Y considerando que me voy mañana supe que era el momento de decirle. Lo esperé sentada en la cama mientras él se daba una ducha. La ansiedad recorría todo mi cuerpo. Sentí que me desmayaría antes de poder hablar. Arruinaría un día importante para él. Lo que podría ser una celebración se convertiría en una discusión por mi culpa. Pero ya no podía ocultarla más. 

Jack salió de la ducha con una sonrisa. Bajé mis manos enseguida para que no viera que me estaba comiendo las uñas de los nervios. Secó su cabello con la toalla y me miró expectante. 

—¿Te parece si tomamos algo? —preguntó. Mi corazón se estrujó. 

—No… Jack. Debo decirte algo. —dije por fin. Sentí mi pulso en la garganta. Él se sentó a mi lado en la cama y tomó mi mano con la suya. 

—¿Qué es? —Traté de tomar aire antes de hablar. Jack deslizó su mano por mi mejilla para que lo mire a los ojos—. ¿Qué pasa? —Preguntó de nuevo al ver que yo no reaccionaba—. ¿Es lo de Australia? ¿Te quieres quedar más tiempo? ¿Es eso? —la culpa me mataba. Que él piense eso significa que ni siquiera sospechaba. Quizá no era tan obvio como pensé. Quizá sí sea una completa locura lo que estoy por contar. 

Se acercó para besarme, pero enseguida giré mi cabeza. Tomé su mano y la alejé de mí. 

—No es eso, Jack. —anuncié. Sus ojos se tornaron tristes de repente. Se alejó y me miró serio. Suspiré antes de hablar—. Yo… tenía que contarte esto hace tiempo. Pero no quise distraerte para tu pelea. Por eso, lo diré ahora. —suspiré de nuevo. Miré hacia la habitación con nostalgia. Sentí que tantas cosas pasaron entre nosotros aquí. En esta cama, solo él y yo. Y la posibilidad de perder todo eso de repente me dolía—. Besé a Ryan. 

Lo solté. Lo solté sin más porque sabía que la espera solo lo haría más doloroso. Jack ni se inmutó. Mantuvo la cabeza baja, con sus manos cruzadas sobre sus piernas. Apenas podía ver su rostro, porque la única luz que teníamos encendida en la habitación era la pequeña lámpara del velador.

—¿Cuándo fue eso? —preguntó. Con una voz tan apagada que me estremeció. 

—En la fiesta. De la nieve. 

Hubo un silencio. Finalmente lo vi asentir y levantar de a poco su cabeza. 

—Yo fui la que lo besó. Y no porque estaba ebria, sino porque quería hacerlo. —Al decir esto, volteó levemente a verme. La luz de la luna iluminó su perfil. Lo vi morder su labio, abriendo la herida que tenía en la comisura después de la pelea. Sus ojos brillaban. No sé por qué tenía en mente que se enojaría. Que discutiríamos. Acababa de romperlo en mil pedazos. Y todo por algo tan simple. Tan estúpido—. Jack yo… lo siento tanto. Lo siento. 

Quise decir algo más pero no tenía excusas para dar. Pasó su mano por su rostro. Tapando sus ojos en sus dedos lastimados. Después del silencio un leve sollozo se escuchó provenir de él. Posé mis manos en mi boca y negué con la cabeza, porque no podía creer que lo había hecho llorar. Limpié rápidamente las lágrimas que querían brotar de mis ojos, porque no soy yo la que la está sufriendo aquí. Dejé mis rodillas caer al piso para quedar frente a él. 

—Jack. Mírame. Jack por favor. —pedí, posando mis manos sobre sus rodillas. Limpió sus ojos con la manga de su camiseta y botó aire con dificultad. Era la primera vez que lo veía así. Con los ojos vidriosos y enrojecidos—. Sólo fue un beso. Fue un error. No llores… 

Estiró su cuello para luego soltar aire al cielo. Me miró de nuevo y asintió. 

—Sé… que me he equivocado mucho. —dijo, con la voz áspera. Enseguida negué con la cabeza—. Te hice venir conmigo a otro continente… y no te di lo que merecías. No tuve el tiempo que esperaba y te dejé sola. Es mi culpa. 

—No… esto no tiene nada que ver. Fue mi error Jack, tu no… —me detuve al ver que sus ojos se llenaban de lágrimas otra vez—. No, no. no. —Tomé sus manos y las apreté con fuerzas—. Eso fue un impulso. Fue solo un beso. Nada más. 

Dudé de mis palabras al decirlas. ¿Realmente fue solo un beso para mí? pero qué otra cosa podía decir, ver a Jack así me rompía el corazón. Y ya no hay nada que pueda decir o hacer para enmendarlo. Miré sus ojos cafés atenta. Sus pestañas mojadas se veían más largas. Y la herida en su labio había manchado con sangre su rostro.

—Lo que me preocupa no es el beso en sí. Sino que estés enamorándote de él…

Duele

¿Yo? ¿Enamorándome de Ryan? negué con la cabeza enseguida. Jack me miraba atento. 

—¿Estás loco? 

—¿Lo estoy? 

Apreté mis labios con frustración. 

—Jack. Yo te amo a ti. —mi voz se quebró al decirlo. Él esbozó una pequeña sonrisa melancólica—. Eso no volverá a pasar. No lo veré nunca más. Por eso… perdón. Perdón. —bajé mi cabeza para que no me viera. Él estiró su mano hacia mí. 

—Levántate. Ven aquí. 

La tomé y me senté a su lado en la cama. Maya entró a la habitación y nos quedó viendo a los dos mientras jadeaba. Deslizó sus dedos por mi cabello y besó mi frente. 

—¿Aún te quieres ir conmigo a Rusia? —preguntó. Asentí varias veces y él sonrió. 

—Iré a donde vayas. Quiero estar contigo. 

—Está bien. —Mordí mi mejilla por dentro. ¿Acaso no estaba enojado? ¿Por qué? Maya vino hacia mí moviendo su cola. Acaricié su cabeza y suspiré. No quería hacerlo llorar nunca más. Mi corazón se estrujó de sólo recordarlo. Le hice mucho daño. A él, a Mía. ¿Y sin embargo me perdonan? no lo entendía. ¿Pero acaso estaba esperando otra cosa? Qué habría hecho si se hubiera enojado, si me hubiera dicho que me fuera, que terminemos—. Emma… 

Levanté la cabeza al oír su voz. Me perdí en mis pensamientos de nuevo y lo preocupé. Jack puso su mano en mi hombro y me atrajo hacia él. Apenas apoyé mi cabeza en su pecho cerré mis ojos. Había olvidado lo mucho que me gusta estar entre sus brazos. Su olor, su calor. 

Intercambiamos miradas con nuestras manos entrelazadas. Los dos en la cama, como si el tiempo se hubiese detenido. Como si no tuviéramos nada más qué decir. Era tarde, pero no tenía sueño. Mi mano se veía tan blanca y pequeña sobre la suya. 

—Te ha crecido mucho el cabello. —soltó con voz suave. Deslicé mis mechones detrás de mi oreja y asentí. 

—No me lo he cortado desde que volviste. —Bajé la vista y luego recordé lo de hoy en su camarín y los periodistas—. Entonces… ¿Ahora no tienes entrenador? —Su rostro cambió apenas lo mencioné. Dejó de acariciar mi mano y suspiró. 

—No… 

—¿Y no lo necesitas? 

—Sí, pero… 

Estaba por decir algo y se detuvo. ¿Tendrá algo que ver con su papá? él fue su entrenador toda su vida, ¿No? me resigné a acariciar su mano porque sé lo difícil que es hacerlo hablar. Seguía pensando que debe tener una razón para no querer contarme lo de su papá. Él siempre la tenía. Y tampoco era el momento para volverme a enojar por eso. Nos quedamos en silencio por largos minutos. Cerré mis ojos y sentí su mano recorrer mi mejilla con delicadeza. Mañana volvería a Australia. Y él se iría a Rusia. Tal vez no era el mejor momento para separarnos. Como siempre, no tenemos acuerdos claros sobre nuestra relación. Con decir que queremos estar juntos es suficiente, y hasta ahora eso me ha parecido bien, pero, pero si llegó a sentir eso también por alguien más, ¿Qué pasa entonces? 

Me desperté con los pasos de Jack ir y venir por el pasillo. Parecía temprano, pero por lo que escuché en la van de ayer, tenía bastantes cosas que hacer. Yo debía levantarme también, pero sentía el cuerpo pesado. Quería cerrar los ojos y despertar en mi casa. Me moví entre las sábanas estirando mis brazos por sobre mi cabeza. Escuché el celular de Jack sonando a lo lejos y luego su voz lejana. Abrí los ojos cuando sus pasos se acercaron. 

—Emma me voy. —anunció. Levanté la cabeza para hacerlo entrar en mi campo visual pero antes él llegó hasta mis labios y me besó con fuerzas. Fue algo rápido, pero muy intenso. Quizá lleno de sentimientos. ¿Cuándo fue la última vez que lo bese? ninguna vez después de Ryan, eso lo sé—. Avísame cuando llegues a Australia. 

Miré sus ojos cafés y asentí. Enseguida se dio vuelta y se fue por el pasillo. 

—¡Y tu cuando llegues a Rusia! —exclamé con mi voz ronca. Sonó el sonido de la puerta cerrarse y luego el silencio. Escuché las patitas de Maya correr por el pasillo para luego saltar sobre la cama conmigo. Eso fue. Nuestra última mañana en Alemania. De repente los dos meses que pasamos en Berlín se hicieron muy rápidos. Aquellos días eternos en los que yo paseaba por la ciudad mientras Jack y Alex entrenaban se terminaron. Y sólo quedaron los demás recuerdos. El rostro de sorpresa de Ryan cuando me vio en la clínica. La primera vez que Mía entró a la habitación. Aquella sensación desagradable que tuve cuando los vi besarse. Cuando Jack se enteró y como trató de entenderme. Nuestro viaje desastroso… 

Fueron demasiadas cosas en tan poco tiempo. Tal vez todos necesitábamos un descanso. Tal vez, eso es justo lo que quiero. 

Luego de casi 23 horas de vuelo Maya y yo estábamos de vuelta en Sídney. Pensé seriamente si quedarme una semana era muy poco comparado con lo largo que es el viaje. Estaba agotada y solo quería llegar pronto donde Marc y Ethan. En el taxi le envié un mensaje a Jack: Ya llegué… todo bien. Que sorpresivamente me respondió de inmediato: —Que bueno. Yo llegué hace horas a Moscú. Maldito, su vuelo era de apenas de 3 horas. Le envié un emoji feliz y guardé el celular. La pobre de Maya estaba tan cansada que ni siquiera tenía ganas de mirar por la ventana y sacar la lengua. Hacía calor. Y disfruté enormemente los rayos del sol que entraban al auto. Poder entender lo que dice el taxista y sobretodo, poder ver a mis amigos después de tanto tiempo. 

Ethan fue el que me abrió la puerta. Me miró de brazos cruzados, aún cuando yo sólo quería un abrazo. Seguía enojado. Después de todo yo me contacté sólo con Marc para venir aquí, porque sabía que él seguía furioso desde lo de Ryan. Bajé mis brazos resignada. Maya entró por la puerta moviendo su cola. 

—¿Y además traes a tu perra? —preguntó indignado. Rodé los ojos y suspiré. 

—Después discutimos ¿Si? sólo abrázame y déjame dormir un poco ¿Quieres? 

Le extendí mis brazos y él se acercó lentamente y con un puchero a recibirlos. Lo extrañaba mucho. Por más que me regañe, estar con ellos es como estar en casa.

Me di una ducha y me dejé caer en la cama de Marc, que ya parecía la habitación de visitas porque estos dos ahora duermen juntos en la pieza de Ethan. Sentí un olor familiar en la almohada y me dormí enseguida. Una mano acarició mi cabello. El sonido de un beso en mi oído. 

—Emma… —un susurro. ¿Cuándo fue la última vez que me despertaron tan tiernamente? me moví por las sabanas con pereza—. Emma, Emma. 

Era la voz de Marc. Ya volvió… abrí los ojos apenas y vi sus pestañas aletear frente a mí escondiendo por segundos sus ojos pardo sonrientes. Estiró sus brazos por encima mío y apoyó su cabeza en mi pecho. 

—Marc… pesas. —suspiré. 

—Bienvenida de vuelta Emma… 

Saqué mis brazos de las mantas para poder devolverle el abrazo. Mi pecho se sintió liviano, luego de mucho tiempo. 

—Los extrañé… 

—¿Y yo? —preguntó Ethan. Los dos volteamos a verlo, estaba apoyado en el umbral de la puerta de brazos cruzados. Marc le extendió el brazo. 

—Ven. —le dijo. Y con su actitud desinteresada caminó hasta nosotros. 

—¡MONTONCITO! —gritó de repente, y saltó encima nuestro obstruyendo mis intentos de respirar. Solté un quejido de dolor. Marc lo pateó y terminó por rendirse con un suspiro. Las patitas de Maya se escucharon por el pasillo para luego venir corriendo a nosotros y subirse a la cama también—. ¡Maya! —los tres nos reímos. No podía ni moverme pero era muy cálido. Estar con ellos me hacía muy feliz.  

—Emma dormiste unas quince horas por lo menos. —soltó Marc. 

—¿Enserio? —pregunté sorprendida. Ethan se levantó de la cama y deslizó las cortinas mostrando la fuerte luz del sol. ¿Ya es de día? ¿Dormí toda la noche? 

—Supongo que ya estás mejor. —bufó Ethan—. Tu no la viste ayer Marc, llegó con cara de zombie pidiendo una cama. 

Tomé una almohada y se la tiré al rostro. Marc se rio y se levantó también. 

—¡Bien! ¡A desayunar! 

Luego de un caótico desayuno entre risas y muchas historias a medias que tenían para contarme, me fui a cambiar de ropa y salí a pasear a Maya. La pobrecita necesitaba moverse y correr por ahí. Era día de semana, así que Marc tenía entrenamiento y Ethan clases. Caminé hasta llegar al río.  Me detuve allí a mirar el paisaje. Habían muchas personas corriendo, también parejas y turistas. Todos parecían felices aquí. Tomé aire con fuerzas y lo solté. Maya se sentó a mi lado moviendo su colita. Acaricié su cabeza y sonreí. 

—No te haré viajar más Maya. Perdóname. 

—¡Emma! 

Una voz familiar llamándome me congeló enseguida. Sentí mi piel erizarse. No podía ser. ¿Enserio? ¿Acaso es posible? volteé temerosa. Su sonrisa fue tan brillante que me costó trabajo poder enfocar sus ojos verdes. 

—Ryan… 

Segunda parte

Detrás de la luz se encontraba la respuesta. 

Tan simple, tan cercana. 

Brillará por sí sola después de la tormenta. 

Es mi ciudad

No podía creerlo. ¿Cómo? ¿Por qué? cuando pensé que no lo vería más, aparece justo frente a mis ojos. Estaba trotando, porque llevaba una camiseta y unos shorts deportivos. Se quitó sus airpods y caminó hacia mí con una sonrisa. Retrocedí un paso hasta chocar contra la cerca de de metal. Sus ojos brillaban. El sudor corría por su frente y nuca. 

—Vaya sorpresa… —soltó, sus ojos se arrugaban de lo feliz que estaba. En cambio yo, solo podía mantener mi expresión de shock. Tragué saliva antes de hablar. 

—¿Qué haces aquí…? —pregunté apenas. Sentí tantas emociones al ver su rostro que me quedé inmóvil.

—¿Qué dices? pues volví. Esta es mi ciudad. —Me derretí con su voz. Lo había olvidado. Él toda su vida ha vivido aquí. Mis confusiones solo incrementaron. Cuando creía estar segura de algo, él aparecía y arruinaba todo. No, no lo arruina. Lo soluciona. Pestañeé varias veces aún incrédula—. ¿Tú qué haces aquí? vi la pelea. Jack ganó. —Asentí con torpeza. Maya le movía la cola juguetona. Ryan se agachó a hacerle cariño—. Que hermosa… ¿Cómo se llama? 

—Maya… —suspiré. Ver a Maya y a Ryan juntos me hizo pensar que se parecían. Se levantó de nuevo y me miró. Estaba esperando una respuesta para lo anterior—. Jack se fue a Rusia. Yo vine para ver a mis amigos y a mi mamá.

—Ya veo. 

Mi celular comenzó a sonar. Era Ethan. Respondí apresurada y cambié mi vista de sus ojos verdes al paisaje azul. 

—¿Aló?

—Emma, ya salí. ¿Te parece si vamos a almorzar juntos? 

—Sí, sí. 

—¿Pasó algo? —volteé para ver a Ryan que jugaba con mi perra. 

—No, nada. Nos vemos entonces. —corté la llamada para evitar sospechas. Todavía no hablo bien lo de Ryan con Ethan y Marc. Ni siquiera les he contado lo del beso. ¿Cómo podría decirles que me lo encontré hoy? o peor, ¿Que hago si ellos se lo encuentran por ahí? acorté la correa de Maya y la atraje hacía mí. 

—¿Ya te vas? —preguntó levantando las cejas. Se paró justo frente a mí haciéndome sentir pequeña. 

—Sí. 

Lo vi asentir con algo de decepción en su mirada. Había muchas cosas de las que quería hablar. Pero, ¿Está bien si hablamos? le dije a Jack que nunca más lo vería. Porque en serio pensé que así sería. Ahora, ¿Qué debería hacer? sus ojos verdes se posaron con calma sobre los míos. 

—Veo que estás pensando en muchas cosas. —Soltó, sacando sus audífonos de sus bolsillos—. Y no es mi intención complicarte la vida. 

—Es algo tarde para eso… 

—Tal vez. —le dio unos golpecitos en la cabeza a Maya y me observó desde abajo, como si estuviese penetrando sobre mi cuerpo. Se alejó unos pasos y levantó la mano—. Nos vemos por ahí, Emmabella. 

Me dedicó una última sonrisa antes de irse trotando por la orilla. ¿Es que acaso me inventó un apodo? sentí mis orejas enrojecerse. Era la primera vez que alguien me inventa uno. Y es bastante bonito… ¡Qué se cree que es! ¡Mi novio debería hacer esas cosas, no él! pero a mi novio no le gustan esas cosas… sacudí mi cabello como una desquiciada antes de caminar de vuelta. 

Fui a dejar a Maya al departamento y me encontré con Ethan afuera. Fuimos a un restaurante italiano a comer pizza. Nos sentamos en la terraza, el día estaba hermoso y brillante. Él me contó un poco sobre sus clases, sus profesores y compañeros. Parecía entusiasmado. Me terminé mi cerveza de un gran trago y suspiré. 

—Iba a contarlo cuando estuviéramos con Marc. Pero me adelantaré contigo. —dije, moviéndome inquieta en la silla. Ethan se cruzó de brazos. Levantó las cejas moviendo sus lentes de marco grueso con ellas. Su expresión era seca, de seguro estaba esperando a que hablara—. Nunca pude contarte bien lo de Nolan… 

—No, pero Marc me contó que todo lo hiciste por ti. Y para superar tu trauma. Entiendo eso, por lo menos. Pero creo que hay un límite de cercanía para un abusador. 

Mierda. No me lo estás haciendo fácil Et… 

—Él no es así realmente. Ya lo sabían, eso pasó durante un colapso de su doble personalidad. 

—¿Y qué pasa si colapsa de nuevo? 

—Por eso está haciendo sus terapias. 

—Nunca puedes estar seguro con alguien así. 

—No es su culpa padecer eso...

Hizo sonar su lengua contra su paladar. Desvió la mirada y suspiró. 

—No has cambiado nada Emma, sigues siendo demasiado amable. Es tu virtud, pero también puede ser tu mayor defecto. 

Mordí mi labio de coraje. No era eso a lo que quería llegar. Crucé mis manos apoyando los codos sobre la mesa. 

—Esto no se trata de mí.

—Claro que sí. Se trata de lo que te pasó. De lo mucho que sufriste por ello. Y que ahora que te encuentras con el imbécil, lo perdonas tan fácilmente. 

—Yo lo perdoné mucho antes. Encontrármelo ahora fue una oportunidad para darme cuenta que estaba todo superado. 

—¿En serio eres feminista? —Cerré los ojos del cansancio—. Digo, defender así al abusador no me parece tener sentido. Eso es lo que hace esta sociedad machista ¿No? eso es lo que está mal. 

Ah… quizá tenga razón. Lo que digo no tiene sentido. Tal vez sea porque… 

—Me gusta Ryan, Ethan. 

Sus ojos se abrieron como si hubiesen visto un fantasma. Yo… ¿Que acababa de decir? traté de arreglar un poco mis palabras. Quería decir que me agrada… es como un ¿Amigo? pero ya era tarde. La expresión de Ethan no cambió desde entonces. Tampoco me preguntó nada más. Su actitud fue de completa resignación. Caminamos en silencio de vuelta al departamento. Quería gritar. Acabo de cagarla más, indiscutiblemente. ¿Por qué dije eso? ¿Eso era lo que estaba pensando? ni yo misma me entiendo. Mi amigo ni siquiera me quería ver a la cara ahora. ¿Qué habrá pasado por su cabeza cuando dije eso? Que tengo síndrome de Estocolmo quizá. Pero no es así. Cómo le explico que él Ryan del que hablo no es ese. Es el otro, el que está siempre sonriendo. Ese que le gusta molestarme y coquetear. El positivo y alegre. Para mí el del restaurant ya no existe. Pero para Marc, Ethan y Jack es el único que hay. El recuerdo de Jack llorando vino a mí otra vez. Ahora entiendo por qué le dolió tanto. 

Me quedé en el balcón mirando el infinito. Marc llegó con bolsas en las manos. Corrí a ayudarle y tomar algunas. 

—Gracias Emma. —Dejó las cosas en la cocina y sacó unas cervezas—. ¡Hoy vamos a celebrar que volviste! 

Mis ojos instantáneamente se fijaron en el piso. 

—No creo que Ethan tenga ganas… —murmuré. Marc me miró confundido. 

—¿Qué? ¿Por qué? ¿Le fue mal en un examen? 

Negué con la cabeza. 

—Es mi culpa. 

Me miró unos segundos y se fue por el pasillo a paso rápido. 

—Tranquila, yo hablaré él. 

—Marc, no… 

No alcancé a detenerlo cuando entró de un portazo a la habitación de Ethan. 

—¡Et por qué eres tan escorpio! ¡Siempre te enojas! 

Luego la puerta se cerró. Y rápidamente el ambiente se convirtió en silencio. Genial. Ahora si querrán los dos echarme de su casa. Pasaron largos minutos y ninguno de los dos salía. ¿Debería ir yo? ¿O me quedo esperando? moví mis piernas inquietas en el sillón. Luego me levanté. Fui a la cocina por un vaso de agua. Caminé por la habitación y me detuve en el balcón. Acaricié a Maya y me volví a sentar. ¡¿Cuánto más tengo que esperar?! No me importa si me odian los dos por esto, quiero hablarlo primero. Me detuve en la puerta de la habitación y la toqué despacio. 

—¿Ethan? ¿Marc? 

Como no respondían abrí la puerta sigilosamente. Estaban los dos sentados en la cama con su vista hacia el suelo. Ni siquiera habían encendido la luz, y el sol iba desapareciendo. Marc fue el primero en levantar la cabeza. 

—Mierda Emma… —suspiró, pasando su mano por su rostro con frustración. Me acerqué a ellos y tomé la silla del escritorio para posicionarla en su dirección—. ¿Qué podríamos decirte ahora? siempre te retamos. Te damos consejos. Pero ahora… aunque sea una locura, no hay nada que podamos hacer si te gusta. 

—Marc… 

Me miró con una sonrisa melancólica que me dio pena. En serio me quieren estos idiotas… lo pensaron seriamente aun cuando es una locura. 

—Igual, eso tiene nombre. —carraspeó Ethan. 

—No, no tengo síndrome de Estocolmo. ¿Okey?

—Sólo decía…

—Pero y ¿Qué pasa con Jack? 

La pregunta de Marc me dejó descolocada. ¿Acaso estaban pensando..? 

—Yo lo amo. —respondí segura. Ambos me miraron confundidos—. Yo amo a Jack. Esto que siento por Ryan, es difícil de describir. Sólo sé que lo quiero. Y que sentí algo increíble cuando… —me detuve al recordar nuestro beso. Pasé mi mano por mi brazo para calmar mi piel erizada. Ambos levantaron las cejas. 

—¿Emma? 

—Qué hiciste. 

Miré sus expresiones sugestivas y abrí los ojos como platos. 

—¡Fue un beso! ¡Nada más! ¡Se los juro! —exclamé nerviosa. Ethan achicó los ojos incrédulo. 

—¿Y Jack sabe? —preguntó Marc. Solté aire y asentí. 

—Se lo dije antes de venir aquí. 

—Espera, espera, espera. —Ethan se levantó de la cama y posó sus manos en sus caderas—. Vas a tener que contarnos todo. Y con detalle. Mira que Marc y yo nos perdimos de mucho en dos meses. 

—Más de lo que creíamos. 

Vi sus gestos serios y sonreí. Pensé que estaban enojados conmigo. De verdad tengo los mejores amigos del mundo. Nos quedamos conversando hasta que oscureció. Con detalle, gritos y golpes incluidos. Odiaron a Mía. Y luego lloraron por su historia. Cuando terminé de contarles todo sobre la vida de Ryan se quedaron pensando en silencio. Y yo también. Decir la historia en voz alta es diferente. Sentí dentro que algo podía cambiar. Que era posible. Poder contarles a ellos me hizo creerlo. 

¿El rubio o el castaño?

—Entonces… te gusta pero no harás nada al respecto. —concluyó Ethan. 

—¿Ni siquiera pensaste en terminar con Jack? 

Mis ojos fueron de los de Ethan a lo de Marc varias veces. Terminé bajando la cabeza abrumada. 

—Jamás pensé eso… —admití. 

—Pero si te gusta Nolan, quieres estar con él, ¿No es así? 

Yo… ¿Quiero estar con él? no pensé en esa posibilidad. No puedo. No puedo ¿No? nadie apoyaría eso. Creerían que estoy loca. Pero si pienso sólo por mi misma, un futuro con él. Imaginé muchas cosas que podrían convertirse en recuerdos en un futuro alterno. Saliendo a trotar juntos por la mañana. Riéndonos, molestándonos. Besándonos mientras preparamos el desayuno. Acariciar sus rizos dorados mientras duerme. La luz de la mañana entrando por la ventana. ¿Cómo sería, ver su sonrisa todos los días? 

—Yo… —unas gotas cayeron sobre mis piernas sorprendiéndome—. ¿Qué? —pasé mis manos por mis mejillas para secar unas lágrimas repentinas que brotaron de mis ojos. 

—Emma. —Marc se levantó enseguida a rodearme con sus brazos—. Creo que te hicimos pensar en muchas cosas. Perdón… 

—Haz lo que quieras. Nosotros te vamos a apoyar. 

—Ethan…  

Respiré profundo y les agradecí. Tenía mucho que pensar, pero son cosas que no he aceptado aún. Era la primera vez que lo decía, y sí. Me gusta Ryan. Me gusta mucho y es hora de enfrentar eso y decidir qué hacer con esos sentimientos. 

Nos quedamos el resto de la noche jugando cartas y tomando cerveza. Se burlaron de mí, porque —al parecer— ahora soy famosa y aparezco en los diarios locales como “la primera novia oficial de Jackson Callen” genial. Me detuve a leer los comentarios de la gente ante esto, aunque sé que no debería.  ¿Ella es? Esperaba algo mejor. ¡Es muy linda! ¿Acaso no es muy joven? No sabía que a Jack le gustaban planas xd Entonces Callen no es gay. ¡Es sólo pantalla! ¡Su relación es falsa! entre otros. De repente mis seguidores en Instagram aumentaron exponencialmente. Ya sabían mi nombre, mi edad, el instituto al que fui, y hasta compartieron fotos mías de cuando era más chica, que no tengo ni idea de dónde las sacaron. Me quería morir. El internet da miedo, y la fama aún más. Sobre todo si te haces conocida por nada, como yo. Porque literalmente no hice nada, además de ser la novia del campeón de pesos pesados. Marc me advirtió sobre la posibilidad de que me vieran con Ryan, si es que de casualidad me lo encontraba estos días. Si eso pasa, todo el mundo se enteraría, incluido Jack. Y sería un completo caos farandulero. En qué me metí… 

Caminé junto con Maya por el río. Salí con un jockey y lentes de sol, (creyéndome famosa) sólo para evitar problemas. No quería aparecer en portadas después diciendo: ¿Por qué Jack Callen está en Rusia y su novia volvió a Australia? ¡Problemas en el mundo del boxeo! o algo por el estilo. Miré el mensaje que me envió esta mañana una y otra vez. Era un simple: ¿Cómo estás? de Jack. Pero significaba mucho. ¿Estamos bien nosotros? era mi pregunta. Pensaba cómo sería cuando vuelva con él. ¿Sería todo igual? bajé el celular al verlo sentado en el pasto. No podía ser… ¡Dios por qué me haces esto! miré a todos lados por si había alguien cerca. Al no ver a nadie me acerqué. Me senté a su lado en el pasto con un suspiro. Él volteó confundido. Me miró a mí y luego a Maya. 

—¿Emma? —preguntó divertido. Me saqué los lentes y los guardé en mi bolso. 

—Quién más. —Noté que estaba vestido con pantalón y camisa formales—. ¿Y esa ropa? 

—Ah. Tuve una entrevista de trabajo. 

—¿Enserio? ¡Eso es genial! ¿Cómo te fue? —me respondió con una sonrisa forzada. Me encogí de hombros, mierda no debí preguntar. Él acarició la cabeza de Maya con una sonrisa. 

—No importa. Fue sólo la primera. Ya encontraré algo. 

Sonreí también. Fijé mi vista en el río y abracé mis piernas. 

—Me encontré con Mía… en Berlín. —Admití con timidez—. Me contó lo que pasó. 

—Ya veo. —fijó su vista al río unos segundos. Le dio unas palmaditas a Maya y me miró—. Mía es genial. De verdad que sí. Pero no podía aprovecharme de su amabilidad para siempre. —Más que amabilidad es porque te amaba… —pensé—. Supongo que tú me ayudaste a darme cuenta de eso. Estaba muy cómodo. Pero tengo que seguir adelante sólo. —Estar muy cómodo… ¿No es precisamente eso lo que me pasa con Jack? vivo gracias a él. Como y viajo gracias a él. Mía tenía razón cuando dijo que soy una consentida. Así nunca aprenderé a vivir por mi cuenta. No podré ser independiente y empoderada como ella. Así no encontraré eso que quiero hacer. Trabajar, estudiar o lo que sea. Si Jack termina conmigo de repente, ¿Que haré de mi vida?—. Emmabella, ¿Estás bien? 

Me reí al escuchar ese apodo otra vez. Lo miré con ternura, esos ojos verdes que parecían preocupados por mí. 

—Estoy bien. Solo, estaba pensando algunas cosas. 

Asintió y pasó sus manos por su cabello. 

—¿Por cuánto te quedas? 

—Una semana. 

Me miró con una sonrisa melancólica. 

—No tenemos tiempo. —suspiró. Levantó las cejas y estiró su mano hacia la mía—. O tal vez tenemos todo el tiempo del mundo. Depende de cómo lo veas. 

Mis mejillas se enrojecieron al instante. Quité mi mano de la suya con pudor y miré a todos lados por si había alguien que nos pudiera ver. 

—¿Tiempo para qué? —pregunté indignada. 

—Te pusiste roja, Emmabella. —Sus ojitos me sonrieron también. Mi rostro se deformó de la vergüenza. Maldito idiota, como se divierte conmigo—. No sé… ahora que nos encontramos, tuve la idea de que podríamos vernos. —Levantó las cejas y yo me mordí el labio. 

—Ya nos estamos viendo… —murmuré con un puchero. 

—Sabes a lo que me refiero. 

Mi corazón latía como loco. No. No tengo idea a lo que se refiere. Cambié mi gesto de repente. Debía dejar las cosas claras ahora. No puedo seguir así. 

—Yo… también le conté a Jack. —admití. Me miró sorprendido. Arrancó algo de pasto con sus dedos y lo soltó. 

—Y, ¿Qué te dijo? 

Miré hacia el río y sonreí. 

—Tenía miedo, de que me estuviera enamorando de tí. —bufé. Enseguida los ojos de Ryan se posaron sobre mí como agujas. Su seriedad me hizo borrar mi sonrisa. 

—Dime qué sientes entonces. 

Quedé descolocada con su pregunta. Maya se acostó entremedio nuestro, alejando a Ryan de mí. Bajé la vista y moví mis manos nerviosa sobre mis rodillas. 

—Yo… no quiero hacerle más daño a Jack. Eso es todo. 

—Sigues sin responder mi pregunta. 

—No puedo responderla. 

—Esto no lo haces por él. —levanté mi cabeza enseguida. Sentí mi piel erizarse al encontrarme con sus ojos—. Te mientes a ti misma, porque crees que de esa forma estás haciendo lo correcto. 

—No… 

—Estás ignorando lo que sientes. 

—Yo sólo…

—Mírame. —No podía. No podía mirarlo por más de siete segundos consecutivos. Solté aire y me armé de valentía para observarlo de nuevo. Contempló cada detalle de mi rostro, y yo a su vez, el suyo. Pasó su lengua por sus labios y habló despacio—: Quiero que me mires a los ojos y me respondas. Tú ya sabes lo que yo siento por ti. Pero si quieres te lo repito… 

Deslizó sus labios formando sus margaritas y yo caí rendida. Solté una risita y estiré el cuello con mi vista al cielo. 

—Ryan yo te responderé. —levantó las cejas sorprendido con mi afirmación. Acaricié la patita de Maya y me puse de pie. Enseguida ella me siguió—. Mañana aquí. A la misma hora. 

Ryan se rio. Me miró desde abajo y suspiró. 

—Eres cruel… 

—¿Aún así te gusto? —pregunté en broma, levantando las cejas. Él asintió rápidamente. 

—Sí. Y mucho. 

Me congelé de nuevo. ¿Por qué se pone serio en los momentos menos oportunos? saqué mis lentes de sol de mi bolso y me los puse. 

—Nos vemos. —dije, moviendo mi mano en despedida. Genial, y ahora, qué hago.

Elige pronto

—Entonces mañana le responderás. —repitió Ethan. 

—¿Y qué le dirás? 

Miré los ojos se Marc y me tomé la cabeza desesperada. 

—No tengo idea. No sé por qué le dije eso. 

—Mejor piénsalo bien. Porque al parecer él va en serio contigo. 

Intercambiaron miradas entre ellos y asintieron resignados. Tienen razón… debía ser sincera con él. La seriedad con la que me afirmó que le gustaba era abrumadora. Y en todo caso, ¿Por qué le gusto? Ni siquiera he pensado en ello. ¿Y por qué a mí me gusta Ryan? si trato de buscar razones, hay muchas cosas que me agradan de él, pero tantas que lo dificultan. Mi vida podría cambiar completamente, solo por estos sentimientos. ¿Qué tan real es? ¿Cuándo durará? si es sólo algo pasajero, una atracción momentánea, qué hago entonces. No puedo lanzarme al agua sin saber quién me salvará si me ahogo.  

Caminaba por la ciudad antes de llegar a mi lugar de encuentro cuando mi mamá me llamó. Le prometí que iría a Riverlight el domingo, pero antes quería un día para salir con mis amigos. No los vería de nuevo en mucho tiempo, y eso rompe mi corazón. Me detuve apenas vi su alta figura a lo lejos. Mis ganas de salir corriendo eran enormes, pero moví mis piernas temblorosas hacia él. Volteó a verme con una sonrisa. Me quedé allí con mi mano en el pecho, sintiendo como los latidos se aceleran a medida que él se acerca. 

—Hola. Emmabella.  

—Hola… 

Balancee mis pies y apreté los puños. Es hora de terminar con eso rápido. 

—Rya…

—Estás hermosa. —me interrumpió dejándome con la boca abierta. Apreté los labios de la frustración. Me daba rabia que esas palabras me hicieran tan feliz si vienen de él. 

—Déjame hablar. ¿Si?  —pedí. Él asintió. Tomé aire y seguí—. Al final, es como tú dijiste. —Sus ojos se posaron sobre mí como una laguna triste y brillante. Sabía perfectamente lo que estaba por decir, pero aun así esperó con paciencia—. Nuestro beso… fue sólo eso. Tú pensaste que yo diría eso, y al final tenías razón. Es eso, nada más. Causamos el daño suficiente a personas que queremos. —Mi voz temblaba. Él asintió, bajó la mirada y luego volvió a mí—. Y nada más va a pasar entre nosotros. 

Nos quedamos en silencio. Una brisa corrió del río hasta nosotros. Rascó su nuca y se acercó un paso más a mí. 

—Lo entiendo Emma. Estaba esperando algo así de tí, considerando que siempre priorizas a los demás por sobre tu felicidad. Pero aún no me respondes mi pregunta. —se acercó lo suficiente como para dejar nuestras narices a centímetros de tocarse. Miré sus labios al hablar—. Tú, ¿Qué sientes por mí? 

Tragué saliva con dificultad. 

—Yo… sorpresivamente, te tengo cariño. —Admití, haciendo que él se alejara inconforme—. Te diría que sí, tal vez pudimos haber sido amigos. Pero ahora es imposible. No después de lo que pasó entre nosotros. Además yo me voy, y tú te quedas.

—¿Estás diciendo que no nos veremos más? —introdujo sus manos en sus bolsillos y ladeó la cabeza, haciéndome sentir pequeña. Asentí con el corazón en la garganta—. Ya veo… 

Pensé por un segundo que se iría enojado, pero en vez de eso sonrió, desordenó su cabello y me miró con ternura. 

—Debo darte las gracias. —soltó. 

—¿Qué?

—Por todo. Por perdonarme. Me hiciste sentir que podía salir adelante después de todo. Sentí que el mundo se me vino abajo cuando me dijeron que no podría volver a boxear. Pero encontrarte en Berlín, y ver que me tratabas como un igual, me hizo darme cuenta de muchas cosas. Que quizá, tengo derecho a vivir. —se encogió de hombros y a mí se me hizo un nudo en la garganta. ¿Qué tan mal lo pasó para pensar en eso?—. Debo ser fuerte y seguir adelante, para recuperarme y no volver a hacerle daño a nadie más nunca, como te lo hice a tí. 

—Ryan…

—Así que gracias. Espero que seas feliz, Emmabella. 

Me dedicó una última sonrisa antes de irse. Miré su espalda alejarse a cada paso y limpie mis ojos rápidamente mientras las lágrimas caían. Así está bien ¿No? Por qué le diría sobre lo que siento si no puedo corresponderle. No puedo estar enamorada de dos personas a la vez, por eso, por eso debía alejarme. Hice lo correcto, entonces por qué. Por qué mi pecho duele de esta forma. 

Me quedé con mi cara plantada en la almohada todo el día. Ethan entró, se sentó a mi lado y me ofreció comida. Pero no quería nada. Sólo por hoy déjenme estar así. Mañana me levantaré y seré la de siempre. Pero hoy no puedo. Pensé en todo. Una y otra vez. Desde la primera vez que lo conocí en la clínica luego de su pelea contra Jack. ¡Hola! Tú debes ser la novia de Jack, ¿no? cuando nos encontramos con él en las vacaciones. Jack, Emma, que sorpresa verlos por aquí. Se burló de mí por decirle que dejara de coquetearme. Me encontró llorando por Ethan y me rodeó con su brazo. Logró hacerme reír aun cuando triste. Esa vibra de paz que transmite… ¿Cómo hubo tanta confianza entre nosotros en tan poco tiempo? desde el principio que sentí algo. Pero cuando me encontré con él este año eso incrementó. Esa sensación de tranquilidad. De deseo. Era una mezcla intensa e indebida. Pero me gustó. Me gustó hablar con él y solucionar el pasado. Mi trauma y el suyo. No podía ser de otra forma, Mía tenía razón. Valió la pena entonces. Nuestro encuentro sí fue por algo. Todas esas veces que me quedaba a solas con él no eran casualidad. Algo debíamos solucionar. Ahora está bien ¿No? recordé nuestro beso. Mi cuerpo electrizado por una corriente que jamás había sentido. Mi pecho pegado al suyo y sus manos tocando mi cintura. Mis ojos se humedecieron de nuevo. Su sonrisa una y otra vez apareció en mi cabeza. 

La puerta se abrió. Levanté la cabeza con mi cabello hecho un desastre sobre mi rostro. Marc me miró con lástima. Caminó despacio hasta mí y se sentó a mi lado. Dejé mi cabeza caer de nuevo sobre la almohada. Él acarició mi cabello con delicadeza. 

—Pareciera que él te botó a ti… —murmuró—. Estabas segura de tu respuesta ¿No es así? —moví mi cabeza de arriba a abajo—. ¿Y entonces? ¿Por qué estás tan triste? 

—S-siempre le hago daño a los que quiero… —hablé con mi voz tapada y gangosa—. Incluso a ti…

—Bueno. No es tu culpa que nos gustes a todos ¿No? 

—Por qué. —me di vuelta para quedar boca arriba. Marc deslizó mis mechones de cabello para verme el rostro—. Por qué les gusto, no lo entiendo. 

—Bueno… creo que todos tendrán razones distintas para eso. —Me sorbeteé los mocos y él sonrió—. Pero creo que todos concordamos en que eres increíblemente amable, dulce y una buena persona. Nunca has tenido malas intenciones, lo sé. Simplemente a veces las cosas no salen como esperamos. —suspiré y él limpió mis mejillas húmedas de las lágrimas—. Emma, no te culpes a ti por todo esto. Tómalo todo como experiencias, ya vendrán los momentos de paz. 

Miré sus margaritas y sus pestañas largas y sonreí. 

—Tal vez habría sido todo más fácil si me hubiera enamorado de ti. 

—Alto ahí bitch. —la voz de Ethan nos sorprendió a los dos. Estaba parado en el umbral de la puerta de brazos cruzados mirándonos. Se acercó a nosotros y deslizó su brazo por el cuello de Marc. 

—El perro ya tiene dueño. —afirmó achicando los ojos de manera desafiante. Marc sonrió. Tomó la mano de su novio y se acercó para darle un beso en los labios.  

Me tapé los ojos y lloriquee con exageración. 

—¡Y tú por qué lloras! —exclamaron al mismo tiempo entre risas. 

—¡Son tan lindos! —Restregué mis ojos con mis manos y me levanté—. Tienen razón. —me miraron sorprendidos. Era la primera vez en el día que me levantaba tanto de la cama. “Debo ser fuerte y seguir adelante, para recuperarme y no volver a hacerle daño a nadie más nunca, como te lo hice a tí” las palabras de Ryan, las tomaré prestadas. Puse mi mano en pecho y sonreí—. Las cosas pasan por algo. Si no hubiera vivido todo lo que viví, ustedes no serían mis mejores amigos. Y tampoco habría los conocido a esos dos boxeadores… no me arrepiento de nada. 

Ambos sonrieron. Marc desordenó mi cabello y Ethan me empujó. 

—¡A ti te falta salir! —Exclamó Et, con sus manos en sus caderas—. ¡Mañana en la noche los tres saldremos a divertirnos! como los viejos tiempos. 

Asentí. 

—Me parece perfecto. 

Hasta luego

Maquillé mis ojos tratando imitar lo que Mía hizo la vez pasada. Me quedó bastante decente, para ser la primera vez. Deslicé con una brocha el iluminador por mis pómulos y la punta de mi nariz. Ethan se apoyó en la puerta y silbó al verme. 

—Vaya amiga, que divina. —soltó. Sonreí al verlo a través del espejo. Guardé el maquillaje en mi cosmetiquero y volteé hacia él. 

—¿Y tú? —pregunté. Le quité sus gruesos lentes dejándolo con un gesto de confusión—. Et, te ves genial. ¿Por qué no intentas ir así hoy? 

Me los quitó y se los puso de nuevo rápidamente. 

—Porque no veo. —ironizó. Marc detrás suyo por el pasillo y apoyó su mano en su hombro. 

—Yo seré tus ojos hoy. —dijo con una sonrisa coqueta, haciendo que Ethan se avergonzara enseguida. 

—¡Déjenme!  —se quejó yéndose por el pasillo. Con Marc intercambiamos miradas y nos reímos. Ethan es adorable, solo que finge no serlo. Eso lo hace aún más cute. 

Fuimos en el deportivo de Marc con la música al máximo. Cantando y gritando con nuestras manos en el aire. ¿Que otro momento tenía para hacer estas locuras de adolescente? solo ahora, solo con ellos. Nos reímos como estúpidos, y al llegar a la disco, Marc detuvo el auto y volteó a verme desde el asiento de adelante con un gesto preocupado. 

—¿Qué pasa? —pregunté inquieta. 

—¿No eres famosa ahora? 

Mis ojos se abrieron del susto. Ethan soltó una risita. 

—Eso podría ser un problema, considerando que estamos en Sidney, y todos conocen al campeón nacional. 

—¿Qué hago? —Intercambiaron miradas, de repente a Marc se le iluminaron los ojos. Se acercó a su novio y le habló al oído, aunque yo pude escuchar todo. —¿Aún tienes eso? —¿Qué cosa? —Eso, lo de la otra noche. —Ahh. Ethan me miró de reojo. Luego asintió. Se bajó del auto y caminó hasta el maletín—. ¿A qué fue?

—Tenemos la solución Emma. 

Junté las cejas al ver la mirada traviesa de Marc. ¿Y estos dos qué están tramando? de repente Ethan volvió. Cerró la puerta y metió su mano debajo de su camiseta para luego sacar una peluca lila. Negué la cabeza de inmediato. 

—No. No puede ser. ¿Qué estaban haciendo? —me lanzó el cabello falso a la cara antes de seguir hablando. 

—Póntela rápido. 

Miré a Marc que tapaba su rostro con su mano aguantándose la risa y suspiré. Mejor no saber detalles. Tomé mi cabello en un tomate y agarré la peluca entre mis dedos. Esto es ridículo, pero debo admitir que es de buena calidad esta cosa. Era hasta los hombros y con fleco un poco más corta de lo que está mi cabello ahora. Los dos me miraron y asintieron. 

—Te ves bien. —dijo Marc sorprendido. 

—Sep. Así nadie sabrá quién eres. 

Salimos del auto para luego entregarle nuestra identificación a los guardias gigantones de la entrada. El hombre me miró unos segundos confundido, luego accedió. Salvada… nos sumergimos entre la gente, la música y las luces. Bailamos mientras caminábamos, Marc sugirió ir a comprar algo para beber, así que fuimos a la barra y Ethan al baño. Nos detuvimos en el mármol iluminado con luces azules. 

—Ese Ethan, su vejiga es del porte de un maní. —gruñó Marc. Solté una risita.

—Qué ¿Ya lo extrañas? 

Rodó los ojos y se acercó a mí. Llamó al bartender que se encontraba de espaldas atendiendo a una pareja a nuestro lado. Me fijé en lo grande que era su espalda. ¿Será deportista? 

—¿Qué quieres beber? —me preguntó Marc en el oído. Me encogí de hombros. En este momento eso no me importa, sólo quiero emborracharme. 

—Qué les sirvo chicos. 

Levanté la cabeza para ver al bartender, que por fin había llegado frente a nosotros. Sus ojos verdes se posaron en Marc y luego en mí. No puede ser… 

—¿Tequila Emma? 

—¡¿Ryan?! —exclamé confundida. Sus ojos se agrandaron al darse cuenta de que era yo. 

—¡¿Emma?! 

Marc levantó las cejas confundido. Por qué, por qué el mundo es así conmigo. ¿Por qué sigue apareciendo frente a mí? ¿Acaso no habíamos terminado ya nuestra relación extraña? miré su cabello rubio que había rapado por completo. Sus rulos perfectos ya no estaban. ¿Por qué lo hizo? él miró mi peluca con la boca abierta. 

—¿Ryan? no me digas… —soltó Marc, despertándome de lo que parecía un sueño, o una pesadilla en este caso. Vine aquí a olvidarlo, y aparece justo frente a mí. Asentí con la cabeza abrumada. Su expresión se iluminó con un “Ah…” me dio unas palmaditas en la espalda y habló en mi nuca: Suerte. ¡Iré a buscar a Ethan! —exclamó, perdiéndose por la multitud. 

—¿Marc? ¡¿Marc?!

¿En serio me deja sola ahora? volteé tímidamente hasta el bartender, que tenía sus ojos plantados encima mío. 

—¿Un nuevo hobby? —preguntó, señalando con las cejas mi peluca. 

—No preguntes… —suspiré. Miré su rostro sonriente y quise gritar como desquiciada. Se veía increíblemente bien, considerando que ya no tenía sus rizos dorados. 

—¿Y tú? 

Él pasó su mano por su cabeza y soltó una risita. 

—¿Esto? no preguntes… —levantó las cejas juguetón. Maldito, me lo devolvió. 

—Pareces una pelota de tenis. —dije, de pura provocación. Él se rió sinceramente, y me pareció adorable. Estaba por decirme algo más pero llegaron unos chicos a la barra y lo llamaron. Enseguida vuelvo. —me dijo, y se fue a atenderlos. Bien, este es mi momento de escapar. Me moví sigilosa hasta desaparecer entre la gente. 

—Mierda, mierda, mierda. —murmuré sola. ¿Por qué me pasa esto? ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Acaso está trabajando aquí? ¡Me alegro por él maldición! no podía creer tanta coincidencia. ¿Justo esta disco? ¿En serio? seguí caminando sin rumbo hasta que me tomaron de la muñeca. Eran Marc y Ethan. 

—¿Estás bien? —me preguntaron al unísono. Golpeé con mi puño el pecho de Marc. 

—¡Por qué me dejaste sola! —exclamé indignada. 

—¡No sé! ¡Pensé que eso querías!

—¡Claro que no!

Quise desordenar mi cabello como desquiciada, pero me detuve al recordar que tenía puesta la peluca. No Emma, siempre digna. Cerré los ojos y solté aire formando un círculo con ambas manos. Debía encontrar mi paz interior—¿Y ahora qué le pasa? —preguntó Marc. —Se volvió loca. —respondió Ethan. Abrí mis ojos y los fulminé con la mirada. 

—¡¿Qué están esperando?! —exclamé indignada. Intercambiaron miradas entre ellos algo temerosos—. ¡Tráiganme alcohol maldición! 

Los dos se movieron en distintas direcciones, chocaron, luego se golpearon y finalmente se dirigieron a la barra. Ay… 

—¿Qué, no puedes estar sobria? —su voz indebidamente sexy en mi oído me crispó del susto. Apareció frente mío con una bandeja en la mano. Llevaba una camisa negra con el logo de la disco, que le quedaba apretada en los músculos de los brazos y la espalda, y el pecho, y las abdominales, ¡Mierda en todas partes! puse mi mano en mi escote para sentir mis latidos. Un susto más así y me muero.

—¿Estás loco? 

—Invita la casa. —me ofreció una copa elegante con un contenido con un débil rosado. Arrugué la mirada para demostrarle mi desconfianza—. Vamos, te gustará. Yo lo preparé. 

—Precisamente por eso no lo quiero. —gruñí. Me crucé de brazos y alcé la vista entre la gente por sí Marc y Ethan ya venían—. Además mis amigos fueron a traerme algo de beber. 

—¿No serán ellos? —preguntó con una expresión divertida. Me apuntó a unos chicos que se besaban apasionadamente en el centro de la pista. 

—Pss, claro que no. —bufé—. Et y Marc nunca… —agudicé la vista y noté que sí eran ellos. Ethan ya no tenía sus lentes puestos, por eso no lo reconocí. Deslizaron sus manos por la espalda del otro con desesperación mientras se comían la boca como si no hubiese un mañana. Sentí repulsión, y cierta envidia al verlos—. Mierda… 

Ryan soltó una risita y me dejó la copa en la mesita a mi lado. Luego se fue entre la gente, con la bandeja arriba. Me gustaría decir que lo perdí de vista, pero su figura era diferenciable en cualquier parte. Era el más alto ahí, y el más musculoso también. Noté que unas chicas le sacaban un par de copas para aprovechar de coquetearle. Ryan les sonrió y se escapó hábilmente. 

—Bien hecho. —comenté sola, mientras bebía un sorbo de mi copa. ¡¿Y yo por qué me estoy tomando esto?! era dulce, pero fresco. Justo como me gustan los tragos. Me encantó de hecho—. Maldito Ryan… 

Ethan y Marc dieron vueltas por la pista hasta llegar a mi lado. Venían riendo, y con su mano en la cintura del otro. Tomé otro sorbo y los miré furiosa. 

—¿Q-qué pasó? —preguntó Marc con la respiración entrecortada. 

—No se vayan a ahogar. —gruñí. Se miraron entre ellos encantados, como si estuviesen orgullosos de ello. Se me revolvió el estómago. ¿Cuándo fue la última vez que yo estuve así? no se vale. Hice un puchero y Marc se apoyó en la pared junto a mí. 

—Hey. ¿Qué pasa? 

—Nada. 

—No me digas que Callen no te besa. —indagó, haciéndome levantar la cabeza. Tomé otro sorbo y mantuve mi puchero de niña.

—Hey, hey. Está bien que lo ames y todo, ¿Pero si no lo demuestran cuál es el punto? —se quejó Ethan indignado. Su novio asintió rápidamente. 

—No es que siempreeeee sea así. —aclaré—. Solo que… no estamos en nuestro mejor momento, ya saben. Las parejas pasan por eso, ¿No es así? 

—Osea, sí. Pero por algo son momentos nada más. —dijo Marc. 

—Sí, sí. Yo no podría estar dos días completos así, me muero. —bufó Ethan. 

—Aww. ¿En serio? —Marc tomó el rostro de su novio y le dio un beso. Y otro más. Rodé los ojos ante tanto cariño. 

—¡Hey! ¡Estábamos hablando de mí! —gruñí. 

—Perdón, perdón. 

Se separaron por fin y me miraron preocupados. 

—No sé Emma. Es fácil decir te amo todos los días, pero eso debe demostrarlo. Los hombres somos sujetos de acciones ¿Sabes? 

Miré la expresión convencida de Ethan y suspiré. ¿Qué se supone que haga? yo tampoco quería volver a lo mismo. Pasar horas sola en otro país, esperando y esperando. ¡Maldición Mía tenía razón en todo! 

Durante la noche me moví sola por la pista, ignoré a todo aquel que me invitó a bailar. Me terminé mi copa y fui al baño. Empecé a sentirme algo mareada y sonreí al espejo. Me apunté a mi misma y hablé sola: 

—¡JA! ¡Así que querías embriagarme Ryan Nolan! ¡Lo sabía! pero no, no, no. No porque esté ebria volveré a colgarme de tu cuello y tratar de besarte, olvidalo. —Una chica salió del baño y me miró como si estuviese loca. Salió corriendo de allí, dejándome (ahora sí) sola—. No se lavó las manos, sucia. 

Salí de allí y me paseé por todo el recinto. Me detuve a preguntarle a varias personas, ¿Han visto una pelota de tenis? pero ninguno entendió mi referencia. No podía creer que estaba esperando encontrármelo. Hace horas no lo veía. ¿Y si ya se fue? llegué hasta la puerta, saludé a los guardias gigantes y me quedé afuera respirando algo de aire fresco. Estaba cansada, quería dormir. Ya aunque mis amigos me trajeron aquí para distraerme, seguía pensando en la misma cosa. Persona, mejor dicho. Hmm. Pelota de tenis. Dejémoslo en pelota de tenis. 

Hey, pelota de tenis

—Hola belleza, ¿Estás sola? 

No otra vez. Sentí que hace mucho tiempo no me pasaba esto. Supieran que soy la novia del campeón no se atreverían a acercarse. Levanté la cabeza y miré sus rostros asquerosos uno por uno. 

—Fuera. —gruñí, haciéndolos intercambiar miradas sorprendidas. 

—Qué ruda… —soltó uno de ellos. Eran tres. Mayores que yo. Se acercaron más.

—Hey, solo venimos a invitarte unas copas. 

—Pues no me interesa. Lárguense. —me crucé de brazos y los miré con desinterés. Al parecer eso los enojó, porque su orgullo es así de perturbable. 

—¡¿Sólo porque eres linda te crees que puedes tratarnos así?! —exclamó uno molesto. Estaba apretando su puño derecho. Qué, ¿Acaso me va a pegar? Estaba oscuro, habían pocas personas en la calle, y los guardias del recinto no alcanzaban a vernos desde aquí. Rodé mis ojos. 

—Mira, mi apariencia no tiene nada que ver aquí. Si les dicen que no, es no. Ahora fuera. 

Se miraron entre ellos y esbozaron una sonrisa malévola. 

—¿Y si no quiero? 

Bien, son unos imbéciles. Está confirmado. ¿De qué forma los podía echar de aquí?

—Sí igual eres una puta ¿O no? sino, para qué la peluca... —uno de ellos se acercó lo suficiente como para tomar un mechón de mi nuevo cabello lila. Sentí un fuego arder en mi pecho. Los quiero matar. Levanté mi mano y al mismo tiempo alguien llegó a mi lado y agarró con fuerzas la muñeca del hombre—. ¡Hijo de…

Los tres se achicaron del miedo al verlo. Parecían enanos al lado de Ryan. Me miró de reojo para asegurarse de que estuviera bien. Enseguida volteó al hombre, haciéndole una llave contra su voluntad.

—¡Me rindo, me rindo! ¡Suéltame por favor! —pidió el imbécil. Ryan lo soltó, empujándolo lejos. Él se quedó acariciando su muñeca y mirándonos con rencor. Los otros dos se aproximaron a nosotros y lanzaron sus vasos con alcohol encima nuestro. 

—¡HIJOS DE PUTAAAA! —gritaron, y corrieron calle abajo. 

Mi top había quedado impregnado con un fuerte olor a alcohol. Pasé mis manos por mi pecho y mi abdomen para quitar las gotas de lo que parecía ser vodka. 

—Cobardes de mierda… —gruñí. Ryan me miró con una sonrisa. A él también le habían ensuciado su camisa, dejándola pegada a su cuerpo—. No tenías que venir a salvarme. —le dije, ignorando mis deseos de darle las gracias. 

—Lo sé. —miré sus ojos verdes y bufé. Ya no me sorprende encontrármelo. Pero, ¿Debería preguntarme qué hubiera pasado si no llegaba?

—¿Ya saliste? —pregunté, tratando de mostrarme desinteresada por su nuevo trabajo. 

—Sí, iba para mi casa ahora, ¿Quieres que te preste una camiseta? —Miré sus ojos inocentes y dudé. Marc y Ethan aún no me llamaban, eso significa que aún no tienen planes de irse. ¿Qué tan seguro será que estemos los dos solos en su casa? debía decir que no. O tal vez acceder, y probarme a mí misma que esta pelotita de tenis no es una amenaza para mí. Y puedo controlarme. Ya lo rechacé, de todos modos—. Está aquí en la esquina. —insistió, al ver que no respondía. 

—Está bien. 

Mi respuesta lo sorprendió. Pasó su mano por su cabeza de tenis y se encaminó por la calle. Yo lo seguí. Corrió una brisa helada que congeló mi piel mojada con alcohol. 

—Pero en serio fuiste valiente con esos idiotas. —Soltó de repente. Me encogí de hombros. 

—No en realidad. Tal vez el alcohol me dio coraje. 

—¿Tomaste mucho?

—Sólo lo que tu me diste. 

Ryan se detuvo y volteó a verme sorprendido. 

—Lo que te di no tenía alcohol. —aclaró, con una inevitable sonrisa divertida. ¿Es broma? ¿Todo este tiempo estuve sobria? y esos mareos qué—. ¿Acaso pensaste que estabas ebria? —se rió de mí muy a gusto, luego siguió caminando. Maldito. 

No sé por qué me daba tanta curiosidad ver cómo estaba viviendo. Y a sólo pasos llegamos a un edificio algo y antiguo. En serio estaba al lado. 

—¿Qué pasó con el otro departamento? —pregunté, mientras pasamos por recepción hacia el ascensor. 

—Lo pagaba Mía. 

—Ah…

Supongo que Mía no considero que podría dejarlo en la calle. No, en realidad conociéndola, seguro que pensó en todo. Me la imagino diciendo: ¡Se lo merece! o algo por el estilo. Llegamos al quinto piso, Ryan sacó las llaves de su pantalón y abrió la puerta. Admiré su nuca desde atrás. Ya no tenía sus rizos, pero seguía haciéndome sentir lo mismo al verlo. ¡Emma no!

Prendió el interruptor pero anda pasó. 

—Mierda, ya me lo cortaron. —murmuró para él mismo. Sonreí inevitablemente, sobretodo porque sabía que él no podía verme—. Perdón, aún no pago la luz…

—No importa. 

Pude ver con dificultad una pequeña cocina, una pequeña sala con un sillón y una sola habitación. Aunque no tenía muchas cosas estaba todo bien ordenado. Sabía que Mía era la sucia… pasamos a su habitación que estaba levemente iluminada con la luna y las estrellas. Apoyé mis manos en orilla de la ventana, que a pesar de ser pequeña y estar tapada con esas rejas antiguas, tenía una bella vista de la ciudad. 

—Aquí tienes. —dijo, lanzándome una camisa entre la oscuridad. Llegó justo a mi rostro y pude sentir por segundos ese rico olor. Me di vuelta de nuevo y deslicé las tiritas de mi top. 

—¡No mires! —pedí.

—¡Tu tampoco! 

Los dos nos reímos porque de todas formas no se veía nada. Me quité mi preciado top arruinado con ese fuerte olor a alcohol y lo dejé sobre la cama. Traté de distinguir el frente de la camiseta sintiendo el roce de la etiqueta con mis dedos. Cuando por fin lo encontré unos pasos silenciosos se detuvieron detrás de mí. Sentí mi corazón latir como loco. Sus dedos tocaron delicadamente mi cintura, haciendo que mi piel se erice al instante. 

—Ryan… —suspiré. 

—Ya sé que me rechazaste. —dijo, con voz baja. Sentí su aliento en mi cuello y me estremecí—. Pero no puedo quedarme tranquilo. Necesito que me digas que no te gusto. Dilo y no me acercaré nunca más. 

Sentí la calidez de su cuerpo rozar con mi espalda desnuda. Apreté la camiseta con mis manos y suspiré.  Quizá era un día valiente para mí, porque las palabras salieron de mi boca así nada más. 

—Me gustas. 

Su mano quedó inmóvil sobre mi cintura. Me encogí de hombros y volteé hacia él. Todo lo que pude ver eran sus ojos brillando de ilusión. 

—Me gustas mucho, Ryan. —repetí. Sostuve su camiseta en mi pecho, y con mi otra mano toqué su mejilla con cuidado. 

—Pero eso no cambia nada, ¿No es así? 

Deslicé mi mano por su oreja y bajé por su brazo hasta soltarlo por completo. 

—Lo siento… —susurré. El silencio nos mataba. La tensión era abrasadora. Mis ganas de besarlo eran tantas que sentí que me volvería loca. Su mano tocó tímidamente mi cadera, pero la quitó enseguida. Oí su respiración pesada. Tomó mi rostro entre sus manos. Pensé que me besaría. Me imaginé sus labios sobre los míos. Tocándonos, recorriéndonos, sintiendo de nuevo esa electricidad que recorrió nuestros cuerpos. Me moría por sentirlo de nuevo. Lo quería cerca, y no podía. No podía.

Besó mi frente y se alejó. Se fue por la puerta y su sombra desapareció. Y me quedé allí largos segundos, tratando de calmar todo eso que sentía. Ese calor que me quemaba y esos deseos que quedaron sin resolver entre nosotros. Estrujé la camiseta entre mis manos, escondí mi cabeza en ella, dejando que aquel olor entre a mis poros. Ese aroma a él, a ese cuerpo que no tocaré jamás. Que no podré sentir junto al mío. Devorándonos, apreciándonos. Amándonos tanto hasta que duela. 

Me puse la camisa y guardé mi top apestoso en mi cartera. Ethan me había enviado un mensaje: ¿Dónde estás? Ya nos vamos. Tomé aire y salí por la puerta. Ryan estaba sentado en el sillón. Con la cabeza baja, en la oscuridad. 

Déjame ser egoísta otra vez. Este sería el último favor que te pediré. 

—¿Me acompañas de vuelta? 

La última promesa

Me siguió sin decir nada. Bajamos el ascensor en silencio, vi mi reflejo en el espejo y sonreí con nostalgia. Su camiseta que me quedaba como vestido. Observé su espalda mientras caminaba detrás de él. Mi celular sonó con una llamada de Marc. —¿Emma? ¿Dónde estás?

—Los espero en la salida. —respondí. Y corté enseguida. Ryan se detuvo en la esquina y volteó a verme con las manos en los bolsillos. 

—Ahí está la entrada. —afirmó. 

—Gracias… —caminé unos pasos y me detuve frente a él. Mañana en la noche me iría a Riverlight. No lo vería más. Ahora sí es real. Miré sus ojos tristes y solté aire con dificultad—. Por todo. 

—¿Te despides para siempre? —preguntó, con una sonrisa a medias. Me encogí de hombros. 

—Mañana vuelvo a Riverlight.

—Voy contigo. 

—Si claro, y te quedas conmigo y con mi mamá. —ironicé. Él rodó los ojos. 

—Siempre quise conocer tu ciudad. 

Solté una risita. Él sonrió de nuevo, y eso alivió un poco la carga de mi pecho. 

—Supongo que es tu última broma. —dije, ladeando la cabeza. Él se acercó un paso más, para quedar frente a mí. Me quitó mi celular que sostenía en mi mano derecha y escribió en el teclado. Me lo extendió con un nuevo número en los contactos. 

—Si piensas en mí, llámame. Iré a buscarte a cualquier rincón del mundo. —Miré su gesto serio y tragué saliva con dificultad—. Es una promesa. 

Negué con la cabeza y sonreí. Mis ojos ardieron. Él sonrió, como siempre, y como nunca lo había visto.

—Adiós, Ryan. 

Me escapé de allí antes de que me viera llorar. Me detuve a metros de la entrada de la discotec y escribí un nombre para guardar su número:

Pelota de tenis

Ni me preguntaron por qué estaba llorando. Supongo que lo dedujeron enseguida. Marc me abrazó con fuerzas. Ethan le dio unos golpecitos a mi cabeza. Y así esperaron unos minutos a que me calmara antes de ir al auto. 

Me quedé con mi cabeza pegada a la ventana hasta que llegamos al departamento. Nos sentamos en la sala junto con Marc. Ethan se quedó de brazos cruzados. Parecía enojado, aunque no entendí muy bien por qué. 

—No tienes por qué mirarme así. —le dije a Marc, con una sonrisa a medias. 

—¿Nos vas a contar?

Asentí y me acomode en el sillón. Maya se subió conmigo y apoyó su cabeza en mis piernas. 

—Aunque no hay mucho que contar, en realidad. 

—¿Y esa camiseta? —preguntó Ethan molesto. Levanté las cejas confundida. 

—Es de Ryan. —sus ojos se elevaron hacia el techo—. No es lo que creen. Unos hombres me estaban molestando afuera de la disco. Ryan llegó a ayudarme, y ellos nos lanzaron sus vasos de alcohol encima como venganza. Fuimos a su departamento que quedaba cerca y me prestó esta camiseta. Eso fue todo. 

—¿Y por qué llorabas? 

Marc me miró preocupado. Sonreí al recordarlo. Es una buena pregunta, ¿Por qué soy yo la que llora? tal vez porque él no lo hace. 

—Mañana me voy, por eso. 

—No quiero que te vayas así. —intervino Ethan. Bajó sus brazos y se acercó para quedar frente a mí—. Mira cómo estás Emma. Pareces una adolescente con serios problemas psicológicos. 

—Gracias…

—Lo digo en serio. No quiero que te vayas ahora. A otro país, sola. Con ese boxeador que ni siquiera te hace caso. ¿Cómo vas a hacer feliz así? —en su rostro había más que preocupación. Parecía desesperado. ¿Cuándo voy a dejar de hacerle daño a los que quiero?—. Quédate con nosotros acá. 

—Et… —Marc miró a su novio y se levantó también. Le dio unos golpecitos en la espalda y sonrió. 

—Tu ya sabes Emma, siempre fuimos los tres. Además hay una habitación libre. 

Solté una risita y suspiré. 

—Ya lo sé chicos… gracias. —Les diría que sí, que lo más probable es que sea feliz aquí con ellos. Podría ir a la universidad, mi mamá estaría orgullosa. Esta es mi casa, y no puedo decirles que no me he imaginado cómo hubiera sido mi vida si me quedaba aquí. Pero al mismo tiempo siento que eso sería escapar. El camino fácil de algo complicado que yo misma elegí. Mi mamá desde chica me enseño que no debía escapar de los problemas. Pero, ¿Podré esta vez, sólo esta vez ser una cobarde?—. Creo que llamaré a Jack. —Dije, luego de estar un buen rato pensando—. Le diré que me quedaré una semana más. 

Intercambiaron miradas resignadas y finalmente asintieron. 

—Algo es algo. —soltó Ethan, encogiéndose de hombros. 

La mañana siguiente entré al chat para enviarle un mensaje a Jack, que extrañamente justo encontré en línea. Estaba escribiendo, cuando él me llamó. 

—¿Jack?  —pregunté algo confundida. No era normal que me llamara así de repente. 

—Emma. ¿Cómo estás? —sentí que no escuchaba su voz hace una eternidad. 

—Bien… ¿Y tú? 

—Todo bien. Oye… —se escuchaba apresurado, como si estuviese caminando, además de muchas otras voces de fondo—. ¿Sigues en Sídney? 

—Sí, de eso te quería hablar de hecho. Tenía planeado irme a Riverlight hoy, pero al final me gustaría quedarme unos días más aquí. 

—Perfecto, porque estoy en el aeropuerto. 

—¿Ah? ¿Dónde? 

—Aquí. 

—¿Aquí, en Australia? 

—Sí. 

Abrí mis ojos como platos. No podía creerlo. Ethan me vio desde el pasillo y se aproximó hasta mí. ¿Qué pasó? preguntó moviendo los labios. Bajé el celular y lo tapé con mi mano. 

—Jack está aquí. —susurré. Él tomó la cabeza. 

—¿Emma? ¿Sigues ahí? —preguntó, mientras acercaba el celular a mi oído otra vez. 

—Sí, sí. Solo que, no me lo esperaba… 

—Estuve pensando, y cuando me preguntaste si podíamos venir una semana acá, tuve que haberte dicho que sí. Sin importar los planes que tenía en Rusia, lo normal es que acompañe a mi novia, ¿No es así? —puse mi mano en mi pecho, porque simplemente no podía creer lo que estaba oyendo. Ahora Marc e Ethan me miraban. ¡Ponlo en altavoz! me decían. Los hice callar con la mano y les di la espalda para no distraerme—. Perdóname por venir sin avisar. 

—¡No, no! eso no importa. ¿V—vienes ahora? 

—Sí. ¿Estás donde tus amigos cierto? 

—Sí. 

—Vale, voy para allá. 

—Okey… 

Cortó la llamada y yo bajé el celular lentamente para luego voltearme hacia mis amigos, que me miraban con los ojos bien abiertos. 

—¿Y bien? —preguntó Ethan inquieto. 

—Él… ya viene para acá. —dije apenas. 

—¡Vaya película que te montas Emma! —exclamó Marc divertido. 

—Esto podría ser un completo caos, ¿Y si se encuentra con Ryan por ahí? —preguntó Et, de brazos cruzados. Mis ojos se abrieron del miedo.

—Hey, Sídney no es tan chico como para que eso pase. 

—Pero si le pasó con Emma, varias veces. 

—¡Ellos siempre se encuentran! 

Caminé despacio por la habitación mientras ellos discutían. 

—¡Emma! ¿A dónde vas? —me detuvieron. 

—¡TENGO QUE DUCHARME Y ARREGLAR ESTA CARA! —grité como loca, corriendo hacia la habitación de Marc para sacar de mi maleta ropa limpia, y decentemente bonita. Me encerré en el baño y prendí el agua caliente—. ¡SI JACK LLEGA SEAN AMABLES POR FAVOR! —pedí desde la ducha. Los escuché responder con desgana y continúe apresurada lavando mi cabello. Debía apresurarme, el aeropuerto no queda tan lejos de aquí. ¡Maldición, cómo no me avisa antes! ni siquiera sabía por qué me sentía tan nerviosa, es como si fuera nuestra primera cita. Y yo con una increíble cara de zombie con la que me desperté hoy, después del gran lloriqueo de anoche. 

Terminé de ducharme, vestirme y arreglarme en 10 minutos. Salí del baño corriendo para esconder mi pijama y todo mi desorden en mi maleta. 

—Vaya cambio. —se burló Ethan mientras peinaba mi cabello frente al espejo. 

—Cállate. —gruñí. Mi celular sonó con un mensaje nuevo, y yo prácticamente salté a verlo. Jack: Estoy abajo. Corrí hasta la puerta, luego me di cuenta que estaba sin zapatos, corrí de vuelta a mi habitación, (ósea la de Marc) y pisé las primeras zapatillas que vi, para ir luego al pasillo y llamar al ascensor. 

Ordené de nuevo mi cabello húmedo mirándome en el espejo hasta llegar a recepción. Las puertas se abrieron, y en lo que me asomé, lo vi con un bolso en mano que dejó en el piso apenas cruzó miradas conmigo. Sonrió con timidez, llevaba unos jeans y una camiseta casual, un perfecto look clásico. Tragué saliva de los nervios. En serio vino. Enserio era Jack. 

Enmendemos

Corrí hasta sus brazos sorprendiéndolo. Me afirmó fuerte de la cintura dando vueltas, quiso pronunciar mi nombre, pero se lo impedí besando sus labios. Un beso largo y profundo, ese que ya conocemos, pero al mismo tiempo se sintió como algo nuevo. Me separé de él y vi sus ojos brillando, con una inevitable sonrisa inocente. Qué bien se veía. Qué lindo es. Pensé, pegando mi rostro en su pecho. Entrelacé mis dedos apenas detrás de su gran espalda. Él acarició mi cabello. 

—¿Cómo has estado? —preguntó. Lo miré molesta y él abrió los ojos confundido. 

—¿Por qué no me dijiste que venías? ¿Qué pasó, no encontraste al campeón de ruso?

—No, sí lo encontré. Íbamos a entrenar, pero le dije que me me tomaría una semana. Tenía algo importante que hacer en mi país primero. 

—¿Y qué es? —pregunté curiosa. Se acercó a mi rostro y sonrió. 

—Estar con mi novia. 

Observé sus ojos cafés que me miraban con dulzura y tomé su rostro entre mis manos. Lo besé de nuevo y sonreí. 

—Eres un idiota. 

Subimos hasta el departamento para encontrarnos al parcito, esperándonos con una sonrisa forzada. 

—¡Holaa! —exclamó Marc, dándole unos golpecitos en el brazo con temor. 

—Hola. —dijo Ethan sin emoción. Lo fulminé con la mirada enseguida. ¿Que no se arreglaron la última vez? 

—Perdón por venir así. —soltó Jack. 

—¡No te preocupes! pasa, pasa. —Marc lo empujó por la espalda dentro del departamento, mientras Ethan me tomaba de la muñeca hacia el pasillo. 

—¿Qué te pasa ahora? —susurré molesta. Se acercó a mi rostro y nos tapó con su mano, mientras los demás conversaban en el sillón. 

—¿Que qué me pasa? ¡Ahora siento lástima por Callen!

—¿Qué dices? ¡Antes lo odiabas! 

—¡Sí pero antes a tí no te gustaba otro! —lo golpeé en el brazo y miré detrás suyo por si nos habían escuchado. 

—¿Qué quieres que haga? ¡No sabía de esto! 

—¡Pues dile la verdad rápido! 

—¡De qué verdad me estás hablando! 

—¡No te hagas! ¡A ti te gusta Ryan! ¡Debes decirlo! 

—¡¿Por qué haría eso?! ¡No quiero herirlo más! 

—¡Pues ya es tarde! —Nuestra guerra de susurros terminó cuando Marc le pidió a Et que fuera por bebidas. Achicó sus ojos acusantes y me señaló con el dedo—. Esto no termina aquí. 

Rodé los ojos. ¿Qué se cree? ¿Porque tengo que decirle que me gusta Ryan? nada cambiaría con contarle, sólo lo deprimiría más. Yo no veré más al rubio, y pronto olvidaría lo que siento por él. (O eso espero). 

Fui hasta la sala donde estaba Jack y Marc conversando. Maya estaba muy instalada en las piernas de Jack moviendo la cola. Ah… está feliz la perra ¿eh? Me senté a su lado y sonreí. 

—¿De qué hablaban? —pregunté. 

—De su pelea contra el campeón alemán. —respondió Marc. 

—Ah, Alex. 

—¿Lo conoces? 

—Sí, a él y su novia Charlotte. ¿No les conté? —Marc se tomó la cabeza apenas dije eso. 

—¡Maldición Emma que tienes suerte!

Tomé la mano de Jack haciendo que me mirara enseguida. 

—¿No estás cansado? 

—No, para nada. 

—¿Enserio? porque Emma llegó con cara de zombie luego de ese vuelo. —comentó Et mientras traía una bandeja con bebidas. 

—Ethan. —gruñí. Él se encogió de hombros. 

—Si no estás cansado podríamos ir a almorzar. —propuso Marc. 

A todos nos pareció una buena idea, así que salimos en el convertible a a un lugar que recomendó Et. Yo iba en los asientos de atrás con Jack, él tomó mi mano mientras los otros dos cantaban fuerte en el auto. ¿Pensará que somos muy infantiles para él? es muy probable. Entrelacé mis dedos con lo suyos y me acerqué a darle un beso. 

—¡Hey, hey! nada de cosas raras atrás. —bromeó Marc, mirando por el espejo retrovisor. 

—Raro fue lo que vi yo ayer en la disco. —le devolví. 

—Lo que pasa en la disco se queda en la disco. —argumentó Ethan. 

Jack sonrió. Me rodeó con su brazo hasta que llegamos. Se sintió lindo. Fue como una doble cita, esa que siempre quise tener con Mathan. Como la que tuvimos con Alex y Charlotte, pero mucho más casual y alocada. 

Notamos al entrar al recinto que voltearon a vernos. Debieron reconocer a Jack y de nuevo, quise esconderme bajo tierra. Molesté a Marc y Ethan porque ahora ellos también serían famosos por estar con él, pero no pareció molestarles la idea en absoluto. 

Comimos allí y tomamos unas cervezas. Luego de horas conversando, en el que por fin, pude ver a Jack más tranquilo y a gusto con mis amigos, volvimos al departamento. En el auto, —sorpresivamente— Jack me propuso ir a caminar los dos por el río. Supe enseguida que quería decirme algo, así que accedí sin preguntar. 

Había una brisa fresca, así que fui corriendo al departamento mientras los hombres seguían conversando apoyados en el auto cosas de deporte. 

Acaricié la cabeza de Maya al entrar. Corrí a mi habitación y saqué la primera sudadera que vi. Baje el ascensor y me despedí (otra vez) del recepcionista, que ya me conocía. Cruzando la calle vi a Ethan correr hasta mí con un gesto preocupado. 

—¿Qué pasó? —pregunté inquieta. 

—Emma… Ryan está aquí. 

Mis ojos se perdieron en el horizonte. No podía ser… nuestro día perfecto arruinado por completo. Vi a Marc al otro lado de la calle, pero no encontré a Jack en ninguna parte. 

—Dónde están. 

—Jack le dijo que fueran a hablar, y se fueron hacia el río. 

—Ay dios. —tomé aire y me adelanté para cruzar la calle. Me encontré con Marc al otro lado. Me señaló por dónde se fueron y yo caminé hacía allí enseguida. 

—¡¿Estarás bien sola?! —me preguntó. Levanté el pulgar y me eché a correr para alcanzarlos. 

Esto es el karma. Es el problema que cree, y las consecuencias de mis acciones. Deseé con mi vida que no se estuvieran moliendo a golpes. Me detuve con la respiración acelerada al verlos allí. Y mis preocupaciones se confirmaron: Estaban peleando. Corrí para bajar las escaleras hasta donde estaban ellos, en un mirador del río. 

—Cómo crees que me sentí. —Me quedé inmóvil a metros de ellos al escuchar la voz de Ryan. Jack lo miraba con un gesto serio. Pasó su mano por su boca limpiando un resto de lo parecía sangre—. Mi última pelea como boxeador fue la que perdí contra ti. 

—Por eso quieres a Emma. —soltó Jack levantando la cabeza con provocación—. Todo es parte de tu venganza contra mí. 

—No. Yo no soy como tú. Yo no la trato como un maldito premio. —tragué saliva con dificultad. Ellos aún no se daban cuenta de que yo estaba ahí—. Emma es la única cosa que me importa en ese mundo. Y eso no tiene nada que ver contigo. 

—¿Y tu crees que yo te creo eso? 

—No me interesa si tu me crees o no. Solo importa que ella lo sepa. 

Vi a Jack apretar los puños. Su mirada cambió, de tal manera que me dio miedo presenciarla. 

—¡DEJA DE HABLAR DE ELLA COMO SI FUESE TUYA! —Era la primera vez que escuchaba a Jack gritar así. Con una rapidez impresionante, acortó su distancia y golpeó con un derechazo la mejilla de Ryan, haciéndolo retroceder. Enseguida lo tomó de la camisa, golpeándolo una y otra vez, sin que él levantara los brazos siquiera para defenderse. Tapé mi rostro con mis manos del miedo—. ¡TU ERES EL MALDITO QUE ABUSÓ DE ELLA! —otro golpe. Y otro—. ¡POR TU CULPA EMMA ESTABA LLORANDO! —Otro golpe y la sangre cayó al piso—. Por tu culpa… —de repente su rabia se transformó en tristeza. Soltó su camiseta dejándolo caer al piso—. Yo nunca te devolví lo que te merecías. Levántate, que aún no termino. —Ryan no se movía. Su cuerpo estaba tirado en el cemento encima de su sangre—. ¡Levántate ya!

Si no hago algo lo matara… si no lo detengo ahora será muy tarde. Ese Jack estaba perdido. Perdido en una oscuridad muy profunda. ¿Realmente era yo la que provocaba ese rencor? quería moverme, pero mis piernas no dejaban de temblar. De repente Ryan apoyó sus manos en el cemento. Se levantó del piso tambaleando y asintió. 

—Tienes razón… yo soy el que le hizo eso. —dijo, haciendo que Jack bajara los brazos—. Yo soy el maldito que hizo eso, y si fuera tú, también me mataría a golpes. Pero sabes, Emma es tan increíble que me perdonó. Es tan amable, que pudo ignorar ese día y hablarme mirándome a los ojos. Ella pudo hacer lo que nosotros no pudimos. Porque somos rencorosos. Somos boxeadores. No olvidamos el rostro de un oponente. Y aunque yo no recuerdo bien ese día, me prometí a mi mismo no olvidar el dolor que sentí después de eso. Decidí mantenerlo siempre. Día tras día recordandome que soy una mierda en este mundo. Así por lo menos, podía pagar toda mi vida lo que la justicia me estableció como un año. —pasó su mano por su cabeza y luego suspiró al cielo—. Y yo la amo. —Al decir eso, Jack adelantó un pie con la intención de golpearlo de nuevo—. Por mucho que lo odies, es la verdad. Sinceramente, yo también pensé que lo mejor sería no encontrarme con ella jamás. Pero pasó, y solo terminé enamorándome más. 

Basta por favor. No digas nada más Ryan. Yo… ya no sé qué hacer. No quiero herir a nadie más. Y me duele escuchar esto. 

—Si de verdad la quieres aléjate. —soltó Jack. 

—Lo haré. Si ella me lo pide. 

Jack lo fulminó con la mirada. Se acercó amenazante hasta él pero se detuvo antes de hacerle algo. Moví mis piernas por fin. Caminé apenas, con mi corazón en la garganta, hasta que me vio. 

—Emma… 

Enseguida Ryan volteó también. Sus ojos se abrieron grandes de la sorpresa. Me miró como preguntando si escuché eso. Mordí mi labio  y caminé unos pasos más hasta posicionarme frente a los dos. Jack tenía un golpe en la mejilla, y Ryan todo su rostro ensangrentado. Cerré los ojos al ver eso. Negué con la cabeza con completa decepción. Un viento fresco nos rodeó, recordándonos el frío que hace apenas los últimos rayos del sol desaparecen. 

—No tengan el descaro de decirme que esto es por mí. —Solté molesta. 

—Emma… —pronunciaron mi nombre al mismo tiempo. Intercambiaron miradas y luego bajaron la cabeza, reprimiendo esas ganas que tenían de golpearse hasta matarse mutuamente. 

—No les creeré. No quiero ni pensar que algo tan horrible tiene que ver conmigo. —Miré los ojos cafés oscuros de Jack y asentí—. Esto es su venganza. —Luego miré esos cafés opacos, que se posaban intensamente sobre los míos—. Su rencor. Y no se acerca en nada a lo que yo deseo. —caminé hasta Ryan, quien se quedó inmóvil enseguida. Miré sus heridas y golpeé su pecho—. ¿Por qué no te defendiste? eres un estúpido… ¿Acaso quieres morir? 

—Lo siento… —susurró apenas, con su cabeza baja. Golpeé su pecho una y otra vez con mi puño. 

—No hagas eso, ¿Castigarte toda la vida? Por algo que sucedió en sólo minutos que perdiste el control de tu enfermedad… en serio eres un idiota. ¿A quién salvaras haciendo eso? ¿A mí? ¿A ti? no sirve de nada que continúes culpándote. —dejé mi puño cerrado en su pecho y suspiré—. Yo no quiero eso. Quiero que vivas, que seas feliz. 

—Emma. 

—Además, me gusta mucho tu sonrisa. —dije, sintiendo mis ojos humedecerse. Ryan sonrió con tristeza—. Así que sonríe mucho. ¿Si? 

Él asintió reiteradas veces. Bajé mi mano y suspiré. Volteé luego hacia Jack. Quien me esperaba en silencio con una expresión miserable. Fui hasta él y me encogí de hombros. 

—Vamos. —le dije, moviendo la cabeza. Asintió sin más, y me siguió. Irme con él, mientras Ryan nos miraba me dolió. Dejarlo allí vulnerable, me estremecía por completo. Quería abrazarlo. Cuidarlo. Pero existen límites en lo que podía hacer. Yo por ahora, debía hablar con Jack. Teníamos la oportunidad de ser sinceros y enmendar un poco todo lo que hemos hecho. Lo aprovecharía. Todo lo que pienso y siento, se lo diría. 

Pensar como boxeador

Se dejó caer en una banca con vista al río. Juntó sus manos ensangrentadas y bajó la cabeza. Ni siquiera quería verme a la cara. Boté aire y me paré frente a él. 

—Tenemos que hablar. —dije, haciendo que me viera  a los ojos por unos segundos. 

—Qué quieres que diga. 

—Por qué lo hiciste. —Pregunté, bajó la cabeza de nuevo, sin responder—. Lo viste paseando por ahí, en su ciudad, y pensaste, oh, Debo golpearlo ¿Es en serio? 

—No lo entiendes. 

—No, no lo entiendo. En absoluto. Y no es la primera vez. Sabes a la perfección que no me gusta el boxeo. Te ha apoyado, he tratado de aprender, de entender. Pero pelear en la calle así nada más. ¿Golpear a alguien que ni siquiera se estaba defendiendo para dejarlo en el piso ensangrentado? claro que no lo entiendo. Y sobre todo porque eres tú. Y tú no eres así. 

Hizo un sonido con su lengua y mordió su labio. Estaba enojado, y quería provocarlo más. Para que discuta conmigo. Así tal vez salgan todas esas cosas que me quiere decir y no se atreve. 

—Yo, no pensé en nada. —soltó incómodo—. Solo lo vi y recordé todo. Me lo imagine besándote… y eso me volvió loco. 

—¡Pero por qué te enojas con él! ¡Te lo dije! ¡Yo fui la que lo besó! ¡Porque quería! ¡Yo! —posé mi mano sobre mi pecho y me di unos golpes—. Él ni siquiera se atrevía a acercarse. Su trauma no lo dejaba. Así que si quieres desahogarte que sea conmigo, golpéame a mí. —Recién entonces hice que me mirara al rostro. Se levantó de la banca quedando a una cabeza sobre la mía. 

—Qué… ¿Estás loca? 

—¿Por qué? ¿Porque soy mujer? ¡Si ustedes los boxeadores arreglan los problemas a golpes, está bien! 

—¡No es lo mismo! 

—¡Por qué no! 

Me sentí algo feliz de que me respondiera. Nunca logramos discutir, y creo que es lo que más nos hace falta. 

—¡Así solucionamos las cosas sólo entre boxeadores! —explicó molesto. Dejé caer mis hombros cansada. Pasé mi mano por mi rostro y asentí. 

—Entonces, si Ryan no fuera boxeador no lo habrías golpeado. Aunque nos hayamos besado. 

—No tan fuerte por lo menos… 

—¡Vaya! —levanté los brazos al cielo y di unos pasos para tratar de calmarme. 

—Emma, lo siento. Así somos los hombres. 

—¡Esa es una excusa de mierda y lo sabes! —lo empujé con mi dedo en su pecho, y él terminó por bajar la cabeza. Sabe que tengo razón, pero es más terco que una piedra. Acaricié mi dedo índice, sentí que casi me lo rompí contra su pecho duro. De repente su expresión cambió, bajó la cabeza y metió sus manos a sus bolsillos, igual que un niño regañado. 

—Tú… lo quieres. ¿No es así? —me miró con sus ojos brillando con tristeza. Tuve que tomar aire antes de responder. 

—Sí. Y mucho. 

—Ya veo. —retrocedió un paso y se dejó caer de nuevo en la banca, bajó la cabeza y pasó sus manos por su cabello, desordenándolo. Por favor no llores. —le pedí al cielo. Balancee mis brazos inquieta y al final me senté a su lado—. Me di cuenta ahora. —Dijo en voz baja, ladeé mi cabeza en un intento de ver su rostro—. Que es importante para ti, y él también, por cómo te miraba, se nota que enserio te quiere. —levantó la cabeza y se apoyó en el respaldo con la vista al cielo oscuro—. Conozco esa mirada después de todo. Es de un boxeador enamorado. 

Solté una risita con la seriedad con que lo dijo. Me miró deslizando sus labios. 

—Hablo en serio. —insistió. 

—Los boxeadores tienen sus códigos para todo, eh. 

—Bueno, para nosotros la vida es como el boxeo. —Apretó su puño manchado en sangre y sonrió levemente—. Mi papá siempre decía que cada caída representaba un problema en la vida. Siempre van a haber, y aunque duelen, y parece que no podemos mover las piernas, ni los brazos, con algo de esfuerzo nos volvemos a poner de pie siempre. Y eso mismo es lo que debemos hacer todos los días. —Sus ojitos brillaron al decirlo, y sentí un regocijo en el pecho al escucharlo. Ah… esto es. Esa mirada, es por lo que me enamoré de él. Recordé las primeras veces que me encontré con él en el río. Esas veces que me habló de su contragolpe, de su papá. Y lo que vivió en Tailandia junto a ese niño. Esas cosas me demostraban lo honesto que es con su boxeo, lo mucho que le gusta. Esta es la persona que yo admiré tanto. Limpié mis ojos aguados antes de que caiga una lágrima. Me miró preocupado y posó su mano en mi rodilla—. Emma, ¿Estás bien?

—Sí. Estoy bien. —luego de un suspiro, y su rostro de inconformidad, pasé mi mano por su cabeza, y le di unos golpecitos. Así como él hacía conmigo—. ¿Nos vamos? debes estar cansado. 

Abrió sus ojos con ilusión. Quizá era la primera vez que lo trataban como un niño. Su padre fue su estricto entrenador desde siempre, y su madre murió de una enfermedad cuando niño. Sólo podía pensar que tal vez esa sea la causa de su increíble disciplina. Pero también su falta de cariño. Por eso le cuesta tanto expresarse, no sabe cómo se demuestra el amor. Me seguía mirando atento, deslicé mis dedos por su nuca y lo atraje hacia mí. Hice que apoyara su cabeza en mi pecho para acariciar su cabello. Ni se movió. Tal vez ni siquiera entendía lo que estaba pasando, (considerando que estuvimos discutiendo minutos atrás) pero se quedó quieto largos segundos hasta que lo solté y le di unos golpecitos en la pierna. Me levanté de la banca y le extendí mi mano con una sonrisa. Sus ojos grandes pestañearon varias veces incrédulos antes de entrelazar sus dedos con los míos. 

No sé por qué yo daba por hecho esta diferencia de edad como algo absoluto. Ambos carecemos de cosas que podemos completar. Al igual que cualquier otra persona. Jack tal vez no sea el adulto impenetrable que yo creía, y tal vez así este bien. Y así me gusta. 

Marc y Ethan esperaban atentos nuestro regreso. Parecía que Et estuvo comiéndose las uñas de los nervios todo el rato que no estuvimos, pero al vernos entrar de la mano, se relajaron un poco. Nos sentamos en el sillón con Maya, mientras yo trataba las heridas de sus nudillos. No podía ni imaginarme la intensidad de los golpes para tener que quedar así. Jack podía matar a alguien con sus propias manos, y no sé cómo debería sentirme yo con eso. Espero que Ryan se trate las heridas de su rostro, también. 

Cuando terminé de vendar, vi sus ojos cerrados, aún con Maya en sus piernas. Sonreí inevitablemente. Ya era tarde, y Ethan y Marc se habían ido a acostar hace un rato. Hice que Maya se bajara, y le di un beso en la mejilla a Jack. Lo desperté apenas, me miró adormilado y volvió a cerrar los ojos. 

—Vamos a cama. —Dije, moviendo su brazo—. No te puedo cargar. 

Finalmente asintió y se levantó. Me dio las gracias al ver su vendaje, se sacó la ropa aún adormilado, quedando solo en boxers y metiéndose a la cama velozmente. Me aguante la risa el verlo. Me puse pijama y me acosté a su lado. Era la primera vez que dormíamos en una cama tan pequeña los dos. Me rodeó con su brazo apenas me sintió allí. Besó mi cabeza y susurró un perezoso: Te amo antes de quedarse dormido definitivamente. Estiré la manta para tapar su pecho descubierto y dejé mi mano sobre él. 

—Yo igual te amo… —susurré—. Idiota. 

Desterrando la caja

—¡Emma! —me desperté al escuchar mi nombre y los golpeteos de la puerta. Jack me miró confundido, traté de moverme pero la pereza me ganaba—. ¡Voy a entrar! 

Y la puerta de la habitación se abrió, y apareció Marc sólo con shorts y su cabello ondulado desordenado en cualquier dirección. Arrastró sus pies hacia nosotros y me enseñó la pantalla de su celular. 

—Supongo que aún no lo han visto. Está por todos lados. —Era una página online de noticias, con fotos de dos personas besándose. Cuando me di cuenta de quienes era, di un salto para sentarme en la cama y quitarle el celular. 

—Mierda. ¡Somos nosotros! —Era Jack y yo, en el momento en que nos encontramos en la recepción. Más de quince fotos de nosotros mirándonos, y besándonos. Golpeé a Jack en el brazo reiteradas veces—. ¡Somos nosotros! 

Se apoyó en el respaldo y miró el celular con los ojos achinados. 

—Esto fue ayer… —murmuró. 

—¡Ya sé que fue ayer! ¡¿En qué momento las tomaron?! —deslicé hasta abajo de la página para ver los comentarios, pero Marc me quitó el celular antes de que pudiera. 

—¡Eso no! ¡Nada de leer las opiniones de los demás! ¡Después te quedas deprimida todo el día! 

Hice un puchero, tenía razón. Entró Ethan a la habitación poniéndose sus lentes. También estaba solo con boxers. Se acercó a nosotros aplaudiendo y se apoyó en la pared con una sonrisa traviesa. 

—¡Bien Emma! ¡Lo hiciste de nuevo! 

—¡Yo no hice nada! —gruñí. 

—Ahora conocen nuestro departamento, no tardarán en llegar fanáticas enloquecidas. —suspiró Marc asustado. Jack se enderezó y le pidió el teléfono. Se quedó analizando las fotos, y nosotros mirándolo en silencio esperando alguna reacción. 

—Esto es raro. —concluyó. 

—¿Por qué? —preguntamos los tres al unísono. 

—Estas fotos fueron tomadas aquí abajo en recepción. —siguió. Nosotros asentimos. Acarició su pera con su mano vendada, tipo detective—. Eso quiere decir que fue en propiedad privada, lo cual es ilegal. 

—¿Entonces puedes demandarlos? —preguntó Marc.

—Puede, pero de qué sirve si ya todos vieron las fotos. —argumentó Ethan. 

—Lo curioso, es que fueron tomadas de frente. Y sólo había una persona más allí además de Emma y yo. 

Intercambiamos miradas sorprendidas. No puede ser. Acaso… 

—¡EL RECEPCIONISTA! —gritamos Et, Marc y yo al mismo tiempo. 

—¡Ese viejo farandulero! —gruñó Marc. 

—Ahora que lo pienso, sí estuvo mirándome mucho desde que entré. —comentó Jack—. Pero en realidad no suelo prestarle atención a eso. 

—Claro que no, eres famoso, estás acostumbrado. —suspiré yo. 

—¡Vamos a ir a darle una paliza a ese viejo! —exclamó Marc entusiasmado, tocando su bicep. Ethan lo siguió hasta la puerta. 

—Esperen. —los detuvo Jack, levantándose de la cama—. Ustedes viven aquí, es mejor que su recepcionista no los odie. Iré yo. 

A Marc y Ethan le brillaron los ojos al verlo. 

—¡Que genial sonó eso! —exclamó Marc, acercándose. Vi a Ethan carraspear y desviar la mirada. Qué tierno… Marc observó el torso desnudo de Jack y abrió los ojos como platos—. Wow… es muy distinto verlo de cerca. Digo, ¡Mira esos abdominales! ¡No sabía que podían existir tantos! ¿Puedo tocar? —Ethan y yo levantamos las cejas sorprendidos. Jack soltó una risita y asintió. 

—Claro. 

Marc lo toqueteó entero mientras Jack levantada su brazo, mostrando sus músculos. Me tapé la cara de la vergüenza. 

—¡Marc basta! —exclamé entre risas. 

—Wow, Emma no sabes lo afortunada que eres de tocar esto todas las noches. —Mi rostro se volvió rojo enseguida. Ethan se rio al verme—. ¡Estos abs valen oro! ¡Es el campeón por dios! ¡Ethan ven a tocar esto!

—¡¿Y yo por qué?!

—Ven, yo sé que quieres.

Et se acercó con una expresión resignada a tocar sus bíceps. Luego abrió los ojos sorprendido y lo tocó con ambas manos. 

—Parece una roca… —murmuró encantado. 

—¿Lo ves? 

Me levanté de la cama y los empujé lejos. Me puse frente a Jack como muralla protectora. 

—¡Suficiente! —gruñí, haciéndolos quejarse como niños pequeños que quieren más galletas. 

—¡No se vale, tú lo tocas siempre! —exclamó Marc, (pss ojalá fuera siempre) se asomó por sobre mi cabeza para verlo—. Señor Callen, podría enseñarnos su rutina. Yo quiero ser como usted. 

Me reí con su formalidad. 

—Claro, entrenemos juntos. —accedió Jack rápidamente, haciendo que Marc y Ethan dieran vueltas emocionados. Maldito Jack, por qué es tan fácil. Me quedé en medio de los tres inútilmente, mientras se ponían a hablar sobre músculos y entrenamientos. Me sentí enana e ignorada entre todos esos torsos desnudos. 

—¡AAHH! —grité, haciéndolos callar—. ¡Vayan a vestirse! ¡¿Cómo tienen a una dama encerrada entre una muralla de abdominales?! ¡Les debería dar vergüenza! —Marc y Ethan se encogieron de hombros. 

—Lo único que me da vergüenza es estar al lado de Jack, me siento flacucho. —admitió Marc, tapando su torso con sus brazos. Ethan asintió, de seguro pensaba lo mismo. 

—Qué dices, tienes un buen cuerpo. —Lo felicitó Jack, haciendo que sus ojos brillaran—. Los dos, se nota que entrenan. 

Marc y Ethan se abrazaron fingiendo un llanto de felicidad. 

—¡¿Oíste eso Et?! ¡El campeón de pesos pesados nos elogió por nuestro cuerpo!

—¡Lo sé! ¡No fue en vano Marc! 

Me tomé la cabeza y salí de allí antes de perder la cordura también. Par de imbéciles. 

—¡Me iré a duchar! —avisé, aunque a nadie le importó. Necesito con urgencias una amiga mujer...

Bajamos el ascensor y nos quedamos mirando desde el pasillo como Jack se acercaba al recepcionista. Marc movió sus pies nervioso y apretó mi brazo.

—¡Qué emoción! ¡Espero que lo golpee! —susurró entusiasta. 

—¡¿Cómo quieres que golpee a un anciano?! —me quejé indignada, moviendo mi brazo para que me soltara. 

—¿Ayer no golpeó a un ex convicto con problemas psicológicos que fue atropellado hace unos meses? —comentó Ethan con un gesto serio. Los dos lo fulminamos con la mirada—. ¿Fue mucho? 

Lo ignoramos y volvimos a Jack, que sin darnos cuenta había aparecido justo frente a nosotros. 

—Al parecer tiene el día libre. —soltó, haciendo que todos bajaramos los hombros con desilusión. 

—¡Tomó el dinero y se escapó el muy listo! —Gruñó Marc—. No se preocupen, lo atraparemos mañana. 

En la tarde salí a pasear a Maya mientras Marc y Ethan salían a correr con Jack. Me detuve en una banca con vista al mar cuando los perdí de vista. Luego de unos minutos venían de vuelta, pero los detuvo un grupo de personas que querían sacarse fotos con Jack. Acomode mi jockey tratando de esconderme, no quería que me reconocieran. 

Ethan y Marc llegaron a mi lado con la respiración acelerada. Et se acostó en la banca mientras Marc se paraba frente a mí con sus manos en sus caderas. 

—Q-qué. H-hay. —suspiró exhausto. 

—¿Todo bien? —me reí. Et tapó sus ojos con sus manos. 

—Fue horrible. —lloriqueo. 

—Vamos, si aún tienes fuerza para llorar sigamos con el entrenamiento. —dijo Jack, que había llegado con nosotros en completa tranquilidad. Apenas sudaba. 

—No lo creo señor Callen. Casi morimos. —se quejó Marc moviendo las manos. 

—¿No querían ver mi entrenamiento? eso no fue nada, apenas troté. 

Intercambiaron miradas asustadas y yo solté una risita. 

—Suficiente por hoy, volvamos a la casa. —dije, haciendo que los tres me siguieran. Su idea de entrenar como el campeón de pesos pesados terminó esa misma tarde. 

Para la cena, compramos algunos aperitivos y vino para celebrar la última noche. Ahora sí, mañana a estas horas estaríamos en Riverlight con Jack. Nos sentamos en la terraza a conversar y tomar, y a pesar de que mis amigos no se animaron indagar mucho en la vida de mi novio, en un momento determinado de la noche, cuando ya todos estábamos más relajados con el efecto del alcohol, Ethan mencionó de lo de Rusia. Y enseguida preguntó por los demás países. 

Jack guardó silencio, como siempre, parecía estar eligiendo las palabras adecuadas para responder. Marc despejó su garganta y soltó un comentario para aliviar el ambiente. 

—¡Es cierto! el campeón ruso está en el puesto número tres, ¿No? es increíble. 

—¿Después piensas volver a Australia? —insistió Et, haciendo que Marc borrara su sonrisa amigable. Se dejó caer en la silla resignado, de seguro era algo que ya había comentado a solas con Ethan. Jugueteó con su copa de vino y miró de reojo a su novio, quien había quedado justo frente a Jack en la mesa—. La verdad es que nosotros extrañamos mucho a Emma, y esos dos meses se nos han hecho largos. Antes de que llegaras le dijimos, que puede quedarse aquí. —miré de a poco a Jack a mi lado, parecía muy atento a la conversación, por lo que reprimí mis ganas de interferir y dejé que Et termine—. No es nada contra ti, ya no por lo menos. Pero hemos visto a Emma bastante inestable, y sinceramente sólo queremos que sea feliz. Supongo que lo entiendes. 

Jack asintió. Soltó aire antes de responder, la música que teníamos de fondo se terminó, y todo el ambiente se volvió algo tenso. 

—Si veo a Emma mal, o infeliz a mi lado, yo mismo la enviaré de vuelta con ustedes. —respondió, haciendo que los tres abriéramos los ojos de la sorpresa. 

Sacudí mis manos en el aire e incliné mi cabeza para que me viera. 

—¡Esperen en poco! —pedí—. ¿No creen que yo soy la que debe decidir eso? entiendo que se preocupen por mí, pero no es como si estuviera enferma o algo por el estilo. Puedo elegir dónde quiero estar y con quién quiero. —apenas lo dije empecé a dudar de mis palabras. ¿En serio es así? los hombres asintieron, como si lo que dije era obvio. Y es que lo es. Pero apenas hablé la conversación había terminado, y parecía como si hubiésemos quedado en el mismo lugar. Apoyé mi espalda de nuevo en el respaldo, pensando bien el significado de mis propias palabras. Marc puso música nuevamente y cambió de tema, mientras habría nuestra segunda botella de merlot. 

A veces es más fácil decir las cosas que transformarlas en acciones. Me dije a mi misma que había madurado el último año, que ya no era la misma niña de antes, tal vez así sea, hasta cierto punto. Pero, ¿Cuánta credibilidad tiene mi palabra si había jurado que mi primer amor terminó aquel día que Jack se fue? ese mismo que empezó otra vez apenas volvió, y yo fui la que di la autorización para que así sea. Porque la verdad es que nunca había terminado. Superar una despedida así, sin más razones, sin consuelo, es siempre más difícil que una que se vio venir hace un tiempo. Eso me hizo cambiar, eso fue lo que me provocó un dolor increíble en el pecho durante meses, y que de no ser por la ayuda de mis amigos, y mi psicólogo quizá no habría superado hasta el día de hoy. Una parte de mí murió aquel día, y la enterré, la dejé marchitarse por completo porque pensé que así sería más fácil. Eso me ayudaría a crecer. Eso pensé pero… ¿Acaso estoy olvidado todo ese esfuerzo que realizó la Emma del pasado? ¿Me perdí a mí en eso? apenas estos pensamientos llegaron a mi cabeza dejé de escuchar la conversación. Sentí un puntaza en la sien y me levanté para ir al baño. 

Mojé mi rostro colorado y mi nuca. Me quedé allí con mis manos apoyadas en el lavabo, mirándome al espejo mientras el agua corría. Después de un rato mis propios ojos me parecieron extraños. Escuché unos suaves golpecitos en la puerta seguidos de la voz de Jack. Apague el agua y sacudí mi cabeza. 

—¡Ya salgo! —dije, aunque ni siquiera había oído lo que me dijo. Me encontré con su pecho al salir, y tuve que levantar la cabeza para ver sus ojos. 

—¿Te sientes bien? —preguntó, claramente preocupado. Solté un largo suspiro antes de pensar en qué decirle. Finalmente observé su mirada marrón y tomé su mano para guiarlo hasta nuestra habitación. Cerré la puerta detrás nuestro y me senté en la cama. Él me siguió, esperando alguna respuesta de mi parte. 

—Ethan tiene razón. —solté, encogiendome de hombros—. Soy una adolescente inestable. Esa es la verdad, por mucho que trate de actuar como adulta, para entrar un poco a tu mundo, y sentirme parte de algo mientras te acompaño, mis crisis existenciales siguen viniendo y no puedo evitar que afecten en mis acciones. —Deslicé mis mechones rebeldes de cabello detrás de mi oreja y sonreí con tristeza—. La verdad es que me sentí algo sola, en Alemania. Y aunque siempre sentí que mis dudas desaparecen con estar unas horas contigo, finalmente sentí que no valía la pena si el resto del día estaba triste y aburrida. Enserio, no sé qué hubiera hecho sin Maya. Y eso es culpa tuya Jack, yo entiendo lo ocupado que estás, y sé que siempre te preocupas por mi y apenas puedes ocupas tu tiempo libre conmigo. Pero, el hecho de que yo no haga nada mientras todos están en algo me vuelve ansiosa. Y para eso no tengo excusas, sé que podría hacer algo en cualquier país en el que esté y que tu me apoyarías, pero como no ni siquiera tengo algo en mente, es algo… no sé cómo explicarlo. Tu siempre haz hecho algo, estás en el boxeo desde niño, eso te apasiona, tienes propósitos y metas, así que supongo que es difícil de entender. —miré de reojo como mantuvo su cabeza baja, con una expresión complicada. Parecía estar pensando mucho, y eso me causo ternura. Le di unos golpecitos en su pierna para despertarlo y sonreí—. Eso era todo. No quería complicarte, al final no es nada así que no lo pienses tanto ¿Sí? 

—No digas que no es nada. —Soltó, con una expresión seria—. Es importante, eres joven y eso es normal. Pero la verdad es que no sé cómo ayudarte, como dijiste, yo siempre tuve algo. Mis mayores miedos y ansiedades aparecen cuando pienso en que no podré hacerlo para siempre, como me gustaría. Un día tendré que retirame, esa es la realidad. Tal vez entonces pueda entenderte mejor. Pero por ahora, solo puedo pensar en que fue mi culpa. —Vi sus ojos temblar y ladeé mi cabeza con confusión—. Por fin estábamos juntos, tenía el privilegio de verte todos los días y sin embargo no lo aproveché. No sabía cómo hacerlo bien. Al final el tiempo pasó, y mientras pensaba que debe ser duro para ti, estar lejos de tu familia y tus amigos, siempre te veía sonreír. No creí que estabas sintiéndote así. Y cargando con todo eso tu sola. Yo… de verdad lo siento Emma. Siento no haberme dado cuenta.

—Jack no… —negué con mi cabeza y me acerqué un poco más hasta que nuestros muslos se juntaron, tomé su mano entre las mías y lo miré a los ojos—. No tengo cómo culparte por eso. No puedo pedirte que estés conmigo siempre y tampoco es tu culpa que yo me sienta tan perdida. En serio. Yo quería estar contigo, quería intentarlo de nuevo, y por eso te acompañé. Y sabiendo que no eras una persona normal, desde que te conocí eras un boxeador profesional y sabía que llegarías lejos, y quise apoyarte en el proceso. Aún quiero. Eso no ha cambiado. Además, no puedo exigirte mucho, considerando que yo fuí la que me equivoqué en Alemania… 

Apretó mis dedos entre sus manos vendadas y se las llevó a su pecho. Besó mis nudillos y me penetró con sus ojos brillantes. 

—Exigeme. —pidió—. Todo lo que quieras. Te prometo que las cosas serán diferentes de ahora en adelante. Te haré feliz. 

Abrí mi boca apenas. ¿Qué podía decir después de eso? sentí un brinco en mi corazón, y sin poder encontrar las palabras correctas, me acerqué a sus labios, al mismo tiempo la puerta se abría de golpe y aparecía Mathan, con sus brazos entrelazados y sus mejillas enrojecidas de tanto vino. 

—¡NOS VAMOS A DORMIIIR! —Exclamó Marc, sosteniendo apenas a Et, quien dejó caer sus lentes al piso de tanta inclinación cerebral—. Et, se curó mucho, así que lo llevaré a la cama. 

Jack y yo asentimos, demostrando que no tenía por qué avisarnos, y que además estábamos en un momento importante de nuestra relación. 

—¡Tu también estás ebrioooh! —dijo Ethan, levantando la cabeza y pasando su mano por el rostro de Marc. 

—Pero yo soy más grande, tengo más resistencia. 

—¡Me ganas sólo por cinco centímetros!

—Sí, sí. Cómo sea, toma tus lentes. Nos vamos. 

Luego de unos tambaleos y discusiones nos dejaron solos otra vez. Me levanté de la cama con un suspiro y cerré la puerta. 

—Tienes buenos amigos. —Comentó Jack. Volteé a mirarlo incrédula. ¿Esa fue su conclusión luego de eso?—. Se preocupan mucho por ti. 

Dejé caer mis hombros y sonreí avergonzada. 

—Lo sé. —Caminé de vuelta y me senté a su lado. Estuve unos segundos mirando esos ojos intensos y bajé la cabeza—. Ya olvidé que estábamos hablando… —dije, aunque recordaba sus palabras a la perfección. Apenas levanté la vista sus labios tocaron los míos. Su mano subió por mi pierna a mi cintura. Su beso me tomó desprevenida, posé mi mano en su pecho mientras él me dejaba corta de aire con su intensidad. Se separó de mí posando sus labios en mi nariz, llegó a mi oído y susurró: 

—Te lo repito si quieres… 

Negué con la cabeza y puse mis manos sobre su cabello, lo traje hacia mi mientras lo besaba insaciablemente. Puso su cuerpo sobre él mío, dejándome caer sobre la cama con el corazón en la garganta. Bajó por mi piel besando mi cuello, hasta posar sus dedos en el cierre de mis jeans. 

—E—espera… —murmuré apenas. Me miró desde abajo levantando las cejas, en un gesto tan sexy que tuve que tragar saliva antes de seguir—. ¿Y si Marc y Ethan nos escuchan? 

—¿Enserio creíste que ellos iban a dormir? —preguntó, con una sonrisa traviesa. Ladeé la cabeza pensativa, considerando su estado y su coqueteo previo, no lo creo...

—Tienes razón. —accedí, haciendo que él volviera a mis caderas. Deslizó mis jeans por mis piernas, y luego mi ropa interior. Suspiré de sólo pensar lo que estaba a punto de hacer. Posé mis dedos en su cabello alborotado y quebré la espalda del regocijo al sentir su lengua en mí. Estiré el cuello liberando todo ese estrés acumulado de los últimos días. La noche se asomó con sus brillos desde la ventana, iluminando más que la lampara que teníamos encendida en la puerta. Me mordí el labio, en un intento de detener ese gemido que quería salir de mi boca. Olvidé rápidamente todas las preocupaciones de recién, lo quería, lo deseaba, lo amaba demasiado, y eso era todo lo que importaba. 

De vuelta a Riverlight

Terminamos de desnudarnos cuando llegó a mi lado. Toqué su cuerpo endurecido con ansías. Quería más, no quería que termine allí. Admiré sus ojos ilusionados y lo besé hasta morder la comisura de sus labios. Tomó mis piernas, agarrando mis muslos con fuerza para atraerme hasta sus caderas. Me miró una vez más con una sonrisa coqueta, antes de penetrarme con fuerzas. Deslicé mis manos por su espalda, enterrando mis uñas en su piel. Cerré los ojos tratando de aguantarme los sonidos que se me podían escapar. 

Su mano tocó mi mejilla con delicadeza, provocando un cosquilleo.

—Mírame. —pidió. 

Vi sus pupilas brillar y solté aire con dificultad. El calor que hacía en esta pequeña cama era impresionante. Sentí mi piel arder, pero no quería que parara. La noche entera parecía interminable, pero se nos hizo muy corta.

Me desperté con el brazo de Jack rodeando mi cintura y su cuerpo pegado al mío bajo las sábanas. Me moví con pereza, no quería levantarme, podría quedarme toda el día aquí a su lado. Abrí los ojos asustada cuando recordé que Marc y Ethan pudieron habernos escuchado. Jack estiró sus piernas y besó mi hombro, que quedaba justo bajo su mentón. Parecía tarde, pero ni siquiera pensábamos en levantarnos.

Levanté un poco la cabeza para revisar el estado de la habitación: teníamos nuestra ropa desparramada por todos lados. Ah… debía ordenar antes de que entre Marc y Ethan sin aviso, como pasó ayer. Estiré mi brazos tratando de escapar, pero Jack enseguida lo impidió afirmandome con un solo brazo que cubría todo mi torso. 

—A dónde vas… —murmuró con voz ronca. 

—Debo ordenar. —dije, mirando unas pequeñas manchas de sangre que habían en las vendas de su mano. 

—Hagámoslo después, antes de que lleguen los chicos. 

—¿Eh? ¿Salieron? 

—Ethan tiene clases y Marc entrenamiento ¿No? 

Suspiré al recordar que hoy era lunes. Lo había olvidado por completo. Volteé en la cama como una oruga hasta poder plantar mi rostro en su pecho. Jack besó mi frente con ternura. Nos quedamos así durante largos minutos, mientras la luz se movía por la habitación, transformando la mañana en mediodía. Después de unos besos me levanté por fin, para entrar a la ducha, que era muy necesaria.

Cuando salí me encontré con Jack haciendo flexiones en la sala. Sequé mi cabello con una toalla y suspiré al verlo. Ya no debería sorprenderme que no pueda quedarse quieto. Pasó a mi lado y me dio un beso corto antes de irse a duchar. 

Busqué una receta de hotcakes veganos en internet para preparar. Era mucho más fácil de lo que creí, así que saqué los ingredientes y me puse a cocinarlos antes de que Jack volviera. El primero se me desarmó, pero los otros quedaron esponjosos y dorados. Me estremecí cuando sentí sus manos rodear mi espalda. Me abrazó, apoyando su cabeza en mi hombro. 

—Son veganos. —recalqué. 

—Hermoso. 

Nos sentamos a desayunar cuando ya eran pasadas las 1 de la tarde. Mientras bebía su café, me contó que hace poco habló con Alex. Al parecer él ya había enfrentado al campeón ruso en el pasado, y le dio algunos consejos a Jack para su pelea. Noté su emoción al hablar, acababa de terminar una pelea intensa en Alemania, y sin embargo, se moría de ganas de tener la siguiente. Lo miré con ternura porque era todo lo que podía hacer. Cuando terminó, en vez de responder algo, me senté en sus piernas y rodeé su nuca con mis brazos. Su cuerpo se pudo rígido de la sorpresa, y sus ojos pestañaron varias veces buscando una respuesta. 

—Te amo. —le dije, como si esa fuese la respuesta absoluta. Y de momento lo era. 

—Yo igual… —no lo dejé terminar porque se me hacía difícil controlar mis ganas de besarlo. Fue un beso húmedo y caliente. Tal vez nos aguantamos durante mucho tiempo estos deseos que ahora pueden fluir con libertad. Me abrí de piernas encima suyo. Él llevó sus manos a mi espalda y bajó hasta mis glúteos. Acababa de vendar sus heridas de nuevo, quizá se abran si me agarra con tanta fuerza, —pensé. Aunque me gustaba demasiado como para pedirle que se detenga. Nuestras respiraciones se aceleraron, acaloradas, insaciables. 

Indagué con mi mano debajo de su camiseta mientras besaba su cuello, y aquel lunar que tanto me gusta. 

—¿Y—y si llega alguien? —preguntó con la voz entrecortada. Sentí sus palpitaciones aceleradas con mis dedos. Ahora era él el preocupado. 

—Siempre llegan tarde, —respondí con mi boca pegada a su piel—. No te preocupes. 

Apenas dije eso se levantó de la silla, con sus manos enterradas en mis muslos, llevándome a la pared en la que chocamos. Siguió besando mi boca mientras caminaba por el pasillo hasta la habitación. Me dejó caer en la cama, mientras se quitaba la camiseta y desabrochaba su cinturón con desesperación. Me quité mi blusa también, no traía puesto sostén así que fue todo más rápido. Su piel caliente se posó sobre la mía, sus manos apretaron mis senos, mientras besaba mi boca sin dejar ningún segundo de descanso. Su mano curiosó dentro de mis shorts, y con apenas un toque, solté un suspiro con su nombre. 

Todo se detuvo de repente cuando sonó la puerta abrirse. No puede ser… los dos nos miramos con los ojos bien abiertos. 

—¿Emma? —era la voz de Ethan desde el pasillo. Jack saltó enseguida a recoger su cinturón y su camiseta. Me estiré en la cama a alcanzar mi blusa, que abotoné torpemente, la puerta sonó con los golpeteos de Et, Jack me miró y yo susurré: ¡Estoy durmiendo! antes de plantar mi cara en la almohada—. Hola… ¿En qué estaban? —preguntó en voz baja. 

—Llegaste temprano… —soltó Jack sonando completamente sospechoso. Qué idiota. 

—Sí, mi profesor no fue. ¡Eso no importa! ¡El recepcionista está abajo! ¡Vamos!

—¿En serio? 

—¡Sí! 

—Vamos entonces. 

Salieron de la habitación y me di vuelta con la respiración agitada. Ni siquiera podía respirar así. Maldición Et, llegas en el peor momento. Aún tenía el deseo latente en mi cuerpo, y tuve que ir a lavarme el rostro con agua fría para calmarme. 

Salí por la puerta cuando los escuché volver. Estaban conversando en lo sillones. Et me retó al verme, indignado con la cantidad de horas que he dormido. Me encogí de hombros porque no tenía cómo replicar. La verdad era que no estaba durmiendo, que tampoco dormimos mucho con Jack anoche…

—¿Qué pasó con el recepcionista? —pregunté para cambiar el tema. Jack abrió los ojos. 

—Ah, ¿Entonces estabas despierta? —soltó Ethan, levantando sus cejas. Mierda… lo olvidé. 

—Medio dormida. 

—Pues nada, el viejo se cagó de miedo y pidió disculpas. Nos dio unas razones desesperadas de que su hija necesitaba una operación o algo así. El campeón le creyó enseguida y lo perdonó. ¡Eres muy inocente! —le dijo a Jack achicando los ojos. 

—¿Y si decía la verdad? 

—Aún así no debería compartir fotos privadas para sacar dinero. 

—Tal vez no le alcance con su sueldo. 

Et negó con la cabeza incrédulo. Yo me reí. Me senté a su lado en el sillón. —Tú novio es muy amable Emma. —me dijo, y yo asentí. Quizá demasiado… Pedimos unas pizzas online mientras esperabamos a Marc que se suponía llegaría temprano. Al final llegó al mismo tiempo que el repartidor, vestido con su ropa de fútbol y zapatos con toperol. Se dio una ducha de un minuto y luego apareció a nuestro lado en la terraza. Abrimos unas cervezas y Ethan se levantó, aclaró su garganta para llamar nuestra atención. 

—Bueno, quería decir unas palabras. —Con Marc intercambiamos miradas y nos echamos a reír—. Sólo quería decir que estoy muy feliz de haber compartido estos pocos días con ustedes. Emma, ya sabes que te queremos mucho, y siempre que lo desees puedes volver. Te estaremos esperando. —puse mi mano sobre mi pecho y limpié una lágrima falsa. Luego volteó hacia Jack, con la cerveza en su mano—. Señor Callen, —soltó nervioso, haciendonos reir de nuevo—. Jack, si me lo permite. Sólo quería decirte que aunque nos costó bastante… ahora estamos felices de que seas tú el que Emma eligió. De verdad.

Jack sonrió y bajó la cabeza avergonzado. Posé mi mano en su rodilla y le di unos golpecitos. 

—¡Salud por eso! —exclamó Marc levantando su copa.

—¡Salud! —dijimos todos, chocando los cristales para luego sumergirnos en la espuma dorada. 

Después de unos minutos, y que no quedara ni una rebanada de pizza, fuimos a terminar de arreglar nuestras cosas. Marc se ofreció llevarnos al aeropuerto, y Ethan nos acompañó. 

Los abracé fuerte antes de pasar por embarque. Ethan se paró frente a Jack y le extendió su mano, rígido como militar. Jack tomó su mano y lo atrajo hacia él para abrazarlo. Marc se les sumó enseguida. Sentí una tranquilidad enorme al verlos así. Pasaron muchas cosas, pero a fin de cuentas nada de eso importa cuando aceptas y das una oportunidad. Me pregunté qué habría pasado si no hubiese ocurrido lo de Ryan. Tal vez ellos dos también podrían haber sido buenos amigos. Es algo que nunca sabremos. 

Luego de dos cortas horas llegamos a nuestra ciudad, Riverlight. Habían pasado sólo tres meses, pero sentí que fue una eternidad. Casi un libro completo. Tomamos un taxi hasta mi casa, en el camino mantuve mi cabeza apoyada en la ventana, miré el río y las pocas luces del sol que quedaban iluminandolo. Tantas cosas pasaron en esa bajada de césped. Todo comenzó allí, admirando una figura inalcanzable, que ahora tengo a mi lado. Entrelacé mi mano con la suya y sonreí.

Maya movió su cola emocionada al sentir aquellos olores familiares. Cuando mi mamá salió por la puerta y abrió el portón, la pequeña corrió por el patio a una gran velocidad. Estaba tan feliz que me sentí realmente culpable por llevarla conmigo hasta tan lejos. 

Mi mamá me abrazó con sus ojos llenos de lágrimas. Me quedó claro que realmente me echo de menos. Cuando nos separamos fue hasta Jack para abrazarlo también. Nos sentamos los tres en la sala a tomar un jugo, y a conversar. Le conté de Alemania mientras buscaba los regalos que traje en mi maleta. Hablamos así por horas, hasta que se hizo por tarde y nos dio sueño. Mi mamá trajo sábanas y una manta para ponerle a Jack en el sillón. Luego se despidió y se fue a acostar. 

Yo fui a ponerme pijama y cepillarme los dientes. Bajé las escaleras sigilosa, ya estaban todas las luces apagadas en el primer piso. Vi a Jack en el sillón con su rostro iluminado con la luz de su celular. Se dio cuenta de mi presencia enseguida, bajó el celular y sonrió. 

—Siento que tengas que dormir acá. —susurré, hincándome frente a él. 

—Es super cómodo. ¿Olvidaste que una vez ya dormí aquí?

—Sí, pero esa vez estabas ebrio. —sus ojos brillaban, sonrió con ellos, formando unas diminutas arrugas en el pliegue externo. 

—Es verdad. 

Tomé su mano y acaricié sus dedos vendados. Sería sólo una noche, y sin embargo me moría de ganas de dormir con él. Es una locura.

—¿Qué pasa? —preguntó, mirándome con atención. 

—Nada… —negué con la cabeza, escondiendo mi sonrisa. 

—Ven aquí. 

Me metí debajo de la manta en el sillón. Tuve que entrelazar mi pierna con la suya para no caerme. Su mano me afirmaba detrás de mi espalda y mi mano quedó sobre su pecho. Me reí al ver su rostro tan cerca del mío. Apenas cabíamos y sin embargo quedé muy cómoda así. 

—Eres muy grande. —me quejé en susurro. 

—Perdón. 

Deslicé mis dedos por su barbilla para besarlo. Allí en el silencio, en la oscuridad, escondidos bajo una manta peluda, con nuestras piernas entrelazadas y nuestros cuerpos sin dejar ni un milimetro de distancia. Escuchamos unas patitas bajar las escaleras, en segundos llegó Maya, subiéndose de un salto a nuestros pies. Los dos soltamos unas risas bajitas. 

—Maya no cabes… —dije, tratando de empujar su trasero con mi pie inútilmente. 

Nos quedamos allí viendo el instagram de Jack, el cual me causo gracia, porque las pocas personas que seguía eran deportistas, boxeadores y entrenadores. ¿Qué tan serio debía ser para su trabajo que sus redes sociales eran exactamente iguales? le quité el celular, le dije que era imposible que no siguiera a ninguna modelo o por lo menos una página de memes. Pero tenía razón, lo único interesante que hallé era el perfil del presidente. Ya rendida, me detuve al ver un nombre con la marca de famoso que apareció al final.  Nolan_Ryan

—Ya no lo usa. —dijo Jack, sin que yo pregunte nada. 

—¿Lo seguías? 

—Él me obligó a seguirlo, cuando estábamos de vacaciones. 

—Ahh. 

Jack tomó el celular y abrió su perfil. Aún tenía miles de seguidores, pero su última publicación había sido hace más de un año. Su página estaba llena de fotos de él entrenando, en el ring, con compañeros de su gimnasio. Parecía feliz en cada una de ellas, e incluso más joven. 

—Después de perder contra mí que dejó de usarlo. 

—No creo que haya sido por ti. —solté despacio. Los dos nos quedamos en silencio. Lo más probable es que fue por lo que pasó conmigo. Estuvo un año en la cárcel, y después de eso continuó con sus terapias. ¿Qué foto subiría ahora si no es relacionada con el boxeo? en eso Jack podía entenderlo, tal vez sea lo único. Le di un beso en la mejilla que lo sorprendió, estaba muy sumergido en sus pensamientos. 

—Ya debo irme. Es tarde. —susurré. Él asintió—. Descansa… 

Giré por el sillón hasta salir de nuestro enredo corporal. Maya se levantó y me siguió enseguida por las escaleras. En cierto punto Jack siente culpa por lo de Ryan. Hace un tiempo me había dado cuenta, pero no comprendo del todo por qué. Aunque dice odiarlo, (y puede que sea verdad) comprende mejor que nadie los sentimientos de un boxeador. Y eso le pesa. Le duele tener que dejarlo algún día también. Aunque sabe que eventualmente tendrá que pasar. 

El ex entrenador

Jack se congeló apenas lo vio. Habían pasado meses, y el término de su relación no había sido la mejor tampoco. Puse mi mano en su espalda para calmarlo. Luego reaccionó y caminó los pocos pasos que nos faltaban para llegar a él. 

—Papá… 

Habíamos salido temprano con Jack a pasear a Maya, queríamos recorrer nuestra ciudad un poco antes de irnos de nuevo a otro país. A mi perra le dio por llevarnos por calles pequeñas, aunque la mayoría de las veces prefiere quedarse frente al río. Así que la seguimos, sin darle demasiada importancia a dónde nos dirigíamos. Al doblar en una calle se detuvo, moviendo su cola. Y enseguida Jack se paralizó. 

Nos miró con sus ojos serios. Su cabello gris y con ropa deportiva. En el pecho llevaba el logo de un gimnasio. Maya se paró frente a él juguetona, hice que retrocediera y me disculpe con la mirada. 

—¿Cómo estás? —me preguntó. 

—¡Bien, bien! ¿Y usted? 

—Bien. 

Asentí con una sonrisa tratando de apaciguar esta tensión que nos rodeaba. ¿En serio Jack no lo saludaría? las puertas de la tienda nuestro lado se abrieron, y de ellas salió un joven de mediana estatura con cabello y ojos oscuros y cejas gruesas. También estaba vestido con buzo y una sudadera con el mismo logo que la que tenía el papá de Jack. Traía unas bolsas consigo que botó al suelo apenas nos vio. 

—¡¿CALLEN?! —exclamó impresionado, saltando enseguida a abrazarlo. Su rostro se me hacia conocido. Así que comencé a pensar apresurada para acordarme. 

—Hola Foley… —suspiró Jack. 

Foley… Foley… ¡Mike Foley! ¡El campeón de pesos crucero! era el hombre por el que Jack se mantenía en una dieta estricta para mantenerse en su categoría y poder pelear con él. Recordé enseguida la vez que me lo encontré en el metro con Marc. 

—¿Cuándo volviste? ¿Por qué no me has llamado? ¡Eres malo! —se quejó, luego me miró a mí y bajó la cabeza en forma de saludo. 

—Así que aún mantienes el cinturón. 

—Sí bueno… —pasó su mano por su cabeza y sonrió avergonzado—. Ya sabes, no es fácil. ¡Pero y tú! ¡Vi cómo le ganaste al campeón alemán! Tu amigo de infancia ¿No? ¡Fue increíble! 

—Pero no pude noquearlo. 

—Me imaginé que dirías algo así, no te gusta que los encuentros se decidan por puntos después de todo. Pero aún así fue una gran pelea. 

—Gracias… 

—¿Tienes tiempo? ¿Te parece si vamos a beber un café? 

—¡Yo voy feliz a beber un café! —intervine, haciendo que los tres miraran sorprendidos—. Jack quería hablar un rato con su papá, no lo ve hace mucho. —Levanté mis cejas y pestañeé varias veces mirando a Mike Foley, quien después de unos segundos entendió. 

—¡Ahh! ¡Sí claro! Padre e hijo deben tener muchas cosas que hablar. —Tomó sus bolsas y se las pasó a Jack—. Hazme un favor y lleva esto al gimnasio, así aprovechas de saludar a los chicos también. 

—Qué, oigan, esperen. 

—¡Te esperamos en río! —exclamé cruzando la calle junto con Mike. Cuando nos alejamos lo suficiente los dos soltamos unas risas nerviosas—. Se veían tan incómodos… pero gracias por ayudar. 

—¡Claro! ni Jack ni el entrenador son buenos para hablar, no tiene nada de malo darles un empujoncito a veces. —asentí con mi mano en el pecho. Sólo espero que Jack no se enoje conmigo después de esto…—. Por cierto, Tu eres Emma ¿cierto?

—Sí. 

—Mucho gusto. Dime Mike. —Dijo, extendiendome su mano. La tomé con una sonrisa, antes de detenernos en en la vereda frente al río. 

—Te conozco, en parte. —Admití—. Fui a ver tu pelea contra Jack el año pasado. Además sé un poco de su historia. Y por qué Jack quería tanto pelear contra ti. —Abrió los ojos sorprendido y asintió. 

—Ya veo. Yo en cambio me enteré de ti por el entrenador. 

—¡¿El papá de Jack?! 

—Sí. Yo siempre quise ser amigo de Jack, pero él no es muy sincero con sus sentimientos. Y como además habíamos tomado el papel de rivales, era difícil hablar de otras cosas que nos sean boxeo. —Asentí. Él acarició la cabeza de Maya cuando se le acercó—. Luego de que el papá de Jack dejara de entrenarlo, y decidiera volver al gimnasio, que me ha estado entrenando a mí. Supongo que por eso Jack se siente resentido. Que tu propio padre te abandone en el momento más importante de tu carrera, es difícil de creer. “Es mucha presión” dijo, tal vez no esperaba que su hijo trinfara en el mundo, eso que él no alcanzó. 

—Espera, espera. —moví mis manos y las dejé sobre mi sien analizando todo—. ¿Que el señor Callen abandonó a Jack para volver al gimnasio? ¿Eso fue lo que dijo?

—Sí. ¿No fue así? —me miró confundido y yo solté aire cansada. 

—Vaya… realmente se parecen esos dos. —concluí. Miré al cielo unos segundos y volteé para verlo al rostro—. Jack fue el que despidió a su papá. —sus ojos se abrieron de la sorpresa y luego se cerraron despacio, como si hubiese entendido algo—. Supongo que el señor Callen dijo eso para no hacer quedar mal a su hijo. Aunque no entiendo muy bien nada de eso. ¿Por qué Jack lo despidiría cuando lo más lo necesitaba? ni siquiera tiene entrenador ahora, no tiene sentido. 

—Quizá haya algo que solo esos dos sepan. Es difícil comprender una relación como la suya. Todos esos años, solo los dos y el boxeo. Deben haber cosas que no podamos entender ni aunque queramos. 

Tenía razón. Su relación es especial. Es única y existen muchos años y recuerdos por detrás. Cuando su mamá murió eran ellos nada más. Pensé que tal vez Jack sentía cierto rencor hacia su padre, si él no le hubiera dicho que se quedara el alemania y ganara el campeonato, quizá habría podido llegar a tiempo para despedirse de su mamá. Eso pensé pero, si fue así, ¿Por qué se quedó a su lado boxeando todos esos años? él admiraba el boxeo de su padre. Mike tiene razón, no es tan sencillo como parece. Solo espero que estén hablando ahora, con sinceridad. Espero que puedan arreglarse un poco para que Jack esté más tranquilo. 

Pasaron cerca de veinte, veinticinco minutos cuando Jack volvió. Venía solo, caminando por el río hasta que Mike le gritó para que nos viera. Corrió colina bajo para alcanzarlo, hablaron algo, él le dio un golpe amistoso en el brazo. Luego vino corriendo de vuelta hacia mí con una sonrisa. 

—Debo volver al entrenamiento. —me dijo con una sonrisa—. ¡Fue un gusto conocerte Emma! ¡Cuídate!

—¡Tu igual! 

Luego se fue corriendo por la vereda, y yo bajé la colina hacia Jack, quien me esperaba con las manos en los bolsillos. Tuve miedo de lo que fuera a pasar, traté de ver en su expresión si había ido bien o no. Pero como siempre, Jack es un misterio, impredecible y algo frío con sus gestos. 

Caminé despacio hasta quedar frente a él. Me detuve y esperé a que hablara. Me miró a los ojos, luego al río y al cielo. Su cuello se estiró marcando su nuez. 

—Por qué lo hiciste. —soltó con los ojos cerrados. Volvió a mí, penetrandome con ese café oscuro, haciéndome sentir algo intimidada.

—Yo… no debí hacerlo. 

—No, no debiste. 

Miré su expresión seria y tragué saliva. Quizás empeore todo, quizá me odie por esto. 

—Sé que no entiendo nada de ustedes. Tal vez ni aunque me lo cuentes termine de entenderlo, pero sentí que debías hablar con él. Han pasado meses, y yo te conozco. Esa expresión de tristeza que pones cuando te pregunto por él… —rodó sus ojos con cansancio, volvió a mirar al piso—. ¡Perdón si te molestó! yo no puedo quedarme callada a veces, lo sabes. Así que si estás enojado conmigo, lo entiendo. 

—Emma. 

—Qué… 

Me miró de nuevo, sacó las manos de sus bolsillos y se acercó otro paso a mí. 

—Gracias. 

—¿Qué? 

No entendía nada. ¿Fue sarcastico? ¿O en serio no está enojado? me rodeó con su brazos y acarició mi cabeza que quedó apoyada en su pecho. 

—Gracias… —repitió. Sonreí al oír su voz tranquila. Deslicé mis brazos para rodear su espalda. Entonces no fue del todo mal… me sentí liberada al saberlo. Entendí ese gracias de mil maneras, pero sabía que tampoco me contaría qué hablaron. Pero si le ayudo en algo, si eso le quitó un poco de peso sobre sus hombros, yo soy feliz. 

Caminamos de vuelta a mi casa. Mi mamá llegó en la tarde, más temprano de lo usual, me dijo que cenariamos los cuatro (junto su nuevo novio) sería la primera vez que lo conociera, y el primero después de mi papá, así que me sentía algo nerviosa. 

Todo se pasó cuando vi al señor entrar por la puerta, (señor, aunque minutos luego me enteraría que es menor que mi mamá) me dio gusto ver que era alguien sencillo y amable. Y sobretodo que mi mamá parecía muy feliz, así como lo no la había visto hace mucho tiempo. 

Conversamos los cuatro, y no fue tan incómodo como pensé. De hecho la conversación tomó su rumbo con facilidad. El novio de mi mamá, Daniel, era español, y dirige varios hoteles en todo el mundo. Incluido Rusia, por lo que estuvo hablando con Jack de negocios. Después de la comida fui con mi mamá a la cocina a dejar los platos y traer el postre. 

La vi algo nerviosa, buscando por todos lados los platos que tenía frente a ella.

—Lo hice vegano por primera vez para que Jack coma. —dijo, poniendo en unos platos las tartas cubiertas de chocolate y coco—. Hija, trae los berries para ponerle al lado. —Me señaló a medias hacia el refrigerador. 

—¿Lamington? —pregunté, entregandole la bandeja con frutillas y arándanos. 

—Sí, espero que hayan quedado buenos. 

Decoró todo en cada plato, añadiendo unas hojas de menta encima de la fruta, y me miró con los ojos bien abiertos, como buscando aprobación. 

—Están perfectos mamá, relájate. 

—Estoy tranquila. Solo quería que tuviéramos una linda cena. Es la primera con Jack y también estás conociendo a Daniel, así que. —Suspiró y apoyó su espalda en la repisa. 

—¿Y? ¿Que opinas de él? 

Me reí al ver sus ojos llenos de ilusión. ¿Acaso es normal que una madre le pida la aprobación a su hija? me crucé de brazos y ladeé la cabeza. 

—No sé… ¿No es muy joven para ti? —bromeé. 

—Pff, tú no me hables de diferencias de edad. Yo ya cambié mi perspectiva sobre eso. Al verte a ti y Jack me di cuenta que es sólo un número. Además Daniel es sólo cinco años menor que yo. —abrí mis ojos como platos. Cuando dijeron que era menor pensé que serían dos o tres años máximo. ¿Eso quiere decir que tiene treinta y tres? mierda, si lo pienso es sólo cuatro años mayor que Ryan. Pero la diferencia es enorme—. Vamos, llevemos esto a la mesa. Lleva el café hija. 

—Vale. —tomé la bandeja con la tazas y me acerqué a ella antes de salir de la cocina—. Y sí, me agrada mamá. —susurré, haciendo que ella volteara con una gran sonrisa. 

—Gracias Emma. 

La cena terminó bien, igual que como empezó. Y luego de que Daniel se fuera, pasadas las once de la noche, Jack me dijo que se iría también. No me lo esperaba en realidad, pero me dijo que aprovecharía de limpiar su departamento que lleva meses abandonado, y que mañana tendría una reunión con sus fans de Riverlight muy cerca. Así que lo acompañé afuera. 

—Aprovecha de ver esa película con tu mamá. 

—Sí… 

Acarició la cabeza de Maya que lo miraba moviendo su cola antes de venir a mi lado y darme un beso. Uno que me pareció demasiado corto comparado con las ganas que tenía de tenerlo cerca. 

Se despidió con la mano hasta irse calle abajo en la oscuridad. Miré su espalda a cada paso, sintiendo un cosquilleo extraño en mi pecho. Los días así, tan en paz, viviendo nuestra relación de manera normal, así como pensé que sería imposible hace un año, me hacen muy feliz. Pero no puedo quitarme de encima esa sensación de que no podrá ser para siempre así. 

Luego de un tiempo entendería el por qué. 

Rusia

Todo pasó más rápido de lo que imaginé. Esos pocos días con mi mamá fueron realmente cortos. Me prometió pedir vacaciones en invierno, para salir a algún lado nosotras solas. Pero para eso aún faltaban tres meses. Lo demás fueron muchos abrazos y besos. Me dio gusto ver que estaba feliz, y que además había encontrado a alguien bueno, como se merece. Tal vez por lo mismo estaba más relajada con lo de Jack y yo. Dijo que me notaba más madura, y que eso la tranquilizaba, aunque no sé qué tan así sea en realidad. 

Lloré y seguí llorando en el taxi, todo el camino hasta el aeropuerto. Dejar a Maya me costó mucho más de lo que pensé. Es mi compañera, mi única amiga que me acompañó en todos los momentos difíciles. Pero sabía que ir viajando de país en país no es fácil para ella. Está acostumbrada a Riverlight, al río y a las multitudes pequeñas. Por eso sé que le cause un estrés enorme en los aviones y no quería que siga pasando por eso. Sobre todo porque ahora, serían menos tiempo el que nos quedaríamos en cada país. En Alemania fue más porque Alex estaba allí. 

Ahora sí, debía ser fuerte por mi cuenta. Y dentro de mí sabía, que volvería pronto. Así que espérame, Maya. 

Luego de casi diez mil kilómetros de distancia, llegamos a Moscú. Era una ciudad tan hermosa, casi sacada de un cuento de magia, que no pude despegar mi vista de la ventana hasta llegar al hotel. Olvidé todo el cansancio que sentía y le pedí a Jack que fuéramos pasear enseguida. Tomé miles de fotos de la catedral de San Basilio. Quedé impresionada con lo hermoso que era. Mientras yo exclamaba entusiasmada, Jack observó todo en silencio, con las manos en los bolsillos. 

—¿Habías venido? —pregunté, parándome junto a él. 

—Nunca lo había visto de cerca. 

Tal vez esa sea su manera de disfrutarlo. Tomé su brazo y lo atraje hacia mí. 

—Tomémonos una selfie. 

Puse mi cámara hacia nuestros rostros notoriamente cansados por el viaje. El palacio se veía de fondo, iluminando el paisaje con sus múltiples colores. Entonces pensé, ¿Cuántas fotos tengo junto a Jack? ¿Tres con esta? ¿Y cuánto tiempo llevo enamorada de él? me gustaría decir que han sido sólo los seis meses que llevamos juntos, pero no puedo descartar mis sentimientos del año pasado. Aun cuando él se había ido. Aun cuando me había dejado sola. No deje de pensar en Jack un solo día. Aunque no quería admitirlo, tenía la esperanza de que algún día volvería y vendría a buscarme. Ahora lo veo a mi lado siempre, y de alguna manera se me sigue haciendo raro. 

Esa noche no pude quedarme dormida. A pesar del cansancio, me quedé con mi cabeza apoyada en el pecho de Jack por horas. Sintiendo sus tranquilas palpitaciones. Admiré de nuevo, cada detalle de su piel. Pero entonces yo no sabía, que las cosas podrían cambiar tanto en un mes. 

—¿Estás en el estadio? 

—Sí, ahora está la pelea de inicio. —dije, tratando de salir de entre la multitud hasta el pasillo con más silencio. Me apoyé en la pared cerca de los baños—. Y… ¿Cómo estás? 

—Qué puedo decir… —escuché un suspiro de su parte. No estaba bien para nada, se le notaba en la voz. Se me hacía un nudo en la garganta al saber que yo no podía hacer nada por ellos—. Et se va mañana. 

—¡¿Mañana?!

—Sí. Ya encontró lugar. Está decidido. —Cambié de mano mi celular y apreté mis labios—. No pude hacer nada. No pude detenerlo… 

—Marc… tranquilo. —dije, tratando de que mi voz no se quebrara. Quién diría que esto pasaría. Mathan parecía la pareja ideal, por donde lo mires. Yo siempre tuve algo de celos. Por cómo se entendían, hablan de todo, se apoyaban mutuamente. Era como si hubieran encontrado un pequeño mundo dentro de ellos dos. Y así más fuertes, podrían con todo lo demás. Hay personas que nos hacen sentir invencibles, capaces de todo. Pero no todo es tan fácil como suena—. Yo estaré pronto contigo. No te preocupes, buscaremos una solución. —Escuché su llanto del otro lado y me tomé la cabeza desesperada—. No llores… Marc, no llores por favor. Todo va a estar bien. 

Luego de terminar la llamada tuve que ir al baño a mojar mi rostro con agua fría. En tiempos tan raros, solo puedo estar segura de lo que siento por ellos. Son mis amigos, y yo nunca estoy cuando lo necesitan. Esta vez, haría las cosas diferentes. 

Cuando volví a la arena la pelea anterior ya había terminado. Las luces de los pasillos estaban encendidas, por lo que fue más fácil encontrar mi lugar. Бой в тяжелом весе вот—вот начнется! no entendí nada de lo que dijeron los comentaristas, pero por la reacción de la gente debía ser la pelea principal. Jack contra el campeón ruso, Nikolai Ivanov. 

Entró por la esquina azul, acompañado de su equipo sin entrenador. Caminó como siempre, con seguridad y una expresión seria. Con shorts blancos con turquesa y botas blancas. Saludó al público levantando los brazos y luego esperó en su esquina mientras entraba el ruso. Nikolai se veía gigante, su rostro era grueso, con una mandíbula prominente y la cabeza rapada. Sus ojos eran pequeños y rasgados. Llevaba zapatos y shorts rojos. Apenas subió al ring y levantó los puños el público enloqueció en gritos. En su mayoría masculinos y gruesos. En estos momentos extrañaba ver las peleas en mi país, donde siempre hay personas apoyando a Jack, gritando en un idioma que entiendo. El referí se acercó a ellos y dio la señal. 

Round 1

—Mírame. —pidió. Miré sus ojos cafés y asentí involuntariamente. Me dio un beso en la cabeza y tocaron la puerta. ¿Está listo señor Callen? preguntaron los del staff. Suspiré porque apenas son minutos los que puedo verlo. 

—Gana. —dije, con los ojos ardiendo. Él entendió enseguida. 

—Acabaré con él en el segundo round.

Mis ganas de que Jack le rompiera la cara a ese idiota eran completamente personales. Posiblemente sea una exageración, pero no pude olvidar sus palabras en aquel tosco inglés. “No traigas distracciones al ring. Eso es un deporte serio”. Como si no lo supiera. He tenido que acomodar mi vida a las reglas del boxeo. Aun cuando ni siquiera lo práctico. ¿Y ahora no me dejan ni siquiera acompañar a mi novio a su entrenamiento? esto fue hace un mes, debería olvidarlo. Pero aun así quiero ver su rostro machista contra la lona. 

El ruso fue el primero en tomar la ofensiva. A una gran distancia logró llegar hasta la defensa de Jack con unos rectos. Su alcance es impresionante. Allí está la ventaja de tener esos brazos tan largos y tenebrosos. 

Jack esquivó sus golpes, de los lados y arriba. Y apenas vio la oportunidad, se movió debajo de los puños de su oponente para acortar esa distancia que lo deja en desventaja. Con un solo uppercut logró derribar la defensa de Nikolai. 

—¡Bien! —exclamé sola, rodeada de hombres rusos que me fulminaron con la mirada. 

Seguía un golpe limpio al cuerpo, pero el ruso se cubrió antes de que eso pase. Quedó en las cuerdas, con Jack encima de él conectando golpes. Nikolai no podía escapar, por lo que trató con un cruzado muy abierto y desesperado, que dejó su tronco al descubierto. Perfecto momento para un contragolpe. Y eso fue lo que pasó, Jack arremetió un golpe limpio en sus costillas, y cuando iba por el segundo, la campana sonó. 

Round 2

—¿Te irás?  —preguntó. Con una voz apagada, sin esperar nada. 

—Sí. 

—Ya veo. 

Jack fue con todo apenas empezaron estos tres minutos. Quería terminar con esta pelea pronto, en el segundo round, eso fue lo que dijo. Aunque no entendía muy bien por qué. Tuvo varios spar con Nikolai durante este mes, y su resistencia era incluso mejor que la de él. ¿Entonces por qué tenía ese gesto desesperado en su rostro? 

El intercambio de golpes de volvió feroz. Ambos conectaron golpes increíbles, y sin embargo no retrocedían. Un gancho de Nikolai clavó contra la mejilla de Jack, pude ver en la pantalla la intensidad del golpe, parecía que su mandíbula se rompería, pero Jack en vez de cubrirse aprovechó ese momento para hacer un contragolpe contra el rostro del ruso. Luego del impacto, ambos salieron volando. Nikolai cayó a la lona y Jack quedó afirmado contra las cuerdas. 

Después de segundos en silencio entre la audiencia y los comentaristas pude respirar de nuevo. ¡Jack estás demente! fue el contragolpe más arriesgado que le he visto hacer. Por esa locura, el daño del golpe fue mucho mayor de lo pudo haber sido si retrocedía. Pero gracias a eso que Nikolai está en la lona. 

¡Tres! ¡Cuatro! 

El conteo continuaba en un inglés algo bruto. La expectación del público porque su campeón se levantara era impresionante. Sus pies comenzaron a golpetear el piso en una sincronía que convirtió la arena entera en un concierto. 

Yo no quité mis ojos de la pantalla donde aparecía Jack. Tenía sus ojos cerrados, con el cuello estirado, afirmándose de las cuerdas en la esquina neutral. Recé porque no se pusiera de pie. Algo me decía que esto sería la única oportunidad. 

¡Seis! y la arena se llenó de gritos de esperanza. Abrí mis ojos al mismo tiempo que Jack. Nikolai estaba ahora de rodillas sobre la lona. Tomó su protector bucal manchado de sangre que había salido volando y se lo puso. ¡Siete! sus piernas temblaron, pero logró ponerse de pie. La audiencia enloqueció. Apreté mis manos de la rabia. No podía creer que haya podido levantar después de eso. Ese hombre parecía una roca. Jack se acercó al centro lentamente. Subió los brazos e intercambió miradas con el ruso. El referí dio la señal, y sonó la campana. 

Desde aquella vez que vi pelear a Jack contra el ex campeón Liam Ross, que sentí que algo había cambiado en él. Tal vez ese patrón no se repitió contra Alex, que es su mejor amigo. Pero ahora con este hombre se vio otra vez. Esa desesperación por terminar pronto la pelea, esa rabia en su mirada, que no refleja para nada la clase de boxeador que es realmente, ese que yo solía conocer. Los de su staff observaban en silencio. Ya nadie le gritaba desde su esquina como solía hacerlo su padre en todas sus peleas. ¿Tendrá eso que ver con el cambio de Jack? ¿Era su entrenador el que le otorgó esas capacidades analíticas y serenas? 

Su puño desarmó la defensa de Nikolai una vez más. Encajó un golpe en el estómago que lo hizo retorcerse de dolor, pero allí no terminó. Siguió con un uppercut en su barbilla y un gancho en su mandíbula. La misma del golpe anterior, parecía querer destrozarla, y si arremete un golpe más, lo más probable es que eso pasaría. ¿No fue exactamente eso lo que le hicieron a tu papá, Jack? Le rompieron la mandíbula y él no pudo volver a boxear. Es cierto que yo también sentía algo de rencor, quería verlo contra la lona, pero nadie quiere presenciar una matanza. Nikolai ya no reaccionaba, parecía un títere moviéndose de un lado a otro sin descanso. La audiencia guardó silencio. Nadie podía creerlo. Ni yo tampoco. Ese hombre que está sobre la lona ahora mismo, aquel sin ninguna expresión más que sed de sangre no es mi novio. No es la persona de la que me enamoré. 

La campana sonó, pero Jack no se detuvo. El referí tuvo que tomarlo de la espalda para separarlo. ¡La pelea terminó! ¡Detente ya! le decía, o al menos esa impresión me dio. 

Apenas logró alejarlo, el ruso cayó a la lona a peso muerto. Jack se quedó allí, jadeando y mirando a su oponente bañado en sangre. 

La pelea había terminado. Y al segundo round, como había prometido. 

No te reconozco

Me fui caminando al hotel, que de suerte quedaba cerca del estadio. Me detuve a ver el paisaje a momentos, sin enfocar ningún lugar en particular. Seguía en shock por todo lo ocurrido en la pelea. 

Las redes sociales estaban en llamas. “Jack Callen” era tendencias número uno a nivel mundial. ¿Cómo es posible que acabe la pelea con tal facilidad contra el tercer boxeador más fuerte del mundo? los comentarios estaban divididos entre los mismos fans. Aquellos que lo apoyaban y celebraban su victoria, y esos otros que decían no reconocer a su ídolo, y sentirse avergonzados de la forma en la que sacaron al campeón ruso inconsciente del cuadrilátero. 

Yo estaba dentro del segundo grupo. 

Luego de una caminata innecesariamente larga comparada con el trayecto, llegué al hotel. Subí el ascensor hasta nuestra habitación. Las luces estaban apagadas, pero Jack estaba ahí. Sentado en el sillón con la cabeza baja. Ni siquiera me miró cuando pase a su lado, y yo tampoco tenía ganas de verlo a los ojos. Fui hasta la habitación y arrastré mi maleta conmigo hasta la sala. 

—¿Te irás? —preguntó. Con una voz apagada, sin esperar nada. 

—Sí. 

—Ya veo. 

Mi cabeza ardió al escuchar su respuesta. ¿No le interesa saber cuándo volveré? ¿O si acaso volveré? me fui por el pasillo otra vez y cerré la puerta de la habitación. No sé quién es. Esa persona que está allí, no la conozco. No es Jack. No es mi novio. Escuché la puerta principal cerrarse y enseguida suspiré de alivio. No sé a dónde fue, tampoco me lo dice, pero no era un buen momento para estar juntos. 

Me tomé la cabeza abrumada, me dolía horriblemente. Sentí mi pecho apretado y mis manos temblaban de un miedo que no entendía. 

Tomé mi celular y busqué torpemente entre mis contactos. Marqué entonces un número por primera vez: Pelota de tenis. 

No sabía que sería tan difícil estar con un boxeador. Son seres complicados, y de alguna manera parecían más complejos que cualquier otro deportista. Decían que el boxeo ha perdido su generación dorada. A la gente ya no le gusta, lo encuentran muy agresivo. Pronto desaparecerá, al igual que todos esos deportes violentos. Eso dicen, eso sabemos todos. Y sin embargo llegó a mi vida alguien semejante a un héroe. Que le gustan los animales y la música clásica. Tranquilo, paciente y considerado. Jamás te imaginarías a alguien como él masacrando el rostro de otra persona con sus puños. ¡Es vegano maldición, quién lo diría! pero ahí estaba. Esa misma persona que habla de su deporte como si fuera una religión. Con sus ojos brillando de tanta pasión acumulada en su cuerpo. Y de repente se convierte en eso otro. Solo ver las fotos de la pelea te causaban repulsión. Miedo. Y yo estuve ahí viéndola, durmiendo con esa persona a mi lado todas las noches. 

Ya no sé qué pensar. 

—¿Aló? 

Su voz fue como escuchar un ángel hablar en ese momento. Limpié rápidamente mis lágrimas. 

—¿Aló? —repitió. 

—Hola, Ryan… perdón por llamar así. Ni siquiera revisé la diferencia de horario. 

—E—Emma. No, no importa. Tú, ¿Estás bien? 

Su voz sonaba como si no pudiera creerlo. Sonreí de la nostalgia y tomé aire, para evitar echarme a llorar como una niña mientras hablaba con él. 

—Yo, sí. Estoy bien. 

—No suenas nada bien. —cerré los ojos y alejé el celular. Tenía que calmarme antes de hablar con él—. ¿Fuiste a la pelea?

—Sí. 

—No la vi, estaba trabajando, pero noté que fue bastante intensa. Está en todas las noticias. 

—Lo sé. 

—Yo… no pensé que llamarías. Ya pasó ¿Un mes?

—Sí. Perdón por no haber llamado antes. 

—No tienes que disculparte. Yo te di mi número por capricho nada más. Y bueno, ¿Por qué me llamaste? ¿Quieres que vaya para allá? —bromeó. 

—No será necesario. Yo volveré. Mañana temprano tengo mi vuelo. —Hubo un silencio que no supe cómo llenar. Me quedé unos segundos esperando y luego despejé mi garganta—. ¿Ryan? 

—¿Lo dices en serio? 

—Sí. 

—Por qué. 

—Yo… 

—¿Por tus amigos, tu familia? ¿Porque no resultó con Jack?

—Si fuera por eso no te estaría llamando a tí. 

De nuevo silencio. 

—No digas eso… —pidió. 

—¿Por qué no? 

—No quiero hacerme ilusiones. 

Solté una risita de la ternura, una que parecía ser la primera en mucho tiempo. 

—Ryan, ¿Te gustaría tener una cita conmigo un día de estos? no digo que enseguida, pero, cuando quieras y te sientas listo, me gustaría verte. 

—Yo nací listo, Emmabella. 

Me reí de nuevo. Apoyé mi cabeza en mi rodilla y sonreí. 

—Nos vemos entonces, pelota de tenis. Te llamaré. 

—Vale. 

—Vale. 

No tenía intenciones de colgar. Escucharlo me proporcionó una paz increíble en tan poco tiempo. No pude decirle, que en realidad habían sido demasiadas las veces en que estuve a punto de llamarlo. Pero no quería hacerlo si no estaba completamente confirmado. 

Tenía todas mis cosas listas, así que le avisé a mi mamá que llegaría primero a Sidney. Tenía que visitar a mi amigo primero, que necesita un consuelo. Cuando estaba en el baño lavándome los dientes oí que la puerta se abrió. Mi corazón se alteró enseguida. No sabía cómo manejar esta situación. Abrí la puerta despacio, y del oscuro pasillo apareció Jack. Apoyó su mano herida en la pared, arrinconándome contra ella. Sentí que moriría del susto. Tenía su cabeza baja, muy turbado en sus pensamientos. 

—Jack… me asustaste. —dije, tratando de calmar mi respiración. Sus ojos se elevaron buscando los míos. Los noté apagados, sin luz. 

—Emma. ¿Cuándo te vas? 

—Mañana temprano… 

Sus cejas se juntaron angustiadas. Tenía un parche en su mejilla y el rostro lastimado. Él sabía muy bien lo que pasaba. Y también que no tenía nada que ver con la pelea de hoy día. Esto lo decidí hace ya bastante tiempo. 

—¿No hay nada que pueda decir para hacer que te quedes?

Tragué saliva y relajé los hombros, sin quitar mis ojos de los suyos. 

—No Jack. Lo siento. 

Bajó la cabeza asintiendo. Soltó su mano de la pared y se alejó por la oscuridad hacia la sala. 

Me quedé con mis manos en mi pecho. No podía reconocerlo. Ese es el hombre que amo, y sin embargo no lo parece. Bajé mis manos por fin y cerré la puerta. Esta noche, nuestra última noche, Jack no quiso dormir a mi lado. Y lo entiendo. 

Fue nuestro primer día en Rusia. Acompañé a Jack al gimnasio del campeón Nikolai Ivanov. Él, ya había hablado con Jack. Le pidió entrenar, hacer algunos spar antes de la pelea. Y son pocas las ocasiones en las que se pueden conocer el estilo del oponente antes de que sea oficial. Así que claro, Jack accedió. Tomando todas esas ofertas como oportunidades para hacerse más fuerte. Pero Nikolai no sabía que yo estaría ahí. Y se notó en su rostro que no le gustó la sorpresa. 

Él es un hombre serio y muy profesional. Muy cercano a los valores de Jack, exceptuando que Nikolai está casado con el boxeo (literalmente) tanto así, que parecía que incluso su percepción de Jack había cambiado. El talentoso australiano que vino a su país para practicar, finalmente se fue enseguida por una semana, y cuando volvió trajo a una mujer consigo. ¡Vaya tragedia! Jack quería hacer las cosas diferente esta vez, por eso quiso incluirme más en sus entrenamientos y contarme más sobre algunas técnicas y estrategias. Pero su plan fue frustrado el mismísimo primer día. Porque Naikolai al verme, dijo: No traigas distracciones al ring. Eso es un deporte serio. No sé si fue su acento algo tosco, o su rostro, o su presencia tenebrosa, pero esas palabras sonaron profundamente hirientes e intimidantes. Básicamente, me había tratado como objeto. Y mis ojos cayeron encima de Jack como mil agujas acusadoras. Defiéndeme, defiéndeme. Y lo hizo, pero estas fueron sus palabras:

—No digas eso, es mi novia. 

Eso soy. La novia. De repente me enojó muchísimo estar en ese gimnasio apestoso rodeada de puros hombres. En ese mismo instante me fuí, y le dije a Jack que no volvería a ir a sus entrenamientos. Que no se preocupe por mí y que siguiera haciendo sparring con ese ruso machista. 

Y eso hizo. 

No iba a quedarme todos los días amurrada y sin hacer nada, por supuesto. Así que empecé a hacer algo que amaba a hacer y había olvidado. Correr. Salí todas las mañanas, apenas Jack se iba. Conocí muchas calles de Moscú gracias a eso. Poco a poco fui recuperando mi antigua condición física y sintiéndome mejor conmigo misma. Jack estaba feliz por mí, y cada vez que podía me invitaba a cenar. Aunque no era eso lo que a mí me importaba. Más que ir a lugares lujosos y comer delicias, lo que quería era pasar el tiempo que teníamos, conversando, paseando. Y conociéndonos un poco más. Eso era todo lo que deseaba. Pero para ello necesitábamos más tiempo del que teníamos. Cada día volvía cansado de su entrenamiento, y yo no le pediría que fuéramos a pasear cuando él sólo quería dormir. 

—Emma. Qué estás haciendo. 

Me paralicé apenas lo escuché detrás de mí. Se suponía que no volvería hasta tarde, y yo estaba con las manos entre sus cosas, con aquella caja de remedios entre mis dedos. Volteé nerviosa, no podía esconderla en ninguna parte. 

—¿Para qué es esto? —pregunté. Jack fue hasta a mí y me la quitó de las manos con brusquedad. 

—Son para el dolor de cabeza. 

—¿Y las tomas siempre? ¿Por qué? 

—No es nada. Olvídalo. 

Las guardó otra vez y se fue por la puerta. Su actitud solo me hacía sospechar más. Si no es nada, ¿Por qué se enoja así? no tiene sentido. Pero él se rehúsa a contarme, así que no tenía más opción que conformarme con esas respuestas vacías.

Me detuve a verlo mientras dormía en el sillón. Debía despertarlo, despedirme. Pero al mismo tiempo tenía mucho miedo de hacerlo. Al final mi celular comenzó a sonar con una llamada de mi mamá, que lo despertó de todas maneras. Cuando colgué, me miró a mí y a mi maleta, una y otra vez, como si no pudiera creerlo. 

—Ya me voy. —dije, apretando mis labios de los nervios. Él asintió. Parecía que no diría nada más, pero se levantó del sillón y caminó hasta mí. 

—Cuídate. —dijo, con algo de nervios, algo de incomodidad. Su rostro se veía demacrado. Como si no hubiese dormido nada durante la noche. 

—Tú igual. 

—Avísame cuando llegues, así me quedo tranquilo. 

—Está bien. ¿Tu cuándo te irás a Estados unidos? 

—En unos días. Primero quiero ir a ver a Nikolai, cuando despierte. —Tragué saliva con dificultad. Después de ver como se lo llevaban en camilla se me hacía difícil imaginarlo apto para conversar—. Saluda a tu mamá, y a Maya por mí. 

—Lo haré. 

—Dale las gracias a Daniel también, por el hotel. 

—Sí. 

Nos miramos unos segundos en silencio. Es increíble pensar que es la misma persona con la que tuve tanta confianza. Tenía cosas que decirle, pero no sabía cómo hacerlo. No quería que pensara que la razón por la que me voy es porque ya no lo amo. Aunque tal vez ese sea precisamente la que más sentido tiene. 

—Emma, si necesitas algo háblame. 

—Está bien. —Tragué saliva y me encogí de hombros. Ya debía irme—. Jack. Gracias por todo. 

Sus ojos se ablandaron unos segundos. Luego asintió. 

—Gracias a ti. 

Me acerqué despacio y lo rodeé con mis brazos. Sus manos se deslizaron por mi espalda y me pegaron a su cuerpo con fuerza. Cerré los ojos y sentí ese olor que tanto me gustaba una última vez. Jack Callen fue mi primer amor. Y siempre lo querré. 

Donde pertenezco

—¿Por qué me pediste perdón? 

Mi pregunta lo dejó descolocado. Juntó las cejas confundido. Me moví inquieta sobre mis pies. Tal vez aquellas palabras no tenían la importancia de yo les di. Pero aun así. Esta sería tu última oportunidad, Jack.

—¿De qué hablas?

—En Alemania. Una noche me dormí en el sillón. Tú me cargaste y me llevaste hasta la cama. Entonces besaste mi mejilla y me dijiste “Lo siento”. ¿Qué querías decir con eso?

Sus ojos abiertos entendieron algo. Lo vi, pude ver que se acordaba de ello. Que se sentía culpable por algo y que incluso ahora lo siente. 

—Yo, no me acuerdo… 

Sentí mis ojos arder con su mentira. Era tu última oportunidad para decirme la verdad Jack. Lo arruinaste. Todo. 

Me desperté de repente luego de recordar ese día. Tal vez me moriré antes de saber los secretos de Jack. Tendré que vivir con ello, pero no más a su lado. Él prefirió que yo me fuera a decirme la verdad. En eso terminó nuestra relación. Algo tan simple, y tan importante. Vi en la pantalla del avión que aún quedaban seis horas para llegar a Sidney. Acomodé mi cojín y cerré los ojos con la vista a la ventana diminuta oscurecida con la noche. Quise soñar con algo lindo y olvidar un poco todo lo que pasó el último mes. Pero por alguna razón los recuerdos me invadieron durante ese viaje. 

—¿En serio no vas a decirme? —insistí. Él rodó los ojos. 

—¿Lo dices por las pastillas de la otra vez? Te dije que no era nada. 

—¡No es sólo por eso Jack! —Sin darme cuenta apreté mis puños de la rabia. Me volvería loca. Si no solucionamos esto, no podré confiar en él nunca más—. Te dije cuando volviste. Que quería empezar de cero. No sentir esa diferencia entre nosotros. No quería sentirme inferior a ti. Pensé que si te amaba simplemente debía aceptar todo aquello que no podías compartir conmigo. Pero no puedo aguantarlo más. No puedo fingir que no me doy cuenta. Estar a tu lado me vuelve ansiosa. Nunca sé que estás pensando. Quiero entenderte, por eso te pregunto una y otra vez. Y me haces sentir que es mi culpa. —Miré sus ojos vidriosos y asentí. Debía decirle todo ahora, o de nuevo pasará el tiempo y me quedaré con esos sentimientos guardados e inútiles—. Con Ryan nunca sentí esa diferencia. Me trató como igual desde el principio. No como la niña, ni como la débil. Trató de entender mi mundo y me contó el suyo con facilidad. No trato de compararlos, sé que son distintos. Pero así es como yo me siento. Y con él no tengo esta inseguridad. 

Pensé que luego de eso me diría. Que tal vez le asustaría perderme. Pero aún con sus ojos vidriosos, y una expresión como si quisiese gritar, todo lo que hizo fue asentir con la cabeza y luego salir de allí. Otra vez. Me dejó sola. Prefirió no decirme la verdad y escapar. 

Eso confirmó todo Jack. Eso es lo que valgo para tí. 

Aún quedaban cuatro horas de vuelo. Quería llegar pronto. Mis párpados pesaban, pero no quería soñar más. Su rostro aparece en mi mente apenas cierro los ojos. Y me tiene harta tener que sentir siempre que yo soy la mala. La que juega con sus sentimientos, como si no me importara. Yo a Jack lo amé de verdad. Tal vez no lo hice como él esperaba, ni como yo quería. Pero fue lo que tuvimos. Y no me arrepiento de ello. 

Verlo esperándome en el aeropuerto fue como felicidad luego de lo que pareció el mes más duro de mi vida. Corrí hasta sus brazos, él me estrujó fuerte, pronunciamos nuestros nombres y terminamos llorando los dos. Para Marc también han sido semanas difíciles. Y siento tanto no poder haber estado ahí con él, como él siempre estuvo para mí. 

Nos miramos las caras demacradas y soltamos unas risitas. 

—Somos un desastre. —concluyó. 

—Lo sé. 

Era un día fresco. El invierno asomaba su cabeza, y me sentía feliz de que esta vez es en mi país. Marc sacó mi maleta del convertible y la llevó hasta el departamento. Entrar por esa puerta en silencio causó un impacto diferente. Su casa. La casa de Mathan. Donde siempre hubo ruido, música fuerte y discusiones que se disipaban a los minutos. El olor a cerveza, el plasma encendido. Todo estaba ahora envuelto en silencio. Uno doloroso. 

Pasé por el pasillo hasta la habitación de Et, donde se notaba enseguida su falta. El escritorio que tenía lleno de libros, cuadernos y apuntes ya no estaba. La cama estaba sin hacer a sólo un lado, lo cual lo volvía todo más melancólico. Marc llegó a mi lado y suspiró. 

—¿Has hablado con él? —me preguntó. 

—Nada desde la última vez. 

—Deberías llamarlo. Tal vez te necesite más que yo. 

Sonreí con nostalgia y negué con la cabeza. Ambos teníamos nuestra vista en aquella cama de dos plazas vacía. 

—Es a ti el que necesita. 

Luego de tomar una larga ducha caliente me fui a mi habitación. Terminé de escribirle un mensaje a mi mamá y luego me quedé con el chat abierto de Jack sin poder enviar nada. Nuestras últimas conversaciones habían sido planas y vacías. Y lo curioso es que este mensaje también lo sería: Ya llegué. Todo bien. 

Apoyé mi cabeza en la almohada esperando inútilmente una respuesta. Es de madrugada allá, debe estar durmiendo. Busqué en mis últimas llamadas el pelota de tenis y marqué. Luego de unos segundos atendió. 

—¿Emma? 

—Hola… ya llegué. —dije, jugando con mis pies en el aire. 

—Que bueno. ¿Todo bien? 

—Sip. Todo bien. Ahora estoy en el depto de Marc, mi amigo. Y sucede que le rompieron el corazón hace poco, así que voy a acompañarlo. 

—Uh. Que mal. 

—Sí… así que no sé cuándo podamos vernos. 

—No te preocupes. Ya he esperado mucho, un poco más no es nada.

Sonreí inevitablemente. Se escucharon unos pasos por el pasillo y en segundos apareció Marc en la entrada. Me miró levantando las cejas, yo rodé los ojos. 

—Bueno. Te llamaré de nuevo entonces. 

—Nos vemos, Emmabella. 

Corté la llamada y alejé el celular lentamente. Marc se lanzó a la cama y escaló hasta mi lado para compartir almohada. 

—Qué lindo es eso. —murmuró. Miré sus pestañas aletear mientras él observaba atento mis uñas con brillos. Tomó mi mano y juguetó con mis dedos—. Cuando el amor está recién empezando. 

—Mm.

—Todo parece perfecto. Y luego… 

—Marc. —Tomé su mano y volteé hacia él para mirarlo a los ojos—. Dale tiempo. Tú sabes que lo tuyo con Et era real. Él también lo sabe, pero debido a las circunstancias no lo admitirá hasta que comience a extrañarte. 

—¿Y cuánto falta para eso? se fue recién hoy y yo ya lo extraño. 

—Ahí es donde debes ser paciente. Ethan volverá, estoy segura. —me miró unos segundos a los ojos y luego asintió. 

—Eso espero. 

Fue hace una semana. Yo ya había decidido venirme, y les conté por nuestro grupo. Obviamente estaban feliz por mí, y no me preguntaron por las razones ni por Jack. Estábamos planeando salir los tres, como siempre. Pero al día siguiente Et enviaría un mensaje que nos preocupante: Mi papá se enteró. Fue todo lo que dijo. Pero sabíamos qué significaba eso. El padre de Ethan es médico, y dirige varias clínicas en Riverlight, es un señor importante, sin duda. Y como es bien hecho a la antigua, para él no existe nada peor que los homosexuales. Recuerdo que estábamos aún en el instituto cuando Et me lo contó. En ese entonces yo no sabía de su bisexualidad, aunque sí lo sospechaba. 

Ya para cuando empezó a salir con Marc, no comentamos el tema. Yo nunca le pregunté, supongo que dimos por hecho que era un secreto. Sabíamos que su padre lo desheredaría si se enteraba. Y así pasó el tiempo, creo que al igual que yo, Marc nunca imaginó que esto pasaría. Pero como era de esperarse, hubo grandes peleas en la casa de Et. Al parecer su padre le dijo, que si no terminaba eso y se cambiaba de casa en la próxima semana, él dejaría de pagarle los estudios. Y sabemos que él ama lo que estudia y es muy serio al respecto. Por eso sin importar cuanto Marc le rogó, no había forma de hacerlo cambiar de opinión. 

—¿Sabes? antes de que Et se fuera hoy, lo besé. —miré a Marc levantando mis cejas, él siguió acariciando la palma de mi mano. Nos quedamos acostados en la cama pequeña mientras oscurecía. Tapados con una manta peluda porque empezaba a hacer frío—. Traté de hablar con él toda la semana. Le supliqué que se quedara, que solucionaríamos esto de alguna forma. Pero insistió que cuando su papá se pone así, no hay nada qué hacer. Quizá tenga razón, las pocas veces que lo vi daba esa impresión. Y llegaba tarde todos los días. Se encerraba en su pieza y ni siquiera quería hablar conmigo. Pero hoy, cuando estaba por irse, alcancé a detenerlo. Le pedí de nuevo que no se fuera. Y como no respondió, aproveché de besarlo. Fue curioso, me ignoró toda la semana, pero esta vez no me alejó. Se quedó quieto, incluso cerró los ojos. Supongo que esa fue su forma de despedirse de verdad. 

No supe qué decir, así que acaricié su cabello ondulado. Se acercó más apoyando su cabeza en mi abdomen. 

—Es tan injusto. —gruñí. 

—Emma… 

—¡Lo es! ¡Sabes que sí! ¿Cómo puede extorsionar a su hijo así? ¿Cómo no puede ponerse en su lugar? ¡Estamos en el siglo veintiuno por dios! En serio, ¿Cuántas personas quedan homofóbicas en el mundo?

—Millones. 

—¡Pero aun así! estamos en un país desarrollado, no tiene excusas para su ignorancia. 

—¿Y qué planeas hacer? ¿Ir a gritarle eso a la cara al papá de Et? —Abrí mis ojos como platos ante su idea. Marc levantó la cabeza ante mi silencio—. Emma no.

—¿Por qué no? ¡Es una gran idea que vaya yo! si no funciona se enojara sólo conmigo. 

—Bueno sí, pero también podría complicarle más las cosas a Et. Y te odiará de por vida. 

 —Ya lo sé. 

No quería que Ethan me odie. Pero tampoco quería quedarme sin hacer nada. Es su problema de pareja, no debería meterme. Ni tampoco en sus asuntos familiares, lo sé, pero… sigo recordando cuando Marc se fue por lo de su hermana, y él estuvo acompañándome todos los días. Esos días en la azotea del instituto almorzando. En las tardes estudiando. Las millones de veces que me ha regañado para luego darme consejos. y hasta ahora, nunca lo había visto tan feliz, como cuando está con Marc. No quiero que pierdan eso sólo porque alguien se los impide. Porque se aman y eso es suficiente.

El rostro de Jack apareció de nuevo en mi cabeza. Abrí los ojos frustrada. Si amar fuese suficiente, lo nuestro habría funcionado. Pero no fue así. Me di cuenta que un montón de mentiras pueden destruir una relación. Y que no se puede continuar cuando los planes van en sólo una persona. No podía seguirlo para siempre, siendo una compañera, un adorno. Tengo que hacer mi vida, por mis propios méritos. Encontrar eso que quiero hacer. Encontrarme.

Marc se había dormido. Deslicé la manta por sobre sus hombros y me escabullí silenciosamente con mi celular. En el pasillo le envié un mensaje a Ethan por interno: ¿Podemos vernos? treinta minutos después recibí una respuesta: —Imposible, temporada de exámenes. Maldición Et. 

Lo que tenía que pasar

Di un paseo por la ciudad mientras Marc se iba a su entrenamiento. Lo abracé antes de que se fuera, porque sentí que lo necesitaba. Ver sus bellos ojos tan perdidos me hacía sentir horrible. Y como no podía hacer nada para ayudarlo, sólo me quedaba esperar. 

Me detuve a mirar un parque de perros. Habían de todo tipo, grandes y pequeños corriendo con emoción y jugando. Pensé en lo mucho que extraño a Maya, quería verla pronto.

—Emmabella. —su voz me crispó de la sorpresa. No podía ser posible… voltee despacio hasta encontrarme con su figura alta acercándose a mí. Traía jeans y camisa, su cabello dorado había comenzado a crecer y su sonrisa se mostró complacida de verme allí—. ¿Por qué siempre nos encontramos? ¿No has pensado que podría ser algo más que una simple casualidad?

Se me hizo un nudo en la garganta. Mis pies se movieron solos hasta él, estiré mis brazos por su cintura, pegando mi cuerpo al suyo hasta que nuestra distancia fuera nula. Se sorprendió tanto que se quedó inmóvil. Luego de unos segundos deslizó sus manos por mi espalda y apoyó su cabeza en mi hombro. Sus dedos largos me agarraron como si no quisiese dejarme ir nunca más. Y eso era precisamente lo que yo quería. 

No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero lo suficiente como para sentir frío al alejarnos. Nos miramos a los ojos como si con eso bastara para entendernos. ¿Acaso él sabe lo hermoso que es? mis ojos dolían después de un tiempo con lo brillante que es su presencia. Pero es cálido, amable. Te daban ganas de quedarte a su lado por siempre. Y por fin sentí mi corazón con esa libertad para quererlo. 

Nos quedamos sentados en el pasto mirando hacia el río. Cuando tomó mi mano me acerqué más a él. Apoyé mi cabeza en su hombro, y él acarició mi cabello con cuidado. 

—¿Es una locura? —preguntó. Miré sus ojos verdes y asentí. 

—Estás loco. 

—Que raro… en mi mente sonaba bastante cuerdo. —me reí y él sonrió buscando mi mirada. Enseguida me cohibí con la intensidad de sus ojos—. Tu risa es muy linda. 

Rodé los ojos incrédula. Era la primera persona en el mundo que me decía eso. 

—No lo creo. —bufé. 

—Es enserio. —posó su mano en mi mejilla, deslizando su pulgar por pómulo hasta llevar un mechón de cabello detrás de mi oreja. 

Tomé su mano y lo miré a los ojos, entendí que cada palabra la decía con seriedad, aunque viniendo de él todo parecía una locura. 

—Por ahora me quedaré con Marc. —dije, retomando lo de su propuesta de que vaya a vivir con él—. Hasta que esté bien, por lo menos. También debo volver con mi mamá, así que no podría responderte aún. 

—Está bien. —bajó la vista y deslizó sus dedos en los míos. Luego sus ojos se iluminaron, como si hubiese pensado en algo—. Acompáñame. —tomó mi mano y tiró de ella. 

—¿A dónde vamos? 

—Ya verás.

Luego de caminar unos diez minutos, se detuvo en un pequeño recinto de ladrillos, que tenía una placa afuera que decía: Kidsbox lo miré extrañada, ¿Por qué veníamos a un gimnasio de niños? Ryan se asomó por el patio, donde había un grupo de niños y niñas de entre ocho a diez años. Llevaban unos pequeños guantes en sus manos, y frente a ellos había un señor bigotudo de cabello gris. Uno de los niños de cabello negro un puntudo, abrió los ojos emocionado al ver a Ryan. 

—¡Es el profe Nolan! —gritó, haciendo que toda la atención que había antes en el señor, se dirigiera hacia nosotros. 

Todos los niños y niñas se posaron en la reja saltando emocionados. Ryan caminó hasta ellos y los saludó. 

—Kevin, deberías prestar atención en la clase. —le dijo al niño de cabello puntudo, que enseguida formó un puchero. El señor bigotudo se acercó a nosotros con una sonrisa. 

—¿Por qué viniste? ¿No es tu día libre? —le preguntó. Ryan pasó su mano por su nuca. 

—Sólo venía a saludar. 

—¡Profe Nolan! ¡Profe Nolan! ¡Quédese! —suplicó una niña de trencitas. 

—¡Sí! ¡Sus clases con más divertidas! —lo siguieron los demás. 

Ryan se agachó frente a ellos con una sonrisa. 

—No digan eso. Además, nosotros nos veremos este viernes, ¿No es así? 

—¡Sí pero falta muchooooo! 

—Son sólo dos días. Allí veré los resultados de su esfuerzo de hoy. ¡Así que ánimo! ¿Okey?

—¡Okey! —exclamaron todos al unísono. 

—¡Y háganle caso al profe! 

—¡Si! —los niños gritaron emocionados y volvieron a sus posiciones de antes. Estaban tan concentrados en él, que ni siquiera le dieron importancia a mi presencia. Ryan se despidió con la mano. El señor bigotudo asintió con una sonrisa. 

—Ryan… 

Me llené de orgullo al verlo así. Volteó a verme con una sonrisa. Sus ojos estaban llenos de vida. Se acercó a mí y me abrazó con fuerzas. Rodeó mi cintura y me levantó, para luego girar sobre nuestro eje y dejar a mis pies tocar nuevamente el piso. Besó mi mejilla y habló en mi oído. 

—Es gracias a ti Emma… gracias. 

Me contó todo cuando veníamos de vuelta. Cómo surgió la oportunidad y lo mucho que le gusta este trabajo. Por mi parte, jamás había pensado que podría dar clases de boxeo a niños. Encontró algo en poco tiempo y además parecía ser muy querido por todos allí. Estaba diferente, es como si su sonrisa fuera más real que nunca. Y me sentí tan feliz de verlo así. Es una nueva oportunidad de mantenerlo cerca de su pasión. Y se nota que esto significa mucho para él. 

Nos detuvimos en donde nos encontramos. Ya estaba atardeciendo y aunque no dijimos nada, se sentía que debíamos despedirnos. Me miró a los ojos por largos segundos, su verde se veía aún más claro con el naranjo del cielo. Pasó su lengua por sus labios y ladeó la cabeza.

—Bésame. —pidió. Me reí al ver sus ojos suplicantes. 

—No. 

—Por qué...

—Si te beso ahora no podré parar. 

Sentí mis mejillas enrojecerse. Él sonreía. 

—Y no pares entonces. 

Me acerqué un paso más, Ryan esperó atento a lo que estaba por hacer. Me puse de puntillas y besé su mejilla para luego alejarme varios metros. 

—¡Nos vemos! —exclamé, moviendo mi mano en el aire. Él achicó los ojos, inconforme con mi despedida. Finalmente levantó la mano también y sonrió. La verdad es que me muero de ganas de besarte Ryan, pero esta vez quería ir lento. Quiero conocerte más. Tener varias citas primero. De esa manera entenderás, que lo que quiero contigo es real.

La escapada fugaz

Me quedé con mis piernas elevadas en el sillón, el celular en la mano y los ojos bien abiertos. No noté que Marc había llegado hasta que estaba frente a mí. Levantó sus cejas y sonrió juguetón. 

—¿Qué haces? —preguntó. Me enderecé y bloquee mi celular.

—Nada. 

—Mmm. —soltó aire incrédulo y siguió su camino hacia el pasillo. Cuando pensé que se había ido, relajé mis hombros, y tomé el celular de nuevo. No me di cuenta cuando Marc había vuelto, me lo quitó de las manos y se echó a correr. 

—¡Dámelo! —exclamé, levantándome con torpeza y siguiéndolo por el pasillo. Llegó hasta su habitación y cerró la puerta. La abrí y lo vi acostado en la cama mirando mi pantalla—. ¡Que me lo des! —exigí, saltando encima suyo y pegando manotazos. 

—¿Pelota de tenis? —preguntó. Suspiré rendida y me dejé caer de espaldas en la cama. Ya lo vio. Ya no importa. Él y Ethan son los únicos que conocen mi contraseña, así como yo me sé las suyas. Era la primera conversación que teníamos por chat, y me sentí tan feliz al ver su mensaje que olvidé todo lo demás. Marc dejó mi celular sobre mi abdomen. Lo miré confundida, pensé que querría revisar la conversación entera, pero lo devolvió apenas vio el nombre—. ¿Por qué querías esconderlo? 

Me voltee a verlo, tenía su mirada puesta en el techo, con sus manos detrás de su cabeza. 

—No es eso. 

—Con razón tenías esa expresión. —soltó una risita y se giró para verme a la cara—. Estás enamorada de él. 

Mi rostro se tornó rojo inmediatamente. Pestañeé varias veces y negué con la cabeza. 

—¿Q—qué dices? Yo, no. Yo sólo...

—No tiene nada de malo. 

Mordí mi labio y suspiré. 

—No es que quiera escondértelo. Es que, justo ahora me siento muy feliz. —posé mi mano en mi pecho y cerré mi puño—. Estoy feliz pero, tú estás pasando un mal momento, por eso, sentí que es egoísta de mi parte. 

—¿Cómo es eso egoísta? —sus margaritas se formaron en sus mejillas. Deslizó su mano por mi cabello y jugó con un mechón—. Que tu estés feliz ahora es genial. Es mi distracción. Además, ya has sufrido mucho. ¿No crees que te lo mereces?

Moví la cabeza. 

—No lo creo. 

—Emma. ¿Cuándo vas a empezar a pensar en tí? —miré sus ojos pardo cabreados y junté mis cejas—. Está bien, no funcionó. Aún no sé por qué, y no necesito saberlo porque sé que no fue tu culpa. Hiciste lo que pudiste. Dejaste todo por él. ¿Y ahora qué? ¿Vivirás siempre con la culpa? las relaciones son complicadas. No siempre sale como esperamos. Pero ahora debes seguir adelante. Y si te gusta ese otro boxeador ¿Qué tiene de malo? ¿Y si estuvo en la cárcel y padece una enfermedad incurable, qué pasa? Tu no lo juzgaste por eso. Te enamoraste de él como persona. Sin importar su pasado, su familia. ¡Y así es el amor! —Suspiré una risa contenida y cerré los ojos. Marc deslizó su mano por mi mejilla—. Y si quieres estar con el pelota de tenis, estás en tu derecho. Nadie puede prohibírtelo. Es tu vida, tu decisión. Y yo te apoyaré siempre. 

Con mis ojos aguados estiré mis brazos hacia Marc. Me dio unos golpecitos en la cabeza y besó mi frente. Me quedé con mi cabeza apoyada en su brazo mientras veíamos una película de suspenso. Cuando terminó, noté que se había quedado dormido, así que me escurrí entre la manta para volver a mi habitación. Ya era tarde. Pero lo desperté enseguida. Tomó mi mano y me miró con sus ojos adormilados. 

—Duerme conmigo hoy. —susurró. Me quedé unos segundos pensando. Finalmente asentí y deslicé mis piernas por la manta otra vez. Marc me rodeó con su brazo para que me apoyara en él. Acaricié su pecho con mi mano y cerré los ojos. Marc tal vez esté sintiéndose peor de lo que muestra. Me imagino que Ethan no está mejor tampoco. Pero si estar con él así le sirve de algo, me quedaré. 

Me quité la mascarilla coreana y masejeé mi rostro. Cuando tomé la crema sonó un mensaje de mi celular: Pelota de tenis —¿Lista? mierda, me apresuré en terminar mi cara para buscar mi cartera y llegar al ascensor. 

Lo vi al otro lado de la calle, pasando su mano por su nuca con nervios. Me acerqué despacio hasta detenerme frente a él. Mi corazón latía apresurado. Sonrió apenas cruzó miradas conmigo. 

—¿Nos vamos? —preguntó, levantando las cejas. Asentí y lo seguí por la calle. Tomamos un bus hacia el norte, en un camino lleno de vegetación. Luego de media hora, nos bajamos en una calle rodeada de árboles. Seguí a Ryan que quería mostrarme un lugar, pero yo nunca había estado por aquí, y me impresionaba lo verde que podía ser a solo unos minutos de la ciudad. Me detuve al ver que entró por un caminito en el bosque. 

—¿A dónde me llevas? —pregunté levantando las cejas. Ryan sonrió y ladeó la cabeza. 

—¿Confías en mí? 

—Sí… 

—Entonces ven. —me estiró su mano y yo la tomé. 

—Esta es la primera cita más peculiar que he tenido. —afirmé, cuando tuvimos que agacharnos para pasar por las ramas. 

Seguimos así, esquivando la inmutable naturaleza en un sendero que parecía no habilitado para los humanos, hasta detenernos en medio de la nada. 

—¿Estás cansada? —preguntó, volteando hacia mí. 

—No, ¿Ya llegamos? 

—Ya casi. —tomó mi mano otra vez y me guió entre medio de los arbustos. Un mosquito gigante y asesino quiso atacarme, por lo que salté del miedo hasta chocar con la espalda de Ryan—. ¿Estás bien? —preguntó, aguantando la risa. 

—No te rías. —gruñí. 

—Lo siento. Ya se fue, tranquila. —pasó su mano por mi cabello y sonrió. Mis ojos se abrieron como platos al ver el paisaje detrás de él. Caminé atónita hasta verlo entero. Debajo de nosotros habían piedras, y más allá una casada que alimentaba el lago cristalino que recorría el bosque. El sonido del agua me calmó de inmediato. Caía con delicadeza rozando cada piedra, hasta llegar a lo que parecía una piscina calmada y silenciosa—. ¿Te gustó? 

Asentí con la cabeza varias veces.

—Es hermoso… ¿Cómo encontraste este lugar? —pregunté conmovida. Ryan bajó por unas piedras y me estiró su mano. 

—A veces cuando estamos perdidos encontramos algo que vale la pena. —vi sus ojos brillar. Su verde parecía intensificado con los colores del bosque. Tomé su mano y lo seguí por el risco, hasta llegar a las aguas. 

—¿Por esto me pediste que llevara traje de baño? —pregunté, volteando hacia Ryan, quien ya estaba sin camiseta y con un pie en el agua. 

—Pues sí. 

Me eché a reír al verlo. Dejé mis cosas en el piso y me quité la ropa. Y yo que esperaba la playa, o alguna piscina. Supongo que él es así, está lleno de sorpresas. 

Arreglé mi bikini antes de darme vuelta. Ryan me miraba atento. Tragó saliva apenas me acerqué. Así que ya no soy la plana de antes ¿Eh?, me sorprendí al sentir el agua helada en mis pies. Mierda… estamos en otoño y este loco quiere venir a jugar a un río. Saltó hacia lo más profundo. Se sumergió por minutos y luego salió sacudiendo su cabeza como un perro. 

—¡Ven! —exclamó. Fruncí el ceño con solo imaginarme el frío que me daría. Finalmente tomé aire con fuerza y estiré mis brazos hacia él. Deslizó sus manos por mi espalda y me apegó a su pecho. Su piel era cálida, incluso sumergida en estas aguas heladas. Intercambiamos miradas por unos segundos que parecieron una eternidad. Los rayos del sol nos iluminaban con ardor y nuestras bocas entreabiertas parecían esperar algo, que ninguno de los dos se animó a hacer. Me separé unos centímetros, moviendo mis piernas para mantenerme en la superficie.

—Quiero ir a la cascada… —solté apenas. Mi voz quedó atascada en esos deseos que revoletearon por mi mente. Nadé contra la corriente hasta salir por las rocas. Ryan me siguió. Caminé con cuidado entre lo resbaladizo que estaban las piedras. El ruido incrementó, apaciguando todo lo demás. Di saltitos emocionados, con la idea de posar mis hombros sobre ese chorro de agua. Estaba por llegar cuando mi pie se deslizó en algo escurridizo. Pensé que caería y me golpería la cabeza, pero la mano se Ryan fue más rápida. Tomó mi brazo con fuerzas y me atrajo hacia él. Choqué mi cabeza a su pecho con mi respiración agitada. Sus ojos manifestaron un miedo puro. Me impresionó ver esa clase de expresión en él. Estaba segura de que me retaría, me diría, “idiota, ten más cuidado” o algo por el estilo. Así que me disculpe en voz baja enseguida.

—¿Estás bien? —preguntó, con sus ojos bien abiertos. Asentí rápidamente. Sus manos se deslizaron por mi brazos, para luego llevarme hasta la cascada, donde las rocas se convertían en una planicie por la fuerza del agua. Bajó la cabeza despacio. Aún quedaba preocupación en su mirar, y lo sentí. Sentí en mi pecho esa intensidad. Lo mucho que le importo y que quizá soy la única que puede provocar un gesto así en él. Posé mi mano en su mejilla. Él pasó su lengua por sus labios y se acercó lentamente. La punta de nuestras narices se rozaron apenas, mi corazón latía como loco en esa cercanía. Sus dedos tocaron mi piel erizada para luego detenerse en mi cabello mojado. 

Suspiré con pesadez. 

Y me besó. Esta vez fue él, y era diferente, más seguro de sus movimientos. En nuestro último beso sus ojos estaban llenos de lágrimas, y mis manos sintieron su miedo e inseguridades con solo tocarlo. Ahora solo podía sentir el calor, sus manos tomando con fuerza mi cintura. Su lengua embestirme con desesperación. Nuestros pies se movieron solos, hasta que caímos bajo la cascada. Luego de largos segundos terminamos al otro lado de ella, en había una pequeña cueva rocosa donde nos detuvimos con la respiración agitada. 

Y luego de llenar un poco los pulmones, seguimos.

—¿No tienes frío? —preguntó, sentándose a mi lado y extendiéndome un sándwich que había traído. 

—Estoy bien. 

Me moría de ternura con pensar que había cocinado para hoy. Al primer mordisco me sorprendí, porque había olvidado que este rubio es un fucking maestro en la cocina. ¿Cómo un simple sandwich podía saber así? lo miré con los ojos bien abiertos mientras mascaba, haciéndolo reír. 

Estábamos sentados en una roca con nuestros pies balanceándose en el aire. Lo miré mientras estaba de perfil. Y ensimismada en su belleza, bajé la cabeza pensativa. 

—¿Por qué no me has preguntado lo que pasó con Jack? —pregunté curiosa. Y a pesar de lo repentino parecían no sorprenderle mis palabras. Terminó de masticar y ladeó la cabeza. 

—¿Es algo que debo saber? 

—No… pero si sientes curiosidad te lo diré. 

—La verdad es que no. —apoyó sus manos atrás y suspiró—. No quiero pensar que él tiene que ver con lo nuestro. Sólo espero que si ahora estás a mi lado, es por mí. Porque eso querías, eso decidiste. Y no porque te sientes sola, o por venganza. 

—¡Claro que no! 

—Entonces de qué te preocupas. —Me miró con sus ojos tranquilos y mi corazón se retorció—. Yo confío en ti Emma. Quiero confiar en lo que sientes. 

Pasé mi mano por mi frente y rasqué mi cabeza. ¿Esta es la misma persona que tenía miedo a tocarme? estaba lleno de inseguridades y sin embargo ahora confía en mí, y en sí mismo. ¿Soy la única que se quedó atrás pensando en todo lo que podría pasar? me aterra la idea de no saber qué sentimos, si acaso él quería preguntarme algo y no lo hacía por miedo. No quiero que pase lo mismo con Jack. Por eso… ahora me doy cuenta que fue algo tonto pensar así. Son distintos. Ryan siempre ha sido sincero conmigo, y si tiene algo en mente me lo dirá de seguro. Ni siquiera me pasó por la cabeza que no sentía curiosidad alguna. Es lo mismo con Marc e Ethan, no me lo preguntaron, porque confían en mí. 

Recordé todas esas veces que interrogué a Jack. Si confiara plenamente en él nunca lo habría hecho. Tal vez por eso él se enojaba siempre, estaba esperando que confiara nada más. Le dolía que dudara de él. 

Por eso no funcionó. 

La mano de Ryan me tocó con cuidado, despertándome de mis pensamientos. Me miró con ternura, como si entendiera lo que pasaba por mi cabeza. 

—¿Estás bien? —preguntó. 

—Yo… sí. Sólo quiero que seamos sinceros. Nada más. Que me digas a la cara todo lo que sientes, como lo has hecho hasta ahora. 

—Te quiero. 

Dejé mi boca abierta conmocionada con sus palabras. Él sonrió. 

—Te quiero Emma. —repitió, acercando su rostro al mío—. Demasiado. Quiero estar más tiempo contigo. Quiero conocer a la verdadera Emmabella. Abrazarte en las noches y despertarte con besos. Eso es lo que siento. —Tapé mi rostro con mi mano de la vergüenza. Él se acercó más. Deslizó sus dedos en los míos y besó mis nudillos, buscó mi mirada y sonrió con satisfacción al encontrarla—. No te escondas de mí. 

Suspiré exhausta. No estoy acostumbrada a esto. Y sentí que podía morir si sigo sintiéndome así. Pero era una sensación diferente, agradable y cálida. Podría acostumbrarme con el tiempo...

¡No huyas, cuatro ojos!

—¿Y no le dijiste te quiero de vuelta? eres lo peor. 

Abrí la boca confundida. Es cierto, lo olvidé. ¡AHGG! ¡POR QUÉ SIEMPRE HAGO TODO MAL! me tomé la cabeza desesperada y pataleé en el sillón. Marc se rio mientras pasaba de película en serie buscando algo para ver. 

—No pude. —suspiré. Recordé la cita de ayer y una mueca rara apareció en mi rostro tratando de esconder mi sonrisa—. Simplemente me cohibí. ¡Es que lo hubieras visto! su seriedad al decir esas cosas es abrumante. 

—Abrumante…

—¡Sí! y yo no estoy acostumbrada a escuchar algo así.

—Es que Jack era un aburrido. —Me quedé en silencio y Marc volteó a verme preocupado—. Ups. Perdón. 

—No, no. Está bien. Jack era… —me distraje mirando al ventanal y luego asentí—. Jack es así. A muchas personas les cuesta hablar de sus sentimientos. Para mí también es difícil, así que no soy quién para criticar. 

—Mmm. ¿Recuerdas? Et también era así. Tímido y poco honesto cuando se trata de él. Lo conozco hace años, siempre fue así. Incluso lo dejamos al arco porque no pudo decir qué posición quería. —Soltó una risita y bajó la cabeza—. Pero aun así, se armó de valor para decirme lo que sentía. Supongo que cuando los sentimientos son muy fuertes no te los puedes guardar. Sin importar cuánto lo intentes. 

Asentí despacio. Los dos nos quedamos en silencio, perdidos en nuestros pensamientos. Luego de unos segundos Marc levantó la cabeza otra vez. Me dijo que pidiéramos sushi, y yo por supuesto accedí. 

Pensé que tal vez necesitaba que Ethan me retara un poco. Siempre me dice las cosas sin pelos en la lengua. Y me ayuda a entrar en razón cuando no puedo ver nada más. ¿Estaré haciendo bien las cosas ahora? Marc me apoya siempre, así que es difícil saber. Sólo quería hablar con él. Saber si está bien. Me gustaría poder hacer algo por ellos, pero parece imposible. 

Esa tarde lo llamé de nuevo. Pero insistió en que estaba ocupado, y no quiso decirme dónde vive. Ya inquieta, y algo molesta con su ghosting recurrí una opción desesperada que no quería usar. Está bien si no quiere hablar con Marc para no tener más problemas, ¿Pero qué tengo que ver yo en eso? yo sólo soy su amiga maldición, y no me pondré al lado de ninguno de los dos. Tengo derecho a verlo, por lo menos. Con esto en mente, fui hasta la universidad de Ethan. A la cuál por cierto, nunca había ido y quedé muy impresionada apenas me acerqué. Caminé por el pasto verde hasta un enorme castillo del siglo pasado. ¿Cómo se supone que lo encuentre aquí? ¡Es gigante! me sentí algo observada por los estudiantes, ¿Se notara demasiado que estoy perdida? ¡Si es así alguno acérquese y ayúdeme! ya desesperada cuando llegué a la entrada y no entendí los mapas del campus, le pregunté al primer grupo de chicos dónde quedaba la facultad de medicina. Me indicaron un par de izquierdas, derechas, escaleras y finalmente el destino. Asentí varias veces sin entender mucho y les agradecí. Empecé buscando las escaleras adentro, y tras varios minutos dando vueltas vi un cartel que decía medicina junto a una flecha que seguí. Luego de ver las instalaciones, entendí un poco por qué era esto tan importante para Ethan. Se ha esforzado mucho, y si por una relación su padre le quitará todo, es realmente una mierda. Pero cómo podría pagarlo solo. Es difícil de imaginar. 

Me detuve en el pasillo cuando una idea cruzó mi mente. ¿Cómo no lo pensé antes? ¡¿Cómo Marc no lo pensó antes?! Caminé a paso apresurado, como si con el drama fuera más posible encontrármelo. 

Y pues así fue. 

Cuando me asomé en una “sala de estudios” llena de los jóvenes futuros del país estudiando sus libros gigantes en mesas blancas, lo encontré. Sólo, en una mesa de atrás, con sus lentes gigantes y una cara de mátenme. Entré furiosa, a paso duro, hasta detenerme frente a él. Y aún con mi inminente presencia no levantó la cabeza para verme. Estaba muy concentrado en sus estudios. 

—¿Hola? —pregunté indignada. Y recién entonces me miró. Sus ojos se abrieron como si hubiese visto el peor fantasma del siglo catorce. Incluso se quitó los lentes, pasó sus dedos por sus ojos y volvió a ponérselos. 

—¿Emma? ¿Qué haces aquí? —habló en voz baja, mirando a todos lados como si le diera vergüenza que lo vean conmigo. 

—¡Tuve que venir porque seguías ignorando mis mensajes! —dije furiosa. 

—¡Shhh! —me cayó y terminó por suspirar. Guardó todos los cuadernos y libros en su bolso y tomó mi muñeca—. Vamos a otro lado. 

Lo seguí en silencio hasta unas escaleras. Llegamos al patio, a una banca de madera debajo de un enorme árbol donde caían hojas. Se sentó y me miró expectante. Me senté a su lado y noté que su mandíbula se notaba más que antes. ¿Había perdido peso? además de unas notorias ojeras escondidas detrás del cristal. 

—¿Y? ¿No venías a decirme algo? —preguntó inquieto. 

—¿Es en serio? No nos vemos hace cinco semanas, ¿Y lo primero que preguntas es eso?

Sus hombros bajaron. Apoyó su espalda en el respaldo de madera y asintió. 

—Tienes razón. Lo siento. —suspiró. Me miró y una pequeña sonrisa se formó en su rostro—. ¿Estás más linda acaso? 

Levanté las cejas y me crucé de brazos. 

—Puede ser… y tú estás fatal. —bromeé. Los dos nos reímos. 

Rascó su cabello y cruzó los dedos de sus manos sobre sus muslos. 

—Emma, yo… si vienes por lo de Marc, no tengo muchas ganas de hablar de eso ahora. Te lo dije, estoy con exámenes y por el momento no me cabe nada más en la cabeza. 

—¿Quién es este niño estudioso? el Et que conozco se embriaga y comienza a bailar desnudo sobre la mesa. —dije con una sonrisita. Él rodó los ojos. 

—Hablo en serio. 

—Está bien. No vine a hablar de eso. —crucé mis piernas y miré al cielo. Las nubes se movían rápidamente cambiando de forma. Había algo de viento, y un sol que aparecía y desaparecía a cada instante—. Sólo estaba preocupada por ti. Quería ver que estuvieras bien. Y que tengas claro, —lo miré a los ojos y él alzó las cejas—. Yo no soy amiga de Marc nada más. También soy tú amiga. Y estoy aquí para ayudar, en lo que necesites. Quizá no pueda hacer nada ahora, pero, puedo escucharte. ¿Darte un abrazo quizá? —soltó una risita y echó la cabeza hacia atrás—. Y entiendo que debido a las circunstancias no quieras hablar con Marc pero, por favor. No me alejes a mí también. No te encierres. Haciéndote el fuerte, fingiendo que estás solo en esto, porque no es así. Estoy aquí. ¿Sí? —posé mi mano sobre su pierna. Me miró con los ojos brillantes, su expresión había cambiado por completo de un momento a otro. Asintió varias veces y mordió su labio inferior. 

—Lo sé… —habló en voz baja—. Gracias. 

Esa tarde corrí de vuelta a casa. Algunas personas me quedaron viendo, y yo seguí corriendo a toda velocidad hasta el departamento. Sentía mis piernas ligeras y un montón de sentimientos en la garganta que quería gritar. Estaba tan energética que hasta pensé en subir las escaleras, (luego recordé que son quince pisos, tan loca no estoy) salí del ascensor apresurada, Marc dijo que llegaría temprano hoy, así que debía estar en aquí. Me abrió la puerta antes de lo que imaginé. Traía puesta su camiseta del equipo y una toalla en el cuello. Acaba de llegar, ni siquiera se había duchado. 

—¡Marc! —exclamé. Abrió sus ojos y miró mi cuello. 

—Emma. ¿Por qué estás tan sudada? ¿A dónde fuiste? 

Tomé sus brazos con mis manos y lo miré a los ojos. 

—Marc. Pensé en algo… 

—Okey…

—¡¿Tú tienes plata no es así?!

—Eh… algo. Después tendré más. ¿A qué viene esto? 

—¡Puedes pagarle la universidad a Ethan! —grité, moviéndolo entusiasmada. Estoy loca, lo sé. ¿Por qué haría eso? es ridículo. Pero lo dije porque lo conozco. Y tenía razón. Sus ojos se abrieron como si nunca hubiese pensado en eso. Lo sabía. Luego se soltó de mi agarre y me abrazó con fuerzas. 

—¡Emma eres una genio! —exclamó. 

—¡Lo sé!

Seguimos conversando en el sillón. Teníamos todo planeado. El verdadero problema era que Ethan se negaría rotundamente a nuestra descabellada idea. Su orgullo no lo dejaría recibir algo así. Pero de todas formas, no había otra opción más que intentarlo. 

Al día siguiente volví a esa universidad gigante. Pero esta vez, con Marc a mi lado. 

Caminamos como si nuestra vida dependiera de ello. Pude notar que Marc estaba nervioso. Se había puesto unos jeans negros y una camisa celeste. Se veía tan bien, que muchos voltearon a vernos. Lo guié por los pasillos como si ya fuese una estudiante de allí. Y como lo supuse, se encontraba en esa misma sala de estudios y en la misma mesa de ayer. Ethan, me vas a odiar por esto. Pero al final valdrá la pena. 

Le di unos golpecitos en la espalda a Marc para darle coraje. Nos acercamos los dos, pero yo me detuve a un metro y él llegó frente a su mesa. Apenas Ethan levantó la cabeza se puso blanco. Al ver que yo estaba allí me fulminó con la mirada como si quisiera enterrarme viva. Se levantó de la silla y buscó la salida con ansias. Quería escapar, pero hay solo una entrada. ¡Vamos Marc! ¡Tú puedes! 

—Et… —pronunció su nombre y yo sentí que me hacía pipí de los nervios. 

—¿Qué haces aquí? ¿No tienes entrenamiento? —preguntó en modo defensa. Su mano tocó su bolso, estaba listo para salir corriendo en cualquier momento. 

—Me tomé el día para venir a hablar contigo. 

Sentí como las demás personas volteaban a vernos. Esto es más interesante que sus libros de biología ¿eh? 

—Yo no quiero hablar, lo siento. —estaba por huir cuando Marc lo tomó del brazo. 

—Espera por favor. Mírame. 

Unas chicas allí comenzaron a susurrar mientras miraban todo, y noté como a Ethan le entró la fobia social. 

—Qué… —lo miró a los ojos por fin, y su gesto se ablandó. Yo en esos quince segundos ya me había comido todas mis uñas. 

—Escucha, sé que no puedo arreglar las cosas con tu papá. Sé que quizá te odie para siempre, pero no puedo quedarme sin hacer nada. Yo… soy egoísta. Te extraño. Te quiero. Y quiero tenerte a mi lado a pesar de que nos lo prohíban. 

Incluso el señor del aseo dejó el trapo quieto para mirar lo que estaba pasando aquí. 

—A mí no me interesa lo que piense mi papá. —dijo Ethan, con voz baja. Se enderezó frente a él y Marc soltó su brazo de a poco, al notar que disminuyeron sus ganas de escapar—. Sabes que nunca me lleve bien con él. No me interesa lo que piense. Yo, soy peor. Soy más egoísta que tú. Te dejé de un día para otro, y solo para que ese viejo continuara pagando mis cuotas. Soy mucho peor… siento todo lo que te hice. Todas esas veces que quisiste hablar conmigo y yo lo esquivé. No tenía el valor para mirarte. 

—Eso ya no importa. Ethan. —Se acercó aún más, dejando sus rostros a centímetros. Vi como Et tragaba saliva con dificultad—. Déjame estar a tu lado. Por favor. 

—¿Cómo? ¿Qué no entiendes? yo elegí estudiar en vez de estar contigo, sólo porque no puedo tenerlos a ambos. Deberías odiarme… 

—Te amo. 

Tapé mi boca con mi mano. Se escucharon suspiros y gritos contenidos de las personas que estaban mirando. Los ojos de Ethan se iluminaron. Abrió la boca atónito y negó con la cabeza. 

—Deja que yo pague tus estudios. —siguió. Et se alejó apenas escuchó eso. 

—Estás loco. 

—Eso no es nada si me permite estar contigo. 

—Marc no. 

—Et… por favor. —suplicó. Tomó sus manos y él suspiró—. No te alejes por algo como esto. 

Se quedó unos segundos pensando. Finalmente ladeó la cabeza y lo miró a los ojos. 

—Ni siquiera tendré para pagar el arriendo… —soltó, con una pequeña sonrisa. 

—Serás idiota… —Marc posó sus manos en sus mejillas y lo besó con fuerzas. La sala de estudios entera se convirtió en un: Awww el señor del aseo comenzó a aplaudir y varios lo siguieron. El rostro de Ethan estaba rojo de la vergüenza, así que lo escondió en el pecho de Marc. Se abrazaron por largos segundos. Limpié las lágrimas que corrieron por mis mejillas y los miré con una sonrisa. Cuando se separaron Ethan estiró su brazo hacia mí. Ven. Me dijo, y yo salté para abrazarlos a los dos. No podía creer que haya sido tan simple. Tal vez los hombres sean sujetos de acciones, pero hay cosas que solo se pueden solucionar con palabras. Y a fin de cuentas la respuesta es siempre la misma. 

El pasado de la sonrisa

—Siento que fuéramos a molestarte mientras estudiabas Ethan.  —dije, mientras dejaba las cajas en el piso. 

—No importa… la verdad es que no he podido concentrarme últimamente… —admitió, acomodando sus lentes. 

—Yo tampoco. He estado fatal en las prácticas. —dijo Marc. Los dos se miraron y gritaron un: ¡Aww! para luego abrazarse dramáticamente. Solté una risita al verlos. 

—Mathan es Mathan, después de todo…—murmuré. Mi celular sonó con un mensaje nuevo. Arreglé mi cabello con solo ver el nombre en la pantalla. 

—¿Tu príncipe pelota de tenis? —preguntó Marc. 

—Sí. Íbamos a salir hoy. 

—Pues anda. Nosotros terminamos acá. 

—Sí, ya ayudaste bastante Emma. —Intervino Ethan—. En serio. Gracias. 

Se miraron entre ellos y asintieron. Sonreí con todos los músculos de mi cara. Di saltitos hasta llegar a su lado. Me puse de puntillas para darle un beso en la mejilla a Ethan y luego a Marc. El primero se ruborizó y el segundo se tomó el cachete como si valiera oro. 

—¡Los amo! —exclamé, corriendo por el pasillo. 

—¡Nosotros igual! 

Me lancé a sus brazos, sus manos rodearon mi cintura y dimos vueltas. Lo envolvía un olor rico que respiré con ansías. Cuando mis pies tocaron otra vez el suelo, posé mis manos en sus mejillas y lo besé. Sus ojos verdes pestañearon varias veces empequeñecidos con una sonrisa. 

—Qué lindo saludo… —suspiró levantando las cejas. 

Nos vimos hace solo unos días, y sin embargo yo ya lo extrañaba. Apoyé mi rostro en su pecho, sintiendo su calor, sus palpitaciones. Corría un viento fresco en este atardecer de otoño. 

—Lo siento, se me hizo tarde. —admití—. Estuvimos ocupados trayendo las cosas de Ethan. 

—¿Todo bien con eso? 

—Sí. Ya están bien. —rasqué mi oreja y sonreí—. Estaba preocupada por ellos y al final se aman más que nunca. 

—Que bien. 

Me encogí de hombros y miré sus cejas rubias. 

—¿Y? A dónde vamos hoy. —pregunté, pensando que quizá tenía otra loca idea. 

—A mi casa. —respondió. Abrí mis ojos como platos—. Hace poco me cambié de departamento, quería mostrártelo.

—Vale. Vamos. 

Me estiró su mano y yo la tomé, entrelazando mis dedos con los suyos. Siempre he caminado detrás de él. Admirando su espalda ancha y su nuca. Ahora estar a su lado se sentía nuevo, refrescante. Parecía una enana y sin embargo me gustaba mucho la sensación. 

Su departamento se encontraba bastante cerca del de Mathan, y tenía la misma dirección con vista al mar. Nos detuvimos en el octavo piso, antes de abrir la puerta al fondo del pasillo me miró levantando las cejas. 

—Ahora sí tengo luz. —avisó. Rodé los ojos y solté una risita. 

Y no sólo había luz, era mucho más amplio y moderno que el anterior. La cocina era entera blanca y de concepto abierto. Caminé por el living hasta la terraza, que aunque no era muy grande tenía una bella vista del sol escondiéndose en el mar. Apoyé mis manos en al barandal y respire profundo el aire fresco. Ryan llegó detrás mío y posó su mano en mi cintura. 

—Cuidado. No te acerques tanto. 

Sonreí al ver su preocupación. Me alejé dos pasos del barandal y me colgué de su nuca. 

—Es bellísimo Ryan. Me alegro por ti. —Él posó sus grandes manos en mi espalda y me miró a los ojos. 

—Hay espacio para dos… 

Tuve que apartar la mirada para reírme. Besé sus labios y me escapé. Me siguió a la cocina y propuso que cocinemos algo. La verdad es que me rugía el estómago luego de ese día de trabajo acarreando las cosas de Et. Estuvimos conversando y bebiendo vino mientras preparabamos pasta a la carbonara, (aunque en realidad yo no hice casi nada). 

Luego de comer y reírnos de estupideces, terminamos echados en el sillón tomando vino. Yo con mis piernas sobre las suyas, observando su bello perfil con mi cara ardiendo por el alcohol. 

—Ryan.

—¿Hm? 

—¿Has pensado alguna vez en casarte? 

Volteó a verme con una expresión acusadora. 

—¿Lo dices por mi edad? —preguntó molesto. 

—¡No! sólo es curiosidad… —solté entre risas. Dejó su copa en la mesita de al lado y ladeó la cabeza pensativo. 

—La verdad es que nunca he tenido una relación seria, así que supongo que no se me pasó por la cabeza el compromiso. —Admitió. Recordé entonces cuando Mía me contó que él solía tratar a las mujeres como objetos. “El Ryan que viste en el baño del restaurant no era uno inventado. Era su yo del pasado”—. De hecho, creo que la única relación de verdad que tuve fue con Mía. Y eso está mal… —sonrió con nostalgia y bajó la cabeza. 

—Mía me contó un poco sobre ello… —empecé, con algo de nervios por si decía algo innecesario—. ¿Es cierto que no recuerdas nada? de la primera vez que la conociste, cuando eran adolescentes. 

—Eso… la verdad es que tengo borrados la mayoría de esos recuerdos. Es raro, pero me acuerdo más de mi abuela que de mí mismo. Murió cuando yo tenía quince. Después de eso todo se vuelve borroso. —se detuvo unos segundos. Cerró un ojo como si le doliese la cabeza, infló su pecho con aire y luego continuó—: Sólo recuerdo entrenar como loco. Al año siguiente a eso hice mi debut como boxeador profesional. Y cuando pienso en Mía… tengo fragmentos de nosotros hablando. Pero nada más. Ella me dijo que todo lo que hacíamos era tener sexo, pero yo no me acuerdo de eso. —soltó una risita y me miró alzando una ceja. Sonreí con tristeza. Mía me dijo que él era completamente distinto cuando estaba con su abuela. Amable y considerado. Sólo puedo pensar que ese es el Ryan que tengo a mi lado. El de verdad. Tal vez por eso pueda recordar esos momentos y los demás no. Tal vez esas imágenes que tiene de Mía fueron significativas para él, pero la parte del sexo no. Eso quiere decir que quería a Mía de verdad. Hasta ahora no había pensado en eso—. De hecho, no la reconocí cuando nos encontramos en la cárcel. Luego de varias terapias empecé a recordar. 

—Ya veo… 

—No quiero complicarte con esto. —Pasó su mano por mi pierna y le dio unos golpecitos—. Es tan raro que prefiero no pensar en eso. —mordí mi labio con frustración. No me imagino cómo será para él lidiar con eso—. Pero ¡Hey! no pongas esa expresión. Yo lo veo como algo bueno. Aprendí a mirar sólo hacia adelante gracias a esto. Los recuerdos no tienen tanto poder en mí, así que puedo enfocarme en el presente. Eso es un don. ¿No crees? 

Sonreí con un suspiro y asentí varias veces con la cabeza. No le preguntaré más. A pesar de su sonrisa y su forma positiva de ver las cosas, ha de ser difícil para él. Así como no puedo siquiera imaginar. Deslicé mis piernas por el sillón hasta llegar a su lado. Estiré mis brazos por su abdomen y apoyé mi rostro en su pecho. Enterré mis dedos en su camiseta tragándome ese nudo en la garganta que sentía. Ryan me preguntó qué pasaba entre risas. No sabe lo lindo que es. Y lo cruel que ha sido el mundo con él. Quiero que sea feliz, nada más. 

Besó mi frente y acarició mi cabello. Nos quedamos así por minutos, hasta que pronunció mi nombre en mi oído, despertándome de la paz que me envolvía a su lado. 

—Es tarde. —dijo. Levanté mi cabeza para encontrarme con sus ojos verdes—. ¿Quieres que te vaya a dejar? 

Pegué mis labios a su cuello y le di un beso. 

—Me quiero quedar contigo. 

Me levanté para ver su reacción. Me sorprendió ver su expresión tranquila. 

—Vale. —respondió. Los dos asentimos, como si fuese algo normal, y luego terminamos riéndonos. Estiró su cuello para besarme en los labios. Mis manos rodearon su nuca y mis dedos tocaron su cabello suave. Me tomó como princesa y me levantó con facilidad. No despegó sus labios de  los míos mientras pasábamos por el pasillo, abrió la puerta de su habitación con una patada haciéndome reír. Mi espalda cayó sobre una manta suave en la cama. Se quitó la camiseta frente a mí, y pude ver su cuerpo iluminado con las débiles luces que entraban desde la ventana. Se arrastró  a mi lado y besó mi cuello. Se detuvo unos segundos para mirarme a los ojos—. ¿Estás segura de esto? 

Acaricié sus mejillas con mis dedos y sonreí. 

—Ven. 

Pasé mis dedos por su pecho mientras él dormía. Encontré varias cicatrices alrededor de su cuerpo que antes no había notado. Algunas demasiado grandes como para no tener una historia horrible. ¿Qué clase de vida has tenido hasta ahora…? se veía tan tranquilo, es una faceta que nunca había visto en él. Y me gustaba, me gustó todo. Pero por alguna razón no podía dormir. Mi celular sonó con un mensaje. Me estiré por la cama para buscarlo, había quedado en el suelo, junto con mis jeans. 

Me crispé del susto al ver el nombre. Jack 

¿Por qué? ¿Por qué me escribe ahora? son las tres de la mañana. Bueno, no para él porque está en Estados Unidos, pero aun así. Dudé si abrir el chat o no. ¿Debería? tenía mi dedo tembloroso sobre su nombre en la pantalla, pero Ryan se movió. Estiró su mano hasta rozar mi espalda y habló en voz baja. 

—¿Emmabella? 

Bloquee mi celular y lo dejé en la repisa. Me escurrí otra vez entre las sábanas y me apoyé en su pecho. Me dio un beso en la frente y volvió a cerrar los ojos. Sea lo que sea, no tengo por qué responderle. Ahora estoy con Ryan. Todo es fácil y perfecto con él. No quiero perderlo. Si acaso Jack comenzó a extrañarme, ya es tarde. Aunque de ser así no me lo diría. Se me hace difícil imaginarlo pidiéndome que vuelva. Su orgullo es más grande que sus sentimientos. 

Me costó quitármelo de mis pensamientos para poder dormir por fin. Me desperté con cientos de besos de Ryan y su voz suave diciendo mi nombre. Di vueltas en la cama y estampe mi cara en la almohada. 

—Emma, Emmabella… ¿Pudiste dormir? —preguntó. Negué con la cabeza sin poder mover ni un músculo. Le dio unos golpecitos a mi espalda y suspiró—. ¿Y por qué?

Me di vuelta para ver sus ojos, se veían más claros en la mañana. 

—No sé… —murmuré, estirando mis brazos por sobre mi cabeza—. ¿Qué hora es? 

—Las 12. 

—¿Hoy trabajas? 

Movió unos mechones de mi cabello y asintió. 

—Pero más tarde. 

—Hmm. 

Me miró unos segundos y se acercó para darme besos en el cuello, los brazos y todo lugar de mi piel que encontró al descubierto. Suspiré su nombre y rodé los ojos.

—Emma. 

—¿Hm? 

Apoyó su cabeza en su mano izquierda y me miró a los ojos. 

—¿Tú has pensado en casarte? 

Casi me atoro con mi saliva al oírlo. Despejé mi garganta y levanté las cejas. 

—¿Me devuelves mi pregunta? 

—Pues sí. 

Me quedé pensando unos segundos. Recordé varios momentos con Jack y luego bajé la vista. 

—Te mentiría si dijera que no lo he pensado. Pero antes creía que era todo más fácil. Siento que me equivocado mucho también, así que… no sé. Supongo que no lo espero. Ya no. —soltó una risita y yo abrí mis ojos avergonzada—. ¿Por qué te ríes? 

—Perdón. Encuentro divertido que hables como si fueras una adulta. —Hice un puchero y él deslizó su mano por mi cabello—. Siento que te esfuerzas demasiado por ser madura, cuando en realidad aún eres una adolescente. Ahora es el momento para cometer errores, ¿No crees? —suspiré y él sonrió. Tal vez tenga razón. Siempre intenté no parecer un niña al lado de Jack. Pero con Ryan es como si estuviese bien serlo—. Vamos a ducharnos. —dijo. Abrí mis ojos como platos. 

—¿Juntos? 

—Claro. Hay que ahorrar agua. 

Solté una risa y asentí. 

—Es un buen punto. 

Tiró de mi brazo cuando me vio escondida detrás de la toalla. Me dijo que ya nos habíamos visto, y que esto no era diferente. Y tiene razón. Después de unos minutos los nervios se esfumaron. Él me puso el shampoo y el acondicionador en el cabello, con tal delicadeza que podía asegurar que tiene experiencia en esto. En cambio yo, nunca había entrado a la ducha con Jack. Ni siquiera lo pensé. Se me cansaron los brazos al enjabonar su gran espalda, y él se burló de mí. Terminamos molestándonos y luego besándonos. 

Al salir le pedí que me cortara el cabello. No sé por qué de repente quería hacerlo, ni tampoco por qué se lo pedí a él. Me miró unos segundos y asintió, sin preguntarme nada. Trajo unas tijeras y se paró detrás de mí en el espejo del baño. Cerré los ojos mientras escuchaba como mis puntas eran cortadas.  Luego de unos minutos terminó y quedé impresionada al verlo. Mi cabello estaba sobre mis hombros, y perfectamente cortado. Asentí orgullosa y lo felicité. —Te ha crecido mucho el cabello. —No me lo he cortado desde que volviste. Recordé esa pequeña conversación que tuve con Jack y aquel inútil significado oculto, que tal vez no entendió. Pero cada vez que nos separábamos lo mantenía corto. 

Era mi recordatorio, de la Emma que quedó cuando tú te fuiste. 

Haters

—Llegas al otro día, sin avisar ¿Y con un nuevo corte de pelo? ¡¿Qué estuviste haciendo?!

Me encogí de hombros al ver la expresión indignada de Ethan. Le di unos golpecitos en el brazo y entré por la puerta. 

—Estaba con Ryan. —me detuve en el pasillo y volteé para verlo confundida—. Por cierto, no te había contado lo de nosotros. Y ni siquiera preguntaste. 

Acomodó sus lentes y luego rascó su oreja. 

—Sí, bueno. Qué puedo decirte. Me lo imaginaba. 

—¿En serio?

—Sí. —Metió sus manos a los bolsillos de su pantalón y se balanceó sobre sus pies—. Y te veo feliz, así que no tengo nada para criticar. —desvió la mirada avergonzado y yo me acerqué para abrazarlo—. ¿Q—qué haces? 

—Gracias Et. 

Me encerré en mi habitación y saqué mi celular. Tomé aire antes de abrir el chat. Nuestra última conversación había sido un: 

—Ya llegué, todo bien. 

Qué bueno. 

Y ahora había un nuevo:

—Emma, hola. 

¿Qué querrá decirme? debe ser de noche allá. Quizá ya esté durmiendo. Escribí y borré mil veces el mensaje que quería enviar. Finalmente mandé un corto y estúpido: Hola. Que rápidamente quise eliminar. Pero él se conectó y lo vio en solo segundos. Sentí mi corazón en la garganta. Mierda. Mierda. Está escribiendo. Y luego se detuvo. Y apareció un Jack llamando en la pantalla. ¡Por la mierda! ¡Por qué! exclamé en mi cabeza. Miré hacia todos lados antes de responder. 

—¿Aló? —pregunté inquieta. No podía dejar de mover mi pierna. 

—Emma, perdón por llamar así.  

Sentí que hace meses no escuchaba su voz, aunque en realidad habían sido solo 2 semanas. 

—No, no importa. ¿Qué pasa? 

—Te quería avisar que mi pelea ya está fijada. Para el 7 de junio. 

—Ah. Vale. 

—Yo… —lo escuché suspirar del otro lado. Como si le costara un mundo poder hablar—. ¿La verás? me sentiré algo raro si no estás ahí. 

—La veré en la tele, claro. 

—Gracias. —Hubo un silencio. Moví mis pies nerviosa y miré hacia la puerta. Ethan estaba mirándome atento, con sus manos apoyadas en la pared. Aleje el celular y puse mi mano en mi pecho. Casi suelto un grito del susto. Lo fulminé con la mirada y volví a mi celular—. ¿Tú, estás bien?

—¡Sí, sí! ¿Y tú? 

—Bien. 

—Que bien. Bueno, ¡Suerte en tu pelea! 

—Gracias. 

Colgué la llamada y suspiré. 

—Wow, esa fue la conversación más incómoda que he visto. —admitió Ethan acercándose de brazos cruzados. 

—¡Entonces no mires, idiota! —le lancé un cojín y él lo esquivó. Me dejé caer de espaldas sobre la cama y Et se sentó a mi lado. Le dio unos golpecitos a mi pierna y me miró. 

—¿Y? ¿Qué quería? 

—Que viera su pelea… —murmuré, con mis brazos cruzados sobre mi rostro. 

—La pelea por el título mundial eh. Todo el mundo la verá. 

—Es obvio, ¿No?

—¿Acaso se siente inseguro si no estás tú allí? —indagó, con un tono burlón. 

—Eso es una gran mentira. Siguió triunfando sin mi cuando se fue trece meses a Estados Unidos. 

—¡Wow, que rencorosa! ¿Eres ascendente escorpio acaso? —Bajé los brazos y puse cara mala—. Okey perdón. —Se acostó a mi lado y me miró detrás de sus grandes lentes—. Aún lo quieres ¿No? 

—¡Obvio que sí! no hay forma de que eso cambie tan rápido. 

—Pero también quieres a Ryan. 

Me quedé mirando al techo con mis manos cruzadas sobre mi abdomen. 

—¿Es eso posible? —Pregunté en voz baja—. Querer dos personas a la vez. 

—Dicen que sí. 

—Me siento mal cuando pienso en ello. 

—Si te sientes así, son por los prejuicios que tenemos en nuestra sociedad. Lo normal ahora son las “parejas” pero dentro de unos años podrían ser los tríos. ¿No? 

—De qué hablas… —suspiré. 

—¿Nunca habías pensado en eso? 

—Nop. —estiré mis brazos para levantarme y asentí—. Pero creo que entiendo tu punto. Gracias. 

Terminamos los dos cantando canciones viejas a todo pulmón mientras preparábamos el almuerzo. Comimos afuera, recordamos cosas del instituto y nos reímos como idiotas. Luego entramos para ver una película en el sillón. Hace mucho que no hacía estas cosas con Et, todo gracias a que sus exámenes terminaron. Ya en la tarde, llegó Marc. Caminó hasta nosotros y nos miró con cara triste. 

—Emma, ¿Estás bien? —preguntó. Miré a Ethan y achiqué mis ojos sin entender nada. 

—¿A qué te refieres?  

Marc levantó las cejas y se tapó la mano con la boca. 

—Nada. ¡Me voy a duchar! —se dio media vuelta y se fue por el pasillo. Intercambiamos miradas confundidas con Et. Él se levantó y lo siguió. Minutos después apareció y me preguntó por mi celular. Cuando respondí que lo dejé en la cama salió corriendo a buscarlo. 

—¿Qué? ¡¿Qué pasa?! —pregunté levantándome. En mi pieza estaba Marc y Ethan mirando mi celular—. ¿Qué están haciendo? 

—Nada. —respondieron al unísono. 

—Me están escondiendo algo. —dije, acercándome lentamente cual depredador a su presa. 

—No. —respondieron otra vez. Me crucé de brazos inconforme, localicé mi celular en la mano de Et, lista para saltar y alcanzarlo. Intercambiamos miradas tensas por unos segundos. Apenas moví mi pie, Marc le estaba gritando a Ethan que corriera, y eso hizo, en segundos ya había desaparecido de la habitación. Salí al pasillo y lo vi allí en modo alerta, me acerqué hasta él con mi mano extendida. 

—Ethan. Dámelo. —exigí. Él negó con la cabeza. Salté hasta él, al mismo tiempo Marc gritaba: ¡Pase! —detrás mío. Me di vuelta furiosa, fui hasta Marc y me puse de puntillas tratando de alcanzar su mano estirada que casi tocaba el techo—. ¡¿Me pueden decir qué está pasando?! 

—¡Emma no! —gruñó Marc. Di un salto y llegué hasta su mano para robarle mi celular. Corrí a la habitación y cerré la puerta. Con la respiración acelerada busqué entre mis mensajes si había algo nuevo. 

—¡Emma no lo veas! ¡Es por tu bien! —gritaron al otro lado de la puerta. Es por mí bien, ¿Qué cosa? no sé por qué se me ocurrió abrir google, en la primera página donde están las noticias apareció mi nombre. Sentí el corazón apretado al abrir la página. ¡La novia de Jack Callen fue vista con el ex boxeador Ryan Nolan paseando por Sidney! la noticia estaba llena de fotos de nosotros. Hablando en el río, caminando tomados de la mano. ¿En qué momento…? me salté los detalles y bajé hasta los comentarios. ¡¿Le fue infiel a Jack Callen?! ¿Acaso no es ese el boxeador que estuvo en la cárcel por delitos sexuales? ¡Qué tiene esa niña de especial! Vaya puta. Es bastante valiente para ponerle los cuernos al próximo campeón mundial. ¡No lo puedo creer! ¡Mejor que Callen termine con ella, además de poca cosa es infiel! 

Sentí la ansiedad recorren mis venas. Me dejé caer en contra la puerta y solté el celular. No sé por qué estuve tan relajada. Era obvio que esto pasaría. Miles de notificaciones llegaban a mis redes sociales. El sonido me volvía loca. Tomé el celular otra vez y lo apagué. 

Las voces de Marc y Ethan seguían detrás mío. Me levanté débilmente y abrí la puerta. Me miraron con pena y yo mordí mi labio de la rabia. 

—Por es no quería que lo vieras. —dijo Marc. 

—No les hagas caso. 

Hasta ahora había pasado desapercibida. Fueron muchas las ocasiones en las que estuve con Jack en un lugar público y nada pasó. Tal vez por eso me relajé, sentí que podía estar así por siempre. Pero era cada vez más famoso, el mundo me conocía por ser su novia adolescente. Ya tenían mucho para criticar y sin embargo ahora me vieron con otro. Y además un ex boxeador que estuvo en la cárcel, diez años mayor y con problemas psicológicos. Tenían material suficiente para hacernos la vida imposible. Me tragué el nudo que tenía la garganta y les dije que estaba bien. No podía llorar por esto, sólo me quedaba hacerme cargo y seguir adelante. 

Esa tarde mis amigos se quedaron conmigo, trataron de distraerme todo el tiempo. Vimos una película. Y cuando ya era de noche y estaba en piyama lista para dormir, recibimos una llamada del recepcionista. “Hay un joven aquí llamado Ryan que está buscando a Emma Jones” 

—Dile que suba. —dijo Et—. Será mejor que no los vean afuera. Después llegarán fanáticas enloquecidas hasta aquí. 

Le di las gracias. Los dos se fueron a acostar, y yo me quede en la sala esperando a Ryan que venía en el ascensor. Abrí la puerta y me lo encontré con un gesto preocupado. No alcanzó ni a decir mi nombre cuando lo tomé de la mano para hacerlo entrar. Le traje un vaso de agua y nos sentamos en el sillón. 

—Vi las noticias. —dijo, asentí enseguida y junté mis manos nerviosa—. Y como tenías el celular apagado me preocupé. 

—Perdón. No quería ver las redes sociales.

—Lo supuse. —posó su mano sobre la mía y buscó mi mirada—. ¿Y? ¿Estás bien? 

—Estoy bien. ¿Y tú? también escribieron cosas sobre ti. 

—Yo estoy acostumbrado. —Asentí y bajé la cabeza. Tiene sentido—. Lo siento Emma, esto es mi culpa. 

—¿Qué dices? ¿Cómo podría ser tu culpa? 

—Si no hubiera tomado tu mano…

—Igual habrían escrito algo. Sería noticia igual Ryan, ya me conocen como la novia de Callen, casi alcanzo el millón de seguidores solo por eso. Por no hacer nada. 

—Aún así. Mi historial lo hace todo más problemático. 

 —Eso no importa. Lo que les molesta es que según ellos le fui infiel al campeón, eso es todo. 

Nos quedamos en silencio unos segundos. Él acarició mi cabeza, y yo lo miré a lo ojos. Ese bello verde que me tranquiliza. 

—Yo… entenderé si no quieres salir más en público. No es nada lindo tener que recibir esos comentarios de odio todos los días. 

Subí mis piernas en el sillón y tomé su mano. 

—Ryan. Tengamos una cita mañana. —Sus ojos se abrieron grandes con la sorpresa—. Paseemos por todo Sidney de la mano. Hagamos lo que tú quieras. 

—¿Estás segura? —preguntó entre risas. Me levanté y fui por mi celular que había abandonado en el piso de mi habitación. Lo encendí y me senté de nuevo a su lado. Entré a aplicaciones y eliminé todas mis redes sociales.

—Así está mejor. —suspiré aliviada. Ryan sonrió. Se acercó para darme un beso y acarició mi mejilla. 

—Que fuerte es mi Emmabella. 

Sueño perdido

Pasaron los días. Tranquilos y alegres. Hablé todos los días con mi mamá, que se había ido de viaje con Daniel. En las mañanas salía con Ryan, algunas noches me quedé a dormir con él también. A veces no hacíamos nada, sólo nos quedábamos ahí, conversando sobre la vida. Él es una persona muy especial, sus filosofías y pensamientos siempre me sorprenden. Ethan y Marc estaban bien, y por lo mismo, Marc estaba en su mejor momento en el fútbol. En las noches tomábamos cerveza y recordábamos cosas en la terraza. Quería que conocieran a Ryan, pero tal vez era algo pronto. Ellos que son mis mejores amigos, no podían olvidar con facilidad lo que pasó hace un año y medio. Y lo entiendo. 

Un día paseaba con Ryan por el puerto, como siempre. Cuando un accidente ocurrió. Jamás pensé en ese momento que aquel amiguito me ayudaría tanto. 

—¡EMMA! 

Antes de que me diera cuenta ya estaba corriendo. Ryan me seguía desde atrás. Crucé la calle y llegué hasta el perrito herido. El auto se había dado a la fuga. Ryan detuvo el tránsito delante de mí. Los bocinazos eran insaciables en aquel cruce tan transcurrido. La sangre corría por sus patas de atrás. La lluvia incrementó ruidosa, escurriéndose por el cemento. Me saqué mi sudadera y cubrí al pequeño entre mis brazos. 

—¡¿Dónde hay un veterinario por aquí?! —exclamé desesperada. Ryan parecía conmocionado. Miró como mi abrigo se manchaba de sangre, con los ojos temblando—. ¡Ryan! 

—¡P-por aquí! —dijo, guiándome por una calle cercana. 

Tuvimos la suerte de estar cerca de uno. En minutos llegamos, le supliqué mil cosas al veterinario, él lo tomó entre sus brazos y nos dijo: Haremos lo que podamos. 

Minutos después estábamos solos esperando. Las demás chicas que trabajaban ahí se fueron con él a la habitación de atrás. La lluvia siguió chocando contra las ventanas. Ryan se sentó en una silla, y me dijo que hiciera lo mismo. Moví mis piernas pesadas y me dejé caer. Sólo entonces noté que mis manos y mi camiseta estaban ensuciadas con la sangre. 

—Emma. ¿Estás bien? 

Sólo esas palabras fueron necesarias para que me largara a llorar. Ryan me rodeó con sus brazos. A él también le corrían las lágrimas por los ojos. Eso que vimos fue horrible. El ruido de la ciudad, escondiendo el llanto de ese pobre perro que habían atropellado. Era tan pequeño. No superaba los seis meses y estaba allí solo, perdido.

Pasó más de una hora cuando el veterinario volvió. Traía su rostro tapado en una mascarilla blanca, que se quitó cuando llegamos a su lado. 

—Está bien. —dijo, con una sonrisa. Sentí un peso caer de mis hombros. Ryan deslizó su mano por mi espalda—. Tuvo mucha suerte. El auto pasó a llevar sus dos patas traseras, pero no hubo ningún daño a algún órgano ni tampoco astillas que pudieran complicar la situación. Podrá moverlas de nuevo. Va a estar bien. 

—Muchas gracias. —suspiré aliviada. 

—¿Ustedes son los dueños?

—No, solo íbamos pasando por allí cuando lo vimos todo. El auto escapó. 

—Ya veo. El problema aquí es que necesitará una ardua rehabilitación. Es difícil encontrar a alguien que quiera adoptar un perro en estas condiciones. 

Asentí con tristeza. Tiene razón. ¿Qué puedo hacer? 

—Yo lo adoptaré. —anunció Ryan. Los dos lo miramos sorprendidos. 

—¿Estás seguro? —pregunté yo. Él asintió. 

—En ese caso no habrá problema. —Siguió el veterinario—. Ayudaremos en todo para facilitar su recuperación. Hace poco nos llegó el nuevo equipo de ruedas traseras para que pueda moverse mientras sus patitas sanan. Ah, y no se preocupen por los gastos. Esto fue un accidente. Y es mi forma de agradecerles por salvar la vida de este amiguito, y darle un hogar. 

Intercambiamos miradas con Ryan y le agradecimos una vez más. La lluvia ya se había detenido cuando caminábamos de vuelta. 

—Me alegro por él. —suspiré cansada—. Traía puesta la camisa de Ryan y cargaba en una bolsa que me dio el veterinario mi abrigo y mi camiseta manchados con sangre—. ¡Y qué amable fue el señor! todos deberían ser como él. 

—¿O no? 

—Y tú quieres adoptarlo. —lo miré juguetona y él se rió—. ¿Seguro que puedes?

—Claro. Si a él no le molesta vivir en departamento. 

—Estará feliz de tener un hogar. 

—Tienes razón. —Asintió. Luego empujó mi brazo sonriente—. ¡¿Y tú?! ¡Me sorprendió tu manera de actuar en ese momento! yo me quedé congelado al verlo, y cuando me di cuenta tú ya estabas corriendo para ayudarlo. 

—Sí… no sé. Mi cuerpo se mueve solo en esos momentos. Me pasó lo mismo cuando te atropellaron a ti. 

—¿Por qué siempre estás ahí cuando atropellan algo? 

Solté una risa y suspiré. 

—No lo sé… y espero que ésta sea la última. 

Esa noche me quedé en el departamento de Ryan. Les avisé en un largo audio todo lo que pasó a Marc y Ethan. Luego dejé el celular a un lado y di vuelta por la cama con mi rostro apoyado en su almohada, que tenía su olor. 

—¿Qué haces? —preguntó Ryan. Me levanté asustada al oír su voz detrás mío. Me miró con una sonrisita, mientras secaba su cabello con una toalla. Además de estar —innecesariamente— sin camiseta. 

—Yo… nada. Sólo que tiene tu olor. 

—Que pervertida. —bufó, sentándose a mi lado. 

—¡N—no! sólo huele rico okey. No soy… —besó mi frente antes de que pudiera terminar. Apagó la luz de la lámpara y entró a las sabanas conmigo para rodearme con su brazo. Posé mi mano sobre su pecho y cerré los ojos. 

—Eres increíble ¿Sabes? hoy lo confirmé de nuevo. —Apoyé mi cabeza en sus pectorales y lo miré incrédula. 

—¿Lo dices por lo del perrito? 

—Por cierto, en la ducha pensé un nombre para ese pequeño. 

—¿Sí? cuál. 

—Rima. 

—¿Rima?

—Ryan y Emma, Ryma. 

Solté una risita de la ternura y él se quejó. 

—¿Pero no es macho? —pregunté, haciendo mi mayor esfuerzo para no reírme otra vez. 

—Los nombres no tienen género. 

—Okey. Está bien. Me gusta. —le di un beso en los labios y sonreí—. Mañana iremos a ver a Ryma. 

Los primeros días no fueron nada fáciles. El pequeño Ryma sufría por el dolor después de la operación, y tenían que ponerle tranquilizantes para que pudiera dormir por las noches. Cuando pudieron instalarle las ruedas, el pequeño se relajó. Corría con sus patas delanteras emocionado, chocando contra todo. Con Ryan lo llevamos al parque, jugamos con él y le dimos comida. Ya había comprado una cama y juguetes para él. Dos veces a la semana volvíamos al veterinario, y de suerte, su recuperación iba bien. Pasábamos las tardes jugando con Ryma, haciéndole cariño y viendo animal planet con él. Era el cachorro más feliz del mundo. Literal sonreía todo el tiempo, (muy parecido al dueño) y nos miraba siempre con sus ojitos brillando, como si nos diera las gracias. 

Deslicé mis dedos por su abdomen. Me detuve en la cicatriz que tenía en la cadera y lo miré a los ojos. Su verde claro me contemplaba, como si quisiera decir mucho, pero al mismo tiempo no quería detener este silencio. Era nuestro, solo de los dos. Ese que llenaba nuestros pechos vacíos. Dejé caer mi cuerpo sobre el suyo, mientras él recorría mi espalda desnuda con su tacto. 

Al mismo tiempo que pronunció mi nombre sonó su celular con una notificación. Cerró los ojos cansado y estiró su brazo hasta alcanzarlo. Al mirar la pantalla su rostro se quedó estático unos segundos. Luego lo bloqueó y volvió a mí. 

—Responde si quieres… —hablé en voz baja, acariciando su barbilla. Él negó con la cabeza. 

—No es importante. —besó mi cuello y yo suspiré. 

—¿Quién era? 

Se separó de mí y jugó con un mechón de mi cabello. 

—Mía. —respondió, en un tono desinteresado. Abrí mis ojos sorprendida. 

—No sabía que seguían hablando… —admití.

—Hace un tiempo me envió un mensaje. —dijo, apoyándose en el respaldo—. Me pidió perdón por dejarme en la calle. Yo le dije que no era su culpa. Eso fue todo. De vez en cuando nos contamos cosas, el otro día le hablé de Ryma. 

—Ah… —Me quedé con mi vista perdida en la habitación. Sentí un gusto amargo en la boca y no sabía muy bien por qué. Ryan acarició mi mano—. ¿Mía sabe? que estamos juntos. 

—Sí. La otra vez me preguntó. Al parecer vio las noticias. 

—¿Y? ¿Qué te dijo? 

—Nada en realidad. ¿Qué podría decir? 

Para mí era un misterio que podría estar pensando. Si acaso me odia y quiere estrangularme cuando me vea. O si quizá no le interesa. Pero considerando que siguen hablando, es obvio que a ella todavía le gusta Ryan. Y también que a él la quiere mucho. No sabía qué pensar de esto. Tal vez me parece bien que sigan siendo amigos, pero sentía celos por no poder comprender su relación. Es mucho más larga y complicada que la nuestra. Mía lo ayudó mucho, lo vio en sus peores momentos y eso es algo que yo nunca podré saber.

El tiempo pasó rápido. El mes ya había terminado, y cuando me di cuenta, ya sólo quedaban unos días para la pelea por el título mundial. 

El hombre más fuerte del mundo

Las noticias de la pelea recorrieron el mundo. Sería transmitida en más de 60 países, distintos horarios  e idiomas, todos pendientes de la “nueva pelea del siglo” que se llevaría a cabo en el Madison Square Garden, el mismo lugar donde ocurrió la primera pelea del siglo hace 50 años, entre Muhammad ali y Joe Frazier. Las expectativas eran altísimas. Australia estaba preparándose para recibir victoriosa a Jack, y yo podía sentir sus nervios, aún a la distancia. 

Esa noche pude verlo. Jack caía a la lona cubierto de sangre. Su rostro herido e hinchado aparecía frente a mí. “No estabas ahí” “Es tu culpa” me decía. Bajé la vista en esa oscuridad, mis manos temblorosas estaban manchadas de rojo. Su voz retumbaba en mis oídos una y otra vez. Detrás de ella las ovaciones del público. Las luces rojas y azules de la arena caían reflejadas sobre mi rostro. Un intenso dolor de cabeza me mareaba impidiéndome mantenerme de pie. Fue tu culpa. Fue tu culpa. Su voz, su voz me perseguía, me perturbaba. Tú culpa. Yo gritaba pero él no volvía. Desapareció en la oscuridad junto con mi voz. ¡JAAAACK! ¡JAAAAACK!

Fue tu culpa Emma. 

—¡JACK! 

—¡Emma! —la mano de Ryan me despertó. Me tomé la cabeza abrumada. El sudor caía por mi frente. Sentí que mi corazón acelerado se saldría de mi pecho—. ¿Estás bien? 

Asentí apenas. Traté de calmar mi respiración y moví las sábanas para salir de allí. 

—Iré por un vaso de agua. —dije despacio, mientras caminaba en la penumbra hacia la puerta. Prendí la luz y me quedé apoyada en la cocina. ¿Qué fue eso? hace tiempo que no soñaba con él. Y nunca algo como esto. Las rueditas de Ryma llegaron hasta mi lado. Me agaché para acariciar su cabeza. Sus ojitos cafés brillaron al verme.  

Escuché pasos por el pasillo, y en segundos apareció Ryan. Me levanté y mantuve mi cabeza baja. Se apoyó a mi lado, sin decir nada. Tomé un sorbo de agua y miré sus ojos preocupados. 

—Ya estoy bien. Solo fue una pesadilla. —dije, pasando mi mano por su brazo. 

—Una pesadilla con Jack. Gritabas su nombre. 

Me crucé de brazos y miré hacia el techo. 

—Lo vi bañado de sangre en la lona. Yo… —bajé la cabeza y suspiré. 

—¿Te da miedo la pelea de hoy? 

—No sé por qué. 

Me encogí de hombros y él me abrazó. Escondí mi cabeza en su pecho, en su piel cálida. Sólo fue una pesadilla. Nada más. Todo estará bien. Me repetí esas palabras una y otra vez mientras trataba de dormir. Ryan acariciaba mi cabello. Pensaba hacerlo hasta que me durmiera otra vez, y eso tomó un largo rato. 

Besé sus labios antes de irme. Él debía trabajar, y yo iría a ver la pelea con Marc y Ethan. Llamó mi nombre cuando ya iba camino al ascensor. Voltee y levanté mis cejas esperando a que hablara. Él tenía su mano apoyada en el umbral de la puerta. Y con un gesto serio me dijo: No tienes que verla. 

Esbocé una sonrisa débil como respuesta. Tiene razón. No tengo por qué verla. Tal vez ese sueño haya sido un aviso para mí de no hacerlo. Pero aún así lo haría. Era la pelea más importante para el boxeador que una vez me salvó la vida. Le dije que la vería, y eso haré.

—Son las diez de la mañana, ¿Y tienen pizzas y cervezas? —pregunté indignada al ver a Marc y Ethan en la sala frente al plasma. Ambos tenían la camiseta de Australia puesta. 

—Claro, es la pelea del siglo. —se excusó Marc. Rodé los ojos y dejé mi cartera en una silla antes de ir al sillón con ellos. 

—Emma, —Et acomodó sus lentes y carraspeó apenas lo miré—. Que quede claro, no estamos apoyando a Callen. 

—¡Sí, sí! —dijo Marc levantando su cerveza al aire—. Sólo apoyamos a nuestro país. 

Le di un mordisco a mi rebanada de pizza y los miré a los dos con desinterés. 

—¿En serio creen que me enojaría por eso? ¡Yo también estoy apoyando a Jack! ¿Qué no es obvio?

Marc silbó aliviado antes de sentarse. Los dos se apretujaron a mi lado para estar en el centro de la pantalla. La transmisión ya había comenzado, los comentaristas conversaban de sus expectativas de esta pelea mientras mostraban las imágenes del Madison Square Garden repleto de gente. Dentro de minutos empezaría. En serio empezaría. 

Había olvidado por completo las peleas de inicio. Fueron dos, de unos boxeadores que Marc y Ethan conocían. Yo me paseé por la cocina en busca de más comida para calmar mi ansiedad. Apenas terminaron volví al sillón. ¡Ya viene señoras y señores! ¡La pelea del siglo! ¡La pelea que decidirá el hombre más fuerte del mundo! ¡Está aquí en Nueva York, el orgullo de la pequeña ciudad de Riverlight! 

—¡Wuu Riverlight! —exclamó Ethan.

¡Y por supuesto, el orgullo de toda Australia! ¡En la esquina azul! ¡El ratador! ¡Con un metro noventa y dos y noventa y tres kilogramos! ¡Con sólo 26 años, él único, el invencible! ¡JAAAAAAACK EL RELAMPAGOOOOOOO CALEEEEEEEEEEN!

Apreté mis manos entre sí cuando entró a la arena. Caminó con la cabeza baja y su capucha dorada rodeado de su staff. Abrí los ojos como platos al darme cuenta de quién estaba a su lado. 

—¿Qué…? —solté sin pensar. 

—¿Qué pasa? —preguntó Marc. 

—Ah. Se suponía que Jack había despedido a su entrenador.

Marc miró de nuevo a la tele y asintió. 

—Tienes razón. 

No había duda. El que caminaba a su lado era su padre. ¿Pero por qué? ¿Volvió a ser su entrenador? ¿Desde cuándo? Si hubiera sido cuando los hice hablar, habría estado en su pelea contra el ruso, pero no fue así. ¿Entonces? Tal vez aunque estén peleados, su pelea por el título es razón suficiente para acompañarlo. Aunque sea esta vez. 

Cuando se quitó la capucha quedé en shock. Saludó al público con una sonrisa. Pero en sus rostros se notaba que algo andaba mal. Tenía el rostro pálido y con ojeras bajo los ojos. 

—¿Perdió peso? —preguntó Ethan. 

—¡Sí! eso noté. ¡Este no es un buen momento para dietas Jack! —exclamó Marc, moviendo los pies nervioso. 

Tragué saliva con dificultad. Sólo espero que este bien. ¡Y por la esquina roja! ¡Entra el campeón! ¡De aquí de Nueva York! ¡Con un increíble récord con cero derrotas! ¡29 años, dos metros y cuatro centímetros y 106 kilogramos! ¡El hombre más fuerte del mundo! ¡JAKEEEEEE EL MARTILLO WILLIAAAAAMS! 

Entró por su esquina acompañado de un staff de más de diez personas, con una música motivante de fondo y las ovaciones de todo el público. Era de descendencia afroamericana, su cuerpo parecía irreal. Como si estuviese hecho de piedra. Cuando se quitó la capucha su cabeza rapada brilló con las luces. Me sentí intimidada con su presencia, y eso que lo sólo estaba a través de la pantalla. Cuando se pararon el uno frente al otro para escuchar las instrucciones del referí, mis piernas temblaron. Jack, ese Jack Callen, se veía pequeño al lado del campeón. Golpearon puños y volvieron a sus esquinas. Estaba por comenzar. Mierda. 

Round 1

Se quedó inmóvil con mi abrazo. Hablé con mi voz entrecortada y los ojos llenos de lágrimas.

—Gracias por salvarlo… gracias. 

¡Suena la campana! ¡Comienza la pelea de 12 rounds que estábamos esperando! ¡La pelea por el título mundial! 

Los segundos comenzaron a pasar en el cronómetro. Intercambiaron miradas, Jack se movía por la arena mientras el campeón mantuvo su posición inicial. La confianza que emanaba su rostro se sentía hasta aquí. 

—Esta vez Jack irá lento ¿ah? —comentó Ethan. 

—Como antes. No le conviene apresurar esta pelea. Los puños de Williams son una puta roca. 

Mantuve mis manos cruzadas sobre mis piernas. Estaba feliz de poder ver una pelea con ellos, y tener alguien con quién comentar, después de tanto tiempo. Pero ni siquiera me salían las palabras. Mantuve mis ojos en el plasma olvidando pestañear. ¡El primer golpe es de Jake Williams! ¡Callen retrocede! No pudo romper su guardia pero sí que repercutió ese jab. ¡Así es Bob! ¡No lo llaman el martillo por nada! 

El campeón levantó su mano y llamó a Jack provocándolo. ¡Williams baja la guardia! Pero Callen no parece importarle. 

Mostraron en la pantalla los ojos de Jack, intensos y concentrados. Como si estuviera ardiendo por dentro. Me moví inquieta en el asiento al notar que sólo habían pasado treinta segundos. 

Sentía mi corazón apretado y no sé por qué. ¡El campeón toma la ofensiva! ¡Lluvia de golpes contra el relámpago! 

—¡Mierda, mierda, mierda! ¡Sal de ahí! —gruñó Marc. Cada golpe lo hacía retroceder, y rápidamente terminó contra las cuerdas. ¡Jack está en problemas! El campeón dominó el ritmo de la pelea con facilidad. ¡Y no será fácil salir de esta! 

—Jack es más rápido. Pero si Williams llega a atraparlo, perderá. —suspiró Ethan. Lo miré preocupada y luego volví a la pantalla. 3… 2… 1. ¡Suena la campana! ¡Termina el primer round! 

—¡Mierda! ¿En serio el campeón es tan fuerte? ¡Jack no pudo hacer nada! —Marc levantó los brazos frustrados  y dejó caer su espalda contra el sillón. 

—Debo mear. —Et se levantó y se fue por el pasillo. 

—¡Apúrate! —al notar mi expresión se levantó y posó su mano en mi rodilla—. Emma. ¿Estás bien? 

—¡Sí! claro que sí.  

Me miró inconforme y tuve que desviar la mirada. Bob, ¿Crees que Callen pueda soportar los 12 rounds? No lo sé Martín. Si no tiene la oportunidad de contraatacar será difícil soportar los golpes de Williams. ¡Ánimo Jack! ¡Ánimo Riverlight! ¡Australia está esperando al rey del contragolpe! 

El niño prodigio y el niño de calle

Round 2

—Está muy enojado conmigo. Eres la única que puede ayudarlo. 

—Yo… haré lo que pueda. 

¡Comienza el segundo round! Marc gritó para llamar a Ethan, que llegó en segundos apresurado y subiéndose el cierre del pantalón. Mientras discutían si se había lavado las manos o no, me perdí en mis pensamientos. Nunca me gustó el boxeo. Pero me gustaba él, así que traté de entenderlo. Con el tiempo pasó a ser algo muy cool en mis ojos, pero ahora es otra la sensación. Sentía un nudo en la garganta acompañado de un miedo infundado. ¿Será por mi sueño? ¿Y si es real? nunca he tenido sueños premonitorios, y este no tiene por qué ser el primero. Pero de alguna forma quería escapar, no ver nada como me dijo Ryan. Deseaba estar a su lado ahora. Me hace falta su paz. 

¡Esta vez es Callen el que toma la ofensiva! ¡Ha vuelto, el relámpago ha vuelto! golpe tras golpe fueron contra la defensa del campeón. Parecía que pronto cedería, pero era todo lo contrario. Bajó los brazos para recibir un golpe directo de Jack en la barbilla, a cambio de arremeter un derechazo contra sus costillas. ¡GOLPE DIRECTO! ¡EL CAMPEÓN RECIBE UN GOLPE DIRECTO EN EL ROSTRO Y CONTRAATACA ENSEGUIDA CONTRA CALLEN! Lo peor es que parece no haberle afectado. ¡Sin embargo Jack no se puede mover! ¡Eso debió doler! La sonrisa de Jake Williams solo creció al ver cómo Jack se retorcía con su golpe. No perdió ni un segundo más para continuar con la paliza. ¡Callen mantiene la guardia alta, pero no puede hacer nada contra los ganchos del campeón! sus costillas deben estar hechas trizas. 

—Mierda… 

—Esto es malo. 

Marc y Ethan hablaron al mismo tiempo, embobados con lo que estaba sucediendo. Respiré con pesadez. La audiencia en el Madison Square Garden aullaba de placer. Se habían puesto de pie a gritar como si la pelea hubiese terminado. Entre tanto el réferi se puso entre medio de los dos. Le dijo algo a Williams y luego continuó con la pelea. 

—¿Qué pasó? —pregunté confundida. 

—Estaba a punto de pegarle por detrás. —murmuró Et, comiéndose las uñas. 

Mierda. Aún quedaban 40 segundos y esto no se ve para nada bien. Mostraron en pantalla al padre de Jack, quién gritaba eufórico mientras golpeaba la lona. Williams estaba listo para otro golpe cuando Jack se colgó de él. 

—Creo que es la primera vez que veo a Callen hacer un clinch. —Admitió Marc. 

—Así de fuerte es el campeón… 

El réferi los separó enseguida. Y mientras Williams se apresuraba por volver a atacar, Jack se preparaba para algo. ¡El campeón lanza un uppercut pero Callen lo esquiva! ¡Un contragolpe del rey en las costillas! ¡Un perfecto golpe directo de Callen! ¡El primero de la noche! 

Marc y Ethan celebraron unos segundos y luego se quedaron en silencio, al mismo tiempo que los comentaristas. El rostro del estadounidense dibujó una gran sonrisa burlona. Le dijo algo a Jack, y pude leer sus labios: Conmigo no. Conmigo no. ¡El contragolpe de Callen parece no tener efecto! ¡¿Es eso posible?! El martillo de Nueva York no se ganó ese golpe solo por sus puños Martin. Jack no podía creerlo, ni ninguno de nosotros tampoco. Que aquel contragolpe en el momento preciso no haya siquiera conmovido un poco a Williams parecía una broma. El campeón estaba apunto de lanzar otro golpe contra el rostro descubierto de Jack, pero el referí los detuvo antes. ¡S-suena la campana! ¡Termina el segundo round! 

Los tres nos dejamos caer en el sillón luego de eso. Los miembros del staff de ambos subieron a la lona para darle agua a sus boxeadores y limpiar sus heridas. Vi como Jack asentía ante las cosas que le decía su entrenador. 

—¡Mierda esto va mal! —gruñó Marc, apoyándose en Ethan. 

Se escucharon los gritos del público conectados como uno. Los comentaristas guardaron silencio para poder escuchar. 

—¿Qué están diciendo? —pregunté. 

—Débil. —respondió Et, mientras acariciaba el cabello de su novio. 

—Hijos de puta… —gruñó Marc. 

¿Débil? ¿Le están diciendo débil a Jack? Me mordí el labio de la rabia. La única vez que lo vi perder fue contra el loco de Billy Walker, pero en esa ocasión el maldito ganó gracias a sus múltiples trampas. Ahora había una notoria diferencia de niveles, Jake Williams subió puesto tras puesto para quedar coronado como el campeón del mundo, y desde entonces no ha bajado de allí. Ni Jack parecía oponente para quitarle el cinturón. 

—Supongo que para ellos Jack es sólo un prodigio consentido. —Indagó Ethan, haciendo que los dos lo miráramos confundidos—. El padre de Jack era un boxeador profesional. Desde niño que practicó el boxeo como un deporte. En cambio Williams, creció en los barrios bajos de Nueva York, siendo muy pobre y además de una minoría discriminada. Mientras Jack dedicaba su vida al boxeo, Williams lo hacía para sobrevivir. Son completamente distintos. Y eso lo vemos hoy reflejado en su boxeo. Tal vez para él es sólo un australiano con privilegios. Al campeón ni siquiera se le pasó por la cabeza perder hoy. 

Me moví inquieta tratando de tranquilizarme mientras oía los gritos del público. ¡Débil! ¡Débil! ¡Débil! ¡Débil!

Antes de que pudiera descansar unos segundos sonó la campana. Jack se levantó de la silla luego de que le pusieran el protector bucal y se movió hasta el centro de la lona. Sus ojos se veían llenos de determinación, aunque su postura reflejaba su agotamiento.

Round 3

Sus ojos perdidos en la ventana me miraron sin luz, apagados. Apenas me acerqué se inquietó. Su torso estaba entero vendado, al igual que su cabeza. Se movió de nuevo débilmente, como si estuviera resignado. Y con un gran esfuerzo, dijo:

—Por qué estás aquí…

Junté mis manos, pidiendo que por favor esto acabara pronto. Jack esquivó cada golpe que lanzó el campeón. ¡Bombardeo de Williams! ¿Cómo responderá Callen? Sus pies retrocedían, y casi sin opciones, buscaba con la mirada el momento perfecto. Las ovaciones del público continuaban en sincronía pronunciando el nombre del campeón. ¡No sé cuánto tiempo más podrá soportar esos puños del martillo Williams! ¡Es una masacre! lo que más me molestaba es que parecía que el estadounidense ni siquiera estaba cansado, tenía una permanente sonrisa en el rostro, como si realmente estuviese disfrutando de la pelea. 

Cuando estaban por llegar a las cuerdas Jack escapó de allí y tomó su distancia, volviendo al centro del ring. Williams abrió sus brazos y golpeó su pecho, rebosante de confianza. ¡El campeón está nuevamente provocando al relámpago! Lo morado en sus costillas comenzaba a notarse y Jack apenas podía mantener bien su respiración. Williams le pedía que se acercara. 

—Maldito… —murmuró Marc de la rabia. 

—¿Acaso le dijo “Acércate niño lindo”? —preguntó Ethan. 

—¡Agg! ¡Qué ganas de partirle la cara! 

A pesar de eso Jack parecía más preocupado en mantenerse en pie, que en sus provocaciones. Y como no le hizo caso, fue el campeón el que lo buscó. Y de tanta confianza, lanzó un gancho extremadamente abierto, consiguiendo un rápido jab de Jack en la barbilla. ¡CONTRAGOLPE! ¡Callen aprovecha la oportunidad y arremete contra la barbilla de Williams! Y una vez más, parecía no funcionar. El campeón lanzó un golpe que traspasó la barrera de Jack hasta su pecho. ¡Gancho al hígado! ¡El famoso golpe del campeón, lo vemos ahora, por primera vez en la noche! 

Marc y Ethan que hace segundos estaban celebrando se tomaron la cabeza de frustración. Jack tosió sangre, que salió volando junto con su protector bucal. Enseguida el réferi se puso entre los dos. Su cuerpo encorvado temblaba, pero aun así mantuvo en todo momento sus ojos en su oponente. Asintió ante las cosas que le dijo el réferi, mientras se acercaba débilmente a su esquina para ponerle otro protector bucal. Su padre le dijo algo, pero él ni siquiera lo miró. El intenso café de sus ojos seguía ardiendo hacia el otro lado del ring, donde estaba el campeón apoyado en las redes, con una expresión de satisfacción en el rostro. 

¡Eso debió doler! Callen es el primero en mantenerse de pie luego del golpe al hígado del campeón. ¡Sin duda increíble! ¿Pero podrá continuar luego de eso? 

Pocos segundos después de que el referí diera la señal, la campana sonó. Los tres caímos al respaldo del sillón del alivio. Ahora por lo menos tenía unos segundos para recuperarse. 

—Esto es malo. —Anunció Et, sacándose los lentes y pasando sus cejas—. Otro golpe así y no podrá soportarlo. 

Round 4

—¿En serio me preguntas eso ahora? ¡Imbécil! —bajé la cabeza para limpiar las lágrimas que rodaban por mis mejillas. Al verlo no había nada. Una expresión sin emociones que me congeló el corazón. Sólo asintió, y lentamente llevó su vista a la ventana. 

Recordé una vez en que Jack me habló de ese golpe al hígado. Es uno de los más devastadores, ya que a diferencia de un golpe en la cabeza, sus repercusiones son inmediatas. No sientes tus piernas, el ritmo cardiaco disminuye y finalmente pierdes por completo el control de tu cuerpo. Son pocos los que logran mantenerse de pie después de eso, pero Jack era uno de ellos. 

¡Continúa la pelea del siglo! ¡Hemos tenido unos intensos primeros rounds!, ¿No es así Bob? ¡Así es Martin! Aún no hay ninguna caída, pero con la gravedad de esos golpes, de seguro tendremos un nocaut. ¡Toda Australia está pendiente de la pelea! ¡Quieren ver al relámpago de Riverlight traer el cinturón a casa! ¡Veremos cómo continúa en este cuarto round! Y después de haber resistido a ese devastador golpe al hígado… 

Apenas sonó la campana Williams se lanzó contra Jack. Sabe que está con daños, y no perdería más tiempo para acabar esta pelea. ¡Jack ya no puede ni esquivar los golpes! ¡Está agotado! el campeón rompió su guardia, listo para lanzar otro golpe al cuerpo, pero Jack alcanzó a cubrirse con su brazo. 

—¡Ese maldito quería se dirigía al hígado otra vez! —exclamó Marc indignado. 

Jack pudo cubrirse de ese, pero no del otro que venía hacia su rostro. ¡Golpe directo del campeón! el puño de Williams chocó contra su pómulo, haciendo que caiga instantáneamente a la lona. 

—¡NOO! —gritamos los tres al mismo tiempo. ¡Y cae! ¡Jack Callen cae a la lona! ¡No puede ser! ¡El campeón celebra con el público victorioso! ¡Y el réferi inicia el conteo! 

Jack… 

¡1! ¡2! 

Todo el público contaba junto con el réferi. Williams movía la mano con desinterés, como si no valiera la pena hacer el conteo. 

¡3! ¡4! 

Jack comenzó a golpear la lona con el puño de la frustración. Movió sus piernas, pero le temblaban. 

¡5! 

Una parte de mi quería que te quedarás en la lona. Terminar con esto de una vez, y que no te hagan más daño. Pero al mismo tiempo veía su rabia allí, mientras tratabas de ponerte de pie. Esto está recién comenzando para ti, y no te quedarías satisfecho hasta poder ganarle. Lo sé pero, ¿No fue ya suficiente? tal vez solo tenía miedo de que algo fuera a pasarte. ¿Qué hago si mi sueño se cumple? 

¡6! 

Ya no estaré a tu lado para ayudarte. ¿Estarás bien sin mí? por segundos vi las expresiones preocupadas de Marc y Ethan y mi pecho ardió. Es cierto, no soy solo yo. Hay todo un país esperando que vuelvas como campeón. Gente alrededor de todo el mundo de apoya. Ese niño tailandés del que me hablaste también. ¿Cómo puedo imaginar que pares ahora cuando es lo que tú menos quieres? me odié a mí misma por no estar ahí presente para gritar a tu nombre. 

¡7! 

Una emoción rara me invadió cuando te levantaste. Sentí alivio, pero al mismo tiempo mis preocupaciones crecían. ¿Debo confiar en tí? lo haré de todos modos, porque no tengo otra opción. Si este es el boxeo que tanto te gusta, está bien. Pelea hasta que estés satisfecho. Y luego vuelve. 

Muy tarde, muy pronto

Mis ojos se humedecieron cuando lo vi temblar hasta ponerse de pie. El referí le preguntaba algo, él asentía. Tenía la misma mirada feroz que antes, pero parecía que en cualquier momento se caería. Los ojos de Williams se abrieron de la sorpresa. Toda la arena guardó silencio. Nadie podía creer que se haya levantado después de eso. 

¡INCREÍBLE! ¡SE PONE DE PIE! ¡JACK EL RELÁMPAGO CALLEN SE LEVANTA! ¡IMPRESIONANTE! 

Marc me rodeó con su brazo y me acercó a él para acariciar mi cabello. Los tres nos miramos conmocionados, pero con una sonrisa. No había palabras para describir ese acto de fuerza de voluntad que acabamos de presenciar. Le pusieron algo de vaselina en su herida del ojo y el contador volvió a moverse. ¡Suena la campana! ¡El cuarto round de esta pelea por el título mundial continúa!

Aunque todos pensamos que trataría de hacer tiempo para que este round termine, y tener unos segundos para recuperarse, Jack fue el que comenzó a lanzar golpes contra Williams. De seguro sentía una frustración increíble, que solo podía ser saciada devolviéndole lo mismo a su oponente. El campeón tardó en reaccionar, parecía aún impresionado con lo que acaba de ver. ¿Tan fuerte era su golpe que ni él mismo lo cree? 

Luego de varios jabs, uno conectó con el estómago de Williams, que se encogió unos segundos y luego regresó furioso. ¡Golpe directo de Callen! ¡Increíble recuperación! ¡Y suena la campana! ¡Termina el cuarto round! 

Ahora era Marc el que salía corriendo para ir al baño. Eso les pasa por beber tanta cerveza... Ethan me miró de reojo. E indeciso, le dio unos golpecitos a mi rodilla. 

—¿Estás bien? —preguntó. Solté aire y asentí. 

—Eso creo. 

Vi en la pantalla como el papá de Jack le hablaba con desesperación. Él tenía sus ojos cerrados, respirando con dificultad. Limpiaron su sudor y bañaron su nuca con agua. El entrenador posó sus manos en las mejillas de su hijo. Se miraron a los ojos y él asintió. De repente me dieron escalofríos ver eso. Su voluntad seguía intacta, a pesar de todo. Es increíble. Jack Callen es sin duda, increíble. 

Round 5

Tomé su mano con la mía, haciendo que por fin me viera a los ojos. Su mirada se ablandó unos segundos. Ese café tan apasionado, se veía ahora triste y solitario. Quería ayudarlo. Quería que volviera a tener ese fervor de nuevo. Pero no había nada que yo pudiera hacer. 

¡Comienza el quinto round! Yo y Ethan gritamos el nombre de Marc. Y en lo que él llegaba y empezaba a discutir con su novio si estaba cagando o no, los hombres más fuertes del mundo se posicionaban nuevamente en el centro del ring. Las luces los siguieron y las pantallas mostraron la cruel realidad de esta pelea: El campeón apenas tenía rastros de los golpes mientras Jack tenía morada toda su caja torácica y su párpado hinchado. 

El primer golpe de este round iba a ser un gancho del campeón, pero él lo esquivó y desde abajo conectó un uppercut perfecto que nos dejó a todos incrédulos. ¡El relámpago vuelve con todo! ese es un golpe que dice: “Yo nunca toqué la lona” señoras y señores, sin duda impresionante. 

De repente una pequeña luz de esperanza nos rodeaba, Jack estaba como antes, con confianza, lanzando golpes como si lo del round pasado nunca hubiese ocurrido. Pero todo eso desapareció pronto, cuando un sólo golpe del campeón bastó para dejarlo aturdido. ¡Vaya golpe en el rostro! ¡Callen se tambalea! El réferi intervino enseguida al ver su reacción, le dijo unas cosas y él asintió rápidamente, antes de siquiera recobrar el equilibrio de sus piernas. Williams ya estaba listo para más, levantó los brazos pidiendo las ovaciones del público, que rápidamente se convirtieron en un: ¡Nocaut! ¡Nocaut! al unísono. ¡La pelea continúa! moví mis piernas inquieta de los nervios hasta que Marc posó su mano en mi muslo. Me miró a los ojos como diciendo: Tranquila, va a estar bien. 

Jack estaba por lanzar un jab que fue rápidamente detenido por el campeón. ¡Jake Williams arremete una ráfaga de golpes contra el cuerpo desprotegido de Callen! Parece que no le quedan fuerzas para levantar los brazos... ¡Y el público en el Madison Square Garden pide un nocaut! la sangre de Jack caía por su rostro. Ya no podía abrir su ojo hinchado y sus piernas se tambaleaban por quedarse en pie. El campeón conectó un uppercut en su barbilla, y Jack aprovechó para mover su pesado brazo derecho hasta su mejilla, en un débil contragolpe que no pareció afectarle. Williams se preparó para otro golpe, pero el referí los detuvo. 

Un silencio de incertidumbre se produjo en todo el mundo. La toalla del entrenador de Jack caía a la lona, al mismo tiempo la espalda de su hijo a peso muerto. Sus ojos estaban idos, impresionando hasta el mismo campeón. La campana sonó. Y rápidamente subieron los del staff de Jack para sacarlo de ahí. ¡S—señoras y señores! ¡La pelea termina! ¡El entrenador de Callen tira la toalla! ¡Este es el final del relámpago de Riverlight! ¡El campeón es y sigue siendo, Jake Williams! 

No pude controlar ese nudo que tenía en la garganta. Las lágrimas salieron solas, apenas lo vi allí inconsciente. Marc me rodeó con su brazo para que me apoye en su pecho. 

—No mires… —me dijo, mientras acariciaba mi cabeza. Su voz también temblaba. Ethan guardó silencio. Nos quedamos los tres allí, sin poder creer lo que pasó, escuchando las voces de los comentaristas por largos minutos. ¡El campeón no celebra! tomó su cinturón y se bajó el ring enseguida. La arena entera está en shock. Nadie notó cuando Callen seguía luchando aún inconsciente. Sin duda mostró una impresionante fuerza de voluntad. ¡La arena se convierte en aplausos de respeto! ¡Tal vez Callen no ganó el cinturón de campeón en esta ocasión, pero se lleva la admiración de millones de personas que vieron esta increible pelea! ¡Gracias Jack! 

—¿Estás bien? 

La voz de Ryan me despertó de mis pensamientos. Asentí distraída y continué acariciando la cabecita de Ryma. 

No me preguntó nada más. Tal vez ya se cansó de hacerlo. Porque sabía a la perfección que no lo estaba, y que tampoco se lo diría, porque solo le dolerá. 

Se sentó a mi lado luego de dejar las tazas con café en la mesa de enfrente y tomó el control para encender la televisión. La pelea de los pesos pesados terminó hace una semana, pero aún no lo podíamos creer. Australia seguía conmocionada, las redes sociales y la televisión seguía mostrando comentarios, escenas e incluso documentales de Jack. Eso fue lo primero que apareció en la pantalla. “El relámpago de Riverlight: cuando rendirse no es un opción” Ryan cambió el canal con un suspiro. No sabía muy bien cómo se sentía él al respecto, como ex boxeador podía entenderlo mejor que yo, mejor que muchos. Pero al mismo tiempo sabía que trataba de evitar el tema por mi bien. 

Se detuvo en las noticias y maldijo en susurros. Al levantar la cabeza mi corazón se congeló. Los enunciados decían: Jack Callen, diagnosticado con secuelas por un golpe en la cabeza. Mi mente se quedó en blanco. Desde el término de la pelea que no supimos nada de él, además de que lo habían ingresado al hospital para tratar sus heridas. Tomé a Ryma con cuidado y la bajé de mis piernas. Mi cabeza se inclinó casi involuntariamente hacia la pantalla cuando mostraron a una periodista entrevistar a un doctor de Nueva York. Sí, el joven tiene registros de una fuerte contusión en la cabeza, específicamente en el área de la nuca. Continúa en tratados intensivos por su situación delicada. El señor de bata era anciano, y hablaba excesivamente lento. La periodista se llevó el micrófono a su boca y preguntó con un tono dramático: ¿Las contusiones son por la pelea de hace una semana, doctor? El señor estiró los labios y se acomodó los lentes con el dedo índice. De la pelea pasada quedó con tres costillas rotas, además de múltiples golpes en toda la caja torácica y el párpado cortado, por lo que fue necesario una costura con 7 puntos. Sin embargo, las secuelas que presenta el paciente, son al parecer por un golpe en la nuca, que podría haber sido aproximadamente un año atrás. Abrí la boca del shock. De repente todo tenía sentido: Las pastillas. Su dolor de cabeza. La razón por la que no quería decírmelo. “Un año atrás” “Golpe en la nuca” esto pasó en la pelea contra Billy Walker. No había otra explicación posible. Mis manos temblaron de los nervios. El paciente sigue en vigilia, por lo que no podemos dar más detalles. Pero no podemos descartar los daños de por vida. Él no podrá volver a boxear, nunca más. Apenas tengamos más información la compartiremos. Los gritos de los periodistas continuaron hasta que cortaron la transmisión para volver al estudio. Mi cuerpo quedó inmóvil, las voces de los periodistas se volvieron lejanas, y lo único que me hizo reaccionar fue un comentario en voz baja de Ryan: Lo sabía…

Giré mi cabeza y abrí mis ojos espantada. Ryan me miró confundido, de seguro lo dijo para sí mismo, pero yo lo escuché con claridad. 

—¿Qué dijiste? —pregunté, a punto de sufrir una crisis nerviosa—. ¿Lo sabías? ¿Cómo que lo sabías? 

Ryan movió sus manos en el aire con negación, para luego posarlas sobre mis piernas. 

—No es que lo sabía, pero lo sospeché. 

—¿Cuándo? ¿Desde cuándo? 

Sus ojos verdes temblaron. Soltó un suspiro y llevó la cabeza para atrás, marcando su manzana de adán. 

—Desde la vez que pelee con él en el río. —admitió. Mis ojos se perdieron en su rostro, sin enfocar nada en particular. ¿La vez que pelearon? ¿La vez que se encontraron aquí, en Sydney, y yo los vi? ¡Eso fue hace meses!—. En uno de sus golpes perdió el equilibrio de repente. Noté que le molestaba la vista, como si tuviese un fuerte dolor de cabeza. En algún momento lo pensé, pero no creí que realmente fuera por las secuelas de un golpe. —Saqué sus manos se encima y me levanté del sillón. Di vueltas por la habitación mordiéndome las uñas—. ¿Emma? —Ryan me siguió. Llegó a mi lado y me sostuvo de los hombros—. Emma cálmate. 

—Debiste habérmelo dicho. 

—¿Cómo iba a decirte algo así? Ni siquiera estaba seguro. 

—¡Igual debiste decírmelo! —grité exasperada. Sus ojos se abrieron sorprendidos. Moví mi hombro para apartarme. Caminé un par de pasos y me detuve. 

—No me eches la culpa por esto. —Gruñó. Me di vuelta a verlo y bajé los brazos resignada. 

—No te culpo, pero si yo hubiera sabido algo tan importante como eso, tal vez...

—¿Estarías con él ahora? —me interrumpió con la mirada entristecida. 

—No iba a decir eso… 

—¿Tal vez podrías haber hecho algo? ¿Eso querías decir? —bajé la cabeza y mordí mi labio con frustración. Ryan soltó un bufido—. Te conozco Emma. Te culpas por todo. Crees que debes interferir en la vida de otros y salvarlos. Te sientes responsable por sus miserias, pero déjame decírtelo: No puedes. No podrías haberlo salvado. Ni ahora, ni antes. —Mi boca se secó. Ryma se puso entre medio de los dos, como si entendiera que estábamos discutiendo—. Así son los golpes en la cabeza. Como boxeadores sabemos que corremos ese peligro cada vez que subimos al ring. Nadie puede evitar las secuelas de un golpe. Y lo más probable es que él lo sabía. Desde esa pelea hace un año atrás que lo supo, y aun así no te lo quiso decir. ¿Y sabes por qué? —Levanté la vista apenas, su mirada me dolió. Sus palabras me dolían porque tiene razón—. Porque es un boxeador. Toda su puta vida es eso, y no dejaría que su novia, ni nadie, interfieran con sus metas. Es así de simple. 

Tiene razón. Odio admitirlo, pero tiene razón. Tal vez las peleas con su entrenador, y que lo despidiera también, tenían que ver con esto. ¿Y si su padre lo quiso detener por su salud? aun así, Jack escogió alejarlo y seguir. Seguir y seguir hasta sentirse satisfecho. Si fue capaz de hacerle eso a su padre, la persona que más admira, la razón por la que comenzó el boxeo, ¿Por qué pensé que yo podría detenerlo? Que sólo a mí me haría caso, que podría impedir que llegara a esta situación. No soy especial, y aunque lo fuera nadie puede detenerlo. Su voluntad era tan fuerte que incluso siguió peleando sobre el ring estando inconsciente.

 Tal vez ese “Lo siento” que me dijo mientras estaba medio dormida se refería a esto. Sentía culpa por no decirme la verdad, pero aun así seguiría mintiéndome hasta lograr sus objetivos. Así es él. Y no puedo llegar a imaginarme cómo se siente ahora que lo perdió todo. 

Adiós, perdón

Pegué mi cabeza a la ventana para observar las nubes en el atardecer. En la pantalla aparecían las 20 horas del vuelo directo que acababa de comenzar. Cerré mis ojos con la esperanza de poder dormir un poco, un poco y estaría bien. Han pasado ya varias noches en vela, empezaba a preocupar a todos a mi alrededor. La situación se me fue de las manos, y ya no sabía qué hacer. 

—Emma. —La voz adormilada de Ryan me llamó. Se despertó apenas, y se movió por las sábanas para apoyar su cabeza sobre su mano y observarme atento—. Vete. 

Abrí mis ojos confundida. Vi su mirada seria y me acomodé en la cama. 

—¿Qué?

—Ve con él. —insistió. Abrí mi boca sin entender nada. Pasó su mano por su cabello y la dejó caer sobre la cama rendido—. Eso es lo que quieres, ¿No?

—Por qué dices eso… 

—Emma, llevas días sin dormir. Apenas comes. Ya no sonríes. Sé que estás pensando en él cada minuto, y que no te quedarás tranquila hasta que lo veas. —Bajé la cabeza despacio. Ryan suspiró—. Yo ya no sé qué hacer para hacerte feliz. Y odio verte así. 

—Ryan… 

—Te amo.

Mis ojos ardieron. Pasé mis manos por ellos tratando de evitar las lágrimas, pero fue imposible. Él deslizó su mano por mi brazo, acercándome a su pecho para abrazarme. 

—Lo sabes, ¿Cierto? —preguntó con una risita. Moví mi cabeza y lloré amargamente con mis manos estrujando su camiseta—. Sé que me quieres también, pero no has podido olvidarlo. —Sus manos acaricaban mi espalda con ternura. Apoyó su barbilla en mi hombro y soltó aire pesado, como si estuviese aguantando a duras penas no ponerse a llorar—. Gracias por darme una oportunidad Emmabella… enserio. Tú me salvaste. Ahora estoy bien así que, ya es suficiente. Quiero que seas feliz. Nunca olvidaré estos meses. 

Me separé de él sorbeteandome los mocos. Me miró sonriente, con sus ojos brillando en la oscuridad.

—No digas eso… —murmuré con dificultad. Él pasó su mano por mi rostro y acarició mis mejillas. 

—Está bien… enserio. Ryma y yo estaremos bien. —Los dos soltamos una risita mezclada con llanto, un completo desastre. Las patitas de Ryma se escucharon por el pasillo, abrió la puerta con la cabeza y nos miró con su lengua afuera sonriente—. Mira, la despertamos. 

Pasé mis manos por mis ojos y sonreí. A pesar de que él me daba las gracias, yo era la que se sentía agradecida. Aunque fue un tiempo corto, aprendí mucho estando con él. Me ayudó a conocerme un poco más también. Y ahora, a pesar de que no sabía qué esperar, iría a descubrirlo. 

Nunca entenderé por qué me vuelvo tan melancólica cuando viajo sola en avión. Sólo intento dormir, pero los recuerdos me atacan impidiéndomelo.  Aún quedaban 16 horas para llegar a Nueva york. Miré al señor de al lado roncando audazmente, y suspiré. 

Era 10 de junio. 3 días después de la pelea. 

Mi celular comenzó a sonar desde la sala. Ryma me miró sonriente, como siempre. Vi el número de Marc y contesté. 

—¿Aló? 

—¡EMMA FELIZ CUMPLEAÑOS! —Gritó del otro lado, haciendo que tuviera que apartar la pantalla de mi oído.

—Gracias Marc… —suspiré, asomándome por el balcón. 

—Ahora eres la más vieja de los tres. 

—Cierto. Luego viene Ethan en octubre y tú en diciembre. Hagamos algo a fin de año todos juntos. 

—¿No harás nada hoy con Ryan? 

—Sí, iremos a comer a alguna parte. 

—¿Segura que no quieres salir a una discoteque el finde?

—No, Marc. No tengo ganas. Dejémoslo para después. 

—Vale. Pásala bien bonita. Te quiero.

—Yo también. 

Apenas corté la llamada apareció Ryan detrás de mí. Apoyó su cabeza mojada en mi hombro, esparciendo su olor a limpio por toda la casa. 

—Emmabella. —susurró en mi oído.

—¿Hm? 

—Te lo daré ahora porque no me gustan los clichés. —admitió. Volteé a verlo con un mirada suspicaz. Tenía las manos escondidas detrás de su espalda. La toalla en su hombro y su torso desnudo—. Ya sabes, eso de ir a un restaurante elegante y darte un regalo mientras todos están mirando, no es lo mío. 

—No tenías que obsequiarme nada… 

Llevó sus manos adelante mostrando una pequeña cajita de terciopelo azul. Ladeé la cabeza con una sonrisa. 

—Abrela. 

La tomé con cuidado y levanté la tapa. Al ver el contenido la cerré enseguida. 

—Estás loco. 

—¡Ni siquiera lo has visto! 

Solté un suspiro y lo abrí otra vez. Adentro había un delicado collar de plata, con un dije grabado con las letras: Ryma. Solté una risita y miré sus ojos verdes, que esperaban una respuesta. 

—¿Ryma por nuestro perro o por nosotros? —pregunté. 

—Ambos claro. 

Pasé mi pulgar por las delicadas letras grabadas y suspiré. 

—Y dices que no te gustan los clichés… 

—Bueno de vez en cuando están bien. 

Al dar vuelta el dije mi expresión cambió. Estaba escrito en letras pequeñas: Gracias. Apreté mis labios con frustración. No sé por qué esas palabras parecieron una despedida para mí. 

—Es lo que siempre siento cuando estoy contigo. —Admitió, pasando su mano por su nuca—. Quería decirte lo agradecido que estoy. Me ayudaste mucho Emma. —Negué con la cabeza, sintiendo mis ojos arder—. Me diste otra oportunidad, y eso para mí fue como un permiso para seguir viviendo. Para seguir queriendo a otros. —tomó mi mano y sonrió. Las lágrimas caían por mis mejillas—. Mi vida perdió todo su sentido y luego te encontré en ese cruce de Berlín. Incluso ahí, y después de lo que te hice, no dudaste en ayudarme. Eso nunca lo olvidaré. 

—¿P—por qué lo dices como si fuera una despedida? —pregunté preocupada. Él deslizó sus dedos por mis mejillas para limpiar mis lágrimas. Besó mi frente y sonrió. 

—¿Te gustó? ¿Lo usarás? 

—¡Obvio que sí! —Estiré mis brazos y pegué mi cabeza en su pecho—. Gracias Ryan. Me encanta. 

Aún quedaban 9 horas de vuelo. Tomé el dije de mi collar entre mis dedos. Él lo sabía. Lo supo antes que yo. Sólo habían pasado 3 días de la pelea, y aun así. Mientras recordaba todo lo que pasó la semana pasada, los últimos meses con Ryan, este año… sólo podía pensar que sigo siendo una niña. Aún no sé nada. Cuando llegué a Riverlight fue como otro mundo para mí, que viví toda mi vida en un pueblo a mitad de la nada. Ahora me doy cuenta que el mismo Riverlight es un pequeño y desconocido pueblo para el resto de Australia. Nunca me imaginé viajando a otro país, y sin embargo ya parece que estoy acostumbrada a estos vuelos de 20 horas. Al final, todo lo que sabemos del futuro es que es impredecible. 

Así como esa llamada que me llegó hace unos días atrás. 

—¡Emma tu celular suena! —gritó Ethan desde la otra habitación. 

—¡Ya voy! —Corrí por el pasillo para buscar mi teléfono que deje sobre la cama. Pensé que podía ser mi mamá, o Ryan. Pero el nombre en la pantalla casi me mata del susto. Jack—. ¿Qué…? 

Mis manos temblaron. ¿En serio era él? ¿Cómo es posible? hace sólo dos días aparecieron las noticias de su condición. Trate de mantener la calma, pero mi voz tembló de todas formas. 

—¿Aló? 

—¿Emma? soy el padre de Jack. 

Me quedé inmóvil unos segundos. ¿Por qué me llama? ¿Le pasó algo a Jack? sentí mi corazón latir como loco mientras pensaba un montón de posibilidades horribles en mi cabeza. 

—S-señor Callen. Hola. —solté conmocionada. 

—Perdona que te llame de repente. No sé si viste la pelea, pero supongo que sí las noticias. 

—Sí, señor. Lo vi. 

—Como sabrás, Jack no se encuentra muy bien de salud. Está luchando por recuperarse, pero lo que más me preocupa en estos momentos es su salud mental. Él me odia por haber tirado la toalla. Luchó todo el año contra su condición, con la idea de ganar el título mundial. Y ahora que perdió, y su carrera terminó, está muy deprimido. 

—Me lo imagino señor, pero ¿Por qué me dice esto a mí?

—Sé que ya no están juntos. Me lo confesó hace unos días. Pero ya no sé qué hacer para ayudarlo. Es muy importante que mantenga una actitud positiva para su recuperación, pero él no escucha a nadie. Sólo pude pensar en tí Emma, en que tal vez ti sí te haga caso. —Me senté sobre la cama y mordí mi labio. Era la primera vez que escuchaba hablar tanto al papá de Jack. Debe estar realmente desesperado por su hijo para haber recurrido a mí—. Lo siento. Sé que estoy pidiendo mucho. Jack obviamente no sabe sobre esto. Cualquier cosa, te estaremos esperando en Nueva York. 

Ni siquiera le conté a Ryan sobre esa llamada. Quizá por eso me impresionó tanto cuando me dijo que me fuera. Él sabía lo que estaba pensando. Que incluso antes de que el padre de Jack me llamara, yo estaba considerando ir hasta allá, solo para verlo. Mi mamá no se sorprendió cuando le dije que iría a verlo, tampoco me preguntó por Ryan, que apenas sabía quién era. Ethan y Marc solo intercambiaron miradas y suspiros. Ya no tenían ni ganas de discutir conmigo. Sabían que estaba deprimida por él, y que no se me pasaría hasta que diera la vuelta al mundo para verlo. Miré la pantalla, quedaban sólo 40 minutos para llegar. 

 El relámpago apagado

Apenas llegué, tomé mi pequeño bolso improvisado y fui a pedir un taxi hasta el hospital. En el camino le avisé al señor Callen, que tenía el teléfono de Jack. Y luego le envié un mensaje a Ethan y Marc, a mi mamá, y finalmente a Ryan. Diciéndoles que había llegado y que todo estaba bien. Era un día soleado, muy hermoso en la ciudad de Nueva York. Los niños jugaban en los parques y los perros paseaban emocionados. Esta pudo haber sido una linda visita, si la situación fuera distinta. Yo continuaba con mi corazón apretado de la angustia. Las ojeras bajo mis ojos ya daban miedo, y los kilos que perdí las últimas semanas tampoco me favorecían. 

El hospital era tan enorme que caminé desorientada por los pasillos en busca de la sala de cuidados intensivos. Di un par de vueltas y me detuve a preguntar en recepción. El lugar estaba repleto de gente y los ascensores colapsados, así que subí los seis pisos por las escaleras. Llegué a un lugar más vacío, donde había unas máquinas de café, otras de golosinas y unos asientos para las visitas. Al fondo, junto al ventanal un señor de pelo gris se puso de pie al verme. Sentí una nostalgia extraña al ver su gesto serio. Y es que simplemente me recordaba mucho a alguien que conozco. Caminé apresurada hasta llegar a su lado. Solté mi bolso en el camino y estiré mis brazos por sobre sus hombros. Se quedó inmóvil con mi abrazo. Hablé con mi voz entrecortada y los ojos llenos de lágrimas.

—Gracias por salvarlo… gracias. 

Me detuve en la puerta con el corazón en la garganta. Tomé aire con fuerzas y miré al señor Callen, que me acompañaba. Afuera de la habitación había dos hombres gigantes de traje a cada lado. Debían ser los guardaespaldas de Jack. Los miré a los dos hacia arriba y me sentí intimidada enseguida. El señor Callen les dijo con la mirada que a mí sí me podían dejar pasar, luego le dio unos golpecitos a mi hombro. 

—Está muy enojado conmigo. Eres la única que puede ayudarlo. 

—Yo… haré lo que pueda. —admití, sintiendo aún más nervios. 

Toqué la puerta un par de veces y luego la abrí, aún sin recibir respuesta. Caminé despacio por una gran habitación blanca, iluminada solo con el sol de afuera. Al ver su figura allí me carcomió el miedo. Hace meses que no nos veíamos, y sentí que ya no era el mismo. 

Sus ojos perdidos en la ventana me miraron sin luz, apagados. Apenas me acerqué se inquietó. Su torso estaba entero vendado, al igual que su cabeza. Se movió de nuevo débilmente, como si estuviera resignado. Y con un gran esfuerzo, dijo:

—Por qué estás aquí…

Apreté los labios de la rabia. 

—¿En serio me preguntas eso ahora? ¡Imbécil! —bajé la cabeza para limpiar las lágrimas que rodaban por mis mejillas. Al verlo no había nada. Una expresión sin emociones que me congeló el corazón. Sólo asintió, y lentamente llevó su vista a la ventana. 

Me senté en la silla a su lado y tomé su mano con la mía, haciendo que por fin me viera a los ojos. Su mirada se ablandó unos segundos. Ese café tan apasionado, se veía ahora triste y solitario. Quería ayudarlo. Quería que volviera a tener ese fervor de nuevo. Pero no había nada que yo pudiera hacer. 

Nos quedamos así un rato, habiendo tantas cosas que hablar, no supimos qué decirnos. Su piel estaba pálida, sus labios secos. Su pérdida de peso era notoria, y que no ha podido dormir, también. 

Acaricié sus dedos vendados, aún sin saber si podía sentirlo o no. 

—No quería… —empezó, con su voz débil y el ceño fruncido, como si le costase un mundo poder unir las palabras en una oración—. Que v—vinieras. 

Solté aire pesado y asentí. 

—Ya lo sé. 

Me miró a ojos de nuevo, su ojo izquierdo tenía un derrame, y sobre su ceja había un parche por los puntos que le hicieron. 

—Mi papá te lo pidió… 

—Me llamó preocupado. —admití. En este punto de que me servía mentirle. Aunque le diga que aún sin su llamada yo habría venido igual, no me creería. Movió la cabeza con desinterés como si se lo esperaba. 

—Qué piensa Nolan. —apretó mis dedos un segundo y luego los soltó—. De que estés acá. 

Era obvio que había visto las noticias. Salió en todas partes. Me quedé pensando unos segundos mi respuesta. ¿Qué podía decir? ni yo entendía bien qué pasará después de esto. 

—Él me dijo que viniera. 

Jack soltó una risita contenida. Me miró como si estuviera bromeando, pero era todo lo contrario. Sostuve sus dedos con los míos. 

—Jack. ¿Cómo te sientes? 

—Me duele la cabeza. 

—¿Y tus costillas? 

—Bien. 

Cerré los ojos cansada. Supe de inmediato que esto sería más lento y difícil de lo que pensé. Cuando entraron las enfermeras yo salí. Me encontré con el señor Callen en la sala de antes. Me compró un café y unas galletas. E incomodo, se sentó a mi lado esperando un comentario de mi parte. 

—¿Y bien? —preguntó—. ¿Cómo te fue? 

—Será difícil. —concluí, por no decir que tal vez me odia. Mi única esperanza era que no quitó su mano cuando la tomé en todo ese rato. De ahí a poder ser una ayuda para su recuperación, no estoy muy segura. 

Cada día era igual. Tras las insistencias del señor Callen, me quedé en la habitación de Jack en el hotel que estaban pagando. Quedaba bastante cerca del hospital, y él se hospedaba a solo un piso de distancia, por lo que íbamos juntos en la mañana para el horario de visitas y luego en la tarde. Así, del hotel a ver a Jack, todos los días durante una semana. 

Era la primera vez que pasé tanto tiempo con mi ex suegro, y era bastante raro, pero supongo que con el tiempo los dos nos acostumbramos. Para Jack, cada día era diferente. A veces no quería hablar, y otras veces hasta me preguntaba por Maya y por mi mamá. La primera vez que lo vi comer me sorprendí, sus manos temblaban mucho, y por lo mismo se negaba con frecuencia. El señor Callen me había dicho, que perdió gran parte de su motricidad fina, también el equilibrio, y en los peores momentos hasta el habla. 

Para mí no fue problema ayudarlo, era importante que siguiera comiendo para su recuperación. Y tampoco se quejó cuando tomé el tenedor por él, ni cuando lo afeité. Cosas que según su padre, no dejó que nadie hiciera hasta que yo llegué. 

Mi idea era que se distrajera un poco las horas que estaba con él. Veíamos películas y comentábamos cosas irrelevantes. Una tarde en especial, noté que quería decirme algo, pero dudo mucho antes de hablar. 

—Emma. Perdón por no decirte. 

Su voz tembló y supe enseguida lo difícil que era para él. Me quedé en la silla esperando a que continuara. 

—Supongo que ya te diste cuenta. —siguió, buscando mi mirada. Después de 10 días su ojo había mejorado, y su manera de hablar también. Me sentí muy feliz de escucharlo—. Las pastillas… no hacían la gran cosa. Las tomaba solo cuando tenía esos dolores repentinos de cabeza.

—¿Cuándo empezó? 

Miró mi mano como si quisiese tomarla, pero no lo hizo. 

—El año que me fui. Durante el entrenamiento… —asentí con un suspiro, él volteó para ver hacia la ventana—. Mi papá me dijo que me retirara. Sabía perfectamente lo que se venía. Pero yo no lo escuché. No podía creer que me estuviera pidiendo eso, cuando todavía me quedaba tanto por ganar. Pensé que como boxeador me entendería, pero él se retiró luego de su primera lesión fuerte. Le dije cosas muy crueles… —apretó la sábana con sus manos y luego la soltó—. Terminé despidiéndolo y peleándome con mi equipo de toda la vida. Sé que solo estaban preocupados por mí. Pero aun así yo quería continuar y conseguir el título de campeón. Y esa vez que nos obligaste a hablar, —me miró de nuevo con una leve sonrisa—. Le prometí que sin importar los resultados de la pelea contra el campeón, me retiraría. Y si podría acompañarme al ring por última vez. —llevó la cabeza para atrás y suspiró—. Nunca pensé que terminaría así. Creo que entiendes porque no quería decírtelo. Sabía que te opondrías. Que me pedirías que lo deje. —tomó mi mano y sonrió con tristeza—. Estaba seguro de que pondrías una expresión así. 

Miré hacia el techo y solté aire. 

—Eres un idiota. —murmuré, entrelazando mis dedos con los suyos. Sus ojos se habían puesto vidriosos, y en voz baja, casi en susurro, soltó:

—Lo sé… lo siento. 

La siguiente semana llegó Alex y Charlotte, habían venido desde Alemania sólo para ver a Jack. Ambos me abrazaron apenas me vieron en el hospital. Pero para mí era bastante incómodo considerando que él es su mejor amigo, y yo estaba allí a pesar de que terminamos. Estuvieron casi una hora con Jack, luego me encontraron en la sala de espera y surgieron ir a tomar un café. 

—¿Estás comiendo bien Emma? —me preguntó Charlotte inquieta. 

—Sí. No te preocupes. 

—No te vamos a preguntar lo que pasó entre ustedes, puedes relajarte. —dijo Alex, notando mi postura incómoda. Aflojé los hombros y asentí—. De hecho nos lo imaginamos. —intercambiaron miradas con pena, para luego tomar sus manos sobre la mesa—. Lo que pasó no es culpa de nadie. Es solamente responsabilidad de Jack. No debes sentirte afligida por eso—. Sentí mis ojos arder, así que pestañeé varias veces—. Ya no podrá boxear, pero aún así puede tener una vida normal. Y eso hay que agradecerlo. 

—Sí…

Alex se acercó para darme unas palmaditas en el brazo.

—No descuides tu salud ahora Emma. Es estresante estar todo el día en el hospital y preocupado. Trata de dormir lo suficiente y distraerte unos minutos, aunque sea. 

—Sí. Gracias. 

—Y cualquier cosa que necesites nos puedes llamar. ¿Sí? 

Vi sus rostros amables y sonreí. Ellos siempre fueron buenos conmigo, y es reconfortante saber que Jack tiene un buen amigo. Les agradecí de nuevo. Días después volvieron a Alemania.

Cuando se cumplió un mes de la pelea, y el verano estaba en su esplendor aquí en Estados Unidos, surgieron los primeros avisos de esperanza por parte del Doctor. Era el mismo señor que vi en las noticias, y ahora estaba frente a mí, diciéndome que podrían darle de alta pronto. Claro, con ciertas condiciones y con controles dos veces a la semana, pero algo es algo. Por primera vez en todos estos días, que vi a Jack con aires positivos. Debía estar realmente cansado de estar en cama por tanto tiempo, él que ya ha estado en una situación parecida después de las peleas, se recupera tan rápido que sorprende a cualquier médico. 

Fijaron todo para el día viernes. El señor Callen entró a la habitación con una sonrisa, le dijo a Jack que haría todo el papelo e irían al hotel, pero él no respondió. Seguía sin entender qué pasaba en su relación, por lo que he notado, Jack no está enojado con su papá, sino que se siente avergonzado. Tal vez porque todo lo que él le dijo que podría pasar con su condición, finalmente pasó. Y de no ser porque tiró la toalla en el momento preciso, podría haber sido mucho peor. 

En momentos como este me doy cuenta que Jack puede ser realmente infantil. No sabía cómo interferir, y tampoco tengo el derecho de hacerlo. Pero odiaba verlos así de incómodos. 

Cuando nos dejaron solos otra vez, Jack me quedó mirando atento. Alcé las cejas y me moví inquieta en el asiento. 

—¿Qué pasa? —pregunté. 

—Cuándo te irás. 

—¿Ah?

—Me dieron de alta. Ya viste que estoy mejor y mi papá también se ve más tranquilo. Puedes irte cuando quieras. 

Solté una risa mezclada con un suspiro y dejé caer mi cabeza. Deslicé mi cabello corto hacia atrás y achiqué la mirada. 

—En serio no entiendes nada... —Sus ojos cafés se abrieron confundidos. ¿Cómo era posible que estuviera tan convencido de que estoy aquí por cumplir, y no porque quiero?—. Sé muy bien que puedo irme cuando quiera. ¿Pero en serio crees que habría pensado en venir hasta aquí si no me importaras?

Hizo una mueca con los labios y negó con la cabeza.

—No tienes que hacerlo. 

—Sé que no. Estoy aquí porque quiero. Nadie me está obligando. 

—Entonces… —arrastró su mano por la sabana hasta rozar la mía. Aún tenía las marcas de las heridas en sus nudillos—. ¿Te vas a quedar conmigo? 

Sentí un nudo en la garganta. Después de mucho tiempo vi brillos en sus ojos. Abrí la boca apenas, pero antes de que pudiera responder, tocaron la puerta y entraron las enfermeras. 

Sanar

Por alguna razón me dolía ver que Jack pensaba que ya no lo quería. Llevo tanto tiempo amándolo, que hasta para mí era difícil pensar en no hacerlo. Pero durante estas semanas he descubierto cosas de las que no me había dado cuenta nunca antes. Es curioso pensar que lo conozco hace dos años, y sin embargo nunca ha estado presente para mi cumpleaños. Es como si el mundo preparara todo para que eso no pase. Pero no lo olvidó. Porque el primer día que llegamos al hotel me lo dijo. 

—Cumpliste 19. ¿No es así? 

Me sorprendí demasiado. No pensé que lo recordaría. Después de un agotador último día en el hospital, nos quedamos por fin solos en la habitación del hotel. Habíamos obligado a Jack a recostarse, a pesar de que parecía tener bastante energía. El señor Callen se había ido a su habitación para tomar una merecida siesta y yo me quede con mi cabeza en el closet mientras recolectaba mi ropa para ir a bañarme. 

—Sí… —respondí despacio, mientras sostenía entre mis dedos el collar que Ryan me regaló. 

—Quise enviarte un mensaje, pero me quitaron el celular. 

Me volteé con una sonrisa. 

—No importa. Tampoco tuve ganas de celebrarlo este año. —tomé mis cosas y me encaminé al baño, que estaba dentro de la habitación—. Iré a darme una ducha. 

—Por qué. —me detuve en el umbral al escucharlo—. Por qué no tenías ganas. —Lo miré ladeando la cabeza, demostrando que no teníamos que hablar de ello—. ¿Fue por mí? 

—¿En serio quieres que lo diga? No es necesario ¿Sabes? 

—Sí lo es. 

Pasé mi mano por mi frente como si estuviese limpiando un sudor imaginario. 

—¿Qué quieres saber? —pregunté, ya resignada. 

—Todo. —se movió por la cama para levantarse, y yo me crispé del susto al verlo moverse tan rápido. Corrí a su lado y lo tomé del brazo, en solo un mes había perdido mucha masa muscular. Al levantarse sentí mi piel erizarse. Su cabeza quedó sobre la mía y su mano apoyada en mi cintura. Podía sentir su calor, su olor, otra vez tan cercanos. 

—¡¿Estás loco?! ¡No te levantes así nada más! ¡Te puedes marear! ¡Avísam… —al ver sus ojos posados sobre mí con intensidad las palabras se detuvieron solas. 

—Quiero saber de ti. Qué hiciste los últimos meses, qué sentiste al ver la pelea. Si acaso pensaste en mí. Si me extrañaste… —inflé el pecho con aire y lo solté con nervios. Bajé despacio mi mano que lo sostenía. Tuve que desviar la mirada unos segundos. Los dedos de Jack se movieron en mi cintura, estremeciéndome. Levantó mi barbilla con delicadeza, para que lo viera a los ojos otra vez—. Si acaso él era mejor que yo.

—Jack… 

Apoyó su frente en mi hombro, cruzando sus manos detrás de mi cintura. 

—Yo pensé en ti todos los días. —Mi mano fue dudosa hasta su cabeza para acariciar su cabello—. Eres todo lo que me queda…

Sentí un nudo en la garganta al oírlo. No es propio de él decir algo como eso, y es que desde que su carrera como boxeador terminó, que no ha vuelto a ser él mismo. Siempre lo tuve tan alto, como alguien a quién admirar, y ahora solo puedo ver un humano común, lleno de miedos e inseguridades. Y era difícil saber cuál era el real. 

Esa primera noche estaba lista para ir a dormir al sillón, cuando él me detuvo. 

—Somos personas civilizadas, podemos dormir en la misma cama sin que nada pase. 

Miré sus cejas levantadas e hice una mueca. 

—Supongo que tienes razón. —suspiré, acercándome a él. La cama era de dos plazas, no era como que debíamos rozarnos ni nada. Apagué la luz de la repisa y entré en las sabanas al otro extremo. Ni siquiera me atreví a mirarlo, me quedé de lado con mi vista en la puerta del baño. Ya sentir su olor en todo el lugar es un problema para mí. Lo fue durante todo el mes en que me quedé aquí mientras él estaba en el hospital. Ver su ropa, sus cosas, sus guantes tirados en una esquina. Todo me producía una nostalgia amarga. El silencio nos envolvió, y aún sin poder ver, sentí sus ojos clavados en mi espalda—. ¿Te tomaste las pastillas? —pregunté en voz baja. 

—Sí. 

—¿El analgésico también?

—Sí. —su respuesta se volvió tediosa, de seguro estaba harto de que le preguntara lo mismo tres veces, pero debía hacerlo para quedarme tranquila—. Emma. —pronunció mi nombre en un susurro ronco que me hizo abrir los ojos de golpe en la penumbra. 

—¿Si?

—Te amo... 

Tape mi rostro con la sábana como si eso ayudara a calmar mi corazón acelerado. Maldito, maldito Jack. 

—Duérmete. —gruñí. Provocando una suave risa de su parte. 

Para los dos fue una noche larga. Después de eso no pude conciliar el sueño por mucho que lo intentara. Ni él tampoco. A mitad de la madrugada volteé a verlo y vi su silueta iluminada con la luz de la luna, con sus manos detrás de su cabeza, y los ojos bien abiertos observando el techo. 

—¿No puedes dormir? —preguntó despacio.

—Tú tampoco al parecer. 

Me miró de reojo y bajó una de sus manos en busca de la mía. Cuando la encontró se quedó acariciando mis dedos. Volteó hacia mí, acercándose lo suficiente como para besar mis nudillos. No podía descifrar en qué estaba pensando. Veía sus ojos brillar, mirándome con vehemencia como si tratara de decirme algo. Era una noche muy calurosa. Vi su torso desnudo y las marcas moradas de los golpes. ¿Por qué ningún hombre que conozco duerme con camiseta? ¿No es injusto? si yo me quitara el piyama ahora mismo de seguro habría un alboroto, pero no lo hago. Aguanto el calor para actuar “civilizadamente” como dice él. Pero él en cambio, dice que me ama y besa mi mano, eso no me ayuda en nada. Cerré mis ojos con fuerza y me obligue a dormir, luego de largos minutos funcionó. 

—Sí mamá. Ya sé… —apoyé mi oído a mi hombro para sostener el teléfono mientras doblaba ropa sobre la cama. 

—¿Cuándo vas a volver hija? Maya está algo triste. Siempre se queda mirando hacia la reja, creo que te está esperando. —sentí un nudo en la garganta instantáneo. He sido la peor dueña del mundo. 

—Mi Maya… la extraño mucho. —admití con un puchero. Marc y Ethan también me han estado preguntando cuándo volveré. Se suponía que iríamos juntos a algún lado por las vacaciones. 

—Daniel me ayuda y la saca a pasear a veces. 

—¿Cómo está Daniel? 

—Bien, bien. —Escuché un estruendo desde el baño y abrí los ojos asustada. 

—Mamá te llamo después. —Solté el celular en la cama y corrí hasta la puerta del baño—. ¡Jack! ¿Estás bien? voy a entrar. —giré la perilla y lo vi con sus manos apoyadas contra la puerta de vidrio de la ducha. Tenía la cabeza baja, con su cabello tapando sus ojos. Abrí la puerta y estiré mi brazo para ayudarlo a salir—. ¿Te pegaste? ¿Estás bien? 

—Estoy bien. —respondió en voz baja, pasando su brazo por mi espalda para afirmarse—. Sólo me maree un poco… 

—¡Te dije que yo te ayudaba! Es peligroso que entres a la ducha solo. Te puedes marear en cualquier momento, ¿Qué pasa si te caes, te golpeas y quedas inconsciente? —pregunté indignada. Enseguida sentí un deja vu. Esto ya lo había dicho antes…

—Lo siento. 

Lo llevé hasta la cama para que se sentara. Sentí una gota de sudor caer por mi frente. Aun cuando perdió peso sigue siendo demasiado para mis brazos delgados. Traje una toalla y la dejé sobre sus partes bajas. Corrí hasta la cocina y serví un vaso de agua, corrí de vuelta y se lo entregué. Su mano tembló al tomarlo, así que lo ayudé a que bebiera un poco. 

—¿Mejor? 

—Estoy bien. Gracias. —soltó, pasando su mano por su frente. 

Estiré mi espalda encorvada con un suspiro. Perdóname Maya… todavía no puedo volver. 

Mientras le secaba el cabello sonó el timbre. Fui hasta la puerta y me encontré con el señor Callen. Lo hice pasar hasta la habitación mientras le contaba lo que pasó. Jack bajó la cabeza incómodo apenas lo vio. 

—Así que te mareaste en la ducha. —soltó su papá. 

Hubo un silencio tan incomodo que creí que me volvería loca. 

—¡AHHHG! —grité, espantando a los dos—. ¡Ya no puedo más! —miré al señor Callen que tenía con sus ojos cafés bien abiertos de la sorpresa—. Jack no está enojado con usted, solo se siente avergonzado por haberlo tratado mal. Le duele en el orgullo que a pesar de que decidió acompañarlo en la pelea después de que lo despidió, todo terminó como usted dijo. Por eso en vez de pedirle perdón, se comporta como un niño de ocho años enojado. —dejé caer mis brazos que estuve moviendo energéticos en cada palabra. 

—¡Emma! —gruñó Jack con un puchero. Me encogí de hombros y suspiré. 

—¡Lo siento por ser una entrometida! pero ya no podía verlos así. ¡Son padre e hijo! ¡Tienen una historia increíble juntos y la fortuna de tenerse a su lado! No deberían perder el tiempo en estupideces. ¡Él no es sólo tu entrenador! ¡Es tu papá! ¡Seas boxeador o no, siempre será tu papá!

Jack abrió la boca pasmado como si quisiese decir algo, y la volvió a cerrar. El señor Callen soltó una risita, así como nunca lo había visto. Tocó mi brazo y le dio unas palmaditas.

—Es una gran chica. —le dijo a su hijo, quién se ruborizó enseguida y bajó la cabeza. Luego me miró a mí y sonrió—. Gracias Emma. 

Sonreí también y los dejé solos para que conversaran. Me sentí realmente feliz de escuchar el murmullo mientras preparaba el almuerzo. Eso quería decir que de verdad estaban hablando, luego de semanas sin intercambiar palabras. Ryan tiene razón. Siempre quiero ayudar a los demás, aunque no me lo pidan. Pero si eso les sirve un poco yo estoy feliz. 

Pasaron semanas, Jack iba mejorando en cada control. Y aunque era no era imposible que tuviera repercusiones en el futuro, la situación se estabilizó bastante, por lo que volvió a hacer las cosas cotidianas por su cuenta. Incluso a salir a trotar, los doctores dijeron que podía empezar de a poco, y que de hecho le servirían mucho para su recuperación. Aunque claro, yo lo acompañaba. Y lo disfrutaba bastante, recorrimos las calles de Nueva York cada mañana y tarde. Recordamos cosas y conversábamos de lo que sea. Pero al volver al hotel sentía que se deprimía otra vez. Se quedaba mucho tiempo en silencio sin hacer nada, muy sumergido en sus pensamientos. Un día solo botó a la basura sus guantes viejos. Y aunque me dio pena presenciar eso, no le dije nada, porque no podía entender cómo se siente. 

A veces hablaba por teléfono con Ryan. Me contaba cómo iba su trabajo con los niños, también cómo estaba Ryma, que por fin le habían sacado las rueditas. Ya podía correr con sus cuatro patitas, y me dolió no haber estado presente para ver eso. Pero él estaba bien y a mí me subía el ánimo escuchar su voz y sus risas. 

Con Jack era todo distinto, estábamos acostumbrados a estar juntos, pero no lograba ser como antes. Yo notaba como me miraba con melancolía cada vez que Ryan llamaba, y me hacía cuestionarme si realmente era lo mejor para él que yo estuviera aquí.

Madurar

Habían días y días. La mayoría estaba tranquilo, otros incluso sonreía. Y aunque tal vez estaba feliz de tenerme a su lado, nadie podía llenar ese vacío que  el boxeo. Fue solo un momento que lo dejé solo. Un arrebato agresivo después de haber aguantado mucho. A pesar de que vi su tristeza, nunca noté que había tanta ira guardada en su interior. 

—¡JACK! ¡JACK! ¡BASTA! —grité, afirmándolo del brazo. Sus ojos llenos de rabia me asustaron. La pared estaba ahora rota, y sus nudillos sangrando. Abrí los ojos de la indignación, y posé mis manos en su pecho para empujarlo hacia atrás con fuerzas—. ¡¿Cómo puedes ser tan idiota?! —gruñí sorprendiéndolo. Sentí una ráfaga de calor subir por mis venas hasta mi cabeza—. ¡¿Para ti qué ha sido todo este tiempo de recuperación?! ¡¿Qué acaso no te importa?! ¡Para qué crees que estoy yo aquí! —me moví por la habitación inquieta. Di vueltas en mi lugar, mirando la pared y luego su puño enrojecido y salpicando gotas de sangre al piso—. Agg, no puedo creer esto… 

—¡¿Qué es lo que no entiendes?! ¡Yo sin boxeo no soy nada! ¿No dijiste hace tiempo que querías conocer al verdadero Jack? ¡Pues esto soy! ¡Esto es lo que queda de mí! ¡Y si tanto te molesta vete ya! —Sentí mi piel erizarse. Era la primera vez que lo oía levantar la voz así, y era dirigido hacia mí—. Vuelve con Nolan rápido, así nos ahorramos todo esto. —se sentó en la cama y rascó su cabeza. Me quedé allí parada frente a él analizando lo que acaba de pasar.

—¿Eso es lo que te molesta? —pregunté alzando las cejas. Me miró unos segundos y bufó—. Por dios. —caminé hacia la puerta y luego me devolví—. ¿Qué esperabas? ¿Que siguiera detrás tuyo como un perro, sin entender nada, para luego ver como casi te matan en el ring? —Ironicé de brazos cruzados—. ¿Cuánto creíste que duraría eso? 

—Mientras me ames. 

Vi sus ojos cafés brillar de la rabia y dejé caer mis brazos resignada. 

—Eres un egoísta. 

—¡¿Por qué no lo admites de una vez?! —Se levantó y se acercó a mí empequeñeciendo la mirada—. Que lo amas a él. Esa es la verdadera razón de porque te fuiste. 

—¡No tiene que ver con eso! ¡¿Por qué no lo entiendes?! —me tomé la cabeza desesperada y suspiré. Debía relajarme antes de seguir hablando o solo nos haríamos más daño—. Yo los quiero a los dos. —sus ojos dieron un giro de 360 grados. Volví a tomar aire y seguí—. Los quiero, pero esto no tiene nada que ver con eso. Se trata sobre mí—. Puse mi mano en mi pecho y él por primera vez en toda la discusión ablandó su mirada—. Se trata de que llevo mucho tiempo enamorada de ti. Siguiéndote, queriendo complacerte. Queriendo crecer apresurada para entenderte. Te esperé y te esperé como una idiota todo el año que te fuiste, engañándome a mí misma diciéndome que te había superado. ¿Sabes la verdadera razón de por qué quería estudiar kinesiología en Riverlight? —me detuve unos segundos. Sus pestañas aletearon varias veces—. Por ti Jack. ¡Porque soy taaan estúpida que pensé de que esa manera tal vez nos encontraríamos en el futuro! —di un suspiro largo. Su mano seguía sangrando, y tuve que reprimir mis ganas de buscar algo para cubrir la herida—. Pero tú volviste y me buscaste antes de que eso pasara. Y te perdoné y te seguí por el mundo solo porque me gustabas mucho. Me tragué todas las inseguridades y preguntas que tenía solo porque te amaba. Y ya fue suficiente. —caminé hasta el ventanal y observé las luces de los edificios iluminando la noche—. Traté de sanar a Ryan también. Me sentí culpable por todo lo que le pasó. Aunque obviamente no fue mi culpa… quería ayudarlo. —deslicé mis mechones detrás de mi oreja y sostuve mi collar—. Me sentí atraída a esa persona tan positiva y sonriente. ¿Cómo podía ser así después de todas las cosas que ha vivido? —me di vuelta y caminé de nuevo hasta él. Tenía la cabeza baja, y los ojos húmedos de tristeza—. Te admiraba a ti, por tener algo que te apasiona tanto y lo admiraba a él por ser un optimista. Porque ambas son cosas que yo no tengo. —miré mis manos y sonreí—. ¿Ahora lo entiendes? sí me fui antes, y si me voy ahora, no significa que no te ame ni tampoco que vaya a volver con él. Es hora de que use todo ese tiempo y esfuerzo en mí misma, eso es todo. Voy a estudiar, viajar con mis amigos, pasar tiempo con mi mamá, con mi perra, y disfrutar lo que me queda para ser joven y equivocarme. -dejé caer los hombros exhausta y estiré mis labios-. He tenido muuuuucho tiempo para pensar. 

Jack sonrió con melancolía. Tomé su mano herida y suspiré. 

—No me arrepiento de nada. —admití—. Del tiempo que pasé contigo. Y los dos años que estuve enamorada de ti. Todo lo que pasamos. No me arrepiento. Y quiero de corazón que estés bien. Que sigas tu vida, seas feliz y te encuentres nuevamente. Porque no hay nadie, nadie que te pueda ayudar en eso. Yo ya lo aprendí… 

Los dos nos miramos y sonreímos. Nos habíamos herido mucho. Y con el pasar de los días más confirmamos que esto no volvería a ser lo que alguna vez fue. No así. Los dos teníamos cosas que resolver. Teníamos que separarnos y madurar. Hice lo que pude para ayudarlo. Ahora me tocaba amarme a mí.

Ahora lo entiendo. Perseguir luces, diferentes, brillantes, a veces sofocantes. Son maravillosas, ni perfectas, ni permanentes, pero tan llamativas para aquellos ojos perdidos.

 Ahora entiendo. Por qué en la soledad esas luces desaparecen, se pierden lejos donde no las podemos alcanzar y todo se convierte oscuridad. Frío. Dolor. No hay nada en nuestras manos y ráfagas de sobra en nuestros pensamientos. Eso es lo que queda sin ellas. 

Ahora lo entiendo. Que enfrentar la propia duele más que vivir fuera de ella. Entrar a ese resplandor apagado en el pecho implica mucho más que cabeza, sino emociones. La mayoría tediosas, rencorosas, envidiosas. ¿Debo hacerlo? ¿Pasar por todo ese sufrimiento para encontrar, qué? a veces nada. 

Ahora lo entiendo. Cada resplandor tiene tu proceso. Las luces del cielo tampoco aparecieron de la nada. Todo rechaza la facilidad. Obtenemos algo a cambio de algo. Así como la alquimia, la vida te pide, y debes dar para obtener. O perderte en la amargura y la codicia mundana que nubla incluso la luz más penetrante. 

Ahora lo entiendo. Después del sufrimiento viene la sanación. La luz aparece de nuevo. Pero ahora no es de él, no es de ella. La encontré pequeña y temblorosa en la oscuridad. Con miedo de brillar demasiado, con miedo de apagarse. En la soledad crece, y ésta toma otro sentido. La mente se calma en ese instante, la respiración desaparece en el aire. El brillo luego se apaga. Al día siguiente crece. 

Ahora lo entiendo. Las manos continúan vacías, pero la luz sigue en mi pecho. Veo miles de otras, resplandecientes y distintas. Pero la sensación cambia. Ya no las persigo. Me quedo. Viene la soledad otra vez. Y cuando el miedo se escurre por la puerta como una mancha negra que se aproxima, lo detengo. Aquella luz le dice que pare. Que ya no aparezcas más, que ya te encontré. 

Epílogo

Me hice una cola de caballo alta, que caía con mi cabello largo por mi espalda. Deslicé el protector solar por mis mejillas, y escuché mi celular sonar desde mi habitación. Lo tomé con una sonrisa al ver el nombre en pantalla. 

—¿Aló?

—¡EMMA FELIZ CUMPLEAÑOS! —gritó Marc del otro lado, haciendo que tuviera que alejar el móvil de mi oído. 

—Gracias Marc… tu siempre eres el primero en llamarme ¿Eh? 

—Bueno, sabes que Et se despierta tarde. 

—Cierto.

—Oye. 

—¿Ah?

—¿Veintiséis años? dios que estás vieja...

—Cállate, tú me alcanzaras pronto. —gruñí con un puchero. 

—¿Y? ¿Vas a hacer algo hoy?

—Salir a pasear al río, cenar con mi mamá y Daniel, ¿Quizá? 

—No olvides que iremos el finde a verte. 

—¡Claro! no lo olvido. —puse el modo altavoz y saqué mis zapatillas del closet—. Hey Marc… vi tu partido en la tele el otro día. Fue un gran triunfo, felicidades. —me senté en la cama a ponerme los calcetines. 

—¿Viste mi gol? estuvo genial. Soy genial, ¿No es así?

—Sí que lo eres. ¿Y? ¿Cómo va todo con Ethan? ¿Te dio que si? 

De repente su buen humor se convirtió en suspiros. 

—Se puso el anillo, pero no quiere casarse. 

—Bueno, algo es algo. —amarré los cordones y me puse de pie. Me asomé por la ventana para ver el hermoso día soleado que había—. Él tiene otra idea sobre el compromiso, sabes que no le gusta lo clásico. 

—Ya sé… ¿Debería conformarme con el anillo? 

—Puedes intentarlo el otro año. 

—Es cierto. Oye Emma, ¿Supiste? Jack Callen volvió a Riverlight. —Me detuve unos segundos con mi vista en la calle y luego tragué saliva. 

—¿En serio? no sabía. 

—Tal vez te lo encuentres por ahí. 

Solté una risita. 

—Tal vez, Riverlight no es tan grande después de todo. 

—¿Cómo sigue Maya? —Tomé el celular y bajé las escaleras para encontrarla durmiendo sobre el sillón. 

—Está mejor. —me acerqué a ella y acaricié su cabecita—. Bueno, es lo normal. Ya está vieja después de todo. 

—Tiene la suerte de que su dueña sea veterinaria.

—Es verdad. —Fui hasta la puerta y empequeñecí los ojos con la luz del sol que entró al instante—. Oye Marc te corto que voy saliendo. 

—Vale, hablamos después. Te quiero.

—Yo igual. 

Pobre Marc. Estuvo esperando por años que Ethan terminara sus estudios para pedirle matrimonio, y ahora que se tituló y está trabajando como médico en un importante hospital de Sídney, lo rechaza. No se da cuenta al hombre que tiene al lado. Marc era ahora titular en el equipo nacional. Llevan una buena racha, y su popularidad va subiendo cada año. Sin mencionar que él por lejos el más guapo de su equipo, y tiene un séquito de fanáticas en toda Australia. Síp, básicamente mis amigos son increíbles. 

Estaba feliz de que volvieran a Riverlight este fin de semana. La última vez que nos vimos fue hace un mes, cuando yo fui a Sídney a quedarme por unos días. Nunca pensé entonces que me encontraría con ese rubio de nuevo. Y por casualidad, como solía pasarnos a menudo. 

—¿Emma? 

No podía creer lo que estaba viendo. Ya era todo un hombre. No lo veía hace años, y lo último que supe de él era que mantenía una relación a distancia con Mía. Se acercó a mí rascando su nuca con nervios y con una gran sonrisa en su rostro. Sentí la nostalgia en el estómago al ver esos ojos verdes. 

—¡Ryan! 

Nos abrazamos con fuerzas. Allí frente al río, donde habíamos pasado muchos momentos años atrás. 

—¡Wow! No puedo creerlo. ¿En serio te vuelves cada vez más hermosa? —preguntó arqueando las cejas. Golpeé su brazo y sonreí. 

—Tu no estás nada mal para ser un viejo. 

—¡Hey!

Los dos nos reímos. Nos sentamos en una banca a mirar las aguas y conversar durante horas. No sé por qué no me sorprendió cuando dijo que era papá. Cuando Mía volvió pudieron reestablecer su relación, y ahora tenían un hermoso hijo rubio de dos años, que me mostró por fotos con emoción. Era una familia tan hermosa que te dolían los ojos de tanta luz. En otras aparecía Ryma, corriendo y jugando con su hijo. Recordé ese día de lluvia en que lo encontramos. Nunca pensé entonces que ese pequeño perrito sonriente me ayudaría a elegir lo que quería estudiar y hacer el resto de mi vida. Y que ahora me hace tan feliz. 

Ryan me invitó a su casa a cenar, pero tuve que rechazarlo porque volvía mañana temprano a Riverlight y ya tenía planes con mis amigos. Me sentí feliz cuando me contó que seguía enseñando boxeo a niños, y le encantaba. Pasaron muchos años, pero podía ver que era la misma persona sonriente y positiva que conocí. 

—Aún llevas el collar. —dijo, sorprendido. Deslicé mi mano hasta mi cuello y sonreí con torpeza. 

—Sí…

—¿A tu novio no le molesta?

Deslicé mis dedos por el dije con las letras grabadas y ladeé la cabeza. 

—No tengo a alguien así. 

Ryan se quedó unos segundos mirándome, como si no pudieses creerlo. Luego asintió. 

—Ya veo. 

Caminé por la orilla del río sintiendo una brisa fresca apaciguar esta ola de calor que hemos tenido en junio. Unos niños lanzaban rocas al río, riendo y molestándose entre sí. Subí la colina de pasto y me senté debajo de la sombra de un árbol. Atraje mis rodillas a mi pecho y entrelacé mis dedos rodeando mis piernas. Cerré los ojos para escuchar con atención las hojas de los árboles rozar con el viento. Una notificación sonó en mi celular. Lo saqué del bolsillo de mis jeans y lo desbloqueé. Era de Ethan: Emma, feliz cumpleaños. ¿Sólo eso? ¿Ni siquiera me llama? ¿Ni siquiera un corazón? ¿Por qué siempre se hace el difícil? Ahora mismo lo voy a llamar sólo para molestarlo mientras esté ocupado. 

—¿Emma? ¿Eres tú? 

Una voz detrás mío me hizo abrir los ojos de golpe. No podía ser… esa voz yo la conocía. Me levanté y me di vuelta apresurada. 

—¡¿Jack?!

Al encontrarme con su rostro cercano al mío perdí el equilibrio unos instantes. Mi cuerpo se inclinó hacia atrás, mis manos aletearon desesperadas en el aire, y mi celular salió volando lejos de mí. Vi con claridad esos ojos cafés abrirse del susto. Su mano tomó la mía, evitando que cayera colina abajo, y que nuestro reencuentro luego de siete años fuera un completo desastre. 

—¿Estás bien?

Posé mi mano en mi pecho para sentir mi corazón acelerado y asentí. 

—Sí. Gracias.

De repente una mueca se formó en su rostro. Sus ojos se arrugaron y sin poder aguantarlo más, comenzó a reírse a carcajadas. Sentí mis mejillas arder de la vergüenza. Ver su sonrisa sincera después de tanto tiempo retorció mi corazón del regocijo. Terminé riéndome con él, porque no me quedaba otra cosa qué hacer ante esta situación tan extraña. 

—Me enteré hoy que volviste a Riverlight. —aseguré. Los dos miramos el río, sentados en el pasto, como lo habíamos hecho mil veces cuando recién nos conocimos—. Pero nunca pensé que nos encontraríamos tan pronto. 

—Al principio no quería volver. —admitió, llevando sus manos atrás para apoyarse—. Sentí que había decepcionado a mis fans. A mi ciudad, los primeros que me apoyaron y confiaron en mí. Y bueno, luego el tiempo pasó rápido, parecía que ya era tarde para que volviera. 

—¿Y qué estuviste haciendo? 

Me miró a los ojos y sonrió. 

—Me convertí en entrenador. 

—¡¿En serio?! 

—Entendí por qué mi papá eligió eso luego de retirarse. Es una buena forma de mantenerme cerca del boxeo. —dejé mi boca abierta de la sorpresa. Es increíble que él y Ryan siguieran el mismo camino—. Trabajé en un gimnasio en Nueva York, entrenando a varios chicos que aspiran a ser profesionales. Todos lo son ahora, ya no me necesitan. Así que pensé en volver y abrir mi propio gimnasio en el centro. Tal vez el próximo campeón está aquí en Riverlight, ¿Quién sabe?

Sonreí inevitablemente. Verlo hablar con pasión siempre fue lo que más me gustó de él. 

—¿Y tú Emma? —preguntó, mientras me miraba atento. Pasé mis dedos por mi cola de caballo y sonreí. 

—Estudié veterinaria en la universidad de Riverlight. —solté, sorprendiéndolo—. Y ahora tengo mi propia clínica en el centro. 

—Eso es genial. Felicidades. 

—Gracias. —golpeé su brazo y alcé las cejas—. Estaré apoyándote. Me gustaría ver tu gimnasio pronto. 

Sus ojos cafés brillaron con ilusión.

—Gracias. Nos estaremos viendo entonces. —asentí. Él pasó su mano por su cabello nervioso. Quería decirme algo pero parecía que estaba escogiendo con cuidado las palabras—. Tú… estás de cumpleaños, ¿No es así? bueno, es así. Hoy es diez de junio. ¿Cumples veintiséis? —una enorme sonrisa se formó en mi rostro de la ternura. Verlo tímido era de mis cosas favoritas. 

—Así es. 

—Feliz cumpleaños. 

—Gracias Jack. —no pude evitar reírme, sus ojos se volvieron grandes, y sus orejas rojas del bochorno. Soltó un suspiro y volvió a mirar hacia el paisaje. Apoyé mi cabeza sobre mi mano y observé su perfil, estaba incluso más guapo de lo que lo recordaba. Ahora yo tenía la edad de él en ese entonces, y cuando pienso en lo que pasamos, solo de doy cuenta de las múltiples razones de por qué no funcionó cuando era una adolescente. Ahora que crecí, maduré, y estuve siete largos años conviviendo conmigo misma, empecé a reírme recordando todo lo que pasamos juntos, que para mí en ese momento siempre parecía el fin del mundo.

 A veces después del trabajo, caminaba por el río en las tardes y me preguntaba cómo estaría Jack Callen, ese boxeador profesional que una vez me salvó en un callejón oscuro, y que se retiró del boxeo tras una fatídica pelea. Y cuando pensaba en ello, me respondía: “¡Claro que está bien! Es Jack, después de todo”.

 Y ahora que lo veo a mi lado, en el lugar donde nos conocimos hace tanto tiempo, siento un hormigueo en el estómago al ver su sonrisa. 

Que ganas tenía, de conocerlo de nuevo.

Agradecimientos

Mil gracias a mis queridos lectores.

 De no ser por ustedes, esta segunda parte no habría sido posible. 

Para aquellos que se desafían cada día,

y luchan por encontrar sus sueños.

Dejemos de mirar a los lados,

y observemos adentro. 


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Comentarios

user

Anonimo:

Esa Emma!!!

Hace 25 días

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